Archivo de la categoría: OTROS AUTORES, OTROS LIBROS

Otros libros…: Algo más del «DICCIONARIO DEL DIABLO» de AMBROSE BIERCE

El pasado 26 de marzo publiqué un breve artículo sobre el “Diccionario del Diablo” (The Devil´s dictionary), escrito en el año 1911 por uno de los más importantes narradores americanos, Ambrose Bierce, y transcribí diez de las definiciones que contiene.

Hoy os traigo, también al azar, otras cinco palabras definidas por Bierce, amén del significado que le da a “mujer”, por la que me preguntaba Joana en los comentarios al mencionado artículo. Ahí tienes esa definición que, seguramente, no te dejará indiferente.

Sergio Barce, abril 2011

 

Ambidextro, adj. Capaz de robar con igual habilidad un bolsillo derecho que uno izquierdo.

Belleza, s. Don femenino que seduce a un amante y aterra a un marido.

Éxito, s. El único pecado imperdonable contra nuestros semejantes.

Funeral, s. Ceremonia mediante la que demostramos nuestro respeto por los muertos enriqueciendo al sepulturero, y reafirmamos nuestra congoja mediante gastos que ahondan nuestros gemidos y duplican nuestras lágrimas.

Idiota, s. Miembro de una vasta y poderosa tribu cuya influencia en los asuntos humanos ha sido siempre dominante. La actividad del Idiota no se limita a ningún campo especial de pensamiento o acción, sino que «satura y regula el todo». Siempre tiene la última palabra; su decisión es inapelable. Establece las modas de la opinión y el gusto, dicta las limitaciones del lenguaje, fija las normas de la conducta.

Mujer, s. Animal que suele vivir en la vecindad del Hombre, que tiene una rudimentaria aptitud para la domesticación. Algunos de los zoólogos más viejos le atribuyen cierta docilidad vestigial adquirida en una antigua época de reclusión, pero los naturalistas del postfeminismo, que no saben nada de esa reclusión, niegan semejante virtud y declaran que la mujer no ha cambiado desde el principio de los tiempos. La especie es la más ampliamente distribuida de todas las bestias de presa; infecta todas las partes habitables del globo, desde las dulces montañas de Groenlandia hasta las virtuosas playas de la India. El nombre que se le da popularmente (mujer lobo) es incorrecto, porque pertenece a la especie de los gatos. La mujer es flexible y grácil en sus movimientos, especialmente la variedad norteamericana (Felis pugnans), es omnívora, y puede enseñársele a callar.

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Otros libros, otros autores: EL CEMENTERIO DE PRAGA (Il cimitero di Praga) de UMBERTO ECO

La última creación de Umberto Eco, ha llegado envuelta en algo de escándalo (un escándalo que, en serio, no parece más que un buen trabajo de marketing) desde que apareció en las librerías. ¿Qué decir de esta novela del autor de la inolvidable “El nombre de la rosa”? Francamente, no lo sé. He cerrado el libro, un volumen con unas nada despreciables 587 páginas, y la sensación de vacío que me ha provocado la historia narrada se ha confirmado al llegar a su final.

Nadie duda de la inmensa capacidad intelectual de Eco, de su extraordinaria formación y cultura, pero he tenido la agria sensación en todo momento de que, en esta ocasión, quería demostrárnoslo. Y no hay nada peor que el engreimiento inconsciente (espero que inconsciente) de un creador que le haga creer que cualquier cosa que escriba es ya genial per se.

Umberto Eco

No digo que no haya buenos pasajes, que los hay, pero en la construcción de los personajes Eco ha creído que con cambiarles el aspecto físico, explicarnos sus apetencias culinarias, cambiarlos de época (hay sucesivos saltos temporales) o darnos una rápida pincelada de ellos es suficiente. En esta novela he tenido la sensación de que no sólo el abate Dalla Piccola y Simonini, el personaje-personajes protagonistas, son intercambiables por lo que la propia narración pretende, sino que al resto de los otros personajes, inventados e históricos, que deambulan por sus páginas, les ocurre igual, es decir, hay veces que podrían cambiarse los papeles los unos a los otros y nada alteraría la historia contada, y esto sin embargo no lo pretende en absoluto la narración.

