Archivo de la categoría: LARACHE – CREADORES Y ARTISTAS LARACHENSES

LA LEYENDA DE LA-LA MENANA por MARÍA SIBARI

Entrada al Santuario de La-la Menana

LA LEYENDA DE LA-LA MENANA

Creía tener todos los libros de Sidi Mohamed Sibari, y, como ya he dicho otras veces, eso es inevitable siendo como es parte de mi familia. Sin embargo, me di cuenta de que me faltaba uno: “Relatos de La-la Menana” que, por alguna razón inexplicable, aún no había adquirido. Le pregunté a Sibari cómo conseguirlo y hace unos días me llegaba por correo un sobre desde Larache con el pequeño volumen en su interior, y por supuesto con la dedicatoria de mi querido Mohamed Sibari.

Y aunque escribiré un comentario más extenso a su libro, lo que hoy me anima a traerlo es la Leyenda que sobre nuestra patrona de Larache relata al inicio su hija, María Sibari, que con un candor y una sencillez desarmante, en pocas palabras nos desvela su origen y su historia, con los elementos mágicos y legendarios que la rodean. Y como me ha parecido curiosa y muy entretenida, le dije a Sibari que la iba a copiar en el blog; y me contestó: “Sidi, haz lo que te dé la gana”. Y quien lo conoce sabe que esas son palabras de Sibari.

Sergio Barce, marzo de 2012

 LEYENDA

La-la Menana, Patrona de la ciudad de Larache, es hija de Sidi Yilali Ben Abdellah, nacida en el siglo XVI, de la ilustre familia jerifiana de Ulad Mesbah, descendientes del Profeta Muhammad, instalados en la ciudad de Larache desde siglos.

Al cuarto día del nacimiento del Profeta, tiene lugar cada año la romería de La-la Menana a la que acuden grandes personalidades de la ciudad y gentes de todas partes, especialmente de los poblados cercanos a Larache, para celebrar ese día tan esperado por ellos y encender velas en el santuario de esa santa que tanto ayudaba a los pobres y necesitados en su vida, partiendo de la idea de que realizará sus deseos y curará a los enfermos aun estando debajo de su tumba.

Romería de la Patrona de Larache

Cuenta la leyenda que La-la Menana fue dada en matrimonio contra su voluntad a su primo Sidi Tayeb Ben Ezbair. En la noche de boda, y estando a solas, su primo se convirtió en un león, y para escaparse de él, ella se convirtió en una paloma blanca y se paró en una ventanilla de una habitación de Zauia Mesbahía, en que vivían todos los familiares de Ulad Mesbah. Permaneció observándole rugiendo durante un buen rato, luego voló por el aire. Los Ulemas de la ciudad la encontraron más tarde muerta en el lugar donde levantaron su santuario que lleva su nombre hasta hoy en día. Y desde aquel tiempo, la gente visita su tumba para invocar la bendición de esa Santa Virgen.

  María Sibari, Larache, 28 de abril de 2011

Tenéis más información e imágenes en el blog de mi amigo y paisano Houssam Kelai, cuyo enlace permanente lo tenéis a través de este blog, o bien pinchando en:

http://larache-historia.blogspot.com.es/

Santuario de la Patrona de Larache, La-la Menana

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EL 139, un relato del escritor larachense LEON COHEN MESONERO

LEON COHEN

El 139 es un precioso, conmovedor relato de Léon/León Cohen. Ha tenido la generosidad de enviármelo -siendo un relato inédito, su generosidad es aún mayor- para vuestro deleite y el mío. Y además he descubierto que los dos pensamos que Ava Gardner es la actriz más bella del cine.

Sergio Barce

El 139

El 139 no es un número cualquiera. Para empezar, es un número primo y la suma de sus dígitos da 13. Para seguir, el segundo y el tercer dígito son el triple del que les precede. El 139 se  me aparece como un número erguido, elegante, que expresa una cantidad importante, ya sea en años, kilómetros, euros o kilogramos. Además, incluye entre sus dígitos al número 39 y al número 13. El 39 es un número mágico: Sucede al insípido 38, delimita la frontera entre el final de la juventud y el comienzo de la madurez, es un múltiplo de 13, ahí es nada. Para los españoles del siglo XX, el año 39  representa el final de la Guerra Fratricida y el comienzo del Franquismo, y para los europeos, el inicio del segundo desastre mundial. Para los judíos, es el principio de la Shoah, el Holocausto. Todo esto y mucho más encierra el 139.  

