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VIAJANDO POR EL MAGREB HISPÁNICO (2), del escritor larachense JOSÉ EDERY BENCHLUCH

VIAJANDO POR EL MAGREB HISPÁNICO  (2)

Segunda entrega. Pasada la página 400 de esta maravillosa enciclopedia, cumplo mi promesa en este intento por resumir y abarcar todo el valor del libro del Al Tebib Pepe Edery.

Me he encontrado en estas otras doscientas páginas de “Viajando por el Magreb Hispánico” con tal profusión de temas, anécdotas y detalles históricos que no tengo más remedio que volver a quitarme el sombrero: chapeau! Y aceptar que mi desconocimiento en tantas materias comienza a ser preocupante. ¿O será que Pepe Edery sabe más de lo que debiera? Seguro que mi pregunta le hace sonreír.

Pero lo cierto es que se aprende, y se aprende mucho en este libro de viajes, de memorias, de anecdotarios, de Historia, de historias… ¿cómo calificarlo? Imposible. Ya dije en la primera entrega que es una especie de Summa, y sin duda lo es. Pero también es un mosaico lleno de humanidad y de afecto hacia el Magreb, y en especial hacia Marruecos, y más exactamente hacia Larache, que es la debilidad de Pepe Edery.

La parte central de “Viajando por el Magreb Hispánico” arranca con la Independencia de Marruecos, que nos relata a través de sus propias experiencias personales y familiares y a través de lo protagonistas que han escrito la Historia de ese acontecimiento fundamental del país. Su admiración por la labor del rey Mohamed V es evidente.

Fantásticas son sus anécdotas personales, como la que vivió con el doctor Omar el Khatabi, que recomiendo. Y entre una cosa y otra, mi querido Pepe Edery me enseña, como el extraordinario hombre-enciclopedia que es, el significado y protocolo de los saludos y de las bendiciones en la cultura magrebí, como el beso (confieso que alguna vez he cometido alguna imprudencia o torpeza con alguna amiga marroquí en público, de lo que uno se da cuenta en el mismo instante del error), o la blasfemia, la muerte y el entierro y los ritos funerarios, la leyenda de los Siete Durmientes, o de la diferencia entre Barakallahu fik y Chukram, el significado de los diferentes números para cada una de las tres religiones –a Pepe García Gálvez le encantará la parte dedicada al número siete-, y nuestro Al Tebib Harofé nos hace viajar también por la Historia llevándonos desde los califas Alí y Abd al Rahman I hasta el actual monarca Mohamed VI mientras a la vez nos explica las diferencias entre los sunnitas y los chiítas, qué supuso la Marcha Verde sobre el Sahara, nos habla de las monedas en el Magreb, de la actividad del padre José Lerchundi en Marruecos, o el origen y el significado en la cultura marroquí de personajes reales, como el famoso General Mizián o la Duquesa de Guisa, y ficticios, como Yoha, que es tan popular en tantos relatos.

Santuario de Lalla Menana

Así como la leyenda de la patrona de Larache Lalla Menana… Porque hay además un extensísimo capítulo sobre los santos del Magreb, muy curioso y lleno de datos históricos y anecdóticos.

El capítulo de los rezos es amplio, curioso, aleccionador, pero es una buena enseñanza para acercarse a los pilares del Islam, a cómo se practican los rezos en cada lugar, a sus significados, cuáles son los rituales desde la ablución hasta el propio rezo; y muy detallista es también su relato sobre las manifestaciones públicas del Shavuot en Larache y los rezos de su padre, de Babá. Y también son curiosas sus explicaciones sobre la postergación, el acto de descalzarse antes de entrar en la mezquita o la Fatiha.

Hay una breve pincelada en esta parte del libro que me gustaría reproducir porque nos trae recuerdos a todos los larachenses, una imagen que está grabada en nuestra memoria, la del barquillero:

<En un local del Pasaje Moreno, Dris el Lahguar (el tuerto, pues debía tener una anomalía en un ojo) vendedor ambulante frente al Cine Ideal, con su carro de cuatro ruedas, de pipas, cacahuetes, camarones hervidos, almendras y demás comestibles, para entretenimiento durante la proyección cinematográfica, había instalad un depósito de chufas para preparar horchata. Con el tiempo instaló sucursales con sus carros ambulantes frente a los cines Teatro España, Cine Coliseo y Cine Avenida, y además junto al carro, un ayudante vendía barquillos. El barquillero es un personaje típico madrileño, con la venta o rifa de sus tradicionales barquillos de canela o de miel. En el Marruecos español del Protectorado, y en la región occidental de Argelia, se reflejaban y tenían su ubicación las mismas costumbres y actividades de las provincias españolas, en simbiosis con las tradiciones magrebíes.

Cine Coliseo

Y una era el barquillero, sobre todo a la puerta de los colegios y de los cines, con su coloreada y dibujada bombona metálica coronada por su ruleta, y la cesta de mimbre repleta de barquillos. La numeración de la ruleta, de entre 12 y 20 números repetidos del 1 al 4, iban intercalados por cuatro, seis o más espacios llamados clavos, en los que si la hoja al girar se paraba, se perdía. Se podía optar por comprar directamente el barquillo, lo que era más barato y seguro, o bien jugar, que es lo que hacíamos la mayoría, ya que, aunque la jugada era más cara, había posibilidad de ganar cuatro deliciosos y crujientes barquillos. Dris, a las horas de la oración, extendía una pequeña estera en la puerta, dificultando en ocasiones el paso de transeúntes, para hacer sus plegarias preceptivas.>

Nos lleva al interior de un Hammám en Larache, al cementerio judío, incluso a la Plaza de Toros que se montó en Larache.

<En Marruecos fueron efímeras las Plazas de Toros de Uxda, quizás la más antigua donde Romerito toreó en 1912, la de Villa Sanjurjo –Alhucemas- inaugurada en 1951 y la de Larache. Sobre todo ésta, que se construyó en ladrillo y piedra, sin chiqueros, en los terrenos lindando con la Hípica militar y los bosques de los Viveros municipales por iniciativa del Ingeniero de montes Mariano Jaquotot Uzurriaga, amigo del Alto Comisario el teniente general Orgaz, quien le había destinado a Larache en 1943. El ejército español del Protectorado ayudó en su construcción en un tiempo súper record para celebrar una sola corrida, en la que participaron los cuatro hermanos Bienvenida. Es decir, Pepe, Antonio, Luis y Juanito –éste, que era el pequeño, cumplía su servicio militar en la ciudad-, estando la plaza en la actualidad totalmente en ruinas.>

Construcción de la plaza de toros de Tánger

Y es que, para mi sorpresa, he descubierto que el padre de Pepe Edery fue socio de la Plaza de Toros de Tánger, un monumento único en África que languidece como tantas otras joyas arquitectónicas del pasado de Marruecos que se están perdiendo absurdamente, cuando podrían ser heredadas como parte de la historia y del patrimonio del país y dedicarlo a centro cultural, recinto para conciertos y teatro, en fin, un  monumento de incalculable valor.

