Archivo de la categoría: ARCHIVO DE IMÁGENES Y DOCUMENTOS DE LA HISTORIA DE MARRUECOS

LARACHE VISTA POR… LUIS DE MÁRMOL Y CARVAJAL (SIGLO XVI)

Luis de Mármol y Carvajal. Nacido en Granada, era hijo natural de Pedro del Mármol, escribano de la Chancillería de esa ciudad. Sirvió como soldado a Carlos V y Felipe II, luchando en las campañas africanas e italianas. Pasó ocho años de cautividad en Argel, donde aprendió el árabe, y luego recorrió casi toda la ribera sur del Mediterráneo hasta Egipto.

Descripción del Africa por Luis de Mármol - en francés
Tras participar en diversas campañas, entra al servicio de don Juan de Austria, quien lo nombra Veedor de bastimentas del ejército (inspector). Pero hacia 1572 es destituido de sus cargos, y comienza la redacción de los tres libros que componen su Descripción general de África, sus guerras y vicisitudes, desde la fundación del mahometismo hasta el año 1571 (1573-1599), del que se imprimieron mil ejemplares, un éxito para la época, donde se amplía la obra de León el Africano añadiendo su experiencia personal, la de otros y varias fuentes más.
Intervino en la Guerra de las Alpujarras, y esto le sirvió para escribir su Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del reino de Granada (Málaga, 1600).
Pese a estos servicios a la corona, elevó una queja al rey Felipe II exponiéndole que la alcaría que se le había concedido en la ciudad de Vélez Málaga no le bastaba para sustentar su casa y pedía se le hiciese merced. Su solicitud fue rechazada por el secretario Juan Vázquez Salazar.

De su obra sobre África, hay una parte en la que hace mención repetidamente a Larache, extractos que recopila la profesora y arabista Mª Dolores López Enamorado en su libro Larache a través de los textos (Junta de Andalucía, 2004).

Mapa de Marruecos

Descripción de Larache y zonas circundantes
Por Luis de Mármol y Carvajal

LIBRO PRIMERO: DE LA GENERAL DESCRIPCIÓN DE ÁFRICA Y DE TODAS LAS PROVINCIAS, REINOS Y SEÑORÍOS DE ELLA, Y DE SUS POBLACIONES Y COSAS MEMORABLES.
CAPÍTULO CUARTO: DE LA DESCRIPCIÓN QUE EL AUTOR HACE DE LA REGIÓN DE ÁFRICA, Y CIRCUITO DE ELLA:

«(. .. ) Luego está Yelez [sic], Vélez de la Gomera, o por mejor decir el Peñón que está a la mar, Tetuán, Ceuta, Alcaçar Ceguer (por otro nombre de Moçu Muda [sic)) que son en el propio Estrecho de Gibraltar, y pasando hacia el mar Océano occidental donde comenzamos, están las ciudades de Tánger, Arzila, Larache, Maamora, Cale, Rabato, Anfa, o Anafe, y los puertos de Marçafalda y Abça, que todos caen en la costa del reino de Fez».

CAPÍTULO SEIS: DE LA PARTICULAR DESCRIPCIÓN DE BERBERÍA, Y DE LOS REINOS, PROVINCIAS, Y CIUDADES PRINCIPALES QUE HAY EN ELLA:

«En el reino de Fez hay otras siete provincias. (…) La tercera es Asgar, y la ciudad principal de ella es Alcaçar Quibir, aunque primero (antes que Yacub Almansur la edificase) lo era la ciudad de Larache».