Nunca había reparado en ello, pero la Guerra Civil española afectó de manera cruel y determinante a muchos miembros de mi familia. Así, mi madre nunca se hubiera trasladado desde la provincia de Segovia a  Larache, de no haber sido  forzada por una situación económica producto de la guerra, que fue la responsable de una emigración masiva desde los pueblos a las ciudades y a otros países durante los primeros años de la posguerra. La pareja de mi tía Raquel y padre de mi prima Flora, tuvo que escapar a Venezuela y sólo veinte años más tarde pudo conocer a su hija. Mi abuela y toda su familia perdieron a su hijo y hermano Yudá, que además era el sostén y el cabeza de  familia. Puede decirse que la guerra marcó las vidas  de todos estos seres.

Para mí, el 139 era el número de identificación que tuve como interno en Souk-el-Arba entre 1958 y  1962. Era el número que mi madre bordaba por las noches previas a mi partida, con hilo rojo sobre todas mis prendas de vestir y sobre las sábanas. Recuerdo sobre todo el número “impreso” sobre los slips blancos (yo nunca usé los clásicos calzoncillos, que siempre me parecieron “cutres”, al igual que las horrendas camisetas de tirantes, que siempre me recordaron a las que portaba el señor Ortega, padre de mis amigos Antonio y Eduardo, cuando se levantaba de dormir la siesta con un humor de perros y con su insoportable olor, mezcla de sudor y tabaco). El trabajo era arduo y necesitaba de gran paciencia (imaginen la tarea de bordado sobre cada uno de cada par de calcetines)  pero era inevitable, ya que esa era la única manera para la lavandería del internado de  distinguir las  prendas de los internos. Mi madre todavía muy joven y muy guapa (mi madre fue excepcionalmente guapa, era de tez clara, pelo castaño muy denso, tirando a rubio, unos preciosos ojos verdes y un pequeño y bello mentón acompañado de unos labios carnosos y bien delineados, la nariz pequeña pero suficiente, un rostro sin ninguna irregularidad, rozando la perfección), sentada junto a la mesa camilla, bordando el número 139 bajo una luz tenue, en silencio, entretenida, en una tarde noche pre-otoñal de finales de los años 50, en Larache, es para mí  quizás la imagen más  dulce y enternecedora que he conservado de ella. La segunda, de parecido contenido emocional, ya en Algeciras, tiene que ver con su rostro tras los visillos, cuando a las cinco y media de la madrugada, me dirigía a tomar el autobús de la fábrica. Yo siempre miraba hacia atrás antes de doblar la esquina, como para despedirme de ella. Aquel gesto mío, antes de desaparecer, parecía infundirle tranquilidad. Cuando empecé a escribir este relato sobre el número 139, siempre supe que me conduciría inevitablemente al recuerdo de mi madre, ya que ese número pertenece a un tiempo en el que todavía para mí, el amor filial  permanecía inalterado.

Los padres de León Cohen

De ella heredé una memoria que algunos tildan de prodigiosa. De pequeño, ella me recitaba la Canción del Pirata, de Espronceda: “Con cien cañones por banda, viento en popa, a toda vela, no corta el mar sino vuela un velero bergantín. Bajel pirata que llaman por su bravura el temido… “ . O el pequeño poema de Calderón de la Barca: “Bella flor, qué mal naciste y qué fatal fue tu suerte, si al primer paso que diste, te encontraste con la muerte. El quererte es cosa triste, el dejarte es cosa alegre, y el dejarte con la vida, es dejarte con la muerte.” Parece que este pequeño poema, tiene que ver con una flor que se encontró el poeta entre los restos óseos de una vaca. También de Calderón: «Dicen de un sabio que un día tan pobre y mísero estaba que sólo se sustentaba con las hierbas que cogía. ¿Habrá otro -para sí decía-más pobre y triste que yo? Y cuando el rostro volvió halló la respuesta viendo que otro sabio cogía las hierbas que él arrojó.» O me cantaba el romance: “La noche de los Torneos pasé por la morería y vi a una mora lavando al pie de una fuente fría…No soy mora caballero, que soy cristiana cautiva, me cautivaron los moros siendo niña pequeñita…”. Este romance, que yo aprendí de muy pequeño y para siempre, me fue recitado, con alguna variante, por el guarda de una fábrica en Andoain, en los años 80, durante un viaje de trabajo. Para mí fue una grata sorpresa, que alguien compartiera conmigo ese conocimiento.

 Las novelas de Corín Tellado, que ella devoraba con asiduidad, llevaban en contraportada un retrato de los grandes actores y actrices americanos. Así aprendí que Ava Gardner había nacido en 1922 como mi madre, Gary Cooper y Humphrey Bogart en 1901 y 1900 respectivamente. 

