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RESEÑA DE HERMINIA LUQUE DE «UNA PUERTA PINTADA DE AZUL»

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Herminia Luque, enorme escritora, que el pasado año obtuvo el Premio Narrativas Históricas Edhasa con «La reina del exilio«, ha escrito una preciosa reseña sobre mi libro de relatos Una puerta pintada de azul, que comparto con vosotros. Aparece publicada en su página web, y la titula del modo más sugerente: Una puerta de melancolía azul. Ya solo ese título la hace más atractiva. Podéis acceder a través del siguiente enlace, por si queréis entrar en su página:

http://www.herminialuque.com/2021/04/25/una-puerta-de-melancolia-azul/?fbclid=IwAR09iNGZNnMZyXwiQ2GGzj118CutLYhj5gOIWhk94LGH6q0C0F8an-cM-X4

Una puerta de melancolía azul

25 abril, 2021 by Herminia Luque Ortiz

Una espléndida portada (una vieja puerta con su ajada madera azul, su pomo, su cerradura y su ¿aldaba?, también azules, ocupando toda la superficie de tapa dura), nos abre, en perfecta concordancia con el título, Una puerta pintada de azul, el no menos espléndido libro de relatos de Sergio Barce (Málaga, Ediciones del Genal, 2020).

  Apenas la abrimos, intuimos ya el implacable paso del tiempo al que da acceso esa puerta. Una pátina de melancolía recubre los escenarios de una ciudad de Larache multicultural, multiamical (esa multiplicidad de amigos de orígenes distintos), un multiverso que no existe ya. O quizá sí, más que nunca, porque Sergio nos recrea con el poder y la infalibilidad de sus palabras la ciudad de su infancia: unas calles donde vivieron los Céspedes, los Navarro, los Barce o la familia Ben Lahsen, edificios tristemente desaparecidos, como los cines Ideal y Coliseo y el teatro España, el Zoco Chico, el Balcón del Atlántico, tan evocador…

   Nunca yerra Sergio en la descripción poética de sus personajes: ese José Edery, que vuelve a la sinagoga de su niñez, convertida ahora en una casa privada; ese Abdeslam que abre todos los días, como quien inaugura el mundo, “la doble puerta de madera pintada de azul” (página 51); esa Lalla Sahida, hermosa y compasiva, aunque, tal vez por eso, desdichada; ese Ahmed que vive en una pasado siempre presente, un pasado continuo y redivivo hasta su último aliento…

   Hay también una puerta pintada de verde (página 184), la de una antigua tienda de regalos donde vendieron, sin sospecharlo jamás sus dueños, lo mejor del tiempo, el mejor de los tiempos en forma de reloj marca Flica…

  Sergio nos ha dibujado en este libro un bellísimo retazo de una geografía emocional, inalterable ya por obra y gracia de su destreza literaria. Abran la puerta azul (o la verde) y lo verán.

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FOTOS DE CINE 22

La década de los años ochenta, para los que amamos el cine, comenzó de manera fulgurante con varios títulos que han quedado grabados en nuestras retinas: El hombre elefante (The elephant man) de David Lynch, El resplandor (The shining) de Stanley Kubrick, Kagemucha de Akira Kurosawa, Ragtime de Milos Forman, La puerta del cielo (Heaven´s gate) de Michael Cimino, Atlantic City de Louis Malle, Berlin Alexanderplatz de Rainer W. Fassbinder, Gente corriente (Ordinary people) de Robert Redford, Mephisto de István Szabó, American gigoló de Paul Schrader, Carros de fuego (Chariots of fire) de Hugh Hudson, En busca del arca perdida (Raiders of the lost Ark) de Steven Spielberg… y Toro salvaje (Raging Bull) de Martin Scorsese.

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Las dos fotografías pertenecen a este último film y muestran la sorprendente transformación física que sufrió Robert de Niro durante el rodaje para mostrar en pantalla la decadencia del protagonista, el boxeador Jake La Motta. Un film inolvidable.

