Archivos Mensuales: marzo 2021

«PASEANDO POR EL ZOCO CHICO», EN EL CAIRO

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Estas fotos me las envía mi paisana y amiga del alma Hanane Hayani desde El Cairo. Ella siempre lleva consigo un ejemplar de mi libro de relatos Paseando por el zoco chico. Larachensemente para releerlo. 

El libro se reeditó por Ediciones del Genal en 2015. El texto que cierra el volumen se lo dediqué a Mohamed Sibari, a quien tanto quise, y se incluyeron entonces las traducciones de este cuento al francés, obra de Nabila Boumediane y Fidele Podga, y al árabe, de la mano de Rajae Boumediane y Messari Hamza. Todo un lujo.

Aquí tenéis ese relato en español, y en los próximos días colgaré las traducciones. 

LARACHE, SIN SIBARI

Sergio Barce

Este fin de semana lo he pasado en Larache. De camino al hotel, vi la fachada del antiguo edificio del Café Central medio cubierta con un cartel anunciando la presentación de un libro de Hassan Tribak. Ya no está el café desde hace mucho tiempo. Y había una silla vacía abandonada junto al portal del edificio.

Este fin de semana lo he pasado en Larache. Ha sido una escapada corta pero, como siempre, intensa. En cuanto llegué, pasé por la casa de Sibari y di el pésame a la familia. Ya han pasado nueve días desde su pérdida. Su hija María me invitó a subir al salón en el que su padre solía recibirme, nos sentamos y hablamos de él. El hermano de Sibari estaba a su lado, muy callado, asintiendo con la cabeza cada vez que yo le decía a María cuánto íbamos a echarlo en falta.

Me contó que murió al amanecer, y que esa noche Sibari comenzó a decir cosas sin sentido y también que se notaba muy cansado. Le pesaba la vida. Hablamos de los tiempos en los que estuvo con mi abuelo, y de los tiempos en los que estuvo con mis padres, especialmente con mi madre, y de los tiempos en los que estuvo conmigo. María asentía, y susurraba un “lo sé” suave y dulce.

Me contó que después de editar su nuevo libro, su padre iba a dedicárselo, como con cada uno de sus anteriores publicaciones, pero que cuando iba a hacerlo no encontró un bolígrafo a mano y lo dejaron para más tarde, y ahora tiene su novela sin las palabras que iban a ser solo para ella, y había un su voz un leve reproche dirigido a sí misma por no haber buscado en aquel momento ese bolígrafo. Y noté en María una congoja, una pena profunda, como si hubiera perdido lo último que Sibari podía regalarle.

Le conté entonces que tres días antes de fallecer, su padre me había enviado un mensaje para pedirme mi dirección de correo postal porque la había perdido, quería enviarme su última novela.

-Es un libro sibarístico –me escribió con su guasa habitual.

Le contesté en seguida, pero no tuvo tiempo de hacerlo.

María se levantó, entró en la habitación de su padre y me trajo un ejemplar. Le dije que no se preocupara, que lo compraría, pero ella insistió diciéndome que Sibari, como siempre había hecho, me lo habría regalado. Solo dijo eso, pero fue como si me confesara lo mucho que me había querido su padre. Ahora tengo el libro aquí, junto al teclado de mi ordenador mientras escribo este texto, y noto la cercanía de Sibari.

Le di las gracias a María, que estaba muy emocionada, y nos despedimos, y luego hice lo mismo con el resto de la familia que estaba en la casa. Yassín ya se había marchado hacía pocos días, así que no pude verlo.

Este fin de semana lo he pasado en Larache. Había algo extraño, una invisible niebla amarga en el aire y que se respiraba por sus calles, un aroma de ausencia.

En cada conversación surgía inevitablemente el nombre de Mohamed Sibari. Los que me conocen, sabían de nuestra estrecha relación y me hablaban de él y de que ya no lo veremos nunca más. Es raro imaginar Larache sin Mohamed Sibari. Es como si hubiesen derribado un edificio emblemático y ahora solo quedara un solar vacío en el que fuera imposible construir de nuevo.