CAPíTULO NUEVE: EN QUE SE CONTIENEN LOS RÍOS MÁS FAMOSOS QUE ATRAVIESAN POR BERBERÍA:

«Lucus, es un río grande que nace en las tierras de la Gomera, y corriendo hacia poniente atraviesa por las provincias de Azgar, y del Habat, y pasando junto a la ciudad de Alcaçar Quibir hace unas lagunas muy grandes a donde se cría infinito pescado, y después saliendo de ellas se va a meter en el mar Hercúleo cerca de la ciudad de Larache (que los Africanos llaman el Arays) donde la provincia de Azgar confina con la de el Habat. En la boca de este río está el puerto de aquella ciudad donde acuden algunos navíos de mercaderes cristianos con mercaderías de Europa, mas es la barra tan dificultosa de tomar, que si el piloto no es bien platico de la entrada corre peligro cualquier navío. Llama Ptolomeo este río Lisso, y pone la boca de él en grados seis, y minutos veinte, de longitud; y grados treinta y cinco, y minutos quince, de latitud».

LIBRO CUARTO: DE LA DESCRIPCIÓN DE ÁFRICA, EN EL CUAL SE CONSIDERAN LAS PROVINCIAS, CIUDADES, Y VILLAS DEL REINO DE FEZ, Y LAS POBLACIONES DE LAS SIERRAS, CON ALGUNOS SUCESOS DE GUERRAS Y COSAS DIGNAS DE MEMORIA.
CAPÍTULO XL: QUE TRATA DE LARACHE, CIUDAD DE LA PROVINCIA DE AZGAR EN EL REINO DE FEZ:

“La ciudad de Larache, que los africanos llaman Elarayz de Beni Aroz, es una ciudad antigua edificada por los naturales de la tierra en la costa del mar Océano Hercúleo donde el río Lucus (o Lisso) entra en el dicho mar. La cual está cercada por un cabo de la mar, y por el otro el río. Antes que los cristianos ganasen la ciudad de Arcila, estaba Larache muy poblada, mas después la desampararon los moradores de miedo, y estuvo más de veinte años yerma, hasta que Muley Nacer tío de Hamet Oataci postrer rey de Fez del linaje de los Merinis Oataces, la fortaleció, y pobló, y tuvo allí su frontera contra los cristianos de Tanjar, y de Arcila, no con poco temor de que se la habían de llevar cada día, y así la tenía proveída de artillería, y municiones, y vituallas. La barra de este río tiene peligrosa entrada para los navíos, y junto a ella está un castillo que edificó aquel Muley Nacer. La ciudad está toda cercada de muros, y al derredor de ella hay muchos prados, y grandes lagunas donde se crían infinitas anguilas, y aves de agua, y en la ribera del río están espesos bosques de arboledas donde andan muchos leones y otras fieras. Son los moradores de Larache por la mayor parte carboneros, y su principal granjería era ir a vender carbón en las ciudades de Tanjar, y Arzila en tiempo que eran de moros, y después acá en tiempo de paz lo llevaban en unas barquillas a vender a los cristianos. En todos los campos al derredor se coge mucho algodón, y en el río mueren muchos sábalos. Dentro de una barra está un mediano puerto para bajeles pequeños, donde suelen acudir los mercaderes cristianos de Europa con sus mercadurías que llevan de allí a Fez y a otras partes. No viven los moradores de Larache ahora con tanto cuidado como solían después de que el rey de Portugal dejó la ciudad de Arzila. El Xerife Abdala tiene puesto un alcalde que gobierna las tres ciudades de Arzila, Alcaçar el Quibir, y Larache el cual tiene quinientos de a caballo, y más de mil escopeteros de a pie con los que va de ordinario a correr a Tanjar, y él reside lo más del tiempo en Alcaçar, y anda visitando la frontera de un cabo a otro».

LIBRO TERCERO

Etiquetado , , , , , , , ,

«Máscara de bronce de Oceanus, hallada en Lixus, cerca de Larache», por Antonio García y Bellido

Ruinas de Lixus - Larache

Ruinas de Lixus – Larache

Antes de entrar en el detallado artículo de Antonio García y Bellido, sólo a modo de recordatorio, o de complemento, dejar constancia de dos hechos que, tal y como me indicaba Mariano Bertuchi, no se mencionan en este artículo: la primera es que, actualmente, la máscara de «Oceanus» se encuentra en el Museo Arqueológico de Rabat, y la segunda es que su descubridor fue el arqueólogo español Sr. Montalbán, según se menciona en la Revista África de 1º de noviembre de 1927.