“-Ay, mi querido abogado –le dijo el notario-, serán las tendencias de los tiempos modernos que ya no son lo que eran, pero también los  hijos de buena familia a veces han de doblegarse a trabajar. Que si Su Merced quisiera inclinarse hasta esta elección, de verdad humillante, yo podría ofrecerle un empleo en mi despacho, donde me resultaría cómodo tener a un joven con alguna noción de derecho, pero quede claro que no podré recompensar a Su Merced en la medida de su ingenio, aunque la cantidad que le daría debería resultarle suficiente para encontrarse un alojamiento donde vivir con modesto decoro.”

 

Y, lo peor de todo, es que hay un momento en la novela en el que uno ya presiente que al final todo será nada, que no nos llevará a ninguna conclusión, y, en efecto, así ocurre, pues al terminar noté que Umberto Eco podría haber seguido escribiendo otras mil páginas y nada habría ocurrido que me conmoviera, más aún, nada habría hecho que despertara mi interés.

Ha jugado con los judíos, para mostrarlos como una especie de monstruos (no él, claro, sino los protagonistas) pero, como ya he dicho, con la artera intención de crear una polémica falsaria con la que vender más libros, porque, en definitiva, no lleva absolutamente a ninguna parte. Y como lo sabía, astutamente, también despotrica de los comunistas, de los católicos, de los turcos, de  los masones, vamos, de quien se le ponga a tiro para que, pese al probable escándalo que estaba creando, nadie le pudiera tildar de xenófobo, porque es su protagonista el que odia al mundo entero…

Me revelaba que el porcentaje de las mujeres de mala vida era más alta entre los judíos que entre los cristianos (¿acaso no lo sabíamos por los Evangelios, me preguntaba yo, donde Jesús no se mueve sin toparse exclusivamente con pecadoras?), luego pasaba a mostrar cómo en la moral talmúdica no existía el prójimo, ni se hacía mención alguna a los deberes que tendríamos hacia el mismo, lo que explica, y a su  manera justifica, los despiadados que son los judíos en arruinar familias, deshonrar a jovencitas, poner de patas en la calle a viudas y ancianos tras haberles chupado la sangre con usura. ..”

Y de esta guisa ha construido una novela de intriga pero sobre fuegos artificiales, sobre el aire, sobre un vacío en el que creo que sólo Eco se ha sentido cómodo, y supongo que al poner el punto final también glotonamente satisfecho. A mí, sin embargo, me ha dejado hambriento y descolocado.

Sergio Barce, abril 2011

Sean Connery y Christian Slater en la versión cinematográfica de EL NOMBRE DE LA ROSA de Eco

Umberto Eco nació en Alessandria (Italia) en 1932. Se doctoró en Filosofía y Letras, es crítico literario, semiólogo y novelista. Con “El nombre de la rosa” (Il nome della rosa, 1980), Eco se hizo mundialmente famoso. Otros títulos suyos son “”El péndulo de Foucault” (Il pendolo di Foucault, 1988), “La isla del día de antes” (L´isola del giorno prima, 1994) o “Baudolino” (2000).

(Los fragmentos de la novela los he tomado de la edición de «El cementerio de Praga» publicada por Lumen, primera edición de noviembre de 2010, con traducción de Helena Lozano Miralles)

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LARACHE vista por… MOHAMED BOUISSEF REKAB

Mohamed Bouissef Rekab, al que conocí en Tánger hace bastantes años, es un escritor marroquí con un verbo barroco cuando habla, exagerado, por ascendencia andaluza, y de una simpatía desbordante. Cuando escribe, por el contrario, esa misma pasión la vuelca de una forma diferente, con un lenguaje crudo, descarnado y poco artificioso. Es capaz de embarcarse en historias realmente duras, que me hacen recordar a veces a Mohamed Chukri, como en la que, según mi opinión, es su mejor novela: “Aixa, el cielo de Pandora” (Quórum Editores – Cádiz, 2007).

