Archivos Mensuales: septiembre 2011

LARACHE vista por… LEÓN COHEN MESONERO

León Cohen

León Cohen Mesonero me ha enviado un nuevo relato. Esto se está convirtiendo en una especie de buena costumbra entre ambos, o quizá sea una hermosa y fretarnal competencia por narrar todo lo que sentimos por Larache. Sea cual sea la razón, el hecho es que recibir los escritos de León son una buena razón para mirar Larache desde su prisma. Esta narración que hoy reproduzco es su particular visión, nostálgica y llena de cariño, a uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad: el Jardín de las Hespérides.

Ya que hoy termina el Rosh Hashaná al anochecer del día, qué mejor que pasear por el Jardín de las Hespérides aferrados a las palabras de León Cohen.

Sergio Barce, septiembre 2011

“…donde río, mar y tierra concertaron sus nupcias estivales mientras Hércules era amamantado justo arriba, en la colina,  junto al Jardín de las Hespérides”.

Camisas Mojadas (León Cohen)

Jardín de las Hespérides de Larache

 El Jardín de las Hespérides

Lo recuerdo circunscrito por sus alrededores: a la derecha, el cementerio de Lalla Mennana, a su izquierda, el edificio de Correos, enfrente, el colegio de la Alianza Israelita y una especie de “fondak”, y en su flanco trasero, las murallas del Castillo de la Cigüeña. En él desembocaba la “Calle Guerisa” o Calle Gris, callejón éste que yo solía recorrer a menudo, pues comunicaba  la Calle Italia con la Avenida de las Palmeras, en realidad era una suerte de “bypass” para unir la Medina con el pueblo nuevo.  El jardín era lo que ahora se conoce como parque, más bien de poca extensión y corto recorrido, con árboles muy altos y en el centro una pequeña jaula de “titís”. Recuerdo sobre todo el olor a mono, que siempre me ha repugnado. Los niños que éramos, atravesábamos el parque para salir a la conocida como Cuesta del Aguardiente. De esta cuesta, casi todos los niños larachenses de la época presumen de haberse tirado con el carrito de madera con ruedas de rodamientos. Para ser sincero, yo no tengo constancia en mi memoria de haberlo hecho nunca, aunque sí que recuerdo a algunos chiquillos que lo hacían con gran habilidad, pues había que ser muy diestro para controlar una bajada de pendiente bastante pronunciada.

¿Qué no sabrá ese jardín de amores prohibidos u ocultos, de encuentros secretos a la luz de la luna, de contrabandeo? Imagino a Zohra y a Rachid o a Rebeca y a Yusito o a Loli y Joaquín, paseando por la noche, en busca de las manzanas doradas de la inmortalidad (fruto del huerto que cuidaban las tres ninfas griegas, llamadas Hespérides) o en busca de rincones ocultos, donde dar rienda suelta a su amor hecho de efímera eternidad. Ignoro las razones por las que siempre situé en mi imaginación infantil, el encuentro de despedida del padre de mi prima Flora, ingeniero de caminos, canales y puertos venido de Bilbao y de mi tío Yudá (ambos republicanos) en algún lugar del jardín, días antes del Movimiento. Uno se fue a Venezuela y el otro sería una víctima más de la guerra fratricida. ¿Qué mejor lugar para un encuentro clandestino?

León del Jardín de las Hespérides – foto de Javi Lobo

Y los dos leones de mármol, esa pareja de custodios que sustituyeron a Ladón, el dragón de cien cabezas que dejó la diosa Hera en la mitología griega, para proteger su Jardín: ¿Qué o a quienes no habrán visto pasear por la Avenida de las Palmeras? ¿Recordarán aquel 18 de Julio, los disparos y el movimiento de camionetas cargadas de milicianos o de rebeldes, cuando estos últimos trataron de tomar el Edificio de Correos? ¿Y aquel día de 1956 cuando se armó la de Dios es Cristo contra el Raisuni? ¿Y los desfiles de la Victoria? Aquellos dos leones de mármol a la entrada del Jardín eran un símbolo y al mismo tiempo unas estupendas posaderas que todos los niños de Larache y los menos niños, montaron, agarrados a sus crines cual Samsones diminutos e imaginarios.