Sergio Barce, enero 2014

*****

Cabeza de Neptuno. Ruinas de Lixus (Larache) Hallada por el arqueólogo Sr. Montalban. Revista África 01-11-1927. Museo Rabat

Máscara en bronce de «Oceanus» hallada en Lixus, cerca de Larache

por Antonio García y Bellido

Aunque de modo provisional e insuficiente, publicamos aquí este valioso relieve en bronce que fue hallado, hace algo más de un decenio, en las ruinas de la ciudad romana de Lixus, sucesora de la vieja colonia fenicia, que, gracias a las excavaciones tiempo ha emprendidas, se va poniendo al descubierto.

La máscara broncínea de Lixus representa una hermosa y severa faz de divinidad marina, finamente modelada, y cuyo perímetro tiende a llenar un círculo. Su movida y flotante cabellera, su poblada barba y largos bigotes de retorcidos rizos, parecen movidos, al modo como se agitan las hierbas submarinas por las ondas salitrosas del Océano. Entre la húmedas guedejas de la divinidad nadan y saltan unos delfines, trenzando sus graciosos giros con las espirales y volutas de los mechones del severo dios del Mar. Su duro gesto, sus anchas facciones, su boca entreabierta y anhelante, recuerdan plásticamente la terrible y constante amenaza de la mar, la amplitud inmensa del Océano y el fuerte aliento de las brisas marinas. La piel de su rostro no es humana. Como corresponde al carácter oceánico de la divinidad, frente y pómulos se ven cubiertos por una epidermis de anchas hojas de alga. En consonancia también con la fauna que habita su reino frío, la corona no es otra que las dos potentes pinzas, abiertas, de un cangrejo de mar.

Estos bellos simbolismos nos llevan fácilmente a ver en la máscara broncínea de Lixus, no una divinidad fluvial, sino la majestuosa y severa corporización del Okeanós griego, del Oceanus latino, cuyas olas batían constantemente las playas litorales de Lixus, asomada al dilatado y misterioso Atlántico en los confines del Mundo entonces conocido.

Su paralelo más próximo y más importante es la cabeza de la sala Rotonda del Museo del Vaticano. Salvo la doble mandíbula de cangrejo, que no tiene la colosal testa de Roma, y algún otro detalle que no presenta la de Lixus, en general los mismos simbolismos (piel de algas, boca entreabierta, delfines nadando entre las húmedas guedejas) aparecen tanto en una como en otra figura. La del Vaticano, sin embargo, no muestra esa expresión dura y magníficamente expresiva del relieve discoideo de Lixus.

Es, por el contrario, tranquila y paternal, como la del Nilo yacente del mismo Museo. Parece como si la figura del Vaticano, que fue hallada en Puteoli, simbolizase al plácido Mediterráneo o a la bahía azul y serena de Baiae, y la figura de Lixus al profundo Océano, bravo y misterioso, que rompe en las costas mauritanas. El tipo es creación eminentemente griega helenística. El hermoso busto marmóreo del Vaticano no es sino un apreciable trasunto de un original perdido y datable en aquella época. La figura de Lixus, sin embargo, parece haber sido versión de un original, quizás más grandioso que el que inspiró al copista del busto vaticano.

