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CONSUELO HERNÁNDEZ Y «EL MIRADOR DE LOS PEREZOSOS»

 

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Desde que mi nuevo libro El mirador de los perezosos salió a la calle, ansiaba saber qué era lo que pensaba Consuelo Hernández, la autora del cuadro cuya reproducción sirve de cubierta, una hermosa y sugestiva pintura al óleo que me llamó poderosamente la atención cuando la vi por vez primera. Sabiendo lo exigente que es Consuelo con su obra pictórica, conociendo además su amplio currículum, en el que reza su condición de catedrática de Lengua Española, me preguntaba si mis relatos la convencerían, si no se sentiría desilusionada al haber apostado porque utilizásemos su obra como puerta de entrada a mis narraciones. Por fin, han llegado sus palabras escritas tras leer el libro (las orales ya me las adelantó, y percibí su satisfacción y su felicidad por el resultado de la edición, tan elegante y cuidada) y, confieso, que me han tranquilizado del todo. Lo analiza todo, lo observa todo, como si hubiera estudiado un lienzo con su mirada de artista, y finalmente ha dictado una sentencia que me absuelve de cualquier delito. He notado en su escrito, que comparto hoy con todos, que Consuelo Hernández ha recorrido Tánger a través de mis historias disfrutando de cada una de sus páginas, e incluso siento su amoción y orgullo al ver que uno de los relatos está dedicado a ese mismo cuadro de Tres mujeres en cabo Malabata y a la propia Consuelo. Y eso me hace sentir bien. Además, como muy bien explica ella, su pintura y mi literatura nos han unido en una bonita amistad. Ahora solo nos queda presentar juntos el libro.