  ¡Ah mi jardín de la primera infancia, de mis primeros saberes y de mis descubrimientos!

¡Jardín de los mil secretos y de los mil encuentros!  

¡Jardín de los misterios!

¡Jardín de los frutos prohibidos!

¡Cuántas veces te recorrí y cuantas veces he vuelto a recuperarte en sueños!  

                                                           León Cohen, 2011

León Cohen sobre uno de los leones del Jardín, 1982

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EL KIPUR Y LAS LESHINAS DE LARACHE, por el doctor larachense JOSE EDERY BENCHLUCH

Hoy comienza el Rosh Ashaná. el Año Nuevo hebreo, que se celebra el primer y segundo dia de tishrei (primer mes del calendario hebreo) y que este año comienza al atardecer del día 28 de septiembre y acaba al anochecer del día 30, del año hebreo 5772.

Como manda la tradición larachense, cuya costumbre hace que siempre celebremos juntos las fiestas de las otras confesiones, para felicitar a mis amigos hebreos por esta fiesta, tengo la suerte de contar con un divertidísimo y curioso texto de mi paisano y amigo José Edery Benchluch, referencia para todos los larachenses.

JOSE EDERY

José Edery nació en Larache en 1938 (como él diría, ya ha llovido). Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Granada, ha estado siempre vinculado al Servicio Exterior de España, especialmente en el continente africano. Ha sido, entre otras cosas, Director del Gabinete Médico del Ministerio de Asuntos Exteriores. Es autor de numerosos tratados, y como me ha contado en más de una ocasión, siempre habla en sus libros de Larache, aunque sólo sea en una línea. Me ponía como ejemplo que, al redactar una guía sanitaria de África, si describía una plaza de alguna ciudad siempre añade «muy parecida a la plaza de España de Larache», y así ya cumplía su promesa de escribir siempre algo de su querida ciudad en todos sus libros.

SERGIO BARCE & JOSE EDERY

José Edery nos regala el texto que a continuación reproduzco, igual que nos viene regalando su amistad, su simpatía y su extenso conocimiento. Si alguien puede hablar de la Aixa Candixa, de quién vivía en una casa determinada en una de las calles de la Medina, de qué ocurrió en Larache en tal año, de quién es familia de quién en su ciudad natal, es él, nuestro particular y vivo libro de consulta. Y, sin ser pretencioso, contar con su amistad es un privilegio.

Sergio Barce, septiembre 2011

El Kipur y las leshinas de Larache

por  el Dr. José Edery Benchluch

                  Ayer tarde, comenzando el mes de Elul, mi esposa Loly me compró en el mercado unas naranjas pequeñas, muy verdes y agrias, pues sabía que me gustaban. Lo que desconocía es que me inspiraría las siguientes líneas, cuando me desperté de madrugada bañado en sudor, al rememorar por su especial sabor y aspecto recuerdos de mi ciudad natal y de sus pascuas.

                Había sido una calurosa noche madrileña sin que pudiera precisar si correspondía al “veranillo de San Miguel” llamado también ”de los membrillos”, que era un pequeño periodo de calurosos días posteriores al verano; o era que el verano todavía arreciaba en la capital con sus altas temperaturas. Casi echaba de menos el frescor jerosolimitano de las semanas anteriores que había pasado con mi familia con ocasión de la magnífica e inolvidable boda de mi hija Sara con Michel Glanstein en Tierra Santa.  Así como la frescura del aire al atardecer de Beer Sheva en pleno desierto del Neguev; y hasta de la húmeda brisa marina matinal y vespertina  por los paseos marítimos de Tel Aviv y Herzelya Pituah (donde está situada la Residencia de la Embajada de España).

                  Lo único positivo del calor madrileño era que el sacrificio por despertarme era menor en abandonar el lecho de madrugada para acompañar en la esnoga (sinagoga) a mis correligionarios en meldar (J= rezar) las Selijot. Pero en esos instantes se me planteaba un dilema religioso y conyugal. Por un lado el abandono de la frescura de la cama tras una calurosa noche, era aprovechado instintivamente por la adormilada pareja para extender sus cuatro miembros, colocarse boca abajo y tomar total posesión de toda la anchura del lecho. Postura cuya visión  suele exacerbar en unos instantes la libido marital, sobre todo que casi siempre suele ir acompañada del  involuntario y despreocupado movimiento de una “descolocación erótica” del camisón. Unido ello que a nuestra edad el súbito pensamiento libidinoso se ve favorecido por la plenitud de la vejiga urinaria rellenándose durante la noche, que incide en la próstata, y traduciéndose en la consabida y momentánea erección matinal. La pregunta de Shakespeare del “ser o no ser” hubiera sido en esta situación: ¡Relaciones o bien Selijot¡   

