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RECORDANDO EL PASADO ENCUENTRO «M´ZORA CARAVANE 2019» EN LARACHE

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Entre los días 14 y 16 de Junio pasados, se celebró en Larache el XI Encuentro Multicultural de Artistas M´Zora Caravane 2019. Un encuentro multidisciplinar (desde la escultura y la pintura al teatro, pasando por la música, el cine, la poesía, la danza y las performances) en el que nos dimos cita muchos larachenses junto a artistas venidos de diversos países. He de reconocer que mi hermano Emilio Gallego, alma mater de estos encuentros, hizo un admirable esfuerzo de coordinación que debería llevarlo directamente a los altares (se entiende que ateos) por su entusiasmo y altruismo. Que todas las actividades desarrolladas en el túmulo megalítico de M´Zora, en el yacimiento arqueológico de Lixus (su anfiteatro romano recobró vida milagrosamente), en la Torre del Judío, en la Casa de la Cultura de Larache, en las propias calles de la ciudad, arribaran a buen puerto, fue el fruto de un trabajo hercúleo (bonito homenaje, por cierto, teniendo en cuenta que el Jardín de las Hespérides está en Larache). 

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Y ha sido allí donde presentamos también el cortometraje El nadador, dirigido por mi hijo Pablo, con quien escribí el guión basado en uno de mis relatos ambientados en la ciudad que más emoción nos transmite. Fue un lujo participar con la película y formar parte de este proyecto que lleva ya once años de recorrido y que amenaza felizmente con continuar. Sólo necesita más apoyo de las instituciones locales y provinciales para que M´Zora Caravane se convierta en un referente imprescindible en la agenda cultural de Marruecos, por la calidad de los artistas que intervienen, por la audacia de sus propuestas y por el aire de libertad y de ruptura que es parte sustancial de este proyecto multicultural. En las calles y en los encuentros se cruzaban los idiomas (árabe, español, francés, inglés, senegalés, italiano, alemán…) en esta pequeña Babel levantada en honor de Okyanus.

Hace apenas unos días, conocíamos la noticia de que el poeta Abdeslam Serroukh, que tanto ha aportado al evento y que tanto ha ayudado a que este año M´Zora Caravane sea el éxito que ha sido, ha dejado de ocupar su puesto en el ayuntamiento de Larache. Tal y como me comentaba Emilio Gallego, es una mala noticia para el mundo cultural larachense que se le haya dado de lado después de tantos años demostrando su compromiso con la ciudad y con los artistas locales. Sin embargo, confiamos en que las autoridades competentes revertirán la situación y lo recuperarán para nuestra causa común. 

En fin, que M´Zora Caravane 2019 ha sido un verdadero revulsivo que nos obliga a todos a seguir apoyando este proyecto tan sugerente y atractivo. Por el bien de Larache. Por ese sueño que mantenemos vivo de que la convivencia multicultural es no sólo posible sino imprescindible.

Para quienes no pudisteis acudir al encuentro, os dejo algunas de las fotografías del encuentro M´Zora Caravane 2019, fotos realizadas por algunos de los participantes y que podéis ver en facebook.

Sergio Barce, julio 2019

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El Hachmi Jbari, como presidente de Larache en el Mundo, tomando la palabra junto a Fouad El Asri (izquierda) y a Machij Elkarkri y Emilio Gallego

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Abdeslam Serroukh leyendo uno de sus poemas acompañado de Zahra «Lalla Mennana»

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Con Failali

Sergio Barce y Failali Rotabi Abdrzak

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Larache en el Mundo

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Elena Cormán, Amanda Nóbrega, Ángela Cantón, Outman Akjeje, Sandra López Rodríguez y Emilio Gallego

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Majid y E

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Outman Akjerje

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Majid Amahroq y Emilio Gallego

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«HISTORIA DE LAHCEN E IDIR», DE PAUL BOWLES

JANE Y PAUL BOWLES

JANE & PAUL BOWLES

Uno de mis placeres, es releer los cuentos que me han gustado en algún momento. Hay varios de Paul Bowles. Uno de esos relatos es el titulado Historia de Lahcen e Idir.

En el siguiente fragmento de este cuento, que lo reproduzco por el simple placer de poder compartir su lectura con vosotros, hay que dejarse llevar por las palabras, y, en seguida, ellas nos embozan y, pese a la sencillez de la historia, al instante creemos estar presenciando in situ lo que acontece.

Sergio Barce, julio 2019

“…A veces Lahcen venía por la noche con una botella de vino. Se bebía toda la botella mientras Idir fumaba su pipa de kif, y escuchaban la radio hasta el final del programa, a las doce. Luego, ya muy tarde, paseaban por las calles de Dradeb hasta un garaje donde un amigo de Lahcen era vigilante nocturno. Cuando había luna llena, superaba en luminosidad a las luces callejeras. En las noches sin luna no había nadie en las calles, y en unos pocos cafés los hombres se contaban lo que habían hecho los ladrones, y que había más que nunca. Esto se debía a que casi no se podía conseguir trabajo, y a que la gente del campo estaba vendiendo sus vacas y sus ovejas para poder pagar los impuestos, y se venía después a la ciudad. Lahcen e Idir trabajaban ocasionalmente, siempre que encontraban algo que hacer. Tenían un poco de dinero, comían siempre, y Lahcen podía permitirse algunas veces su botella de vino español. El kif de Idir era algo más difícil, porque cada vez que la policía decidía cumplir la ley contra su consumo, empezaba a escasear y el precio subía. Después, cuando lo había en abundancia porque la policía se dedicaba a buscar armas y rebeldes, el precio se mantenía alto. Él no fumaba menos, pero lo hacía a solas en su cuarto. Si fumas en un café, siempre hay alguien que se ha dejado el kif en casa y necesita usar el tuyo. Les dijo a sus amigos del café Nadjah que había abandonado el kif, y nunca aceptaba una pipa cuando se la ofrecían.

