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NOTAS A PIE DE PÁGINA 18 – DE ESCRITORAS VARIAS A EMMA STONE, PASANDO POR TÁNGER

Me asombra y hasta me estremece pensar que mis últimas notas a pie de página las escribiera en noviembre del pasado año. Ya ha llovido. Y cuántas cosas han sucedido desde entonces.

A finales de verano del pasado año, ponía punto final a mi novela Todo acaba en Marcela, sin saber qué hacer con ella. Tras El mirador de los perezosos, había dado un giro de ciento ochenta grados y había saltado de mis historias más personales a una novela dura, escrita sin contemplaciones, sin censuras, y se abría un cierto abismo a mis pies al pensar en cómo reaccionarían mis lectores habituales y los nuevos. Una amiga me sugirió que enviara el manuscrito a Ediciones Traspiés, de Granada, que había iniciado una colección de novelas negras bajo el nombre de “Criminal”. Comprobé que ya habían publicado en esa colección a dos buenos y reconocidos escritores: José Luis Muñoz y Carlos Erice, lo que me animó a remitirles mi novela sin muchas expectativas. La experiencia anterior me decía que tardarían meses en responder y que, probablemente, la rechazarían con alguna excusa genérica y vaga. Pero me equivoqué. De inmediato, me contestaron que leerían la novela a la mayor brevedad, y así lo hicieron. Al poco, me comunicaban que estaban interesados en editarla, pero que no saldría hasta mediados del año 2024. De acuerdo, les dije. Pocos días después, por una carambola del destino, me anunciaban que adelantaban su publicación y que saldría el 19 de febrero. No me lo podía creer. Y volvieron a cumplir. Fascinante.

Ya la hemos presentado con éxito en la Librería Proteo de Málaga, de la mano de José Garriga Vela y Héctor Márquez, y en la Librería Prometeo de Torremolinos, con Víctor Pérez. Próximamente, lo haremos en la Librería Fahrenheit 451 de Barcelona, acompañado de Youssef el Maimouni, y en la Feria del Libro de Valencia,  con Susi Bonilla. En Tánger, tengo previsto que me acompañe Javier Valenzuela. Ojalá Iñaki Martínez lo haga en Bilbao y que Mohamed el Morabet o Luis Salvago también puedan compartir conmigo momentos en Madrid o donde se encarte. No hay nada mejor que hablar de tu libro con algún escritor amigo. En cualquier caso, la novela está superando mis expectativas iniciales, llenas de recelos, y los comentarios, llamadas y mensajes de los lectores me desbordan día a día. No deja indiferente a nadie y la mayoría me confiesa que no pudieron dejar de leerla. Parece que no ha sido mala idea escribirla.

Mientras tanto, mis lecturas siguen llenándose de páginas escritas por mujeres. En mis anteriores notas, hablaba de las novelas y libros de Leila Slimani, Annie Ernaux. Sara Mesa, Lydie Salvaire, Anna Ajmátova, Mª Isabel Peral del Valle, Marjane Satrapi, Ángeles Mora… Y parece que algo me atrae de ellas, porque sigo devorando obras escritas por mujeres. Releo a Fatema Mernissi, a la que es preciso volver de tarde en tarde. Asisto a la presentación de Teoría del tacto, de Fernanda García Lao, autora argentina, con una prosa eléctrica y acerada. Interesante escucharla, por su vehemencia, e interesante leerla para descubrir nuevas formas de narrar. Leo en Teoría del tacto, en el relato titulado No atender:

Hoy escuché una voz y dije, éste es Luis, nadie habla así, como entumecido. Dijo: Hola, ¿Graciela? Y luego: ¿Te acordás? Y sí, me acordaba, han pasado diez años, pero lo tengo acá, en el centro de la oreja. Colgué sin pensar, aunque no necesito el tubo para sentirlo. Digo, si quiere hablar conmigo no es necesario el aparato, que ya desconecté. El único que llama habitualmente es mi padre. Si no atiendo piensa que me sucedió algo feo, nunca contempla lo bueno. Yo tampoco, desde aquello. Tengo identificador para filtrar los llamados indeseables. Banco: no atender; vecina: no atender; encuesta: no atender. Luis me descolocó con el número privado. No le pude preguntar qué quería, me agarró aquel furor que creí superado. Diez años entrenando la distancia y se me viene a caer con un solo llamado…

Teoría el tacto ha sido publicada por Editorial Candaya.

