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LA FRONTERA LÍQUIDA Y MEHDI MESMOUDI

El libro La frontera líquida. Estudios sobre literatura hispanomagrebí, editado y coordinado por José Sarria y Manuel Gahete, y publicado por Tirant Humanidades (Valencia, 2019), se recogen todas las ponencias y estudios presentados en el Congreso celebrado en Córdoba en el mes de noviembre de 2019, en el que tuve la fortuna de participar. Continúo ofreciendo extractos de cada uno de los artículos recogidos en este volumen.

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El tercero que os traigo es la ponencia del profesor de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (México) Mehdi Mesmoudi, texto con el que arranca el volumen, y que tituló La literatura marroquí en lengua española desde la transhispanidad literaria, del que extraigo los siguientes párrafos: 

“…Hablar de este Marruecos en lengua española ya es un acontecimiento en la crítica. Me refiero, por un lado, a un cuerpo social, intelectual, cultural y político que se encarga de pensar y discutir las cuestiones relacionadas con el mundo hispánico; y, por otro, a un imaginario de creencias, mitos, hábitos y costumbres que dan cuenta de este vínculo y traza en el aire <una comunidad del espíritu y de la sangre, del verbo encarnado> (Nicol, 1998 -1961-) y hace visible un ethos común. Al referirme a ambas nociones de este <cuerpo>, señalo un lugar desde donde se articula y se despliega esta serie de relatos de distinta índole que pretende sumarse al mundo de lengua española y su geodiscursividad; es decir, una sensibilidad particular asociada a dicha lengua, sus registros socio-semánticos y sus múltiples referencias geohistóricas, culturales y políticas.

Este Marruecos en lengua española es producto de tres fenómenos intelectuales, culturales y políticos que se pueden enumerar a continuación. El primero alude a la extensísima literatura en lengua española -y agregaría, europea y estadounidense- cuyo escenario es Marruecos; es decir, la producción literaria orientalista y africanista. El segundo se refiere al hispanismo en su vertiente diplomática durante las dos últimas décadas de la etapa protectoral y, en su vertiente académica, en el contexto del desarrollo de los departamentos de lengua y literatura en los ochenta y la consolidación de la investigación en los noventa. El tercero apunta a la literatura marroquí en lengua española que tiene lugar por allá de los años sesenta y se ha sofisticado en los ochenta. Estos tres discursos han forjado en el imaginario tanto intelectual como cultural una región atípica que es el Marruecos hispánico o de lengua española, ligado a su idiosincrasia, sus usos y costumbres, hábitos y prácticas, sus formas abigarradas de estar en el mundo…”

Continuará con los siguientes ponentes.

Sergio Barce, enero 2021

MEHDI MESMOUDI
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LARACHE – ESTAMPAS DE SU HISTORTIA 22

Sigo recopilando fotografías de Larache del pasado siglo. De nuevo uso material de las páginas de Radio Larache, Larache Archives, Manolo Alarcón, HHH y José Ruiz Aguilar, entre otros.

Aquí tenemos nuevas imágenes de principios del siglo XX donde vemos los cambios que se iban produciendo en la ciudad, tanto en la plaza de España como en la avenida Mohamed V, Hassan II, el Balcón o el Zoco Chico, así como otras vistas de otros rincones de Larache.

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Palacio de la Duquesa de Guisa
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«LA ENFERMEDAD DE ESCRIBIR», DE CHARLES BUKOWSKI

 

Cuando formaba parte del Taller de Narrativa que, durante los años de Universidad, dirigía el dramaturgo y poeta Miguel Romero Esteo, recuerdo que nos insistía que, entre otros narradores, leyésemos a Charles Bukowski. Para mí fue como entrar en otra dimensión. Sus novelas y sus relatos iban contracorriente. Hacía apenas seis años que había muerto Franco y nuestras ansias de libertad y de descubrir todo lo que había estado prohibido o censurado nos caía en avalancha, y Bukowski era como romper con muchas cosas. Transgresor, outsider, molesto, provocador. Me encantaban sus textos, escritos como se respira, línea tras línea sin tomar aire, diciendo las cosas como son, sin tapujos, sin subterfugios, sin necesidad de usar metáforas cursis o rebuscadas. Hablaba del sexo igual a como se bebía sus cervezas. Algunos de sus relatos me han hecho llorar de risa. Bukowski siempre en mi biblioteca, mirándome con su cara de boxeador machacado, vigilándome para que no baje la guardia, para que no ceda, para que no me venda.

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Anagrama acaba de editar La enfermedad de escribir (On writing), que se publicó en 2015 en Nueva York, libro que recoge cartas y dibujos que Charles Bukowski envió a editores, críticos y escritores y poetas desde 1945 a 1993, en las que habla del oficio de escribir, de la poesía, de la narrativa, de las penurias que pasaba para ver alguno de sus escritos publicados, sus pensamientos sobre autores consagrados, sus experiencias con los editores y críticos, sus cambios de humor, su desesperanza o sus ilusiones…  

“ (Extracto de carta de fecha 5 de agosto de 1963 a Marvin Malone, editor de Wormwood Review, que publicó la poesía de Bukowski en casi cien números de la revista)

Subí las escaleras con el sobre pesado y pensé que habrías rechazado los poemas, que seguían allí dentro, es tan duro como hacer que los elefantes caminen por el barro, pero lo abrí y vi que habías aceptado ONCE, y once poemas son muchos poemas aunque te hubiera enviado docenas más…

(…) Escribir es un juego de lo más divertido. Cuando te rechazan, escribes mejor; cuando te aceptan, sigues escribiendo. Dentro de 11 días cumpliré 43 años. Es normal escribir poesía a los 23, pero si sigues haciéndolo a los 43 significa que no estás del todo bien de la cabeza, pero no pasa nada…: otro cigarrillo, otro trago, otra mujer en la cama, y las aceras siguen ahí y los gusanos y las moscas y el sol también; y es asunto mío si prefiero meterle mano a la poesía que invertir en inmuebles, y once poemas son muchos poemas, me alegro que aceptaras tantos. Las cortinas ondean como la bandera del país y queda mucha cerveza.”