Plaza de Toros de Tánger

Y aunque el libro es tan extenso como denso, cuando habla de Larache se detiene, toma aire y relata con parsimonia, casi acariciando las palabras. Sirva de ejemplo, una anécdota familiar de Pepe Edery, para mostrar su peculiar forma de explicar la forma de ser marroquí, en este caso el “conformismo” tan característico de nuestra idiosincrasia cultural:

<Recién terminada la Guerra Civil española, el que fue gran rabino sefardita de Haifa, en Israel, el entonces rabino principal de Meknes durante el Protectorado de Francia en Marruecos, Rebí Yusef Messas, visitó a su hermanastro Yamín <mi abuelo paterno> que residía en Larache, en la zona costera atlántica del Protectorado de España. Yamín llevaba una vida tranquila y sosegada, conformándose con las ganancias que obtenía de su tienda de ultramarinos en la calle Real y el arrendamiento de alguno de sus inmuebles. Por la mañana iba a su sinagoga, de la que era propietario, y luego unas pocas horas matinales las pasaba en la tienda charlando con los clientes; el almuerzo, la tradicional siesta, algunas lecturas de la Torá <había estudiado en un yechivá o seminario de Meknés>, breves paseos por el puerto, charlas con los amigos que se cruzaba, que eran muchos, otra vez sinagoga para rezos y charlas vespertinas, a cenar y a dormir. Su hermano, al observar lo exiguo de sus ganancias, y que de éstas gran parte se las llevaban los pobres y necesitados a los que solía vender de fiado y cuyos préstamos nunca cobraba, al igual que la mayoría de los alquileres de sus inmuebles, le aconsejó y propuso, con un inhabitual espíritu europeísta, quizá adquirido en Argelia, cómo aumentar las ganancia.

Rabí Yusef Messas

-Mira, Yamín, lo que tienes que hacer es trabajar por las tardes y muchas más horas. Con el tiempo ganarás más dinero, ahorrarás y podrás comprarte más casas, lo que a su vez te aumentará las ganancias y podrás continuar ampliando tus negocios. Así, cuando tengas sesenta años, es decir, dentro de unos veinte años, podrás vender todo y con los millones que has ahorrado y ganado podrás vivir como quisieras.

Mi abuelo Yamín le preguntó, al que acababa de dejar su puesto de gran rabino en Tlemcén en Argelia, para aceptar un puesto menor en su ciudad natal de Meknes.

-Jay (hermano) Yusef, y cuando tenga tantos millones, ¿qué haré?

A lo que le respondió su hermano, también pequeño de talla pero rubicundo y luciendo una abundante y prematura barba encanecida.

-Pues entonces pasearás cuando quieras, charlarás con tus amigos, podrás leer tranquilamente, alquilar tus casas, comprarte una sinagoga, dormir lo que se te apetezca, dar limosnas a todo el que te la pida, disfrutar de la familia y no preocuparte de nada de este holam (mundo).

Yamín, con su voz suave y tranquila, característica en todos los hermanos, pero con un pequeño fondo socarrón, le contestó:

-Ah, jay. ¿Para qué tanto trabajo, esfuerzos y ganancias? Y sobre todo, ¿por qué tengo que esperar veinte años para hacer lo que vengo haciendo todos los días?

Sorprendido Yusef ante esta lógica tan simple y conformista, muy propia del país donde ambos habían nacido y vivido, tras una espontánea carcajada, abrazó a su hermanastro y con expresiones cariñosas, mezcla de árabe y hebreo, le dijo entre otras frases de aprobación:

-¡Andek al hak, a jay la´aziz! -Tienes razón, mi querido hermano-.> 

También nos lleva a la Zauía Kadiria y a la procesión de los aixauas, recuperando escenas que parecen hundidas en el olvido.

Cuando Pepe Edery nos habla de la Fatiha, también explica las similitudes que existen entre los rezos musulmanes, hebreos y cristianos, y de aquí le robo cariñosamente las estrofas o rezo musulmán que prueban lo anterior, que demuestra la convivencia e intercambio cultural existente, y que me sirve además para poner punto y final a esta segunda entrega de mis impresiones sobre su libro. Las estrofas dicen: 

<Que los verdaderos creyentes, los creyentes de Al Kitab, el libro de las tres religiones, tanto ellas como ellos, son amigos los unos de los otros>.

Sergio Barce, julio 2012

 

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VIAJANDO POR EL MAGREB HISPÁNICO, del escritor larachense JOSÉ EDERY BENCHLUCH

JOSE EDERY BENCHLUCH

VIAJANDO POR EL MAGREB HISPÁNICO  (1)

 Pongo (1) entre paréntesis porque para asimilar y comentar este libro de 600 páginas he decidido hacerlo en tres partes. Es decir, cada 200 páginas, porque si no lo hago de esta manera, cómo dar una idea exacta de la riqueza y variedad que ofrece al lector.

Es verdad, “Viajando por el Magreb Hispánico”, de mi paisano y cada vez más entrañable amigo Al Tebib José Edery, es una especie de Summa en el que con una sencillez deslumbrante nos da una lección de conocimientos (me asombra su cultura, porque un buen lector, y yo me considero como tal, percibe al instante que no se trata de un “cortar y pegar” sino de verdadera sapiencia) y nos regala además tal cantidad de anécdotas personales que he llegado en algunos instantes a envidiarle –en el sentido más malsano de la palabra-.

Primeras 200 páginas, y me quedo a las puertas de la Independencia de Marruecos. Ése es el capítulo que me espera más tarde cuando vuelva a hincarle el diente al libro de Pepe Edery. Pero hasta llegar aquí, en este original viaje al Magreb Hispánico, de su mano he sabido que “…en el siglo XVIII cuando las tropas inglesas que luchaban en tierras norteamericanas contra los indios, diezmaron al 95% de la población regalándoles para el crudo invierno mantas impregnadas de exudados de enfermos de viruela, enfermedad a la que los indígenas eran muy sensibles por falta de inmunidad previa”,  que Franco, pese a lo que luego se “vendió” por parte del régimen, no estaba tan tranquilo antes de verse con Hitler en Hendaya, o por qué los mejillones que crecían en el barco hundido en Larache eran tóxicos.

A. Mesa, José Edery y Sergio Barce

Leyéndolo, Pepe Edery me ha llevado a Túnez, a Argelia, pero también a Ber Sheeva y a las Alpujarras moriscas. Me ha detallado la historia de Al-Andalus, la expulsión de los moriscos y los judíos de la España intolerante de los Reyes Católicos, y me ha hecho soñar con los corsarios. Me ha explicado parte de la historia de Marruecos, y me ha descubierto la tradición existente entre los sefarditas del norte y algunas ciudades costeras de Marruecos de regalar como joya de compromiso matrimonial una pulsera, su origen y su significado; o cómo se formó la Atlántida y también cómo desapareció para convertirse en leyenda. Me ha dado una explicación de las motivaciones de Moisés y de Abraham, me ha narrado la historia del Arca de Noé desde diversos prismas, y me ha desentrañado algunas tradiciones religiosas tanto de los musulmanes como de los hebreos marroquíes, del Alcorán y de la Torá, de La Meca y del pozo Zem Zem, e incluso me ha desvelado la existencia de muchos cuentos magrebíes que tienen a las anguilas como protagonistas o el de la leyenda de la propia Aixa Candixa, que nos atemorizó a varias generaciones de niños…

CONCHITA MONTENEGRO

Y me ha dejado boquiabierto el comprobar los nombres de los personajes históricos que, sólo en las primeras 200 páginas, ha tenido Pepe Edery el privilegio y la suerte de tratar personalmente: como la mítica actriz Conchita Montenegro, el legendario Mehdi Ben Barka, el coronel Dlimi, los embajadores De la Serna o Martín Gamero, el general Emilio Jiménez-Ugarte, Carlos Spotorno, el comisario Ali Belkacem…    Así, dicho de esta manera, uno pensaría que lo que estoy leyendo es un plomazo aburrido e intragable. ¡Error! Si uno ha mantenido una buena charla con Pepe Edery, cuando lee este libro siente que le está escuchando hablar, porque lo que ha hecho, simple y llanamente, es poner por escrito lo que nos habría contado de estar sentados alrededor de una mesa con un buen té, es decir, narración oral por escrito, sus palabras transcritas, como si se hubiera grabado y luego hubiese pasado a papel lo que su mente privilegiada había descargado… Lees y le estás escuchando, es su voz la que te susurra.