Otra cosa es la Correspondencia Inédita 1958-1987 entre Carmen Laforet y Emilio Sanz de Soto. Edición de José Teruel, pata la Biblioteca de la Memoria, de Editorial Renacimiento. Leer cartas para gozar de la amistad y la bella connivencia de dos amigos íntimos y profundamente sinceros. Leer estas cartas que se remitían Carmen Laforet y Emilio Sanz no sólo te abre una puerta a la esperanza, sino que te reconcilia con lo mejor de nuestra cultura. En mi blog rescaté una parte de esta correspondencia cuando Emilio escribe acerca de Viridiana, de Luis Buñuel. La lucidez de sus exposiciones me ha servido de inspiración, y para animarme a creer en la creación. Me deslumbra la sencillez de Carmen Laforet, sus dudas, sus miedos a los lectores, su temor a no escribir a la altura que ella cree que debe hacerlo. He subrayado casi todas las cartas. Parece que sea un maniático, pero es una costumbre que no pierdo: la de remarcar todo lo que me parece exquisito o bueno o simplemente interesante. Todo lo que pueda aportarme algo no dejo de indicarlo de alguna manera: con un signo de admiración, con un subrayado, con una aspa… siempre a lápiz, por si me arrepiento más adelante. Aunque no suelo errar.

Leo en esta correspondencia acerca de lo que sucedió con el escritor tangerino Ángel Vázquez y el Premio Planeta:

Madrid, 18-19 de octubre, 1962.

Querido Emilio: Al llegar de Barceloa (ayer) encontré tu carta. Me dio la alegría de siempre y me desconsuela no poder hacer ese viaje a París este mes precisamente. Pero nos veremos.

Lo de Vázquez ha sido una pena. Y una rabia. La novela fue seleccionada y quedó finalista con 3 votos contra 4. Creo que Lara la publicará de todas maneras. Ocurrieron cosas peregrinas en la votación, de las novelas seleccionadas solo dos merecían atención: una era Ayer fuimos gigantes de Mª Jesús Echevarría (quedó eliminada en la tercera o cuarta votación) y otra la de Vázquez. La novela que premiaron es una verdadera porquería. La defendía Arbó que votaba por él y por Agustí (que no estaba ni había leído nada) y Gironella. A Fernández de la Reguera no le gustaba, pero la votó por lo siguiente: Yo le dije que a esa novela no le daba un solo voto pues era una novela que parecía la caricatura de otra que envió Rosa Cajal a la editorial y le devolvieron con un informe pésimo. Las dos novelas trataban de una pensión, en las dos (una casualidad hasta cómica) la dueña de la pensión se llama doña Eloísa, pero la de Rosa es una novela buena, y por tanto infinitamente mejor que Las bestias y el sol o El sol y las bestias * que es la rival de la de Vázquez. (*El sol y las bestias se publicaría con el título de Los enanos <Barcelona, Plaza & Janés, 1962>. En 1964, Concha Alós ganó el Premio Planeta con Las hogueras)

Estaba yo segura de que el informe era de Reguera que me odia violentamente por envidia. Reguera no dijo ni una palabra. Entrambasaguas estuvo genial, pues aborrece El sol y las bestias y además captó en seguida una actitud fea en F. Reguera y le hizo sufrir lo indecible cuando Reguera decidió el premio votando El sol, etc… Cuatro votos para esta horrible novela: de Gironella, Arbó, Agustí y Reguera. Votamos por Vázquez: Lara, Entrambasaguas y yo.

Ahora segunda parte: En el momento en que te escribo puede ser aún que Vázquez tenga el premio. La señora o señorita ganadora parece ser que tenía la novela comprometida con otra editorial (Plaza & Janés). Lara, que está hoy en Madrid, ha dicho por televisión que si hay ese compromiso la novela es para Plaza. Desde luego que él (primero él), Entrambasaguas y yo votamos a la de Vázquez y que en ese caso las 200.000 son de Vázquez. Dice que al volver él a Barcelona quedará aclarado el asunto. Y dijo además que había de 100% probabilidades, 99 y media, a favor de Vázquez. Eso puedes decirlo en el España. Pues creo de todas maneras que Vázquez tiene segura la publicación de la novela en Planeta si le interesa. Y probable el premio.

