¡FELIZ ACHURA! Y ¡FELIZ YOM KIPUR»

Como cada año, a mis amigos musulmanes, les deseo una feliz fiesta de Achura, que comienza mañana. Que para los niños musulmanes marroquíes es como la noche de los Reyes Magos para los católicos. Una celebración que recuerdo con nitidez. Nunca olvidaré aquel Zoco Chico lleno de críos mirando ilusionados los puestos en los que se exponían los juguetes que les iban a regalar.

Y también, para mis amigos hebreos, os deseo un feliz Yom Kipur, fiesta que se celebra este fin de semana. Es la conmemoración judía para pedir el perdón por los pecados cometidos durante el año y para el arrepentimiento sincero. 

Por supuesto, mi felicitación se dirige, con especial cariño, a mis paisanos musulmanes y judíos de Larache.

tomada de Youssef Rochdi

LARACHE  (foto de la página de Youssef Rochdi)

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FRAGMENTO DE «LA EMPERATRIZ DE TÁNGER», UNA NOVELA DE SERGIO BARCE

La emperatriz de Tánger (Ediciones del Genal – Málaga, 2015). Esta novela es, quizá, uno de los libros que más satisfacciones me ha dado: finalista del XVII Premio de Novela Vargas Llosa 2012 y del XXII Premio de la Crítica de Andalucía.

cubierta definitiva La emperatriz de Tánger

Os invito a leerla a quienes aún no se hayan aventurado por sus páginas. Os lanzo como anzuelo el inicio del capítulo dedicado al personaje de Esther Lipman… 

ESTHER

Augusto Cobos se limpió las manos con el pañuelo, que luego dobló con cuidado, dio un tirón de la solapa de la chaqueta y comenzó a subir la calle. Tenía la sensación de que ahí afuera, bajo la tenue lluvia, empezaba a respirar libremente. Había escapado de la casa, y era plenamente consciente de ese hecho. Lo asfixiaba el aire empapado a especias de las estancias, la estrechez del pasillo, el repiqueteo insufrible de la manta contra la ventana, lo asfixiaba incluso la entrega de Yamila. 

-Siempre huyes –le había dicho en una ocasión una de sus amantes. 

Llevaba años viviendo solo, refugiándose en sus libros, sorteando cualquier compromiso que pudiera surgir y que para él sólo podía significar recortar sus alas. Quería continuar solo, y no contemplaba otra posibilidad. Sin embargo, en lo más hondo de su ser, temía no llegar jamás a ninguna de sus metas, ser olvidado, no dejar huella, acabar siendo un pobre fantasma que atravesara las paredes sin que nadie se acordara de él.    

Disfrutaba de su soledad, pero se sentía a gusto caminando por Tánger en el agradable crepúsculo, cuando sus calles se convertían en un hervidero de risas, de voces, de idiomas diferentes. Ese día dio un rodeo para entrar por el Zoco, a contracorriente de la muchedumbre que se multiplicaba misteriosamente. Luego, echó un vistazo al hall del Hotel Minzah pero sólo vio a míster Richardson examinando su correspondencia en el mostrador. El viejo diplomático se había girado y había levantado la vista de las cartas, asomando sus ojos grises por encima de la montura de las gafas. Augusto evitó su saludo, fingiendo no haberlo visto, y continuó unos metros hasta el Café de París. 

El local estaba lleno. Las aspas de sus ventiladores ronroneaban con placidez sin conseguir que el aire del local se inmutase. Echó un rápido vistazo, tratando de encontrar a alguien conocido. Fue la señorita Esther Lipman quien llamó su atención alzando el brazo y agitando la mano:

Hey, August! ¡August!

Se habían encendido las luces del local y un brillo apagado ensortijaba las paredes. El murmullo de las conversaciones parecía el lejano rumor del mar. Fue sorteando las mesas, saludando a unos con una leve inclinación de cabeza o llevándose la mano al pecho tras estrechar la de algún viejo conocido marroquí, hasta llegar a la que ocupaba Esther. La besó en las mejillas, se desabotonó la chaqueta, con los hombros y la solapa aún mojados, y se sentó. Luego, de uno de los bolsillos interiores, sacó una pitillera de alpaca.

-August, querido… –su voz era un tintineo que acompañaba a las joyas que llevaba encima-. ¿Dónde te metes, mi rey? Parece que Carmen te ha secuestrado, porque desde que ella te ha secuestrado… Te echo tanto de menos en el Kursaal… ¡Llevo tres noches sin ganar un chavo!

