Mientras escucho <Woman from Donori>, acabo la lectura de Cuerdas al aire, el nuevo pequeño libro de Juan Pablo Caja. Digo pequeño porque sus dimensiones son menores a las habituales, como es habitual en las publicaciones de la editorial Minúscula. Pero también es una bella edición, muy cuidada, y agradable para leer.
Como ocurre en todos los libros de Juan Pablo Caja, hay muchas historias entremezcladas y muchos personajes que se cruzan, que salen y que entran de sus páginas, y hay mucha socarronería y humor fino, y muy buena narrativa para contarnos estas también «pequeñas» historias que, en gran parte, ha vivido el propio autor.
Cuerdas al aire es un homenaje a una de sus pasiones: la guitarra. Un homenaje dulce y sencillo, pero también profundo y hasta melancólico. Hay mucho rasgueo de cuerdas en estos capítulos que se siguen con un ritmo country y acústico, contados desde un escenario para pocos espectadores, con mucha cerveza (incluso caliente) y con un cierto regusto amargo por el paso inexorable de los años.
Escribe Juan Pablo: «¿Por qué tantas cosas envejecen parecido? Esta tarde he estado estudiando una pieza de Stefan Grossman y John Renbourn, <Woman from Donori>. Está en un disco de finales de los setenta, que compré cuando lo sacó en España el sello Guimbarda, la discográfica que en esa época nos traía el folk internacional. Miro mis manos mientras practico y no sé por qué me pongo a pensar en todas las manos, en las maderas de las guitarras y en casi cualquier objeto, en cualquier cosa. En cómo envejece todo y qué rasgos comunes tiene el paso de los años. La madera que se va curando, se seca, y, aunque la vibración que se transmite desde las cuerdas a la tapa mantiene y desarrolla la flexibilidad del material, esa elasticidad va adquiriendo una calidad muy diferente con los años. Aparecen grietas, quebraduras.Aumenta la resonancia pero no la exuberancia del sonido, no la riqueza de armónicos. Es una vibración intensa pero seca, que perdura, aguda, penetrante. Las notas largas en el aire. Y eso es algo que, al tocar guitarras de más de, no sé, cincuenta años, me ha parecido siempre esencial, común a todas. Algo que cada vez más siento que comparto con ellas, que comparten mis manos, mi respiración, a medida que cumplo años. Por qué una persona y unas tablas de madera han de envejecer igual, de manera análoga. Por qué se secan pieles y maderas. Arterias y diapasones.Más curados, más frágiles y, a la vez, más duros. No sé. Tampoco sé, es cierto, si esto son figuraciones mías y no soy siquiera capaz de juzgar la diferencia entre guitarras: a lo mejor ahora suenan diferentes porque se construyen diferente, porque las maderas son otras…« Qué bello párrafo para describir nuestro envejecimiento y el de las guitarras, en paralelo, a la vez, embozados por el olor de esa madera agrietada y por el sonido de las canciones que nos propone.
Cuerdas al aire se lee de un tirón. No es muy extenso el libro. Un libro minúsculo, ya lo he dicho. Pero que es, a la vez, un tema musical, tocado con mano lenta en una vieja guitarra, que escuchamos traducido por las palabras cálidas y cercanas de Juan Pablo Caja.
Mi amigo Jose Garriga me comentó que se había desafiado con otro amigo a elaborar, cada uno de ellos, una lista con 30 películas del Oeste y luego compararlas para comprobar cuántas coincidían. Me atrajo el reto, y le envié una lista no de 30 sino de 50 westerns que a mí, personalmente, me parecen quizá los mejores.
Pero es imposible hacer una selección cerrada cuando hay tantas buenas producciones de este género. He dejado a un lado muchas cintas que también me gustan, pero creo que es bastante completa y recoge las que me parecen fundamentales del género. Comparto con vosotros mis títulos favoritos. Y se admiten propuestas, sugerencias y comentarios. Incluso que también participéis con vuestros 30 ó 50 films. Seguramente coincidiremos en muchos títulos.
