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«LOS HEREDEROS DE AL-ÁNDALUS», un relato de SERGIO BARCE

En el número 4-5 de la Revista ENTRERÍOS, publicada en 2007 en Granada, número dedicado a Al-Ándalus, se incluye un relato que escribí específicamente por tal motivo. Se trata de un cuento inventado, pero supongo que no ha de andar muy alejado de aquella realidad que aconteció por esa época. Es una historia con alguna base histórica, es cierto, pero la peripecia relatada y los personajes que la protagonizan son producto de mi imaginación. Siempre he pensado que muchos de los judíos y moriscos expulsados de España debieron acabar en Larache, que era por entonces un puerto relativamente activo, y donde muchos corsarios buscaron refugio. Aun siendo una fantasía mía, espero que os la creáis.

Los herederos de Al-Ándalus

Ahmed Ben Hassen el Hakhdar había salido de la provincia de Córdoba, junto a los suyos, allá por el otoño de 1495 rumbo al puerto de Almería. Ahmed había conseguido dilatar la orden de expulsión gracias a sus trabajos como cetrero para Don Diego Fernández de Córdoba Montemayor, Alcaide de los Alcázares de Córdoba y Alcalá la Real, Conde de Cabra y Grande de España. Sin embargo, la presión de los inquisidores aconsejó a su protector darle cobijo sólo hasta las costas y que así pudiera ponerse a salvo en tierras herejes.    Sigue leyendo →

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LARACHE – ALBUM DE FOTOS 6

Uno de los lugares emblemáticos de Larache ha sido El Jardín de las Hepérides, junto al Castillo de las Cigüeñas. Hubo un tiempo en que era un espacio encantador, con Chita en una jaula y pájaros en otra, con un bar amable donde pasar buenos ratos y también con sombras en la noche, entre sus palmeras y jardines, para permitir a las parejas tener un algo de intimidad en sus paseos.

Cafetería del Jardín de las Hespérides

Hoy no es ni sombra de lo que fue. Una pésima política municipal ha ido degradando durante años este espacio público hasta convertirlo en un lugar semi abandonado, en el que los famosos leones de sus entradas se encuentran encorsetados entre tapias y rejas oxidadas, en el que los viejos cañones que defendieran el castillo andan por los suelos como chatarra, en el que el viejo árbol drago languidece en el olvido. Pero ya digo que fue un lugar esplendoroso, y hasta no hace demasiado, porque cuando me marché de Larache en 1973 seguía siendo un jardín bien cuidado. En su cafetería los larachenses de varias generaciones han pasado horas y horas de charla. En la siguiente fotografía, de espaldas Mimi Abecasis de Castiel, el capitán Pedro Gómez  “Perico” entre Elisa y Sara Fereres; a la derecha, Estrella Abecasis de Medina, y en primer plano, Pepito.

Siguiendo la sistemática de la anterior página de este album, continuamos visitando bares y cafetines de Larache. En esta fotografía, tomada en el Bar Perico, reconozco en primer plano a la izquierda a uno de los mejores amigos de mi padre, Manolo Alarcón. León Cohen reconoce a la derecha a Carmelo Rosendo. Y Carlos Nieto nos revela el nombre del grupo: Junto a Manolo Alarcón está Antonio Balaguer, le sigue Carmelo Rosendo Campanelli y el último Pepe Rodríguez. En el centro de la foto, en primer plano, se encuentra Antonio Ruiz Ortiz (del Bar Perico), a su lado, a la derecha de la foto, Carmelo Rosendo Peremarch (hay dos Carmelo(s) Rosendo(s) en la foto, eran primos) y el último por la derecha, Carlos Fernández Egea.

Y en esta barra de bar, también otros dos de los grandes amigos de mi padre (Antonio Barce), compañeros de UNIBAN, y que aparecen en el centro de la estampa: Juanito Vargas y Manolo Alvarez.  Corría el año 1957. Manolo, que siempre defendía con vehemencia a su Valencia CF, de eso sí me acuerdo, y de su sonrisa.  Mi niñez siempre asocia a  mis padres con los Alvarez, como si hubiésemos formado parte de una misma familia. Antonio Roda Jorge me indica que les acompañan en la fotografía sus tíos Nicolás y Antolín Jorge Mateos.

