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«MEMBRANZAS DE MI MANCEBES EN LARACHE», POR MERCEDES DEMBO

La poetisa larachense Mercedes Dembo me envía uno de sus encantadores y nostálgicos relatos en jaquetía. Con un humor fresco, hace un pequeño vieja de regreso a sus recuerdos más queridos, un viaje que nos invita a volver a pisar calles, establecimientos y lugares que han marcado tanto su vida como la pequeña historia de Larache. Un relato endiamantado.

Sergio Barce, julio 2014

Mercedes Dembo

Mercedes Dembo

 Membranzas (Memorias) de mi mancebes (juventud)

en Larache

Ma’ase de los churros

Solía pasar largas temporadas en Larache en cazza de mis tías. Me gustaba ir a mercar churros para el ftor (desayuno). Primero entraba a la papelería Damián a mercar unos cromos para mi y una novela de Corin Tellado pa mi prima; mamá las llamaba-: “histoires a l’eau de rose” (cuentos con agua de rosa), de lo que suspiraba mi prima; discués me iba a una churrería que estaba detrás del bar Matías de la caleja Chinguiti, ueno no era ninguna baqqala (tienda) máz bien una churrería ambulante en un rincón de una caleja, al final de esa caleja estaban los almacenes Martinez; ahí laboraba un primo enmuestro.
La señora churrera era una mujer gorda con unas tetas cade que, y eran para mi como un techo, yo era un tapito de cortita y no cudía ver su cara. Ella siempre vestía de preto (negro) con un delantal grande marrón. Cuando me veía se areía y me llamaba -petite brebis frisée- obejita rizada, por la cantidad de bucles que tenía. Me contó que vivió unos años en Marsella durante la guerra civil; su marido estuvo en el frente popular y mandó a la mujer y a los hijos a salvo en Francia, saha (pero) los mal.logrados (canallas) de los franquistas le fusilaron.
A mi me gustaba ver todo el proceso del hazer los churros. En frente de ella había una hoguera con una sartén redonda bien grande llena de azzeite cayente. Me quedaba wuakfeada (de pie) cabe el carrito, ‘ajbeada (sorprendida) de ver como manejaba la churrera dándole ueltas como un tornillo, y salía la masa luwándose (retorciéndose) como si fuera un guzzano, directamente en la sartén. Había que gablearlo (vigilarlo) para que la braza no sea muy cayente y quemé el azzeite. Cuando la masa estaba bien jamreada (dorada) sacaba ese churro el «redondel» como lo llamaban, de la sartén y le ponía sobre papel para empapar l’azzeite; lo cortaba en cashitos (pedazos) como unos 10cm o máz los empolvaba con azucuar. Me los ponía en papel absorbente y volvía a cazza. El golor (olor) era tan endiamantado (bueno) que no cudía resistir la tentación de gostar uno y otro en el camino; cuando llegaba a cazza, mi tía me miraba de reojo con una sonrizita.

LARACHE

LARACHE

Todos estaban sentados en la mezza asperando el ftor (desayuno), el tipad (tetera) de té verde con hierbawuena estaba aprontado (preparado) sobre la mezza con los bazzitos dorados de vidrio, ponía los churros en un plato grande y tamién (también) biscochitos.
A mi me gustaba de vez en cuando chocolate espeso, lo hazzia con kashitos (pedazos) de chocolate que ponía a derretir y un poco de leche.
El día que venian convidados (invitados), tita los serbía en la sala; la sala era muy bonita; tenía cuertas de vidrio caladas, en las paredes colgaban gobelinos auténticos, en los rincones habían jarrones grandes de porcelana china y contra una pared había un bufete de madera muy fina con cuertas de cristal de colores, una maravilla; le tenia repleto de cristalería y más hajitas (cositas) endiamantadas, la mezza grande era tamién de madera muy fina. En esos tiempos de yahasra mi tio tenia muchos chavos (dinero).
Tita traía la senilla (bandeja) redonda de plata que la mercó su marido en un viaje de negocios a Fez; ahí ponia el tipad de plata y los basitos de té del bufet. Tamién traía dulces de muchas clases y letuario las pascuas (menos el pesaj) ponia fijuelas, maronchinos, mazapanes, cabahzales. Se pasaban la tarde hadreando (hablando), melgheándose (bromeando) y arriéndose y ¡a immá! qadeso makleaban (comían) esas mujeres, parecía que tenían flaqueza (hambre). Yo no entraba ahi, nada más saludaba, me daban bezzos como ventozzas, siempre me limpiaba la cara.
La sala era para comer el Sabad, pascuas y bizita, las cuertas quedaban aferrojadas (cerradas) los otros días de la semana.
Al medio día, en la semana me mandaba al bakalito del Susi Brahim que hazía esquina con la caleja Daisuri, a mercar lo menester para los bocadillos; cuando él me ve veía entrar dizía: halaquila la francezita.
-¿Que se le sirve hoy guapa?
-Una peseta de azzeitunas y otra de atún –contestaba.
De allí pasaba a la panadería Alarios que estaba justo al cruzar a mercar panecitos.
Discués de uen ttiempo m’ acostumbri a mercar por peceta todo; mozotros en Soko l’arba mercabamos por kilo, por litro, por cashas (cajas).

Don Aurelio Gómez Paños

Don Aurelio Gómez Paños

Encima del susi (tendero) vivía Don Aurelio el muziko con su famia, todos los hijos eran muzikos. En el mizmo foqi (piso) vivía la familia de Aiash del periodista del “Chivato de Larache”, una de las hijas era amiga mía; abasho vivía la familia de Mercedes Lezerovich y por otra entrada mi tía Simha Ovadia hermana de mi auelo paterno. Era una cazza endiamantada; a la entrada habían cuatro scaleras, el pasillo era largo y ancho todo de azulejos. Me gustaba sentarme en las escaleras, hazia mucho frezco.
Tia Clara vivía en las cazzas de Mose Assayag; en esas cazzas moraban unas cuantas famias judias como los de Oziel, que stan awera en Andorra, Señora Preciada y famias españolas como los Montecatines que tenían una pastelería frente al Cine Ideal. Había un ambiente de hermandad. Al fondo de esa caleja staba el molina de harina.
En frente de las cazzas había un terreno vazío, todo arena, mozotros los niños juwuabamos en el. El verano se ponía ahí el circo español. ¡Como moz farjeabamos (alegrabamos)! con payasos, los trapecistas se colgaban al aire, que spanto. Un tio que tenia un cine, mos traia entradas debalde.
Un verano cuando avoltí a Larache encontrí que habían fraguado un comedor para lo pobres, en el mizmo luwar donde ponían la carpa del circo. Señora Strella Amselem una gran mizbotera (benevolente) era la que bushco los chabos, preparo todo, jatta se ponía delantal y mekneaba (servía) la comida. Recibían acuda (ayuda) financiera y productos alimentarios del Joint Americano, una organizacion judía de benevolencia.
Señora Strella quería mucho a bapá (papá) que era muy amigo de sus hijos Abraham el farmacéutico y Amran el dutor; ella es la que empusho a auelito a mandar a bapá a estudiar a Madrid; bapá y Abraham ambezzaros (estudiaron) juntos en la universidad en Madrid.
Ua esto voz contaré.

Mercedes Dembo Barcesat

LARACHE

LARACHE

 

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LARACHE, VISTA POR TOMÁS GARCÍA FIGUERAS

No hace mucho, compré un ejemplar del libro Larache: datos para su historia en el siglo XVII, de Tomás García Figueras y Carlos Rodríguez Joulia Saint-Cyr, editado en 1973 por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid.

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Es un documento excepcional de 499 páginas dedicadas a Larache, y una fuente singular de datos y hechos históricos. El primer capítulo, titulado <Al-Araish en la Historia> es ya todo un resumen denso e interesante de los hechos que acontecieron en Larache en esa época entre los siglos XV y XVII, y que viene muy bien para complementar los artículos que estamos colgando en este blog sobre la fortaleza de <La Graciosa>, las conquistas y reconquistas de españoles y portugueses, y los continuos ataques y razias que tuvieron a Larache como objetivo.

