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MIS PELÍCULAS FAVORITAS – 3

Tercera entrega. Después de Matar a un ruiseñor (To kill a mockingbird, 1962) y de El manantial (The Fountainhead, 1949), nos situamos en estos últimos años con una película fascinante: Lejos de los hombres (Loin des hommes, 2014).

Reunamos a los siguientes nombres: David Oelhoffen, realizador de cine francés; Viggo Mortensen, actor norteamericano de ascendencia danesa y americana; Reda Kateb, actor francés de ascendencia argelina; Ángela Molina, actriz española; Nick Cave, músico australiano, y, por último, Albert Camus, escritor francés nacido en Argelia. A ellos, se les une el agreste y salvaje paisaje del Atlas marroquí (porque es en Marruecos donde se rueda este film) disfrazado de territorio argelino; con un equipo técnico mayoritariamente compuesto por personal francés y marroquí. Y es que, en el cine, todo es posible.

LEJOS DE LOS HOMBRES cartel

Lejos de los hombres (Loin des hommes) es un proyecto producido y protagonizado por Viggo Mortensen. Creo que es su mejor interpretación. Y sólo él podía ser el actor que encarnara a Daru, ese comandante del ejército francés que cambia el uniforme por la ropa civil de maestro rural para, en medio de una meseta solitaria y olvidada de Argelia, enseñar a leer a los niños de las aldeas desperdigadas por la zona. El personaje de Daru, además de eso, es hijo de “unos caracoles”, que es como denominaban a los andaluces que emigraron a principios del siglo pasado a Argelia para trabajar en las tierras de los colonos franceses. Daru nace ya en Argelia, y es a este país al que identifica con su hogar.

Digo que sólo Viggo Mortensen podía ser el intérprete ideal de Daru porque él es también una mixtura de culturas: nació en Nueva York, se crió en Argentina y Venezuela pero durante la infancia pasaba las vacaciones en Dinamarca, de donde era originario su padre, y eso le ha permitido interpretar desde personajes españoles como Alatriste (2006) a mafiosos rusos como en Promesas del Este (Eastern promises, 2007) y hasta transformarse en el escritor americano William S. Burroughs en On the road (2012) con absoluta naturalidad. A Mortensen, además, le facilita la labor el hecho de que domina varios idiomas: español, inglés, francés, danés… Lo que me ha sorprendido aquí es que Viggo Mortensen interpreta a Daru pasando del francés al árabe o al español (esta película sólo puede verse en versión original para apreciar esta riqueza), con una fluidez que enriquece a su personaje, sin que se cree una sensación falsaria; al contrario, el hecho de que Daru hable el idioma de sus abuelos, el de su país de adopción y el del país de su nacimiento, dice mucho de él, algo fundamental para comprender incluso su actitud ante los acontecimientos y ante la vida.

Reda Kateb y Viggo Mortensen

Reda Kateb y Viggo Mortensen

La acción se ambienta en el año 1954, cuando comienzan las revueltas contra el dominio colonial francés. El personaje de Daru, de pronto, se verá en medio de la nada, no sólo en el sentido físico, trabajando en esa pequeña escuela perdida, sino también moralmente, al comprobar que esa misma gente a la que él tanto ama ahora lo consideran extranjero, enemigo. Para Daru, ese hecho lo hunde en un pozo de amargura y de desconcierto.

El guión es una magnífica adaptación de un relato de Albert Camus titulado El huésped (L´hôte), que forma parte de su libro El exilio y el reino (L´exil et le royaume, 1957). Nadie como Camus para describir el dolor que supuso el proceso de independencia de Argelia para quienes habían nacido en el país y a los que, con el tiempo, se les obligará a abandonarlo. El cuento es muy corto, pero el guión extrae lo mejor de la historia y la desarrolla hasta transformarla en una historia épica.

