Llevo horas pensando cómo podré compensar a Laabi y a Ange todo lo que han hecho para que este fin de semana se haya convertido en algo tan especial. Ya se me ocurrirá algo… Por el momento, espero saber contar lo acontecido.
Este pasado sábado, 25 de abril, se presentó por fin en Larache mi libro de relatos Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente (Jam Ediciones – GB – Valencia, 2014).
Parecía extraño que siendo un libro donde Larache es el nexo de unión de todos los relatos, no se hubiera presentado aún en la misma ciudad. Pero lo cierto es que posponerlo tantos meses tenía una justificación: mi amigo Mohamed Laabi estaba poniendo en pie el IV Festival Musem del Zoco Chico de Larache y me pidió que dejara la presentación para que, lógicamente, coincidiera con las actividades culturales que se programaban justamente sobre ese emblemático espacio: el Zoco Chico. Me pareció una idea fantástica.
Luego, como en mi familia teníamos pendiente cumplir la promesa que le hicimos a mi madre de llevar sus cenizas a Larache, Ange Ramírez me sugirió que aprovechara el viaje para hacerlo. Luego, entre Laabi y ella se encargaron de montar un pequeño homenaje en su memoria.
De esta manera, la presentación de mi libro en Larache se ha convertido en algo emocionalmente imborrable.
La presentación era en el Colegio Luis Vives, y el acto lo organizaba la asociación cultural Dar Laraich, que preside Mohamed Laabi, en colaboración con el AMPA. Para empezar, en la sala iban llegando muchos amigos y poco a poco se llenó. Ahí tenía reunidos a mis amigos y a muchos de los personajes que aparecen en mis relatos: Luisito Velasco, El Hachmi Yebari, el propio Mohamed Laabi, María Sibari, Ange Ramírez, Rachid Serrouhk, Majid Yebari, Horr Amina, Mohamed Lahchiri, Abdellatif Lamami, Jbari, Morad, el hermano de Sam, Mounir Kasmi, Ahmed Argal y su hijo… Y vi a Itziar Gorostiaga, el poeta Serroj, Fernando Pérez, Amina, Mohammed, Achraf, Mustafa, Aicha Bekkouh, los hermanos Belazziz, Lamya… En fin, mucha gente muy cercana.
Laabi reunió en la mesa para presentar mi libro a María Sibari, Abdelhalak Najmi y Ahmed Oubali, y como moderador a Mounir Kasmi. Las intervenciones fueron excepcionales: María Sibari fue muy emotiva al recordar a su padre Mohamed Sibari, nuestra relación que viene de tantos años atrás; Abdelhalak se centró en varios de los cuentos que le habían impactado especialmente; y el profesor Ahmed Oubali hizo una disertación sobre el género autobiográfico y la técnica empleada en mis relatos que me fascinó por su profundidad y conocimiento. Espero contar con sus intervenciones para poder mostrarlas y que puedan ser leídas.
La verdad es que, a la hora de arrancar mi intervención, me sentía tan eufórico y feliz que debió de notarse porque lo veía reflejado en el rostro de los asistentes. Es muy fácil hablar a un público entregado de antemano, a un público del que forman parte muchos de los propios personajes que pueblan mis relatos, a un público que no está formado por desconocidos sino por gente que significa algo en mi vida.
Luego, intervinieron también Argal en nombre de la AMPA y Hanaa Nejjar como presidenta de Larache en el Mundo.
También me entregaron un cuadro que representa el Zoco Chico y una placa conmemorativa. Mientras tanto, el libro ya estaba en manos de sus protagonistas.
Había dicho Ahmed Oubali poco antes que él, que no me conocía personalmente hasta este día, se había encontrado a sí mismo en mis relatos, que eran como un espejo en el que mirarse. Al firmar los ejemplares, algunos me comentaban que los habían leído ya dos veces, y que volverían a releerlos. Es emocionante que te digan eso de algo que has escrito. No sé cuántos ejemplares firmé, pero Rachid me dijo que se habían vendido muchos, y también de mi nueva novela La emperatriz de Tánger. Siempre dice que en Larache vendo más que Dan Brown.
A continuación, Ange Ramírez y Mohamed Laabi nos sorprendieron, tanto a mí como a mi familia, al mostrarnos un hermoso video que habían preparado con ayuda de Akram con fotografías de mi madre. Precioso momento. Y al finalizar la proyección, con la entrega de un álbum también impresionante con fotos que habían ido recopilando de ella. Un regalo para mi padre, por supuesto, que al verlo esta mañana no ha podido reprimir las lágrimas. No hay palabras para agradecerlo. Mis hermanas recogieron una pintura con el retrato también de ella realizado por el pintor larachense Khaibar. Mil gracias.
En fin, resumirlo quizá no sea justo porque perdemos la magia que se vivió en el acto del sábado, pero desde aquí sólo puedo expresar mi felicidad más profunda por tanto afecto demostrado.
Ayer domingo por la mañana esparcimos las cenizas de mi madre en las aguas del río Lucus, como ella quería. Lo hicimos bajando la cuesta del Balcón, frente al castillo, en un suave recodo entre rocas cubiertas de musgo, donde el agua rompía suavemente y allí la dejamos escapar entre pétalos de flores que quedaron flotando alrededor, entre las rocas, como besos. Estaban conmigo mis hermanas Mónica y Vanesa, y Berry y Carmen; y aunque no físicamente, también mi padre, mis hijos Pablo y Sergio, y mis otras hermanas Marisol y Sandra que, por circunstancias inoportunas, no pudieron viajar, pero todos venían con nosotros. Y arropándonos en todo instante en esos momentos tan íntimos: Fatima Zohra, Fefi, Amina, Hanaa, Oubali, Lahchiri, Abdelhalak, El Hachmi, Laabi, Ange y Luisito.
