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Realmente sorprende esta obra de Sergio Barce. Si habéis leído algunos de sus libros como yo, os daréis cuenta de que si bien el estilo impecable de Barce es reconocible desde el primer momento, la historia que afronta es distinta a las demás: intriga, misterio y acción, se aúnan para dotar a la novela de un atractivo especial para los amantes del género negro, un thiller muy interesante.
Elio Vázquez, el protagonista de la novela (ya nos alerta en una fantástica presentación su amigo Jesús Ortega el parecido sonoro con el nombre del autor Sergio Barce) es un escritor que se ve sorprendido en la presentación de su novela de un hombre que acusa al escritor de haber sido culpable en dicha obra de desvelar el secreto de un códice y poner en peligro la vida de personas.
En la novela que se presenta dentro de la novela de Barce aparece un protagonista llamado ¡Jesús Ortega! curiosamente el mismo nombre que presentó la novela el día 23 de septiembre en el Corte Inglés, si bien ya nos alertó Sergio que en el cartel de presentación del acto, que por error aparecía como presentador José Ortega. Fijaos bien: personaje dentro de una novela que es presentada por un amigo a su vez llamado igual que el personaje de la novela contenida en la novela que presenta y que a su vez es dedicada a una amigo fallecido llamado Pablo Cantos Ceballos que a su vez se llama como un vecino de este que escribe: Antonio Cantos Ceballos.
Si Jesús Ortega en la novela contenida en la que que presenta Jesús Ortega es Arturo Kozer, ¿quién es en realidad Jesús Ortega al que Sergio Barce invita a presentar el libro de las palabras robadas?
Misterio, círculos concéntricos, casualidades, muerte e intriga, toda una pléyade de asuntos que inevitablemente hacen especial para mi esta novela.
La lectura de la novela me rodea siempre de un ambiente donde la nostalgia y los recuerdos están plagados del aire enrarecido de penumbras de la memoria.
Elio Vázquez sometido a la terapia de su psiquiatra Moses Shentov, rememora constantemente un pasado donde sus recuerdos de Tánger aparecerán desde lo difuso para sorprendernos con la veracidad de los sueños.
La figura de su madre Ágata ya muerta y que aparece intensamente en las escenas más íntimas de Elio, la figura de su padre que es un presente insoportable para él, un presente donde la enfermedad del Alzheimer sobrepasa la capacidad de aguante de Elio y le obliga a dejarlo al cuidado de su hermana Silvia, Dalila Beniflah, una referencia constante en la mente de los hombres que han sido subyugados por su belleza, Joan Gilabert el editor ciego y su mujer Francesca que tanto protagonismo adquirirán en la intriga, los siempre importantes secundarios: Felix Quintá o Vilches que dotarán de perfiles sutiles la trama, sin olvidar claro está la poderosa figura de Arturo Kozer que es el que irrumpe en las primeras escenas de la novela o el maravilloso e inolvidable personaje de El Rubio, son todos protagonistas de unos diálogos dinámicos y ricos, de unas escenas llenas de movimiento y de humo, de un humo que se eleva siempre en el aire para describir espirales que terminan por disiparse en el aire; una novela de mucho humo donde Elio es capaz de dibujar círculos incapaces de estrellarlos contra los ojos de sus interlocutores, porque Elio Vázquez irá descubriendo su valor ante los riesgos de las situaciones cuando lo verosímil es ya una certeza y como en el laberinto de las bibliotecas borgianas irá escudriñando y conociendo la verdad de su vida mediante los encuentros en los recodos de su memoria.
Será la memoria de Elio la que desenmascarará en un brillante e inesperado final el destino del libro de las palabras robadas, del códice que entre Málaga y Tánger viajará como los recuerdos inolvidables de aquel humo del batiscafo del barco Ibn Batouta, que tan bien dibuja su hijo Pablo en la portada del libro, aquel barco que aunque prácticamente desaparecido de las redes de Internet queda indeleble en la memoria de Sergio Barce y en la de todos aquellos niños que viajaban desde Marruecos a la península.
Os dejo un pasaje del libro:
“ – ¿Encontraste el libro de Arturo Kozer?