Tantos temas y sin embargo no hay cambios bruscos porque enlaza cada uno de ellos de manera natural, ya digo que de la misma manera a como lo habría dicho oralmente (quizá porque le gustaba escuchar a los cuentacuentos en el Zoco Chico, como  me decía el otro día por teléfono), y eso es un acierto para esta clase de literatura (inclasificable, por cierto).   

Y luego, claro, están sus consejos respecto al trato con el ciudadano magrebí, especialmente con el marroquí, al que tan bien conoce, y que me han hecho sonreír en muchas ocasiones: el síndrome del cepillo,  y sus anécdotas como médico, algunas de ellas hilarantes, como la del difundo bereber del Atlas o el accidente del agregado militar de la Embajada de la URSS, de la que él se convirtió en protagonista “voluntario”, sus recuerdos de acontecimientos que marcaron a generaciones, como el terremoto de Agadir, y muchos aspectos del trato social en Marruecos, con una especial relevancia al concepto de la hachuma, que tantas discusiones provoca a la hora de interpretarla correctamente. Y todo ello condimentado con una buena narración, rápida y eléctrica, que da al libro vitalidad; se nota que Edery le ha hecho a su libro una buena transfusión de sangre, que para eso es un médico excepcional.

Y, claro, entre líneas, durante toda la lectura aparece una y otra vez Larache. Pepe Edery me contaba en una ocasión, con motivo de regalarme un ejemplar de su libro “Guía Sanitaria de África” que con cualquier excusa introduce a su pueblo del alma en todo lo que escribe. Aquí no iba a ser menos. Sirvan dos ejemplos para terminar esta parte de mis impresiones de su libro, de las primeras 200 páginas.

La primera surge cuando al relatar lo sucedido durante la II Guerra Mundial en los países del Magreb, con motivo del desembarco aliado en Marruecos al mando del general Patton en las playas de Safi, Fedala (hoy Mohammedia) y en Port Lyantey (hoy Kenitra), rememora sus recuerdos de niño:

 <El conjunto de los efectivos anglo-norteamericanos que participaron en el desembarco en los dos países magrebíes fue de unos 600 buques, 70.000 soldados y una importante fuerza aérea. Aunque incomprensible por mi corta edad recuerdo la visión, desde la azotea de mi casa, de las pequeñas y redondeadas nubes negras que aparecían alrededor de los aviones que volaban a lo largo de la costa en dirección sur, probablemente para intervenir en el desembarco. Se debían a los disparos de la artillería antiaérea, pero nunca supimos si era la artillería francesa ubicada en las playas del Protectorado francés de Mulay Busselham, cerca de la frontera hispano francesa de Arbaua, o de los cañones españoles instalados cerca de Larache. Lo curioso y lo recuerdo perfectamente es que nunca acertaron con sus tiros a ningún avión, a no ser que se equivocaran intencionadamente y fueran disparos de advertencia a pesar de que las nubecillas de los proyectiles al estallar se observaban cercanas a los objetivos aéreos>.

O bien con un cierto regusto emotivo, especialmente para los lectores de más edad, como cuando recuerda cómo eran los trenes que llegaban a Larache durante la época de la posguerra en el Protectorado:

Estación Ferrocarril de Larache

<El convoy ferroviario de Franco estaba encabezado por la locomotora “Montaña del Norte”, de la serie de máquinas denominadas “cocodrilos”. Alguna de estas locomotoras sirvieron para mantener durante el Protectorado en la posguerra la línea férrea comarcal marroquí entre Larache (estación de Menzah) y Alcazarquivir (estación de Kerman). En cuyo trayecto de 36 kilómetros, con parada intermedia en el entonces aeropuerto de Auámara, se tardaba entre hora y media y dos horas (¡a una velocidad media de menos de 20 kilómetros por hora!) y las tarifas eran de siete, cinco y tres pesetas respectivamente la primera, segunda y tercera clase. Lo de las “clases” era un eufemismo, ya que todos los vagones eran iguales, completamente de madera y la diferencia dependía, y así eran distribuidos, de la clase social del viajero y del equipaje, así como de los bártulos o mercancías vivas (generalmente gallinas) que le acompañaban>.

Como especialmente emotivo es el homenaje que Pepe Edery rinde en este libro a Mohamed V. Cuenta José Edery lo siguiente:

MOHAMED V

<la discriminación y directivas xenófobas, las sufrí  de forma similar personalmente, como he relatado en otros capítulos, no sólo durante la época del Gobierno de Vichy, sino en años posteriores. Aquéllas se aplicaron a la mayoría de mis correligionarios y determinados grupos de ciudadanos musulmanes del Magreb (excepto en la zona del Protectorado español), por parte de muchas administraciones (sobre todo culturales) dirigidas o controladas por las autoridades francesas. Lo que no se debe olvidar es que a la persecución y medidas discriminatorias contra los judíos de Marruecos por parte de las autoridades francesas de Vichy en el país, e opuso tenazmente, a pesar de sus limitados poderes legislativos y ejecutivos, el entonces Sultán Mohamed Ben Yusef, Mohamed V. En el mismo sentido, dio instrucciones a su Jalifa de Tetuán en la zona del Protectorado español, S.A.I. Mulay el Hassan El Mehdi, en relación a ciertas discriminaciones a sus súbditos de confesión judía por parte de determinados sectores de las autoridades españolas, presionadas por los gobernantes y dirigentes nazis>.

En fin, sólo llevo un tercio del libro, pero qué tercio tan bueno. Me esperan los otros dos, que prometen ser aún mejores. Seguiré informando.

Sergio Barce, abril 2012

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Este 14 de Febrero, en Madrid, presentación del libro VIAJANDO POR EL MAGREB HISPÁNICO del escritor larachense Dr. JOSÉ EDERY BENCHLUCH

JOSE EDERY

Por fin se ha publicado el tan esperado libro de mi querido paisano y amigo José Edery, titulado «VIAJANDO POR EL MAGREB HISPÁNICO: Argelia, Marruecos, Túnez». El libro será presentado en Madrid este próximo Martes, día 14 de Febrero, a las 19:30 horas, en el Palacio de Cañete (c/Mayor 69), sede del Centro Sefarad–Israel. Presidirá el acto el Embajador Don Álvaro Albacete, Director del Centro, y la presentación correrá a cargo de los  Embajadores de España Don Raimundo Bassols (ex Embajador en Marruecos) y Don  Jesús Ezquerra (ex Consejero Cultural en Marruecos), del ex Embajador en Argelia y ex Cónsul General en Tetuán, Nador y Larache, Don Javier Jiménez-Ugarte, y de Don Jacobo Israel, ex Presidente de la CJM y de la FCJE.