De Mohamed Sibari he hablado en muchas ocasiones. Es, probablemente, uno de los personajes larachenses con el que prácticamente todos hemos tenido relación, más o menos estrecha, pero es difícil que haya alguien que no le conozca. En esta fotografía estamos en la terraza del Café Central: Sergio Barce, Mohamed Sibari y Rachid Serroukh. Sibari es un autor prolífico que se inspira en la gente de Larache para escribir sus novelas cortas, y Rachid Serroukh regenta la Librería Al Ahram, en la avenida Hassan II, el lugar donde se puede encontrar los libros de los escritores larachenses. Dos amigos a los que tengo especial querencia.

Muchos han sido los homenajes que se le han tributado a Mohamed Sibari en su ciudad. Uno de los más divertidos fue el que organizamos hace unos años en la Casa de España, en el que, durante la cena, José Luis Gómez, el hijo de don Aurelio, le cantó varias canciones divertidísimas a Sibari, bajo la mirada cómplice y las risas de Guennouni, Mohamed Laabi, Mustapha el Bouthoury, como prueban las imágenes…

Tras este paréntesis «sibariano», damos otro salto en el tiempo y entramos en otro bar de Larache y descubrimos a Luisón y a Luis Vázquez echándose una partida de flipper, creo.

Hay que decir que había otros lugares al aire libre que invitaban a tomarse algo… Por ejemplo, en los chiringuitos de la playa. En la siguiente fotografía Paco Rodríguez, en el centro, pasándoselo bien en el chiringuito de la Otra Banda:

Paco Rodríguez trabajaba en el Taller Automotor, de su familia, otro de los grandes amigos de mi padre. Y aquí aparece de nuevo, no sé si en la calle Chinguiti, esperando que les pongan unos pinchitos: Rafael Andrés Rus, Joaquín García Camúñez, Paco  Rodríguez y otro amigo.


Otro pequeño salto años después. Mi querido Javi Lobo, del que suelo colgar fotografías, y aún tengo varias que me ha enviado para poner en este blog, supongo que en los años 70, aquí junto a Mónica Mijares. Qué buenos años aquellos. Probablemente sea el Casino.

Y menudo grupo el siguiente… Parecen esperar sus bebidas, y vaya cara de cachondeo que tienen. Fernando Muñoz, Padilla, Caravaca y Fufo

Ya en 2004, en el Restaurante Alkhuzaima, de la avenida Mohamed V, nos reunimos muchos larachenses durante las jornadas culturales que organizó entonces Larache en el Mundo. En esta imagen de la cena, un grupo de muy buena gente larachense: Angeles Ramírez, Abderrahman Lanjeri, Larbi Setti, Said Hauat, el poeta Serrojk, el muy querido Dris Sbihi… siempre en mi memoria.

El dar saltos en el tiempo sólo tiene como objetivo despertar vuestro interés, evitar la monotonia de una serie de fotos de los mismos años, y busco con ello interrelacionar a los larachenses de todas las generaciones. Después de llegar al año 2004 vuelvo a los cincuenta, por ejemplo. En la imagen que sigue, en otro bar de Larache, Juan Miguel Columé y Eduardo Rojas con otros dos amigos.

En una revista del año 1940 aparecía el siguiente anuncio:

Y para despedir esta nueva entrega del Album de Larache y los Larachenses, un brindis desde otro local de la ciudad y que nos hacen desde el pasado Antonio Cambil, Pepe Jurado y Mustafa. Esperanza Manso me apunta que el barman es su tío Pepe Osuna,

DESDE LARACHE

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LARACHE – ALBUM DE FOTOS 5

Larache siempre ha sido un lugar vivo, dinámico, lleno de lugares donde encontrarse: la plaza de la Liberación, antes de España, el Balcón del Atlántico, el Zoco Chico, La Hípica, Santa Bárbara, los Viveros, la Gaba, la otra banda… Y luego sus cafetines, bares, restaurantes, casinos… Se me ha ocurrido hacer un pequeño recorrido por esos locales, muchos de ellos yo no llegué a conocerlos, y tendré que repartir en varias entregas las imágenes para poder mostrarlas todas. Aquí van algunas. Para empezar, unos amigos a la puerta del mítico Bar Selva.

