Archivo de la categoría: LARACHE vista por…

«LAS PUERTAS DE LARACHE», DE MÓNICA LÓPEZ

Aquí están Los colores de la memoria... Ese trabajo impresionante de Mónica López, en el que colaboré con algunos textos y comentarios. Pero lo importante es el detallado estudio que Mónica efectuó para crear una de las mejores guías, seguro la mejor guía sobre Larache: «Los colores de la memoria. Ruta de arquitectura para viajeros emocionales«. Ya su título es atractivo.

Pinchando en el siguiente enlace, entráis en «Larache, el cálido color de la bienvenida» a través de Las puertas de Larache… Precioso. Hay que entrar despacio, larachensemente, y hacerlo con tiempo por delante para disfrutarlo…

   LAS PUERTAS DE LARACHE

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ACUARELA DE MARIANO BERTUCHI

ACUARELA DE MARIANO BERTUCHI

 

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«PASEANDO POR EL ZOCO CHICO. LARACHENSEMENTE» DE SERGIO BARCE

Dice el escritor José Garriga Vela de Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente:

Sergio Barce pertenece a ese tipo de escritores capaces de encerrar un mundo en una frase, igual que encierra el mar en la jaula mágica de una caracola. Me he sentido un privilegiado al pasear con él por Larache, andar y desandar hasta encontrarnos con los recuerdos, la fantasía, los seres queridos presentes y los queridos ausentes; toda la fuerza del sedimento que van dejando los sueños. Sergio ha tocado mi fibra sensible: el pasado que vuelve. Los fantasmas que regresan para instalarse felices en el castillo imborrable de la memoria. La memoria, la única capaz de expulsar la muerte.
Hablo de la complicidad que me une a Sergio, detalles ínfimos que me estremece recordar, como el silbido de su padre al llegar por la tarde a casa que es el mismo silbido de mi padre al volver del trabajo por las tardes. Y los gusanos de seda que su madre le llevaba en una caja de cartón con hojas de morera son los mismos que traía mi madre. Recuerdos de seda que vencen el olvido. Sergio iba al cine Ideal de Larache y yo al cine Emporio de Barcelona. Larache, Barcelona, Málaga, qué más da, cuando se apaga la luz en la salas de cine los dos estamos en el mismo lugar de la película. Los lugares de la memoria y la fantasía que mencionaba antes. “¡Cuántas películas habrás visto!”, le preguntó alguien una vez al hombre del carrillo con chucherías y frutos secos que se instalaba todas las tardes delante del cine Ideal. Y el hombre del carrillo dice Sergio que se quedó pensando un buen rato, hasta que respondió en silencio: “El cine que conozco lo he visto a través de los ojos de los niños”. Quizá así contemplamos nosotros las películas del pasado, a través de los ojos del niño que fuimos y que nunca nos abandona.

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Y José Luís Ibáñez Salas, también escritor y editor, escribe:

‘Larachensemente’, hecho a la manera de Larache, llevado a cabo según la centenaria tradición de forja de conciencias que fue a lo largo de los siglos la atlántica y norteafricana ciudad de Larache. Eso quiere decir ‘larachensemente’. Y ese es el subtítulo de un libro de relatos verdaderamente único, conmovedor y cercano, demasiado cercano, tan cercano que parece imposible que uno no haya estado jamás en África, en el África más próxima, y sin embargo tenga la sensación al leer este conjunto de cuentos de Sergio Barce de que su vida estuvo allí, su pasado y buena parte de sus recuerdos, porque sólo los grandes escritores logran compartir verdaderamente su memoria con sus lectores a través del arte que destila ese oficio suyo de narradores.

Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente, acaba de ser reeditado por Ediciones del Genal. Con traducción al árabe y al francés del relato que cierra el libro Larache, sin Sibari. Una edición muy cuidada y llena de nostalgia.

Puedes conseguir tu ejemplar fácilmente a través de tu librería habitual. 

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RESEÑA DE FUENSANTA NIÑIROLA, SOBRE LA NOVELA «SOMBRAS EN SEPIA» DE SERGIO BARCE

Fuensanta Niñirola, escritora y artista plástica, integrante de la Generación Bibliocafé, que publica numerosas reseñas tanto en su blog La hora azul como en otras páginas literarias digitales, el pasado mes de julio de este año escribió una nueva, en esta ocasión sobre mi novela Sombras en sepia (Pre-Textos – Valencia, 2006) que, pese al tiempo transcurrido desde que viera la luz, sigue cosechando buenas críticas y ganando adeptos. Es una de mis novelas más intimistas, y, en ella, la ciudad de Larache cobra especial relevancia, podría considerarse una protagonista más del libro.

