




Después de haber escrito sobre “Érase una vez en América” (Once upon a time in America, 1984), doy un salto atrás, quince años antes, para detenerme en la otra obra maestra de Leone: “Hasta que llegó su hora” (Once upon a time in the West, 1968). Con ambos filmes y “Agáchate, maldito” (Gliú la testa, 1971), Sergio Leone pretendía componer una nueva trilogía, después de la llamada “trilogía del dólar” (conformada por “Por un puñado de dólares”, “La muerte tenía un precio” y “El bueno, el feo y el malo”), pero esta nueva era más ambiciosa al intentar abarcar la historia de USA desde la época de los pioneros hasta los años sesenta.
“Harmónica: ¿Y Frank?
Snaky: Nos ha mandado a nosotros.
Harmónica: ¿Hay un caballo para mí?
Snaky: Para ti… Jejejeje…. Parece ser que hay un caballo de menos…
Harmónica: Yo diría que sobran dos”
“Frank: La gente se asusta fácilmente cuando está muriéndose”
LAS UVAS DE LA IRA (The grapes of wrath) de John Ford
John Ford. Quizá uno de los realizadores más extraordinarios de la historia del cine, consiguió elevar la sencillez a la categoría de arte. Sus historias son diáfanas, siempre sabe qué es lo que tiene entre manos y qué es lo que quiere transmitir al espectador. Sabio, sabe utilizar el humor a pequeñas dosis, incluso en dramas duros y tremendos. Escenas inolvidables del western se deben a él, y varias obras maestras jalonan una de las carreras más sólidas, competentes e interesantes del cine, como muestra: La diligencia (Stagecoach, 1939), Fort Apache (1948), Qué verde era mi valle (How green was my valley, 1941), Pasión de los fuertes (My darling Clementine, 1946), El hombre tranquilo (The quiet man, 1952), Mogambo (1953), Centauros del desierto (The searchers, 1956) o El hombre que mató a Liberty Valance (The man who shot Liberty Balance, 1962), por citar sólo unas cuentas. Sigue leyendo →