La suave música de Nick Cave sumerge a las imágenes en una especie de neblina sonora, y en la propia banda original adivinamos que, tras el paisaje, tras los pasos de esos dos hombres que caminan por las pistas asalvajadas del Atlas, late una violencia que, a veces, estalla de una manera incontrolada. Daru, en ese sentido, se ve obligado, sin quererlo, en contra de sus principios, incluso a matar. La violencia lo abruma y acaba por desbordarlo. La música se limita a subrayar su estado de ánimo, su desesperanza.

Escena de LEJOS DE LOS HOMBRES

Escena de LEJOS DE LOS HOMBRES

Preciosa la relación que se entabla entre Daru y Mohamed, el otro protagonista de la cinta, al que da vida un actor que ya me sorprendiera en su momento en El profeta (A prophet, 2009): Reda Kateb. Nacido en Francia, Reda Kateb, además de un excelente intérprete, es nieto del escritor argelino Kateb Yacine. Su personaje en Lejos de los hombres sirve de contrapunto a Daru, pues es el testigo de su desmoronamiento ético. Me fascina contemplar cómo Mohamed se va dando cuenta de la grandeza humana de ese profesor al que obligan a llevarlo por las montañas hasta un puesto de la gendarmería. Desde el primer instante, Daru le dará cobijo y protección, cuidándolo cuando la fiebre lo hace delirar en la noche, y luego, en los momentos en los que Mohamed cree que su vida va a acabar, será también Daru el que lo defienda. Y así es como comprenderá que se encuentra junto a un verdadero ser humano, nada más y nada menos. Alguien que lo trata como a un igual, como a un paisano.

Me ha emocionado esta película. Hay muchos detalles pequeños y hermosos. Ya decía antes que ha de verse este film en su versión original, porque sólo así se puede apreciar ese quebrar en la voz de Viggo Mortensen cuando, tratando de mantener el tipo, su personaje se despide de los alumnos, sabedor ya de que su mundo ha acabado.

David Oelhoffen, el director de Lejos de los hombres, ha convertido el relato de Camus, además, en una película de aventuras, en un western. El Atlas se convierte así en Monumental Valley; la pequeña escuela y las casuchas abandonadas que encuentran los protagonistas en su viaje, son como los ranchos que se diseminaban por el viejo Oeste; los argelinos levantados en armas actúan como las tribus indias, con incursiones en pequeños grupos o individuales, contra el “hombre blanco”; y el ejército francés es como el Séptimo de caballería, al mando del general Custer. Oelhoffen convierte además a Daru en un trasunto del pistolero protagonista de Raíces profundas (Shane, 1953). Daru y Shane comparten un pasado que han dejado atrás y que desean que quede olvidado; pero el destino les tiene reservado un último acto de violencia que, sin embargo, los redime de ese ayer que repudian. Daru y Shane son dos héroes que representan la integridad.

Lejos de los hombres es una maravillosa historia sobre el desarraigo, una gran cinta de aventuras y una delicada película dramática. Es una combinación perfecta. Una rara avis. Un film que hace que rumies sus imágenes. En los tiempos que corren, nada hay más ejemplificador de la estrechez intelectual que significa levantar barreras o crear fronteras, que ver una película como Lejos de los hombres (Loin des hommes), en la que colaboran todos esos creadores, de tan distinto origen, y son capaces de crear una joya de significado universal. Es un canto hermoso y profundo a la fraternidad. Un desesperado grito contra los fanatismos. Una película para saborear.

Sergio Barce, octubre 2017

 

 

 

 

 

 

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¡FELIZ ACHURA! Y ¡FELIZ YOM KIPUR»

Como cada año, a mis amigos musulmanes, les deseo una feliz fiesta de Achura, que comienza mañana. Que para los niños musulmanes marroquíes es como la noche de los Reyes Magos para los católicos. Una celebración que recuerdo con nitidez. Nunca olvidaré aquel Zoco Chico lleno de críos mirando ilusionados los puestos en los que se exponían los juguetes que les iban a regalar.

Y también, para mis amigos hebreos, os deseo un feliz Yom Kipur, fiesta que se celebra este fin de semana. Es la conmemoración judía para pedir el perdón por los pecados cometidos durante el año y para el arrepentimiento sincero. 