Y por este motivo traigo aquí ese primer capítulo del libro…

Sergio Barce, junio 2014 

LARACHE:

DATOS PARA SU HISTORIA EN EL SIGLO XVII

AL-ARAISH EN LA HISTORIA

A tres kilómetros de la fenicia y más tarde romana Lixus, sobre la suave pendiente de una colina de crestas pedregosas que avanza en punta hacia el Atlántico, se levanta la ciudad de Larache, plaza destinada a jugar un importante papel en la historia de España y de Marruecos.
Sus orígenes son confusos. Parece ser que fue fundada por la tribu de los Banu Arus quienes le dieron el nombre de Al-Araish, emparrado o jardín de flores, en razón de los numerosos viñedos que la poblaban. La leyenda ha situado en estos parajes el famoso Jardín de las Hespérides, fundamentándose lógicamente en su privilegiada situación. Dominando la orilla izquierda de la desembocadura del río Lucus, sobre un terreno excepcionalmente fértil, al que por entonces rodeaban espesos bosques de alcornoques, encinas, robles, acebuches y lentiscos, su flora rivalizaba en riqueza con su fauna. Junto a la abundancia de cereales, viñedos y chumberas sobresalían los productos de su huerta: naranjos, limoneros y granados. Por sus tierras se multiplicaban las liebres, los conejos, perdices y palomas torcaces, chochas y codornices, mientras que las aguas del Lucus eran ricas en róbalos, lisas, pargos y lenguados, destacando especialmente las anguilas de sus pantanos.
La primera referencia que sobre Al-Araish nos proporcionan las fuentes árabes data del 828. A raíz de la muerte de Idris II el nuevo sultán Muhammad b. El-Idris repartió las diferentes regiones del Imperio entre sus hermanos, adjudicando al llamado Yahya el gobierno de las ciudades de Bosra, Arcila, Larache y de los territorios que se extendían hasta el Uarga.

LARACHE
Durante seis siglos la historia de Al-Araish permaneció en el anonimato salvo alguna breve referencia, tal como la noticia de una incursión cristiana contra la ciudad en 1270. Los atacantes, al parecer andaluces, «en el mes de Moharren del 668 de la Hégira, entraron en la ciudad de Larache, mataron hombres, robaron mujeres y bienes, prendieron fuego a la plaza y volvieron a embarcarse en las naves con rumbo a su país».
Sobre este género de incursiones contra Larache comenzamos a tener noticias frecuentes desde los comienzos del siglo XV, partiendo las mismas del litoral andaluz o bien siendo protagonizadas por los portugueses.
En relación con las expediciones de iniciativa española, Jiménez de la Espada, al transcribirnos un manuscrito anónimo de finales del XV, comenta las constantes correrías de los andaluces al litoral africano, tanto por la parte de levante como por la de poniente. En este sentido nos da noticias de varios capitanes: Juan de Pinar, Bartolomé Verdugo y Juan de Sevilla, residentes en Jerez y Puerto de Santa María. «Estos –nos dice- han salteado y saben todos los ardiles desde Alarache hasta Mar Pequeña».

PEDRO DE ESTOPIÑÁN

PEDRO DE ESTOPIÑÁN

Cita el manuscrito especialmente a un tal Francisco de Estopiñán, vecino de Cádiz, como muy ducho en las correrías norteafricanas, personaje perteneciente a una estirpe que iba a hacerse famosa con Pedro de Estopiñán, conquistador de Melilla en 1497 y con Bartolomé de Estopiñán quien, según veremos más adelante, sería protagonista de una desgraciada razia contra Larache en 1546. Jiménez de la Espada nos habla también de otra expedición de este género, concretamente en 1471, organizada por Pedro de Vera el conquistador de la Gran Canaria. Parece ser que el saqueo de Larache reportó al audaz capitán un gran botín, tanto en géneros como en cautivos.
Fue, no obstante, Portugal quien por su política de conquista en el litoral occidental africano estaba destinado por este tiempo a jugar un papel primordial en relación con la ciudad del Lucus. En 1471, dos años después de la conquista de Ceuta, se organizó una expedición marítima desde dicha plaza contra Larache. Varios capitanes, entre los que figuraba D. Diego Vasques de Portocarreiro, con cierto número de bergantines, fustas y galeotas, cayeron por sorpresa sobre Larache en el mes de julio del citado año, vencieron la resistencia que les ofrecían sus muros, saqueáronla a placer y, finalmente, emprendieron el regreso a Ceuta, no sin antes poner fuego a la ciudad.
La vecindad de los portugueses debió tener atemorizados a los habitantes de Larache, especialmente desde 1471 en que la proximidad se hizo aún mayor con la conquista de Tánger y Arcila por aquéllos. La ciudad del Lucus entró prácticamente en la zona de influencia lusitana, por lo que no es extraño que Larache se despoblara ante el temor de sus habitantes de correr la misma suerte que las dos plazas arriba citadas.

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No obstante, por incomprensible actitud de los portugueses, esta conquista no llegó a producirse. Lo extraño del hecho se hace aún más evidente cuando en 1489 Juan II de Portugal levanta la fortaleza de La Graciosa, a unos quince kilómetros de Larache sobre la orilla derecha del Lucus, sin parar mientes en las ventajas que para su propósito de amenazar a Alcazarquivir le hubiera reportado la posición privilegiada de Al-Araish. Sobre todo teniendo en cuenta que, por entonces y según apuntábamos más arriba, la plaza estaba abandonada. Confirma esta circunstancia el hecho de que las primeras embarcaciones que fueron a La Graciosa no hallaron la menor resistencia.
Para la ocupación del lugar donde iba a levantarse la nueva posesión lusitana Juan II envió una pequeña avanzadilla con propósitos exploratorios entre fines de febrero y principios de marzo del ya citado año de 1489 la que inició los trabajos de fortificación en el lugar elegido. Posteriormente, durante el mes de junio, arribó el resto de la expedición. El entonces sultán de Fez, Muhammad al-Xaij, temeroso de la peligrosa penetración portuguesa, puso inmediato sitio a la fortaleza y construyó una estacada aguas abajo del Lucus, con el fin de impedir cualquier socorro por parte de los navíos lusitanos. La situación se hizo extremadamente difícil para los conquistadores, hasta el punto de que en septiembre del mismo año, Juan II y Muhammad al-Xaij llegaron a un acuerdo por el que se establecía la evacuación de La Graciosa siempre que no fuera hostilizada la operación por las fuerzas marroquíes.