“En una acera, alejada de todo el tumulto, iba Aicha despacio, mirando para todos lados, esperando que alguien la abordada para ir a “vivir” un momento de alegría; mas su deseo moría muy cerca de su cuerpo desmoronado. (…) Como de costumbre, iba descalza, los dedos liberados –hacía años- de la asfixia de los zapatos; las plantas de los pies hacían de suelas –por tenerlas duras como una roca, no sentía las chinitas que iba pisando. (…) La cara la llevaba muy embadurnada, pintarrajeada de colores rojizos, obtenidos con carmines desconocidos; espolvoreada, con talcos baratos, por ambos lados hasta las pequeñas orejas en las que llevaba unos pendientes de bisutería; las pestañas y las cejas con alcohol, negrísimas. El pelo, que antaño fuera castaño, ahora lo llevaba rojizo con alheña; henna que compraba en un bacalito del Zoco Chico para cubrirse las canas; en esas tienduchas, los viejos vendedores de hierbas, ya la conocían bien. Falsa pelirroja. La boca pequeñita y desdentada, como chupada hacia dentro. Un solo diente en toda la boca.

No quería saber lo que esa gente pretendía obtener con esos chillidos, ella esperaba que sus “clientes” le hicieran propuestas para dirigirse al Balcón del Atlántico y acercarse a su escondite; la falda de tablas se le levantaba con la brisa que soplaba y ella ni se preocupaba de impedir que se le vieran los muslos, flacos y ya arrugados…”

En “Aixa, el cielo de Pandora”, Bouissef nos cuenta la vida de una prostituta muy conocida en Larache, Aichaa Rahmuniyya, con la que muchos chicos se iniciaron en el sexo. Ambientada en su mayor parte entre la época del Protectorado y los primeros años tras la independencia de Marruecos, aunque nostálgica, la novela es dura, nada complaciente, y nos va desgranando la vida llena de sinsabores de esta mujer que, sin embargo, hasta su vejez siempre trató de conservar su orgullo y su dignidad.

Bouissef rodeado de los escritores Lahchiri, Sibari y Akalay, en el Colegio Luis Vives de Larache

La narración es sencilla, logra que las descripciones de los personajes y de sus peripecias sean siempre creíbles, entiendes sus reacciones porque te ha dado la información precisa para que éstas tengan sentido. También logra recuperar aquel ambiente en el que las tres religiones convivían en la ciudad de una manera natural con pequeñas pinceladas de la vida diaria. La mirada de los niños, en este caso, le sirve para “filmar” los hechos de una manera candorosa, desprovista de punto de vista, pero sin ocultar que Bouissef añora ese tiempo de tolerancia.

Tomamos la Puerta de la Medina y al entrar al Zoco Chico doblamos a la izquierda, nos metimos por el barrio de el-Guebibat. Al llegar junto a un vendedor de sfench (buñuelos), mi amigo me invitó a merendar… (…) Teníamos enfrente el mausoleo de Sidi Mohamed Cherif. Cosa curiosa, lo veneraban judíos y musulmanes. En ese preciso momento pasaron dos judías y una musulmana cerca de donde estábamos y entraron en el pequeño recinto del mausoleo (conocíamos a las judías por su atuendo y su pañuelo negro –que también usaban como rebozo con una de sus manos-; llevaban indumentaria occidental y hablaban en español, era un español raro, pero español; a las musulmanas las reconocíamos por su inconfundible chilaba o porque llevaban haike; rara la musulmana que fuera vestida a la usanza europea).

-¿Qué le pedirán a Sidi Mohamed Cherif? –Dije señalando a las tres mujeres.

-Las judías no sé lo que podrán pedirle, pero las musulmanas seguramente le pedirán que les dé marido, trabajo, que el marido o el hijo salga de la cárcel, que nunca enfermen y cosas así… ¿Por qué no vendrán también las nesranías? Porque si Sidi Mohamed Cherif es bueno con musulmanes y judíos, también lo tendrá que ser con los cristianos. Vamos, digo yo…

En ese momento salían del mausoleo unas mujeres judías. Iban charlando entre ellas, con una mano tapándose la cara con el inconfundible pañuelo negro que les cubría la cabeza.

-Rabbi Galili no nos defraudará. Él nos ayudará para que nuestro mazzan sea bueno…

-Sí, hermana; Rabbi Galili no nos puede olvidar…

Sus voces apenas nos llegaban, pues el rebozo las apaciguaba.