Este fin de semana lo he pasado en Larache. Desde el Balcón del Atlántico miré al balcón de su casa, pero no había nadie. Mohamed Sibari ya no se asomará a él para ver el mar, ni tampoco nos verá llegar como antes, ni nos saludará desde allí agitando un brazo al pasar bajo su casa, y eso hará que nos convirtamos en forasteros al cruzar la calle de la Plaza.

Asistimos por la tarde al concierto que daba el grupo flamenco del Conservatorio de Córdoba en el Cine Avenida, y en el que también actuaron los músicos del Conservatorio de Larache. Fusionaron “La Tarara” y resultó electrizante. Ernesto Blanco, director del Conservatorio cordobés, y nacido en Larache, dedicó el concierto a Mohamed Sibari. Luego, hablamos de él. Nos parecía mentira que ya no estuviera allí.

Me encontré en la platea a Mohamed Laabi, y Sibari ocupó parte de nuestra conversación.

-Laabísticamente hablando –solía decir Sibari cuando Laabi comentaba algo, durante aquellos días en los que solíamos vernos en el Café Central.

Este fin de semana lo he pasado en Larache. Qué extraño imaginarla sin Sibari. Ahora pienso que se ha ido despidiendo lentamente, que a causa de su enfermedad optó por una retirada silenciosa y humilde. Primero abandonó la terraza del Central, donde siempre lo encontrábamos al llegar de regreso, charlando, riendo, tomando su té con azahar. Y aunque resistió cuanto pudo, primero con sus muletas, luego con la silla, acudiendo puntual a su cita diaria, en cuanto cerraron el Café todo cambió. Fue como si le impidieran el paso con un muro infranqueable. Luego, dejó de ir a la Casa de España, y sus salidas se fueron espaciando, hasta que en los últimos tiempos apenas abandonaba su casa. Facebook se convirtió para Sibari en su ventana al mundo y en su balcón privado que se comunicaba con los balcones de sus amigos.

Este fin de semana lo he pasado en Larache. Y ya no he visto a ese hombre que antes caminaba a paso ágil y rápido pulcramente vestido con su chaqueta azul marino de doble pecho y botones dorados, camisa blanca inmaculada y corbata oscura, pantalón gris, zapatos negros, y su gorra a cuadros y su bufanda. La sonrisa brillante en medio de su rostro, los ojos achinados cuando reía, tras la montura dorada de sus gafas, y una broma preparada en los labios.

-Si vienes y no me ves, es que estoy del revés.

El Café Central de la plaza de la Liberación sigue cerrado. Ya no hay mesas alrededor de su fachada. Tampoco hay voces pidiendo a Hamid té, café o una botella de agua Sidi Alí. Ya no hay nadie que pida permiso para sentarse al lado de Sibari, ni de ninguno de los parroquianos habituales. Ya no se escuchan sus frases al saludar a un amigo que pasa.

-Perdóneme que no me levante, joven –le decía a un hombre mayor que le estrechaba la mano, Sibari sentado en su silla de ruedas, sonriendo.

Este fin de semana lo he pasado en Larache. Solo hay recuerdos vagando alrededor, y una sola silla junto al portal del edificio del Café Central. Una silla abandonada que nadie ocupará jamás.

Este fin de semana lo he pasado en Larache. Y Sibari ya no estaba.

 

 

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UN POEMA DE ABDERRAHMAN EL FATHI

En 2006 se publicó el libro Voces del Sur: Poesía marroquí contemporánea, en edición bilingüe árabe-español de Antonio Reyes para Ediciones Alfar. Entre los poetas que se incluyen en la selección de este libro, está mi amigo Abderrahman El Fathi y su siguiente poema, que reproduzco para deleite de todos.

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ASCENDÍA EN NOCHES CERRADAS

 

Ascendía en noches cerradas

Ajena a sus mermadas mañanas.

El almuecín clamaba en sus sueños de ámbar

De tácito acuerdo arropaba su madrugada una esperanza oscura

Como los ojos del miedo

En guantes de espinas y llantos sin ojos

Cargadas las miradas

Y ausentes los despertares.

