Se trata de unas minorías que viven y que sangran ante la indiferencia de todos: la vida queda sostenida aquí por el nostálgico recordar (una historia inocente, una amistad, un romance de amor…) y la gangrena motivada en el relato por el espectáculo desolador de un “rebaño” condenado en las profundidades del mar por ser marginado y desprovisto de una seña de identidad. Pero es también gangrena el triste espectáculo de un Larache que va acabando con su historia a favor de una política del cemento y del lucro; y el del despiadado mundo occidental en que la lógica del consumo determina el ser o el no ser. Así, del presente de la narración, que implica la cruda realidad de las pateras, nos trasladamos al nostálgico recuerdo que nace de chispas y cenizas, y finalmente a la búsqueda del otro, es decir de si mismo.
La calidad de la obra, la atestigua la alta calidad intelectual de los miembros que integran el jurado: Luís Mateo Díez, Premio Nacional de Narrativa y miembro de la Real Academia de la Lengua Española, Clara Janés, poeta y traductora (Maître es Lettres por la Universidad de la Sorbona), Jon Juaristí, Premio Nacional de Literatura y ex Dctor del Instituto Cervantes, Luís García Montalvo, escritor, y Manual Borrás, editor.Larache no es sólo una ciudad, mi Larache es mi gente, y en las fotografías que voy colgando les rindo de alguna manera mi pequeño homenaje, que es una sencilla declaración de amistad, de cariño, de afecto… Algunos hace mucho que no los veo, pero siempre están ahí, al igual que yo lo estoy para elllos, lo sé, y lo saben. Me encanta la pluralidad de todos ellos, la que aprendimos en nuestro pueblo, somos de distintos credos, de diferentes creencias, pero nos une algo inquebrantable.

Alberto, Zohra, Aziz, Itziar, Ahmed, Mohammed, Abderrahman, Sergio, Maru (mi madre) y Fatima, en el Cafe Lixus de Larache
Desde el pasado al presente, lo mejor de ir a menudo a Larache es que el número de los míos nunca disminuye, al contrario, poco a poco a quienes forman parte de aquellos años de infancia, como Javi, Messod, Sibari o Emilia, se incorporan los que año tras año se cruzan en mi vida y se adhieren a la piel de mi memoria.
A veces, sólo basta con vernos, saludarnos, abrazarnos, y esa corriente mágica surge espontánea, hay un invisible hilo que nos une, y eso te hace sentirte especial, privilegiado.
Salgo del cine algo desconcertado. Si me preguntaran qué es lo que acabo de ver, realmente no sabría qué decir. “El luchador” (The wrestler, 2008), la anterior película de Darren Aronofsky, confieso que me fascinó e, incluso, me emocionó, y además estaba muy bien rodada. Así que me esperaba algo decente.
En la butaca del cine me he sentido incómodo. Hacía mucho que no me ocurría. Algunas escenas son particularmente morbosas, nunca me ha gustado ver cómo le arrancan las uñas a nadie, pero supongo que si se quiere mostrar el sufrimiento de una bailarina por alcanzar la perfección artística es una metáfora como otra cualquiera, repulsiva, pero metáfora al fin y al cabo.
“Cisne negro” (Black swan) cuenta la historia de una intérprete de ballet clásico que lucha por hacerse con el papel protagonista de “El lago de los cisnes”. Se presenta como un drama, está nominada a los Oscar y, según la prensa y la publicidad, la interpretación de Natalie Portman es magnifica. Vale. Pero vayamos por partes.
Sí, es verdad que cuenta la historia de una bailarina perfeccionista (yo diría que enfermizamente obsesionada) por lograr ese papel. Pero Aronofsky no rueda un drama al uso sino que, influenciado de forma absoluta por “La pianista” (La pianiste, 2001) de Michael Haneke, calca parte de esta historia. A veces, creía estar viendo trozos de ella, aunque aquí la pianista se ha transformado en bailarina. Ni que decir tiene que la personalidad del personaje femenino es tan contradictoria y amarga en una como en otra. Para que no nos demos cuenta de la copia, la bailarina vive sola con su madre, y su madre es una mujer que vive volcada en ella, controlándola y vigilándola, protectora hasta la asfixia, que sólo desea que triunfe, que logre lo que ella fue incapaz de alcanzar, que anhela vivir a través de su hija lo que en su juventud no vivió, y comparten un piso algo sórdido, triste, agobiante. Vaya, pero si es casi lo mismo.