Fuensanta Niñirola me ha regalado una reseña francamente emocionante y entrañable, publicada en melibro.com, y la traigo a mi blog para compartirla con quienes ya conocen esta novela y para despertar la curiosidad de quienes aún no la habéis descubierto, porque seguramente, tras leer a Fuensanta Niñirola, sentiréis la necesidad de entrar en las páginas de Sombras en sepia.

Sergio Barce, agosto 2015

Portada SOMBRAS EN SEPIA

SOMBRAS EN SEPIA


de Sergio Barce

Entrañable narración, entremezclando recuerdos, deseos, emociones, soledades… destacando la impotencia ante el inevitable fluir del tiempo, que, cual reloj de arena, al acercarse al final cae mucho más rápido. Novela ganadora del I Premio Tres Culturas de Murcia, tiene como fondo algo ya perdido, roto, pero añorado por el autor y puesto en boca de sus personajes: la apacible conjunción de tres visiones del mundo, las tres culturas del Libro, que en la vida cotidiana convivieron durante siglos en relativa paz y armonía. No es esta obra un ensayo, sino una novela, y por tanto no vamos a debatir si esta armonía fue real o no, y si es posible que lo siga siendo. Pero al menos, la admitiremos como algo vivido, deseado y soñado por alguien.
Como es habitual en el autor, nacido en Larache (Marruecos), la novela está alternativamente enmarcada en Larache y Málaga, ciudad a la que se trasladó Sergio Barce con su familia, en su infancia, cuando Marruecos puso muy complicadas las cosas a los españoles nacidos allí y que se consideraban como larachenses.
 En la vida de Abel Egea, un viudo jubilado a las puertas de la vejez, irrumpen Nadja y su bebé Zacarías, emigrantes llegados ilegalmente en una patera con la ilusión de una nueva vida y una mochila llena de tristezas.
 Abel, un larachense de origen español, afincado en Málaga, sobrevive duramente al dulce recuerdo de su fallecida esposa, Carlota, y a la lejanía de su única hija, afincada en Suecia, apoyándose en viejos amigos, como David Benasuly, también procedente de Marruecos, y Lidia Andrade, atractiva mujer madura que conforta a ambos en sus soledades. Pero Abel también sobrevive al hecho de verse desarraigado del país que considera su patria chica, su espacio vital, y que contiene los mejores recuerdos de su vida. 
El encuentro con la jovencísima y bella Nadja, que podría ser su hija, despierta en Abel un aluvión de sentimientos que difícilmente puede controlar. Se siente padre, abuelo, amante… y siente que vuelve a su Marruecos natal, al aspirar el perfume especiado de las comidas que Nadja le prepara. Un país donde transcurrió felizmente su infancia, su juventud, donde se enamoró y se casó, y donde nació Alicia, la única hija que ahora vivía con su marido sueco en el lejano norte.
 La novela se estructura en dos narraciones paralelas: el encuentro, convivencia y problemas de Abel en su relación con Nadja y el pequeño Zacarías, y el retorno a Marruecos en búsqueda de un pasado que ya no existe, del que solo quedan ruinas. Sin embargo, ese viaje resulta ser terapéutico y Abel recupera fuerzas para afrontar lo que le queda de vida con ánimos renovados.

De impecable factura, la narración cautiva y emociona sin caer en fáciles recursos melodramáticos. El lector, tenga o no relación con Marruecos, puede comprender perfectamente la sensación de desarraigo y abatimiento, que es universal, y que todo emigrante lleva consigo. Y también puede comprender o al menos imaginar, ese armónico concurso de opciones vitales, de visiones del mundo que oferta la diferencia, la multiculturalidad entendida no como una visión política, sino humana, muy humana.
 Sergio Barce Gallardo (Larache, 1961) poeta y escritor español, es el presidente de la asociación Larache en el Mundo. Su primera novela ‘En el Jardín de las Hespérides’ (Aljaima, 2000) fue un primer acercamiento al universo de Larache al que siguió ‘Últimas noticias de Larache’ (Aljaima, 2004). Fue ganador del Primer Premio de Novela Tres Culturas de Murcia por su obra ‘Sombras en sepia’ (Editorial Pretextos, 2006). Finalista del Premio de la Crítica de Andalucía de 2012 con ‘Una sirena se ahogó en Larache’ (Círculo Rojo, 2011), y ‘El libro de las palabras robadas’ (Círculo Rojo, 2013). ‘Paseando por el Zoco chico. Larachensemente’ fue su último libro editado en 2014 en Valencia. Recopila los relatos escritos en los últimos 15 años relacionados con Larache.