Así, mientras recitaba los caminos lejanos

El abismo de la luna le rozaba las heridas

Todas ellas sin dolor

Sin piedad, así, de nuevo

Y mil veces esa noche sin nombre

con mucha luz y ciegas las esperanzas

de bajar mientras ascienden los miedos

en cada esquina del dolor

en la espalda ajena

en las espinas de Cristo

en las Zauia de enfrente

en tierra de nadie

en cada alambre suelto en mis venas,

crecía en mi mirada

ancha y espesa de mis hierros.

Me reclama el destino del desierto

De nuevo la travesía descalza,

En lo alto de mi frente

En toda luna

En la oscura lágrima africana.

Así concluye un sueño

 

En la nana de una madre.

 

Abderrahman El Fathi

SERGIO BARCE Y ABDERRAHMAN EL FATHI

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«LA PROSTITUCIÓN EN EL PROTECTORADO ESPAÑOL EN MARRUECOS, 1912-1956» UN LIBRO DE BEGOÑA ETXENAGUSIA

   Se ha publicado un detallado, interesante y complejo trabajo titulado La prostitución en el Protectorado español en Marruecos (1912-1956), escrito por Begoña Etxenagusia Atutxa, y editado por Bellaterra, para su Colección Alborán. El libro repasa lo relativo a este asunto en todo el territorio y contiene una densa recopilación de documentos, normas aprobadas en la época y reseñas que enriquecen este estudio ante el que hay que quitarse el sombrero por su evidente calidad.

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Reproduzco un breve párrafo del capítulo dedicado a Larache, en el que destaca una vez más la doble moral del régimen franquista y su execrable modus operandi contra la libertad individual, régimen por fortuna sepultado ya en el tiempo:

“…Las autoridades vigilaban de cerca los asuntos concernientes al ejercicio de la prostitución en la ciudad. Prueba de ello son los expedientes secretos en torno a ciudadanas españolas como María, de 35 años y procedente de Guaro (Málaga). La Intervención del Lucus, en Larache hacía referencia a los desfavorables antecedentes que contaba sobre la conducta mostrada por dicha mujer ya que había ejercido la prostitución de forma clandestina. También disponían de información en la que destacaban que en 1946 hacía vida marital con el musulmán Mustafa B.M.C., casado a su vez con una musulmana con la que tenía numerosos hijos. Mustafa <<…poseía un <taxis> (que conduce él mismo) y una tienda de artículos de electricidad en la calle 8 de junio nº 151, para la que, según él, necesita a María J.>

Las inclinaciones políticas de ambos eran calificadas como negativamente. De ella se decía que se manifestaba en tonos antipatrióticos, y que incluso exponía su decisión de apostatar por lo que constituía un desprestigio para la colonia española. Mustafa no salía mejor parado y aunque se reconocía que no tenía antecedentes, sí que debía ser considerado como poco afecto a España.

La DAI, en octubre de 1944, dispuso que fuese expulsada de la Zona, pero ya que sus padres residían en Tetuán se autorizó su residencia en la capital del Protectorado. Su regreso a Larache contravenía una disposición superior.

Lo interesante y verdaderamente significativo de este tipo de expedientes es que reflejan el hecho de que la vigilancia de la prostitución se enmarcaba como una cuestión relevante desde el punto de vista político y no solo desde una visión de carácter sanitario y moral. De hecho, gran parte de estos documentos eran gestionados por la Sección de Política adscrita a las diferentes Intervenciones.

Durante la segunda década del siglo XX tendríamos que destacar la presencia de militares americanos procedentes precisamente de la zona francesa que los fines de semana acudían a ciudades cercanas como Larache con la pretensión de ocupar habitaciones donde poder mantener relaciones con prostitutas musulmanas en lugares como el Hotel España:

<El dueño del Hotel España de Larache manifiesta que se da el caso frecuente en que los americanos que, procedentes de la Zona francesa, vienen a pasar el fin de semana pretenden ocupar habitaciones del Hotel, acompañados de prostitutas musulmanas, la mayor parte de los prostíbulos de Larache y Alcázar. Aunque no lo han consentido en ningún caso, suelen presentarse con esas mujeres a altas horas de la noche y discuten con el personal del Hotel, dando lugar a incidentes.