-Más que eso…- le dije clavándole los ojos de manera que entendiese que ahora no debía interrumpirme.-Me dirigí al Parque. Llegué pronto, y , después de un buen rato, me di cuenta de que llevaba varios minutos dando vueltas en círculos mientras apuraba mi último Marlboro. Sacudí la cabeza, y me acerqué a las casetas. Los viejos best-sellers ocupaban el ochenta por ciento del espacio, pero a veces aparecía algo interesante. Compré un ejemplar de Pacífico de Garriga Vela, sin saber entonces que tenía entre manos una obra maestra. Estaba en perfecto estado, se notaba que sólo había conocido un dueño y de que éste cuidaba sus libros. También adquirí una edición muy deteriorada de La tregua de Benedetti, en este caso probablemente porque sus heridas movieran mi compasión. Poco a poco, me iba encontrando más relajado…-Moses Shemtov me escuchaba atentamente. Por fin me sentía bien mostrándole mi vida, como si hubiésemos llegado al punto ideal en que las confidencias se hacen precisas, casi necesarias. Se había ganado mi respeto. De modo que le conté, incluso, algunas de mis debilidades-. Ojeé muchos libros, y leí con curiosidad las dedicatorias escritas en algunos de ellos, que es uno de los encantos de los libros de segunda mano…”
Una novela que supone la consagración de Barce como escritor de géneros diversos, una novela que nos atrapa desde el principio hasta el final y que disfrutaréis leyendo.
por Víctor Pérez.

Durante mi intervención quise destacar al inicio dos detalles del libro: el primero, que la portada es un dibujo de mi hijo Pablo, al que le pedí que hiciera algo partiendo de la imagen de una mujer vestida de rojo, y una pequeña fotografía del mítico barco Ibn Battuta que tantos recuerdos nos traen a quienes hemos vivido en Marruecos. El segundo, hace referencia a la dedicatoria. Esta novela es para mi amigo Pablo Cantos Ceballos, que desapareció hace apenas cinco meses, y no hay un sólo día que no lo recuerde; por eso, este abrazo a Pablo Cantos es para siempre.
Por estas razones, reproduzco íntegramente la intervención de Jesús Ortega. Sus palabras pueden titularse fácilmente:
Veinte razones para leer
El libro de las palabras robadas:
Afortunadamente, Sergio Barce cada vez necesita menos presentaciones como escritor. La profesión de Sergio Barce es la de abogado, pero, como le pasa a todo el mundo, Sergio Barce tiene también otras muchas aficiones. La que nos concierne ahora es una de mayor envergadura: es una auténtica pasión (aunque la mera idea de pasión suene a veces un poco fuera de lugar). Me refiero a la escritura. O mejor, a ese continuo indisoluble que es la lectura y la escritura. Jorge Luis Borges decía que él era realmente un lector que, de vez en cuando, escribía.
Para los que no lo sepan –y espero que aquí sean pocos-, diré que Sergio Barce tenía publicados hasta el momento cuatro libros, que son El jardín de las hespérides, Últimas noticias de Larache, Sombras en sepia y Una sirena se ahogó en Larache. Por Sombras en sepia recibió el premio Tres Culturas de Murcia y por Una sirena se ahogó en Larache fue finalista del Premio Andalucía de la Crítica 2012.
Digo tenía porque ahora ya son cinco. El libro que les estamos presentando hoy es el nuevo libro de Sergio Barce, que acaba de editarse y de comercializarse, y que se llama El libro de las palabras robadas. Como tal no necesita ya, incluso recién nacido y al igual que su autor, casi ninguna presentación. Acaban de ver ustedes un video promocional que es mejor que el de muchas películas norteamericanas y, desde luego, mucho más emocionante. Si desean verlo de nuevo, les basta con teclear en YouTube “el libro de las palabras robadas” para encontrarlo. (Si teclean lo mismo en Google Images, salen en cambio montones de cosas: desde fotos de Sergio Barce a portadas de libros que le gustan a Sergio Barce, pasando por fotos de Salinger, fotos de unos actores en posado y actitud bastante lánguida que interpretan una película de nombre parecido, portadas de libros sobre los bebés presuntamente robados por Sor María y carteles de una película llamada Cacería Zombi, vaya usted a saber porqué).
Así es que lo que a mí en realidad me gustaría hoy es darles a ustedes razones para que se interesen –de moderada a intensamente- en el libro de Sergio Barce, corran a adquirirlo y, sobre todo, lo disfruten, que es de lo que se trata siempre con los libros, aunque a veces cueste. Les ruego por tanto que se abalancen ustedes de inmediato sobre el nuevo libro de Sergio Barce, por las siguientes razones:
1) Porque es un thriller en el que no hay asesinatos sino libros. Sin dejar de lado algunas constantes de sus libros anteriores, Sergio Barce ha tomado un patrón ajeno –el del thriller trepidante- para ver qué podía hacer con él. No le ha ido nada mal.
