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LARACHE, 17 de abril de 2011 – Fotos de OUTMAN ATJEJE

Outman Akjeje me ha enviado unas cuantas fotografías de la iluminación nocturna que preparamos para el edificio del Café Central del pasado domingo en Larache (y alguna otra que me hizo con mi hijo Sergio, y que le agradezco por lo inesperadas). Así queda algo más completa la información sobre las actividades del pasado fin de semana organizadas por «Larache en el mundo«.

En las pantallas que se instalaron junto al edificio del Central, se proyectaron los cortometrajes «Mawall» y «Balcón Atlántico» del realizador larachense Mohamed Chrif Tribak, un documental sobre el recientemente fallecido vigilante de las ruinas del Lixus, a quien se le tributó un homenaje con la presencia de su familia, y se proyectaron los montajes de fotos antiguas de Larache que preparó Houssam Kelai.

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LARACHE, 17 de abril de 2011 – Niños pintando e iluminación nocturna del edificio del CAFÉ CENTRAL

La jornada se cerró con un emocionante acto: estando ya a punto de terminar los trabajos de rehabilitación del edificio del Café Central, gracias a la colaboración de la Junta de Andalucía, a las gestiones iniciales de nuestra asociación «Larache en el mundo» y del apoyo de los propietarios actuales del inmueble, la familia Yakoubi, en especial de Hanan Yakoubi que, desde el inicio, estuvo entusiasmada con la idea de rehabilitar el edificio, Aberrahman Lanjri propuso que durante el día Internacional de los Monumentos y Sitios Históricos iluminásemos el inmueble por la noche para que los larachenses se dieran cuenta de la belleza que encierran los edificios de la antigua plaza de España, hoy Plaza de la Liberación. Varios niños leyeron poemas dedicados al viejo inmueble y a la plaza, y se proyectaron varios videos con imágenes de los edificios de Larache, especialmente fotos antiguas que ha montado Houssam Kelai. Mucha gente se emocionó viendo esas imágenes, y hubo más de una lágrima.

Poco a poco, los trabajos de rehabilitación están dando sus primeros frutos visibles


los videos de Houssam Kelai llenaron la noche de nostalgia


La iluminación nocturna fue tan llamativa que el edificio del Central parecía sacado de un sueño.

Durante el mediodía, tras el paseo por la Medina, se realizó otra actividad con los niños, consistente en que realizaran dibujos al aire libre, frente al Hotel Cervantes, con el Balcón del Atlántico a un lado y la Plaza al otro…

Abdeslam Serrojk & Chrif Tribak

Sergio Barce & Waly

Ha sido un éxito de participación. El hecho de que los niños sean los protagonistas, atrajo a sus padres y familiares, y el ambiente fue festivo y divertido.

Abderrahman no paró de dar instrucciones con acierto

entrega de premios

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LARACHE vista por… JAVIER LOBO

Javier Lobo en su Balcón del Atlántico

Al enviarme estas fotografías (y otras que ha ido haciendo cada vez que ha regresado a Larache), Javi Lobo me escribía que «estas fotos son de mi Larache. Y digo de «mi Larache» porque un trocito de ella me pertenece. Para mí tienen un valor incalculable, de cada foto crearía un comentario que lo plasmaría hasta el fín de mis días…«

A Javi y a Angela, su mujer, les ocurre como a mí. No podemos dejar de volver, ni podemos dejar de sentir algo especial cada vez que vemos de nuevo las calles de Larache…

Ya estamos entrando por la antigua carretera, el cartel nos da la bienvenida, y dejamos atrás Lixus y las salinas. El primer nudo en la garganta se siente cuando vemos el perfil de la ciudad desde una curva, dibujada sobre el mar, como esperándonos…

Ineludiblemente, buscamos nuestras casas, los lugares donde vivimos, donde lo hicieron nuestros padres, quizá donde nacieron ellos, esas calles que van desapareciendo poco a poco borrando la prueba de los recuerdos que todos guardamos. Javi Lobo fotografió su calle y el callejón de enfrente, donde creció rodeado de amigos, donde se grabaron las primeras muescas en su alma.

calle donde vivía Javi Lobo

y el callejón de enfrente

Y ese león, uno de los que franquean la entrada al Jardín de las Hespérides, una de las dos fieras a las que todos nos montamos en nuestra niñez (y ahora para recoerdarlo). Parece mentira que unas esculturas formen parte de nuestra memoria, que hayan cobrado vida y nos parezca que, de alguna manera, respirasen con cierta resignación cuando nos subíamos a sus fríos lomos. Ahora pasamos a su lado, los miramos con ternura, y nos parecen diminutos, de fieras han pasado a mansos felinos, y el hermoso jardín también queda en nuestra memoria, con chita metida en su jaula, y con los cañones aún en pie, y con las parejas de novios paseando y abrazándose al anochecer… Y ya veo que Javi tampoco pudo evitar echarle una foto, para guardárselos, porque los leones también son «suyos», y nuestros.