JUAN II DE PORTUGAL

JUAN II DE PORTUGAL

El episodio de La Graciosa debió influir sobremanera en el destino de Larache. A raíz del abandono de la posición portuguesa, los marroquíes apreciaron en su justa medida el valor militar de la ciudad del Lucus y lo poblaron y muraron, tornándose el padrastro de Arcila. Efectivamente, Mawlay al-Nasir, familiar del rey de Fez, se encargó de amurallar y pertrechar su recinto en 1491, que todavía subsisten, así como edificar un castillo en la boca del río.
En los comienzos del siglo XVI León el Africano nos describe así la situación de la ciudad de Larache:
Lharais es una ciudad edificada por los antiguos africanos sobre el mar Océano, a la entrada del río Lucus, sobre el cuál está asomada una parte de ella y la otra sobre el Océano. Todas sus partes están bien pobladas, tanto que los moros tuvieron a Arcila bajo su señorío con Tánger. Pero después que estas dos ciudades fueron subyugadas por los cristianos, quedó desierta por espacio de veinte años, después, bajo un hijo del rey de Fez que es el presente, deliberó poblarla y fortificarla, lo que hizo, siendo siempre bien guardada a causa de que los habitantes son en continuo temor de los portugueses, y tiene un puerto muy difícil de tomar a quien quiera entrar en la boca del río. Este hizo aún edificar una fortaleza en la cual queda de ordinario un capitán con doscientos arcabuceros y trescientos caballos ligeros. En el recinto de la ciudad hay grandes praderas y lagunas donde se pescan angulas en cantidad y se encuentra caza; más allá del río hay grandes bosques con leones y otros muchos animales. Los habitantes de esta ciudad tienen una antigua costumbre de hacer carbón que envían por mar a Arcila y Tánger…”

LEÓN EL AFRICANO

LEÓN EL AFRICANO

A lo largo del siglo XVI esta sencilla estampa, primitivamente industriosa, que nos ofrece León el Africano sobre los pobladores de Larache va a evolucionar sensiblemente. La que en los viejos tiempos pudo ser una modesta factoría está llamada a convertirse en un centro comercial importante. Distanciado de la ciudad de Fez en 133 kilómetros, le convertía en su puerto natural. Por otra parte, el hallarse situado casi en la confluencia del Atlántico y el Mediterráneo proporcionaba a Larache un valor estratégico que iba a hacerse evidente en los siglos posteriores, valor que no lograban desvirtuar las condiciones bastantes deficientes de su puerto. La poca profundidad y lo angosto de su barra hacían muy dificultoso la entrada de barcos, especialmente en la bajamar, a menos que aquéllos fueran de poco calado. A los inconvenientes del río y de la barra, había que sumar la agitación constante del mar por aquellos parajes. No obstante, una vez vencidas las dificultades de acceso, el puerto ofrecía un refugio seguro. Cualidad ésta que iba a aprovechar eficazmente en su favor otro de los factores que habrían de influir en el porvenir de Larache: la piratería.
La presencia de los corsarios turcos y berberiscos en el Atlántico comienza a manifestarse desde los comienzos del siglo XVI, débilmente primero para alcanzar desde mediados de este siglo una importancia decisiva. En 1505 Fernando el Católico expidió una Cédula, fechada en Segovia el 10 de junio y dirigida al Corregidor de Jerez de la Frontera, con el objeto de que éste se pusiera de acuerdo con el asistente de Sevilla, Conde de Cifuentes, y organizasen conjuntamente una flota destinada a castigar las naves islámicas que infestaban no sólo el Mediterráneo sino el Atlántico. La Cédula dice así:
Sabido he que en la mar de Poniente entre estos puertos del Andalucía e las Canarias e el Cabo Agüer e las partes de Safi, e Azemur, e Salé, andan ciertos navíos de turcos e de moros que han fecho e facen mucho daño e cada día se fornesce e acrecienta más aquella armada de manera que si con el tiempo, Dios mediante, e con su ayuda, aquello se pudiese remediar sería mucho bien para la contratación de aquellas partes e escusarse an muchos dannos que si no se remedian a causa desto se podrán recibir…”

Ataque corsario (de la web www.galeon.com)

Ataque corsario (de la web http://www.galeon.com)

Larache por esta época comenzaba a convertirse en un refugio eventual de corsarios, completando así la eficacia que para la piratería suponían las importantes bases de La Mamora y Rabat-Salé. La existencia de este incipiente foco tan próximo a la portuguesa Arcila, llevó a don Juan de Meneses, su gobernador, a organizar una expedición de castigo contra Larache en el mes de julio de 1504. La acción iba dirigida concretamente contra una flotilla proveniente de Tetuán, compuesta por una galera y cinco galeotas, que se hallaban en aquella fecha acogidas al puerto del Lucus. Al mando de seis galeras Juan de Meneses atacó al enemigo, no sin encontrar seria resistencia desde el baluarte que protegía el acceso a Larache, y consiguió incendiar la galera tetuaní así como apoderarse de las restantes galeotas. No obstante, las dificultades que ofrecía la barra del puerto a la hora de la retirada dieron lugar a que algunas de las embarcaciones portuguesas hubieran de ser abandonadas después de prenderles fuego sus tripulantes.
El año 1517 señaló para Larache un acontecimiento trascendente. La flota de Barbarroja cruzó el Estrecho y arribó a la costa occidental de Marruecos. Las naves otomanas entraron en el puerto de Larache. Comentando el hecho, David López en su Historia de Arcila expresa lo siguiente: «Desde entonces Larache creció en poder y fue otro Tetuán o Vélez».

Otra fecha importante para la historia de Larache en el siglo que nos ocupa es la de 1546. En dicho año los gaditanos intentaron saquear la ciudad del Lucus, cosa que llevaron a efecto aunque el final de la operación degeneró en auténtica catástrofe para la expedición andaluza. Los historiadores difieren en relación con el número de navíos que tomaron parte en la empresa. No obstante parece ser que éstos alcanzaron el número de 18, a cuyo bordo iban 600 hombres al mando del capitán Bartolomé de Estopiñán. Vencidas las dificultades de entrada en la ciudad gracias al elemento sorpresa, ya que la operación tuvo lugar con las primeras luces del alba, las huestes gaditanas saquearon a placer la villa. Entretenidos al parecer en el acopio de botín, descuidaron su vigilancia dando lugar a una violenta reacción marroquí que acabó con los asaltantes. La matanza de cristianos fue casi completa, figurando entre las víctimas el propio Estopiñán. Muy pocos fueron los que pudieron abordar las naves y regresar a Cádiz, maltrechos y derrotados.
Indudablemente el puerto de Larache a la par que refugio de piratas, fue también importante centro comercial, según apuntábamos anteriormente, y esta importancia iba a hacerse patente a lo largo de todo el siglo XVI. De antiguo la ciudad del Lucus había sostenido relaciones muy diversas, en parte con Portugal, alternadas con los momentos de fricción, pero, sobre todo, fueron los genoveses los principales iniciadores de este género de actividades en Larache.
Los genoveses debieron acudir a Larache muy pronto. En el siglo XII genoveses y pisanos mantuvieron un comercio considerable con Marruecos; sus relaciones se efectuaban principalmente por Ceuta, donde los genoveses tenían contadores importantes y un cónsul general cuya autoridad se ejercía sobre los agentes instalados en Andalucía y en el resto de Berbería. Los venecianos, rivales y enemigos de los genoveses, visitaban Tánger.

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A fines del siglo XV y principios del XVI, los negocios genoveses parecen concentrarse en algunas ciudades de la costa Atlántica, tales como Salé, Arcila y Larache, aunque ya desde 1438 había en Fez comerciantes y banqueros de dicha nacionalidad.
En 1532 un genovés, llamado Tomás Sumerga, era dueño de una pesquería en Larache y traficaba con Fez. Duarte Pacheco Pereira da el nombre de Castillo de los Genoveses  a un fortín situado junto a la desembocadura del Lucus.
Consta también que entre los moradores de Larache existía un núcleo judío cuya principal actividad era la de servir como intermediarios en los tratos comerciales sostenidos por los marroquíes con las naves extranjeras que arribaban al puerto.
También Andalucía sostuvo un tráfico marítimo regular con Larache. Gibraltar por un lado y, sobre todo, Cádiz, mantuvieron con aquél constantes intercambios comerciales, aunque predominando la exportación de los productos españoles sobre el género importado. En 1554 un factor portugués, Sebastián de Vargas, escribía a Juan III de Portugal dándole cuenta de la gran afluencia de embarcaciones gaditanas que llegaban al puerto de Larache, prefiriéndole al de Arcila, hasta el punto de que la ciudad del Lucus había llegado a monopolizar el abastecimiento de Fez. Efectivamente, Cádiz por esta época se había convertido en un importante centro de contratación, tanto de mercaderías europeas como mogrebíes. Horozco nos dice a este respecto: «El mayor trato que de España se tiene en Berbería es en esta ciudad de Cádiz, de adonde salen cada año hasta veinte navíos que en diferentes tiempos van a los reinos de Fez y de Marruecos«.