Desde luego mejor que Vázquez no se haya enterado del todo porque es para enfermar del corazón. Si gana, en cuanto me entere te pongo un telegrama.

De todas estas cosas han resultado algunas buenas.

1º Que -ya te contaré de palabra- Lara se ha dado cuenta del juego sucio de Reguera conmigo.

2º Que he conocido mejor a Entrambasaguas y me parece hombre divertidísimo (le reventaba, entre paréntesis la cita de Gil de Biedma que hace Vázquez en la novela) y le gustaba la novela por lo que tiene de tangerino, aunque no le gustaba del todo, pero sí, sin ninguna duda, más que El sol y las bestias, a quien Entrambasaguas, como yo, no dio ni un voto.

En fin. Veremos en qué queda. No sabes lo que me alegraría de que las pesetas fueran a Vázquez. Es algo que se merece en justicia. Bueno Emilio, espero tu visita con verdadera alegría. Ya estará todo resuelto para entonces.

Hoy 19

Anoche cené con Lara. Acabo de ponerte un telegrama; el premio es PARA Vázquez. Hoy sale en ABC la noticia…

Y en toda esta correspondencia, además del afecto que muestran por el autor de La vida perra de Juanita Narboni, cada carta rezuma el cariño y la admiración que Laforet y Sanz se profesaban el uno al otro y el que también sentían por la ciudad de Tánger.

De Sara Mesa leo Cara de pan, que ella me envió tras conocernos en Granada. Una novela intrigante y perturbadora, que me ha gustado por su ritmo pausado pero envolvente. Delicada en su forma de abordar esta extraña relación entre un hombre adulto y una niña, llena de contradicciones, deseos, frustraciones y sensualidad larvada. Una historia que se puede ir de la mano, pero que Sara Mesa sabe atornillar con gran destreza.

Escribe Sara:

“…La compasión con que Casi lo escucha cede su espacio a la fascinación: la vida del Viejo es cada vez más enigmática e intrigante. El Viejo tiene un padre-abuelo y estuvo en un manicomio -ahora piensa en esa palabra: manicomio-, tiene un pasado raro y oscuro, ha sido rechazado por una confabulación de policías de la mente que lo encerraron a la fuerza. Es posible que esa tarde, cuando finja hacer los deberes en casa, sentada en el escritorio en su cuarto tranquilo y con la puerta cerrada, escriba sobre todo esto, adornándolo aquí y allá con un tono adecuado: Poco a poco me va desvelando sus secretos; me los cuenta en voz baja, al oído; yo tiemblo mientras lo escucho; su voz es ronca y pausada, como la de los malos en las películas de miedo, pero él no es malo, yo no creo que él sea malo aunque posiblemente haya hecho cosas malvadas…”

Cara de pan, de Sara Mesa, ha sido publicada por Anagrama.

También acabo de leer una novela distópica y extremadamente dura, pero en absoluto disparatada. Se trata de Cadáver exquisito, de Agustina Bazterrica. Después de ver la excelente cinta de J.A.Bayona, La sociedad de la nieve, leer Cadáver exquisito tiene su miga. Porque de lo que trata esta novela es la de una sociedad en la que ya se ha asumido el hecho de que, para sobrevivir, hay que alimentarse de carne humana. ¿Llegaremos a eso? Nadie lo sabe. Pero hay aspectos sumamente interesantes en esta obra, excelentemente escrita, que no deja tiempo para tomar aire. La atmósfera en la que sume al lector es verosímil y aterradoramente creíble, por eso me parece tan fascinante. Y Bazterrica no se anda por las ramas a la hora de abordar lo más atroz de este planteamiento: la inhumanidad. Al acabar su lectura, tengo la sensación de que no estamos tan lejos de que, alguna vez, lleguemos a estos extremos.