En cuanto subimos las rocas, comenzó a llover, una lluvia muy fina, y fue como si el cielo se hubiese puesto a llorar.
Antes de marcharnos, pasé por el Zoco Chico. Nos acercamos al puesto de Abdeslam, al que solía ir mi madre a comprar regalos, y cuando lo saludaba, me di cuenta de que aún no se había enterado de que mi madre había fallecido en agosto del pasado año. Cuando vi los ojos de Abdeslam bañados en lágrimas, comprendí que me mostraba cuánto cariño había ido sembrando Maruja Gallardo por Larache. Y allí está. En el lugar donde late su corazón.
Dice el escritor AHMED OUBALI de Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente:
Con esta extraordinaria obra autobiográfica, Sergio Barce nos obsequia con unos entrañables relatos (treinta) cuya lectura amena va hilvanando las vivencias de un pasado que sin ella se habría perdido para siempre. Con palabras sencillas el escritor resucita una época que todos los larachenses añoramos. Nos invita a un viaje de tolerancia y coexistencia rumbo a una mítica ciudad, Larache, en la que convivieron durante milenios tres grandes culturas universales: la hebrea, la cristiana y la musulmana, en completa simbiosis, formando una sociedad homogénea pero profundamente pluricultural. En el libro y mientras va pasando el tiempo, el autor se lamenta doblemente, viendo cómo las huellas de las dos primeras culturas se fueron borrando de la ciudad cada vez más hasta ser una triste piel de zapa o “peau de chagrin” y observando la degradación urbanística de la ciudad. Sergio nos invita en Paseando por el Zoco Chico a brindar por tiempos de nostalgia, contemplación, evocación y recreación de una época paradisíaca, entregándonos una narración de un impoluto intimismo que reconstruye o reconstituye la ciudad y aquellas tres familias suyas en sus momentos más gloriosos, más tolerantes e inolvidables.
Lo más representativo de esta obra es que no se trata de una novela en la que se describen acontecimientos en forma estrictamente cronológica sino que los hechos se narran de forma poliédrica, como destellos de recuerdos que van viniendo a la memoria del narrador, a través de lo que los teóricos llaman “memoria involuntaria” donde olores, sabores e imágenes presentes sacan a relucir recuerdos olvidados del pasado. Varios de estos episodios de memoria involuntaria se producen a lo largo del libro, que son precisamente los que le permiten desarrollar la narración.
Todos estos elementos muestran la maestría que tiene el autor de los códigos narrativos: la conjunción de los temas que aborda, la forma coherente en que lo hace y el estilo característico de frases simples y a la vez placenteras que utiliza, hacen de esta autobiografía una obra realmente original y creativa, que no sólo prolonga o añade su grano de arena a la literatura marroquí en español sino también a la literatura universal.
Para mí la literatura es ficción, pero al leer Paseando por el Zoco Chico, tuve la impresión de revivir mi propio pasado, me vi progresando en cada frase descrita por el autor, en cada calle descrita, en cada detalle evocado, en cada emoción expresada, en cada decepción sentida por la deterioración de la ciudad y su cultura. Me sentí identificado con varios personajes, con varias experiencias, proyectado en varias circunstancias. Sin duda Sergio Barce es un gran conocedor del corazón humano, de las ilusiones y sueños más insondables, que en definitiva constituyen el teatro mismo de nuestra vida.
******
*****
La verdad es que estoy deseando que llegue el sábado para reencontrarme con todos los amigos, con mi familia larachense. Presiento ya la emoción que vamos a sentir en esta presentación y en todo lo que la rodea.
Aprovecharemos para que lleguen también los primeros ejemplares de mi nueva novela LA EMPERATRIZ DE TÁNGER.
Esto es sólo un pequeño avance de lo que se prepara para el mes de Abril en Larache…
El día 25 de abril, en el Colegio Luis Vives, presentaré mi libro Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente. Según me dice mi amigo Laabi, que es quien me propuso posponer la presentación del libro a esta fecha, con Ange entre bambalinas, será este acto el colofón a las actividades del IV Festival Músem del Zoco Chico, que organiza la asociación Dar Laraïch en colaboración, cooperación y apoyo de la Asociación Cultural Xenia y de varias instituciones y asociaciones de Larache. En la presentación participarán María Sibari, Ahmed Oubali y Abdelkhalak Najmi, y Mounir Kasmi hará de moderador. Mohamed Laabi y Ange Ramírez presentarán la parte del programa que se desarrollará ese día. Como complemento a la presentación del libro, se están programando para ese día otras actividades que me conmueven y emocionan profundamente. Según me apunta Laabi, entre otras, se ofrecerá un pequeño homenaje a mi madre, fallecida el pasado año; como dice Laabi: un homenaje a la alcazareña-larachense Maruja Gallardo.
Se organizará al final de los actos un espectáculo de música hispano-marroquí, y, además, espectáculos, cuentacuentos y teatro de la calle para los alumnos del cole inspirados en mis relatos. En fin, qué puedo decir. Me siento abrumado y agradecido.
Cuando reciba el programa definitivo, lo anunciaré.