Lo que era sobriedad, sequedad y frialdad en la película de Haneke, aquí se torna en una especie de mezcla extraña. En “Cisne negro” hay drama, por supuesto, pero, sorpresa, también hay auténtico cine gore (asoma algo de Dario Argento, aunque Aronofsky trata en realidad de emular al gran David Cronenberg sin lograrlo) con sus escenas truculentas llenas de sangre y violencia gratuita (toda ella fruto de la imaginación del personaje, como cuando se levanta una uña y tira de ella y se lleva por delante la piel…), hay cine “de miedo” (entiéndase el tipo de cine que busca el efecto a base de sorpresas remarcadas con golpes de música, muy al estilo de todas las películas de terror que se ruedan desde hace unos años, y eso da lugar a algún que otro momento sonrojante), hay cine de espíritus o de fantasmas que se cruzan por algún pasillo o aparecen en una habitación (desde “El sexto sentido” a “El orfanato”, pero en “Los otros” Amenábar lo hacía mejor) y hay cine musical, aunque de ballet clásico. Demasiadas cosas, quizá.
Darren Aronofsky ha querido hacer una película europea. Europea y seria (en el peor sentido del término), pues no hay una pizca de humor en todo el metraje, y para lograrlo se apoya, como digo, en “La pianista” de Haneke, en el cine gore, en la utilización, a ratos, de cámara en mano muy a lo Godard, en escenas de sexo más o menos explícito (a las que el cine americano le tiene tanto pavor, quizá por ello se buscan la excusa de la frigidez de la protagonista), actores y técnicos franceses (Vincent Cassel está más que creíble como coreógrafo), música de Tchaikovsky… Algo así como cine europeo con presupuesto americano.
Lo único que me parece auténtico del film es la interpretación de Natalie Portman, y también es lo único que comparto con las críticas que he leído. El resto me parece una exageración, una astracanada. Incluso ver en el papel de la madre a Barbara Hershey, actriz que en su momento me parecía deliciosa y sensual, convertida ahora en otra máscara de botox (a lo Nicole Kidman o Faye Dunaway) me ha desmoralizado por momentos.
En fin, que una bailarina se obsesione con su papel hasta el extremo de confundirse con su personaje es posible, pero que no me digan que esta película logra que nos creamos esa historia, porque no lo hace. Sigo aún desconcertado, lo confieso.
Sergio Barce, febrero de 2011
Como ya señalé en mi reseña sobre Akalay como escritor larachense, el reto estriba en que el escritor, cuya lengua habitual es el árabe, utilice el castellano para narrar, y que, además, le hayan reconido este mérito con varios premios. Y, aunque ya había introducido algún párrafo de sus cuentos, le pedí que me enviara uno de ellos para colgarlo de este blog. Akalay, por supuesto, haciendo gala de su amistad, me ha enviado dos de sus relatos, y hoy os ofrezco uno de ellos, que forma parte de su libro «Entre Tánger y Larache» (Sial Ediciones/Casa de África, Madrid, 2006).
Sergio Barce, febrero 2011

Mohamed Laabi, Jose L. Gómez, Mohamed AKALAY, Sergio Barce, Mohamed Sibari, Bouissef Rekab y Said Jedidi
«El peso de la vida» de Mohamed Akalay
El aviso de desahucio llega cuando tienes que ir a pagar las facturas de la electricidad y el agua. Decides posponer tal ejecución y esperar acontecimientos.
Suspendida la acción de cada mes ante la nueva realidad, sientes en tu entorno un silencio cruel, soledad brutal, enmudeces.
En la habitación del niño se percibe tranquilidad, él queda lejos de los padecimientos que tú debes soportar. Para él, eres el viento que alegremente revolotea, el agua que nutre, el pan que alegra, la paz y la seguridad.
El documento en el que te ordenan abandonar el hogar es escueto, duro, sin dejar dudas de ninguna clase. ¡En dos días tienes que pagar los meses atrasados o irte y llevártelo todo! Al volver a leerlo, mareas de sombras anegan tu alma y sientes el vacío envolverte… Recuerdos de dolor y desesperanza.
Tu marido acaba de encontrar una casa maravillosa, donde el fruto se presiente feliz. El bebé que pronto va a nacer tendrá un hogar para crecer adecuadamente.
-Hemos tardado en encontrar una casa como es debido, pero por fin tenemos lo que queremos…
-Cuando el niño nazca tendrá su habitación y nosotros podremos vivir con holgura. ¡Dios nos ha ayudado!
Tu joven marido tiene un buen trabajo, tú te encargarás de la casa y, de momento, te preparas para el alumbramiento. Vuestras familias son de otros confines lejanos y únicamente os tenéis el uno al otro.
Antes de ocupar el nuevo hogar, decidís unos arreglos: echáis abajo un tabique y el salón ya es más grande, dividís una amplia habitación y ya tenéis la vuestra y el bebé la suya, separadas. Compráis lo estrictamente necesario para vivir adecuadamente, los adornos pueden venir más tarde.
La vida se hace bella, te encaramas en lo más trivial para sentir ilusiones de un futuro prometedor. La vida que vive en ti te hace absorber cada momento que pasa, esperas con esperanza una luz que brille para siempre junto a ti y a tu marido.