Máscara de "Oceanus" encontrada cerca de Larache, en las ruinas de Lixus

Máscara de «Oceanus» encontrada cerca de Larache, en las ruinas de Lixus

En la época romana imperial se hicieron muy frecuentes las representaciones de Oceanus, unas veces con los atributos dichos y otras con otros similares derivados del tipo paralelo, aunque más antiguo, de Acheloús, la divinidad mugiente de los ríos, el toro androkephalos, corporización de la fuerza arrolladora de los torrentes y las avenidas fluviales. Este tipo es el llamado Ωκεανός ταυρόκρανος, que por no tener relación plástica o somática con el nuestro prescindimos de sus ejemplos. En general, en lugar de las pinzas de cangrejo suele llevar como atributo la cornamenta del toro. Del tipo del de Lixus son, por ejemplo, el del mosaico de las termas de Medeina, los de Bir Chana, Sidi-el Hani, etc., etc., en Argelia; la máscara de bronce del Museo Wallraf-Richartz, de Colonia (núm. 1.087), muy semejante a la nuestra por sus atributos, pero muy inferior a ella en arte. Una cabeza de Oceanus de cierto altar de Diana (Roscher, Lexikon d. Myth., III, 818) presenta la mezcla curiosa de los cuernos de toro y las mandíbulas de cangrejo.

Gran analogía en su inspiración artística presentan también las innumerables representaciones de Medusas, de las cuales debemos destacar, por su similitud técnica y conceptual con la figura de Lixus, la magnífica máscara que, procedente de las naves de Nemi, guarda el Museo Nacional de las Termas.

No sabemos de qué formó parte el hermoso relieve broncíneo de Lixus. Pero, sin duda, fue en su tiempo una pieza decorativa de aplicación. Lo mismo pudo exornar el peto de una coraza, como un mueble o un objeto de uso. La calidad del relieve, obra de un artista nada vulgar, hace de él una verdadera obra de arte y, hasta en lo que hoy recordamos, es sin duda el mejor ejemplar en bronce llegado a nosotros de este tipo concreto. Su fecha no debe distar mucho de la segunda mitad del siglo I después de J.C., si no cae dentro de este mismo período.

De la web: Historia y Arqueología de las Civilizaciones

http://www.cervantesvirtual.com/

Etiquetado , , , , , ,

LARACHE – PLANOS Y DOCUMENTOS SIGLO XVII

A fin de completar los datos que nos aportara Tomás García Figueras, y que hemos venido exponiendo en artículos anteriores, no es menos importante el hacer un pequeño compendio de los documentos, planos e imágenes de la época que hemos venido desarrollando sobre la historia de Larache. En este sentido, Esperanza Manso Osuna tuvo la gentileza de llevarme, el día que presentaba mi último libro en Madrid, varios documentos para que los pudiera utilizar. Y Mariano Bertuchi igualmente me ha hecho llegar otros planos que se guardan tanto en la Biblioteca Nacional española como en la de Francia. Y así lo hago.

En concreto, hoy expongo en este post lo siguiente: la portada de un documento que lleva por título Relación certissima de la entrada en Larache, por el señor Marqués de San Germán, con todo lo en el caso sucedido, a veynte de Nouiembre de mil y feyscientos y diez años. Hecho acontecido el 20 de Noviembre de 1610.

LARACHE - ENTRADA DEL MARQUES DE SAN GERMAN

El grabado relativo a la entrada de las fuerzas del Marqués de San Germán en Larache.

LARACHE - GRABADO ENTRADA FUERZAS DEL MARQUES DE SAN GERMÁN

El plano del proyecto de fortificación de Larache debido al ingeniero Bautista Antonelli (1612).

LARACHE - PROYECTO FOTIFICACION POR BAUTISTA ANTONELLI 1612

El plano de las fortificaciones de Larache realizado por Juan de Médicis en 1613.

LARACHE - PLANO FORTIFICACIONES POR JUAN DE MEDICIS 1613

Y, por último, un mapa y plano que se conserva en la Biblioteca Nacional de España, en concreto se trata de un documento que reza: Bernardo Alderete. En Antigüedades de España, África y otras provincias. En Amberes, a costa de Iuan Hasrey, 1614. Impreso con material cartográfico. 25 x 18 x 5 cm. BNE. Madrid. R/30778.

Plano 7 - Larache. Bernardo Alderete. 1614. BNE

 

Etiquetado , , , , , , , , , , , , ,

«EL BLOCAO» (1928), DE JOSÉ DÍAZ FERNÁNDEZ

El blocao (publicado por Ediciones del Viento) es un pequeño libro escrito por el periodista y luego político José Díaz Fernández, libro que tuvo un gran éxito de ventas tras su publicación en 1928.