Abajo, Ernesto Coloma y Manoli Parodi de tapeo por uno de los bares de Larache… Mª José Coloma aclara que sus padres están en el Bar de la Hípica, y que esta imagen se tomó durante la boda de Gladis Ford.Unos amigos, Cristóbal Ramírez y Guillermo, y también Manuel López Herrera, entre ellos, echándose una partida de billar, del que mi padre era tan aficionado. Siempre me cuenta lo bien que lo pasaba con sus amigos jugando al billar, supongo que añorando los tiempos de juventud.

Ange Ramírez me mandó hace mucho esta fotografía de Victoriano Gutiérrez con unos amigos compartiendo un trago. Están en El Pozo del Café Central. Al fondo, Paquito Osuna Nieto; con gafas, Rosell, y a su lado Juan Paz «el canario». Y a la derecha, Ceballos, el portero de fútbol.

Este creo que era el famoso Bar Cocodrilo.

Cualquiera de los bares de Larache traerá recuerdos a muchos. Aquí están Cabrera, Pilar, Pepe Jurado, Pepe Rubio…

Y el Bar La Marquesina, donde están, apoyado en la barra, Rosendo Zabala, y al lado su amigo y empleado Selam. Indica Antonio Recober que junto a Juan Fajardo, está Juan Soriano. 

Una imagen de Berros, Alba, Sebastián, Guillermo… Lamento no poder decir el nombre de todos los que aparecen en las fotografías, pero supongo que poco a poco podremos ir completándolas con los mensajes que podías enviarme cuando reconozcáis a alguien. Y así es como Pablo Serrano me aclara que quien tiene la mano sobre el hombro es su tio Juan, hermano de su padre, de la fundicion de Fajardo.

Una imagen del Hostal, que ha venido regentando Mula. Me acuerdo que una noche desperté sacudido por un temblor que movía mi cama de un extremo a otro de la habitación. Era un terremoto. Vivíamos entonces en el Balcón del Atlántico, y mis padres entraron en el cuarto y nos llevaron en volandas hasta el coche. La gente trataba de salir de Larache cuanto antes. Abajo estaba Marina, y José Miguel y Mari Carmen, y nos marchamos al Hostal a pasar la noche, a la espera de que la sacudida no se repitiera causando alguna desgracia. Siendo un niño, aquello fue una pequeña aventura, emocionante, y una buena excusa para luego jugar en el Hostal con el resto de los niños que, junto a sus familias, también se habían marchado allí y a la Gaba tratando de encontrar un lugar más seguro…

En esta otra foto, en otro de los locales larachenses: Forqué, Carlos, Paquito, Miguel, Carlos, Rafael, Yanko…  De las 3 personas sin identificar, Ana María Antón me indica que su padre es el que está a la izquierda de la foto, se llamaba José Antón Gutierrez, nació en 1933 en Larache y trabajó durante años en la gasolinera BP. Falleció en el 2005 llevando Larache siempre en su corazón.

Otro bar famoso de aquella época: el Bar Mauri. Carlos Nieto identifica en esta estampa al niño, que es Miguel Alvarez García, a la izquierda su tío Barroso, que tenía una barbería en la calle Chinguiti, y a la derecha a su padre, aunque no recuerda su nombre.

Y dando un pequño gran salto en el tiempo, nos metemos en el Restaurante Alkhuzaima, en la avenida Mohamed V, donde nos reunimos en 2004. Ahí está León Cohen Mesonero y esposa, que disfrutó ese viaje de regreso a su calle Barcelona.

Supongo que recordando a su padre a cada paso que dio por la ciudad. El padre de León, Jacob Cohen, fue un gran tirador al plato, qué buen ambiente festivo se vivía en el Balcón del Atlántico cada vez que se celebraba un campeonato, y él  ganó varios trofeos…

Y qué decir del Café Central, lugar neurálgico, imprescindible de Larache, situado en el edificio que domina la Plaza de la Liberación, y que todos los larachenses, de varias generaciones, han tomado siempre de punto de referencia o de reunión, y que ahora ha sido restaurado. En esta imagen, tomada hace unos años, Pepe Osuna, Mohamed Sibari y Carlos Amselem sentados en su terraza.

Pero en cualquier cafetín o cafetería bajo los arcos de la Plaza es un lugar magnífico para compartir un buen té con los amigos de siempre. Aquí estamos Abderrahman Lanjeri, Sergio Barce y Luisito Velasco. Y ahora veo la fotografía y me entran ganas de irme para allá.