Fuensanta Niñirola
, Julio 2015

http://melibro.com/sombras-en-sepia-sergio-barce/

FUENSANTA NIÑIROLA Y SERGIO BARCE en la pasada Feria del Libro de Madrid

FUENSANTA NIÑIROLA Y SERGIO BARCE en la pasada Feria del Libro de Madrid

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ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN DE «PASEANDO POR EL ZOCO CHICO. LARACHENSEMENTE», EN LARACHE

Llevo horas pensando cómo podré compensar a Laabi y a Ange todo lo que han hecho para que este fin de semana se haya convertido en algo tan especial. Ya se me ocurrirá algo… Por el momento, espero saber contar lo acontecido.

Este pasado sábado, 25 de abril, se presentó por fin en Larache mi libro de relatos Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente (Jam Ediciones – GB – Valencia, 2014).

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Parecía extraño que siendo un libro donde Larache es el nexo de unión de todos los relatos, no se hubiera presentado aún en la misma ciudad. Pero lo cierto es que posponerlo tantos meses tenía una justificación: mi amigo Mohamed Laabi estaba poniendo en pie el IV Festival Musem del Zoco Chico de Larache y me pidió que dejara la presentación para que, lógicamente, coincidiera con las actividades culturales que se programaban justamente sobre ese emblemático espacio: el Zoco Chico. Me pareció una idea fantástica.

Luego, como en mi familia teníamos pendiente cumplir la promesa que le hicimos a mi madre de llevar sus cenizas a Larache, Ange Ramírez me sugirió que aprovechara el viaje para hacerlo. Luego, entre Laabi y ella se encargaron de montar un pequeño homenaje en su memoria.

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De esta manera, la presentación de mi libro en Larache se ha convertido en algo emocionalmente imborrable.

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La presentación era en el Colegio Luis Vives, y el acto lo organizaba la asociación cultural Dar Laraich, que preside Mohamed Laabi, en colaboración con el AMPA. Para empezar, en la sala iban llegando muchos amigos y poco a poco se llenó. Ahí tenía reunidos a mis amigos y a muchos de los personajes que aparecen en mis relatos: Luisito Velasco, El Hachmi Yebari, el propio Mohamed Laabi, María Sibari, Ange Ramírez, Rachid Serrouhk, Majid Yebari, Horr Amina, Mohamed Lahchiri, Abdellatif Lamami, Jbari, Morad, el hermano de Sam, Mounir Kasmi, Ahmed Argal y su hijo… Y vi a Itziar Gorostiaga, el poeta Serroj, Fernando Pérez, Amina, Mohammed, Achraf, Mustafa, Aicha Bekkouh, los hermanos Belazziz, Lamya… En fin, mucha gente muy cercana.

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Laabi reunió en la mesa para presentar mi libro a María Sibari, Abdelhalak Najmi y Ahmed Oubali, y como moderador a Mounir Kasmi. Las intervenciones fueron excepcionales: María Sibari fue muy emotiva al recordar a su padre Mohamed Sibari, nuestra relación que viene de tantos años atrás; Abdelhalak se centró en varios de los cuentos que le habían impactado especialmente; y el profesor Ahmed Oubali hizo una disertación sobre el género autobiográfico y la técnica empleada en mis relatos que me fascinó por su profundidad y conocimiento. Espero contar con sus intervenciones para poder mostrarlas y que puedan ser leídas.

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La verdad es que, a la hora de arrancar mi intervención, me sentía tan eufórico y feliz que debió de notarse porque lo veía reflejado en el rostro de los asistentes. Es muy fácil hablar a un público entregado de antemano, a un público del que forman parte muchos de los propios personajes que pueblan mis relatos, a un público que no está formado por desconocidos sino por gente que significa algo en mi vida.