El sumario con los temas que Jose Edery aborda en esta ambiciosa obra nos da una idea del enorme caudal de conocimientos con los que nos deleitará y nos hará aprender a todos con su libro. Yo, sinceramente, me he quedado sorprendido al leer el sumario, en el que hay muchísimos asuntos que estoy deseando conocer a través de la mirada siempre curiosa y, seguramente, con su pizca de humor, de Jose Edery. El sumario es el siguiente:

CAPÍTULO  I

EL MAGREB

        1.- Situación y conceptos

        2.- Encrucijadas y cruces

        3.- El espacio ibero-magrebí

        4.- Con el Sol y la Luna magrebíes

        5.- Comparaciones tradicionales, históricas y musicales

        6.- Franco, el Embajador y los judíos magrebíes

CAPÍTULO  II

EL MAGREB Y LA PENÍNSULA IBÉRICA, EVOLUCIÓN GEOLÓGICA. «SEMBLANZAS Y SIMILITUDES»

        1.- El Big Bang, el berechit y mis narraciones

        2.- Los moriscos en España y en el Magreb

        3.- El «difunto» alpujarreño de Trevélez

        4.- El «difunto» bereber del Atlas

        5.- Con el «difunto» bereber

        6.- Eones, Eras, Períodos y Épocas geológicas

        7.- La Era Secundaria y el Atlas

        8.- Las anguilas, las angulas y la Atlántida

        9.- La Era Mesozoica magrebí

        10.- Vivencias sísmicas en Andalucía y el Magreb

        11.- En la Era Cenozoica

        12.- Orogénesis hispano-magrebí

        13.- El Cuaternario

CAPÍTULO  III

COMPORTAMIENTO, CARÁCTER Y ESPÍRITU MAGREBÍ

        1.- Mediterráneo occidental.- Herencia histórica

        2.- Mediterráneo oriental: La herencia del Oriente Próximo

        3.- Relaciones en el Magreb entre religiones e incidencia social

        4.- El comportamiento social-Hachuma y teatralidad

        5.- Un europeo en un accidente de circulación

        6.- Con Ahmed Dlimi y con Mehdí Ben Barka

        7.- El caviar, el sábalo y los pescados

        8.- Anécdota y consejos ante un accidente de tráfico

        9.- Idiomas y hachuma

        10.- La isla de Perejil en un contexto de la hachuma

        11.- Confinamiento del médico español.- Reflexiones sobre la poligamia y la prostitución

        12.- El exilio y el sobrino de Abdelkrim el Khatabi

        13.- El loro de la Representación española

        14.- Con el Sultán Mohamed V en Granada. La independencia de Marruecos

        15.- «Justos entre las Naciones» en Yad Vashem

        16.- Con la Familia Real española.- Intervención quirúrgica del Príncipe

        17.- Definitivo enfrentamiento con el Dr. Khatabi

        18.- Saludos, limosnas y bendiciones.- El beso

        19.- Los califas Alí y Abd al Rahman I.- Harijismo, sumitas y Chiítas

        20.- Algo sobre monedas en el Magreb

        21.- Más saludos y bendiciones.- Los «pieds noires»

        22.- Protocolo, cortesía y diplomacia

        23.- La blasfemia en el Magreb

        24.- Mallorquines y franciscanos

        25.- La picaresca

        26.- En la «Marcha Verde»

        27.- Convivencia hispano-magrebí

        28.- El conformismo magrebí

CAPÍTULO  IV

LOS REZOS

        1.- La oración

        2.- Escuelas del Islam

        3.- Bases del Islam

        4.- La oración, horarios y tiempo

        5.- La oración en los viajes

        6.- Las abluciones

        7.- «Babá» y el desembarco español en Larache

        8.- Oraciones del Seder de Pesaj y la Eucaristía

        9.- El desembarco (continuación), Shauot y los bachuchos

        10.- Los rezos de «Babá»

        11.- En el hamám

        12.- La prosternación

        13.- El descalzarse

        14.- La Fatiha

        15.- La muerte y el entierro

        16.- En el cementerio judío con el Embajador Ezquerra

        17.- Cantos, ritos funerarios y de duelo

        18.- La imagen magrebí del madrileño Jesús de Medinaceli

CAPÍTULO  V

SANTOS, LEYENDAS Y TRADICIONES

        1.- Los santos en el Magreb

        2.- Santones, morabitos y zagüías

        3.- El tabaquismo y la rehabilitación en una zauía

        4.- Santas y santos

        5.- Yebala

        6.- Influencia religiosa hispana y tauromaquia

        7.- Influencia sufí de Muley Abdeslam Mchich

        8.- Los números en las creencias

        9.- Los Siete Durmientes

        10.- Los «Siete Durmientes» en Marruecos

        11.- Los Sebaatu Riyal Regragas y los Siete Santos de Marraquech

        12.- Como crearon un santón

        13.- Anécdota sobre Santos y el Congreso Eucarístico

        14.- Las ghadas en el Magreb

        15.- Las supersticiones y los yennun

        16.- Romerías y peregrinaciones. El mussem y la hilulá

        17.- El General Mezián y Santiago «Matamoros»

CAPÍTULO  VI

LAS MEZQUITAS

        1.- Las mezquitas

   LAS MEZQUITAS DE MARRUECOS

        2.- Las mezquitas

        3.- Las mezquitas de la zona sur

   LAS MEZQUITAS DE TÚNEZ

        4.- Las mezquitas tunecinas

   LAS MEZQUITAS DE ARGELIA

        5.- Las mezquitas argelinas de la capital

CAPÍTULO  VII

LAS SINAGOGAS Y LOS JUDÍOS DEL MAGREB

        1.- Origen y procedencia de los judíos magrebíes

        2.- La escritura fenicio hebrea

        3.- Tradición gastronómica judeo-magrebí

        4.- Las langostas y el postre

        5.- Hebreos, israelitas y judíos

        6.- Franco y los judíos-hebreos de Marruecos

        7.- Megoorashim, toshabim y granas

        8.- El Bar Mitzvá

        9.- El sexto mandamiento en Marruecos

        10.- La sinagoga

        11.- Descripción de la sinagoga magrebí

        12.- Las sinagogas en el Magreb

        13.- Sinagogas en Marruecos

        14.- Las sinagogas de la zona norte

        15.- En la zona del protectorado francés

        16.- Sinagogas argelinas

        17.- Las sinagogas de Túnez

ARTÍCULO DE JON JUARISTI, PUBLICADO EN EL DIARIO»ABC» SOBRE SU LIBRO:

El último libro del médico José Edery constituye una magnífica evocación de la presencia cultural española en el Magreb.  Jon Juaristi

 El Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación acaba de publicar un libro de casi seiscientas páginas, Viajando por el Magreb hispánico. Un intercambio de culturas (Argelia, Marruecos y Túnez), que recoge escritos misceláneos del doctor José Edery Benchluch (Larache, 1938), director, durante muchos años, del Gabinete Médico de dicho ministerio. Edery es un escritor eficaz, lo que quiere decir que, no siendo un profesional de la literatura, posee la rarísima cualidad de enganchar al lector, que no puede abandonar sus textos hasta terminarlos, ya se trate de artículos dispersos en revistas de asociaciones de oriundos del antiguo protectorado español en Marruecos, libros contundentes como el que hoy comento, o incluso manuales para la prevención y cura de enfermedades exóticas y más o menos tropicales, destinados a diplomáticos y cooperantes de servicio en latitudes tórridas. Innumerables escritores de oficio darían un congo por conseguir la mitad de amenidad y humanidad que Edery despliega en sus páginas.

JON JUARISTI

Conocí a Pepe Edery poco después de que un libelista de cuyo nombre no quiero acordarme nos incluyera en un supuesto lobby judío que trabajaría en la sombra, siempre cerca del poder, favoreciendo en España los intereses del Israel eterno. Edery me llamó a la Biblioteca Nacional, donde yo recalaba por entonces, arguyendo, con toda razón, que era para nosotros una vergüenza no haber estado a la altura de las expectativas y temores de los antisemitas domésticos, ya que todavía ni siquiera habíamos sido presentados. Quedamos en reunirnos en algún restaurante, cuyo nombre no voy a revelar, para vernos las caras y empezar a conspirar de una vez, que bastante tiempo habíamos perdido. A los postres, convinimos melancólicamente en que nuestros señoritos respectivos, ministro y ministra, no iban a secundar los siniestros planes de dominación mundial que habíamos ido diseñando desde los entremeses. Pero algo saqué de aquello: el comienzo de una hermosa amistad y una suscripción gratuita al boletín de ACAL, la Asociación Cultural Amigos en Larache (hoy ACAM, Asociación Cultural Amigos en Marruecos), que Pepe editaba para los socios judíos, musulmanes y cristianos de aquel reducto hispánico de las tres culturas.