Sergio Barce, 26 de octubre de 2022

EL MIRADOR DE LOS PEREZOSOS, de Sergio Barce, por Consuelo Hernández  

«Cuando recibí por correo postal el último libro de Sergio Barce, El mirador de los perezosos, no pude contener la emoción, pues una vez más vi que Tánger me había unido a un gran escritor y un ser humano bueno, grande de espíritu. La lectura del libro me ha llevado de la mano de Sergio por rincones y calles de Tánger, esas que amo y que aquí adquieren una nueva entidad. Rincones, calles y plazas que, sin duda,  amará también el lector casi sin percatarse de ello. De Tánger se habla, se escribe, se comenta, se añora, se pasea con el recuerdo, y se goza, en presencia y en ausencia; ahora y hace ya mucho tiempo. Desde la época en que la ciudad no era ciudad sino algo especial, repleta de tal carga de interés y atracción que llegó a ser para muchos un paraíso soñado. En estos relatos Sergio Barce se convierte, creo que sin haberlo previsto, en guía muy especial que va descubriendo interesantes y variados ambientes, personajes y modos de vida. Generoso como narrador que nos hace partícipes de su propia experiencia vital y también de su amor cautivo por Tánger. La novedad interesante del libro es que, partiendo del presente, entremezclado a veces con recuerdos del pasado, la ciudad queda retratada de manera real, al incorporar personajes reales de hoy cuyos nombres van desfilando por las páginas de cada relato. Tánger, actualizada en el presente como marco de la acción conducida por un narrador-protagonista alrededor del cual vive, habla y actúa el resto de personajes. El amor del autor por la literatura y el arte queda reflejado en el libro a lo largo de numerosas páginas, e incluso de relatos completos, en perfecto diálogo entre ambos. Como referencia principal el primer relato, 9 de abril, cuya trama discurre en el interior de la casa de un pintor -Joao Fragoso- asentado en Tánger. El hilo de este relato se mantiene in crescendo mediante un diálogo externo entre el pintor y una joven aprendiza que llega a la casa invitada a posar para Joao; e interno, mediante silencios y palabras pronunciadas y no pronunciadas que interiorizan en el alma de ambos personajes, en sus sentimientos de atracción y enamoramiento. Con Tánger pintado en numerosos lienzos, ciudad que se eleva a la categoría de personaje retratado, visible en las mismas palabras del pintor: “¿Sabes por qué tengo esta cantidad de cuadros a mi alrededor?… Porque necesito sentirme en el centro de Tánger, ser el faro que ilumine sus edificios. Y tengo poco tiempo -dijo escuetamente Joao-”. También como ejemplo del amor a la literatura y la pintura, el relato titulado Malabata, inspirado, según dice el autor, en mi obra Tres mujeres en cabo Malabata, expuesto en octubre de 2021 en la sala de exposiciones del Instituto Cervantes. En él Sergio, autor, va narrando cómo llegó al conocimiento en directo de la pintura mediante una serie de circunstancias coincidentes con su viaje a Tánger para la presentación del libro Una puerta pintada de azul. Y qué sensaciones tuvo cuando se encontró frente a frente con el cuadro. Es un gran honor la dedicación de este relato y, del mismo modo, la imagen de la pintura reproducida en la cubierta de este entrañable libro de relatos tangerinos. De los que siguen a continuación, con títulos tan reales y sugerentes como Avenue Josafat, Hafa, Boulevard Pasteur, Calle Siaghins me detengo, por su magnífico ritmo narrativo, en el titulado Hotel Rembrandt, un relato que capta ya desde las primeras palabras la máxima atención del lector, cuya intriga lo mantiene en vilo, de tal forma que incita de manera casi frenética a seguir y seguir leyendo, sin ninguna interrupción en la lectura. Aquí el autor-protagonista, en una reflexión interna a modo de monólogo interior, va haciéndonos partícipes desde el principio hasta el final, de la tremenda experiencia vivida al borde de la muerte. Una vivencia aterradora, en la que el personaje, abatido por un raro desmayo, cae al suelo y cuando despierta, sufre una amnesia total. La transformación en un ser ajeno a su propio ser se evidencia en palabras como “¿quién soy? ¿qué hago aquí? Me llaman así y no sé quién soy”. Estas son preguntas que conectan con la larga tradición filosófica y literaria sobre la existencia humana. En un extraño proceso físico, con la mente en blanco, su propio ser, su existencia misma, ha quedado en entredicho. Si bien su respuesta es la aceptación del inicio de otra vida desde la nada. Con un ritmo trepidante figuran excelentemente descritas las sensaciones de impotencia y de confusión ante el desconocimiento -incluso de su propio nombre, el yo del protagonista- de su lugar de origen, de quiénes han sido sus seres más cercanos; en definitiva, de sus señas de identidad. El resto de personajes que va apareciendo a su alrededor, son, a modo de coro, elementos reales que ambientan la escena, que contribuyen a convertir al protagonista en centro absoluto de la acción. Un enorme acierto narrativo es haber sabido conducir al lector en un viaje interior para que en todo momento se identifique con los sentimientos del personaje; al estilo de la identificación entre actor y espectador en el arte escénico. Identificación que va desapareciendo a medida que el protagonista va tomando alguna conciencia de la realidad, como la presentación de su libro en el Instituto Cervantes, objetivo del viaje a Tánger. A partir de aquí son referencias a lugares y personas reales quienes entran en acción y distienden la tensión narrativa. Desde un realismo objetivo hasta descripciones pormenorizadas de los tipos de la calle, el autor se entrega y emula el mismo ritmo callejero tangerino. Y traslada al lector el espectáculo de la calle: entremezcla de personas de diferentes orígenes y vidas, tangerinos y extranjeros, turistas y trabajadores. Un ritmo acompasado en determinados momentos por entrañables recuerdos infantiles que el autor intercala sabiamente, en los que, una vez más, se parte de un presente con referencias nostálgicas al pasado. Movimiento, acción, narración, descripción, como corresponde al relato corto. Deliciosos textos en los que escuchamos el ruido de los coches, el de los petits taxis lanzados por las calles en una carrera sin igual que no respeta ni los pasos de cebra. El Bulevar Pasteur, el hotel Rembrandt, la perfumería Madini, el Number One. ¡cuántos nombres, lugares y personas para disfrutar y recordar! Con la nostalgia del pasado instalada en el narrador: “Aún no sé por qué esta añoranza se me ha agarrotado esta madrugada de verano… No quisiera moverme de este mirador ni que este aroma a mar abierto que he reconocido me abandone aún.” “El tiempo me ha hecho comprender que la decepción y el pesimismo se estaban instalando en sus vidas y que nuestro futuro, en el país que considerábamos el nuestro, iba dejando de serlo”. Sergio, querido amigo: nuestra amistad ha quedado sellada para siempre con este libro, como un buen día me dijo Chukri. Y ha sido Tánger, hechicera y maga, quien mediante la Literatura y la Pintura nos ha unido. El resto lo dejo al lector.