Por supuesto, mi felicitación se dirige, con especial cariño, a mis paisanos musulmanes y judíos de Larache.

tomada de Youssef Rochdi

LARACHE  (foto de la página de Youssef Rochdi)

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FRAGMENTO DE «LA EMPERATRIZ DE TÁNGER», UNA NOVELA DE SERGIO BARCE

La emperatriz de Tánger (Ediciones del Genal – Málaga, 2015). Esta novela es, quizá, uno de los libros que más satisfacciones me ha dado: finalista del XVII Premio de Novela Vargas Llosa 2012 y del XXII Premio de la Crítica de Andalucía.

cubierta definitiva La emperatriz de Tánger

Os invito a leerla a quienes aún no se hayan aventurado por sus páginas. Os lanzo como anzuelo el inicio del capítulo dedicado al personaje de Esther Lipman… 

ESTHER

Augusto Cobos se limpió las manos con el pañuelo, que luego dobló con cuidado, dio un tirón de la solapa de la chaqueta y comenzó a subir la calle. Tenía la sensación de que ahí afuera, bajo la tenue lluvia, empezaba a respirar libremente. Había escapado de la casa, y era plenamente consciente de ese hecho. Lo asfixiaba el aire empapado a especias de las estancias, la estrechez del pasillo, el repiqueteo insufrible de la manta contra la ventana, lo asfixiaba incluso la entrega de Yamila. 

-Siempre huyes –le había dicho en una ocasión una de sus amantes. 

Llevaba años viviendo solo, refugiándose en sus libros, sorteando cualquier compromiso que pudiera surgir y que para él sólo podía significar recortar sus alas. Quería continuar solo, y no contemplaba otra posibilidad. Sin embargo, en lo más hondo de su ser, temía no llegar jamás a ninguna de sus metas, ser olvidado, no dejar huella, acabar siendo un pobre fantasma que atravesara las paredes sin que nadie se acordara de él.    

Disfrutaba de su soledad, pero se sentía a gusto caminando por Tánger en el agradable crepúsculo, cuando sus calles se convertían en un hervidero de risas, de voces, de idiomas diferentes. Ese día dio un rodeo para entrar por el Zoco, a contracorriente de la muchedumbre que se multiplicaba misteriosamente. Luego, echó un vistazo al hall del Hotel Minzah pero sólo vio a míster Richardson examinando su correspondencia en el mostrador. El viejo diplomático se había girado y había levantado la vista de las cartas, asomando sus ojos grises por encima de la montura de las gafas. Augusto evitó su saludo, fingiendo no haberlo visto, y continuó unos metros hasta el Café de París. 

El local estaba lleno. Las aspas de sus ventiladores ronroneaban con placidez sin conseguir que el aire del local se inmutase. Echó un rápido vistazo, tratando de encontrar a alguien conocido. Fue la señorita Esther Lipman quien llamó su atención alzando el brazo y agitando la mano:

-¡Hey, August! ¡August!

Se habían encendido las luces del local y un brillo apagado ensortijaba las paredes. El murmullo de las conversaciones parecía el lejano rumor del mar. Fue sorteando las mesas, saludando a unos con una leve inclinación de cabeza o llevándose la mano al pecho tras estrechar la de algún viejo conocido marroquí, hasta llegar a la que ocupaba Esther. La besó en las mejillas, se desabotonó la chaqueta, con los hombros y la solapa aún mojados, y se sentó. Luego, de uno de los bolsillos interiores, sacó una pitillera de alpaca.

-August, querido… –su voz era un tintineo que acompañaba a las joyas que llevaba encima-. ¿Dónde te metes, mi rey? Parece que Carmen te ha secuestrado, porque desde que ella te ha secuestrado… Te echo tanto de menos en el Kursaal… ¡Llevo tres noches sin ganar un chavo!

-¿Te ha abandonado tu suerte?