-¿Quién será Rabbi Galili? Porque aquí está enterrado Sidi Mohamed Cherif…

-¡Oye, es verdad! No entiendo nada…

Nos lavamos las manos –que chorreaban aceite- y la boca con el grifo público que había cerca y decidimos bajar la pendiente…”

Bouissef en el Zoco Chico de Larache

Mohamed Bouissef Rekab conoce bien Larache, y a muchos larachenses. Eso se palpa en el libro, se nota en sus descripciones, en la manera afectiva y cercana con la que construye a los personajes, como digo, muchos de ellos reales. También demuestra Bouissef, a través del narrador de la historia, su humanidad, especialmente en la forma como el protagonista va desvelando y descubriendo la otra vida de Aicha.

Niños y niñas eran hijos de militares y policías españoles y musulmanes o de comerciantes españoles, musulmanes y judíos –los judíos no eran del barrio, pero se acercaban a jugar con los demás chiquillos-; también había algunas familias pobres que nadie sabía de dónde procedían, a este último colectivo pertenecían Aicha y su madre –los cristianos y los musulmanes vivían en barriadas diferentes, una frente a la otra-. Los niños se ponían a jugar en la calle que se había formado entre ambas barriadas, que los unía. Los judíos, en general, tenían sus casas por la calle Real, donde está la judería; por esa parte había viviendo además de los judíos, musulmanes y cristianos; y de ahí, muchos niños hebreos se iban hasta los otros barrios para jugar con sus compañeros de escuela, fueran cristianos o musulmanes.

(…) Aicha estaba prendada de Claudio… (…) Las niñas musulmanas le echaban en cara esa peculiaridad. No se podía querer a un nesrani, aunque jugara con niñas nesranías. Dios prohíbe que se toque un infiel; así que si te quieres enamorar, vete con un meslem; <déjaselo a Isabel, ella es nesranía como él> (…) ¿por qué ella no podía salir con Claudio? ¿Qué tenía que ver la religión con los sentimientos? ¿Por qué los chicos musulmanes podían besar y abrazar a las nesranías y a las libudías y ella, chica musulmana, no podía ser abrazada y besada por un nesrani o un libudi? No encontraba ninguna respuesta…”

Hay pequeños detalles de la vida cotidiana que enriquecen esta magnífica novela. La sinceridad de Mohamed Bouissef al abordar la religión, el sexo, las dificultades en las relaciones interculturales –especialmente las religiosas-, la política o la visión del otro desde diferentes prismas, es loable. Bouissef afronta la vida abiertamente, y no se amilana al exponer su punto de vista sobre cuestiones espinosas ante las que otros se autocensurarían.

Cruzamos el río Lukus en barca de pago… (…) Nos fuimos por ahí a corretear y a mirar a las niñas españolas y judías, que eran las que se ponían bañador; no dejábamos de mirarles los muslos y los brazos a las chicas que se bañaban y a memorizar imaginaciones e imágenes para cuando estuviéramos solos; las musulmanas se quedaban con su ropa a contemplar, a sudar y a odiar profundamente a los hombres que se refrescaban, y a decirse entre ellas que si las nesranías y las libudías se bañaban y no pasaba nada malo, ¿a qué era debido que sus maridos, hermanos o padres les prohibieran hacerlo? Algunas se metían en el agua, desafiando esas prohibiciones, generalmente con una combinación transparente, y cuando salían estaban más apetitosas que las mujeres de los bañadores…”

Pero el acierto de Bouissef es que engarza los hechos reales que van aconteciendo en Marruecos durante la época en la que se desarrolla esta novela con las vidas cotidianas de los protagonistas, especialmente del narrador que es quien cuenta, a través de sus propios recuerdos y de lo que ha oído de otros, no sólo la trágica existencia de Aicha desde su niñez hasta su muerte sino también la de él mismo y de quienes les rodean. Es también, pues, un gran fresco humano con un trasfondo histórico siempre ambientado en Larache.