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Mark Cousins, en su magnífico libro Historia del cine (The story of film), que luego convirtió en un no menos antológico documental, escribe lo siguiente sobre Toro Salvaje:

“…<Toro salvaje> fue la historia más pesimista contada hasta la fecha por Martin Scorsese, con el tema de la caída espiritual y la redención. Es posible que su director, asmático, sensible y de salud débil, encontrara en el impetuoso boxeador Jake La Motta una metáfora de sí mismo, a pesar de los escasos puntos en común desde el punto de vista físico, salvo el detalle de que los dos están obsesionados con el hecho de tener unas manos pequeñas. Ese tipo de detalles contribuyeron a que el director se identificase con el personaje de ficción. Muchos cuestionan la valía de Jake, y él mismo se da cuenta de ello cuando, ya en la cárcel, se pone a golpear las paredes diciendo: <¡No soy un animal! ¡No soy un animal!>. Scorsese conocía de sobras esa misma rabia. Era un sentimiento muy real para él y, en las escenas de boxeo, nos muestra su ser más íntimo, cómo parece flotar en el aire y cómo de repente se sume de nuevo en la desesperación. Los planos picados reflejan la desorientación de ese cuerpo derrotado, y la combinación de cámara lenta y rápida no hace sino reflejar el estado mental de La Motta. La meticulosa banda sonora incorpora una serie de ruidos de fondo que contribuyen a afianzar esa impresión. Esta manera de rodar estaba a la altura de Méliés, Cocteau o Welles, pero a los pocos instantes Scorsese lleva la cámara al suelo. Para plasmar la vida familiar de Jake (las discusiones con su esposa, ante el televisor…), rueda de una manera que recuerda a Italianmerican (1974), un documental sobre sus padres. Nadie, hasta ese momento, había logrado combinar el expresionismo y la no ficción de esa manera…”

Sergio Barce, abril 2021

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RESEÑA DE PACO HUELVA SOBRE «UNA PUERTA PINTADA DE AZUL», DE SERGIO BARCE

Acaba de aparecer en «Todoliteratura» una reseña sobre mi libro Una puerta pintada de azul firmada por Paco Huelva, un texto sutil y elegante, con el que ha sabido extraer la esencia de los relatos. Os dejo el enlace donde poder leerla:

https://www.todoliteratura.es/noticia/54511/criticas/una-puerta-pintada-de-azul-de-sergio-barce.html?fbclid=IwAR060QTLeY0LNl0ysrr-g3K2EKrXo-YkS2K4_W1SsWixEF4RIxoykuYWmDc

Como muchos escritores Sergio Barce no deja de recurrir a su pretérito para conformar con ello un imaginario lleno de una mezcla pródiga de realidad y de ficción con la que consigue epatar a sus lectores. Ahora nos ha presentado “Una puerta pintada de azul” en Ediciones del Genal: ocho relatos de una interesante factura.

Tánger, Larache, Alhucemas, Alcazarquivir… son espacios instalados en su memoria o en la de sus progenitores, que vivieron en lo que se denominó el protectorado español, y de los cuales consigue atrapar lo esencial para colocar en los mismos, a personajes que parecieran imposibles, y en donde la luz, los olores, los sabores, los rezos, los cánticos, la vestimenta, la dureza de la vida, la miseria de muchos o la orfandad son los detonadores necesarios para generar unos cuentos de una extraordinaria aunque también a veces triste belleza.

“Últimas noticias de Larache”, “Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente”, “En el jardín de las Hespérides”, “El libro de las palabras robadas”, “El laberinto de Max”, “La emperatriz de Tánger” o “Malabata” entre otros, conforman una forma de escribir y de entender el mundo y las relaciones entre diferentes, que merecen ser leídos para demostrar cómo en un momento dado, en determinados lugares como los citados, al igual que en otras épocas lo fueran Toledo, Granada, Mallorca, Sevilla o Córdoba, por poner solo unos ejemplos, se engendró el prodigio de una convivencia en paz y en libertad entre cristianos, hebreos, hindúes y musulmanes.

Algunos de los relatos contenidos en “Una puerta pintada de azul” me han recordado a unos de los grandes escritores marroquíes, tan olvidado en la España de hoy en día, verdad, como lo fuera Mohamed Chukri, especialmente en lo relativo a la vida de algunos infantes y jóvenes, abandonados en la calle, que se ganan el pan como buenamente pueden y que están más cerca de la animalidad, la miseria, las drogas, el alcohol y la prostitución: un círculo vicioso que tan de manera excelsa dibuja Chukri en “El pan a secas”, entre otras de sus obras.