En fin, Larache y sus rincones, sus bares, sus cafetines, sus restaurantes… Volveremos a dar otro paseo por ellos, desde la distancia del tiempo, y quizá nos sentemos en la terraza del Café Lixus, donde Jean Genet acudió tantas veces para refugirse en él con sus amigos, donde muchos larachenses pasaron y pasan momentos especiales, personales, intransferibles.      Sergio Barce, enero 2012

CAFE LIXUS

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DANZADELAIRE del poeta tetuaní ABDERRAHMAN EL FATHI visto por el profesor ABDELLATIF LIMAMI

Estoy de enhorabuena, mis amigos parecen prodigarse últimamente con sus últimos trabajos. Jose Sarria me ha enviado este artículo de mi entrañable amigo el profesor Abdellatif Limami sobre la última obra de mi también amigo y admirado poeta Abderrahman el Fathi. Y nada mejor que poder ofrceros a vosotros la oportunidad de comocer este libro y este artículo.

Sergio Barce, enero 2012

 DANZADELAIRE  del poeta tetuaní Abderrahman El Fathi o la vuelta a los orígenes

Por Abdellatif LIMAMI
Universidad de Rabat / Marruecos     

 “Soy hijo del Al-Andalus, esclavo de tus suspiros,
 Inmortal para tus deseos y guardián de tus latidos”
                                           (DANZADELAIRE /  Abderrahman El Fathi)

“Vientos del pueblo me llevan,
 Vientos del pueblo me arrastran,
Me esparcen el corazón
Y me aventan la garganta”
(VIENTOS DEL PUEBLO / Miguel Hernández)

       Al igual que los títulos, los epígrafes  cobran una gran importancia a la hora de analizar o emitir un juicio crítico sobre una obra. Se pueden considerar incluso como las llaves que abren toda “morada literaria”.

Abderrahman el Fathi

        Y es el caso de esta última obra del poeta tetuaní Abderrahman El Fathi  (DANZADELAIRE) cuyo  título y cuyo epígrafe imponen de entrada los siguientes  comentarios: primero un título totalmente en mayúsculas y sin respeto de los espacios que se imponen a nivel ortográfico entre  las palabras (DANZADELAIRE). Sugiere, además de contener la palabra aire, el viento, que estructura gran parte del discurso poético del poeta, y no en su forma apática, sino en pleno movimiento (danza). Es como si el poeta tetuaní, con el riesgo de ser arrastrado por este aire-viento en trance, se escondiera bajo sus mayúsculas apretadas que le pudieran servir de cobijo. No hay que olvidar aquí que las dos ciudades marroquíes donde vivió y sigue viviendo el poeta (Tetuán y Tánger) son muy conocidas por su viento, sobre todo otoñal o hibernal (CHARKI).  

       En un segundo lugar, nos referimos a un epígrafe de los más sugerentes, sacado de Ibn Said al-Magribí y que implica esta vez la fuerza de este viento que lo vence todo, a pesar de los pesares .  

 “Al viento que vence
 la resistencia de los árboles
  haciendo que sus ramas se inclinen
 y besen los estanques” (p.7)  

       La portada de la antología queda  además marcada un cielo nublado; especie de foto aérea que sugiere el idílico Estrecho de Abderrahman El Fathi, tan añorado, tan vivido y tan recreado en su obra.

       Como este viento furioso, el poeta tetuaní irá de una “morada” a otra (de Tánger a Tetuán) para vencer espacios y tiempos, estando al borde del precipicio. No cabe duda aquí que el poeta se presenta como una herramienta roída, que sólo salva la palabra poética: una palabra inconclusa, sin rima ni ritmo, pero que le evita ser un ciclo acabado:

 “Soy feliz aquí
 en estos versos inconclusos,
al borde del precipicio
 de una palabra
 sin rima ni ritmo, solo la salva el momento,
el lugar vacío
que ocupa” (p.17)

Abderrahman el Fathi

       Entre miradas impotentes o ausentes y un furioso viento, se hablará finalmente de “…vientos verdes / que arrancan belleza al aire” (p.46), y que dibujan con sus ráfagas  “húmedas nubes / próximas a mis ventanas” ya que las que se fueron –dirá el poeta no sin un tono nostálgico-  “llevaban perfumes y amores lejanos” (p. 71); vientos concebidos al fin y al cabo  “…como puñales / en esta primavera /…” (p.101).