                Las Selijot o “rezos de perdón” son las preces que se efectúan antes del amanecer durante los cuarenta días que preceden al Yom Kipur o “Día del Perdón”. Su nombre  proviene de la voz shlijá que significa en hebreo perdón aunque también puede referirse a reflexión. Es el meldado (J= recitado o rezos) que durante el mes de Elul y parte de Tishri se hace al muddem (J= relacionado con el amanecer del almuédano) poco antes de que amanezca, de los Trece Atributos de Misericordia de Moshé Rabenu como viene explicado en el Pentateuco en Shemot (H= Éxodo). Se conmemora y rememora la oración de petición de perdón para su pueblo cuando Moisés (Moshé Rabenu) subió al Monte Sinaí para recibir por segunda vez las Tablas de la Ley. Es como una preparación diaria comenzando en el mes de Elul, mes que precede al de Tishri (primer mes del año), como preparación a la teshuvá que culminará durante las tefilot  (H=oraciones) en las fiestas de Roch Achaná y en Kipur.

                 La teshuvá (H=retorno) se refiere al regreso a la ortodoxia y fe judía y es un requisito para la salvación del cual depende el que retorna a las creencias del judaísmo (Baal Teshuvá). Los ashquenazís suelen comenzar las selijot aproximadamente una semana antes de Rosh Achaná (H= cabeza de año); y a diferencia de los sefardíes se ponen el talet gadol o manto ritual de oraciones, aunque todavía sea de noche y tocan el shofar (cuerno ceremonial de carnero) todos esos días en las tefilot (H=oraciones) del shahrit (rezos matutinos). Recuerdo que en algunas esnogas (J=sinagogas) de Marruecos y Túnez el shaliaj shibur (oficiante principal) se ponía el talet gadol como para darle mayor solemnidad al acto, y algunos fieles también lo usaban siempre que el talet se lo prestasen.

                Cuando terminé el shahrit en la Esnoga  Bet Yaacob (“Casa de Jacob” en recuerdo del banquero Jacob Zafra) la principal sinagoga de Madrid y una de las dos que suelo frecuentar con asiduidad (la otra es Or Hayeladim) y tras desayunar con algunos amigos en la cercana cafetería “La blanca doble”, en la calle Santísima Trinidad, continué por la calle Eloy Gonzalo. Atravesé la popularmente llamada Plaza de Iglesia (Plaza del Pintor Sorolla) y me dirigí a la cercana calle Alonso Cano, donde estaba situado el conocido mercado en el que durante unos años estuvo ubicada una excelente carnicería cacher (que sigue las normas dietéticas judías en el sacrificio de animales) o kosher para los ashquenazís. Amen de ser conocido el mercado por los judíos oriundos de Marruecos por sus excelentes, aunque siempre caras, turmas o criadillas de tierra o terfas (AM). Estos hongos se cocinaban tradicionalmente en Pessaj (Pascua) con cordero y en Marruecos con el pez fluvial alosa en su variedad sábalo o shabel (AM), siendo los más apreciados los del río Lukus (Larache), del Ued Sebú (Kenitra) y del Bou Regreb (Rabat-Salé). 

                  Mi propósito era comprar si habían llegado por lo temprano de la temporada membrillos y azofaifas, que junto a las granadas, manzanas y dátiles eran los frutos que se bendecían en la cena de las dos primeras noches de Roch Achaná en la Diáspora o Tefutsot y en el Galut o exilio (una sola noche en Eretz Israel). Las granadas me las había comprado mi cuñado Hary Weiss de Beer Sheva de donde las traje, así como los dátiles de Jericó me los proporcionó mi cuñado Ilan Barkay en Kiryat Gat (el destino principal de los primeros tetuaníes que hicieron Aliá).Y mi paisana larachense Bella Buzaglo me había preparado del árbol de su jardín de Jerusalén una rica carne de membrillo, por si no encontraba el fruto en Madrid. Las azofaifas me las solía procurar en años anteriores de su finca malagueña en Alhaurín el Grande, mi amigo y colega el Doctor Juan Martín, sempiterno alcalde de la ciudad. La azofaifa es el fruto del árbol azofaifo (denominación de origen árabe) que es una drupa comestible de unos 2-3 centímetros, como una aceituna morada cuando está madura, dulzona y con textura parecida a la manzana; produciéndose su maduración a finales de verano. 