2) Porque, como en todo thriller, se usa profusamente la intriga. La intriga es algo que a veces menosprecian los críticos, pero que en realidad nunca estorba al lector. De un modo u otro, toda literatura es intriga. Queremos siempre saber qué nos van a contar a continuación. Gabriel García Márquez llevaba esta idea al extremo y creía que el ideal era escribir una frase de forma tal que deseases de inmediato leer la siguiente.
3) Porque en el libro están muy presentes dos ciudades: Málaga y Tánger. La acción principal tiene lugar en Málaga, y no es fácil que ello resulte creíble, sobre todo si uno se ha criado allí. Los libros sobre Tánger casi constituyen ya un género literario en sí mismo, tal vez por haber sido tantos los escritores que se relacionaron con esa ciudad: Bowles, Chukri, Tenessee Williams, Burroughs, Truman Capote, Kerouac, Allen Ginsberg, Genet, etcétera.
4) Porque en el libro aparece una especie de terapeuta que se llama Shemtov. No solo es que el nombre de Shemtov sea bonito, sino que el recurso da juego, porque en terapia se trata, básicamente, de contar, que es justo lo que se hace en un libro o en una película. Piensen si no en la psiquiatra de la serie de televisión Los Soprano, la fabulosamente inexpresiva doctora Melfi. Y, como la realidad inventa la ficción, les diré que en Sicilia, poco antes de la producción de Los Soprano, los servicios sociales y sanitarios detectaron una gran demanda de psicólogos por parte de esposas e hijos de mafiosos. Además, el nombre de Shemtov, del que ya he dicho que es bonito, evoca de algún modo el nombre de ciertos personajes de las novelas de Philiph Roth.
5) Porque el libro trata del incesto, que es una cosa un poco rara, por mucho que a veces la aborden los clásicos.
6) Porque también trata del alzheimer, que es una enfermedad terrible, pero que, desde el punto de vista literario, humaniza mucho la historia. Desde este punto de vista -el literario- no deja de sorprender la idea de un thriller con alzheimer.
7) Porque el libro trata del plagio, que es un asunto muy postmoderno. No deben sin embargo asustarse ustedes lo más mínimo, porque Sergio Barce no lo aborda en su novela desde este punto de vista postmoderno.
8) Porque en el libro aparece Berlusconi. Esto es muy importante, porque Berlusconi es un individuo que, con independencia de la opinión que se tenga de él, no deja indiferente a nadie. Es más, lo habitual es que la gente tenga sobre él sentimientos negativos y positivos al mismo tiempo, sobre todo los italianos. En el libro, Berlusconi compra un periódico, el periódico en el que trabaja el protagonista. En las fechas en que se escribió El libro de las palabras robadas (digo en las fechas, aunque no se si antes o después), Berlusconi adquirió un importante medio de comunicación español. Según fuese antes o después, Sergio Barce recrea la vida o la anticipa. Ambas posibilidades son valiosas.
9) Porque, además de los amores, el libro trata también de los amoríos, que son como los amores, pero de menor cuantía. Y nos gusta creer que la vida es así, que contiene también amoríos (o al menos la posibilidad de ellos).
10) Porque en el libro se fuma, y mucho. Y algo bueno tenía que tener el tabaco, porque como es una cosa ya un poco antigua sirve bien para marcar mejor el tiempo y recordar el pasado, ese pasado en el que hasta los ginecólogos fumaban pasando consulta.
11) Porque en el libro tienen una aparición estelar, pugnando casi por la condición de personajes, otros escritores como Borges, Cortazar, Italo Calvino o Marcos Ana. Borges y Cortazar se conocieron, pero el primero receló del segundo, tal vez porque intuía ya algo, una sombra probablemente. Cortazar fue amigo de Italo Calvino y, lo crean o no, el poeta Marcos Ana se puso semejante nombre artístico porque su padre se llamaba Marcos y su madre Ana.
12) Porque el libro contiene un homenaje soterrado a Richard Brautigan. Richard Brautigan fue un escritor norteamericano bastante peculiar del que hoy se acuerda ya poco la gente. Era el característico personaje de la contracultura de los sesenta, con un aspecto físico que lindaba entre un músico de los Allman Brothers y los Freak Brothers de los comics underground que dibujaba Gilbert Shelton. Las historias de Brautigan eran divertidas e irreverentes. Brautigan las solía dividir en capítulos muy cortos, todos ellos titulados. El título de uno de los capítulos de El libro de las palabras robadas, Un detective jubilado recuerda al título Un detective en Babilonia con el que se conoció en España una de las novelas de Brautigan. Pero además, a una editorial que aparece en El libro de las palabras robadas se le llama la Brautigan House Book. Lo cuál no deja de ser irónico si se tiene en cuenta la existencia real en Estados Unidos de una Biblioteca Brautigan (cuyo nombre original es The Brautigan Library), que se compone de libros no publicados o rechazados por las editoriales, de forma tal que, si uno de estos libros es finalmente publicado por alguna editorial, debe abandonar de inmediato la Biblioteca Brautigan.