Hemos de pensar que el tráfico que las naves andaluzas sostenían con Larache debería ser, en cuanto a la índole de las mercancías, muy similar al que en líneas generales se verificaba comúnmente entre España y Marruecos salvo aquellos productos propios de la región del Lucus que pudieran interesar concretamente a los gaditanos. Por entonces el comercio hispano en Berbería se basaba principalmente en la exportación de paños de Castilla, bonetes y zencillos de grana fabricados en Toledo y Córdoba, lencería de la India, Flandes y Francia, azafrán, cochinilla y también trigo y cebada en los años en que la cosecha lo permitía. A cambio se traía a la Península cera (en grandes cantidades) y cueros. Junto a estos dos productos, los más solicitados, figuraba también la importación de azúcar, almendras, alcaparras, añil, dátiles, goma arábiga, miel y sebo. Es lógico que la fértil vega del Lucus, así como su copiosa ganadería, hicieran de Larache una excelente proveedora.

Juntamente con el tráfico estrictamente comercial y abierto a todas las nacionalidades, el litoral occidental de Berbería era testigo de otro, más o menos descarado, en el que el material entrante estaba compuesto por armas o municiones o bien por los metales necesarios para su fabricación. Rivalizaban en este menester Holanda e Inglaterra especialmente, aunque también Francia ejercía en ocasiones el contrabando. Es decir, aquellos países que buscaban, sin reparar en medios, reducir en lo posible el potencial hispánico aunque tal actitud implicara una contraproducente ayuda al Islam, rival máximo de la cristiandad por entonces.
La costa occidental marroquí se había convertido por todo ello en una latente amenaza para las dos naciones más interesadas en la lucha contra el mundo islámico, Portugal y España. La primera de ellas iba a intentar en 1578 una audaz y mal llevada penetración en Marruecos por iniciativa de su rey Don Sebastián. La batalla del Mejazen, de cuyas consecuencias nos ocuparemos más adelante, es sobradamente conocida para extendernos aquí en pormenores.
Por el lado español Felipe II tenía puestas de antiguo sus miradas en el litoral atlántico de Marruecos, estudiando las posibilidades de conseguir en el mismo alguna base similar a las que, hasta la posterior anexión de Portugal, únicamente poseía en la costa mediterránea. Y su atención se dirigió precisamente hacia Larache por considerar que su estratégica situación servía perfectamente a sus intenciones. Los motivos que justificaban sus proyectos así como las gestiones que en tal sentido realizó el monarca español merecen por su importancia capítulo aparte.

TOMÁS GARCÍA FIGUERAS

TOMÁS GARCÍA FIGUERAS

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«APUNTES HISTÓRICOS SOBRE ESPAÑA, PORTUGAL Y MARRUECOS SIGLO XV», POR EL LARACHENSE ANDRÉS ARÉVALO

Tras los artículos colgados en este blog sobre la presencia de Portugal en Larache, y los acontecimientos relativos a La Graciosa, nuestro paisano Andrés Arévalo viene a aportar datos de interés para completar toda esa información, y que paso a reproducir, tal y como me las ha hecho llegar.

Andrés Arévalo Martínez es un larachense de cepa. No puedo evitar el demostrarlo, antes de entrar en su trabajo histórico, con su carnet de socio infantil del equipo de fútbol P.D.Larache, expedido en el año 1946… Nada más y nada menos.

1946-09-01 Carnet Socio AAM del PD Larache h 1 y 4 de 4

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1946-09-01 Carnet Socio de AAM del PD Larache h 2 y 3 de 3

Y sobre los acontecimientos históricos del siglo XV que nos han traído hasta aquí, dice así Andrés:

Estimado Sergio:

Quiero hacer unas puntualizaciones con relación a los hechos acaecidos en Marruecos desde que a finales del siglo XV España y Portugal, después de la Bula Papal “Ineffabilis”, se pusieran de acuerdo para repartirse los reinos de Trémecen y Fez, y como en este último Portugal avanza (y retrocede) durante el siglo XVI acabando su aventura marroquí en la Batalla de los Tres Reyes o de Alcazarquivir.

¿Por qué estas acciones habían movido mi inquietud, ya que por mi formación académica disto mucho de la Historia Política? La razón principal fueron los artículos que pusiste en tu blog los días 3 y 6 de febrero de este año 2014: “La Ocupación de Larache por los Portugueses (s.XV)” y “Larache, Portugal y el Fuerte de La Graciosa” respectivamente; y más concretamente un comentario recibido de un paisano nuestro, el doctor José Edery, que afirmaba varias cosas: 1º que Larache nunca había sido ocupado por los portugueses ni por nadie; 2º que el final de la dicha Batalla de Alcazarquivir había inducido a un muy particular festejo del pueblo judío; y 3º la influencia decisiva que tuvo “la Caballería de Larache” en la derrota de Portugal en la citada Batalla.

Respetando absolutamente lo que manifestaba el doctor Edery, he de decir que en mis años de estancia en Larache, yo chico (10-16 años de edad) al ver tantas fortificaciones antiguas, algunas en ruina manifiesta, con muchos cañones pedreros por todos los lados, bastantes usados como “mobiliario urbano”, al preguntar que qué era todo eso, siempre te contestaban que “de antiguo” primero Portugal, y después España, habían ocupado Larache.
Además del estudio en bachillerato del Antiguo Testamento donde el pueblo judío es el gran protagonista (en mi Colegio de Larache tenía compañeros que también asistían a estas clases), mi curiosidad y simpatía me hicieron seguir enterándome de las vicisitudes que este pueblo tuvo no solo en España, si no también en los otros lugares a lo largo de la historia. En el caso concreto que tratamos, fue para mi una sorpresa que, en la financiación del rey D. Sebastián a África, hubo una fuerte contribución (no de motu propio) de los judíos portugueses. Relacionándolo con lo expuesto anteriormente sobre la ocupación de Larache, pero más por motivos emocionales propios que ya he manifestado, es por lo que he tratado, modesta y objetivamente, de enterarme a través de documentos como fueron sucediendo estos hechos.

Al tratar de partir para “mis estudios” de los tiempos de la ya dicha Bula, 1495, encontraba que Portugal tenía unos “derechos adquiridos” más antiguos, y que de hecho condicionaban los repartos de los reinos norteafricanos: el de Fez para Portugal y el de Trémecen a España, derechos que sinceramente confieso que ignoraba. ¡Tenía que ir pues más atrás para hilvanar los hechos!
Puesto en esta tarea, creo que he finalizado su primera parte, correspondiente a los hechos relacionados más relevantes durante el siglo XV; en breve prepararé desde mis ya tomadas notas, la segunda parte correspondiente a los hechos sucedidos en el siglo XVI, fundamentalmente lo que le sucedió a Portugal en sus plazas del reino de Fez, cuales fueron los impulso del rey Sebastián para la organización y el llevar a cabo la expedición que le llevó a la rota, y del apoyo que tuvo Portugal, cuando hizo falta, desde sus muy parientes los Reyes de España.

Explicados mis planes y sus motivos, adjunto hago mi primer envío: “EL SIGLO XV EN ESPAÑA Y PORTUGAL”, que espero sea de interés para todos.

EL SIGLO XV EN ESPAÑA Y PORTUGAL
ACUERDOS Y DESACUERDOS ENTRE AMBOS REINOS PARA LOS DOMINIOS DE LOS PAISES NORTEAFRICANOS E ISLAS CANARIAS A TRAVÉS DE LOS DOCUMENTOS
ANTECEDENTES REMOTOS.