Las historias de Sergio Barce que emanan de “Una puerta pintada de Azul”, impulsadas por la memoria propia o ajena, endulzadas con el aroma de azahar, el olor del jazmín, el agua de lavanda, los refritos, las calles, las balconadas, los bares, los sonidos de las mezquitas, las sinagogas y las iglesias convocando al unísono, cada cual a sus fieles, los bazares, los zocos, las estridulantes chicharras en el campo…, supone entrar en un mundo, que, aunque mejorable en muchos asuntos, suponía unos niveles de tolerancia y hermandad entre los seres humanos que componían esos círculos, que hoy se me antojan imposibles de reproducir, pero que existieron, y de ello es lo que da fe Sergio Barce, de esa cohabitación necesaria enfangada ahora por los radicalismos y fundamentalismos de unos y de otros.

El último de los relatos, y el más extenso, denominado “Cara de Luz”, supone un ejercicio literario digno de resaltar. Doce horas en la vida de un octogenario, el Hach Ahmed el Ouazzani, un carpintero que siempre fue querido por todos, que no sabe que ese día morirá de un infarto y quedará derrumbado, abandonado a su suerte, en las oscuras calles de Larache. Pero, Sergio Barce nos hace acompañarlo en un recorrido por la ciudad desde el amanecer hasta su fallecimiento, pero también, por la ejemplaridad de su vida, por el interior de sí mismo y sus cavilaciones y por todas las vidas que vivió con el paso de sus días, permitiéndonos con ello, ver las distintas aristas de Larache en ese casi centenar de años.

Un interesante libro de relatos “Una puerta pintada de azul”.

Paco Huelva

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«TÁNGER Y MELILLA CONFRONTADAS: OTROS SESGOS SIMBÓLICOS Y LITERARIOS», UN LIBRO DE JOSÉ MARÍA LIZUNDIA

Tánger y Melilla confrontadas: otros sesgos simbólicos y literarios, es un interesantísimo libro de José María Lizundia que acaba de publicar Alhulia, en su colección Ensayos Saharianos, en el que aborda diferentes asuntos, pero sobre todo el de Tánger como mito literario.

“Es tal la adscripción a la literatura de géneros, que se ha convertido la Ciudad del Estrecho en otro género en sí misma, que está generando esa literatura, refundiendo a los demás”.

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Tiene razón cuando funde a Tánger con el género de aventuras, con la novela negra, con el entretenimiento. Es tal el caudal de obras de género publicadas en los últimos años con Tánger como decorado que, a veces, creo que rozamos la sobreexplotación y que puede generar, al final, cierto hastío. Espero equivocarme.

El recorrido que hace Lizundia no es contemplativo y mucho menos condescendiente. Al contrario, su ensayo es muy crítico y acerado, y en muchos aspectos hay que darle la razón (por ejemplo, de entre los asuntos que roza, destacaría su acierto al hablar de los judíos, Marruecos y Palestina, con una postura valiente, sin duda, y nada errada; o su visión de Paul Bowles y la relación que mantuvo con los escritores marroquíes, algo de lo que habría que ahondar para dejar algunas cosas claras).

Pero es su acercamiento al mito de Tánger como elemento literario lo realmente enjundioso. Hay un párrafo excitante:

“Quitando a William Burroughs y obviamente a Bowles, nadie escribió nada allí o nada relevante. Mick Jagger dejó una frase pero no una canción, otros dejaron alguna cita. Está muy bien que se peregrine por los hoteles y bares de Tánger, pero no hay escritorio donde se escribió tal libro, estantes con libros del autor, estilográficas, habitación medio sellada. A Tánger le falta cultura material y le sobra inmaterial, a los efectos literarios y culturales españoles de los que hablamos.”

No se puede tirar por tierra un espectro con menos palabras. Sin embargo, siendo todo eso cierto, la imaginería ha hecho de Tánger un lugar bien abonado para crear. Yo lo he utilizado en cuanto he ambientado algunas de mis novelas en el Tánger de los años cuarenta y cincuenta. Por mi edad, solo puedo fantasear y crear una ciudad que solo existe en mi cabeza, pero con los pies en el suelo, sabedor de cómo es el mundo que describo. Probablemente a Tánger le falte cultura material, cierto, como también es verdad que le sobra la inmaterial, pero ésta ha dado obras realmente buenas (y también algunas infumables y, aunque con Tánger de telón de fondo, ajenas por completo a lo que ha sido o es la ciudad).

