HOY VIERNES, 14 DE NOVIEMBRE
LARACHENSEMENTE…
EN CÓRDOBA
«Mi vida en Marruecos, que arranca unos años después de su independencia, rebosa de topónimos que resonaban mágicamente en mi imaginación: nombres como el Jardín de Las Hespérides, la playa de Ras R´mel, la Torre del Judío, la Ainjarcha, el colegio Yehudá Halevy o el Castillo de la Cigüeña enuncian y esbozan la sociedad mestiza en la que crecí. Este andamiaje cultural y religioso, que hoy se nos puede antojar ingenuamente quimérico, era tan cotidiano que ni siquiera nos lo cuestionábamos, porque constituía la esencia de nuestra idiosincrasia. Y a todos los que allí vivimos, Larache nos legó ese universo plural tan enriquecedor y estimulante que, sin duda, ha determinado mi mirada sobre el mundo que me ha tocado vivir y mi manera de relacionarme con él.»
Gabriela Grech

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PASEANDO POR EL ZOCO CHICO Larachensemente
Las crónicas de Sergio Barce sobre Larache están embadurnadas de los aromas del recuerdo, unas imágenes que primorosamente hilvana con un dominio estimable de la palabra que transforma sus memorias en un rico regalo de una textura plena de cercanía para el lector.
Leyendo a Sergio Barce caigo ensimismado en mis propios recuerdos, momentos que se acercan cada vez con mayor nitidez cuando los años ya van cayendo con la pesadez del tiempo.
He leído a Sergio y las historias de Larache, del Zoco Chico, de la Plaza de España, de las miradas desde el balcón a un Atlántico infinito, de los olores y los roces de las algas en la desembocadura del rio Lucus, en la soledad.
Le he leído a mi madre con ya casi 90 años la historia de “los gusanos de seda” que hemos compartido con los recuerdos, también ella me regaló gusanos de seda, acudíamos a coger morera a la casa cercana a la mía, donde el morero increíblemente desarrollado nos esperaba para ofrecernos sus hojas.
He leído y me he erotizado con el relato de “La cautiva”, me he emocionado con el temblor del viejo Rachid en su primer encuentro con el mar, he vuelto a ser niño con la oreja puesta en la caracola oyendo el océano, he regresado a mis años de mozo cuando con mi hermano y mis amigos de Motril pedaleábamos con las bicicletas sin frenos y he vuelto a oler el taller de bicicletas de El Chaquetas, he vuelto a mi habitación donde un poster de Ocaña y de Merck nos acompañaba a todas horas a mi hermano y a mi.
En fin, he viajado a la patria de los juegos entre caña de azúcar y barro, a los momentos donde reside la patria.
Todo sin prisa, laranchensemente, como se ha de vivir la vida.
por Víctor Pérez