                 Por lo temprano de la hora las calles madrileñas estaban todavía desiertas, y las mercancías comenzaban a apilarse en los mostradores del mercado. Pero lo que inmediatamente me llamó la atención fue un gran montón de verdes naranjas junto a otro menor de verdes mandarinas. Eran las primicias de las primeras cosechas, con pocos compradores habituales madrileños. Inmediatamente me vino el recuerdo de los montones de esas verdes y agrias frutas tempranas, denominadas leshinas en jaquetía, que en los zocos larachenses del Mercado de Abastos y del Zoco Chico, así como de los de otras ciudades magrebíes, inundaban los suelos y tenderetes de los mercados. Vendían  las frutas la mayoría de las veces mujeres indígenas sentadas en el suelo y cubiertas con sus típicos vestidos de Yebala o del Rif y con grandes y amplios sombreros de paja para protegerse del intenso sol. Los presentaban en pequeños montones (AM= serram; J= arrom) a ras de suelo el conjunto, sin especificarse el peso que voceaban al grito de letshin  jdarim hamedin. (AM= “!Naranjas verdes agrias!”).

                Claro que también solían anunciar con las mismas voces las laranshas merrin que eran las naranjas amargas cuya pulpa se utilizaba en la cocina judeo magrebí para hacer ensaladas, generalmente molidas y mezclándolas con naranjas normales, aceite de oliva, ajo y apio; y que según se decía tenían la propiedad de abrir el apetito en los niños con pocas ganas de comer. La cáscara junto a la pulpa se utilizaba para confeccionar mermeladas y su gruesa cáscara para elaborar letuarios o fruta escarchada. Su árbol productor es un pequeño naranjo que los califas de Córdoba habían introducido en España como árbol ornamental y que hoy en día todavía podemos contemplar en plazas y jardines de las principales ciudades andaluzas. Sus flores de azahar junto al azahar del limonero son las más utilizadas por su espesor y consistencia para hacer confitura.

calle Real

                En Larache, durante el Protectorado de España, con una población judía de unas tres mil personas, casi todas las esnogas se ubicaban en las callejuelas laterales que derivaban de la Calle Real, que era la arteria principal de la ciudad antigua. No existía judería como tal, ya que en dichas calles de mayoría judía, también vivían en armoniosa vecindad musulmanes y cristianos. La excepción territorial de ubicación de estas esnogas era lo que se denominaba “El Barandillo”, que era como un paseo marítimo en la parte baja de la ciudad, donde antaño las olas del mar lamían y hasta sobrepasaban en los grandes temporales su larga y trabajada balaustrada de piedra. En el lateral del paseo, en sus  casas frente al mar se situaban entre otras esnogas la de Bendayán, que era la única de la ciudad que tenía una hazará (galería para las mujeres) balconada. Ya que las demás esnogas las mejitzas o separación de hombres y mujeres (el matroneum romano) solían ser habitaciones separadas del lugar de rezos por ventanales, celosías, mamparas o puertas. Situándose en una de estas casas del Barandillo el único mikvé (hamám o bañera y estancia especial para baños rituales) público para judíos(as) de la ciudad.

