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MAX VON SYDOW Y MI LABERINTO

Tras la muerte de Kirk Douglas (y no me olvido de la también reciente de José Luis Cuerda), los clásicos van desapareciendo de forma inexorable y ya casi de manera continuada. Hoy ha fallecido el actor sueco Max Von Sydow. Y él tiene mucho que ver con la novela corta que publiqué el pasado año con Ediciones del Genal y Mitad Doble: El laberinto de Max. Y es que, mientras escribía, me imaginé desde el primer momento que mi personaje de Max tenía los rasgos y el físico de Max Von Sydow, a quien tanto he admirado, y por eso le di su nombre.

«…Subamos, me invita Max. Y yo lo sigo. Su espalda, efectivamente, parece la de un hombre cansado. Pero continúa siendo Max Bazlen. El exorcista. Así lo llamaban mis compañeros. Decían que se parecía al protagonista de la película. Para colmo, su nombre es Max, como el de Max von Sydow. Hoy, por fin, compruebo que tenían razón. Espero que ahí arriba no trate de expulsar al demonio que llevo dentro…»

(Fragmento de la novela El laberinto de Max)

EL LABERINTO DE MAX

Como bien apunto con otras palabras en ese libro, Max Von Sydow fue y será siempre el padre Merrin de la inolvidable película El exorcista (The exorcist, 1973) de William Friedkin; un personaje que marcó a nuestra generación.

Pero Max Von Sydow ha sido mucho más que eso. Durante los años que fui asiduo al Cine Club Universitario y a la Academia Kaplan, en Málaga, se convirtió en uno de los actores que más nos  hacía pensar tras las proyecciones de los films de Ingmar Bergman, desde El séptimo sello (Det sjunde inseglet, 1957) (me niego a hacer cualquier referencia a la mítica partida de ajedrez a la que todos se están remitiendo en todos los artículos que se publican en todos los periódicos que dedican alguna página a su muerte, y no lo hago por simple hartazgo), pues bien, como decía, desde esa película hasta La carcoma (The touch, 1971), Bergman y Von Sydow eran como uña y carne, como si el actor fuese la encarnación del realizador. Su colaboración convirtió a Max Von Sydow en uno de los intérpretes europeos más reputados, y ha seguido siéndolo durante casi siete décadas, que no es moco de pavo. Y es que la sola presencia de Sydow llenaba la pantalla, aunque actuara como intérprete de reparto, daba igual. Como muestra, un botón: su inquietante presencia secundaria en la trama de Los tres días del cóndor (Three days of teh condor, 1975) de Sydney Pollack, actuando junto a Robert Redford y Faye Dunaway, fue inolvidable y le daba un toque más sofisticado a la conspiración que se desarrollaba en pantalla.

Fue un actor que elegía bien sus papeles, y su facilidad para los idiomas hizo que actuara en distintas cinematografías sin ninguna dificultad, (dejando aparte las cintas ya mencionadas) desde la sueca, participando en otros títulos de Ingmar Bergman tan celebradas como El manantial de la doncella (Jungfrukällan, 1960), por mencionar una, hasta la americana, con títulos como La historia más grande jamás contada (The greatest story ever told, 1965) de George Stevens, La carta del Kremlin (The Kremlin letter, 1970) de John Huston, Hannah y sus hermanas (Hannah and her sisters, 1986) de Woody Allen, Minority Report (2002) de Steven Spielberg o en Shutter Island (2010) de Martin Scorsese; en la cinematografía gala, donde destaca su papel en La muerte en directo (La mort en direct, 1980) de Bertrand Tavernier; y pasando por cintas danesas como Pelle el conquistador (Pelle erobreren, 1987) de Bille August; españolas, en la estimable Intacto (2001) de Juan Carlos Fresnadillo; en films alemanes como Hasta el fin del mundo (Bis ans ende der welt, 1991) de Wim Wenders, e incluso una coproducción rodada en Marruecos dirigida por el realizador Souheil Ben-Barka, titulada Les amants de Mogador (2002).

max von

Su elegancia y su calidad interpretativa hacía que también contaran con él en superproducciones: Conan (1982) de John Milius, Dune (1984) de David Lynch, Robin Hood (2010) de Ridley Scott, Star Wars., Epidosio VII (2015) de J.J.Abrams o en Juego de Tronos (Game of Thrones, 2019) para televisión. Lo incluían en ellas porque les regalaba un toque de qualité, porque era impresionante y porque arrollaba. 