“En el Café Central nos dejaban sentarnos aunque no consumiéramos nada; el dueño, Pepe, era amigo de todos y dejaba que los jovencitos se sentaran; ¡siempre que no arméis jaleo y molestéis a los clientes! –solía decirnos-. Nos gustaba sentarnos ahí para oír a los mayores hablar de los acontecimientos que estaba viviendo el país. Los nombres de Abdeljalak Torres, de Al-lal Farsi, de Al-lal Benabdel-lah, de Mohamed V, junto a muchos otros, eran los que más se oían mencionar. Uno de los contertulios hablaba siempre de un larachense, de un tal Abdesamad Kenfaui, que había sido nombrado director del primer grupo teatral profesional del Marruecos independiente. Nosotros no conocíamos a ninguno de los mencionados, pero a fuerza de ser nombrados delante de nosotros, nos familiarizamos con ellos…

(…) También hablaban de un personaje que sí conocíamos de oídas desde hacía mucho tiempo; se trataba de Sliman Laraichi; otro gran hombre de Larache. Trabajó en la resistencia contra los franceses junto a  Mohamed Zerktuni; nosotros no lo habíamos visto nunca, pero sí lo conocíamos porque todo el mundo hablaba de él como de un héroe que lo había dado todo por la independencia.

(…) Los contertulios del Café Central no se atrevían a mencionar los graves incidentes que estaba viviendo la ciudad, por temor a que entre la gente hubiera algún policía camuflado.

-No recuerdo que la policía española haya matado a gente en Larache… ¿No crees que hubiera sido mejor que los españoles siguieran con nosotros?

-No sé. Es algo que no me he planteado. Nuestros vecinos son españoles y nos sentimos bien con ellos. Pero creo que se van a ir casi todos a España. Dicen que no tienen nada que haber aquí.

-¡Ya verás como todo va a cambiar cuando no tengamos vecinos españoles! ¡Seguro que los echaremos de  menos!”

Una novela amarga, sin duda, muy real, muy sincera, descarnada, pero en la que siempre se atisba un aire de calidez y de ternura; y es una novela que mantiene el pulso durante toda la narración. Francamente me parece uno de los retratos más impresionantes que he leído de una mujer que, para sobrevivir, ha de prostituirse y someterse a las peores vejaciones. Y también es una historia muy emocionante.

Además de nuestros encuentros en Tánger, en Larache y en Fuengirola, guardo con especial cariño el día que me llamó para que yo presentara su novela en Málaga. Fue un halago, y un placer hacerlo para un amigo. Recuerdo que lo hicimos en la Librería Proteo, y que luego pasamos un rato agradable lleno de risas y buen vino.

El ejemplar que guardo de su novela contiene las palabras que me escribió en la dedicatoria y que ahora, con el tiempo, están llenas de nostalgia. Dicen: “Málaga, 13-12-2007. A Sergio Barce con todo mi afecto. Es, seguro, el mejor lector que puede tener mi Aixa”. Como decía al principio, Mohamed Bouissef es muy exagerado.

“Aicha empezó a soñar con el momento en que le anunciaron que algo podía brillar en su horizonte; su vida se estrellaba entre riscos desconocidos –y ella lo desconocía- y abría el camino a las cenizas de sus ansias y de sus pensamientos”

Sergio Barce, marzo 2011

 Mohamed Bouissef Rekab, nació en Tetuán, Marruecos, en 1948. Como otros escritores marroquíes como Mohamed Akalay, Abderrahman El Fathi, Said Jedidi, Mohamed Lahchiri o Mohamed Sibari, escribe en lengua castellana, siendo uno de los miembros fundadores de la Asociación de Escritores Marroquíes en Lengua Española. Licenciado en Filología Hispánica, se doctoró en la Universidad Autónoma de Madrid; ha sido profesor en el Instituto Mulay Yusef de Rabat, redactor y presentador en la televisión marroquí, y también profesor de español en el Instituto Cervantes de Tetuán, en la Escuela Superior de Traducción Rey Fahd de Tánger y Catedrático del Departamento de Hispánicas de la Facultad de Letras y CC. HH. de la Universidad de Tetuán. Desde 2006 es profesor de Literatura Española en la UNED (Centro Asociado de Ceuta).

Ha publicado, además de artículos y estudios en diferentes publicaciones científicas, varias novelas como “El vidente” (1994), “Desmesura” (1995), “Inquebrantables” (1996), “El Dédalo de Abd-el-Krim”, “Los bien nacidos” (1998) o “La señora” (2006).