       Impotentes, los ojos no pueden más que contemplar estos vientos de promesas perdidas  “que se debaten despreocupadas / en cada espejismo adolescente / asombradas por ese cuerpo / con ojos amarinados y miradas ausentes.” (p.45);  vientos  en los cuales el poeta sin embargo  ansia  “elevar a deseos”  y caminar en tus miradas” (p.72).

       Abandonado, una tarde de verano,  “…como las sandalias viejas” (p.97), el poeta emprende su caminata hacia  los vericuetos y tinieblas posibles, en busca de una memoria que hay que rescatar: “Mis dudas  -dice casi susurrando su amargura – siguen surcando tinieblas, / en todas las estaciones, para rememorar / el fuego de todos los hombres” (p.57); frenética carrera que lo conduce finalmente a cubrir todas las estaciones para perseguir o atrapar un otoño, acurrucarse en un invierno y asaltar u ocultar una primavera:

“Atrapé tu otoño una noche de
verano
 acurrucado en tu
 invierno
 después de asaltar tu / primavera…” (p.99)

“Perseguí tu otoño en una esquina
 de octubre
 para ocultar, cierta primavera
 un invierno cualquiera” (p.100)

Abdellatif Limami

       Y ¿quién se esconde detrás del tú aquí? ¿La amada, añorada, encontrada, perdida y recreada en el verso; o simplemente la paloma blanca, el Tetuán de la infancia y de la memoria que el poeta procura rescatar en “su particular vuelo” (p. 19), tras momentos de ausencia? Las dos entidades en realidad se confunden para formar una sola, en que Tetuán es la amada y la amada es Tetuán:

“Hoy necesito saciarme a sorbos de tu mar
penetrar y brindarte mis aguas
 elevar tus olas y refugiarme
en el rugido de tu silencio
alzar tu proa en mis labios
brindar mi muerte en tus ojos
 y caer rendido
frente a tus azuladas brisas.” (p.25)

       Pero a veces, la referencia a esta ciudad de “vientos alocados” (p.33),  en que el “tiempo no transcurre”, sino que “envejece”, y en que los recuerdos ni siquiera “pertenecen al pasado”, manteniéndose “…impasibles, irreconciliados / ante el transcurrir parsimonioso / del devenir implacable” (p.32), la referencia es pues explícita, con sabor a memoria, a pasado erguido y firme para siempre:

“mis días son recreaciones de lugares
que siempre fueron y no
cesaron en su presencia
esas casas siempre viejas
y renovadas por el devenir del tiempo.
Así son los caminos del pasado
siempre en Tetuán” (p.31)

Sergio Barce, Akalay, ABDELLATIF LIMAMI, Jedidi, Sibari y ABDERRAHMEN EL FATHI

       Más explícitos son los siguientes versos que, aunque el nombre de la ciudad no se menciona directamente , su presencia como espacio y como amor idílico es más que  evidente. En ellos, el poeta busca refugio, respuesta a sus lamentos, consuelo a sus sufrimientos o, simplemente, una morada donde rendir el alma.

       En una perfecta simbiosis, será a la vez él, la amada añorada y el espacio predilecto de la memoria:

“Hoy necesito saciarme a sorbos de tu mar
 penetrar y brindarte mis aguas
elevar tus olas y refugiarme
en el rugido de tu silencio
 alzar tu proa en mis labios
 brindar mi muerte a tus ojos
y caer rendido
 frente a tus azuladas brisas” (p.25)

“Qué esconden tus vientos
 qué lamentos denuncian
 cuántos secretos ocultan
 dímelo a los ojos
 ya que los míos
 se confunden en tu mirada” (p.40)

       Rendido, no resignado,  el poeta alza un grito y eleva su voz hacia Dios como para pedir ayuda y salvación frente a lo efímero y transitorio. Pero, no sin cierta fuerza y firmeza en la existencia de SU Estrecho, que constituye la suma de su memoria:

“¡Ya Ilahi!
 Todo es transitorio.
 Hasta mis versos te añoran,
 se lamentan de tu ausencia
silenciada en mis sueños,
 en cada rincón oculto de las olas,
 en las aguas profundas
 de mi Estrecho,
en la mirada tenaz
 de mi firme convicción de tu existencia.
 ¡Ya Ilahi!” (p.58)

       Esta firmeza recobrada la debe el poeta aquí al verso, concebido como una espada que abre nuevos horizontes. Así, del verso que le “arrebató el cielo”, el poeta pasa al verso que le riega “de sus aguas.” (p.81) en una mera operación de rescate; rescatar para no enfrentar una travesía en solitario, para no ir desnudo como los hijos de la mar (como dijo A. Machado) y para poder construir con las enanas palabras un gigantesco corazón en donde podría refugiar su alma dolorida y poder renacer:

“He vuelto a por mis versos  
 ahí estaban
en esa mesa, ese té con hierbabuena
 los rescaté, desde entonces viven conmigo,
 para siempre
 me acompañan en mis travesías,
 en mis noches de soledad.
 me arropan esos versos
 me recuerdan cuánto te amé” (p.74)

“Y ahora deseo rescatar todos los versos que compuse
para ti
abandonados en los cafés, parques, bibliotecas, papeleras
y esquinas y bares.
Quiero construir con ellos un corazón tan grande y
refugiarme para siempre” (p.77)

       Ya los primeros versos que abren esta antología hacen hincapié sobre esta felicidad recobrada gracias al verso. Y poco importa si son versos inconclusos, o una suma de palabras sin ritmo ni rima y que lo sitúan incluso al borde del precipicio. Más importante es su existencia que inspira felicidad y más importante aún son estos versos salvadores:

“Soy feliz aquí
en estos versos inconclusos,
al borde del precipicio
de una palabra
sin rima ni ritmo, sólo la salva el momento,
el lugar vacío
 que ocupa” (p.17)

        La felicidad aquí está en la toma de conciencia del poeta de no poder vivir ya sin ELLA como  creó en sus años de loca juventud. La vida le ha ensenado que nunca se deshace uno de lo que es y que constituye su seña de identidad. Incluso con  la distancia, esa musa no  dejó nunca de reclamarle su presencia y apaciguar sus males y miedos de la infancia; la vuelta a los orígenes se hace entonces más eminente:

“Creí vivir sin ELLA,
y ahora que su distancia me reclama,
mi retorno se acerca en estos versos.
A cada palabra le exijo más fuerza
para huir
de mis miedos de infancia.
ELLA va enmascarando esos pasajes
que antaño fueron
lejanas voces, suspendidas
en antenas de azoteas,
en cualquier medina,
empeñadas siempre
en captar imágenes de la otra España” (p.17)

       Al término de esta reflexión,  se impone la misma interrogante que condujo nuestros pasos al principio: ¿Quién es “ELLA”, que se yergue con las mayúsculas que el poeta le obsequia?:

–     ¿Tetuán, la linda ciudad de la infancia y juventud del poeta? Hemos visto como todas las referencias del poeta “huelen” a mar, lo que nos ha permitido hacer de la ciudad de Tetuán la musa por excelencia.
–    ¿Un grato recuerdo de amor o un amor sepultado y que el poeta escarba hoy con sus dientes? Amar es de todos, y aún más para sensibles poetas como es el caso de Abderrahman El Fathi. Más que nadie, él sabe que no es tarea fácil: “Si amar fuera tan fácil. / -dirá el poeta-  Te amaría a verso suelto / a cadencias azuladas / y latidos ocultos” (p.91)
–      ¿El ansia de volver y fijarse en el espacio predilecto dela infancia? La madurez impone la vuelta a las raíces para que uno siga creciendo y envejezca acaso cerca de las “viejas moradas” a las cuales se acostumbró la mirada y a las cuales también alude el poeta.

       Pero, poco importa la respuesta si todas estas hipótesis se funden en una: un retorno a los orígenes en un acto de plena devoción, concretizado en el ápice poético. Es también un acto de amor con tintes de tristeza y melancolía  dirigido tanto al espacio de predilección como a la otra hipotética musa.

