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MOHAMED AL BAKI, poeta larachense

MOHAMED AL BAKI es un poeta enorme de Larache. Su encanto personal reside en su humildad, en su elegante presencia (y no hablo de su forma de vestir, sino en el porte con el que se mueve, lleno de prudencia y de saber estar). Es un hombre con una gran experiencia vital al que suelo encontrar por la alcaicería de la Plaza de España de Larache.

Poema dedicado a Larache

Aparece habitualmente caminando muy pensativo, con un libro bajo el brazo, con su largo abrigo negro, y cuando me descubre su sonrisa se dibuja bajo la espesa barba cana. Me besa en las mejillas, nos abrazamos, me habla de sus poemas, me desea siempre salud y buena vida, y que nos veamos pronto de nuevo por nuestro pueblo.

A Al Baki lo descubrí gracias a María Dolores López Enamorado y a Antonio Reyes que tuvieron los reflejos oportunos para descubrir su valía y publicar en edición bilingüe dos de sus poemas en “Larache. Poemas” (Centro Cultural Al Andalus, Martil, Tetuán, 2007).

Lo más impresionante de Mohamed Al Baki es su transformación cuando está ante un auditorio dispuesto a escuchar su poesía. Él, un hombre tan sencillo, tan comedido, de pronto alza el vuelo de sus palabras cadenciosas y trémulas y el tono de su voz se hace profundo, ronco, y los versos suenan como música perfecta. Si los lee en árabe, poco importa no hablar el idioma, su verbo es tan armonioso y la entonación tan estudiada que suple esa carencia. Quienes le disfrutan en árabe, por supuesto, saborean aún mejor cada verso. Se apropia de tu atención, y le sigues oyendo sabedor de que contemplas algo excepcional. Sus poemas salen de lo más hondo, seducen, hipnotizan.

EL LUGAR HA CAMBIADO

Aquí, en este lugar,

unos hombres se encontraron.

Algunos, felices,

repletos sus bolsillos de monedas.

Otros, ahogados en la tristeza.

Antes de ser abandonada

esta ciudad fue famosa,

pero la enfermó el mal del olvido.

Pregunta a los barrios del Hachra y el Maqsura,

al adarve Rema y al Zoco Chico,

¿cómo eran?

A la calle Real, con la cuesta del Hammam,

al adarve Laasara,

Yebiel, Leqbibat y el Diwán.

Al Castillo del Fath, y al del Nasr,

cerca del cementerio.

A Lalla Mennana y a Shahar Yenán,

A la Alcazaba, a la mezquita Anuar y, calle abajo,

a la fuente de Ayn Arab, ¡cuántos calmaron su sed en ella!

Desde Demga puedes contemplar

los meandros del río y la hermosa orilla del mar.

El puerto hoy convertido en vertedero

¡cuánto quisimos mejorarlo…!

Pocas cosas había entonces,

pero nada nos faltaba.

Y tanto Hamido como el Ayachi,

Todos eran felices.

Los paseos por Sidi Ued Dar,

las fiestas, cada día en una casa…

Los niños mamaban en los pechos de las vecinas.

Las casas estaban abiertas,

cerradas con cortinas, no con puertas.

Las gentes se reunían en las risas y en las penas.

Nadie escuchaba ni hablaba…

El lugar ha cambiado, y ha cambiado el tiempo.

Mohamed Al Baki

Ha intervenido como actor en grupos teatrales de Larache y en varias películas, y ha compuesto música y letras para canciones. Además del poemario “Larache. Poemas”, Al Baki ha publicado en árabe el libro <La locura> (Lhbal).

Sergio Barce, enero de 2011

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«PUESTA DE SOL EN LARACHE», POR SERGIO BARCE

Puesta de sol en Larache, vista desde Lixus

Tomando como excusa los comentarios que he recibido estos días sobre los atardeceres que se ven en Larache desde el Balcón del Atlántico, he preparado este pequeño cóctel con tres fotografías de Itziar Gorostiaga y un fragmento de mi primera novela “En el jardín de las Hespérides” (Aljaima, Málaga, 2000).

“No deshice las maletas siquiera cuando Antonio ya se había dormido derrotado por el viaje. Su respiración era silenciosa, el pecho subiendo y bajando lentamente. Resulta sorprendente cómo los sentimientos logran embaucarnos, era como estar allí con mi hijo pequeño, nada ha ocurrido y soñaba, pero sólo se trata de una engañosa ilusión que nos hace un quiebro, tal vez el aire, respirarlo de nuevo y sentir que estás ahí, qué sé yo. Cubrí a Antonio con una sábana, y aprovechando su sueño bajé las escaleras del hotel y me marché en seguida al Balcón para contemplar de nuevo, una vez más, el lento descenso de Hércules en busca de su descanso en el inmenso Atlántico, el océano infinito. Girándome, encontraba también allí, frente a la balaustrada, la casa que compré cuando nació mi hijo, ya desvencijada, y la emoción se multiplicó en mi pecho. Quise oír su vocecilla tímida pero entusiasta llamándome desde la ventana…

Atardecer en Larache, desde el Balcón del Atlántico

Creo que pasé horas contemplando con inusual deleite el rugir de las olas entre las rocas, como si ese sonido fuese allí más armonioso que en ninguna otra parte. De veras es extraño el juego de la memoria con el tiempo, en realidad todo lo guarda, todo lo fotografía y lo deja metido en un cajoncito del que creemos haber perdido las llaves, pero no, sigue ahí, y algún ángel o demonio, quién sabe, sigilosamente nos prende en un dedo la llave perdida y nos quedamos embobados, pero enseguida nos abalanzamos hasta él y lo abrimos tras años de olvido, sin importarnos las consecuencias. Yo comencé por bajar el acantilado, y, en algún instante, ya no tenía reloj que marcase las horas, me veía subir desde allá abajo gritando y vociferando con otros niños.