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LARACHE vista por… MOHAMED LAABI

Parece que en las últimas fechas los escritores larachenses se prodigan mucho más que antes. Al menos ésa es la sensación. Hoy presento la última obra de investigación y recopilación de Mohamed Laabi, al que me une una larga y estrecha relación, como ya he comentado en alguna otra oportunidad.

Tras sus anteriores obras “Voces de Larache” (AEMLE-AECI – Tánger, 2005) y “Viajes a Larache I. Antología de los viajeros españoles a Larache” (Dar e-Laraïch – Tánger, 2007), obras en las que aglutinaba tanto poemas de escritores larachenses, en el primero, como una selección de textos de viajeros que recalaron en Larache durante diferentes épocas, en el segundo, ahora Laabi se decanta por recopilar diferentes textos literarios de numerosos escritores (distintos en la época en la que escribieron y distinto en su origen) que tienen como nexo común el haber dedicado bien sus versos, bien su prosa, a describir o a evocar el Zoco Chico de Larache.

Mohamed Laabi & Sergio Barce, en el Instituto Cervantes de Tánger

Y, en efecto, lo que hace con este libro es ofrecernos una “visión” histórica de cómo fue y de cómo es la ciudad pero vista desde ese enclave determinado y tan especial, un lugar físico concreto que es quizá el espacio neurálgico con más simbología y sabor de la vieja ciudad.

 Dice Mohamed Laabi en el prólogo:

Larache representa para mí el combustible indispensable para la escritura, o sea todos mis proyectos de investigación  y de escritura giran en torno a esta ciudad marroquí.

Priman en esta deliciosa y cuidada edición de “Un paseo por el Zoco Chico (Larache)” (Dar Laraïch – Tánger, 2010) la selección de fotos antiguas que nos muestran detalles tanto de su arquitectura como de la vida cotidiana que se ha desarrollado en este lugar de encuentro en diferentes épocas y etapas de la historia. Y acompañando a estas imágenes en blanco y negro, como dije más arriba, los textos de escritores, viajeros o poetas que pasaron, vivieron o disfrutaron del entorno, del color y de la vida de este pequeño rincón que todos los larachenses revivimos cada vez que pensamos en nuestra ciudad: el Zoco Chico.

Zoco Chico de Larache

Sólo me cabe agradecerle a Mohamed Laabi que se haya acordado de mí y haya tenido a bien el incorporar en su libro un humilde fragmento de lo que he escrito sobre ese mismo lugar.

Y muy acertado y emocionante, que Laabi dedique esta recopilación de textos e imágenes, a quien supo plasmar mejor que nadie a los larachenses y a Larache con su cámara de fotos: nuestro paisano Driss Sbaihi, que desapreció en el mejor momento de su vida y al que es imposible olvidar por su cariño y su trato cercano y entrañable.

Sergio Barce, marzo 2011

Zoco Chico

Mohamed Laabi nació en Larache. Diplomado por la Escuela de Traductores de Toledo, es profesor de Lengua y Literatura Española. Ha impartido conferencias en las Universidades de Granada, Barcelona, Sevilla, Huelva o Córdoba, y ha escrito numerosos artículos tanto en prensa como en revistas científicas.

Mohamed Laabi

Como queda dicho, ha editado tres libros: “Voces de Larache”, “Viajes a Larache I” y “Un paseo por el Zoco Chico (Larache)”.

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LARACHE vista por… LUIS MARIA CAZORLA

Aprovechando el recordar a todos que mañana día 22 de marzo, a las 19:30, en la Sociedad General de Autores y Editores, en Madrid, se presentará la novela “La ciudad del Lucus” del escritor larachense Luis María Cazorla Prieto, novela publicada por la editorial Almuzara, he pensado que sería el mejor momento para leer cómo describe Luis Cazorla el Larache de los primeros años del pasado siglo.