AVA GARDNER

Yo me enamoré de Ava Gardner en  Las Nieves del Kilimanjaro, donde actuaba junto a Gregory Peck, vi aquella película en el Coliseo María Cristina de Larache, siendo un mocoso de no más de 6 o 7 años. Para mí, siempre sería el rostro de mujer perfecto, el más atractivo y  acorde con mi idea de la belleza femenina. Mientras este relato se escribe, recuerdo su hermosura incomparable y la  angustia  que atenazaba mi pequeño corazón, cuando Peck la recordaba en una inolvidable escena de la película. Nunca un rostro se hizo más acreedor a la  inmortalidad.

El 139 fue un pequeño interno melancólico, triste y muy tímido el primer año, al principio confuso, por el difícil trance que supuso la separación de su familia, para ir convirtiéndose en los años siguientes en un adolescente rebelde y en un interno experto. Durante esos cuatro años de internado, conoció el valor de la amistad verdadera, aquella que se desarrolla más allá de los juegos, a través de la palabra, la dialéctica y el sentimiento. También conoció el encantamiento que produce el enamoramiento a los quince años. Se inició en el aprendizaje del Algebra y del teatro clásico francés que para él significaron dos descubrimientos importantes. Autores como Corneille, Racine o Molière, siempre serían parte de su bagaje cultural. También accedió a la  práctica de diversos deportes entre los que destacó el fútbol. Profundizó en el habla y la escritura de la lengua francesa hasta convertirla  en su primer idioma, por encima incluso de su lengua materna, el español. Podía recordar como en primero de bachiller, el primer día de clase en que Mme Chambrette le preguntó su nombre y apellido, y cómo él, pronunció: Léon Cohen, acentuando la n de Léon  y dejando muda la de  Cohen. La profesora le corrigió, y desde aquel día siempre pronunciaría la n de Cohen y dejaría muda la de Léon. 

Este relato nació mientras observaba el mar desde la playa, vino a mi mente el número 139, y luego el relato sólo, ha ido viajando de un lugar  a otro, desde mi madre hasta Ava Gardner. Pero un relato no es nada, sino es la expresión de un conjunto  de sentimientos, cuya envoltura son lugares, personas  y paisajes del pasado. Aquellos años y aquellas personas debieron de ser fundamentales en mi educación sentimental, porque en todos mis relatos hay una o varias referencias a ellos. Un retorno a un pasado lejano que trato de recrear, ya que recordar es imitar la vida, en un intento de alcanzar la inmortalidad de aquello y de aquellos a los que recordamos.

                                                                       León Cohen 2011.

León Cohen Mesonero, nació en Larache, y en 1968 se trasladó a España. Es Doctor en Ciencias Químicas y Catedrático de Ingeniería Química de la Universidad de Cádiz. Además de artículos científicos, haber escrito varios libros de textos técnicos y artículos de opinión en el diario “Europa Sur”, León Cohen, en su calidad de narrador, ha publicado relatos en diversas antología como  Caminos para la Paz (C. Ricci, I.López Calvo, 2007, Viajes a Larache (M. Laabi 2007), Calle del Agua (Manuel Gahete y otros 2008), en revistas como “Tres Orillas” y “Entrerríos”.
Es autor de los siguientes títulos: “Relatos robados al tiempo” (2003. Editorial: www.librosenred.com), “Cabos Sueltos” (2004. Editorial: www.librosenred.com  y edición en papel del autor). “La Memoria Blanqueada” (2006. Editorial: Hebraica de Ediciones Madrid. www.libreriahebraica.com), y también es coautor de “Ufrán (2010. Hebraica de Ediciones, Madrid). «Cartas y Cortos» es su último libro, publicado en 2011. (Más información en este mismo blog)

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EL RAISUNI, ALIADO Y ENEMIGO DE ESPAÑA, un libro del escritor larachense CARLOS TESSAINER

El Cherif Raisuni con su hijo

Una de las figuras históricas que más me han fascinado siempre de Marruecos ha sido El Raisuni. Tanto, que escribí una novela de aventuras (aún inédita) titulada “Yebel Alam” inspirándome en este personaje contradictorio y polémico.

Luis María Cazorla lo ha utilizado también en su novela “La ciudad del Lucus”, de la que podéis encontrar información en este blog (artículos aparecidos el 9 de febrero y 21 de marzo de 2011), y que también aparece en su nueva novela, de próxima aparición: “Los asesinatos de Cuesta Colorada”. Su retrato del Cherif y su relación con el general Silvestre es magnifico, desvelando de manera novelada los detalles de la larga lucha que mantuvieron ambos personajes históricos.