Taha era el más rápido en trepar por las piedras. Todo nuestro anhelo era llegar al Balcón del Atlántico cuanto antes para disfrutar el atardecer. Nos sentábamos sobre la balaustrada y mecíamos las piernas perdiendo la vista en el horizonte, descubriendo lejanos mástiles hundiéndose en el borde del mundo. Lofti, las más de las veces, le daba la espalda al mar y prefería ver cómo las casas se teñían de oro, decía que Al-láh las pintaba con un fino pincel que mojaba en el sol. Era un espectáculo increíble, el dorado descendiendo por las fachadas, cayendo al suelo y arrastrándose quejumbroso, arañando la tierra como tratando de impedir ser engullido por las fauces marinas, y así, luchando por sobrevivir unos segundos más que la tarde anterior, los últimos rayos se  teñían de sangre, el fuego del averno, el resplandor del fragor de la batalla que se libraba más allá de nuestros ojos, pero otro día más el sol acababa sucumbiendo pese a la fiera resistencia.

Puesta de sol en Larache, desde el Balcón

El último en llegar era Pablo. Demasiado grueso para correr cuenta arriba. Era difícil que contemplase el crepúsculo con nosotros. A mi lado se sentaba invariablemente Luis, que aguardaba silencio, inmóvil, arrebatado.

Era lógico que de todos nosotros fuese Lotfi quien utilizara alguna metáfora para describir esos atardeceres, porque él era probablemente el más inteligente y tenía alma de poeta.

-Mira cómo cae el sol… Al-láh es grande. Utiliza unos pinceles muy finos que nuestros ojos no pueden ver. Es el amo del Universo –decía Lotfi”

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Fin de año y Reyes Magos en LARACHE

mi madre es la segunda por la derecha, fiesta en el Casino de Larache

Aprovechando que estamos en vísperas del día de reyes, unas dosis de nostalgia…

Además de celebrarse el fin de año o los carnavales,

carnaval casa de españa Larache

(ahí van algunas imágenes de tales eventos)…

…cuando llegaban los Reyes Magos, lo hacían «de verdad». La cabalgata cruzaba la ciudad, y luego, durante la noche y la madrugada, los tres Reyes y sus pajes, recorrían las casas para entregarte los regalos en mano.

ahí estaba yo, recibidendo mis regalos de manos del rey Baltasar (esa noche «interpretado» por Jose Luis Gómez)

Para un niño era, sencillamente, alucinante.  Los Reyes despertándote, si es que habías conseguido quedarte dormido, para darte lo que habías pedido en tu carta.

He de aclarar, a quienes puedan pensar que esto sucedía sólo durante la época en que Marruecos estaba sometido al Protectorado, que la costumbre continuó y algunas de estas fotos son de los años sesenta y setenta, es decir,  muchos años después de la declaración de independencia de Marruecos que se produjo en el 56… El respeto y la tolerancia siempre ha sido una seña de identidad de Larache.

Manolo Álvarez encarnando a uno de los Reyes Magos

Fin de año en Larache, en primer plano: Yasmina, Nadia, Marina López Matres

Recuerdos imborrables.

Y aún hay quien me pregunta por qué razón escribo tanto sobre  mis años en Larache. Hay tantas razones para pensar que viví en un lugar excepcional que, a medida que escarbo, más motivos encuentro para seguir haciéndolo.

Sergio Barce, enero de 2011

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«LAS UVAS DE LA IRA» (The grapes of wrath) de JOHN FORD

LAS UVAS DE LA IRA (The grapes of wrath) de John Ford

John Ford. Quizá uno de los realizadores más extraordinarios de la historia del cine, consiguió elevar la sencillez a la categoría de arte. Sus historias son diáfanas, siempre sabe qué es lo que tiene entre manos y qué es lo que quiere transmitir al espectador. Sabio, sabe utilizar el humor a pequeñas dosis, incluso en dramas duros y tremendos. Escenas inolvidables del western se deben a él, y varias obras maestras jalonan una de las carreras más sólidas, competentes e interesantes del cine, como muestra: La diligencia (Stagecoach, 1939), Fort Apache (1948), Qué verde era mi valle (How green was my valley, 1941), Pasión de los fuertes (My darling Clementine, 1946), El hombre tranquilo (The quiet man, 1952), Mogambo (1953), Centauros del desierto (The searchers, 1956)  o El hombre que mató a Liberty Valance (The man who shot Liberty Balance, 1962), por citar sólo unas cuentas. Sigue leyendo

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LARACHE vista por… ITZIAR GOROSTIAGA 1

 

 

Itziar Gorostiaga es abogada, vino de Bilbao y se ha enganchado a Larache… Con su cámara de fotos, se ha propuesto retratar Larache, y, con su permiso, iré mostrando sus imágenes que, a veces, captan una perspectiva del pueblo original y sugerente. Hoy muestro las cinco primeras fotografías de Larache que he seleccionado del repertorio de Itzi:

Rio Lukus

las salinas, al fondo Larache – imagen tomada desde las ruinas romanas de Lixus

Larache, vista panorámica

Larache, otra perspectiva

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