Esther Lipman entornó los ojos, enormes, como su cuerpo, tan rotundo como el de Mae West. Le cogió entonces la pitillera, sacando uno de los cigarrillos, que atrapó ostensiblemente con sus labios. Augusto le acercó lumbre.

-Gracias, nechama.

-¿Y tus amigas? –hizo un gesto con la mano y el camarero le sirvió de inmediato un Pernod.

-Esas memlocas andan por ahí de compras. Ya te habrás enterado de que a Ana María le han tocado unos chavos en la lotería y parece que ahora es la reinona de Tánger… 

-Noto un deje de envidia en tu reproche…

-¡Te entre un mal! Parece que no me conoces… Yo vivo mi vida, me preocupo de mi casa y safi –Augusto le llenaba su copa de champán, lo único que Esther permitía que le sirvieran a partir de las ocho de la tarde-. Brindemos…

Dieron un sorbo a sus copas y, al instante, ella se puso a rebuscar en su bolso hasta sacar un pequeño espejo y una barra de pintura con la que se retocó los labios. Era tan barroca y coqueta como deslenguada.

-En cuanto termine de beberme esto, me largo –dijo Augusto, arrastrando las palabras.  

Esther se quedó un instante en silencio, calibrando sus opciones de esa noche. Entrecerró los ojos, como si renunciara a algo ineludible, dio una calada al pitillo y exhaló el humo en la cara de Augusto. 

-Si quieres podemos ir a mi casa. Podríamos celebrar por adelantado lo de tu libro… Si la doña de Carmen te da permiso… 

-No, hoy no –sacudió la cabeza, y miró a su alrededor como si buscara a alguien que no aparecía.

Ella lo estudió con perplejidad, como si no diera crédito a su desplante. Sin embargo, agitó su cabellera y soltó una risotada. En el fondo, le gustaba ese tipo delgado y huesudo que, cuando estaba de buen humor, podía mostrarse todo lo generoso que su carácter le permitía. No la trataba peor que esos cabrones del casino, los prestamistas que se la cepillaban en los servicios a cambio de unas pesetas que sólo le servirían para un par de jugadas más. Pero Augusto Cobos, aunque era otro putero, al menos la hacía sentirse como una mujer de verdad y no babeaba buscándola luego como un perro apaleado.

-Tú te lo pierdes… -refunfuñó, guasona.

-Ya encontrarás algo que echarte a la boca…

-Eres terrible, August… -y arqueó una ceja antes de añadir: Un día tendrás que contarme qué te hace esa doña para tenerte así de shalado…

Si había algo que admirase de Esther, y quizá fuera una de las razones por la que la consideraba una amiga, era esa ausencia de orgullo o de dignidad, esa inconsciencia que la hacía inmune al sarcasmo… 

 

 

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TÁNGER – 21 DE SEPTIEMBRE – PRESENTACIÓN DE «LIMONES NEGROS», UNA NOVELA DE JAVIER VALENZUELA

La nueva novela de Javier Valenzuela, Limones negros (Editorial Anantes – Sevilla, 2017), se presenta este jueves, día 21 de septiembre, en la Biblioteca Juan Goytisolo del Instituto Cervantes de Tánger, a las 19:00 horas.

La presentación correrá a cargo de la hispanista Randa Jebrouni.

LIMONES NEGROS

Sinopsis de Limones negros: Tánger, otoño de 2015. La corrupción española atraviesa el estrecho de Gibraltar en busca de nuevas oportunidades de negocio. Lola Martín, capitán de la Guardia Civil, sigue la pista en la ciudad marroquí de los tejemanejes de un poderoso banquero. Sepúlveda, profesor del Instituto Cervantes, le ayuda en sus pesquisas.

¿Hasta dónde puede soportarse la corrupción? ¿Es lícito tomarse la justicia por su mano cuando la oficial resulta inoperante? Sepúlveda y Lola Martín se hacen esas preguntas conforme van apareciendo cadáveres en Tánger y entra en escena la inteligente y hermosa Adriana Vázquez. Limones negros pone al día el arquetipo de la femme fatale. 