Pero probablemente el trabajo más profundo que se ha realizado sobre Muley Ahmed El Raisuni sea el libro de ensayo histórico “El Raisuni, aliado y enemigo de España” del escritor también larachense Carlos Tessainer y Tomasich.

Este libro, editado en Málaga por Algazara en el año 1998, desmenuza la vida de El Raisuni desde su nacimiento hasta su muerte con una profusión de datos deslumbrante, que demuestra el trabajo concienzudo y detallista de Tessainer. Con su lectura asistimos a la evolución de un personaje que primero fue un hombre romántico y aventurero y que, con los años, se convirtió en un bandolero que se vendía al mejor postor. Al igual que Cazorla, la relación entre Raisuni y Silvestre ocupa una parte importante del ensayo.

“…sus temores ante la campaña antirraisunista llevada a cabo por inspiración de Fernández Silvestre, eran fundados. Notables marroquíes como Dris er Riffi (antiguo jalifa del Cherif) y Hadi Abd es Selam Tazi, llevaban con buenos resultados la campaña política de desprestigio contra Muley Ahmed, propalando entre las cabilas la creencia de que El Raisuni, con el apoyo alemán, sólo luchaba en beneficio propio; le acusaban también de traidor, de pactar con los cristianos, de quienes había recibido un anticipo de veinte mil duros y quienes acabaría entregando todo Marruecos.

Muley Ahmed El Raisuni a caballo

Esta creencia cobró sobre todo fuerza en el sector norte de las cabilas de Yebala (Anyera, Beni Ider, El Haus y Uadrás). Con ellos se refugió el emir Abd el Malec Mehidim; cuando El Raisuni pretendió que se uniera a él se negaron, afirmando su independencia frente al Cherif.

Estas cabilas obedecían al todavía sultán de la rebeldía Sidi al Hassan.”

Hay una extensa bibliografía que Carlos Tessainer hilvana para contar cronológicamente la evolución de los acontecimientos políticos que jalonan la trayectoria de El Raisuni. Curiosamente ahora me parece que ambos libros, este ensayo histórico y la novela de Luis Cazorla, se entrelazan de una manera singular, y entre estos dos autores larachenses reconstruyen el universo raisuniano: uno como investigador, otro como narrador. Y gracias a estas obras conocemos al detalle, a los fuertes cimientos históricos que sustentan a ambas, la vida y avatares de uno de los mitos de la cultura marroquí.

“…El 25 de septiembre de 1915, en el aduar Jolot (cabila de Beni Gorfet), fue firmado un pacto secreto entre Muley Ahmed y el Gobierno español (representado por Juan Zugasti y Emilio Barrera).

Raisuni

(…) en el pacto se llegó a una fórmula según la cual Muley Ahmed reconoció al Jalifa y su Majzen, de quien se consideró funcionario, pero nada más. Como dato curioso añadir que por el pacto el Cherif, como prueba de sinceridad, envió en calidad de rehenes para que vivieran en Arcila a una de sus mujeres con el hijo de ambos, a los que acompañaron una esclava y dos criadas. Llegaron a la mencionada ciudad a fines de septiembre de 1915, permaneciendo allí hasta principios de febrero de 1919, en que nuevamente se produjo una ruptura de relaciones con él.

Como en situaciones precedentes, antaño con el sultán ahora con las autoridades españolas, siempre que pactó salió fortalecido. Ya se ha visto cómo, a pesar de su innegable poder, su liderazgo era bastante discutido. Tanto la acción de Sidi el Hassan como la política de Fernández Silvestre, redujeron considerablemente su prestigio.

Mas ahora, un Gobierno español empeñado en poner fin a las hostilidades para acabar con una guerra nunca deseada, para iniciar realmente el ejercicio del Protectorado, para garantizar la total neutralidad española en la I Guerra Mundial; y sobre todo el asesinato de Ali Akalai, precipitaron unas negociaciones de las que el Cherif obtuvo armas, dinero y un pequeño ejército bajo su control pagado por España. Se constituyó de nuevo en autoridad del Majzen y su poder semiindependiente, difícilmente podría ser frenado en el futuro…

El libro de Carlos Tessainer es profuso en documentación, un detallado recorrido histórico que nos lleva hasta la muerte del Cherif El Raisuni siendo prisionero de Abd el Krim. Un manual imprescindible para quien desee conocer al Cherif y la época en la que vivió.

Carlos Federico Tessainer y Tomasich vivía junto a mi casa, en el Balcón del Atlántico. Yo apenas le recuerdo, pero mis padres le guardan mucho cariño. Próximamente dedicaré un artículo sobre sus magníficas novelas ambientadas en Larache, y hablaré de Carlos Tessainer como escritor larachense.