Consuelo Hernández

Octubre, 2022″

 

SERGIO BARCE Y CONSUELO HERNÁNDEZ

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NIEVES, JOANA Y «EL MIRADOR DE LOS PEREZOSOS»

Cuando los lectores me escriben, robando tiempo a su tiempo para hacerlo, confiándome que se han visto seducidos por los cuentos de mi libro El mirador de los perezosos, no se puede uno sentir mejor. Es como caminar por una nube por unos minutos.

Hay dos comentarios preciosos escritos por Nieves Martínez y Joana Márquez, lectoras fieles de mis libros, y a las que tengo un enorme cariño, que han coincidido en repasar algunos de los relatos con las sensaciones que han experimentado al leerlos. Compruebo que las dos se han sentido muy identificadas y muy emocionadas. Para mí eso significa haber alcanzado un bello objetivo. Transcribo parte de lo que han descrito, porque merecen que lo comparta.  

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                                  NIEVES MARTÍNEZ

En mi último viaje a Marruecos, Tánger me enamoró, mucho más que otras veces. Así que, no pudiendo estar allí, pensé que <El Mirador de los Perezosos> sería una buena lectura para recrear sus calles y su ambiente. Pero no, no es solo un paseo por Tánger, es un paseo por los sentimientos.

Desde la ternura, que es mi ternura, de <Cabo Malabata>; el dolor de <Avenue Josafat>; la intensidad de los personajes de <Hafa>; hasta el <Mirador de los Perezosos>, donde reconoces a Abdelkrim en tantas caras, y la <Calle Siaghins>, la mejor calle del mundo por todo el amor que encierra. Cada Boulevard, cada Avenue, es un recorrido por el sentir de alguno de nosotros. Sin duda, yo deambulo por <Boulevard Pasteur>, porque tampoco me explico de dónde sale tanta gente a la hora del paseo, y porque me gusta tomarme un té viendo ese ir y venir; porque me encantan los bocadillos a los que ya no les cabe más; porque también maldigo a los politicuchos que me echaron de mi tierra; porque volver me hace feliz y me llena de nostalgia. Porque <cada estancia en Marruecos nos revitaliza el alma>

En estos relatos Sergio Barce vuelve a tocarnos el corazón con su sensibilidad al abordar temas y personajes con gran carga emocional. Nieves Martínez

Joana, por su parte, entre otras cosas, dice:

«…te doy las gracias por esta invitación a Tánger. He volado a ratos desde el viernes hasta hoy sumergiéndome en las hermosas historias que cuentas… Acaricio la portada, todo el libro…

<9 de abril>: Más que escribir has pintado esta historia de forma tan suave y delicada que me parecía sentir los trazos y formas que iban coloreando el lienzo. Una obra de arte digna de admiración ha sido el resultado…<Boulevard Pasteur>: Con las últimas líneas lloro y acuden a mí, irremediablemente, recuerdos de ese Tánger donde también pasábamos los veranos…<Avenue Josafat>: También acabo emocionada. Cuántos momentos comparables hemos vivido en mi familia. El desgarro que sentimos al dejar Marruecos. Y tu manera de contarlo es percibir de nuevo aquella avalancha de tristeza dentro de mí… <Cabo Malabata>: Te has mezclado con ellas, con las Tres Mujeres en el Cabo Malabata, pero sobre todo las has escuchado. Algo tan importante en la vida, saber escuchar a los demás. Escuchar a nuestros mayores, que son sabios. Has insuflado vida a la quietud y belleza de esa pintura, me has acercado tanto a ese significado que le das que también yo quisiera encontrar otra vieja silla oxidada donde esperar esas historias que vendrán. He sentido que traspasaba sigilosamente esa tela para, en el más absoluto silencio, escuchar, escuchar. <Hafa>: Muy real. Algún caso parecido conozco. Una familia unida con unos padres maravillosos, unos hijos ejemplares y la abuelita Latifa -entrañable-, pero siempre hay una sombra que oscurece la felicidad de esta familia. (…) El precioso detalle en estas páginas es la amiga hebrea, Raquel, y sus diálogos con Latifa en haquetía. <Hotel Rembrandt>: ¡Qué imaginación! ¿Te surgió este relato a raíz del problema que tuviste a causa del estrés? Porque para haber olvidado su personalidad, el personaje de Delio Blázquez nos regala unas páginas perfectas. <Dar Niaba>: Larga espera, luego el gozo (que tan bien describes y nos haces sentir en propia piel -siempre-) para, finalmente, olvidar los doscientos treinta y ocho pasos. <Beit Hahayim>: Seguirás regresando toda la vida, Sergio, porque perteneces a aquella Tierra y Marruecos te reclamará siempre. Encantador recorrido por Tánger y aún más encantador cómo lo describes. <El mirador de los perezosos>: Qué triste vida la de Abdelkrim y a la vez qué hermosa locura le trae su bella Ghizlane. Tu relato es intenso, triste, pero también lo dotas de pasión, caricias y ternura que le devuelven la juventud a quien tuvo una difícil infancia que le marcó para siempre. <Calle Siaghins>: Relato muy gatuno. Una dulce y sentimental historia con ese toque de humor que nos trae en las últimas páginas Omayma.