                El Kipur por la tarde entre la minjá (oración de la tarde) o antes de esta y antes de comenzar la Nehilá (el momento más solemne y determinante para nuestros pecados del “Día del Perdón” que culmina todas las plegarias anteriores con el emotivo e inigualable sonido del Shofar) los jóvenes solíamos pasear recorriendo el Barandillo para intentar conversar con las jóvenes y adolescentes. Ese día estaban muy radiantes luciendo su mejor vestido que generalmente habían estrenado en Roch Achaná, al igual que los niños y jóvenes que también solían estar de estreno. El pretexto de la aproximación era ofrecerles una verde leshina (J= naranja o mandarina) cuyo olor mitigase o aliviase un poco el ayuno que estaban soportando en ese día tan sagrado. Y para obtener estas primeras y olorosas frutas “visitábamos” unas pequeñas huertas propiedad de musulmanes, situadas en un altozano frente al cementerio viejo, y a espaldas del cementerio de Lala Menana el Mesbahía, la santa patrona de la ciudad.  Los sábados por la tarde después de comer la dafina u oriza, estas huertas, donde los propietarios les preparaban té con nahná (AM= hierbabuena) y shiva (J= artemisa o artemisia) para una mejor digestión, solían ser lugar de reunión de algunos judíos para jugar a las cartas.

            Digamos que ambas acciones, el hurto en los frutales y el cortejar a las jóvenes, no eran las más adecuadas en un día tan sagrado de ayuno y penitencia como preámbulo y preparación a una teshuvá o a un perdón de nuestros pecados. Pero era una tradición sin malicia, y ya se sabe que en el judaísmo magrebí la tradición es en ocasiones como la halajá. Si no que consulten en las takanot (ordenanzas o disposiciones) de nuestros numerosos rabinos de Argelia, Marruecos y Túnez. O con la obra de próxima aparición, DM, “Viajando por el Magreb Hispánico. Un intercambio de culturas” editada por la SGT del MAEC. Y también se podría decir condescendientemente en favor de estos adolescentes que el final del verano coincide con uno de los dos picos más altos (el otro se produce a principios de primavera) de una elevación fisiológica de la testosterona.

Madrid Septiembre-Octubre 2011- Dr. J.E.B. “Al Tebíb Harofé”

                        Abreviaturas:  J=Jaquetía-  AM= Árabe Marroquí-  H=Hebreo

                  A nuestros queridos amigos, sin distinción de confesión religiosa, les deseamos con todo nuestro afecto un feliz y buen (tová) año (shaná) nuevo.  LESHANÁ  TOVÁ  TIKATEVU  en este año entrante 5772, Y QUE DISFRUTEMOS y COMPARTAMOS CON SALUD Y ALEGRÍAS  ESTAS FIESTAS DE ROSH ACHANÁ, YOM KIPUR Y SUKOT

      Rosh Ashaná (Cabeza de año o Año Nuevo) –   28, 29, 30 de Septiembre 2011

      Yom Kipur (Día del Perdón)-    7 y 8 de Octubre

      Sukot (Fiesta de los Tabernáculos o Cabañas)- del 12 al 21 de Octubre

Desde Madrid   Loly y José Edery

 

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Otros libros, otros autores: HONRARÁS A TU PADRE (Honor thy father, 1971) de GAY TALESE

Escrito en 1971, esta crónica novelada de la familia Bonanno, supuso un punto de inflexión en las historias escritas acerca de la Mafia italoamericana. Después de este libro, llegaría “El padrino” (The Godfather, 1972), y, aunque inspirado en el libro de Puzo, algunas de las escenas que se describen no pueden impedir que pensemos en la película de Coppola. Se dice, incluso, que es el libro que ha inspirado a la mejor serie de televisión de la historia: “Los Soprano” (The Sopranos, 1999-2007). En cualquier caso, estamos ante un texto extraordinariamente documentado sobre la vida de esta familia vinculada a la Mafia, donde se nos describe de manera pormenorizada todas las actividades tanto de Joseph “Joe Bananas” Bonanno como de su hijo, y heredero, Salvatore “Bill” Bonanno.

 Una mañana de diciembre, mientras gateaba por el comedor, el hijo de dos años de Bill Bonanno, Joseph, metió la mano en el espacio que había entre el mueble donde se guardaba la vajilla y la pared y apretó el gatillo de un rifle que habían dejado apoyado allí. El disparo del rifle abrió un hueco en el techo y penetró en el piso superior, no lejos de donde estaba dormido Magliocco. El gordo saltó enseguida de la cama, gritando, y Rosalie, que estaba dándole de comer a su recién nacido en otra parte de la casa, comenzó a dar alaridos. De repente toda la casa comenzó a vibrar con el ajetreo de cuerpos humanos que corrían en pánico, buscando y gritando, hasta que descubrieron al niño abajo, entado en la alfombra con su pijama rojo, aturdido pero a salvo, con un rifle humeante a los pies. Dos semanas después, Joe Magliocco murió de un ataque cardíaco.”