EL BLOCAO portada
Leer El blocao es leer muy buena literatura. No sólo es un libro más sobre la guerra de Marruecos y sus terribles consecuencias, es también un retrato amargo, duro y, sin embargo, bellísimo de aquella locura que se convirtió en una dolorosa sangría para España y para Marruecos.
Son siete relatos en los que la narrativa de José Díaz te subyuga de una manera absoluta. La crudeza de alguna de las historias sólo muestran la realidad de aquella experiencia que marcó tan profundamente al autor. Y, sin embargo, uno descubre que su visión de aquella tragedia es lúcida y crítica. No ve a los marroquíes como un enemigo que lucha insensatamente contra ese designio que lanzaba a España a ocupar Marruecos porque era su obligación moral y natural, como predicaban por entonces algunos africanistas, sino que los marroquíes luchaban porque se ocupaba su territorio por fuerzas extranjeras.
El primero de los relatos es el que da título al libro, y es, sencillamente, magistral. Magistral en su factura narrativa, y magistral la historia que cuenta. A mí me conmovió su lectura cuando lo leí hace años, y ha vuelto a hacerlo ahora de nuevo al releerlo una tercera vez.

“…Una de mis distracciones era observar, con el anteojo de campaña, la cabila vecina. La cabila me daba una acentuada sensación de vida en común, de macrocosmos social, que no podía obtener del régimen militar de mi puesto. Desde muy temprano, mi lente acechaba por el párpado abierto de una aspillera. El aduar estaba sumergido en un barranco y tenía que esperar, para verlo, a que el sol quemase las telas de la niebla. Entonces aparecían allá abajo, como en las linternas mágicas de los niños, la mora del pollino y el moro del Rémington, la chumbera y la vaca, el columpio del humo sobre la choza gris.
Buscaba a la mujer. A veces, una silueta blanca que se evaporaba con frecuencia entre las higueras hacía fluir en mí una rara congoja, la tierna congoja del sexo. ¿Qué clase de emoción era aquélla que en medio del campo solitario me ponía en contacto con la inquietud universal? Allí me reconocía. Yo era el mismo que en una calle civilizada, entre la orquesta de los timbres y las bocinas, esperaba a la muchacha del escritorio o del dancing. Yo era el náufrago en el arenal de la acera, con mi alga rubia y escurridiza en el brazo, cogida en el océano de un comedor de hotel. Y aquel sufrimiento de entonces, tras el tubo del anteojo, buscando a cuatro kilómetros de distancia el lienzo tosco de una mora, era el mismo que me había turbado en la selva de una gran ciudad.
Nuestra única visita, aparte del convoy, era una mora de apenas quince años, que nos vendía higos chumbos, huevos y gallinas.
—¿Cómo te llamas, morita?
—Aixa.
Era delgada y menuda, con piernas de galgo. Lo único que tenía hermoso era la boca. Una boca grande, frutal y alegre, siempre con la almendra de una sonrisa entre los labios.
—¡Paisa! ¡Paisa!
Chillaba como un pajarraco cuando, al verla, la tromba de soldados se derrumbaba sobre la alambrada. Yo tenía que detenerlos:
—¡Atrás! ¡Atrás! Todo el mundo adentro.
Ella entonces sacaba de entre la paja de la canasta los huevos y los higos y me los ofrecía en su mano sucia y dura. Yo, en broma, le iba enseñando monedas de cobre; pero ella las rechazaba con un mohín hasta que veía brillar las piezas de plata. A veces, se me quedaba mirando con fijeza, y a mí me parecía ver en aquellos ojos el brillo de un reptil en el fondo de la noche. Pero en alguna ocasión el contacto con la piel áspera de su mano me enardecía, y cierta furia sensual desesperaba mis nervios.
Entonces la dejaba marchar y le volvía la espalda para desengancharme definitivamente de su mirada…”

“Para desengancharme definitivamente de su mirada… “ Qué preciosa frase.
Este cuento narra la aburrida vida en un blocao, esa especie de trinchera que era como una tumba anticipada para los soldados que luchaban en Marruecos. Una especie de féretro de tierra y piedra, de arena y de sacos. Y de ese pequeño espacio, José Díaz crea un universo tremendo y terrible.