-¿Te ha abandonado tu suerte?

Esther Lipman entornó los ojos, enormes, como su cuerpo, tan rotundo como el de Mae West. Le cogió entonces la pitillera, sacando uno de los cigarrillos, que atrapó ostensiblemente con sus labios. Augusto le acercó lumbre.

-Gracias, nechama.

-¿Y tus amigas? –hizo un gesto con la mano y el camarero le sirvió de inmediato un Pernod.

-Esas memlocas andan por ahí de compras. Ya te habrás enterado de que a Ana María le han tocado unos chavos en la lotería y parece que ahora es la reinona de Tánger… 

-Noto un deje de envidia en tu reproche…

-¡Te entre un mal! Parece que no me conoces… Yo vivo mi vida, me preocupo de mi casa y safi –Augusto le llenaba su copa de champán, lo único que Esther permitía que le sirvieran a partir de las ocho de la tarde-. Brindemos…

Dieron un sorbo a sus copas y, al instante, ella se puso a rebuscar en su bolso hasta sacar un pequeño espejo y una barra de pintura con la que se retocó los labios. Era tan barroca y coqueta como deslenguada.

-En cuanto termine de beberme esto, me largo –dijo Augusto, arrastrando las palabras.  

Esther se quedó un instante en silencio, calibrando sus opciones de esa noche. Entrecerró los ojos, como si renunciara a algo ineludible, dio una calada al pitillo y exhaló el humo en la cara de Augusto. 

-Si quieres podemos ir a mi casa. Podríamos celebrar por adelantado lo de tu libro… Si la doña de Carmen te da permiso… 

-No, hoy no –sacudió la cabeza, y miró a su alrededor como si buscara a alguien que no aparecía.

Ella lo estudió con perplejidad, como si no diera crédito a su desplante. Sin embargo, agitó su cabellera y soltó una risotada. En el fondo, le gustaba ese tipo delgado y huesudo que, cuando estaba de buen humor, podía mostrarse todo lo generoso que su carácter le permitía. No la trataba peor que esos cabrones del casino, los prestamistas que se la cepillaban en los servicios a cambio de unas pesetas que sólo le servirían para un par de jugadas más. Pero Augusto Cobos, aunque era otro putero, al menos la hacía sentirse como una mujer de verdad y no babeaba buscándola luego como un perro apaleado.

-Tú te lo pierdes… -refunfuñó, guasona.

-Ya encontrarás algo que echarte a la boca…

-Eres terrible, August… -y arqueó una ceja antes de añadir: Un día tendrás que contarme qué te hace esa doña para tenerte así de shalado

Si había algo que admirase de Esther, y quizá fuera una de las razones por la que la consideraba una amiga, era esa ausencia de orgullo o de dignidad, esa inconsciencia que la hacía inmune al sarcasmo… 

 

 

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TÁNGER – 21 DE SEPTIEMBRE – PRESENTACIÓN DE «LIMONES NEGROS», UNA NOVELA DE JAVIER VALENZUELA

La nueva novela de Javier Valenzuela, Limones negros (Editorial Anantes – Sevilla, 2017), se presenta este jueves, día 21 de septiembre, en la Biblioteca Juan Goytisolo del Instituto Cervantes de Tánger, a las 19:00 horas.

La presentación correrá a cargo de la hispanista Randa Jebrouni.

LIMONES NEGROS

Sinopsis de Limones negros: Tánger, otoño de 2015. La corrupción española atraviesa el estrecho de Gibraltar en busca de nuevas oportunidades de negocio. Lola Martín, capitán de la Guardia Civil, sigue la pista en la ciudad marroquí de los tejemanejes de un poderoso banquero. Sepúlveda, profesor del Instituto Cervantes, le ayuda en sus pesquisas.

¿Hasta dónde puede soportarse la corrupción? ¿Es lícito tomarse la justicia por su mano cuando la oficial resulta inoperante? Sepúlveda y Lola Martín se hacen esas preguntas conforme van apareciendo cadáveres en Tánger y entra en escena la inteligente y hermosa Adriana Vázquez. Limones negros pone al día el arquetipo de la femme fatale

(La sinopsis es reproducción de la aparecida en Prensa Anantes).

JAVIER VALENZUELA

JAVIER VALENZUELA

 

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LARACHE, SIGLOS XVI- XVII (5ª Parte)

Quinta entrega de la Historia de Larache en los siglos XVI y XVII…

El estrepitoso fracaso en 1608 de don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, en el intento por tomar Larache con el uso de la fuerza, se debió, especialmente, a sus dudas y al temor de que existiesen tropas del sultán aguardando la invasión. Pero lo cierto es que Larache estaba entonces desprotegida y don Álvaro desperdició la coyuntura.