 

El autor, Gay Talese, uno de los inspiradores del Nuevo Periodismo americano, cuenta en el Epílogo el origen de este libro:

 Este libro surgió del bochorno que sentía mi padre (nacido en Italia) ante el hecho de que los gánsteres con apellido italiano dominaran invariablemente los titulares y la mayor parte de los programas de televisión que trataban sobre el crimen organizado. Mi padre, un altivo y consumado sastre que emigró de Italia en 1920 y se instaló y prosperó en la isla turística de Ocean City, Nueva Jersey –donde nací yo, durante el invierno de 1932-, siempre me animó a sentirme orgulloso de mi herencia étnica, una herencia que él identificaba con nombres como Miguel Ángel y Dante, Medici y Galileo, Verdi y Caruso. Pero, mientras yo crecía en la década de 1940, los nombres italianos que veía con más frecuencia en las primeras páginas de los diarios eran los de conocidos líderes de la Mafia: Charles <Lucky> Luciano y Al Capone; Vito Genovese, Carlo Gambino, Frank Costello, Thomas <Tres Dedos Brown> Lucchese y Joseph <Joe Bananas> Bonanno

 

BILL BONANNO

El libro está muy bien escrito, es narrativa periodística, pero también narrativa novelada, y algo de narrativa cinematográfica. Mantiene el interés en todo momento, y, aunque se hace algo tedioso en la transcripción exacta de todos los interrogatorios efectuados en el juicio, se trata de una obra curiosa, una visión de la mafia desde dentro que, además, nos descubre aspectos desconocidos de ese mundo. Lo que más me ha impactado es, quizá, que esta gente carecía de vida, en el sentido de que, la mayor parte del tiempo, por una u otra razón, tenían que desparecer durante largas temporadas, lejos de los suyos, para evitar ser eliminados o para eludir a la justicia. Y realmente no sé si, al final, ese sacrificio les compensaba.

 Así que comenzó a caminar tranquilamente desde su habitación en la parte posterior del inmenso motel hasta el frente del lugar y se detuvo cerca de la recepción del motel sobre la calle. Su amigo lo acompañaba y los dos conversaron durante unos minutos bajo el sol. Luego, Bill vio una barbería cerca y decidió que no le vendría mal un pequeño corte, de manera que entró, seguido de su amigo. En la barbería había tres sillas y, como no estaba llena, un barbero de pelo blanco le sonrió y dijo:

-Usted es el siguiente.

Bill no reconoció a nadie en el local. Tomó una revista y se sentó en la silla. Su amigo se sentó cerca de la puerta.

-¿Está de visita? –preguntó el barbero con tono alegre, mientras le ponía una sábana sobre los hombros.

Bill asintió con la cabeza.

-¿Y planea quedarse mucho tiempo?

-Sí. Si me gusta el lugar, me gustaría quedarme –dijo Bill.

Una manicurista se le acercó, pero Bill negó con la cabeza y siguió hojeando la revista, al tiempo que levantaba cada tanto los ojos para mirar el inmenso espejo que reflejaba la calle. Bill vio llegar un auto, luego otro y luego una patrulla de policía. Después llegaron otros dos coches de policía y también vehículos de la prensa con fotógrafos.

-Miren, ¿qué es toda esa conmoción allá afuera? –preguntó uno de los barberos.

El barbero que atendía a Bill se volteó hacia la ventana y silbó bajito, mientras continuaba moviendo las tijeras sobre la cabeza de Bill. Bonanno no dijo nada. Luego vio a un agente local del FBI que conocía de antes, Kermit Johnson, dirigiéndose hacia la barbería, seguido de otros hombres. Bill se obligó a sonreír y saludó desde lejos:

-Hola, Kermit.

Kermit Johnson pareció incomodarse un poco con la muestra de familiaridad, pero luego se relajó y contestó:

-Hola, Bill, ¿cómo estás?

Johnson se puso torpemente de pie frente a la silla y el barbero, al verlo, le dijo:

-No me demoro, señor. Usted es el siguiente.

Johnson miró directamente a Bill y le preguntó:

-¿Sabes por qué estoy aquí?