Sergio Barce, marzo 2012

Sean Connery como Muley Ahmed El Raisuni en «El viento y el león» (1975)

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LARACHE vista por… el poeta MOHAMED MAMOUN TAHA «MOMATA»

 MOMATA  De Ksar el Kbir (Alcazarquivir) pero hijo adoptivo de Larache, es el poeta Mohamed Mamoun Taha “Momata”, autor, entre otros libros, de Lágrimas de una pluma (Editions Marocaines et Internacionales – Tánger, 1993), aunque también se editó en Larache, o Susurros (Imprenta Najah El Jadida – Casablanca, 1995).

    Tras vivir en Aislah, Momata estudió arquitectura en la Universidad Politécnica de Madrid. Desde siempre, cultivó la poesía. Comenzó publicando en la prensa marroquí de expresión francesa, que aceptó curiosamente sus poemas escritos en español, y después lo hizo en las páginas en español de L’Opinion (Rabat) y en el periódico La Mañana (Casablanca). Tras instalarse definitivamente en Larache, esta ciudad y la de Asilah, se convierten en sus máximas fuentes de inspiración. Influenciado por la poesía española, Momata es uno de los poetas marroquíes más importantes que han escrito su obra en castellano. La muerte, el paso del tiempo y el cansancio, las ausencias, la amistad… son los temas recurrentes de su obra, así como el amor o su visión de temas actuales del momento. No tuve la oportunidad de conocerle personalmente, pero mantengo una entrañable amistad con su hijo con el que, cuando nos vemos en Larache, mantengo largas charlas sobre los problemas de la ciudad y su decadencia…

    En cualquier caso, hoy traigo el poema que escribió a Larache, en concreto a las ruinas del Hospital Guebibat, y que Mohamed Mamoun Taha «Momata» tituló

  DESPOJOS DE UNA SILUETA

…Ya los vientos aúllan

en tus oscuros corredores,

las lluvias se derraman

sobre tus azoteas,

y las ventanas

por donde se asoman

los años fatigados,

la telaraña ha tejido

sus tupidas cortinas…

Tu maltrecho torreón

de donde se ve el Lucus

con sus aguas dormidas

y las olas del mar

al besar la orilla;

hoy, todo es agonía

cual náufrago solitario

que tiende sus brazos a la nada,

mientras el tiempo

con mano despiadada

arranca sus almenas

para esconderlas luego

en la sombra del olvido.

Tus indefensas ruinas

donde el tiempo, con saña,

va ahondando las heridas,

y tu figura gris

asomada al vacío

cual piedra caballera,

que desaparece

durante la noche

y se vuelve a erguir

con la aurora;

se irán al mar un día

dejando en su lugar

una marcada huella

de ladrillos y argamasa.

Cuando miro de frente

los despojos de tu silueta

que aún los años mecen,

me inunda la tristeza.

Quisiera ver un día

borrarse tu remanente

de silencio y agonía,

arrojando tu historia

a los abismos del olvido

que Larache no llorará

por tan poca cosa.

      Como digo, no llegué a conocerlo, pero en el año 2006, en el transcurso del II Festival Musical de Larache y Terceras Jornadas Culturales, que organizamos “Larache en el Mundo”, “Larache Al Mada” y la “Asociación Al-Khazaba”, rendimos un merecido homenaje, tanto a Momata como al otro poeta larachense por excelencia: Dris Diuri. Y me siento orgulloso de que lo hiciésemos.

 Sergio Barce, marzo 2012

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PASEANDO POR LARACHE, un relato mano a mano de LEÓN COHEN y SERGIO BARCE

Larache – foto de Javi Lobo

Hace unos días, le propuse a León Cohen escribir algo a medias, accedió, y finalmente nos ha resultado una especie de relato-diálogo sobre los recuerdos, Larache y cómo nos ha marcado nuestro pueblo, para bien y para mal. Como todo primer experimento, es imperfecto, pero probablemente sea el germen de algo mejor que está por llegar. Es una conversación que pudo transcurrir durante un paseo por el Balcón del Atlantico o tomando una cerveza en el Bar Central. En esta charla, entre informal y estructurada, dos larachenses, opinamos, recordamos, discrepamos, viajando desde la nostalgia hacia la más patente realidad, y no dejando nunca de manifestar nuestro gran cariño por el pueblo que nos vio nacer y crecer.