Son algunas de mis impresiones al cerrar El mirador de los perezosos. Me ha sabido a poco… Joana Márquez«

 

 

CON JOANA MÁRQUEZ
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«INFIERNO Y PARAÍSO DE LAS ISLAS», UN LIBRO DE MIGUEL ÁNGEL MORETA-LARA

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                                                                                 MARÍA OSTEN

“Otra mujer fascinante fue la escritora alemana María Osten (María Gresshöner, 1918-1942), perteneciente a la generación literaria de Joseph Roth y Anna Seghers. Estuvo en España junto a su compañero Mijaíl Kolstov (1898-1940), corresponsal de Pravda y agente de Stalin en España. María Osten también publicaría en la revista republicana El Mono Azul (dirigida por María Teresa León y Rafael Alberti) un reportaje titulado <Niños españoles> (16 de octubre de 1936). Cuando fueron llamados a Moscú, aunque María fue aconsejada por sus amigos Malraux y Koestler sobre la conveniencia de no regresar a la URSS, fueron ejecutados.

María Osten había sido amante, durante algún tiempo, del dramaturgo Bertolt Brecht (1898-1956), con el que se carteó hasta el final. Quizá fuese ella la que suministrara noticias sobre la entrada de las tropas franquistas en Málaga, en febrero de 1937, y el genocidio de la carretera de Málaga a Almería, por donde huía la población civil masacrada por la aviación y el cañonero del ejército golpista. Este trágico suceso es conocido como la Desbandá. Brecht estrenó en París el 16 de octubre de 1937 la obra Los fusiles de la señora Carrar, donde recogía este episodio. Ahora ya sabemos que Brecht contó con colaboradoras en la escritura de su teatro y de su poesía: siempre dijo que escribía por amor (más bien al amor de la pluma de esas mujeres, aunque luego firmara las obras como propias). Muchas -quizá todas- se deben exclusiva o parcialmente a sus amantes secretarias.

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                                                                           MARGERETE STEFFIN

Precisamente es el caso del drama Los fusiles de la señora Carrar, escrito en colaboración con otra mujer de grandísimo interés, la escritora, actriz y traductora (inglés, francés, ruso, sueco, danés…) Margarete Steffin (1908-1941) que murió de tuberculosis en Moscú, en tanto Brecht sería muy probablemente liquidado por la Stasi de Berlín Este mucho más tarde (según algunas versiones). Brecht supo tener siempre a su alrededor a una mujer muy apañada, diestra y generosa con la máquina de escribir, como otros intelectuales y escritores: Gregorio Martínez Sierra tuvo a María de la O Lejárraga, Juan Ramón Jiménez a Zenobia Camprubí, Mijaíl Bulgakov a Yelena Shilovskaia, Robert Capa a Gerda Taro…

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                                                                  MARGERETE BUBER-NEUMANN

Esta Margarete, que no llegó a estar en España (sino a través del drama referido), me lleva a otra: Margarete Buber-Neumann (1901-1989) que, casada con el comunista alemán Heinz Neumann, recaló por un tiempo en la España de la Guerra Civil. Cuando regresaron a la URSS, su marido fue ejecutado, pero con ella rizaron el rizo: condenada en un campo de concentración fue entregada posteriormente a la Gestapo, que la confinó en el campo de Ravensbrück. Allí amistó con otra mujeraza, la periodista y traductora checa Milena Jesenská (1896-1944), conocida por la relación epistolar que mantuvo con su paisano Franz Kafka. Milena no llegó a sobrevivir, pero Margarete, que contó su peripecia en Prisionera de Hitler y Stalin, le dedicó una biografía (Milena)…”

Este interesantísimo fragmento es solo una guinda de un sabroso pastel titulado Infierno y paraíso de las islas (El Desvelo Ediciones) de Miguel Ángel Moreta-Lara, libro al que ya me refería en un anterior post mientras lo leía. Y es que, una vez finalizada su lectura, uno es consciente de que se ha sumergido en un texto realmente fascinante.