Se ha comunicado el hecho a los Bajaes y a la Policía de Larache, Alcázar y Arcila para que vigilen e impongan sanciones de cárcel a las prostitutas que salgan de los prostíbulos acompañadas de hombres o a pernoctar en Hoteles y Fondas.

Los americanos son gente joven procedentes de las bases de aviación; muchos vienen de uniforme, y algunos se embriagan…>.”

Un libro curioso e interesante, que retrata esta parte marginal de la sociedad del protectorado en Marruecos, tanto durante los años anteriores a la dictadura como los que transcurren bajo el control de los militares.

Hay otro excelente libro sobre esta temática, escrito por la larachense Cecilia Molinero, bajo el título de La prostitución en Marruecos bajo el Protectorado español y francés, de la editorial Vivelibro, del que hablaré en una próxima entrega.   

Sergio Barce, abril 2021

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TÁNGER EN EL CINE – 7ª ENTREGA

Nueva entrega del cine rodado total o parcialmente en Tánger. Hoy durante los años 2003 y 2005.

De 2003 es la producción española Tánger, dirigida por el escritor Juan Madrid, basada en su novela del mismo título. Film protagonizado por Jorge Perugorría, Antonio Resines, Ana Fernández, Fele Martínez, José Manuel Cervino, Antonio Resines y Myriam Mézières.

Película fallida, con no muy buenas críticas, cuenta la historia de Abdul Kader Torres (Jorge Perugorría), hijo de Ricardo Torres (José Manuel Cervino), antiguo comisario de la Brigada Político Social, y de Fátima, una bella tangerina, acaba de volver a Madrid para trabajar en los turbios negocios de su padre, «Ejecutivas Tánger». En Tánger, Abdul era maestro, pero debido a su adicción al alcohol fue expulsado de la enseñanza. Cuando conoce a Lidia (Ana Fernández), la joven novia de su padre, siente una atracción irresistible que lo obligará a elegir entre ella y su progenitor. Durante su estancia en Madrid descubre que ni su padre, ni su hermanastro Fanfán (Fele Martínez), ni la agencia en la que trabaja son lo que parecen. La investigación de un doble asesinato pondrá al descubierto la corrupción policial y la implicación de algunos políticos. 

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Al año siguiente, se estrena Otros tiempos (Les temps qui changent, 2004), del realizador André Téchiné. Película francesa con un excelente reparto: Catherine Deneuve, Gérard Depardieu, Gilbert Melki, Lubna Azabal, Tanya Lopert, Malik Zidi y Nabila Baraka. Se rodó íntegramente en Tánger.

Drama romántico que cuenta cómo Antoine, que es enviado a Tánger para inspeccionar una construcción, se cruza con Cécile, que no veía desde hacía 30 años. Cécile está casada, pero Antoine decide reconquistarla.

Tampoco esta cinta cosechó demasiados elogios.

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Del mismo año 2004 es la mini-serie de televisión Redes (The grid), dirigida por Mikael Salomon, que plantea una historia de agentes contraterroristas  británicos y americanos tratando de evitar acciones y atentados en distintos lugares. Cuenta con un excepcional plantel de actores: Dylan McDermott, Julianna Margulies, Robert Forster, Tom Skerritt, Jemma Redgrave, Piter Marek, James Remar, Bernard Hill, Silas Carson, Olek Krupa, Farzad Sadrian y Barna Moricz. La banda sonora es de Ramin Djawadi (autor de la música de Juego de tronos). Se rodó entre Gran Bretaña, Canadá y Marruecos, y hay localizaciones en Tánger.

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También del año 2004 es el film Ten´ja, de Hassan Legzouli. Se trata de una producción marroquí interpretada por Roschdy Zem, Aure Atika, Abdou el Masnaoui, Mohamed Majd y Abdelmajid Zajarad.

Argumento: Nordin, el protagonista, viaja desde Francia a Marruecos para asistir al entierro de su padre en un pueblo del Atlas. Un viaje de reencuentro con su tierra que le hará comprender que ya no pertenece a él, pero le resultará fascinante y perturbador, y le hará descubrir su propia identidad.

Tánger es en este film un lugar más que simbólico y fundamental, ya que es la entrada y la salida, la frontera de dos mundos distintos.