Viajando por el Magreb hispánico es una bomba de nostalgia, la evocación de un mundo en el que convivían culturas y lenguas (árabe, chelja, hebreo, jaquetía y español estrechí) en una relación de intercambio mutuo. Edery ha firmado con frecuencia sus artículos con el nombre literario de Al Tebib Harofé, híbrido de árabe y hebreo que significa lo mismo en ambas lenguas (“el médico”). En más de un sentido, me recuerda este su último libro la literatura de frontera centroeuropea, representada hoy por Claudio Magris, que nos devuelve a una época de pluralidad y riqueza cultural ya inconcebible. El viaje del doctor Edery no es, como del de Benjamín de Tudela, un viaje en el espacio, sino una incursión de submarinista buscador de tesoros en las pleamares del tiempo. Y no es la menor muestra del espíritu de concordia que anima al autor haberme hecho figurar en la página de agradecimientos junto a uno de mis favoritos villanos de tebeo, el senador Iñaki Anasagasti, alias Lex Luthor. Qué tierno, Pepe. 

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LOS NOMBRES DE UN BARRIO DE LARACHE (Carta a un amigo) del Dr. JOSÉ EDERY BENCHLUCH

                     José Edery escribía hace unos días un extraordinario artículo sobre las sinagogas de Larache, que ha tenido numerosos comentarios. Como continuación, y aclaración a algunas dudas, me remite este otro artículo, tan sugerente e instructivo como el anterior, que nos enseña otros aspectos, curiosidades y detalles sociales e históricos de Larache.          Sergio Barce

Teba de la Snoga de Ibn Danan

En relación a mi artículo <Las sinagogas de Larache: La esnoga Berdugo> mi querido compañero y amigo de la infancia José García Gálvez, tras escribir sinceros elogios a mi escrito, lo que le  agradezco de corazón, decía en el blog de nuestro común paisano Sergio Barce,  <discrepar> de la denominación que le había dado a un barrio. Escribía que lo que yo llamaba en escrito coloquial como <Campito de Castiel> era más conocido, depende por quien, como <Campo de Asayag>. Voy a aclarar mi supuesto error o desacuerdo de denominaciones. Al llano o barriada lo denominé por uno de sus múltiples nombres, en este caso una denominación oficial, en el contexto de la época que relataba; y si unas personas por sus relaciones u ubicación residencial le conocían popularmente por un nombre -para mi era barrio o campo Egea- otras le conocían por otras denominaciones dependiendo de la época y de los residentes del barrio y de las relaciones con estos.

 

Dos larachenses: Paco Muñoz y José Edery

                Para evitar <discrepar> con mi amigo Pepe, lo que nunca me ha sucedido gracias a nuestra larga y sincera amistad, gustosamente voy a explicar mi presunto error denominativo. Nos estamos refiriendo ambos al espacio urbano formado por el cuadrilátero territorial de tierra  amalgamada y prensada tipo <hambrí>, y rodeado por los cuadro lados por viviendas de planta baja o dos plantas. Espacio comprendido entre la calle Chinguiti -anteriormente Canalejas y actualmente Hassan II-, la calle Asturias, la avenida del Generalísimo -anteriormente de la Reina Victoria y actual Mohamed V- y la calle denominada antes de la <Rahbá>. En esta en dirección a la Avenida, y a su izquierda estaba situado en el antiguo mercado de cereales <Rahbá> el molino de harina, que posteriormente adquirió la familia Asayag; y frente al molino se abría un pequeño callejón que daba acceso al llano. Existía en la ciudad en la zona del puerto, otro espacio denominado popularmente, pero no oficialmente, <Rahbá> constituido por almacenes de cereales cerca de las antiguas Atarazanas, situado en unos terrenos a la derecha del final de la cuesta de la Torre o de Rechaussen.

                   Este molino de la Rahbá es un recuerdo imborrable para los judíos en relación a la Pascua, o <fiesta de las tortas> como popularmente se la conocía en la región del Lukus. Era el único molino que se limpiaba ritualmente –casher le Pesaj- y se adaptaba unos días antes de la Pascua  para moler el trigo con cuya harina cada familia fabricaba sus tortas o pan ázimo. Existía otro molino de trigo  a la derecha y detrás de Sor Ichara Antiguo -al final de la calle Soldado Sequera-  a espalda de la casa de Bensabat que hacía esquina, perteneciente al banquero José Gallego -uno de los tres tocayos larachenses al que se anteponía el tratamiento de Don- y controlado por su apoderado Yusef Obadía que vivía en el Edificio de la Colonial en la calle Capitán Lopera -posteriormente Ibn Batuta-. En dicho molino regentado por Mesod Obadía -hermano de Yusef- personaje  característico por ir vestido habitualmente con una chilaba tipo rifeño -corta y dejando libre un hombro y brazo-, algunas familias judías de la zona, que es donde vivía Pepe <el Maño>, también molían su trigo  en la Pascua.

callejón transversal de la calle Soldado Sequera -foto de Mari Carmen Revilla

                 Hay que tener presente que hasta pocos años antes de la independencia del país, no disponíamos en la Zona Norte de tortas o pan ázimo industriales ni las podíamos importar -excepto algunas familias y en pequeñas cantidades- de la Zona Sur –francesa- donde industrialmente se fabricaban en Casablanca o las importaban de Argelia y Francia. Recuerdo pasar muchas horas en la larga cola del molino, esperando mi turno -nos solíamos relevar entre los primos- para que los operarios introdujeran los granos de trigo -que no habían fermentado a la intemperie ni en almacén- contenido en los sacos de pita que llevábamos para que las ruedas de piedra del molino lo transformara en blanca y fina harina apta para la elaboración de tortas, panes y dulces sin <jamesh> -alimentos fermentados-, <matim> –adecuados- y sin <tumá> –impureza- para que fuesen <casher le Pesaj>. Había que estar pendiente para que metieran el contenido completo de nuestros sacos, y no se quedasen los obreros con una parte, o que la mezclasen con el trigo de otros sacos de correligionarios que podría ser de peor calidad o no reunir las condiciones exigidas. La cola llegaba a veces por la acera, hasta la panadería de Emilio Alario, y también hasta el Bar La Marquesina en la esquina de la calle Cervantes.

Bar La Marquesina

Y en ocasiones teníamos que esperar parte de la noche, cosa que a los niños nos gustaba, pues era una forma nocturna de charlar como los adultos -la Pascua era siempre en primavera y coincidía con la buena temperatura de la ciudad- y hasta nos dejaban a veces dormir por la mañana pudiendo faltar al colegio, cuyos profesores de la Alianza Israelita y de Yudah Haleví por propia experiencia comprendían el motivo.   

                        En libros de arquitectura y urbanismo español relacionados con el norte de Marruecos, en documentos de los años veinte se designaba oficialmente dicho espacio, habitado por dos o tres familias judías que habían salido de los intramuros de la Medina, con el nombre de <Castiel>. Las familias  habían adquirido los terrenos y se habían instalado en este sector posiblemente por motivo comerciales para estar cerca de los almacenes y mercado de cereales o <rahbá>. O quizás que conociesen el proyecto de los arquitectos municipales del <ensanche de la ciudad> a través de los caminos radiales que partían desde la explanada de Bab el Barra o <Puerta de Afuera> -futura Plaza de España, hoy de la Liberación-; y en el que se incluiría el desarrollo urbanístico en el llano o campo antedicho. La cuestión es que bien por relacionarlo con una futura barriada para judíos, al igual que el proyecto que tenían de <Barrio Nuevo> en el camino de la Guedira  para musulmanes, o por otras razones, lo llamaron <Barrio Castiel>.