PRIMERA MITAD DEL SIGLO XV:

El Tratado de Medina del Campo de 1431 estableció la paz entre los reinos de Castilla y Portugal. Su firma, entre Juan II de Castilla y Juan I de Portugal se llevó a cabo en Almeirim en el mes de enero de 1432.(1)

Dicha paz “…despertó tanto entusiasmo que los <altos infantes> como los llamó Camoês, es decir, los hijos de don Joâo enviaron a Juan II de Castilla un mensaje: irían con sus hombres a la guerra de Granada cuando se lo pidiesen…”.”Tres garantías se hallaban expresadas: primera, que los trazados fronterizos (peninsulares) eran definitivos…; segunda, que Castilla se comprometía a no perturbar las navegaciones portuguesas por el Atlántico; tercera…” (2)

Sin embargo, pronto se suscitaron cuestiones que ponían en peligro el status quo que habían establecido con el acuerdo de Almeirim.

Una de las más importantes era la del veto que Portugal ponía de hecho en 1450 al derecho de navegación de los marinos andaluces por las costas atlánticas de África; otra importante era el dominio de las islas Canarias, en las que Castilla durante períodos del siglo XIV anterior ya había estado presente.

La realidad era que Portugal desde principios del siglo XV había comenzado a expansionarse por el norte de África, conquistando Ceuta en 1415; después, durante la primera mitad de dicho siglo, había encontrado la ruta atlántica que bordeando el continente, la llevaba a las costas del golfo de Guinea. Y ahí, en dichos territorios africanos las ganancias eran fáciles por su abundancia en oro, la Mina, y con el tráfico de esclavos negros, tratando Portugal de poseer ambos comercios en el más absoluto de los secretos y en mantenerle así en exclusiva para su propio beneficio. (3)

Por tanto ya se puede comprender el gran interés que tendría Portugal para dominar todos los puntos estratégicos de la costa africana (Larache entre otros) que corren desde el estrecho de Gibraltar al dicho golfo de Guinea, y en donde naturalmente estaban también las propias islas Canarias (4), y al mismo tiempo, la atracción que dichas riquezas ejercían sobre aventureros de los otros reinos peninsulares e italianos, principalmente andaluces y genoveses.

Hay que decir que ya “…en 1402 se (había) inicia(do) propiamente la conquista (de las islas Canarias) con la expedición a Lanzarote de los normandos Jean de Bethencourt y Gadifer de la Salle ….(siendo) Bethencourt vasallo del rey de Castilla …” (5). El siguiente paso fue la conquista para Castilla de las islas menos pobladas: Fuerteventura, La Gomera, y El Hierro.

JEAN DE BETHENCOURT

JEAN DE BETHENCOURT

TERCER CUARTO DE DICHO SIGLO XV:

Vemos pues que a mediados del siglo XV surgían profundos problemas entre Castilla y Portugal, debido a que ambos tenían ambiciones para expandirse por el Atlántico.

Como era costumbre en dichos tiempos, el reclamante acudía al arbitraje del Papa el cuál, emitiendo en 1454 la Bula “Romanus Pontifex”, concedia al rey Alfonso de Portugal “…la posibilidad de conquistar tierras en manos de musulmanes o paganos, amenazando con excomunión a quienes obstaculicen estas conquistas…” y en 1456 la Bula “Inter Caetera” confirmaba la Bula anterior, y ampliaba sus alcances a favor de Portugal “…de todas las nuevas tierras…. mas allá del cabo Bojador, incluyendo todo el centro y sur de África…” (6)

Pero ya en Castilla se veía con intranquilidad el problema sucesorio de su rey Enrique IV llamado en la historia “el Impotente”.

ENRIQUE IV EL IMPOTENTE

ENRIQUE IV EL IMPOTENTE

En realidad los problemas en Castilla fueron múltiples y seguidos: “Pequeña Guerra Civil” entre los nobles (1464-1868) para fijar el heredero del aún rey vivo entre su hija Juana de Castilla (apodada La Beltraneja) y sus propios hermanos (del Rey): primero hasta su muerte, Alfonso, y después, Isabel; con el enlace de esta Isabel de Castilla con su primo Fernando de Aragón (ambos Trastámaras) en 1469 triunfa el bando aragonés, el cuál comienza a ser atacado por los partidarios de la unión de Castilla con Portugal; y ya a la muerte de Enrique IV esta rivalidad llega a ser una verdadera Guerra Civil de Sucesión (7), y que va desde 1475 a 1479, entre los partidarios de Isabel y Fernando por un lado, y los de Juana la Beltraneja con su marido el rey de Portugal Alfonso V por el otro, disputándose así el reino de Castilla. (8)

Este último conflicto entre Castilla y Portugal también se extendió asimismo al océano Atlántico, donde las flotas castellanas y portuguesa apresaban los buque enemigos que encontraban, bombardeaban ciudades costeras (así Castilla lo hizo con las ciudades sureñas portuguesas y las ya ocupadas del norte de África), disputaban el dominio de las estratégicas islas Canarias, y ambicionaban las riquezas de oro de la Mina y de los esclavos de las costas de Guinea. Aunque en la isla de Gran Canaria se aguantó a la armada portuguesa, esta venció a la castellana en la decisiva batalla naval de Guinea. (9)

Príncipe Juan de Portugal

Príncipe Juan de Portugal

Esta guerra concluyó en 1479 con la firma del “Tratado de Alcácovas” del que hablaremos después.

Mientras, Portugal se había ido asentando paulatinamente en las poblaciones atlánticas del norte de África: Alcazar-Seguer en 1458, Anfa (Casablanca) en 1469, y Tanger, Arcila, (y Larache ver después) en 1471 merced a un Tratado de Paz firmado el 24 de agosto de 1471 entre el ya citado rey de Portugal Alfonso V y el rey de Fez Muhammad al-Sayj al Wattasi. (10)

Tratado de alcacovas - imagen de la época

 

EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XV:

Este Tratado de Alcácovas llevó la paz a los reinos de la península ibérica, pero secuela del Pacto de Almeirim, prácticamente dejó en las manos de Portugal, de momento (11), toda la vertiente atlántica africana incluidas sus islas excepto las Canarias que se quedaban reservadas para Castilla. (12)

Y esta, teniendo solo que resolver la conquista del reino nazarí de Granada, “…la victoria (global) alcanzada sobre Portugal, las paces con los países vecinos, el aseguramiento de la tranquilidad en todo el ámbito de Castilla y León, la sólida unión de las Coronas de Castilla y Aragón, el crecimiento de sus recursos materiales y la fusión de los espíritus, hermanados y ansiosos de grandes obras, trascendían mas allá de las fronteras, aumentando el prestigio de los Reyes, que habían alcanzado en sus tiempos la honda transformación de sus Estados.

En los dos años que siguieron a la paz con Portugal ya se acusaba el poderío de la Monarquía castellano aragonesa fuera de la península: La conquista de las Islas Canarias (Gran Canaria en 1480) …era parte de los primeros brotes de una política de expansión de alto estilo.” (13)

Mientras, Portugal, seguía expansionándose por sus dominios africanos yendo en el sur explotando sus mercados y abriendo nuevas rutas a la navegación, mientras en el norte tenía sus ideas de ir a la conquista del reino de Fez, con un inicio como el de la fortificación de las ciudades ya conquistadas y el de ir (¿1487?) (14) contra Alcazarquivir (como camino hacia Fez) con la construcción del fuerte La Graciosa, a orillas del río Lucus y a corta distancia de Larache, ciudad en la que desemboca al océano el citado río. (15)

Mapa de Larache

Mapa de Larache

Reconquistado por Aragón a Francia las provincias del Rosellón y la Cerdeña, rendido a Castilla el reino Nazarí de Granada, el impulso de los reinos hispanos hacia las conquistas exteriores se acentuó al máximo: Castilla en 1492 ya había acabado prácticamente de conquistar las islas Canarias y había descubierto un nuevo continente al oeste del océano atlántico mientras Aragón se imponía en los países del Mediterráneo, en pugna en Italia con Francia, y con el poder otomano que también trataba de expansionarse por el mismo mar.