Creo que se acerca el parto, algunos familiares, los más cercanos, viajan para estar junto a ti.
-¡Hija mía, qué contentos están todos de que puedas ser madre!
-¿Y por qué no han venido todos, mamá?
-El viaje es muy largo… y muy raro. ¡Qué le vamos a hacer, hija!
-Es verdad; tienes razón.
Tu suegra es una mujer muy buena, apenas habla y siempre está dispuesta a hacer lo que sea para que los demás se sientan bien. Ha venido sola.
Tu marido fue a esperarlos a todos a la estación del tren, tanto a tus padres como a su madre.
Los preparativos se aceleran cuando el nacimiento del bebé se hace inminente: ropita para el recién nacido como los baberos, camisetitas, jerseys, etc.; ropa adecuada para ti: bata, zapatillas, camisones… En la casa se elaboran dulces, bebidas; tu habitación preparada para recibir las visitas –pocas, pero seguras- de las esposas de los compañeros de tu marido.
… Y ahora esta acta que viene a hacer más vacío tu entorno.
“No permitiré que me echen de aquí, estoy dispuesta a todo. Dentro de poco me van a dar un trabajo y empezaré a pagar el alquiler; creo que el casero no se va a morir si se espera un par de meses”.
Oyes que tu hijo se despierta y vas a darle los buenos días. El disgusto es tuyo y no quieres que sepa que hay problemas, basta que su padre haya desaparecido. Adornas tu cara con una ancha sonrisa y abres la puerta.

Colegio Luis Vives de Larache: en este acto intervinieron Mohamed Sibari, Mohamed AKALAY, Sergio Barce, José Mª Montes y el cónsul D.Javier Jiménez Ugarte
-Buenos días, cariño. ¡Arriba! ¡A prepararse para ir al cole!
El niño, de nueve años, se estira para desentumecer los huesos y rápidamente se yergue y te abraza.
-Todavía es temprano, mamá. Déjame un ratito más…
-¡Venga, hijo, arriba!
“Iré a ver si soluciono esto con el dueño de la casa. ¿Adónde voy con mi hijo a cuestas? Si estuviera sola me la arreglaría como fuera, pero así, con un niño…”
-¿Está la leche caliente, mami?
-¡Claro que sí, enano! Y tengo bizcocho de chocolate…
Llevas a tu hijo al colegio. En la puerta hay cientos de niños como él, pero ninguno con el mismo problema: pronto ni podrá tener casa ni podrá asistir a sus clases. Ráfagas de recuerdos te ahogan. Quieres llorar pero no debes…
El bebé nace y la alegría inunda tu vida; tu marido te quiere más aún, estás segura. Sientes crecer, dulcemente, la luz añorada.
La vida palpita en cada uno de los muebles, en cada rincón de la casa que compartes con esas dos personas.
-¿Te parece bien que este verano vayamos a la playa con el enano?
-¡Claro que sí! Yo iré a comprar esta tarde los bañadores para los tres, aceites para que no nos quememos y algunos juguetes para que se distraiga el niño.
-Mi bañador me lo compro yo. No tengo ganas de estar cambiando…
Vas sumida en tus pensamientos. El dueño de la casa estará en su tienda y tu intención es convencerlo para que retire la denuncia contra ti. Le explicarás que pronto tendrás medios para cubrir la deuda que tienes con él. Que por favor no te echen de tu casa.
El hombre ve que te acercas y sale de la tienda para hablar contigo. Sigue leyendo →
De estos últimos años, si se quiere hablar de cine negro, de buen cine negro, hay que referirse al cineasta Jacques Audiard.
Desde sus primeros films (todos merecen ser vistos, los seis, no son demasiados), este realizador francés nacido en París en 1952, ha sabido mezclar hábilmente en sus guiones el drama y la comedia (como en “Un héroe muy discreto” <Un héros très discret>) con el relato negro. Fue con “Lee mis labios” (Sur mes lèvres) (2001), que plantea ya algunos momentos de buen cine, cuando llamó mi atención el trabajo de Audiard pues, a una sólida historia, se añadía una estupenda dirección de actores y una puesta en escena sobria pero tan clásica como renovada.
El cine francés siempre ha amado el cine negro, y Jacques Audiard está fuertemente influenciado por los maestros de ese cine: Jean-Pierre Melville, Jacques Deray, Henri Verneuil o René Clément, pero también por el cine americano de los setenta. He notado su atracción (espero no estar equivocado) por el William Friedkin de “The french connection”, el Frankenheimer de “The french connction II” o el Arthur Penn de “La noche se mueve” (Night moves), no sé, quizá en la formulación de la trama, en los movimientos de cámara o, simplemente, en la manera de sobrevivir sus personajes.