Antes, el sultán al-Xaij había intentado enviar casi 4.000 hombres para defender la plaza, pero el representante de Felipe III, Giannettino Mortara, lo disuadió. Esto llenó de ira al monarca marroquí, que se sintió engañado, y mandó encerrar al italiano. Con argucias, Mortara logró sin embargo volver a convencerlo, con ayuda del duque de Medinasidonia, de que en realidad las tropas españolas habían llegado hasta Larache persiguiendo a un corsario holandés. Sin embargo, Mortara, para evitar ser ejecutado, hubo de efectuar numerosos sobornos y pagos.

Pero Larache no dejaba de ser una pieza de gran valor estratégico, y España lo sabía. Desde Carlos I se había convertido en una ciudad casi obsesiva para los reyes españoles. Tras el fiasco del marqués de Santa Cruz, el recién nombrado Capitán General de Artillería de la Armada Española, don Juan de Mendoza, marqués de San Germán, también empezó a interesarse por Larache, y así se lo transmitió a Felipe III. Pero sus planes, fueron aplazados.

Sin embargo, algo cambió el día 4 de marzo de 1609. Ese día, el sultán Muhammad al-Xaij huyó desde el puerto de Larache junto a su familia con destino a Portugal. Había sido derrotado en Bu Regreg por Mawlay Zidán.

BU REGREG

Felipe III, tras descubrirse una conspiración que pretendía utilizar al depuesto sultán al-Xaij para tomar Larache para la corona francesa, hizo que al depuesto rey de Fez lo trasladasen a Carmona, a fin de controlarlo. Aprovechando que al-Xaij estaba bajo la custodia de España y de que su hijo, Abd Allah, había conseguido derrotar a Mawlay Zidán, Mortara comenzó a intrigar y, gracias a sus gestiones, consiguió que se firmase un tratado en septiembre de 1609 por el que Muhammad al-Xaij cedía por fin Larache a España a cambio de que se le permitiera volver a Marruecos, se le enviasen 6.000 arcabuces y 200.000 ducados. Todo ello, claro está, bajo ciertas condiciones que el italiano consiguió que aceptara Felipe III, entre ellas, que el propio Giannettino Mortara fuese nombrado Gobernador de Larache en cuanto la plaza pasara a manos de los españoles.

Al-Xaij dejaba a sus hijos en España como garantía de que cumpliría con el tratado, y parte del pago de los 200.000 ducados se aplazaba igualmente hasta el instante en que Larache pasara a estar bajo dominio real de España.

Todas estas negociaciones se fueron dilatando, y no se materializaban de manera efectiva. Y, entonces, se produjo la expulsión de España de los moriscos. Hecho relevante que influyó en lo que ocurriría posteriormente. Y es que, aparecían en el horizonte los siguientes problemas: el primero, que se necesitaban todos los navíos disponibles para trasladar a los moriscos a Marruecos; el segundo, que no era posible tomar Larache al mismo tiempo que se llevaba a cabo la expulsión; y, tercero, que el alcaide de Larache era precisamente un morisco granadino. Es decir, todo estaba en contra de la operación. Felipe III dio orden de dejar en suspenso la ocupación de Larache, y al-Xaij permaneció retenido en España.

FELIPE III

Pero lo cierto es que Larache seguía siendo la perla codiciada. Y, aunque todo parecía contradecir los deseos del monarca español, el marqués de San Germán continuaba por su lado estudiando cómo hacerse con la ciudad. Y así, envió a Juan Bautista Reales para que le informara de la situación de Larache en ese momento. En 1610, todo parecía de nuevo cambiar a favor de las pretensiones españolas, y Larache volvió a estar en el blanco de las intrigas y maniobras palaciegas…

Y así se planificó que se enviaría a al-Xaij de regreso a Marruecos a través del puerto de Vélez de la Gomera, para que, desde allí, ordenase con engaños a las fuerzas que defendían la plaza de Larache a que fuesen hasta Alcázar donde los compensaría por su fidelidad. Desguarnecida así la ciudad, las galeras españolas entrarían en el puerto de Larache y se ocuparían las dos fortalezas, todo ello con la complicidad del alcaide. Toda esta operación arrancó el día 20 de febrero de 1610.