A Javi Lobo le encantan las fotografías en blanco y negro. Hace algunas impresionantes, ya las iré colgando en el blog, y como botón de muestra ese carrito en una esquina, que me hace recordar al que siempre estaba apostado (sigue aún) junto a la academia de Don Aurelio, a la izquierda del patio de la iglesia. Ese carrito que asaltábamos antes de entrar en el Ideal, en el que comprábamos cartuchos de garbanzos fritos y garrapiñadas y pipas… O ese carro al que arrastra ese burro cansado y viejo, una estampa que es otra imagen que forma parte de nuestras calles…

Y su cámara también captó las heridas, las hemorragias incurables del Cine Ideal, ese mismo que Sara Fereres describía en su libro como el cine más moderno de Larache cuando se construyó. Un edificio art-decó, precioso, que era referencia de la ciudad, uno de sus edificios emblemáticos, inmueble catalogado por su valor arquitectónico pero que, ya lo anunciaba esa imagen desvalida de Javi, estaba condenado a ser pasto de los especuladores.

Cayó, lo borraron, y en su lugar se ha levantado un gigante de cemento que oscurece la vieja calle Chinguiti, la avenida Hassan II, y la hace más triste y más extraña,y más inhóspita. Pero ya sabemos, Javi, Angela, que pueden hacer desaparecer sus ladrillos, sus ojos de buey, su perfil de barco de recreo, pero jamás borrarán las imágenes que vimos en su pantalla rectangular, la ilusión de las películas que pasaban por su viejo proyector, ni siquiera las voces de los actores que retumbaban en su sala, que nos las hemos guardado nosotros hurtándolas a los saqueadores, ni tampoco el eco de las voces de los espectadores gritando «¡radio!¡radio!» cuando se desenfocaba la imagen o había algún corte inoportuno…

Cine Ideal

Y como la vida misma, Javi Lobo da la espalda a las heridas, que ya no cicatrizan, y descubre de pronto lo mejor de Larache. Sonreí cuando vi el título que Javi le daba a la última fotografía que cuelgo hoy. Está tomada en la calle Mulay Ismail, junto a los jardines del Balcón. Es una niña que se gira sólo un poco para mirar directamente a su cámara. Esa niña larachense irradia vida, supura futuro, le brillan los ojos y su sonrisa apaga el entorno. Hay ángel en su mirada. Pero Javi la describió con una sola palabra: «Felicidad».  Javi, cómo se nota que te contagió su alegría.                             Sergio Barce, abril 2011

FELICIDAD


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LARACHE vista por… SARA FERERES DE MORYOUSSEF

En su exquisito libro “Larache, crónica nostálgica” (Centro de Estudios Sefardíes de Caracas, 1996), la escritora larachense Sara Fereres de Moryoussef, se acerca a la ciudad en la que vivió y creció con la nostalgia propia de la distancia, tanto física como temporal. Igual que a otros autores, como León Cohen, Cristina Martínez o yo mismo, ese retroceder en el tiempo y en el espacio para recuperar la memoria del Larache particular de cada uno de nosotros, conlleva, casi ineludiblemente, el barniz de la idealización. Y es que, cuando la experiencia vital está llena de dulces sabores, las palabras brotan cadenciosas pero pasionales, trémulas a veces pero emocionadas. Sara Fereres no puede evitar una declaración de amor a Larache en cada página de su libro, que es una crónica nostálgica, sí, pero una crónica palpitante también.

Molly Benarroch, Jacobi Benay, SARA FERERES y Anita Benarroch

Se detiene en la descripción del Larache en la que Sara vivió, en cada calle, en cada edificio, y lo hace sin prisas, demorándose en los recuerdos.

“Fue durante la década de 1940-50 cuando la ciudad tomó gran empuje. Se construía más, pues había mucha gente nueva de la Península. Casi todas las calles transversales ya tenían vivienda. Se abrieron nuevos comercios y se instalaron más bares y restaurante. Otro cine nuevo surgió, llamado María Cristina, y la gente se expandió viviendo hasta en lugares que antes eran campos pelados.