13) Porque hay una referencia al día del asesinato de Carrero Blanco, y qué es lo que estaba haciendo uno ese día es el equivalente español a qué es lo que estaba haciendo un norteamericano el día en el que mataron a Kennedy. Yo estaba en el patio del colegio. Lo recuerdo bien. Y luego dieron vacaciones.
14) Porque entre los muchos lugares de Málaga que aparecen, se describen dos bastante especiales. Uno es la Casa Guardia, con ese olor y el suelo cubierto de serrín. No hará falta decir nada más al que lo conozca, porque ese olor es como el de la magdalena de Proust del malagueño. Y el otro es la librería Proteo, parte de la vida sentimental de todos a los que nos han gustado los libros y hemos crecido en Málaga.
15) Porque se menciona, aunque sea una sola vez, a Albert King. Albert King era un maravilloso guitarrista de blues que yo adoro, pero que casi siempre hacía lo mísmo: una sola frase de guitarra, en la que era especialista, y que repetía hasta la saciedad. Pero lo hacía tan bien que uno no podía dejar de escucharlo.
16) Porque el protagonista, Elio Vázquez, rima con Sergio Barce. (Esto va a permitir que los críticos cursis puedan referirse sin miedo a un “trasunto del propio autor”, concepto este que, junto con el de la “condición humana”, constituye una de las cumbres teóricas –y algo borrascosas- de la crítica literaria de nuestro país; es raro incluso no encontrarlos juntos en el mismo texto, el “trasunto del propio autor” y la “condición humana”).
17) Porque sobre la novela planea, aunque sea muy lejana, la sombra de Dashiell Hammett. Dashiell Hammett fue un escritor singular, que trabajó en una agencia de detectives, la Pinkerton, gran creador de diálogos y se le considera –con razón- el padre de la novela negra. Desde entonces, todas las novelas de detectives se parecen en algo a Hammett. En las novelas de Hammett, el protagonista va padeciendo siempre una especie de itinerario: primero ve a uno que le cuenta una cosa X, luego ve a otro que le cuenta otra cosa Y, luego a otro que le matiza Y, después aparece otro que menciona a Z, y así todos van aportando sucesivamente algo de información y se va conformando la historia.
18) Porque habla de las oportunidades perdidas, de las cuentas emocionales que vamos dejando pendientes, del qué hubiera pasado si. Sin duda, uno de los problemas mas graves que aquejan al ser porque es un problema que, por definición, cuando lo planteamos es que ya no tiene arreglo. Es normal que la literatura se encargue de ello y nos haga soñar o, en su caso, pelearnos con nosotros mismos.
19) Por el tratamiento que tiene la familia en la novela. La familia como asunto suele tener una gran –y feliz- presencia en los libros de Sergio Barce. Aquí, lo que comienza como un thriller termina como la relación con un padre y con una madre. Yo creo que tal vez esa sea la parte de mayor poder del libro. La más musculosa.
20) Porque en la novela aparecen muertos que hablan. (Y no se muere en el intento). Es bien difícil que esto funcione en una novela o en una película. Pero yo les puedo asegurar que aquí funciona. Es más, hay una idea maravillosa de Sergio Barce sobre los muertos, que la da uno de los personajes (muerto) cuando aclara que ellos pierden sus rencores porque pasan horas riéndose de su propia vida cuando mueren. Si esto es así, les digo en serio que morirse no va a tener ya tanta importancia como le damos.
En fin, que ahí llevan ustedes las razones. Yo les he dado veinte. Habrá sin duda muchas más y cada uno encontrará las suyas.
Disfruten por favor del libro y disfruten de oír a continuación a Sergio Barce, con quien les dejo ya. Muchas gracias.
Jesús Ortega
Ahora que lo releo, me sorprende la agudeza de Jesús, su perspicacia al escoger los detalles que ha utilizado para animar a los lectores a que se acerquen a mi libro. Y lo curioso es que lo hizo sin analizar a los personajes de la novela, ni desvelar la trama, ni perderse en vericuetos extraños (la intencionalidad del autor, el sentido de la novela…). Así que me dejó el campo abierto para que explicara por qué escribí este libro y desvelar algunos detalles de los personajes que he creado.