                     <Castiel> me solía explicar mi padre David Edery Berdugo con su gran afición a la etimología aprendida del profesor de latín y griego Antonio Cozar, significa lugar o barrio destinado a vivienda de judíos a quienes se les tenía prohibido o vivían con dificultades con otros naturales de la ciudad. Creo recordar que me decía que proviene del vocablo <castelhun> que significa castillo, y de este deformado por <castiello> el nombre <castiel>. Con este apellido existe entre los sefardíes numerosas familias de origen español y francés, la mayoría emigradas a los países del Magreb tras la expulsión por los reyes de España y de Portugal. Según el tangerino Abraham Laredo el apellido Castiel, Castel, Al Castel, Castil, etc, deriva además de lo enunciado anteriormente, de las villas y ciudades de Castiello en Asturias, de la histórica fortaleza Al Qastil cerca de Pamplona, de Castil de los Judíos o Castrojudíos, de la localidad de Castell, o de la francesa Castell Sarrasin.

Torre del Judío

                     En Larache a finales del siglo XIX entre los numerosos miembros de la familia Castiel destacó el dirigente comunitario Yudah Castiel, vocal de la Junta Directiva de la Comunidad Israelita. Y desde la misma época en Alcazarquivir sobresalió Amram Castiel, presidente de la comunidad judía, reputado comerciante, constructor, gran amigo del Bajá de la ciudad Sidi el Hadj Ermiki y del Caid Sidi Mohamed el Melali, así como un  gran benefactor de las obras benéficas y sociales en su ciudad y en ciudades de la entonces Palestina otomana e inglesa. En su ciudad ribereña del río Lukus construyó y adquirió cerca de este toda una barriada de casas, que se denominó <Barrio de Castiel>, pero en este caso en relación a la persona y familia. Que por cierto estaban entre las que más sufrían las consecuencias de los periódicos desbordamiento e inundaciones del río, que dejaban las calles y casas llenas de <herra> con que se denominaba en jaquetía <el jis> o barro que quedaba. De aquí la denominación jocosa a los judíos alcazareños con el gentilicio <de la herra>, en contrapartida a los de Larache que nos llamaban <los del polvorín>, por varias explosiones accidentales de estos depósitos de municiones situados en las cercanías del Barrio de las Navas.

                En Larache el cuadrilátero territorial con que encabecé esta aclaración sobre mi artículo de las sinagogas, recibió en primer lugar el nombre oficial de <Barriada de Castiel> que le aplicaba entre otros el ingeniero municipal Carlos Ovilo. Posteriormente por el  arquitecto José de Larrucea con el proyecto del ensanche de la ciudad del interventor y cónsul de España Emilio Zapico en la década de los veinte figuró el nombre oficial de <Rahbá> para el mismo espacio. Y a partir de estas fechas con las construcciones emprendidas en dicho llano por un sobrino, que creo que era portugués o de origen brasileño, de Yaacob Asayag -padre del maestro nacional Don Isaac que tenía una tienda mercería frente al cine Avenida cuya denominación popular de <Jashitas baratas> fue una anticipación a las de los actuales chinos-, recibió el nombre popular de <Llano de Asayag>.

             Posteriormente también recibió de forma popular los nombres de <Llano del Circo> por ubicarse en parte del terreno estos espectáculos circenses u otros semejantes; y también <Llano Egea>, en relación a esta numerosa familia que allí vivía. Entre otras familias del <llano> recuerdo a los Salama, Alarcón, Benquesús, Montecatine, Obadía, Moñino, Ayach, Don Aurelio, Oziel, Egea, etc. Y de modo muy especial, caminando una detrás de otra la mayoría de las veces, a las de <Javier> que eran aquellas dos ancianas hermanitas inglesas, familia del Vice Cónsul de Inglaterra Luis Forde, que fueron apuñaladas en su domicilio del llano por un joven indígena que se refugió, tras matar a una y dejar gravemente malherida a la otra, en el cercano cementerio musulmán de la calle Asturias, antes de ser aprendido por la policía. Recuerdo que antes de ir a su diaria misa en la iglesia de Nuestra Señora del Pilar, pasaban por casa de su vecina Perla Barcesat casada con Samuel Salama, para preguntarla la hora y llegar con puntualidad inglesa al Oficio.

               Supongo que queda con estas simples líneas aclarada mi denominación al llano de un sector de viviendas larachenses entre las que pasé gran parte de mi infancia, puesto que eran casi vecinas a mi calle natal del Pasaje Moreno o calle Baleares, separadas solamente de esta por el simple ancho de la calle Chinguiti.

            Agradezco a mis paisanos y amigos las discrepancias y comentarios de algún contenido de mis escritos, pues ello me motiva a plasmar en ellos un más óptimo y estricto recuerdo de mis vivencias y de mi información.

           Doctor José Edery Benchluch <Al Tebib Harofé>   –    <Al tebib>, en árabe, el médico; <Ha rofé> en hebreo, que cura  – Madrid  2011  

Calle Real de Larache

 Y como hermoso colofón a estos artículos de mi paisano José Edery, me pide que reproduzca a continuación este precioso correo que ha recibido de Mercedes Barcesat de Dembo, que sé le ha emocionado, y que viene a añadir además esas notas en haketía que tanto nos hacían sonreír:

DR. JOSÉ EDERY
QUERIDO PEPE ES CON MUCHA EMOCION Y  CON LÁGRIMAS QUE LEÍ ESTE RELATO TUYO. DE» LOS NOMBRES DE UNA CALLE DE LARACHE»
ES COMO SI DE NUEVO ESTUVIERA CORRETEANDO EN EL «LLANO DEL CIRCO» DONDE ME METÍA DE BALDE EL DESCANSADO DE MI TIO-ABUELO, YUSEF OVADIA (CUÑADO DE MI ABUELO ABRAHAM BARCESAT) . ESE MOLINO DE TRIGO LA DE VECES QUE VOLVÍA A CASA TODA LLENA DE HARINA POR MIS TRAVESURAS. QUE TE DIRÉ: NO OMETISTE NADA; MIS TIOS, SAMUEL SALAMA, YUSEF OVADIA, Y TANTAS FAMILIAS QUE FUERON PARTE DE MI NIÑEZ Y ADOLECENCIA.
ESAS CASITAS DE ASAYAG ME PARECÍAN LO MEJJOR DE LO MEJJOR. HABLAS DE PERLA BARCESAT MUJER DE SAMUEL SALAMA NO SERA MÁS BIEN CLARA BARCESAT, HERMANA DE MI ABUELO Y MADRE DE ISAKE,LEON, FELIX, OLGA, MAIR.?
POR LA CALLE PASABAN LAS CABRAS Y LAS ORDEÑABAN FRENTE NUESTRA CASA Y DE OTROS VECINOS.
SABES QUE DE TODOS MIS AÑOS EN MARRUECOS, EN SOUK EL ARBA, LARACHE, CASABLANCA, RABAT, KENITRA,; PUES DE TODAS ESTAS CIUDADES LA QUE MÁS ME MARCÓ ES MI QUERIDA LARACHE QUE FUE LA CUNA DE MI FAMILIA MATERNA Y PATERNA, DESDE GENERACIONES.
QUE EL DIÓ TE HADE  PEPE POR LO MARAVILLOSO QUE DESCRIBES Y CON TANTOS DETALLES LA VIDA DE LARACHE. SON DOCUMENTOS DE ENORME VALOR..
TE LO AGRADECESCO DE TODO CORAZÓN. AUSHALA (OJALÁ)  EL DESCANSADO DE MI PAPÁ PUDIERA LEER TODO ESTO O TU PADRE DAVID DE QUIEN SIEMPRE ME ACUERDO CON MUCHO CARIÑO. SABES HACE QUE UNOS DIAS ME VINO AL PENSAMIENTO LA DESCANSADA DE TU MADRE RACHEL, COMO UNA IMAGEN DE ELLA EN LA CASA DEL SHIKUN GUIMEL EN BEER SHEVA. ELLA CONTANDONOS UNOS CHISTES, LO QUE HACÍA  TAN BIEN.
SANO Y GUENO ESTÉS CON LA FAMILIA,
GRACIAS DE NUEVO- BESOS DESDE AUSTRALIA

MERCEDES BARCESAT de DEMBO

            

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EL KIPUR Y LAS LESHINAS DE LARACHE, por el doctor larachense JOSE EDERY BENCHLUCH

Hoy comienza el Rosh Ashaná. el Año Nuevo hebreo, que se celebra el primer y segundo dia de tishrei (primer mes del calendario hebreo) y que este año comienza al atardecer del día 28 de septiembre y acaba al anochecer del día 30, del año hebreo 5772.