1956: CENTAUROS DEL DESIERTO (The searchers) de John Ford
1939: LA DILIGENCIA (Stagecoach) de John Ford
1952: SOLO ANTE EL PELIGRO (High noon) de Fred Zinneman
1968: HASTA QUE LLEGÓ SU HORA (C´era una volta il West) de Sergio Leone
1954: JOHNNY GUITAR de Nicholas Ray
1961: EL HOMBRE QUE MATÓ A LIBERTY VALANCE (The man who shot Liberty Valance) de John Ford
1992: SIN PERDÓN (Unforgiven) de Clint Eastwood
1960: LOS 7 MAGNÍFICOS (The magnificent seven) de John Sturges
1943: INCIDENTE EN OX-BOW (The Ox-Bow incident) de William A. Wellman
1969: GRUPO SALVAJE (The wild bunch) de Sam Peckinpah
1946: PASIÓN DE LOS FUERTES (My Darling Clementine) de John Ford
1973: PAT GARRETT & BILLY THE KID de Sam Peckinpah
1958: RÍO BRAVO de Howard Hawks
1953: RAÍCES PROFUNDAS (Shane) de George Stevens
2007: EL ASESINATO DE JESSE JAMES POR EL COBARDE ROBERT FORD (The assassination of Jesse James by the coward Robert Ford) de Andrew Dominik
1966: EL BUENO, EL FEO Y EL MALO (Il buono, il brutto, il cattivo) de Sergio Leone
2012: DJANGO DESENCADENADO (Django unchained) de Quentin Tarantino
1962: DOS CABALGAN JUNTOS (Two rode together) de John Ford
1957: EL TREN DE LAS 3:10 (3:10 to Yuma) de Delmer Daves
1965: LA MUERTE TENÍA UN PRECIO (Per qualche dollaro in piú) de Sergio Leone
1954: CONSPIRACIÓN DE SILENCIO (Bad day at Black Rock) de John Sturges
1966: LOS PROFESIONALES (The professionals) de Richard Brooks
1976: EL FUERA DE LA LEY (The outlaw Josey Wales) de Clint Eastwood
1948: RÍO ROJO (Red river) de Howard Hawks
1939: TIERRA DE AUDACES (Jesse James) de Henry King
1948: FORT APACHE de John Ford
1958: HORIZONTES DE GRANDEZA (The big country) de William Wyler
1954: VERACRUZ (Vera Cruz) de Robert Aldrich
1955: EL HOMBRE DE LARAMIE The man from Laramie) de Anthony Mann
1956: SEVEN MEN FROM NOW de Budd Boetticher
1959: EL ÚLTIMO TREN DE GUN HILL (Last train from Gun Hill) de John Sturges
1962: DUELO EN LA ALTA SIERRA (Ride the high country) de Sam Peckinpah
1940: EL FORASTERO (The westerner) de William Wyler
1948: CIELO AMARILLO (Yellow sky) de William A. Wellman
1950: WINCHESTER 73 de Anthony Mann
1951: CARAVANA DE MUJERES (Westward of women) de Anthony Mann
1957: DUELO DE TITANES (Gunfight at O.K. Corral) de John Sturges
1958: HOMBRE DEL OESTE (Man of the West) de Anthony Mann
1966: ELDORADO de Howard Hawks
1960: SARGENTO NEGRO (Sergeant Rutledge) de John Ford
1969: UN HOMBRE LLAMADO CABALLO (A man called horse) de Elliot Silverstein
1971: EL SEDUCTOR (The beguiled) de Don Siegel
1973: LA VENGANZA DE ULZANA (Ulzana´s raid) de Robert Aldrich
1980: FORAJIDOS DE LEYENDA (The long riders) de Walter Hill
1985: EL JINETE PÁLIDO (Pale rider) de Clint Eastwood
1992: EL ÚLTIMO MOHICANO (The last of the mohicans) de Michael Mann
1994: DEAD MAN de Jim Jarmusch
2007: EL TREN DE LAS 3:10 (3:10 to Yuma) de James Mangold
2017: HOSTILES de Scott Cooper
2020: NOTICIAS DEL GRAN MUNDO (News of the world) de Paul Greengrass
Hay, entre distintos tratadistas e historiadores, una controversia: el golpe de Estado del 36, ¿se inició antes en Larache o en Tetuán? ¿Tal vez en Melilla? Según he indagado, el primer disparo, quiero decir, la primera bala que sale de un arma de fuego en Marruecos y que da lugar a la guerra civil, acaece en Larache. No es ningún mérito para mi pueblo, al contrario. Es una mancha, pero fue así. Y los golpistas, los falangistas y fascistas, se hicieron fácilmente con el control de Larache. He de decir también, en descargo, que hubo algo de resistencia. De ahí los disparos, la depuración y los fusilamientos. El doctor Matamala, a decir de todos un hombre piadoso y justo, abnegado médico que no desatendió a ninguna persona humilde, fue sacado de su casa en pijama y fusilado sin más. Por republicano. Sólo es un ejemplo.