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Al año siguiente, se estrena la segunda adaptación de la novela tangerina por antonomasia: La vida perra de Juanita Narboni (2005), que dirigió Farida Benlyazid.

Es una producción hispano-marroquí, y en esta segunda adaptación de la mítica novela de Ángel Vázquez, Juanita Narboni está interpretada con su habitual solvencia por Mariola Fuentes, secundada por Chete Lera, Concha Cuetos, Paco Algora, Lou Doillon, Nabila Baraka y Bouchra Mahdi.

De la fotografía se encargó el maestro tangerino José Luis Alcaine y se rodó, por supuesto, en Tánger.

“«La vida perra de Juanita Narboni» es una película muy especial, con un texto en «off» que hace surf sobre la imagen y una Mariola Fuentes grande y entregada que va tejiendo poco a poco su personaje amargado, recocido en vinagre, pero lúcido, gracioso y ácido como para sujetar con su exclusiva pinza toda la película. Sus descripciones, observaciones, improperios, pareceres y análisis de la época (puro franquismo), del lugar (Tánger como contraportada de Casablanca) y de las gentes son fogonazos de texto aliñado de imagen. Desde luego Mariola Fuentes, con la composición de la descomposición que hace, con su trapaceo en tres y cuatro idiomas, que para eso su personaje «tamién e inglé»…” (reseña de Rodríguez Marchante)

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Del mismo año 2005 es El ayel / Le gosse de Tanger, de Moumen Smihi. Esta película, la primera de lo que se ha convertido en una trilogía semiautobiográfica para Smihi, sigue las experiencias cotidianas de Mohamed-Larbi Salmi frente a la cambiante sociedad marroquí.

En la década de 1950, en Tánger, Larbi Salmi es un joven, tímido, preadolescente, que intenta encontrarle sentido a la suave educación religiosa de su padre, la educación secular que le ofreció en la escuela francesa y sus incipientes deseos por los placeres prohibidos del cine y las mujeres que conoce a través de él. La calle se convertirá en otro medio para su educación, pero es ese que envuelve el mundo más sórdido y canalla de la medina tangerina; pero es una medina en la que Larbi crece rodeado de música andaluza, de bares europeos donde se bebe, se canta y se baila, restaurantes, los cafetines del zoco, el cine Vox… Los recuerdos de Smihi, los de su infancia, volcados en su protagonista. Y lo que muestra la cinta es el contacto del protagonista-realizador con la realidad de Tánger, su multiculturalidad, su riqueza humana, su modernidad y su evolución.

Escribe Randa Jebrouni que en esta cinta Smihi “…da cuenta del impacto de la colonización en la vida de los marroquíes en general y de los tangerinos en particular y de la importancia de ese pasado aun en los tiempos actuales; su validez estriba en desmantelar la cuestión de la identidad nacional y cultural marroquí que se ve fragmentada ante un cosmopolitismo impuesto por la situación política de los años cincuenta y un ejercicio de la memoria indispensable contra el olvido”.

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En capítulos anteriores:

TÁNGER EN EL CINE – 1ª ENTREGA años 1927 a 1951

https://sergiobarce.blog/2020/06/28/tanger-en-el-cine-1a-parte/

TÁNGER EN EL CINE – 2ª ENTREGA años 1952 a 1957

https://sergiobarce.blog/2020/07/04/tanger-en-el-cine-2a-parte/

TÁNGER EN EL CINE – 3ª ENTREGA años 1957 a 1968

https://sergiobarce.blog/2020/07/10/tanger-en-el-cine-3a-entrega/

TÁNGER EN EL CINE – 4ª ENTREGA años 1969 a 1988

https://sergiobarce.blog/2020/07/13/tanger-en-el-cine-4a-entrega/

TÁNGER EN EL CINE – 5ª ENTREGA años 1989 a 2001

https://sergiobarce.blog/2020/07/22/tanger-en-el-cine-5a-entrega/

TÁNGER EN EL CINE – 6ª ENTREGA años 2001 a 2002

https://sergiobarce.blog/2021/01/03/tanger-en-el-cine-6a-entrega/

Continuará – To be continued…

 

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