-Sí, lo sé –dijo Bill-. ¿Puedo terminar de cortarme el pelo? ¿O vas a armar un alboroto?

-No, no voy a armar un alboroto –dijo Johnson-. ¿Estás armado?

Bill contestó con un tono de inocencia fingida:

-Kermit, no seas tonto.

El barbero empezaba a ponerse nervioso.

-Discúlpeme –interrumpió finalmente el barbero, al tiempo que señalaba el corrillo de policías y fotógrafos que esperaban en la acera-, ¿qué están haciendo todos esos caballeros ahí afuera?

-Esos <caballeros> -dijo Bill- me están esperando a mí.

El barbero no dijo nada por un momento, mientras asimilaba lo que acababa de oír; luego le comenzaron a temblar las manos y apenas podía sostener las tijeras.”

JOSEPH "JOE BANANAS" BONANNO

 Como también es curioso que la realidad de sus vidas, nada tuviera que ver con la creada por la imaginería popular.

 Cuando el ciudadano norteamericano común pensaba en la Mafia, por lo general se imaginaba escenas llenas de acción y violencia, de dramáticas intrigas y confabulaciones que valían millones de dólares…

(…) ..el típico mafioso tendía a volverse egocéntrico y obsesivo, a vivir pendiente de minucias que magnificaba, a reaccionar de manera desproporcionada ante cualquier ruido, dándole demasiadas vueltas a todo lo que se decía y hacía a su alrededor, perdiendo la perspectiva del mundo…

(…) Y el mafioso típico respondía a esa imagen, se la creía, prefería creérsela porque ella lo hacía ver más grande de lo que era en realidad, más poderoso, más romántico, más respetado y más temido.

(…) …y los productores de cine cada vez que podían venderles ese mito a un público que invariablemente quería que sus personajes fueran más imponentes que en la vida real: pequeños Césares que hablaban duro y gastaban mucho.

LUCKY LUCIANO

Bill Bonanno se sentía tan influenciado por ese mito como cualquier otro y con frecuencia decidía vivir esa mentira.

(…) Así, no era difícil entender por qué Frank Costello mantuvo relaciones con los líderes de Wall Street y poderosos comerciantes, con quienes tomaba diariamente su sauna en el Biltmore, o por qué Lucky Luciano había sido un respetado residente del Waldorf, o por qué un enemigo tan encarnizado de la Mafia como Benito Mussolini había otorgado el título de <commendatore> a un fugitivo de los Estados Unidos, Vito Genovese, después de que éste hiciera generosas contribuciones a proyectos de construcción municipales cerca de Nápoles.

Sin embargo, había sin duda otro veteranos de la Mafia que habían sido presentados en la prensa como millonarios pero que eran relativamente pobres

GAY TALESE

Gay Talese, trabajando como periodista, siguió el proceso judicial que se seguía contra Bill Bonanno, y se lanzó a pedirle una entrevista. Gracias a su insistencia, poco a poco, se ganó la confianza de este jefe mafioso y le convenció para escribir un libro que contara su vida y la de su padre, que aún vivía. De ahí nacería una estrecha relación que continuaría durante años, y que cimentó la amistad entre el escritor y el personaje, hasta tal punto que, tras convertirse el libro en un best-seller en 1971, Gay Talese, en agradecimiento por la confianza depositada en él, ante la critica situación en la que había quedado la familia Bonanno tras el juicio y consciente del éxito económico del libro, en justa correspondencia, destinó una parte de sus ganancias a crear un fondo que cubriría los estudios universitarios de los hijos de Bill Bonanno, con la esperanza, como así fue, de que éstos recibieran una educación que los sacara del mundo en el que siempre se habían movido los Bonanno.

Lo que sí resulta curioso es que a Bill Bonanno, finalmente, le cazaran las autoridades por un asunto de uso ilegal de tarjetas de crédito, y que nunca demostraran nada sobre sus actividades reales en el crimen organizado, como su padre. Algo casi calcado a lo sucedido a Al Capone, años antes, al que sólo se le pudo detener por evasión de impuestos.

Libro, pues, entretenido, que bucea en el pasado de la familia Bonanno, desde los años en Castellammare del Golfo, en Sicilia, hasta su ocaso en la cúspide del crimen organizado, la vida familiar, la vida criminal, todo enlazado de una manera elegante y amena.