Von Sydow pertenece a esa generación asombrosa de los treinta: Clint Eastwood, Michael Caine, Sean Connery, Gene Hackman, Christopher Plummer… Vaya lista de monstruos de la interpretación.

De entre sus últimos trabajos, además de la sobriedad que usó en su papel para la mencionada Minority Report, el que probablemente me ha sobrecogido más es el que hizo para La escafandra y la mariposa (Le scaphandre etle papillon, 2007) de Julian Schnabel. Hermosísima película en la que su saber estar me emocionó.

Nos escribíamos mi hijo Pablo y yo esta mañana al saber la noticia, y le dije que si un día llegábamos a rodar El laberinto de Max (hemos comentado ya que de esa novela podría salir un guión precioso) ya no podríamos tener a Max Von Sydow para ese papel. Una lástima no contar ya con su presencia si ese sueño un día llegara a cumplirse. 

Sergio Barce, marzo 2020

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FOTOS DE CINE 5

En 1968, a los productores se les ocurrió que un buen filón sería rodar un spaghetti-western, en plena eclosión, pero con un realizador de peso y con dos de los actores más taquilleros del momento que, además, poseían un irresistible atractivo sexual. Resumiendo: querían un cóctel explosivo. De manera que contrataron a un realizador del Hollywood clásico, Edward Dmytryk, que había dirigido obras tan estimables como Encrucijada de odios (Crossfire, 1947), por la que fue nominado al Oscar, El motín del Caine (The Caine mutiny, 1954) o El hombre de las pistolas de oro (Warlock, 1959). Y como pareja protagonista eligieron a Sean Connery, en su apogeo como agente 007, y a Brigitte Bardot, la sex-symbol de los sesenta por antonomasia. Y se fueron a rodar, obviamente, a Almería. De ahí que entre los intérpretes aparezca un joven Julián Mateos, pero con un papel de relevancia. El resultado fue una película muy poco conocida titulada Shalako, que no es nada del otro mundo, pero sí una perla extraña en el universo del spaghetti-western. En opinión de Terenci Moix, lo único salvable del film era la presencia de Connery. Y lo corroboro. Porque, como ocurriera en otros títulos de su carrera, siempre supo salvarse de las quemas.

Durante los descansos del rodaje, la mayor parte localizado en el desierto de Tabernas en Almería, pero con escenas filmadas también en  unos estudios de Inglaterra, se tomaron varias fotografías de los dos protagonistas, como la que cuelgo a continuación. La verdad es que irradiaban sensualidad.

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Sean Connery y Brigitte Bardot en un descanso durante el rodaje de SHALAKO

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HASTA PRONTO, TETUÁN

El coronavirus acaba de dinamitar la presentación de mi novela Malabata en Tetuán. Estaba previsto para el próximo jueves, 12 de marzo, en el Instituto Cervantes, algo que veníamos pergeñando Lola López Enamorado, Abderrahman El Fathi y yo desde hace semanas, pero el virus se ha adueñado de muchos de nuestros deseos. El Gobierno de Marruecos ha prohibido desde ayer hasta final de este mismo mes de marzo todos los eventos con participación extranjera, incluidas las conferencias, reuniones culturales o deportivas, cualesquiera que sean. Y ahí estoy metido, en ese saco de «visitante extranjero» y supongo que «potencial» transmisor. El fin de semana pasado estuve en Tánger, y parece que hace apenas cinco días no era tan peligrosa mi presencia. Ahora nos toca esperar. Eso sí, como me cruce por la calle con el puñetero coronavirus, le voy a decir unas cuantas cosas a la cara. ¡Mira que fastidiarnos este reencuentro en Tetuán!

Pero como dice Abderrahman El Fathi, ya lo intentaremos de nuevo… 

Malabata cubierta frontal 

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