Regimiento Alcántara - en Annual

Los otros seis relatos El reloj, Cita en la huerta, Magdalena roja, África a sus pies, Reo de muerte y Convoy de amor, encierran pequeños mundos e historias sorprendentes. El reloj es un relato de guerra que nos conduce a la compasión por ese soldado algo bruto que tiene en su enorme reloj un extraño refugio para huir de la realidad del combate. Su final es tan sencillo como desolador.
No hay un cuento en este libro que deje indiferente. Incluso esa historia tremenda de la Magdalena roja, con ese personaje de Angustias López que, en mi opinión, retrata como en ninguna otra obra la forma de ser del revolucionario anarquista y sindical de la época. Idealismo y fanatismo, revolución y desengaño.
Pero quizá sea Convoy de amor el cuento que más impacta, junto al primero, El blocao.

blocao

Convoy de amor es la historia de una desesperación, esa a la que aquella guerra absurda llevó a muchos jóvenes a una muerte sin sentido. Un pequeño convoy, de hombres deshechos, agotados, enfebrecidos por la fiebre del combate y por la fiebre de la abstinencia sexual obligada, han de escoltar a una mujer provocativa e insensata bajo un sol abrasador… Leer este relato es como estar junto a los personajes. José Díaz consigue ese efecto hipnótico del gran narrador que es el de trasladar al lector al lugar de los hechos, y conseguir que los experimente y los sufra vívidamente, Y esta historia te deja con una extraña sensación de derrota, como si al acabarlo fueras más consciente de lo que José Díaz Fernández ha estado contando en todos sus cuentos: el absurdo y la sinrazón de la guerra que enfrentó a España y Marruecos, por el interés de unos y el capricho de otros.

“…Minutos después el convoy de Audal estaba en la carretera, dispuesto a partir. Lo componían el cabo, seis soldados, dos acemileros y dos mulos. En uno de éstos se habían colocado una jamuga para Carmen, que llegó con el coronel entre una doble fila de ojos anhelantes. El coronel la ayudó a subir a la cabalgadura, sosteniendo en su mano, a manera de estribo, el pie pequeño y firme. Fue aquél un instante espléndido e inolvidable, porque, por primera vez y en muchos meses, los soldados del zoco vieron una auténtica pierna de mujer, modelada mil veces con la cal del pensamiento. Ya a caballo, Carmen repartía risas y bromas sobre el campamento, sin pensar que sembraba una cosecha de sueños angustiosos. Diana refulgente sobre la miseria de la guerra, en lo alto de un mulo regimental, mientras los soldados la seguían como una manada de alimañas en celo, Carmen era otra vez la Eva primigenia que ofrecía, entre otras promesas y desdenes, el dulce fruto pecaminoso.
Aquellos hombres se custodiaban a sí mismos. Porque, de vez en cuando, la falda exigua descubría un trozo de muslo, y algún soldado, sudoroso y rojo, exhalaba un gruñido terrible.
El sol bruñía la montaña y calcinaba los pedruscos. Al cuarto de hora de camino, Carmen pidió agua. El cabo le entregó su cantimplora y ella bebió hasta vaciarla.
—¡Qué calor, Dios mío! ¿Falta mucho?
—¡Huy, todavía!…
Le cayeron unas gotas en la garganta y ella bajó el escote para secarse. Pelayo sintió que la sangre le afluía a las sienes como una inundación.
Al devolverle la cantimplora, Carmen le rozó los dedos con su mano. Y Manolo Pelayo estuvo a punto de tirar el fusil y detener al mulo por la brida, como los salteadores andaluces…”