Escribe Agustina Bazterrica:

“…El empleado agarra una manguera y lava el box y el piso manchado con excrementos. El más alto se baja de los escalones y se sienta en una silla con la cabeza gacha. Él piensa: ahora vomita. Pero se para y se recompone. Entra Sergio con una sonrisa, orgulloso de la demostración. <Y, ¿qué les pareció?¿Quieren probar?>. El otro se acerca y le dice: <Sí, yo>, pero Sergio larga una carcajada y le dice: <No, papito, para esto te falta mucho>. El otro parece decepcionado. <Te explico, querido. Si me lo matás de un golpe, me arruinás la carne. Y si no me los desmayás y entran vivos al sacrificio, también me arruinás la carne. ¿Me comprendés?> Y abrazo al otro mientras lo sacude un poco, riéndose. <¡Estos pibes de hoy, Tejo! Se quieren llevar el mundo por delante y no saben ni caminar>. Todos se ríen, menos el otro. Sergio les explica que los principiantes usan la pistola de perno cautivo, <tiene menos margen de error, ¿te das cuenta?, pero la carne no queda tan tiernita. Ricardo, el otro aturdidor que ahora está descansando afuera, usa la pistola y se está entrenando para usar la maza. Está acá hace seis meses>. Y remata: <Usar la maza es sólo para los entendidos>. El más alto pregunta qué le dijo a la carne, por qué le habló. Él se sorprende de que llame carne a la hembra aturdida, y no cabeza, o producto. Sergio le contesta que cada aturdidor tiene su secreto sobre cómo calmarlos antes de aturdirlos y cada aturdidor nuevo tiene que encontrar su manera. <¿Por qué no gritan?>, dice el más alto. Él no quiere contestar, él quiere estar en otra parte, pero está ahí. Es Sergio el que contesta: <No tienen cuerdas vocales>. El otro se sube a los escalones y mira la sala de los boxes. Apoya las manos en la ventana. Hay ansiedad en la mirada. Hay impaciencia. Él piensa que ese candidato es peligroso. Alguien con tantas ganas de asesinar es alguien inestable, alguien que no puede asumir la rutina de matar, el gesto automático y desapasionado de faenar humanos.”

Cadáver exquisito, de la escritora argentina Agustina Bazterrica, ha sido editada por Alfaguara.

También abordo a Jon Fosse. Su Trilogía (Trilogien), es un artefacto difícil de leer porque, como todo ejercicio basado en la técnica y en el engranaje, acaba a mi entender por ahogar la trama. Sí, es un libro curioso, y sí, escribe como le da la gana. Y sí, hay un juego de personajes que desaparecen y reaparecen reconvertidos en otros en una especie de espejos hipnóticos y giratorios que no acaba nunca, pero eso conlleva mucha paciencia por parte del lector y no estoy muy seguro de que no haya por ahí alguien que habrá acabado por desesperarse con este libro. Transcribir un pasaje de estos relatos que se entrelazan me parece inútil, porque no diría nada si no se es capaz de leerlo entero. Jon Fosse es el último premio Nobel de Literatura. No sé si se han olvidado de otros con más enjundia, creo que sí, aunque no seré yo quien los juzgue. Dios me libre, si existe. Los del Nobel sabrán. Yo sólo soy un lector impenitente y aprendiz de escritor. De pronto, me acuerdo de dos apellidos: Borges y Cortázar. Así, sin quererlo. ¿Por qué será que he pensado en ellos?

Un poco de cine, que siempre viene bien: veo por enésima vez El tercer hombre (The third man, 1949) de Carol Reed. Maravillosa. Una cinta impregnada de maldad. Lo más bajo del ser humano representado magistralmente por esa sonrisa cínica de Orson Welles interpretando a Harry Lime. Cine negro puro y directo, del clásico más auténtico.

Y veo Pobres criaturas (Poor things, 2023) de Yorgos Lanthimos. Una cinta que me ha deslumbrado por su intensidad dramática, por su ambientación exuberante, por sus interpretaciones alucinadas, en especial esa Emma Stone que todo lo hace bien, secundada por los siempre excelentes Willem Dafoe y Mark Ruffalo. Hay mucha carga de profundidad en esta historia de seres aparentemente limitados o transformados. Hay mucho de Frankenstein, y mucho de Tod Browning. Pura fantasía terrorífica, pero a la vez romántica (no hablo del romanticismo ñoño, sino del romanticismo poético). Subyugan sus imágenes, tan diferentes, tan distorsionantes, tan mágicas. Una película increíblemente bella.