En esta novela, de la que ya podéis encontrar varios artículos míos en este mismo blog, Luis María Cazorla describe ese Larache de inicios del siglo XX con detalle y con exactitud histórica. Además de su trama sobre las intrigas y luchas que se produjeron en Marruecos por parte de la potencias europeas para hacerse con el control del país, y las disputas de estos mismos países con el sultán y con El Raisuni, además de todo ello, como digo, hay una constante referencia a la vida cotidiana que se desarrollaba en esos tiempos en Larache. Resulta curioso leerlo, porque parece escrito por alguien que hubiera estado viviendo en la ciudad en aquellos años, y descubrimos, en pinceladas que van salpicando la historia, cómo eran sus calles, cómo se construían edificios o cuándo se edificó algún que otro inmueble emblemático de la ciudad del Lucus. Y esto es otro activo de la novela de Luis. Sirvan como ejemplo tres fragmentos que he escogido del libro:

 “Absorto por el panorama que se ofrecía a sus ojos curiosos, Cantéliz acabó topándose en el lado izquierdo del Zoco Chico con la mezquita Naziria y, frente a ella, con el callejón donde estaban situados los principales hornos de la ciudad. Un suave olor agradable le anunció su proximidad con varios metros de antelación.

Aunque el callejón era corto, la homogeneidad de las casas que lo delimitaban y el enjambre de personas que por allí pululaban le dificultó dar a la primera con el horno de Hicham. En pocos metros se agolpaban indígenas vestidos con amplios seruales, cuya parte trasera se descolgaba hasta las pantorrillas, y con una especie de chaleco o bedaia, descolorido por el uso, a través del cual se podían apreciar fuertes torsos y poderosos brazos embadurnados de restos de harina; mujeres recubiertas con enormes caftanes y holgados jaiques; hombres coronados por xambrinos o sombreros de paja coloreada, que hacían olvidar el resto de su vestimenta; algún que otro transeúnte vestido de negro desde los zapatos hasta el sombrero de ala corta y, por fin, varios individuos vestidos a la europea con traje de tonos claros que se fundía con el colorido que prevalecía en aquel entorno. La sotana amarronada del padre Cantéliz puso la guinda en la variada paleta cromática. No había dos personas iguales, cada cual revelaba con su indumentaria un origen distinto y un cometido singular. No resultaba sencillo explicar cómo aquella abigarrada composición formaba un conjunto gobernado por una armonía interna que cada elemento particular respetaba para no alterar el equilibrio inestable que el franciscano observaba en esos momentos.”

“Tras despedir a Zugasti, Ninet decidió salir a dar un paseo. Necesitaba respirar, estirar las piernas. Lo que menos le apetecía en esos momentos era encerrarse en su oficina o subir a casa. Atravesó a paso lento y meditativo la vieja plaza de armas del siglo XVII donde se asentaba el Zoco Chico. Se dirigió hacia Bab el-Barra o Puerta de Afuera de la medina. La franqueó entre los dos fuertes baluartes que la flanqueaban y pasó por debajo del revellín que, poderoso y desafiante, la defendía. Tomó el camino hacia la playa del desembarcadero, en la que las últimas horas del día se desvanecían ante el empuje irresistible de la noche. No pudo ir lejos porque la rampante oscuridad se lo impidió, no era recomendable adentrarse por esos lugares de noche y sin protección.

Iba ya de regreso cuando, ayudado por la última luz, reparó en el volumen de tres edificaciones en obras que emergían en la gran explanada que se extendía ante la puerta de la medina. <Para eso sí que está sirviendo lo de Algeciras>, musitó. <La autorización general concedida por el sultán para que los extranjeros puedan comprar y edificar en un radio de diez kilómetros en los ocho puertos abiertos al comercio parece que, al menos en Larache, está empezando a dar sus frutos>, reflexionó según traspasaba la Puerta de Afuera.”

Con el peso del calor en su cenit remontó el polvoriento camino que, después de superar un ligero desnivel, conducía a la amplia superficie que se extendía delante del cementerio de Lal-la Menana La-Mesbahía. Entre las cuatro y cinco modestas y desvencijadas construcciones que pugnaban por levantarse allí, descollaba una que, acreedora también a tales adjetivos, se mostraba algo más consistente. Supuso que aquel era el fondac donde Ben Slimi debería estar. La vaharada de calor, mezclada con olor a especias y fritangas que le azotó al traspasar el desvencijado umbral del establecimiento le hizo olvidar por un instante el cansancio que le atenazaba…”

“La ciudad del Lucus” va a ser presentada por el propio autor junto a Andrés Amorós, Luis Alberto de Cuenca, Julia Navarro y Manuel Pimentel.

Sergio Barce, marzo de 2011

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