Luego, intervinieron también Argal en nombre de la AMPA y Hanaa Nejjar como presidenta de Larache en el Mundo.

También me entregaron un cuadro que representa el Zoco Chico y una placa conmemorativa. Mientras tanto, el libro ya estaba en manos de sus protagonistas.

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Había dicho Ahmed Oubali poco antes que él, que no me conocía personalmente hasta este día, se había encontrado a sí mismo en mis relatos, que eran como un espejo en el que mirarse. Al firmar los ejemplares, algunos me comentaban que los habían leído ya dos veces, y que volverían a releerlos. Es emocionante que te digan eso de algo que has escrito. No sé cuántos ejemplares firmé, pero Rachid me dijo que se habían vendido muchos, y también de mi nueva novela La emperatriz de Tánger. Siempre dice que en Larache vendo más que Dan Brown.

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A continuación, Ange Ramírez y Mohamed Laabi nos sorprendieron, tanto a mí como a mi familia, al mostrarnos un hermoso video que habían preparado con ayuda de Akram con fotografías de mi madre. Precioso momento. Y al finalizar la proyección, con la entrega de un álbum también impresionante con fotos que habían ido recopilando de ella. Un regalo para mi padre, por supuesto, que al verlo esta mañana no ha podido reprimir las lágrimas. No hay palabras para agradecerlo. Mis hermanas recogieron una pintura con el retrato también de ella realizado por el pintor larachense Khaibar. Mil gracias.

En fin, resumirlo quizá no sea justo porque perdemos la magia que se vivió en el acto del sábado, pero desde aquí sólo puedo expresar mi felicidad más profunda por tanto afecto demostrado.

Ayer domingo por la mañana esparcimos las cenizas de mi madre en las aguas del río Lucus, como ella quería. Lo hicimos bajando la cuesta del Balcón, frente al castillo, en un suave recodo entre rocas cubiertas de musgo, donde el agua rompía suavemente y allí la dejamos escapar entre pétalos de flores que quedaron flotando alrededor, entre las rocas, como besos. Estaban conmigo mis hermanas Mónica y Vanesa, y Berry y Carmen; y aunque no físicamente, también mi padre, mis hijos Pablo y Sergio, y mis otras hermanas Marisol y Sandra que, por circunstancias inoportunas, no pudieron viajar, pero todos venían con nosotros. Y arropándonos en todo instante en esos momentos tan íntimos: Fatima Zohra, Fefi, Amina, Hanaa, Oubali, Lahchiri, Abdelhalak, El Hachmi, Laabi, Ange y Luisito.

En cuanto subimos las rocas, comenzó a llover, una lluvia muy fina, y fue como si el cielo se hubiese puesto a llorar.

Antes de marcharnos, pasé por el Zoco Chico. Nos acercamos al puesto de Abdeslam, al que solía ir mi madre a comprar regalos, y cuando lo saludaba, me di cuenta de que aún no se había enterado de que mi madre había fallecido en agosto del pasado año. Cuando vi los ojos de Abdeslam bañados en lágrimas, comprendí que me mostraba cuánto cariño había ido sembrando Maruja Gallardo por Larache. Y allí está. En el lugar donde late su corazón.

Sergio Barce, abril 2015

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«LARACHENSEMENTE. RECORDANDO» (2ª parte) por FRANCISCO JUAN CARRASCO

He recibido otra crónica relatada larachensemente por Francisco Juan Carrasco y me ha hecho reír la anécdota que cuenta. Me dice en su correo que todo esto sucedió del modo que refiere, y que la foto le trae muy buenos recuerdos. A la derecha, se ve parte del rostro de Galea, hacia la izquierda está Peral, le sigue Gambero, y el último es él. Fue tomada el 4 de Noviembre de 1956, día de San Carlos Borromeo, patrón de la Banca, celebrándolo en el Hotel España, en Larache.
También me cuenta en su correo que, cuando se tomó esa foto, hacía escasamente dos meses de su entrada en el Banco Central, en contra de su voluntad, tal y como ya narró en su anterior crónica larachense.

Espero que disfrutéis de esta segunda entrega.