A veces me identifico con algunas de sus experiencias: cuando te rechazan una novela o unos relatos es cierto que, como Bukowski confiesa, sientes tal desengaño que escribes mejor, o al menos eso crees, y también que, aunque juras que nunca volverás a hacerlo, sigues escribiendo, pero ahora con rabia y con la intención de demostrarle al mundo que sirves para algo, que narras porque necesitas hacerlo y porque te va la vida en ello.

“ (Carta enviada el 15 de septiembre de 1970 a Harold Norse, que para Bukowski era uno de los mejores poetas vivos. Norse publicó varios poemas y cartas de Charles Bukowski en la revista independiente Bastard Angel en 1974)

No tengo nada que decir. estoy pillado por los huevos. los relatos me llegan de vuelta con la misma velocidad con que los escribo. se acabó. por supuesto, siguen aceptándome los poemas, pero la poesía no da para pagar el alquiler. estoy deprimido, eso es todo. no tengo nada que decir. desesperanzado. desesperado. finis. Neeli dice que ve ejemplares de Escritos de un viejo indecente y del libro de Penguin por todas partes. Escritos acaba de traducirse al alemán y recibió una reseña positiva en Der Spiegel (con una tirada de un millón de ejemplares), pero da lo mismo, el libro podría haberlo escrito Jack el Destripador y nada cambiaría. no es fácil vivir así. hoy he de recibir el primer cheque en dos meses: 50 dólares de mierda por un relato que escribí para una revista porno sobre un tipo que está en un manicomio, se escapa escalando la pared, sube a un autobús, le toca la teta a una tipa, se baja de un salto, entra en una tienda, coge un paquete de cigarrillos, enciende uno, le dice a todos que es Dios, alarga la mano, le levanta la falda a una niña y le pellizca el trasero. supongo que ese es el futuro que me espera. Hal, estoy depre: no puedo escribir.”

El título en español de este libro es toda una declaración de principios que suscribo: escribir es una enfermedad. Una enfermedad que no tiene cura. Ni siquiera deseo que encuentren el remedio contra ella. Y ahí sigo, como haría Bukowski, escribiendo contra viento y marea, aunque a veces me sienta frustrado o desengañado o terriblemente abatido, porque soy feliz cuando narro.

La enfermedad de escribir ha sido publicada por Anagrama con edición y traducción de Abel Debritto.

Sergio Barce, enero 2021

 

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«UNA PUERTA PINTADA DE AZUL», PORTADA

Esta es la portada de mi último libro de relatos.

Abre esta puerta y descubre qué historias se encierran tras ella.

 

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«CAFÉ HAFA», UN POEMA DE JOSÉ SARRIA

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Café Hafa es un poema escrito por José Sarria lleno de musicalidad, de olor y de colores, los que asoman en el horizonte y que pinta el alma secreta de Tánger. Me siento honrado, hasta casi abrumado, porque ese poema me lo dedicara Pepe, pero él es así de generoso. Yo le debo muchas cosas, pero nunca he sabido cómo pagarle.

Sergio Barce

Café Hafa  (la palabra Hafa en árabe viene a significar «borde», «acantilado») es uno de los sitios mágicos de Tánger pues combina, en perfecta armonía, su decadente estado junto a la evocación de un pasado que anhelaba el deslumbramiento de la redención.

La pequeña colina que conduce hasta el Café Hafa desafía, al olor de la hierbabuena, el lapislázuli de un Mediterráneo que deja de serlo para convertirse en Atlántico.

Allí, entre sus pequeñas mesas y sus desvencijadas sillas, camina la esencia del reino que un día quisieron conquistar Paul Bowles, Mohamed Chukri o Tennessee Williams

El Café Hafa es, esencialmente, la libertad: un recóndito reino donde del hachís no tiene el agrio sabor de lo prohibido, un territorio de mujeres desveladas, un paraíso detenido en el tiempo.

He aquí la mitología de este poema.

 

CAFÉ HAFA  

(A Sergio Barce)

 

He llegado hasta el Café Hafa

preguntando por Paul Bowles,

por Tennessee Williams y por Jane.

Aquí, donde ya nadie les espera,

he intentado evocar los días

atrapados en sus cenizas de oro.

 

Un anciano sostiene una tetera.

Se ha girado para mirarme.

En sus ojos he adivinado

todos los rostros del olvido.

– Son fantasmas -musita

borracho de horas agotadas.

Y señala hacia el oleaje

que golpea contra el acantilado.

Las últimas garzas de Yeats   

han ganado las costas africanas

y me hablan de sus nombres

como si fueran las alas perdidas

de una ciudad, sin precisa memoria,

que se ha entregado, prostituta

de sí misma, al abandono.

 

A veces los recuerdos imaginan

la soledad de los navíos,

que de tanto alejarse

no saben regresar

sobre sus propias huellas.

Esta tarde, el olor de los narguiles

embriaga el extravío

sobre las terrazas del Café Hafa.

 

JOSÉ SARRIA

SERGIO BARCE Y JOSÉ SARRIA
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