En la contraportada del libro se dice que “esta obra monumental… inspiraría Los Soprano”. Sin embargo, en su interior, el propio Gay Talese aclara que, “…llevó a Salvatore a contarme lo furioso que se había puesto el año anterior cuando <The Arizona Republic> publicó un artículo en el cual comparaban al personaje principal de la serie, Tony Soprano, con su difunto abuelo Joseph Bonanno. Tony Soprano aparece caracterizado en la serie como un matón vulgar, insistía Salvatore, que carecía por completo de la elegante sagacidad y la actitud digna de su abuelo…”. Y creo que es cierto. Quienes lean este libro y hayan visto la serie, se habrán dado cuenta de que, la distancia entre el elegante Joseph <Joe Bananas> Bonanno y el hosco y visceral Tony Soprano es abismal. Pero leer este libro y ver la serie son dos placeres incuestionables.

Una curiosidad: Bill Bonanno acabó como asesor en Hollywood en películas sobre la Mafia.

 Sergio Barce, septiembre 2011

 Los fragmentos del libro están tomados de la edición publicada por Alfaguara, 3ª edición, julio 2011, con traducción del inglés de Patricia Torres Londoño.

  Gay Talese, periodista y escritor, nació en Ocean City, New Jersey, 1932. Considerado el pionero del Nuevo Periodismo, es autor de obras como “El reino y el poder” (The Kingdom and the power, 1969), “La mujer de tu prójimo” (Thy neighbor´s wife, 1981) o “The silent season of a hero”(2010).

 

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Este martes, 27 de Septiembre, MALAGA – Poesía en el Picasso con el poeta tetuaní ABDERRAHMAN EL FATHI

Abderrahman el Fathi, poeta y amigo tetuaní, estará este martes 27 de Septiembre en Málaga, en los Jardines del Museo Picasso, para hablar de poesía y leer sus poemas. Abderrahman es uno de los autores más importantes de los escritores marroquíes contemporáneos que escriben en castellano. Autor, entre otros, del libro «Desde la otra orilla» (Quorum Editores – Cádiz, 2004), su poesía se desgarra en ese dilema interno que tan bien sabe explicar con sus palabras, ese dilema que le hace vivir entre sus sentimientos marroquí y español, las dos culturas de las que se alimenta y por las que vive.

 

Me saciaré de tu llanto

me descubriré en tu rabia

y en tu encuentro furtivo

y en las ahogadas aguas

y en ti, y en mi herida salada,

y descubriré de nuevo

el encuentro azul de tus fuegos.

de Abderrahman El Fathi

Su poesía es poderosa, rica y de una calidad incuestionable. Asistir a este acto es una magnífica oportunidad de saborear y descubrir su obra. Como persona, sólo puedo decir que es una suerte conocerlo.

Sergio Barce

PODÉIS ESCUCHAR LA VERSIÓN MUSICAL DE «ÁFRICA EN VERSOS MOJADOS» de ABDERRAHMAN EL FATHI, QUE REALIZÓ EL CANTAUTOR RAMÓN TARRÍO, y que tuvimos la oportunidad de escuchar tanto en Larache, durante el Festival de Guitarra y Cante, como en el Día de Larache en Málaga, ambos eventos que organizamos desde la asociaicón «Larache en el Mundo», entrando en el siguiente enlace:

http://www.youtube.com/watch?v=tRsdnQPY93k

 

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Periódico LARACHE, mayo de 1979, Impresiones de un viajero

Este artículo publicado en mayo  de 1979 en el periódico  semanal LARACHE, resulta curioso porque transcribe las impresiones de un viajero recién llegado a la ciudad, y lo que más sorprende, visto desde el año 2011, es que entonces,  todavía en 1979, los forasteros quedaban fascinados por la belleza que encontraban en Larache. En este artículo en concreto,  este visitante se queda asombrado por los jardines bien cuidados que hay a ambos lados de la avenida Mohamed V, por la limpieza de sus calles, por la bella arquitectura de la Plaza de la Liberación, por la singularidad del Zoco Chico… Me pregunto, qué escribiría este mismo viajero si regresara ahora a Larache. Probablemente la crónica sería otra. 

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