       Terminamos con estos versos sintéticos en que la simbiosis, o por lo menos la fusión, entre el poeta y ELLA son totales. Y que cada uno escarbe con sus dientes estos versos para saber quién es esta legitima esposa/musa del poeta:

“Tu soledad me reclama
se asoma fugitiva
con su habitual sombra de colores
 hasta confundirse y penetrar en la mía
entregada al pestañar
 del día en la noche, sigilosamente
hasta acabar absorbiendo
 esa luz que rompe
desde su desnudo ombligo  de arena.(p.23)

____________________________

  Abderrahman El Fathi; DANZADELAIRE; Patio de Monipodio; 1ª edición; 2011; Cádiz;  España. (Las referencias entre paréntesis corresponden a esta misma edición).

  El viento aquí  como símbolo de una amenaza, caos, inestabilidad y destrucción pero que los versos del poeta cambian en  una suave y cálida brisa que un implica un cambio  progresivo y positivo.

   ABU AL HASAN ALI IBN MUSA IBN MUHAMMAD IBN ABD AL MALIK IBN SAID AL MAGRIBI, nacido en Alcalá la Real, provincia de Jaén en 1214. Poeta, gramático, historiador y geógrafo. Por consejo de su padre, se traslada muy joven a Sevilla para dedicarse allí con preferencia al estudio del lenguaje, al cultivo de la poesía y al estudio histórico.  La nostalgia de su patria andaluza, durante su estancia en Egipto, le inspiró una de sus poesías más interesantes (sentimiento nostálgico que nos acerca al experimentado por el poeta tetuaní Abderrahman El Fathi).  En el año 1286 habiendo realizado su peregrinación oficial a La Meca, murió en Damasco, cuando se disponía a regresar a Occidente.

  Es de notar que en toda la obra, sólo una vez se menciona el nombre de la ciudad.

  He aquí algunas de las expresiones que recrean este estado de ánimo:  “precipicio” (p.7);  “derrota en los pies” (p.22);  “muerte” (p.25);  “quimera ardiente” (p.29); “ inmensa soledad” (p.38);  “espejismo adolescente” y “miradas ausentes”  (p.45) “blanca pesadilla” (p.50);  “alma de ojos tristes” (p.54);  “lágrimas desnudas”, “sombras ajenas” y “memoria  descifrada y fragmentada” (p. 56);  “tinieblas” y  “penas” (p. 57);  “amores lejanos” (p.71);  “penas amarradas por el tiempo” (p.73);  “frente arrugada” (p.73); “noches de soledad” (p.74); “amores lejanos” , “copas olvidadas” y  “corazón ondulado” ‘(p. 75);  “ profundos lamentos” (p. 84);  “confusión” (pp.85/86);  “agonía” (p. 93); “ fracasos” (p. 89).

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Este 15 de Enero, en MARRAKECH, exposición LARACHE / AL-ARAICH de la fotógrafa larachense GABRIELA GRECH

La maravillosa Exposición LARACHE / AL-ARAICH  de GABRIELA GRECH,  sigue su travesía por las principales capitales de Marruecos. Tras pasar por Casablanca, Tetuán, Tánger y Fez, le llega el turno a la ciudad imperial de Marrakech.

No sé si ya comienzo a ser demasiado pesado, pero cómo dejar escapar la ocasión de volver a reivindicar uno de los trabajos gráficos más sugerentes que se han realizado sobre una ciudad marroquí, cómo no recordar a todos, cada vez que se inaugura una nueva sede de la exposición,

Gabriela Grech

que quienes estén cerca de ella gozan del privilegio de poder acercarse a descubrirla por sí mismos, cómo no hacerlo si Gabriela Grech está detrás como creadora de este trabajo, cómo no cumplir con este rito que me enorgullece como amigo.
Sigo llamando la atención de todos sobre el genuino mosaico que Gabriela inventó con sus fotografías de las lápidas existentes en los cementerios cristiano, hebreo y musulmán de Larache, donde reconocemos a nuestros antepasados. Es quizá la joya de la corona en esta colección de fotografías intensas y emotivas.
Pues ahora os recuerdo eso, que sus imágenes de Larache y de los larachenses llegan a MARRAKECH.

La exposición se inaugura este 15 de Enero en la sala del Instituto Cervantes de Marrakech, donde permanecerá hasta el próximo día 5 de Febrero de 2012.

El largo y sugerente viaje de estas fotografías, llegará a su final en Rabat, del 9 febrero al 5 de marzo de 2012.
Sergio Barce

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