Como los párrafos anteriores, hay en este volumen capítulos que me han desvelado decenas de secretos y de historias de las que, hasta ahora, era un absoluto ignorante.

Miguel Ángel abre el libro hablando de la escritora Judith Schalansky, nacida en 1980, y autora de Atlas de islas remotas: Cincuenta islas en las que nunca estuve y a las que nunca iré, y ya, con esta entrada uno se da cuenta de inmediato de que el libro va a ser un viaje fascinante. Primer libro que anoto para comprar, seducido por lo que Moreta-Lara cuenta de él. Pero, a medida qua avanzo en la lectura, anoto otro título para buscarlo, y luego otro, y otro más… Entonces me doy cuenta de que Miguel Ángel me está enredando con esos títulos que ha ido sacando de un baúl sin fondo, pero mágico. Junto a los libros, sus autores, en especial escritoras que han quedado, en muchos casos, en el olvido, pero con vidas tan interesantes que me quedo con ganas de saber más. Y me pregunto, leyendo lo que he leído gracias a Miguel Ángel, cómo es posible que yo no hubiera hallado antes tanta belleza.

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                                                                    ISABEL OYARZÁBAL SMITH

Esos libros sobre islas y esos otros sobre barcos, esos autores malditos y no tan malditos, pero atrapados en sus mundos mágicos, la historia de tantos desarraigados y de tanto exiliado español (un tema al que Miguel Ángel le ha dedicado ya anteriores textos). Si hubiera que elegir de toda esta galería, me quedo con los capítulos que centra en los piratas, “Las locas de Lydie Salvayre” (ya he recibido el primero de los libros que me he visto en la necesidad de comprar: Siete mujeres), el dedicado a la increíble malagueña Isabel Oyarzábal o las páginas sobre Carmen de Burgos Colombine… Y también lo que cuanta sobre Malcolm Lowry y sobre Olivia Laing… En realidad, no sé, creo que me quedo con todo el libro.

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                                                              CARMEN DE BURGOS «COLOMBINE»

El final es muy curioso. Se cierra con el capítulo “Todos los coños el coño: un apunte de coñosofía ilustrada”. Y confieso que me he quedado ”encoñado”.

Pero también es un precioso homenaje a esas mujeres que crearon y lucharon pese a las circunstancias, que supieron vencer a una sociedad patriarcal y machista, a regímenes autoritarios, a hombres que las trataban de marginar… Y Moreta-Lara las recupera para nuestro disfrute y gozo.

Sergio Barce, octubre 2022

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UNA «LECTURA TANGERINA», DE ALBERTO GÓMEZ FONT, DE MI LIBRO «EL MIRADOR DE LOS PEREZOSOS»

Comparto este comentario tan reconfortante de Alberto Gómez Font (filólogo, lingüista, profesor, corrector, que fue director del Instituto Cervantes de Rabat…) sobre mi libro El mirador de los perezosos, que me ha alegrado el día. Mientras leía el libro, Alberto me iba dejando audios en mi móvil que, lo confieso, comenzaron a ser adictivos. Que alguien te vaya «retransmitiendo» relato a relato sus impresiones, casi en directo, y que palpes en sus palabras que los está disfrutando, confieso que alimenta el ego y te anima a seguir escribiendo. También me hizo dos o tres apreciaciones que le agradezco y que me servirán para agregarlas en la segunda edición, que ya apunta en el horizonte. Sergio Barce, 20 de octubre de 2022.

LECTURAS TANGERINAS

Quienes me conocen y saben de mis costumbres no se extrañarán de que siga con mi afición a leer libros relacionados con mi querida Tánger: obras —de ensayo  y de historia— sobre esa ciudad, novelas o colecciones de relatos que trascurren en ella, y obras escritas por autoras o autores tangerinos. 