Recibo en estos momentos los comentarios de Maribel Méndez, la bibliotecaria del Instituto Cervantes de Tánger, tras leer mi novela Todo acaba en Marcela. Y me hace reír. Parece que a ella también le ha gustado. Otro punto a favor. No está mal para acabar estas notas a pie de página de hoy.

Sergio Barce, 28 de marzo de 2024

 

 

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CARMEN LAFORET

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RESEÑA DEL ESCRITOR MIGUEL A. MORETA-LARA DE LA NOVELA «TODO ACABA EN MARCELA», DE SERGIO BARCE

El pasado 11 de marzo, el escritor Miguel Ángel Moreta-Lara, en la Revista El Observador, en su magnífica columna «El lector vago», hizo una preciosa reseña titulada <Biblioteca de aeropuerto (Tres libros de ida)» en el que habla de tres títulos: Un detalle menor, de Adanía Shibli; Rostros, amores, maldiciones, de Mohamed Chukri; y de mi novela Todo acaba en Marcela. Todo un lujo aparecer al lado de estos otros dos magníficos autores en este artículo tan lleno de amor por los libros. Os invito a leerlo en el siguiente enlace:

https://www.revistaelobservador.com/opinion/89-el-lector-vago/19449-biblioteca-de-aeropuerto-tres-libros-de-ida?fbclid=IwAR0b-82hlhi5kyD-5QIAcARH9rw7tntT13zmj4cKPCR3KIOf_Tojb-02JFg

 

 

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«SIN AZÚCAR», UN LIBRO DE MIREIA ESTRADA GELABERT

“…Te costó mucho aceptar su cabezonería; te enfadabas sin compartirlo, mientras Momo, que pasa del ayuno desde hace muchos años, te intentaba explicar lo que no se puede transmitir con palabras: el deseo de formar parte de un ritual; de sufrir juntos; de compartir el momento de placer que es tomarse un vaso de agua fría y tener el plato en la mesa; más allá de la fe, como todas las tradiciones, como las Navidades en vuestra casa y las comidas interminables que se perpetúan y que son un auténtico vía crucis para Momo y, mal que os pese, mantenéis todos los años porque toca, simplemente, y porque, en el fondo, si no estuviesen, las echaríais de menos.

Vivir un iftar en familia es una experiencia preciosa, sobre todo por la alegría que reina y las ganas de compartir. Aquel día hacía tanto calor que pusisteis un par de alfombras en la azotea para poder tumbaros a comer, sacasteis unos cuantos cojines, os lavasteis las manos y os instalasteis. Una vez en el suelo, el que fue el primer iftar de tu vida empezó con Rita llegando con una olla humeante con la harira. Es así como tiene que empezar el iftar, con una deliciosa sopa muy caliente acompañada de shebaquía, los pastelitos fritos. Después, en la familia es costumbre sacar huevos duros, el café con leche y los msemen rellenos de cebolla y carne picada, deliciosos. Últimamente se añaden sardinas al horno o pescadito frito. Esta primera comida más frugal se llama el <desayuno>. En verano no suele ser antes de las nueve de la noche. Si no haces el ayuno, lo que para los demás es el desayuno es una cena deliciosa que en aquel momento engulliste con calor y sudando, pero con mucho gusto.

Cuando, más tarde, después de la conversación animada, risas compartidas y un paseo por el barrio alegre y lleno de actividad, te dormías sobre los cojines de la azotea, te despertaron para <almorzar>.Eran las doce y pico de la noche. El menú: dos pollos deliciosos con mucha salsa y muy calientes. Una vez más te costó procesar lo que ocurría y, cuando Momo te explicó que esta era la comida importante, tuviste que recurrir a toda tu fuerza de voluntad para participar en el festín ante la poca hambre que tenías.