Lo hemos titulado PASEANDO POR LARACHE

León: ¿Recuerdas Sergio cuando me reservaste en diciembre de 2004 una habitación en un pequeño hotel en el Zoco Chico? Subí  las escaleras y la cosa no me agradó nada, sobre todo por la humedad y más que por la humedad por la sensación de humedad. El dueño del hotel, un francés insípido del que no recuerdo casi nada, me comentó, el muy osado, que si yo ignoraba que Larache era junto a Londres la ciudad con mayor humedad. El tipo era doblemente ignorante: desconocía que yo era larachense  y que además era químico físico, es decir que me dedicaba entre otras cosas a explicar  que era eso de la humedad relativa. Recuerdo que me sentí agredido por aquel individuo, que con sus palabras me estaba robando sin saberlo, mi identidad y mi pasado. No le conté nada de lo que ahora te digo, le dije simplemente que lo sentía mucho y que desconocía eso que me decía y me despedí.

Sergio Barce y León Cohen durante las jornadas de Diciembre de 2004, con Abdellah Djbilo, Mohamed Laabi, Mohamed Akalay y Mohamed Sibari

Sergio:Lo recuerdo perfectamente. Tuve que buscarte con urgencia otro sitio, creo que al final os alojé en el Hotel Essalam, en la avenida Hassan II. No es gran cosa, pero el conserje, Abdeslam, es una persona fantástica, de esos que sabes que no tienen maldad y es él el que compensa las carencias del establecimiento. Lo cierto es que me desilusionó el incidente porque había escogido con mucha intención el otro lugar porque estaba en el Zoco Chico y porque, además, tiene desde la terraza una vista deslumbrante de todo Larache, pero noté en tu rostro que no era de tu agrado y se solucionó. Luego, traté por todos los medios que os sintierais bien durante el encuentro que, por cierto, deparó instantes muy emocionantes. Pero desconocía lo que cuentas, y entiendo lo que dices. Creo que a todos nos han ocurrido pequeños detalles como ése, y que nos han dolido.

Sergio Barce con Amado, subidos a uno de los leones de las Hespérides

Ese sentimiento del que hablas lo he experimentado cuando he tratado de hacer alguna gestión en Larache con la asociación, queriendo montar algún acto o encuentro cultural –que siempre ha tenido como objetivo dar a conocer a los creadores larachenses, de cualquier ámbito-. Recuerdo al anterior alcalde que me citó en una estación de gasolina en vez de en la Baladiya, yo estaba muy entusiasmado intentando que colaborasen para levantar el festival de música, y también me esforzaba por hacerle comprender que nuestro objetivo era defender el patrimonio cultural larachense (creo que pensaba que le hablaba de la herencia española, cuando lo que siempre hemos defendido es el conjunto de la historia del pueblo, desde las ruinas romanas de Lixus hasta la huella árabe, desde las sinagogas e iglesias hasta las mezquitas y zagüías, los castillos, los inmuebles con valor arquitectónico, todo, porque todo el conjunto es lo que hace singular a Larache). Pero pese a mi pasión, le recuerdo mirando el reloj cada dos minutos, como si oyera llover. Noté que poco a poco mis palabras se fueron diluyendo, sabía que todos los proyectos que le estaba exponiendo le importaban un bledo, y me sentí desengañado y muy desilusionado, aunque luego terminamos por montar por nuestra cuenta y con la ayuda de otras asociaciones locales todos los eventos musicales, literarios y pictóricos que  pusimos en marcha durante casi cinco años. Pero te digo una cosa: el sentimiento que albergamos sobre Larache es insobornable. Te puedes llevar muchas desilusiones, pero nunca muere, siempre lo superas porque las raíces son profundas. Hay centenares de larachenses que nunca volverán porque ya no reconocen a la ciudad… No hablo sólo de larachenses españoles, también de marroquíes. Te cuento una anécdota: a finales del pasado año llegó una mujer marroquí a mi despacho, en Torremolinos, y me dijo que tenía un asunto relativo al negocio que tiene con su marido, viven en Londres y querían que les hiciera unas gestiones; el caso es que me dijo que venía a verme porque alguien le había dicho que yo era de Larache y que era un abogado que trataba con mucha deferencia y afecto a la gente de allí, y que ellos eran también larachenses… Y entonces comenzamos a hablar de la playa, del río, de las calles, y en algún instante, cuando reconocíamos que la ciudad cada vez está peor cuidada y deteriorada, me dijo que echaba de menos la ciudad en la que ella creció, lo bonita que era Larache con sus jardines, y que ya había decidido no volver nunca más porque le daba mucha pena ver cómo estaba desapareciendo la ciudad de su niñez; entonces se puso a llorar. De verdad que me emocionó ver cómo se le llenaban los ojos de lágrimas compartiendo esos recuerdos comunes y el dolor por lo que se ha perdido irremediablemente. Y añadió, con la voz temblorosa, que sólo volvería el día que muriera su padre para acudir a su entierro. Y ya no pudimos continuar hablando.