Un hecho histórico trascendente que en ambos países sucedió fue el de la “expulsión de los judíos”; en España unos 200.000 “no conversos” salieron a raíz del “Edicto de Expulsión de los Judíos Públicos” firmado por los Reyes Católicos en Santa Fe el 31 de marzo de 1492, asentándose muchos en Portugal, algunos a Navarra, otros al mediodía de Francia y otros pasaron a África; mientras, en Portugal el rey Don Manuel hacía lo mismo en diciembre de 1496. (16)

Edicto de Granada de Expulsión de los judíos

Edicto de Granada de Expulsión de los judíos

Por tanto, Castilla y Aragón ya consolidada la unión desde el matrimonio de sus reyes Isabel I y Fernando V “tanto monta, monta tanto”, elevan sus pretensiones sobre los países norteafricanos y que por lo que aquí llevamos dicho, ello va a suponer otro choque frontal más con los intereses portugueses.

(17) “…Marchó (en 1493), pues, Garcilaso (de la Vega, padre del poeta de dicho nombre) a Roma (como embajador), iniciando con el Papa Alejandro VI (Borgia) unas negociaciones en nombre de los Reyes Católicos para exponerle…  el proseguir la guerra contra los infieles en el norte de África… Mostró Alejandro VI gran alegría por… la proposición…, pero los Embajadores de Portugal objetaron que la conquista del reino de Fez, o sea todo lo que hoy llamamos Marruecos, había sido (ya) concedida anteriormente a los reyes de Portugal por la Silla Apostólica (ver en 1454 la Bula “Romanus Pontifex”).

Era por entonces uno de los miembros más salientes y destacados del Colegio Cardenalicio Don Bernardino de Carvajal, Obispo de Cartagena… Opúsose el Cardenal Carvajal enérgicamente a la pretensión del Embajador portugués, manifestando que en tiempo de los reyes godos los reinos de Fez y Trémecen (entonces se llamaron Mauritania Tingitana y Mauritania Cesariense) pertenecieron a la Corona de España por mucho tiempo, correspondiendo a los Reyes Católicos como descendientes de Pelayo y de los reyes godos. Por lo tanto, ningún Papa podía haber dado a los Reyes de Portugal -decía el Cardenal- tierras que de derecho pertenecían ya de antemano a la Corona de España, tanto más cuanto estas tierras habían sido feudatarias de Castilla hasta que Alfonso X (el Sabio), contra la opinión… condonó ese feudo. Añadía don Bernardino de Carvajal que las plazas de Ceuta, Tánger y Arcila, que estaban en poder del Rey de Portugal, debían de devolverse a España …”

BERNARDINO DE CARVAJAL

BERNARDINO DE CARVAJAL

(18) “El Papa Alejandro VI, oídos los razonamientos de una y otra parte, decidió acceder a lo que pedía Fernando el Católico, concediéndole la investidura de las tierras del norte de África para conquistarlas con justo título; pero al mismo tiempo, a fin de evitar las posibles diferencias con Portugal, estableció que esta concesión se haría sin perjuicio de los derechos que tuviesen otros Príncipes cristianos… Esta Bula “Ineffabilis” del 13 de febrero de 1495 afirma el derecho de los Reyes Católicos y de sus sucesores en Castilla y Aragón para conquistar África con todos sus reinos y señorios …”

La Bula “Ineffabilis” seguía manteniendo pues, por sus ambigüedades, las fricciones seculares entre España y Portugal, naciones que a su vez sufrían a piratas y corsarios establecidos en los reinos norteafricanos que acosaban a las navegaciones e incluso hacían incursiones en sus propias tierras firmes, a pesar de las razzias de castigo que realizaban ambos reinos cristianos.

Como ya habíamos visto que hasta ahora, las conquistas norteafricanas habían sido adjudicadas a Portugal (19) “ …parecía que la bula de Alejandro demostraba el propósito de Fernando V (el Católico) de violar dichos tratados. Para aclarar este punto vino de Lisboa una embajada (a la Corte Castellana-Aragonesa) compuesta por don Ruy de Sosa, su hijo don Juan de Sosa y Arias de Almada, llegándose rápidamente a un acuerdo por el que España reconocía nuevamente a Portugal el derecho de conquistar el reino de Fez, mientras los Reyes Católicos conservaban el derecho a conquistar el reino de Trémecen, en el que quedaban incluidos los puertos de Melilla y Cazaza (en el nor-oriente del reino de Fez; ¿se trasladaba así la frontera oriental de dicho reino desde la rivera del río Muluya a la del Kert?)…”

Reino de Marruecos

Asimismo una comisión de ambos países estudió si el espaldón continental de las islas Canarias era del reino de Fez, quedando de acuerdo que dicha franja que va del Cabo Nun al Cabo Bojador fuera adjudicada a Castilla. (20)

Otro era el grave y continuo problema que mantenían todos los reinos hispánicos con los ataques de los moros; a Portugal sobre sus plazas ocupadas en el reino de Fez (Ceuta, Tánger…) (21), y a España porque al haber pasado al norte de África los moros expulsados de Andalucía constituía un grave peligro para la seguridad de sus costas, y en general de toda la navegación en el Mediterráneo occidental. (22)

Estaba pues en el ánimo de los Reyes Católicos el cortar la sangría que los moros corsarios estaban prodigando en sus reinos el llevarles a la paz y tranquilidad prolongando sus “guerras contra el infiel” a las tierras africanas. Así, España no tardó en ocupar Melilla en 1497 (23) mientras presionaba a la corte de Lisboa que cumpliera sus compromisos de conquista del reino de Fez, y más concretamente, Tetuán, y otras plazas mediterráneas. (24)

“Temían los moros, no sin fundamento, que la conquista de Melilla fuera tan solo un primer paso para penetrar tierra adentro, por lo que el Rey de Fez mandó venir y reunir en los alrededores un considerable ejército y fortificó y guarneció a Cazaza, Tezota, Motabel, y Alcalá, lugares próximos, con objeto de que Melilla viniera a estar como cercada, teniendo lugar con frecuencia pequeños encuentros individuales entre moros y cristianos.” (25)

Mientras, en el lado occidental del reino del reino de Fez, se acababa el gozo de la tranquilidad en las plazas ocupadas por los portugueses debido al Tratado de Paz ya indicado con agresiones de los naturales a las mismas; curioso es el caso de Larache que en dicho período no hubo por parte de Portugal una ocupación plena como fue el caso de Arcila o Tánger (26),ya que el rey de Portugal “cedió” el dominio de la plaza a un caballero suyo, y aunque no se llegó a ocuparla totalmente, es lógico sospechar que alguna fuerza debería haber por haberse llevado a cabo la aventura ya comentada de La Graciosa. (27)

Mapa de Larache

Mapa de Larache

Ahora bien y a finales de este siglo XV, Portugal se estaba preparando para la conquista de más poblaciones costeras atlánticas, e incluso otras tierra adentro del reino de Fez.

Se cierra lo sucedido en este siglo XV viendo que reina ya la paz entre España y Portugal, preparándose y apoyándose ambos países, cada uno por su lado, a las conquistas de las plazas de los reinos de Trémecen y Fez respectivamente, ante las resistencias cada vez más tenaces de sus propios habitantes. (28)

Por Andrés Arévalo Martínez

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LARACHE EN «EL PAN A SECAS» (AL-JUBZ AL-HAFI) DE MOHAMED CHUKRI

En El pan a secas (Al-jubz al-hafi) de Mohamed Chukri, la obra más emblemática y revolucionaria del panorama literario marroquí, de 1972, aparece Larache.