Pero yo soy un nostálgico de Larache y quizá por eso me hice nostálgico de Tánger, porque las dos ciudades tenían demasiados puntos en común como para despreciarlos y no aprovecharlos en mi beneficio, armamento pesado para mis obras. Abomino y rechazo sin embargo el ser un melancólico de los que describe José María Lizundia, aunque tengo pavor al pensar que con mis novelas tangerinas haya podido dar la impresión de pertenecer a esta categoría.

“…La ciudad es como una vieja locomotora de vapor que hubiera que alimentarla de libros para que pudiera seguir su marcha. Toda la literatura escrita después de la independencia de Marruecos, desde o sobre Tánger, parte de esa creencia; Tánger no desapareció, y aún perdura, como puede, para muchos. He de incluirme, aunque sea, seguro, el que menos motivos tiene para hacerlo, porque en otro caso no estaría en este cometido. Se han incorporado los ajenos, incluso con mayor puja, como yo mismo con prurito de aguafiestas, simplemente porque no vislumbré ninguna otra vacante. Por eso esa literatura nueva que recupera aquel mundo de la leyenda, y la película <Casablanca> hace de musa, al ir, descubren que el Tánger de la nostalgia, el paraíso, dejó de existir. Pero lo interesante y significativo no es la constatación, sino que hayan tenido que ir allí para certificarlo. Entonces, para perpetuar esa añoranza, ese estado de duermevela dulce y ondulado que pasa sugerentes imágenes, lo que hacen es escribir un libro sobre el Tánger extinguido y resucitado. Más que resucitado, en el fondo ha sido imaginado.”

Como decía antes, al leer este trabajo de Lizundia, temo ser catalogado de melancólico. Sí es cierto que hay novelas escritas por autores que han visitado Tánger (solo Tánger de todo Marruecos) durante dos o tres días, a veces solo un día, han leído algunos libros, les han invitado a una buena cena marroquí, y por arte de birlibirloque ya son especialistas en Tánger y en Marruecos. Yo, que viví mis primeros trece años en Larache (donde se asentó mi familia antes de la existencia del Protectorado), y que voy y vengo de Marruecos con asiduidad, sigo siendo un lego. La cultura marroquí es compleja, el país es complejo, Tánger en concreto es muy complejo, y sigo aprendiendo. Y sí, acierta José María Lizundia al decir que lo que hacen es escribir sobre un Tánger imaginado. Pero yo exijo que al menos haya algo de verdad en lo que se narre, y no me refiero a la verdad histórica. Sin embargo, juega en nuestra contra el hecho de que novelar te permite crear la ciudad que te dé la gana.

Este libro puede molestar a algún tangerino de los muy recalcitrantes, pero no viene nada mal zarandear un poco la mesa y que el castillo de naipes se tambalee para que abramos un poco más los ojos, tal y como hace José María Lizundia.

Sergio Barce, marzo 2021

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«LA EMPERATRIZ DE TÁNGER» EN EL DIARIO «LA OPINIÓN DE MÁLAGA», GRACIAS A EDICIONES DEL GENAL

Estupendo artículo en el diario La Opinión de Málaga sobre mi editorial habitual, Ediciones del Genal, en el que Jesús Otaola y Nuria Ogalla (la mejor diseñadora y maquetadora que podría tener) hacen mención a mi novela La emperatriz de Tánger como una de las obras de referencia de la casa.

En el siguiente enlace tenéis el artículo:

https://www.laopiniondemalaga.es/cultura-espectaculos/2021/02/12/ediciones-genal-editorial-millar-suenos-34518113.html

Y además la reseña es junto a algunos buenos amigos escritores que también publican con ellos: nuestro añorado Pablo Aranda, Eloisa Navas, Carmen Enciso o Patrick Tuite. Mi agradecimiento por su apoyo. Y a seguir, ahora con el nuevo libro de relatos Una puerta pintada de azul. Seguimos adelante.

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