León: Hemos escrito mucho sobre Larache y sobre la generación de nuestros padres, sobre aquellos hombres que nos parecían gigantes, luchadores e inasequibles al desaliento. Aquella generación de superhombres que poblaban nuestro pueblo y nuestra infancia, algunos de cuyos nombres y apellidos todos llevamos impresos en nuestra memoria. Pero como un día me comentó una amiga, hemos hablado y escrito muy poco de nuestra generación, de la generación siguiente, aquella que vivió su infancia y adolescencia y que sin saber ni cómo ni por qué, un buen día casi por sorpresa, tuvo que abandonar su pueblo, sin comerlo, ni beberlo, y peor aún, sin esperarlo. Creo que esta es la ocasión para recordarlos y recordarnos. Nombres o apellidos como Serna, Ochoteco, Caravaca, Cuqui Ros, Padilla, Romualdo Fernández, Simón Abecasis, Maír Benarroch, Elías Benguigui, Abdeslam, Mustafa Amiar, Tuito y Joaquin Aiselá, Filali, los hermanos Amselem, Santiago Hernández, el inefable Sibari y tantos otros…

Sergio: Eso es verdad, León. Pero quizá lo hacemos como homenaje a nuestros padres. Incluso en las fotografías que estamos colgando en el blog (muchas de ellas me las has mandado tú), ocurre lo mismo, son de generaciones anteriores. Pero trato de incluir las de la tuya y la mía, porque deseo crear un álbum intemporal, intercultural, intergeneracional. Recuperar, como dices, a esas otras generaciones posteriores. Y aunque hay una pequeña diferencia de pocos años entre tú y yo, cuando éramos niños esos pocos años eran casi insalvables, nosotros éramos los mocosos y vosotros los jóvenes que se comían el mundo… Los nombres que citas los conozco pero para mí eran los mayores, y me relacionaba más con los que os seguíamos: Juan Carlos Palarea, Lotfi Barrada, Juan Yankovich, José Gabriel Martínez Yepes, Marina López Matres, Conchi Lama, Gabriela Grech, Luisito Velasco, Yamila Yacobi, Pablo Serrano Morón, José María López Garry… Pero en definitiva, todos estamos unidos por el mismo lazo, el de Larache, y este lazo se ha ido consolidando con los años, me parece genuino y diferente, porque no he conocido a nadie que hable de su pueblo con tanta pasión y cariño como lo hace la gente de Larache.

Dime, León, ¿qué sientes cuando regresas y ves la silueta de Larache perfilándose a lo lejos?

León Cohen y su hermano David en el espigón

León: Mi distanciamiento de Larache empezó en 1958, con apenas once años. Sin embargo y aunque parezca una contradicción, aquella situación convirtió a mi pueblo en más próximo, lo interioricé muy pronto y siempre deseaba volver. Entre 1958 y 1964, siempre estuve “volviendo” a Larache, a mi casa, viniendo de Zoco el Arba o de Rabat, en cuyos internados respectivos pasé casi siete años. Solía reencontrarme con mi pueblo en Navidad, Semana Santa y para las vacaciones de verano. Puedo por lo tanto afirmar, que desde muy pequeño, volver a Larache fue para mí un deseo constante, casi una necesidad, y que siempre me produjo gran placer. Yo tengo dos recuerdos imborrables llegando a Larache: Uno por las salinas y las ruinas de Lixus, viniendo de Tánger o de Tetuán y otro por la fábrica de harina y Santa Barbara. Ambas entradas confluían en Cuatro Caminos. Pero hay en mi memoria un recuerdo aún más entrañable si cabe, que  era cuando se hacía de noche y al llegar al Crinda viniendo de Tánger (no sé si lo escribo correctamente)  ya se divisaba el destello del faro de Larache, recuerdo muy bien que eran destellos alternos, un primer destello y pasados unos segundos dos destellos seguidos. Esos destellos nos indicaban la proximidad de nuestro pueblo.  Era nuestra referencia nocturna.

En cuanto al sentido de tu pregunta Sergio, pasados cuarenta y siete años, tengo que decir, que aunque mi pueblo no dejará nunca de serlo, como lo siguen siendo mi infancia y adolescencia, mi deseo de volver ya se ha secado, ya no existe, ya dejó de ser hace mucho tiempo.   