Con “De latir mi corazón de ha parado” (De battre mon coeur s´est arrêté) (2005), un título precioso, uno ya comienza a quitarse lentamente el sombrero. Es una película tan trepidante como original. Ahora el cóctel de cine negro y drama funciona como un reloj, no hay fisura alguna. Comprendo entonces que Jacques Audiard no sólo es un buen realizador, es magnífico.
En 2009 estrena “Un profeta” (Un prophète). Ahora ya me quito el sombrero del todo. Es un director excepcional. La publicidad del film la anuncia como “Audiard realiza su Padrino”, y eso es verdad. Estamos ante una auténtica obra maestra.
“Un profeta” cuenta la historia de cómo un pequeño delincuente, musulmán, y desde dentro de la cárcel, inteligentemente va ascendiendo en la escala de poder de la mafia que controla ese mundo, pero también el exterior. Audiard es tan hábil al contarnos esta aventura personal que introduce el elemento innovador: el problema de la interculturalidad, la mezcla de religiones, las nuevas relaciones entre clanes que se han ido creando en los centros penitenciarios, las diferencias étnicas, la xenofobia entre unos y otros, la violencia de nuestra sociedad actual.
Para ver el tráiler (en español) de este film, entra en: http://www.youtube.com/watch?v=m9s5HqXslZc
El protagonista, Malik el Djebena (interpretado por un extraordinario actor llamado Tahar Rahim) se ve rodeado en el interior de la cárcel por hombres sin alma que serían capaces de arrancarle el corazón, de pisotearlo hasta convertirlo en un ser anónimo, en carne de cañón, pero él juega sus bazas, renunciando a formar parte del clan de los otros presos árabes, y, astuto como pocos, va ganándose la confianza de César Luciani (al que da vida un actor inmenso: Niels Arestrup, que ya había bordado su papel en “De latir mi corazón se ha parado”), que es el auténtico capo de esa cárcel.
La lenta pero inexorable caída de César, el viejo jefe del clan de los corsos, corre en paralelo con la asombrosa subida de Malik. Y Audiard, a la vez que nos muestra un recinto penitenciario frío, casi aséptico, sucio y corroído, una especie de intestinos podridos, que le dan un realismo ejemplar a la cinta, mueve su cámara por el patio, por las celdas, por cada rincón de ese mundo, para mostrar sus habitantes, una galería de personajes inolvidables. El fantasma del hombre que Malik ha de asesinar, que se le aparece en varias ocasiones, es un acierto, no desentona, al contrario, son unos encuentros sutilmente rodados que dan un leve toque de comedia enriqueciendo la historia.
Hay algo de Sam Fuller, de Don Siegel y de Jacques Becker. La música de Alexandre Desplat no va a la zaga, y Stéphane Fontaine, en la fotografía, logra el clima y el color que requiere una narración nada complaciente.
No hay compasión en los hombres que se mueven en este mundo de los bajos fondos, no hay remisión, la vida consiste en sobrevivir, para eso hay que asimilar las normas, entrar en el juego, y como Malik, hacerse con el mando.
“Un profeta” es una película con mayúsculas. Inolvidable, con eso está todo dicho. Ya han pasado tres años, y Audiard no ha rodado aún nada nuevo. Película a película ha ido subiendo peldaños, y ha llegado a esta obra cumbre. Si es capaz de superarla, entonces ya ni siquiera intentaré volver a ponerme el sombrero.
En 2010, ganóa la mayoría de los Premios César del cine francés, obtuvo el Premio Bafta a la Mejor Película de Habla No Inglesa y estuvo nominada en esta misma categoría al Oscar de Hollywood.
Sergio Barce, febrero 2011
Filmografía de Jacques Audiard:
1994: REGARDE LES HOMMES TOMBER Con Jean-Louis Trintignant, Jean Yanne, Mathieu Kassovitz, Bulle Ogier, Christine Pascal e Yvon Back.
1996: UN HÉROE MUY DISCRETO (Un héros très discret) Con Mathieu Kassovitz, Jean-Louis Trintignant, Anouk Grinberg, Sandrine Kiberlain, Albert Dupontel y Nadia Barentin.
1998: NORME FRANÇAISE -corto
2001: LEE MIS LABIOS (Sur mes lèvres) Con Vincent Cassel, Emmanuelle Devos, Olivier Gourmet, Olivier Perrier, Olivia Bonamy y Bernard Alane.
2005: DE LATIR MI CORAZÓN SE HA PARADO (De battre mon coeur s´est arrêté) Con Romain Duris, Niels Arestrup, Jonathan Zaccai, Gilles Cohen, Linh Dan Pham, Aure Atika, Emmanuelle Devos y Mélanie Laurent.
2009: UN PROFETA (Un prophète) Con Tahar Rahim, Niels Arestrup, Adel Bencherif, Hichem Yacoubi, Reba Kateb y Gilles Cohen.
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