(La sinopsis es reproducción de la aparecida en Prensa Anantes).

JAVIER VALENZUELA

JAVIER VALENZUELA

 

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LARACHE, SIGLOS XVI- XVII (5ª Parte)

Quinta entrega de la Historia de Larache en los siglos XVI y XVII…

El estrepitoso fracaso en 1608 de don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, en el intento por tomar Larache con el uso de la fuerza, se debió, especialmente, a sus dudas y al temor de que existiesen tropas del sultán aguardando la invasión. Pero lo cierto es que Larache estaba entonces desprotegida y don Álvaro desperdició la coyuntura.

Antes, el sultán al-Xaij había intentado enviar casi 4.000 hombres para defender la plaza, pero el representante de Felipe III, Giannettino Mortara, lo disuadió. Esto llenó de ira al monarca marroquí, que se sintió engañado, y mandó encerrar al italiano. Con argucias, Mortara logró sin embargo volver a convencerlo, con ayuda del duque de Medinasidonia, de que en realidad las tropas españolas habían llegado hasta Larache persiguiendo a un corsario holandés. Sin embargo, Mortara, para evitar ser ejecutado, hubo de efectuar numerosos sobornos y pagos.

Pero Larache no dejaba de ser una pieza de gran valor estratégico, y España lo sabía. Desde Carlos I se había convertido en una ciudad casi obsesiva para los reyes españoles. Tras el fiasco del marqués de Santa Cruz, el recién nombrado Capitán General de Artillería de la Armada Española, don Juan de Mendoza, marqués de San Germán, también empezó a interesarse por Larache, y así se lo transmitió a Felipe III. Pero sus planes, fueron aplazados.

Sin embargo, algo cambió el día 4 de marzo de 1609. Ese día, el sultán Muhammad al-Xaij huyó desde el puerto de Larache junto a su familia con destino a Portugal. Había sido derrotado en Bu Regreg por Mawlay Zidán.

BU REGREG

Felipe III, tras descubrirse una conspiración que pretendía utilizar al depuesto sultán al-Xaij para tomar Larache para la corona francesa, hizo que al depuesto rey de Fez lo trasladasen a Carmona, a fin de controlarlo. Aprovechando que al-Xaij estaba bajo la custodia de España y de que su hijo, Abd Allah, había conseguido derrotar a Mawlay Zidán, Mortara comenzó a intrigar y, gracias a sus gestiones, consiguió que se firmase un tratado en septiembre de 1609 por el que Muhammad al-Xaij cedía por fin Larache a España a cambio de que se le permitiera volver a Marruecos, se le enviasen 6.000 arcabuces y 200.000 ducados. Todo ello, claro está, bajo ciertas condiciones que el italiano consiguió que aceptara Felipe III, entre ellas, que el propio Giannettino Mortara fuese nombrado Gobernador de Larache en cuanto la plaza pasara a manos de los españoles.

Al-Xaij dejaba a sus hijos en España como garantía de que cumpliría con el tratado, y parte del pago de los 200.000 ducados se aplazaba igualmente hasta el instante en que Larache pasara a estar bajo dominio real de España.

Todas estas negociaciones se fueron dilatando, y no se materializaban de manera efectiva. Y, entonces, se produjo la expulsión de España de los moriscos. Hecho relevante que influyó en lo que ocurriría posteriormente. Y es que, aparecían en el horizonte los siguientes problemas: el primero, que se necesitaban todos los navíos disponibles para trasladar a los moriscos a Marruecos; el segundo, que no era posible tomar Larache al mismo tiempo que se llevaba a cabo la expulsión; y, tercero, que el alcaide de Larache era precisamente un morisco granadino. Es decir, todo estaba en contra de la operación. Felipe III dio orden de dejar en suspenso la ocupación de Larache, y al-Xaij permaneció retenido en España.