Como manda la tradición larachense, cuya costumbre hace que siempre celebremos juntos las fiestas de las otras confesiones, para felicitar a mis amigos hebreos por esta fiesta, tengo la suerte de contar con un divertidísimo y curioso texto de mi paisano y amigo José Edery Benchluch, referencia para todos los larachenses.

JOSE EDERY

José Edery nació en Larache en 1938 (como él diría, ya ha llovido). Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Granada, ha estado siempre vinculado al Servicio Exterior de España, especialmente en el continente africano. Ha sido, entre otras cosas, Director del Gabinete Médico del Ministerio de Asuntos Exteriores. Es autor de numerosos tratados, y como me ha contado en más de una ocasión, siempre habla en sus libros de Larache, aunque sólo sea en una línea. Me ponía como ejemplo que, al redactar una guía sanitaria de África, si describía una plaza de alguna ciudad siempre añade «muy parecida a la plaza de España de Larache», y así ya cumplía su promesa de escribir siempre algo de su querida ciudad en todos sus libros.

SERGIO BARCE & JOSE EDERY

José Edery nos regala el texto que a continuación reproduzco, igual que nos viene regalando su amistad, su simpatía y su extenso conocimiento. Si alguien puede hablar de la Aixa Candixa, de quién vivía en una casa determinada en una de las calles de la Medina, de qué ocurrió en Larache en tal año, de quién es familia de quién en su ciudad natal, es él, nuestro particular y vivo libro de consulta. Y, sin ser pretencioso, contar con su amistad es un privilegio.

Sergio Barce, septiembre 2011

El Kipur y las leshinas de Larache

por  el Dr. José Edery Benchluch

                  Ayer tarde, comenzando el mes de Elul, mi esposa Loly me compró en el mercado unas naranjas pequeñas, muy verdes y agrias, pues sabía que me gustaban. Lo que desconocía es que me inspiraría las siguientes líneas, cuando me desperté de madrugada bañado en sudor, al rememorar por su especial sabor y aspecto recuerdos de mi ciudad natal y de sus pascuas.

                Había sido una calurosa noche madrileña sin que pudiera precisar si correspondía al “veranillo de San Miguel” llamado también ”de los membrillos”, que era un pequeño periodo de calurosos días posteriores al verano; o era que el verano todavía arreciaba en la capital con sus altas temperaturas. Casi echaba de menos el frescor jerosolimitano de las semanas anteriores que había pasado con mi familia con ocasión de la magnífica e inolvidable boda de mi hija Sara con Michel Glanstein en Tierra Santa.  Así como la frescura del aire al atardecer de Beer Sheva en pleno desierto del Neguev; y hasta de la húmeda brisa marina matinal y vespertina  por los paseos marítimos de Tel Aviv y Herzelya Pituah (donde está situada la Residencia de la Embajada de España).

                  Lo único positivo del calor madrileño era que el sacrificio por despertarme era menor en abandonar el lecho de madrugada para acompañar en la esnoga (sinagoga) a mis correligionarios en meldar (J= rezar) las Selijot. Pero en esos instantes se me planteaba un dilema religioso y conyugal. Por un lado el abandono de la frescura de la cama tras una calurosa noche, era aprovechado instintivamente por la adormilada pareja para extender sus cuatro miembros, colocarse boca abajo y tomar total posesión de toda la anchura del lecho. Postura cuya visión  suele exacerbar en unos instantes la libido marital, sobre todo que casi siempre suele ir acompañada del  involuntario y despreocupado movimiento de una “descolocación erótica” del camisón. Unido ello que a nuestra edad el súbito pensamiento libidinoso se ve favorecido por la plenitud de la vejiga urinaria rellenándose durante la noche, que incide en la próstata, y traduciéndose en la consabida y momentánea erección matinal. La pregunta de Shakespeare del “ser o no ser” hubiera sido en esta situación: ¡Relaciones o bien Selijot¡   

                Las Selijot o “rezos de perdón” son las preces que se efectúan antes del amanecer durante los cuarenta días que preceden al Yom Kipur o “Día del Perdón”. Su nombre  proviene de la voz shlijá que significa en hebreo perdón aunque también puede referirse a reflexión. Es el meldado (J= recitado o rezos) que durante el mes de Elul y parte de Tishri se hace al muddem (J= relacionado con el amanecer del almuédano) poco antes de que amanezca, de los Trece Atributos de Misericordia de Moshé Rabenu como viene explicado en el Pentateuco en Shemot (H= Éxodo). Se conmemora y rememora la oración de petición de perdón para su pueblo cuando Moisés (Moshé Rabenu) subió al Monte Sinaí para recibir por segunda vez las Tablas de la Ley. Es como una preparación diaria comenzando en el mes de Elul, mes que precede al de Tishri (primer mes del año), como preparación a la teshuvá que culminará durante las tefilot  (H=oraciones) en las fiestas de Roch Achaná y en Kipur.

                 La teshuvá (H=retorno) se refiere al regreso a la ortodoxia y fe judía y es un requisito para la salvación del cual depende el que retorna a las creencias del judaísmo (Baal Teshuvá). Los ashquenazís suelen comenzar las selijot aproximadamente una semana antes de Rosh Achaná (H= cabeza de año); y a diferencia de los sefardíes se ponen el talet gadol o manto ritual de oraciones, aunque todavía sea de noche y tocan el shofar (cuerno ceremonial de carnero) todos esos días en las tefilot (H=oraciones) del shahrit (rezos matutinos). Recuerdo que en algunas esnogas (J=sinagogas) de Marruecos y Túnez el shaliaj shibur (oficiante principal) se ponía el talet gadol como para darle mayor solemnidad al acto, y algunos fieles también lo usaban siempre que el talet se lo prestasen.

                Cuando terminé el shahrit en la Esnoga  Bet Yaacob (“Casa de Jacob” en recuerdo del banquero Jacob Zafra) la principal sinagoga de Madrid y una de las dos que suelo frecuentar con asiduidad (la otra es Or Hayeladim) y tras desayunar con algunos amigos en la cercana cafetería “La blanca doble”, en la calle Santísima Trinidad, continué por la calle Eloy Gonzalo. Atravesé la popularmente llamada Plaza de Iglesia (Plaza del Pintor Sorolla) y me dirigí a la cercana calle Alonso Cano, donde estaba situado el conocido mercado en el que durante unos años estuvo ubicada una excelente carnicería cacher (que sigue las normas dietéticas judías en el sacrificio de animales) o kosher para los ashquenazís. Amen de ser conocido el mercado por los judíos oriundos de Marruecos por sus excelentes, aunque siempre caras, turmas o criadillas de tierra o terfas (AM). Estos hongos se cocinaban tradicionalmente en Pessaj (Pascua) con cordero y en Marruecos con el pez fluvial alosa en su variedad sábalo o shabel (AM), siendo los más apreciados los del río Lukus (Larache), del Ued Sebú (Kenitra) y del Bou Regreb (Rabat-Salé). 