Como a unos cuarenta metros de nuestro edificio, atravesando la calle Cervantes, se encontraba el Banco Español de Crédito. Era un hermoso edificio cuyas paredes estaban cubiertas de mármol gris, si mal no recuerdo, y que aún existe. Un poco más adelante podíamos ver la única iglesia del pueblo. Pequeño pero atractiva. Muy sencilla, sin ningún estilo, aunque acogedora en su modestia. Estaba situada al fondo de una especie de plazoleta, decorada con macizos de plantas y flores, entre unos setos divisores. No era una gran cosa, sino más bien una iglesia muy adecuada para el pequeño pueblo que era Larache.

De los dos únicos quioscos de diarios y revistas que teníamos, el de Cremades era el más completo. Allí vendían toda clase de lecturas y comiquitas para los niños: Mari-Pepa, Juan Centella, Tarzán, El Fantasma, los de Walt Disney, etc… Cromos para coleccionar y cartones para recortar y armar barcos, casas, automóviles… Ahí no se vendían <chucherías>. Esto que existe hoy en todas partes era, durante mi infancia y parte de mi juventud, casi desconocido entre nosotros. Supongo que por esos mismo apenas había un par de dentistas o tres en Larache.

(…) Dejando atrás la iglesia y Cremades nos encontrábamos en la parte comercial de la avenida. El edificio de los Gallego, separado por un pasaje de otro edificio, la Banca Gallego. Los cafés o tascas, digamos más exclusivos, estaban allí mismo en la avenida: el Café Mau y el Canaletas, con la pastelería de Orozco que los separaba.

Para ir a la calle Chinguiti, el <paseo> de la ciudad, salíamos de la Canaletas y tomábamos a la derecha para entrar al pasaje que nos conducía directamente a ella. La avenida y la calle Chinguiti eran paralelas. En estas calles se encontraban los dos cines y una serie de comercios con toda clase de artículos. También las otras dos buenas pastelerías que teníamos: La Suiza, casi frente al Teatro España, y la <del valenciano> que era también heladería en verano y se hallaba casi al final del paseo. Lo mismo que La Suiza, estaba situada frente al otro cine llamado Cine Ideal.

(…) …teníamos el Cine Ideal que era eso, ideal. Bonito, nuevo y moderno, con asientos tapizados y todo él <sha´aleando>. Allí se estrenaban buenas películas y, como es natural, no nos las perdíamos.”

CINE IDEAL en la calle Chinguiti – hoy Avda. Hassan II

Sara Fereres, como digo, hace un recorrido por todo el pueblo, dedica un capítulo al Zoco Chico, a la época de la guerra, que tanto sufrimiento trajo a gente maravillosa de Larache, condenados al ostracismo por sus ideas, y también describe la playa y el paso del río en barca, cómo no, y las fiestas, el ´Id-el-Kebir, el Purim… Una descripción fiel de la convivencia que mantuvieron las tres religiones en Larache, un ejemplo que no nos cansamos de mostrar al mundo.

Así relata la fiesta del ´Id-El-Kebir y la romería a Lal-la Mennana.

“La fiesta grande era el ´Id-El-Kebir. En Larache dedicaban ese día a honrar a una santa mujer, Lal-la Mennana que estaba enterrada justamente en el cementerio emplazado en todo el centro de la ciudad y que llevaba su nombre.

Ese era un gran día para los musulmanes. Se iniciaba en la víspera. Al día siguiente, desde el amanecer, comenzaban a reunirse los fieles en el entorno del Zoco Chico, cerca de la mezquita y de allí partía la procesión que los llevaría a través de la Avenida Generalísimo Franco hasta el cementerio, donde después de rendir honores a la santa, terminaba la romería.

El propósito era llevar ofrendas a Lal-la Mennana. Los principales entre ellos se llamaban <shrifis>, o sea jeques y precedían la caravana que componía gente llevando ofrendas. El <shrif> iba montado a caballo o mula, de preferencia blanco.

Él mismo iba vestido de blanco. .. (…) Había muchas paradas y en cada una de ellas los devotos <´issauis<, una secta de derviches, se dedicaban a bailar al son de tambores y chirimías, esas flautas morunas de sonido monótono y agudo. Los movimientos eran rítmicos pero violentos. Giraban la cabeza como si fuera un trompo y se excitaban a tal punto que perdían la noción del dolor. Los he visto cortarse, pincharse con hojas de chumberas llenas de espinos largos y agudos, golpearse con hachas la cabeza y sangrar. Hasta caminar sobre carbones encendidos y levárselos a la boca, sin que demostraran sentir dolor…

(…) Curiosamente, la hija de los cuidadores de nuestra huerta era una <´issauía>. Una vez le pregunté cómo hacía y me mostró como se <haireaba> ella al seguir ese ritmo tan enloquecedor. Me dijo que era fácil y que lo intentara. Muy imprudentemente seguí su consejo y terminé vomitando a causa del mareo.”