Sergio:  He tenido que rumiar tu contestación. Me ha producido un efecto extraño, aunque ya me lo habías dicho de palabra alguna vez, pero leerlo ahora de nuevo, ver que tu deseo se ha “secado”, como dices, de verdad que me ha desolado. Y no eres el único larachense que lo dice… Pero al leerlo o al oírlo se me encogen las entrañas, me invade una sensación de frustración o de devastación. Me rebelo contra las causas que lo provocan, aunque no sirva de nada hacerlo, porque aún, después de tantos años, sigo sin comprender ese proceso de arrasar como sea el viejo Larache que hace que sus hijos se sientan extraños en su pueblo… Hay como una maquinaria lenta pero irrefrenable que apisona la ciudad en la que varias generaciones han crecido. Qué sería de Marrakech si construyeran sobre la plaza Jamma  el Fna, de Córdoba si tirasen la Mezquita, o si en Fez decidieran que la Medina va a convertirse en un nuevo barrio residencial… Larache es la única ciudad que conozco en la que sistemáticamente sus responsables van derribando su propia historia. Los edificios que se levantan en lugar del Teatro España, del Teatro María Cristina /cine Coliseo, los que han enterrado el Cine Ideal, el antiguo Casino, las villas del Balcón, los viejos edificios de principios del siglo XX… Todos ellos catalogados como inmuebles de especial protección…  Menuda ironía. Quizá porque fueron declarados patrimonio de los larachenses fueron abatidos. Pero siendo todo esto verdad, y aunque, te confieso también, sea cada vez más duro regresar por estas mismas razones, también te digo que volver te hace conocer a más larachenses que residen allí y que te abren sus puertas, como siempre han hecho, y a mí, personalmente, me hacen sentirme en mi casa, de nuevo en mi casa.

Una de las veces que estuve en Larache durante las jornadas que hacíamos en verano, recuerdo que caminaba por el callejón que linda con el viejo conservatorio de Don Aurelio y la iglesia, donde ahora está la oficina de Majid Yebari, y que comunica las avenidas Hassan II y Mohamed V. Iba pensativo, después de un día agotador tras una de las actividades, y de pronto se me acercó una chiquilla, no tendría más de doce años, con un pañuelo celeste en la cabeza, y con una sonrisa esplendorosa. Me tocó el brazo y me alargó una postal de Larache, de las que venden en los quiscos, y me dijo que me la regalaba porque había estado en el festival y me había escuchado hablar de Larache y quería que me llevara un recuerdo de mi pueblo. En ese instante, olvidé el cansancio, la presión, los problemas de las jornadas, y tras ver cómo se alejaba sin dejar de reír guardé la postal como si fuera el mejor regalo que podían hacerme. Ese gesto lo compensó todo. Y ese tipo de gesto, me reconcilia con Larache, aunque sólo sea gracias a su gente, la más modesta casi siempre, porque es en ellos donde aún queda algo de ese Larache que nos ha marcado tanto.  Pero fuera de eso, quizá todo se está perdiendo.

León: Ni quería, ni deseo que este paseo se convierta en un paseo por la nostalgia o la melancolía. Este ha de ser un paseo por el realismo. Por mera casualidad, nacimos en un país colonizado, en pleno Protectorado Español y sufrimos las consecuencias.  Contemplada desde la perspectiva del tiempo transcurrido, creo que la colonización fue a pesar de todo un hecho globalmente positivo para Marruecos. Tanto en el norte como en el sur quedaron unas ciudades, unas infraestructuras viarias, y una estructura cultural innegables. El nuevo Larache, aquel que nació a partir de 1911, fuera de la Medina y de la Calle Real, y que alcanzó su máximo esplendor durante nuestra infancia, el Larache que nosotros conocimos, fue una ciudad arquitectónicamente atractiva. Nadie puede negar que la Plaza de España, era y sigue siendo, como poco única.  Tuvimos la suerte de vivir en una ciudad bendecida por la naturaleza, una naturaleza generosa. Cuando la abandonamos, nunca mejor dicho, la dejamos al libre albedrío de sus nuevos dirigentes. Parece que con un criterio muy miope, algunos de estos se dedicaron a borrar toda huella del colonialismo español  y el resultado es el que es. Así de simple. Pretender darle una vuelta de tuerca a la Historia para recobrar lo ya destruido es una pretensión ilusa y vana, por muy bien intencionada que parezca.  Creo por lo tanto, que recordarla a través de nuestros libros y relatos, es la mejor manera de enaltecerla y mostrarla a aquellos que no la conocen. Nos queda siempre la esperanza de que algún día la bella Lixus volverá a recobrar su esplendor, porque nada ni nadie podrán alejarla de ese sol y de ese mar incomparables. Salud amigo Sergio.

Sergio: Beslama, amigo León.

 Por León Cohen Mesonero

& Sergio Barce Gallardo

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