                  Mi propósito era comprar si habían llegado por lo temprano de la temporada membrillos y azofaifas, que junto a las granadas, manzanas y dátiles eran los frutos que se bendecían en la cena de las dos primeras noches de Roch Achaná en la Diáspora o Tefutsot y en el Galut o exilio (una sola noche en Eretz Israel). Las granadas me las había comprado mi cuñado Hary Weiss de Beer Sheva de donde las traje, así como los dátiles de Jericó me los proporcionó mi cuñado Ilan Barkay en Kiryat Gat (el destino principal de los primeros tetuaníes que hicieron Aliá).Y mi paisana larachense Bella Buzaglo me había preparado del árbol de su jardín de Jerusalén una rica carne de membrillo, por si no encontraba el fruto en Madrid. Las azofaifas me las solía procurar en años anteriores de su finca malagueña en Alhaurín el Grande, mi amigo y colega el Doctor Juan Martín, sempiterno alcalde de la ciudad. La azofaifa es el fruto del árbol azofaifo (denominación de origen árabe) que es una drupa comestible de unos 2-3 centímetros, como una aceituna morada cuando está madura, dulzona y con textura parecida a la manzana; produciéndose su maduración a finales de verano. 

                 Por lo temprano de la hora las calles madrileñas estaban todavía desiertas, y las mercancías comenzaban a apilarse en los mostradores del mercado. Pero lo que inmediatamente me llamó la atención fue un gran montón de verdes naranjas junto a otro menor de verdes mandarinas. Eran las primicias de las primeras cosechas, con pocos compradores habituales madrileños. Inmediatamente me vino el recuerdo de los montones de esas verdes y agrias frutas tempranas, denominadas leshinas en jaquetía, que en los zocos larachenses del Mercado de Abastos y del Zoco Chico, así como de los de otras ciudades magrebíes, inundaban los suelos y tenderetes de los mercados. Vendían  las frutas la mayoría de las veces mujeres indígenas sentadas en el suelo y cubiertas con sus típicos vestidos de Yebala o del Rif y con grandes y amplios sombreros de paja para protegerse del intenso sol. Los presentaban en pequeños montones (AM= serram; J= arrom) a ras de suelo el conjunto, sin especificarse el peso que voceaban al grito de letshin  jdarim hamedin. (AM= “!Naranjas verdes agrias!”).

                Claro que también solían anunciar con las mismas voces las laranshas merrin que eran las naranjas amargas cuya pulpa se utilizaba en la cocina judeo magrebí para hacer ensaladas, generalmente molidas y mezclándolas con naranjas normales, aceite de oliva, ajo y apio; y que según se decía tenían la propiedad de abrir el apetito en los niños con pocas ganas de comer. La cáscara junto a la pulpa se utilizaba para confeccionar mermeladas y su gruesa cáscara para elaborar letuarios o fruta escarchada. Su árbol productor es un pequeño naranjo que los califas de Córdoba habían introducido en España como árbol ornamental y que hoy en día todavía podemos contemplar en plazas y jardines de las principales ciudades andaluzas. Sus flores de azahar junto al azahar del limonero son las más utilizadas por su espesor y consistencia para hacer confitura.

calle Real

                En Larache, durante el Protectorado de España, con una población judía de unas tres mil personas, casi todas las esnogas se ubicaban en las callejuelas laterales que derivaban de la Calle Real, que era la arteria principal de la ciudad antigua. No existía judería como tal, ya que en dichas calles de mayoría judía, también vivían en armoniosa vecindad musulmanes y cristianos. La excepción territorial de ubicación de estas esnogas era lo que se denominaba “El Barandillo”, que era como un paseo marítimo en la parte baja de la ciudad, donde antaño las olas del mar lamían y hasta sobrepasaban en los grandes temporales su larga y trabajada balaustrada de piedra. En el lateral del paseo, en sus  casas frente al mar se situaban entre otras esnogas la de Bendayán, que era la única de la ciudad que tenía una hazará (galería para las mujeres) balconada. Ya que las demás esnogas las mejitzas o separación de hombres y mujeres (el matroneum romano) solían ser habitaciones separadas del lugar de rezos por ventanales, celosías, mamparas o puertas. Situándose en una de estas casas del Barandillo el único mikvé (hamám o bañera y estancia especial para baños rituales) público para judíos(as) de la ciudad.

                El Kipur por la tarde entre la minjá (oración de la tarde) o antes de esta y antes de comenzar la Nehilá (el momento más solemne y determinante para nuestros pecados del “Día del Perdón” que culmina todas las plegarias anteriores con el emotivo e inigualable sonido del Shofar) los jóvenes solíamos pasear recorriendo el Barandillo para intentar conversar con las jóvenes y adolescentes. Ese día estaban muy radiantes luciendo su mejor vestido que generalmente habían estrenado en Roch Achaná, al igual que los niños y jóvenes que también solían estar de estreno. El pretexto de la aproximación era ofrecerles una verde leshina (J= naranja o mandarina) cuyo olor mitigase o aliviase un poco el ayuno que estaban soportando en ese día tan sagrado. Y para obtener estas primeras y olorosas frutas “visitábamos” unas pequeñas huertas propiedad de musulmanes, situadas en un altozano frente al cementerio viejo, y a espaldas del cementerio de Lala Menana el Mesbahía, la santa patrona de la ciudad.  Los sábados por la tarde después de comer la dafina u oriza, estas huertas, donde los propietarios les preparaban té con nahná (AM= hierbabuena) y shiva (J= artemisa o artemisia) para una mejor digestión, solían ser lugar de reunión de algunos judíos para jugar a las cartas.

            Digamos que ambas acciones, el hurto en los frutales y el cortejar a las jóvenes, no eran las más adecuadas en un día tan sagrado de ayuno y penitencia como preámbulo y preparación a una teshuvá o a un perdón de nuestros pecados. Pero era una tradición sin malicia, y ya se sabe que en el judaísmo magrebí la tradición es en ocasiones como la halajá. Si no que consulten en las takanot (ordenanzas o disposiciones) de nuestros numerosos rabinos de Argelia, Marruecos y Túnez. O con la obra de próxima aparición, DM, “Viajando por el Magreb Hispánico. Un intercambio de culturas” editada por la SGT del MAEC. Y también se podría decir condescendientemente en favor de estos adolescentes que el final del verano coincide con uno de los dos picos más altos (el otro se produce a principios de primavera) de una elevación fisiológica de la testosterona.

Madrid Septiembre-Octubre 2011- Dr. J.E.B. “Al Tebíb Harofé”

                        Abreviaturas:  J=Jaquetía-  AM= Árabe Marroquí-  H=Hebreo

                  A nuestros queridos amigos, sin distinción de confesión religiosa, les deseamos con todo nuestro afecto un feliz y buen (tová) año (shaná) nuevo.  LESHANÁ  TOVÁ  TIKATEVU  en este año entrante 5772, Y QUE DISFRUTEMOS y COMPARTAMOS CON SALUD Y ALEGRÍAS  ESTAS FIESTAS DE ROSH ACHANÁ, YOM KIPUR Y SUKOT

      Rosh Ashaná (Cabeza de año o Año Nuevo) –   28, 29, 30 de Septiembre 2011

      Yom Kipur (Día del Perdón)-    7 y 8 de Octubre

      Sukot (Fiesta de los Tabernáculos o Cabañas)- del 12 al 21 de Octubre

Desde Madrid   Loly y José Edery

 

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