En la nueva novela que escribo, dedicada a la figura de mi abuelo Manuel Gallardo, hay lugar para hablar de soslayo de todo esto, porque, además de los antecedentes familiares (la mayoría de mi familia es republicana por transmisión sanguínea) está también la propia convicción de que ellos merecen un reconocimiento y no el olvido. Es el caso de mi tío abuelo, por la rama paterna. El hermano de mi abuela María Salud Cabeza, todo un personaje en Larache que se enfrentó a los fascistas sin ser detenida y sin ser censurada, una madre coraje; su hermano, como digo, hubo de huir por rojo de Larache. Lo hizo pegando tiros subido en una camioneta para poder pasar la frontera hacia la zona francesa. Luego, logró llegar a Barcelona, donde luchó en el último bastión, hasta que hubo de cruzar otra frontera que, irónicamente, lo llevaba de nuevo a tierra francesa. No se portaron bien los franceses con los españoles republicanos. Los hacinaron, los encerraron, los deportaron a muchos de ellos, porque la Francia de entonces era pro-nazi, que no se nos olvide este detalle histórico, tan vergonzoso para el país de la libertal, la igualdad y la fraternidad. Y ese fue el caso de mi tío abuelo, que se llamaba Manuel Cabeza Aranda. Las autoridades francesas lo entregaron a la Gestapo por ser republicano español, y fue ingresado primero en el Stalag VII-A Moosburg, desde donde escribía cartas a su familia, y luego trasladado al campo de concentración de Mauthausen, de infame recuerdo. Abajo tenéis su filiación y sus datos personales, que ha hallado mi primo Antonio Barce rebuscando en archivos gaditanos. Como se comprueba, murió a mano de los nazis apenas un mes antes de cumplir los treinta años. Sólo pudo aguantar cinco meses en el campo de la muerte.
Y todo esto lo escribo porque hace apenas unos días, justo cuando mi primo me enviaba su descubrimiento, un amigo, Rafael Guerrero Moreno, con el que comparto el formar parte de la junta directiva de la Asociación Foro Ibn Rushd, ha sido galardonado con el Premio Lorca, en el Festival Internacional de Cine de Granada, por el documental que ha dirigido titulado «Rotspanier: los esclavos españoles del nazismo«, un documental que recupera precisamente la memoria de aquellos 70.000 esclavos españoles que, durante la ocupación nazi de Francia, fueron utilizados para construir el Muro Atlántico de la costa gala. Y una cosa ha llevado a la otra. Como si nos uniesen invisibles hilos que nos llevan a tratar entre todos de no olvidar y de mantener viva la memoria histórica, le pese a quien le pese.
Ayer tuvimos la fortuna de que Héctor Márquez, una vez más, nos regalase un buen encuentro en el Tercer Piso de la Librería Proteo, en Málaga. En esta ocasión nos reunimos alrededor de Fernando Méndez-Leite, para hablar de su primera novela: Fracaso sentimental en la calle 50, que ha publicado la Editorial Renacimiento.
La presentación corrió a cargo de Moisés Salama y de Héctor. Moisés acaba de estrenar un documental dedicado precisamente a la figura de Fernando Méndez-Leite, titulado «La memoria del cine«, y se nos proyectó un atractivo tráiler que invita a ver ese documental. Pero la estrella, sin ninguna duda, fue el propio Fernando, que posee una memoria prodigiosa y milimétrica, capaz de retrotraerse a su niñez para recitar por orden alfabético sus compañeros de pupitre. Eso le permitió contarnos anécdotas muy interesantes y divertidas de los rodajes en los que ha intervenido (El hombre de moda o La Regenta), su relación con otros realizadores o con actores (Juan Luis Galiardo, Ana Belén, Juan Diego, Aitana Sánchez-Gijón…), su proceso creativo, su ardua labor para escribir esta novela. Luego, compartimos comida y café, Méndez-Leite, Moisés Salama, Rosa, Héctor y Mariángeles Tarifa, y José Garriga Vela y yo. Hablamos largo y tendido de cine y de literatura. Un día muy provechoso.
Esta imagen es la del actor Toni Servillo en la maravillosa cinta La gran belleza (La grande bellezza, 2013), de Paolo Sorrentino. Pertenece a la escena de la inolvidable fiesta inicial con la que arranca la película y que sirve de preludio para presentarnos a Jep Gambardella, el protagonista al que da vida Servillo. Una película barroca, original, divertida, sensual y muy italiana, en el mejor sentido de la palabra. Un homenaje al «dolce far niente».
¿Cómo olvidar ese instante en el que, en esa fiesta desmadrada, pero vacía y llena de impostura e hipocresía, la escena se va ralentizando con Jep Gambardella en primer plano para dedicarnos una de las frases más emblemáticas del cine de los últimos años? Dice Gambardella/Servillo: <De pequeño, a esta pregunta mis amigos daban siempre la misma respuesta: «El coño». Pero yo respondía: «El olor de las casas de viejos». La pregunta era: ¿Qué es lo que realmente te gusta más en la vida? Estaba destinado a la sensibilidad. Estaba destinado a convertirme en escritor.>