FELIPE III

Pero lo cierto es que Larache seguía siendo la perla codiciada. Y, aunque todo parecía contradecir los deseos del monarca español, el marqués de San Germán continuaba por su lado estudiando cómo hacerse con la ciudad. Y así, envió a Juan Bautista Reales para que le informara de la situación de Larache en ese momento. En 1610, todo parecía de nuevo cambiar a favor de las pretensiones españolas, y Larache volvió a estar en el blanco de las intrigas y maniobras palaciegas…

Y así se planificó que se enviaría a al-Xaij de regreso a Marruecos a través del puerto de Vélez de la Gomera, para que, desde allí, ordenase con engaños a las fuerzas que defendían la plaza de Larache a que fuesen hasta Alcázar donde los compensaría por su fidelidad. Desguarnecida así la ciudad, las galeras españolas entrarían en el puerto de Larache y se ocuparían las dos fortalezas, todo ello con la complicidad del alcaide. Toda esta operación arrancó el día 20 de febrero de 1610.

PEÑÓN DE VÉLEZ DE LA GOMERA

En efecto, la escuadra de Portugal condujo a Muhammad al-Xaij que desembarcó en Vélez de la Gomera, donde aguardaría hasta que llegara el dinero prometido. Lo cierto es que tal hecho no se materializaba, y los nobles que acudieron a visitar al sultán mostraron su desagrado ante la idea de que Larache fuera a ser cedida a los cristianos.

Pasados varios meses de larga espera, Muhammad el-Xaij decidió cumplir con el tratado y entregar Larache. De manera que, finalmente, el dispositivo se puso en marcha. La flota para su ocupación la formaban las galeras de Portugal, al mando del conde de Elda, junto a navíos de la Escuadra de Cantabria, al mando de don Antonio de Oquendo, que transportaban nueve Compañías de Lombardía y tres de Sicilia, las Compañías de la Guarda de los Galeones de la Plata, el Tercio de don Jerónimo Agustín y la Compañía del capitán Juan de Alarcón. A bordo, también estaban los hijos del sultán que servían de garantía. Las naves y las tropas salieron del puerto de Gibraltar y llegaron a Larache el día 14 de junio de 1610.

La idea del marqués de San Germán era la de tomar pacíficamente la plaza de Larache, pues así se había pactado. Pero los españoles fueron recibos con cañonazos. Y es que los cabileños, al enterarse de que se aproximaba la escuadra, acudieron en defensa de la ciudad.

Inicialmente, se ordenó el desembarco de 300 hombres cerca del castillo de los Genoveses; desembarco dificultado por el mal estado de la mar y la inesperada resistencia con la que se encontraron. Tras varias horas, las tropas debieron retirarse. De nuevo, España fracasaba en su febril anhelo por conquistar Larache, la deseada. Tal desastre dio lugar, tal y como cuenta García Figueras, a que comenzaran a circular coplas satíricas y burlescas por lo acaecido, siendo la más famosa la compuesta por Luis de Góngora, que, inspirándose en esta batalla, escribió el soneto titulado A un príncipe de España viniendo de la conquista de Alarache:

-¿De dó, sobrino Juan, con pedorretas?

-Señora tía, de Cagalarache.

-Sobrino, ¿y cuántos fuisteis a Alfarache?

-Treinta soldados en tres mil galeras.

-¿Tanta gente? –Tomamoslo de veras.

-¿Desembarcasteis, Juan? -Tarde piache;

que al dar un Santiago de azuauche

dio la playa más moros que veneras.

-¿Luego, es de moros? -Sí, señora tía,

mucha algazara pero poca ropa.

-¿Hizieron de los perros mucho daño?

-No, que en ladrando con su artillería

a todos nos dio cámaras de popa.

-Salud sería para todo el año.

LUIS DE GÓNGORA

En fin, que lo que más me sorprende de cuanto nos relata Tomás García Figueras en su libro Larache: datos para su historia en el siglo XVII es comprobar la cantidad de medios empleados por España, en barcos y hombres, para hacerse con Larache, y que, en todas las ocasiones relatadas hasta ahora, siempre fracasara de una manera tan ridícula. 

Sergio Barce, septiembre 2017

 

 

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