José Díaz Fernández, como tantos intelectuales de valía, lo más granado de nuestra literatura y de nuestra ciencia, hubo de marcharse exiliado de España tras la guerra civil. Un final triste para un escritor inmenso.
                                                                Sergio Barce, octubre 2014

JOSE DIAZ FERNANDEZ

JOSE DIAZ FERNANDEZ

José Díaz Fernández nació en Aldea del Obispo (Salamanca) en 1898. Periodista, trabajó en El Noroeste de Gijón, y tras su regreso de Marruecos en El Sol, de Madrid, y fue director de la revista Nueva España.
Tras el desastre de Annual, se incorpora al ejército y luchará en Marruecos. Sus experiencias en la guerra, las plasmará en su libro El blocao (1928) que obtendría el premio de El Imparcial.
A causa de su oposición a la dictadura de Primo de Rivera, tras ser encarcelado, es desterrado a Lisboa. Tras pasar por la política, al finalizar la guerra civil, se exilió en Toulouse, donde fallecería en 1941.

LA BIBLIOTECA ISLÁMICA DE MADRID TIENE ENTRE SUS LIBROS «EL BLOCAO». EN EL SIGUIENTE ENLACE PODÉIS ACCEDER.

 

http://cisne.sim.ucm.es/search*spi~S18/X?SEARCH=blocao&searchscope=18&SORT=D

 

Etiquetado , , , , , , , , , , ,

LARACHE, EN EL «LIBRO DE ORO IBERO AMERICANO» DE LA EXPOSICIÓN DE SEVILLA DE 1929

PORTADA

Con ocasión de la Exposición Iberoamericana de Sevilla (llamada también Exposición Universal), inaugurada el 9 de mayo de 1929 y clausurada el 21 de junio de 1930, y que fue la primera Exposición Internacional para dar muestra del hermanamiento entre los países de la Península Ibérica con América, se editó un libro catálogo: el Libro de Oro Ibero Americano. Catálogo Oficial.

Libro de oro

En este impresionante catálogo hay páginas dedicadas a Larache, Alcazarquivir y Arcila, que son las que traigo a mi blog. Y como aparece la ciudad del Lucus, Mariano Bertuchi me lo ha hecho llegar como siempre hace cada vez que encuentra algo de mi querida Larache.

Cabe recordar que la impresionante Plaza de España de Larache fue consecuencia directa de esta Exposición de Sevilla, ya que tanto el diseño como el tipo de cerámica y motivos utilizados en la plaza eran réplica de la de Sevilla, construida ex profeso para ese evento. Mientras que en sus bancos aparecen representadas todas las provincias de España en paños de azulejos, así como los bustos de españoles ilustres en sus muros, en la de Larache aparecían (lástima utilizar el tiempo verbal pasado) pasajes de El Quijote.

La reseña en el catálogo es un breve esbozo de historia de Larache, de la que me ha llamado la atención esa mención a la isla de Genra, que luego fue tierra firme; el que en esa época se estuviera montando un museo en Larache con los restos arqueológicos encontrados en Lixus (se indica en el catálogo que ya había más de 2.000 objetos) que obviamente nadie sabe desde hace tiempo dónde estarán; la descripción del Vivero y del Campo de Experimentación para agricultores y ganaderos o los detalles que se cuentan de la yeguada de Smidel-Má.

En fin, que me ha parecido un documento tan curioso como relevante para subrayar una vez más que Larache siempre ha sido un lugar privilegiado y excepcional.

Aquella plaza de Larache desapareció, y no puedo dejar pasar la ocasión para acusar una vez más a los autores de ese atentado cultural contra la ciudad que, por capricho, por desidia, por pura incultura, decidieron que no tenía ningún valor, ni arquitectónico ni histórico, y, sin embargo, ahí están los archivos para demostrarles todo lo contrario.

Sergio Barce, octubre 2014

LARACHE 1 (M.Bertuchi)

****

LARACHE 2

****

LARACHE 3

****

LARACHE 4

****

GRABADO

Etiquetado , , , , , ,