Y la fiesta del Purim:

“Para la fiesta del Purim todas las casas hebreas de Larache se convertían en pastelerías.

Esta fiesta es la más dedicada a los niños del pueblo judío. Es un día de regalos y golosinas. También los indigentes la disfrutaban. Fiesta alegre para visitar a los amigos y a la familia. Igual que para recibir. Día de puertas abiertas hasta el anochecer.

(…) A la entrada de cada casa se ponía sobre un mueble o mesita una bandeja llena de moneda fraccionaria, para tenerla a mano y ofrecer su óbolo a cualquiera de los tantos indigentes que se presentaban durante el día con ese propósito. Llegaban hombres, mujeres y niños. A cada quien se le daba lo que correspondía: moneda fraccionaria para niños, pesetas o <duros> para los adultos. Los pequeños de la casa ofrecían a los críos y los adultos los hacían a los mayores.”

Avenida Chinguiti – cine Ideal (otra perspectiva)

Sara dedica un hermoso capítulo a un hombre, Abd-el-Kamel, lleno de cariño, ternura y afecto (pero que no transcribo porque creo que merece la pena que lo descubra el lector de este relato). Uno de los más conmovedores de su libro, y que me recuerda mucho a mi cuento “Mina, la negra”.  Y es que, aunque de épocas distintas, las experiencias en Larache nos unen a todos, vivencias casi paralelas que saltan de un decenio a otro, pero que no dejan de estar marcados a fuego por la misma tierra, por la misma gente, por la misma sangre.

Sergio Barce, abril 2011

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LARACHE – Fotos 8 – en el Balcón del Atlántico

Mi hijo Sergio en el Balcón del Atlántico

Nombrar un lugar inolvidable de Larache, no sé si mítico (es quizá una palabra excesiva, seguramente) me lleva al Balcón del Atlántico. Era el lugar al que me asomaba en los primeros años desde la ventana de mi casa. Fue también el lugar de mis correrías, de mis juegos, de mis travesuras. Un día, tendría siete u ocho años, introduje papeles y cartones por las aberturas existentes bajo el templete que hay en sus jardines y en el que tocaban los músicos los días de fiesta. Luego, metí una cerilla. Por supuesto, no pude apagar la llama y se formó una humareda escandalosa, así que llamaron a los bomberos… He borrado de mis recuerdos lo que me dijo mi padre después de enterarse…

Jardines del Balcón Atlántico

También era y es el sitio ideal para pasear, viendo el atardecer,  el sol sumergiéndose allá a lo lejos. Creo que todas las parejas de novios han bajado al Balcón para compartir sus confesiones, para caminar del Mercado hasta casi al puerto y luego volver lentamente sobre sus pasos, un ritual de horas, con tal de estar uno al lado del otro… Mohamed Chrif Tribak lo filmó en su corto «Balcón Atlántico», un retrato simpático de lo que no es sino una tradición de la ciudad y de sus gentes. Un lugar del que todo larachense guarda su recuerdo privado e intransferible.

Pero qué sería este Balcón sin la gente que lo paseó, que lo añora, que lo recuerda o que aún lo vive. Esa gente que forma parte ya de mi vida, que siento tan cercana, tan íntima.

Jose María López Cobos

A medida que voy acumulando fotografías, textos o simples esbozos, me doy cuenta de la gran cantidad de personas que habitan en mí. Algunas de ellas hace mucho que no las veo, otras se comunican conmigo de tarde en tarde, a veces con un simple mensaje de texto, pero siempre hay una extraña sensación de que siempre están ahí, cercanas, a mano, y que algo difícil de explicar o de comprender nos une. Sabemos lo que es, por supuesto: una tierra, un sol, un río, el mismo horizonte en el que cada día sigue desapareciendo el mismo sol…

Sergio Barce, abril 2011

Mohamed Chourdi, Ange Ramírez, Abdrrahman Lanjeri, Gabriela Grech, Sergio Barce, mi hijo Pablo

MOHAMED LAABI Y SU MUJER FATIMA ZOHRA

Elisa y Pepe

Amigos desde la infancia… Emilio Gallego, Lotfi Barrada, Sergio Barce

Carmen Allué

Carlos Amselem

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