El pan a secas - portada
Aunque será más tarde, como ya escribí en otro artículo, en concreto en Tiempo de errores, cuando Larache tenga realmente un verdadero protagonismo en la obra de Chukri. Pero es aquí, en El pan a secas, cuando ya anuncia lo que será el cambio más trascendental de su vida: su marcha a Larache, donde aprenderá a leer y escribir, sus armas más poderosas, los instrumentos que lo sacarán de la miseria.
Y los motivos por los que termina en Larache lo cuenta de la siguiente manera:

“Por la mañana, al regresar del puerto, me dirigí a una librería de Oued Ahardan y compré un libro para aprender a leer y escribir en árabe.
Abdelmalek estaba en el café. Me presentó a su hermano Hassan, que había venido de Larache a visitarle. Me disculpe con él por lo ocurrido el día anterior.
-Olvídalo. Yo también me puse nervioso –me dijo.
Me senté con ellos y le enseñé a Abdelmalek el libro.
-Tengo que aprender a leer y a escribir. Tu hermano Hamid me enseñó algunas letras en la comisaría y me dijo que tenía disposición para aprender.
-Claro, ¿y por qué no la ibas a tener?
Su hermano Hassan me preguntó si quería estudiar en Larache.
-¿Yo? ¿Es posible? Tengo veinte años y ni siquiera sé firmar –le dije, asombrado.
-No importa, allí conozco bien el director de una escuela. Te haré una carta de recomendación. Estoy seguro de que te aceptará. Tiene especial simpatía por los muchachos que vienen de fuera con la firme intención de estudiar. Si no tuviera que ir a Tetuán para solucionar un problema con el delegado, te acompañaría y te lo presentaría yo mismo. Es amigo mío.
Al instante, añadió:
-Ve a comprar un sobre y un papel para escribirte una carta de recomendación.
Salí del café. No podía creer lo que acababa de decirme. Compré lo que me había pedido y volví rápidamente. Cogió el papel, lo puso encima de un periódico árabe y empezó a redactar la carta. Tenía una letra preciosa. De vez en cuando, dejaba de escribir para fumar kif con nosotros. Cuando terminó la carta, la metió en el sobre y lo cerró. Yo la guardé cuidadosamente en el bolsillo de mi chaqueta.
-Entonces, ¿cuándo puedo ir a Larache? –le pregunté.
-Cuando quieras. Pero intenta que sea pronto.
Eran casi las doce de la mañana. Nos despedimos de Hassan antes de que partiera para Tetuán. Me dio la mano y me dijo:
-Nos veremos allí en tres o cuatro días. No dejes de ir.
Abdelmalek tenía que visitar el cementerio Buarrakía.
-¿Para qué vas allí?
-Algunos amigos del café me pidieron que leyese algunos versículos del Corán sobre la tumba de sus familiares.
-Te acompaño. Mi hermano está enterrado allí. ¿Podrías leer alguna sura en su memoria?
-¿Tu hermano?
-Sí, tengo un hermano allí.
Camino del cementerio, le pregunté:
-¿Qué le pasó a tu hermano Hassan?
-Hizo una de las suyas. Siempre anda igual. Lo echaron del colegio de Larache porque le pillaron bebiendo alcohol y fumando kif en una de las habitaciones de la mezquita. Vivir allí es gratis para los estudiantes que vienen de fuera.
Compré un ramo de flores en el Zoco Grande y otro de arrayán a la entrada del cementerio. (…)»

Mohamed CHUKRI

Mohamed CHUKRI

En el mismo libro, Larache aparece solo otra vez, tangencialmente, cuando relata la época en que se acercaba el momento de la independencia del país y se producen una serie de altercados y muertes. Chukri escribe:

«-La situación parece haber vuelto a la normalidad después de los altercados –le dije.
-Pero la situación política no es buena. Lo del 30 de marzo es sólo el comienzo. Habrá más violencia. Ha llegado el momento de que los marroquíes pidan su independencia.
-Kebdani me dijo que sólo hubo seis entierros pero que la gente sabía perfectamente que mataron a decenas de marroquíes.
-Es cierto. Poco a poco van apareciendo en la playa algunos cadáveres que tiraron al mar.
-Así que los tiraron al mar.
-La mayoría de la gente cree que las autoridades españolas metieron a marroquíes vivos y heridos dentro de sacos, los cosieron y los lanzaron al agua. Algunos cadáveres aparecieron sin señales de bala, ni heridas. En Larache encontraron el cadáver de un joven con las manos atadas.”

Los fragmentos anteriores los he tomado de la edición que la editorial Cabaret Voltaire ha publicado de El pan a secas en 2012. La traducción, que comparada con otras ediciones en castellano, es la más pulcra, fresca e íntegra de las que he leído, es obra de Rajae Boumediane El Metni.
Es la cuarta vez que leo esta novela. Nunca deja de estremecerme.
Sergio Barce, abril 2014

Rajae Boumediane

Rajae Boumediane

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LARACHE VISTA POR… FRAY MARCOS DE GUADALAJARA (1610)

Castillo de las Cigüeñas

Castillo de las Cigüeñas

Fray Marcos de Guadalajara y Javier (1560-1631) fue cronista e historiador. Es autor de obras favorables a la vergonzosa y triste política de expulsión de la época, como Memorable expulsión i iustissimo destierro de los moriscos de España, Prodición y destierro de los moriscos de Castilla hasta el valle de Ricote o Quinta parte de la Historia Pontifical y Católica.

Quinta parte de la Historia Pontifical y Católica

Marcos de Guadalajara describe la toma de Larache en 1610, con una detallada descripción de sus fortalezas y guarniciones. Tiene el interés de conocer de primera mano cómo se defendía la ciudad de posibles ataques, y también son muy curiosas sus pequeñas pinceladas de cómo era Larache entonces, tanto en la zona de la alcazaba, como del puerto y del actual balcón del Atlántico.

Pero en definitiva es una crónica militar e histórica, y de ahí su valor netamente testimonial.

Sergio Barce, abril 2014 

Embarcado el Marqués como queda dicho, salió al anochecer del puerto de Cádiz, y navegó toda la noche, y al sol salido llegó a Alarache. Habiendo dado fondo a las galeras, ordenó la gente que había de saltar en tierra: la cual puesta en sus barcones, todo se ejecutó luego. Desembarcó el Sargento Mayor Hernando Mexia de Gómez, con la gente señalada para entregarse del Castillo de arriba, y luego el Sargento Mayor Mateo Bartox de Solchaga Aragonés, para que con el mismo orden entrase en el Castillo de abajo, y para acudir a lo que se ofreciese el Marqués, con un escuadrón, a cargo de los Capitanes Pedro Cano y Francisco Ramírez Biceño.
Llegaron Mexia y Bartox, a los dos castillos, a donde fueron recibidos de los Alcaldes Ahmed Garni y Almanzor Ben Yahya, que para este efecto se apoderaron de los Castillos, y se los entregó con toda paz y sosiego, siendo lengua en esta ocasión el intérprete Diego de Urrea, que para ello vino con los Alcaldes al Marqués, de que los nuestros estaban dentro, fue en persona bien acompañado, y hecha la ceremonia de entrega, tomó posesión en nombre del amado Filipo.

Mapa de Larache del siglo XVII - tomado de la página www.tercios.org

Mapa de Larache del siglo XVII – tomado de la página http://www.tercios.org

Se admiró el Marqués con aquellos Caballeros de ver una fuerza tan grandiosa, en la cual se hallaron sesenta piezas de bronce y hierro colado. Es tanto lo que encarece la pólvora, balas y municiones que hallaron, y el inventario que se tomó tan desarropado, que me parece quitar de cuatro partes las tres, y esto con licencia de los provisores y así digo que tendrían pólvora casi para hacer una salva con tantas piezas.
Pusiéronle por nombre al Castillo mayor Santa María, por haberse tomado la posesión víspera de su presentación, más con la fuerza de su soberano nombre que con las nuestras, ni otra industria humana.
En el mismo día y hora se dio orden como vimos para entrar en el Castillo de la marina, donde hallaron treinta piezas de bronce, con muy poca munición, al cual pusieron por nombre San Antonio.