Así, la segunda parte más importante de mi biblioteca (justo por detrás de la dedicada a los libros sobre el uso y la norma de la lengua española), es la de mi colección de libros, revistas, folletos, revistas y artículos de Tánger y sobre Tánger, en la que ya hay más de 600 títulos en cuatro lenguas: español, francés, inglés e italiano. 

Y cada vez que llega un nuevo libro a esos anaqueles es fiesta en mi corazón, más aún si lo escribió un buen amigo con el que comparto mi amor por Tánger, como es el caso de la colección de relatos que les muestro hoy, escritos por Sergio Barce, autor de otras obras tangerinas que también les recomiendo. 

Es uno de esos libros que no pueden soltarse hasta llegar a la última página, y nos divierte, a los que sabemos de quiénes habla, la cantidad de personajes reales —amigas y amigos del autor y de este lector— que salen en las historias, entre ellos un tal Alberto Gómez Font… 

En «El mirador de los perezosos» Sergio Barce hace convivir relatos de ficción con otros autobiográficos, crónicas de sus paseos por Tánger, y el resultado es un equlibrado y delicioso cóctel tangerino. Un libro bonito, muy bien escrito, que destila amor por Tánger. 

Y no solo es un libro bonito por lo que el autor nos cuenta, sino que también los es por su mimada edición, con tapas duras —algo ya poco habitual—, con una fina maquetación —caja, interlineado, márgenes— y con un tamaño de letra que permite una cómoda lectura. 

Alberto Gómez Font  

 
SERGIO BARCE Y ALBERTO GOMEZ FONT
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ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN DE «EL MIRADOR DE LOS PEREZOSOS» EN LA FERIA DEL LIBRO DE TORREMOLINOS

El pasado 7 de octubre, presentamos mi libro El mirador de los perezosos (Ediciones del Genal) en la Feria del Libro de Torremolinos, a la que acudí invitado por Manuel García Iborra, al que agradezco la atención que me prestó en todo momento. La presentación corrió a cargo de mi amigo Jesús Ortega, con el que comparto, además de la profesión de abogado, la afición al cine y a la literatura, que nos resultan más gratificantes. Jesús es también un lector casi compulsivo, con el añadido de que se acuerda de todo lo que lee, algo que envidio de forma malsana, amante del jazz y poseedor de un agudo humor negro, razón por la que quizá es un profundo especialista en Kafka y en todo lo que se publica clandestinamente (si hay un libro por descubrir, él ya lo ha leído). Estuvimos muy bien acompañados por un nutrido grupo de asistentes y, para mi sorpresa, en la firma posterior se vendieron todos los ejemplares del libro. De manera que, entre la amena presentación de Jesús Ortega, nada kafkiana por cierto, el diálogo que mantuvimos a continuación y las ventas, todo salió a la perfección.

Os dejo una parte de lo que Jesús expuso sobre El mirador de los perezosos y algunas imágenes del evento.

  <Sergio Barce comienza a tener ya una obra considerable, en continuo incremento sobre todo en los últimos años, en la última década. Esa gran actividad es síntoma de que probablemente escribe con placer y de que se encuentra a gusto con la voz que va formando. Pero nos encontramos ya con una obra considerable y hay que ordenarla.

Tenemos por un lado las novelas y por otro los libros de relatos o de crónicas. Todos hablan de Marruecos, incluso cuando parece que hablan de Marruecos. Y entre las novelas, tenemos unas de género negro o policiaco (Malabata, La Emperatriz de Tánger) frente a otras de corte más intimista (Una sirena se ahogó en Larache, Sombras en Sepia o El Libro de la Palabras Robadas). En el otro bando, diríamos, nos encontramos con relatos más cortos, que a veces, y con independencia de su extensión, funcionan como pequeñas novelas, y otras más bien como crónicas (Ultimas noticias de Larache, Paseando por el Zoco Chico).

Entre estos últimos se sitúa Una Puerta Pintada de Azul, que para mí fue el mejor de sus libros en el momento en el que salió, y del que El Mirador de los Perezosos se diría que es primo hermano, pero sin que, al mismo tiempo, sea en absoluto una imitación o una segunda parte.

Ambos libros versan sobre una ciudad: Una Puerta Pintada de Azul sobre Larache y El Mirador de los Perezosos sobre Tánger. Ambos están conformados por relatos. Pero mientras que en Una Puerta Pintada de Azul primaba la ficción (desde el punto de vista estructural), en El Mirador de los Perezosos prima la crónica, la crónica literaria, que parte de los hechos reales como material. Todo relato debe contener siempre una verdad, pero en el relato-crónica la verdad se nos pone directamente por delante. Sergio se utiliza a sí mismo como personaje y nos cuenta cosas que, aparentemente, le han sucedido.