Cuando, aquella misma noche, pasadas las cuatro de la madrugada, te despertó el jaleo en la cocina, no te esperabas que solo tres horas más tarde encontrarías a Nawal y a Rita preparando el shour, la comida previa al alba, que consiste en crepes de todo tipo, fruta y leche. Según la actividad laboral y los horarios de cada uno, después de comer, algunos irán a la mezquita para la plegaria del alba, la primera del día, mientras que otros volverán a la cama, hasta que el cuerpo aguante o mientras se pueda. Porque, durante el ramadán, lo que más cuesta de pasar son las horas y, aunque tu experiencia es distinta, sin sacrificio, sed ni hambre, y aunque te moleste ese ataque frontal a la salud, ritualizado y aceptado por todo el mundo, el recuerdo que te queda de tu primer ramadán es la alegría y los buenos momentos compartidos.

Este suculento fragmento, lleno de vida y de comida, lleno de humanidad y de recuerdos que comparto, pertenece a Sin azúcar, el excelente libro de Mireia Estrada Gelabert. Una obra autobiográfica en la que la autora nos invita a compartir sus experiencias y vivencias con su familia marroquí. Ella, nacida en Barcelona, y casada con Mohamed, muestra con orgullo cómo han sido estos años de matrimonio entre dos personas de distinta creencia religiosa y de diferentes culturas, su lento aprendizaje y comprensión de las costumbres de su familia política, el choque entre concepciones de vida y la perfecta simbiosis que han conseguido entre todos ellos.

La lectura de su libro es fácil y envolvente, y consigue un importante objetivo: que acabemos tomando cariño a su familia. Sus personalidades dispares pasan página a página para quedarse muy cerca de nosotros. Yo, al menos, he acabado por sentirlos tan próximos que es como si los conociese ya. Tal vez porque algunos me han hecho recordar a otras personas que viven dentro de mi corazón. Cómo no pensar en mi segunda madre, Rachida, cuando Mireia habla de su querida mui Jadiya.

Para quienes conocemos Marruecos y a los marroquíes, para quienes hemos convivido con ellos, la historia que relata Mireia Estrada te hace a veces sonreír, en otras ocasiones te remueve los recuerdos, pero en todo momento te emociona de una u otra manera. Y, para quienes no conocen Marruecos y mucho menos a los marroquíes, puede ser un libro aleccionador y muy revelador de lo que es la cultura de ese maravilloso país.

Hay episodios divertidos, y anécdotas que muchos hemos vivido de la misma manera que Mireia o de una forma similar. También hay espacio para la nostalgia y para el asombro. Esta obra es una lección de humanidad, y eso lo dice todo acerca de su significado último o de su poso más profundo.

Conocí a Mireia Estrada en Larache y me transmitió una gran armonía personal que su libro me ratifica. No me equivocaba con ella. Y ahora siento que algo inasible o inexplicable con palabras nos une de alguna manera.

Me he bebido este té dulce, muy dulce, titulado Sin azúcar, de un solo sorbo, ruidosamente, como hay que darlo cuando tomas un té con menta hirviendo. Lo he degustado con deleite, entrecerrando los ojos, transportándome hasta el duar donde vive toda esa familia. Y me lo he pasado realmente bien con ellos, porque Mireia ha hecho de guía perfecta. Y, al acabar ese largo sorbo de té, creía tener el paladar lleno de miel, como si hubiese acompañado a la bebida con una buena shebaquía (que nosotros llamábamos chuparquía). Y también retenía un pequeño nudo en la garganta al pensar en mui Jadiya.

En fin, que me he leído Sin azúcar en apenas dos días, pero qué dos días. Gracias a sus páginas, he regresado a Marruecos y me he vuelto a sentar ante una mesa bajita en la que sirven tanta comida que, al acabar, apenas me puedo mover. Lleno de agradecimiento.

Una delicia de lectura que recomiendo con sinceridad. Como también alabo el excelente prólogo de Karima Ziali, lleno de aciertos y de pistas.

Sin azúcar, de Mireia Estrada Gelabert, ha sido publicado por Cuatro Lunas, con traducción del catalán de Maria Rosich.

Sergio Barce, 28 de febrero de 2024

      

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«TODO ACABA EN MARCELA», DE SERGIO BARCE, EN «LA DEPECHE DU NORD»

El pasado  24 de febrero aparecía este artículo dedicado a mi novela «Todo acaba en Marcela» en el periódico La Depeche de Nord, en sus páginas de Arte y Cultura, de lo que estoy enormemente agradecido. Shukran beazef.