Castillo de San Antonio

Castillo de San Antonio

Los dos fuertes de Alarache están en terreno eminente, sobre su río y puerto. El mayor es el de la punta de la barra, haciendo una cortina del frente a la mar, la vuelta del norte, y otra al río, la vuelta de Levante. Es de figura cuadrada, de tierra y cal, teniendo de grosor la muralla doce palmos de ancho, y veinte y ocho de alto, y unas almenas a lo antiguo, con sus saeteras. Los cuchillos de los baluartes de piedra, sin agua el foso que sólo le hay a la parte de tierra, angosto el fondo, yéndose ensanchando hasta el cordón de forma que viene ser encampanado. Y no tiene entrada encubierta. El puente fijo de madera, de cuarenta y dos palmos de largo, y catorce de ancho. Tiene una cisterna de agua. Hay en el caballero que mira la tierra diez y ocho alojamientos de soldados, que pueden caber a dieciséis hombres en cada uno dentro, arrimados a la muralla.
Hay en los cuatro caballeros veinticuatro piezas de hierro, de a nueve palmos. Las trece están hechas pedazos, y dos de ellas en las casas matas, que hacen través a la cortina, que mira al otro fuerte y Mediodía. En la misma cortina que mira al fuerte de la tierra a dentro, tiene dos piezas de hierro de a trece palmos, de poco provecho. En la cortina que mira a la campaña y al Poniente, hay dos piezas de hierro, de a quince palmos. En la que mira al río y al Levante, hay dos de bronce, de a quince palmos, que fueron de Muley Meluc. En la cortina que mira a la mar, hay tres de bronce, de las que perdió el Rey don Sebastián en la batalla de Alcázar, y las dos de la parte del río, son dos medio cañones, y la de la mano izquierda una Culebrina. Toda la artillería está encabalgada, en maderamen fijo, sin ruedas, que no se puede mudar de los puestos que tienen, ni servir en otra parte, y las gruesas en las cajas sin ruedas.

larache-antiguo
En los dos caballeros que miran al río, habrá doscientas y cincuenta balas de piedra y hierro no uniendo casi una con otra. En el caballero que mira al mar hay dos casillas para pólvora, arrimados a los orejones de ellos, de la vuelta de Mediodía. La casa del castellano está en la plaza de Armas del fuerte.
Las dos cortinas que miran al río y al mar están hendidas, y puestas en ruina, y siempre que se dispara la artillería en el fuerte, tiembla el lienzo. La puerta que está en la cortina, que mira al fuerte de la tierra a dentro, es de madero, de dos piezas; cerrase con una tranca, o madero corto, de manera que los dos extremos no alcanzan a las dos murallas. Subiese desde ella, hasta la plaza de Armas, por una poca de eminencia, hechos unos hoyos como escalones, para no resbalar.
El otro fuerte de la tierra a dentro, está del de la barra distancia de cuatrocientos y cincuenta pasos en eminencia mayor, porque desde el de la barra, y de la mitad de la campaña, que es del Poniente, a la mar, se va subiendo a él; y el sitio que tiene hacia el río, y Levante, también es eminente, y a la vuelta del Mediodía y Alcázar está campaña igual.
Es la figura de este fuerte triangulado, y el caballero que mira hacia el río redondo: los dos, que uno mira al fuerte y el otro a la campaña y al Poniente en punta, los cuchillos de piedra, y la demás fábrica de terrapleno argamasado, y el de la muralla es de catorce palmos de ancho, y veinte y ocho de alto. De la unta del caballero que mira al Norte, y al otro fuerte, hasta el del río, hay un foso de catorce palmos de ancho, de piedra viva, sin agua, y a la parte del Poniente, en el mismo foso, hay una fuentecilla de poco agua.
Desde el caballero que mira al río, y al Levante, a donde se acaba el foso, hasta el que hace al Poniente, y al otro fuerte, están cosa de veinte casas de piedra y tierra y una Mezquita, con un pozo de agua muy abundante, ceñidas con una muralla de tierra y piedra muy flaca, de doce palmos de alto y seis de ancho, con unas almenas, entrase por un postigo sin puerta y tiene algunos portillos por la parte del río, que viene a ser el lugar, y el fuerte, como ciudadela, y desde las casas al fuerte y puerta que están en la Cortina que mira al río hay una placetilla de veinte pasos, en frente de la misma puerta, y las demás casas se arriman a la muralla, no habiendo de por medio por aquella parte foso alguno. La puerta como una cancel, con un arco con bóveda, que va por línea torcida, sin tronera ninguna, hasta dar a una puertecilla pequeña de madera, la cual se cierra como la otra, y el arco no tiene puerta, de forma que no hay más que una.

HESPERIDES 2
Este fuerte tenía buena artillería, sacola Muley Xeque por las guerras que ha tenido con Muley Zidan su hermano, y puso en su lugar unas pecezuelas, pequeñas naranjas, que habían estado mucho tiempo enterradas y de esta perdidas, y algunos esmeriles, de que no hay que hacer caso. En el caballero que mira al otro fuerte, hay cuatro piezas de las del Rey don Sebastián, de bronce, y en aquel caballero doscientas balas de piedra y para las demás pecezuelas ciento y cincuenta balas, sin ser las más de ellas de servicio. Toda esta artillería está encabalgada, como la pasada sin rueda alguna. Hay dos Cisternas en el fuerte, sin agua y por limpiar.
Entre fuerte y fuerte, hacia la parte del río, sobre las mismas peñas hay hasta cincuenta chozas de caña, y por la ribera adelante hacia Alcázar otras tantas, y diez chozas de gente miserable, y desde la mitad del camino hasta el fuerte de la marina uno como cementerio para entierro de los moros. Y a la vuelta del río, al mismo paraje una Mezquita pequeña. A las dos partes del río, y de la mar, junto a los dos fuertes, por la parte de fuera de ellos, hay fuentes muy abundantes, sin que arcabucería ni artillería pueda estorbar el uso de ellas a los sitiadores.
Alrededor del fuerte de la tierra adentro, y a la vuelta del Poniente hay algunas chozas de caña, pocas. Poco más de una milla del fuerte, de la punta de la barra, hay un edificio desmantelado con una torrecilla y unas tapias caídas que llaman la Torre de Genoveses.
El terreno es raso yéndose subiendo, como se ha dicho, hacia el fuerte triangulado, en la forma referida, de arena, con algunos palmares, pocos y muy bajos, haciendo la arena unas quebradas y hondas, como dunas de Flandes, y por esta causa, en toda aquella parte del desembarcadero, y Castillo de Genoveses, a la vuelta de Alcázar, no solo la artillería de los fuertes no haría daño a cualquiera gente.
A media legua de los fuertes, la vuelta de Alcázar y Mediodía, hay un bosque de encinas y perales bravos. Desde el desembarcadero hasta más allá del fuerte triangulado, donde se puede cortar y no puede hacer daño con su artillería, habrá dos millas de espacio.
Hay en el agua tres fragatas de catorce bancos. Están dos barquillos, en que pasa la gente que viene la vuelta de Tánger y de Arzila los jueves al mercado, y en todo el río no hay otra embarcación de los moros.
La entrada del puerto tiene doscientos y cincuenta pasos fondables para navíos de trescientas toneladas, y el terreno limpio para dar fondo. La gente que solía haber de guarnición ordinaria, sino es que hubiese algún accidente, era de sesenta hombres. Y en el fuerte de la marina dormían siete moriscos de Granada, de los viejos, con sus mujeres e hijos. Y en el de la tierra a dentro seis. Y el Alcaide en una de las casas de fuera, arrimada al fuerte. Había en todo hasta doscientos hombres y caballo ninguno, sino que le tuviera el Alcaide. Nunca tenían bastimentos, ni abundancia de pólvora y pertrechos de guerra ninguna.

Fray Marcos de Guadalajara

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