De regreso en su habitación a primeras horas de la noche, con la ventana abierta y el soporífero ruido urbano, pues era verano y las voces de la gente llenaban las calles, Idir se sentaba en la silla que había comprado y colocaba los pies sobre el antepecho de la ventana. De aquel modo, podía ver el cielo mientras fumaba. Lahcen aparecía para charlar. De vez en cuando iban juntos a Emsallah, a una barraca cerca del matadero, donde vivían dos hermanas con una madre débil mental. Emborrachaban a la madre y la ponían a dormir en el cuarto del fondo. Después conseguían que se embriagaran las muchachas y pasaban la noche con ellas, sin pagar. El coñac era caro, pero no tanto como podían costar las rameras.

A mediados del verano, en la época del Sidi Kacem, el tiempo se puso súbitamente muy caluroso. La gente instalaba tiendas hechas con sábanas en las azoteas de las casas, y cocinaba y dormía allí. Por la noche, bajo la luz de la luna, Idir veía todos los tejados, cada uno con su cubículo de sábana agitada por el viento, y dentro de éstos el resplandor rojo del fuego en el hornillo. De día, el sol reflejado en el mar de sábanas le hería los ojos, y se cuidaba de no mirar hacia afuera cuando pasaba por delante de la ventana al desplazarse por la habitación. Le habría gustado vivir en una habitación más costosa, que tuviera una persiana para no dejar entrar la luz. No había forma de protegerse contra el brillante fulgor veraniego que llenaba el cielo, y aguardaba ansiosamente el anochecer. Tenía por costumbre no fumar kif antes de la puesta del sol. No le gustaba hacerlo de día, sobre todo en verano, cuando la atmósfera es calurosa y la luz violenta. Cuando cada día empezó a ser más bochornoso que el anterior, decidió comprar comida y kif suficientes para varios días, y encerrarse en su cuarto hasta que hiciera más fresco. Aquella semana había trabajado dos días en el puerto y tenía algo de dinero. Puso los alimentos sobre la mesa y cerró la puerta con llave. Después quitó la llave de la cerradura y la arrojó al cajón de la mesa. Entre los paquetes y botes de la cesta de la compra había un voluminoso envoltorio de kif en papel de periódico. Lo abrió, apartó un manojo y lo olió. Pasó las dos horas siguientes sentado en el suelo arrancando las hojas y picándolas sobre una tabla de cortar pan, zarandeando, cortando, una y otra vez. En un momento dado tuvo que cambiar de sitio para huir de los rayos del sol, que lo habían alcanzado. Para cuando el sol se puso, tenía preparado el kif suficiente para tres o cuatro días. Se levantó del suelo y se sentó en la silla con el saquito y la pipa en el regazo, y fumó, mientras la radio tocaba la misma chleuh que se emitía siempre a aquella hora para los tenderos del Souss. En los cafés, los hombres solían levantarse y apagarla. Idir disfrutaba con ella. A los fumadores de kif generalmente les gusta, debido al naqus que siempre repite el mismo motivo.

La música duró largo rato, e Idir pensó en el mercado de Tiznit y en la mezquita con los troncos sobresaliendo de sus muros de barro. Miró al suelo. Todavía había luz diurna en el cuarto. Abrió los ojos al máximo. Un pajarillo caminaba lentamente por el suelo. Dio un salto. Cayó la pipa de kif, pero su cazoleta no se rompió. Antes de que el pájaro pudiera moverse le había colocado una mano encima. No se resistió, ni siquiera cuando lo sostuvo entre ambas manos. Él lo miró y pensó que era el pájaro más pequeño que hubiese visto nunca. Su cabeza era gris, y las alas blanco y negro. El pájaro lo miraba y no parecía asustado. Se sentó en la silla con el pájaro en el regazo. Cuando alzó la mano, el pájaro permaneció inmóvil. <Es un pichón y no sabe volar>, pensó. Fumó varias pipas de kif. El pájaro no se movió. El sol se había puesto, y las casas iban tornándose azuladas bajo la luz nocturna. Acarició con el pulgar la cabeza del pájaro. Después se quitó el anillo del dedo meñique y se lo deslizó sobre el suave plumaje del pescuezo. El pájaro no se inmutó.

-Un collar de oro para el sultán de los pájaros-dijo él…”

Historia de Lahcen e Idir, es uno de los relatos que se incluyen en los Cuentos reunidos, de Paul Bowles, publicado por Alfaguara, con traducción de Héctor Silva.

Cuuentos reunidos

 

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MI TRILOGÍA DE TÁNGER

Seguimos preparando la salida de mi novela Malabata. Nuria Ogalla ha realizado un trabajo de maquetación fantástico para Ediciones del Genal, y el volumen va a ser elegante y atractivo. Seguramente lo podáis disfrutar a partir de la primera semana de septiembre. Incha Al´láh.

Con Malabata, cierro mi trilogía con Tánger como nexo de unión. 

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