PEÑÓN DE VÉLEZ DE LA GOMERA

En efecto, la escuadra de Portugal condujo a Muhammad al-Xaij que desembarcó en Vélez de la Gomera, donde aguardaría hasta que llegara el dinero prometido. Lo cierto es que tal hecho no se materializaba, y los nobles que acudieron a visitar al sultán mostraron su desagrado ante la idea de que Larache fuera a ser cedida a los cristianos.

Pasados varios meses de larga espera, Muhammad el-Xaij decidió cumplir con el tratado y entregar Larache. De manera que, finalmente, el dispositivo se puso en marcha. La flota para su ocupación la formaban las galeras de Portugal, al mando del conde de Elda, junto a navíos de la Escuadra de Cantabria, al mando de don Antonio de Oquendo, que transportaban nueve Compañías de Lombardía y tres de Sicilia, las Compañías de la Guarda de los Galeones de la Plata, el Tercio de don Jerónimo Agustín y la Compañía del capitán Juan de Alarcón. A bordo, también estaban los hijos del sultán que servían de garantía. Las naves y las tropas salieron del puerto de Gibraltar y llegaron a Larache el día 14 de junio de 1610.

La idea del marqués de San Germán era la de tomar pacíficamente la plaza de Larache, pues así se había pactado. Pero los españoles fueron recibos con cañonazos. Y es que los cabileños, al enterarse de que se aproximaba la escuadra, acudieron en defensa de la ciudad.

Inicialmente, se ordenó el desembarco de 300 hombres cerca del castillo de los Genoveses; desembarco dificultado por el mal estado de la mar y la inesperada resistencia con la que se encontraron. Tras varias horas, las tropas debieron retirarse. De nuevo, España fracasaba en su febril anhelo por conquistar Larache, la deseada. Tal desastre dio lugar, tal y como cuenta García Figueras, a que comenzaran a circular coplas satíricas y burlescas por lo acaecido, siendo la más famosa la compuesta por Luis de Góngora, que, inspirándose en esta batalla, escribió el soneto titulado A un príncipe de España viniendo de la conquista de Alarache:

-¿De dó, sobrino Juan, con pedorretas?

-Señora tía, de Cagalarache.

-Sobrino, ¿y cuántos fuisteis a Alfarache?

-Treinta soldados en tres mil galeras.

-¿Tanta gente? –Tomamoslo de veras.

-¿Desembarcasteis, Juan? -Tarde piache;

que al dar un Santiago de azuauche

dio la playa más moros que veneras.

-¿Luego, es de moros? -Sí, señora tía,

mucha algazara pero poca ropa.

-¿Hizieron de los perros mucho daño?

-No, que en ladrando con su artillería

a todos nos dio cámaras de popa.

-Salud sería para todo el año.

LUIS DE GÓNGORA

En fin, que lo que más me sorprende de cuanto nos relata Tomás García Figueras en su libro Larache: datos para su historia en el siglo XVII es comprobar la cantidad de medios empleados por España, en barcos y hombres, para hacerse con Larache, y que, en todas las ocasiones relatadas hasta ahora, siempre fracasara de una manera tan ridícula. 

Sergio Barce, septiembre 2017

 

 

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ARTISTAS, CREADORES E INTÉRPRETES NACIDOS EN MARRUECOS – 3

Tercera entrega para daros a conocer artistas y creadores nacidos en Marruecos. Espero que os resulte, al menos, curioso.

MICHEL GALABRÚ

(Safi, 1922 – París, 2016)

Michel Galabrú

Actor al que recuerdo con afecto por aquellas colaboraciones que hizo junto a Louis de Funès y que veíamos en los cines de Larache, como El gendarme de Saint-Tropez (Le gendarme de Saint-Tropez, 1964) de Girault, Sálvese quien pueda (Le petit Baigneur, 1968) de Dhéry, El gendarme en casa (Le gendarme se marie, 1968) de Girault o  y por su papel en esa preciosa película que es La guerra de los botones (La guerre des boutons, 1962) de Yves Robert. Perteneció a la Comédie Française desde 1950 y se convirtió en un prestigioso actor de teatro. Reconocido como comediante, también efectuó excelentes trabajos dramáticos. Era también escritor.