En los últimos años se habla bastante de autoficción, sobre todo desde el éxito de ventas de Karl Ove Knausgaard, y su obra en seis tomos llamada Mi Lucha. El género, o más bien la etiqueta, ha sido ensalzada y denostada por igual, como si fuese algo nuevo. Pero no es algo nuevo. Ha existido siempre, solo que antes no se le ponía ninguna marca ni vendía como tal producto. ¿No eran autoficción, por poner algunos ejemplos, escritores como: Jack Kerouac, Charles Bukowski, Osamu Dazai, Serguei Dovlatov o Annie Ernaux?

Lo que sucede es que algunos escritores prefieren comenzar con un material inicialmente inventado (al que luego agregan con disimulo estratos ya menos inventados), mientras que otros se sienten más cómodos partiendo de su propia vida (aunque luego agreguen, también con disimulo, inventos de todo tipo). Al final da lo mismo. Solo hay dos tipos de libros, como le respondió Oscar Wilde al Fiscal en uno de sus juicios: los buenos y los malos. (Y, aunque brillante como siempre, fue injusto aquí Wilde, porque también están los libros mediopensionistas, que casi siempre dan pequeñas alegrías.) Y todo esto por no hablar además del comportamiento del cerebro humano, que parece ser que trabaja en general como si elaborase ficciones, descartando, aumentando y editando los hechos.

Dicho lo cuál: los textos que más me gustan de El Mirador de los Perezosos son justamente los que hablan del propio Barce. Me dan una mayor impresión de fluidez. Todos los relatos de El Mirador de los Perezosos tienen lugar en Tánger.

Tánger es una ciudad que de inmediato se asocia a la literatura. Por allí han viajado, vivido, escrito, o simplemente han ido de visita o de juerga, innumerables autores: A. Dumas (que estuvo dos días, pero dejó una crónica), M. Twain (que estuvo solo unas horas, el 1 de julio de 1867, viajando desde Gibraltar, y que también dejó una crónica para su periódico), Roberto Arlt (que viajó por el norte de África escribiendo artículos periodísticos, y de quien se editó póstumamente la colección llamada Aguafuertes Marroquíes), Gertrud Stein (inmortalizada en España por Mecano ―una rosa es una rosa es una rosa― y que, entre otros hábitos peculiares, tenía el de mandar a la gente a vivir a Tánger; mandó a Matisse y también al más famoso de los extranjeros residentes en Tánger), A.B. Toklas, Paul Bowles (enviado también por consejo de G. Stein cuando era un joven músico; le hizo caso), Jane Bowles, Truman Capote, Tennessee Williams, Jack Kerouac, G. Corso, A. Ginsberg, Burroughs (escribió su libro más conocido en Tánger), André Gide, Jean Genet, Ángel Vázquez, Ramón Buenaventura, Juan Goytisolo, Carmen Laforet, Mohamed Chukri, Mohamed Mrabet… Por no hablar de otros muchos autores actuales que escriben igualmente sobre Tánger, porque de algún modo se han puesto de moda las historias sobre el Tánger colonial.

Aunque quizás no tantos hayan hablado del Tánger real (y sin que ello sea obligatorio, porque cada uno habla de lo que puede; de hecho, los anglosajones tienden a vivir en su versión propia de las ciudades extranjeras que habitan). Sergio sí que habla del Tánger real. Yo no conozco Tánger. He estado solo una vez físicamente (y puede que menos tiempo incluso que el mismísimo Mark Twain), pero he aprendido más leyendo el libro de Sergio que haciendo de visitante. (…)

(…) De la portada, ya les he dicho que sea trata de un cuadro de la pintora Consuelo Hernández. (…) Pero es que la edición es magnífica. La tipografía de portada es muy buena también y el conjunto da la impresión del gran libro que tenemos delante. La tipografía de interior es cómoda y es respetuosa con la presbicia. Les llamo la atención sobre las guardas, que son las páginas interiores que unen la portada con el resto del libro, que son también de un gran nivel de edición. En fin, y para que no nos llamemos a engaño: tienen ustedes delante el perfecto regalo para estas Navidades. 

                                                                                                                                                     Jesús Ortega>

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