 

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VIRIDIANA, DE BUÑUEL, SEGÚN EMILIO SANZ DE SOTO PARA CARMEN LAFORET

Una delicia leer la Correspondencia Inédita (1958-1987) entre Carmen Laforet y Emilio Sanz de Soto, que José Teruel ha recogido en un libro editado por Renacimiento. Sus confidencias, sus confesiones, sus temores.

Carmen Laforet es todo menos arrogante; al contrario, en sus cartas descubrimos a una mujer llena de humanidad, como Emilio, y llena de dudas sobre su narrativa y sobre la propia creación literaria. No deja de sorprender que una autora como ella sufriera de esa manera al enfrentarse a cuanto escribía. Pero la entiendo. Crear una nueva obra es un reto y un abismo. Pero Emilio Sanz creyó siempre en ella y, con cada una de sus cartas, le enviaba un soplo de aire fresco y de optimismo. Jamás dudó de que Carmen Laforet era una narradora fuera de lo común. Y se entusiasmaba pergeñando proyectos para ella, dándole ideas para sus artículos periodísticos o reconviniendo a sus inquietudes y a sus miedos.

Y Tánger presente en muchísimos instantes, como algo mágico que impregnó a Carmen Laforet y que añora en numerosas ocasiones.

En una de las cartas de Emilio Sanz, fechada en Tánger el 2 de junio de 1961, le habla de Carlos Saura y de su película Los golfos, y también de Luis Buñuel y de Viridiana, y estos párrafos me parecen modernísimos y actuales y, también, muy divertidos. Escribió Emilio Sanz de Soto:

“…¿De verdad te gustó la película de Carlos Saura? Yo por Carlos siento una verdadera debilidad. Me parece un artista sincero y directo. Que no se anda por las ramas. Que quiere que la imagen le dé <verdad>, y por ello lucha a brazo partido. Y en el cine español, donde todo es <camuflaje>, Los golfos me parece una pedrada en seco y españolísima.

¿Has visto el escándalo que se ha armado con la Viridiana, de Buñuel? La película es de padre y muy señor mío, de borrón y cuenta nueva, de punto y aparte… Con ello quiero decirte que la película es genial. Sobre su antirreligiosidad y sobre su carácter blasfematorio habría mucho que hablar. Comprendo que un <curita> del Observatore Romano se asuste. Pero me apuesto la cabeza de que, por ejemplo, un tipo a lo Cardenal Segura, la hubiese entendido, la hubiese tomado como lo que es: un puro <cachondeo> ibérico, y tras un coscorrón, habría absuelto a Buñuel, con tres Avemarías de penitencia. Porque un español no puede asustarse de Viridiana. A no ser que ese español se asuste de la novela picaresca, de Quevedo, de Larra, de Unamuno, de Valle Inclán, de Valdés Leal, de Goya… y de suma y sigue. De acuerdo en que es una obra inconformista y rebelde. Que arremete contra lo divino y contra lo humano. Contra las mayúsculas: la Iglesia, el Estado, la Burguesía, la Moral, el Código Civil… Pero todo ello, insisto, a la española: cabreado, a patadas, sin ton ni son… Buscarle a todo esto -como hacen los franceses- un sentido religioso o político, es no saber quién es Buñuel. ¿Y quién les explica a los franceses -o al Vaticano- lo que es un aragonés, cazurro y humano, con una visión del cine tan genial, como la que tuvo su compadre Goya de la pintura?

¿Sabes lo que yo haría Carmen? En vez de proyectársela a los del Opus, muertos de miedo y oliendo todos a perfume <Moustache>, se la pasaba a auténticos curas de pueblo, sin miedos y oliendo a cebolla, y estoy seguro, segurísimo, de que estos no le daban más importancia -religiosa- de la que ellos suelen darle a un buen taco o a un chascarrillo bestia.

Esta es mi opinión. Pues en la maldad de Buñuel jamás podré creer, conociéndolo como lo conozco. A sus sesenta y un año sigue siendo un niño travieso, al que se le saltan las lágrimas cuando oye cantar una Jota o La Marsellesa…” 

Leer esta correspondencia es darte de bruces con dos personas excepcionales y admirables.

Sergio Barce, 2 de febrero de 2024

  

  

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