Sergio Barce, abril 2015 

LARACHENSEMENTE, RECORDANDO

Al leer en tu blog el relato, que León Cohen hace de Larache, con alusión a los chatarreros Trojman y Belliti, me vino a la memoria el insólito hecho, que ocurrió allí, a la muerte del último, viniendo a ponerse de manifiesto la capacidad e ingenio, para la acertada administración, que siempre caracterizó al pueblo judío.
La versión que conocí fue la que sigue: En el negocio de la chatarra el Sr. Belliti era un experto, y había conseguido, con su esfuerzo, salir adelante, en un mundo como el de entonces. Se ocupaba de atender a su familia, pero su preocupación mayor eran los tres hijos, que Jehová le había concedido. Por eso estaban siempre presentes en sus oraciones.
Les transmitió todo su saber, y les pagó toda la formación, que creyó necesaria e indispensable para su futuro. Ninguno era torpe. La imagen de despierto y habilidoso caracterizaba a los tres. El negocio giraba a nombre del matrimonio, y el Sr. Belliti, como causahabiente previsor, redactó en tiempo y forma su testamento, dejando a su esposa -mientras viviese- como usufructuaria de la parte indivisa que correspondía a los tres hijos.

1956 Derecha, Carlos Galea; izquierda, Peral; y centro Emilio Gambero y Fco Juan Carrasco

1956 Derecha, Carlos Galea; izquierda, Peral; y centro Emilio Gambero y Fco Juan Carrasco

Para que quedase clara su voluntad, de que los derechos debían de ser iguales para cada hijo, como virtual prueba de semejante participación, estableció en dicho testamento que, para acceder a la herencia, era “conditio sine qua non” que, al tiempo de su enterramiento, cada hijo depositara sobre su féretro, en efectivo, la cantidad de 5.000 pesetas, en presencia del Rabino y de todos los asistentes al acto.
Realizadas todas las formalidades y protocolos, que correspondían, en todos los órdenes, al hecho real de su muerte, quedaba el último, material y doloroso, como era la sepultura. El Rabino tenía a la vista el texto, refrendado por la Notaría, de la voluntad del difunto, y pidió al hijo mayor, que depositara sobre el ataúd, sus “mil duros”, que ya tenía preparados. Abraham así lo hizo. Rogó al segundo hijo que hiciera otro tanto con su parte, y este depositó igualmente otros “mil duros”, esta vez se vio que eran billetes nuevos, extraídos por Mesod aquella misma mañana, de “su cuenta en Banesto”, entidad con la que regularmente operaba la familia.
Finalmente nombró y se dirigió al benjamín, José, para que hiciese lo mismo con su participación. El hombre diligente, resolutivo, dio un paso al frente, y depositó un cheque nominativo, emitido a favor de su padre, por 15.000 pesetas, y a continuación, retiró las “diez mil pesetas en efectivo”, que sobraban de tal pago.
Respecto de la legalidad de tal operación, se formó un revuelo entre los dos hijos que habían dejado el dinero, y el del cheque, dividiéndose también simultáneamente los asistentes, unos estaban a favor, y otros no lo aprobaban. La controversia debía resolverse cuanto antes, pues tenían que concluir la ceremonia. No hubo acuerdo, y ante tal problema, se optó, por la consulta al Gran Rabino, que residía en Barcelona. Tuvieron que llevar el muerto de nuevo a su casa, hasta tanto se conociera la resolución del Superior religioso.
Las llamadas telefónicas a Barcelona se sucedieron sin tardanza, así como las demoras de línea, a las que, por entonces, estábamos acostumbrados. Entretanto, José tenía en su poder las 10.000 pesetas, y el Rabino custodiaba el cheque de Banesto, nominativo, a favor del difunto, por las 15.000 pesetas.
No fue hasta dos días después que, por telegrama, adelantara el Gran Rabino su escrito, donde rubricaba el procedimiento a seguir: “Si los billetes y el cheque eran auténticos, quedaba bajo la conciencia del emisor del cheque, que siempre hubiera en el Banco fondos suficientes, para atender tal orden de pago, porque si esto no se cumpliera, estaban ya escritos, desde hacía miles de años, los castigos y maldiciones que le sobrevendrían”.
Se le dio respetuosa sepultura, junto con el cheque del Banco Español de Crédito. El hecho se publicó en medios de la época, con alabanzas a la sagacidad que había demostrado José, emulando las cualidades y virtudes de su antepasado, homónimo, en tierras faraónicas del mismo Continente.

Para Antonio Barce. De Francisco J. Carrasco Molina. 30/3/15

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