En su larguísima carrera como actor de cine, colaboró con los más prestigiosos realizadores franceses, y ahí están, además de las ya citadas, sus trabajos en las cintas Las buenas ocasiones (La bonne occase, 1965) de Michel Drach, Sección especial (Section spéciale, 1975) de Costa-Gavras, La casa de los desmadres (Il gatto, 1977) de Luigi Comencini, Vicios pequeños (La cage aux folles, 1978) de Édouard Molinaro, Una semana de vacaciones (Une semaine de vacances, 1980) de Tavernier, Le choix des armes (1981) de Alain Corneau, Verano asesino (L´été meurtrier, 1983) de Jean Becker, Notre histoire (1984) de Bertrand Blier, Subway (1985) de Luc Besson, Historia de una revolución (La révolution française, 1989) de Robert Enrico, Uranus (1990) de Claude Berri o Bienvenidos al Norte (Bienvenue chez les Ch´tis, 2008) de Boon. También intervino en Belle Epoque (1992) de Fernando Trueba.

LOUIS DE FUNÈS Y MICHEL GALABRÚ

Ha compartido protagonismo con actores y actrices de la talla de Catherine Deneuve, Jean-Paul Belmondo, Yves Montand, Annie Girardot, Alain Delon, Philippe Noiret, Isabelle Huppert, Gérard Depardieu, Isabelle Adjani… además del ya referido de Funès.

La última etapa de su vida fue dolorosa. Estuvo al lado de su mujer, enferma de Parkinson, sin apartarse de ella, y afirmaba que la vida ya no le importaba nada. Murió en 2016.

En 1977 fue galardonado con el Premio César al Mejor Actor Protagonista por su papel en la película de Bertrand Tavernier El juez y el asesino (Le juge et l´assassin). Y estuvo nominado en otras dos ocasiones más.

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MANUEL BALAGUER

 (Larache, 1945)

MANUEL BALAGUER

Pintor. Manuel Balaguer se inició junto al también pintor marroquí Mohamed Yebary en su ciudad natal. Se licenció en Arquitectura Técnica en Madrid. Tras su paso por el taller del pintor Pedro Escalona, estudió Bellas Artes, obteniendo el título en la Universidad de San Carlos de Valencia. Desde 1990 es profesor en la Escuela Municipal de Pintura de Torrevieja.

Además de sus grandes murales que se pueden contemplar en Alicante, Torrevieja y Marbella, ha expuesto en Marruecos, Francia, Dinamarca, Noruega y numerosas ciudades españolas. Entre los años 2006 y 2009, “Lanuza Ediciones S.L.” le encargó los grabados de los libros “Poblament” de Callosa de Ensarriá, “Carta Pobla” de Finestrat y “Altea Poemas” de la ciudad de Altea.

Pese a la distancia, Manuel Balaguer nunca ha dejado de pintar paisajes de Larache. Actualmente, tiene su estudio de pintura en Alicante.

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LARACHE – por Manuel Balaguer

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MACHA MÉRIL

MACHA MÉRIL

(Rabat, 1940)

Actriz, productora, escritora y cantante. Desde 1960 hasta la actualidad, Macha Méril ha trabajado para los mejores directores europeos de cine. Pero, curiosamente, entre sus primeros trabajos se cuentan apariciones en varias series de televisión y films USA, como Consejos a medianoche (Who´s been sleeping in my bed?, 1963) de Daniel Mann, con Dean Martin, o como la última cinta de Montgomery Clift, El desertor (L´espion, 1966) de Lévy.

JEAN-LUC GODARD y MACHA MÉRIL

Entre sus películas se cuentan obras imprescindibles del cine francés como su papel protagonista en Una mujer casada (Une femme mariée.., 1964) de Jean-Luc Godard o sus trabajos en distintos países en Belle de jour (1966) de Luís Buñuel, Siempre en el recuerdo (Au pan coupé, 1968) de Gilles, Nosotros no envejeceremos juntos (Nous ne vieillirons pas ensemble, 1972) de Maurice Pialat, Rojo oscuro (Profondo rosso, 1975) de Dario Argento, La ruleta china (Chinesisches roulette, 1976) de Rainer W. Fassbinder, Robert et Robert (1977) y Los unos y los otros (Les uns et les autres, 1981) ambas de Claude Lelouch, En nombre de los míos (Au nom de tous les miens, 1984) de Robert Enrico, Ansias de vivir (Duet for one, 1987) de Andrei M. Konchalovsky, Cita con Venus (Meeting Venus, 1991) de István Szabó o La hija de un soldado nunca llora (A soldier´s daughter never cries, 1998) de James Ivory.

Estuvo nominada al Premio César a la Mejor Actriz de Reparto por Sin techo ni ley (Sans toit ni loi, 1985) de Agnès Varda. Está casada con el músico Michel Legrand.

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