Archivos Mensuales: marzo 2011

Libros de cine: CLINT EASTWOOD. Biografía (Clint: The life and legend) (2009) de PATRICK McGILLIGAN

Biografía no autorizada por el protagonista, y que presentó demanda contra el escritor Patrick McGilligan, finalmente el libro vio la luz tras un acuerdo extrajudicial. No es una biografía complaciente, en absoluto, sino un intento de retratar a uno de los mayores iconos de la historia del cine.

Incluyendo el epílogo, son 698 páginas que desgranan toda una vida (cuando McGilligan termina el libro, Clint Eastwood acaba de cumplir los ochenta años). Y la sensación es que, finalmente, también el autor del libro, pese a la compleja personalidad del personaje, pese a sus claroscuros, pese a sus críticas y censuras a su manera de actuar en algunos asuntos, le admira.

Hay un concienzudo trabajo de investigación para explicarnos los orígenes de la familia Eastwood, a veces demasiado exhaustivo, pero loable sin duda, y que demuestra que han buceado en cientos de archivos y de registros, es increíble la cantidad de datos que aún se guardan de sus bisabuelos, abuelos y padres. Luego, por supuesto, toda la vida de Clint Eastwood paso a paso no sólo recorre sus años de actor de reparto, su falta de entusiasmo inicial (me sorprende haber descubierto que era un joven que desconocía por completo el cine de John Ford, por ejemplo, y que no era muy cinéfilo; incluso que no le ponía demasiada ilusión a sus primeros trabajos porque ni siquiera tenía claro que iba a dedicarse a esta profesión),

CLINT EASTWOOD en 1970

su posterior incursión en la televisión, especialmente en la serie Rawhide, cómo entra a formar parte del spaghetti-western y a convertirse, por un golpe de fortuna, en una estrella deslumbrante que comenzaba a arrasar en las taquillas. Y así hasta llegar al día de hoy, convertido en el hombre más rico de Hollywood, repasando una a una sus películas como actor y director.

Paralelamente, McGilligan nos va desnudando al hombre. Personalmente es la parte que menos me interesa del libro, aunque supongo que hay a mucha gente a la que le gustará saber que tiene un montón de hijos con diferentes mujeres, que ha sido un hombre constantemente infiel a sus parejas y que ha terminado por crear a muchos enemigos que no le perdonan ciertas cosas. En este último aspecto, sí me ha desvelado una parte de su personalidad que no imaginaba, y es la del actor y productor que cuando descubría un error o una falta, intencionada o no, en alguien de confianza o de su entorno lo hundía inmisericordemente. De hecho, en algún caso se encargó de que ya no volvieran a encontrar trabajo en la industria del cine. Algo que también sucedió con algún buen realizador con el que trabajó, como Philip Kaufman (director de films tan sugerentes como “La insoportable levedad del ser” (The unbearable lightness of being, 1988)  o “Henry & June”, 1990) que iba a dirigir a Eastwood en “El fuera de la ley” (The outlaw Josey Wales, 1976).

El incidente con Kaufman que le apartó de esta película y que terminaría dirigiendo el propio actor, se conoce como “El incidente de la lata de cerveza”:

Kaufman, Bruce Surtees y Fritz Manes habían ido a ver una dunas alcalinas para la escena en que Josey Wales –el personaje que interpretaba Clint- aparece cabalgando por la arena con una bandera blanca atada al rifle. Después de un día duro, pararon y, mientras se tomaban una cerveza, Kaufman miró alrededor y dijo que era el lugar perfecto para el tono evocador que estaba buscando. Se acabó la cerveza, hundido la lata en la arena y dijo: <Estoy marcando el lugar>. El momento del día, la hora mágica del anochecer, sería perfecto también. Sería entonces cuando captaría la magia que veía en su mente.

Avancemos unas semanas, hasta un día en que el rodaje terminó pronto y Clint ya estaba nervioso. Kaufman se acercó a él, retorciéndose las manos, para preguntarle si podían rodar la escena en que Josey cabalga entre las dunas de arena. <¿Quieres rodar esa mierda? –preguntó Clint-. Vamos>. Kaufman reunió dos camionetas, un camión con cámaras y un remolque para los caballos…

Recorrieron kilómetros y kilómetros, y más kilómetros. Clint no paraba de mascullar: <¿Adónde coño vamos?>. Kaufman, cada vez más desanimado, no lo sabía. Por fin anunció que sabía exactamente dónde estaban gracias a una montaña que se veía a lo lejos. <¡Esperad aquí!¡Vuelvo en seguida!¡Estoy seguro de que es ahí!>. El director saltó del vehículo y echó a andar por las dunas en busca de la escurridiza lata de cerveza.

Esperaron y esperaron, y siguieron esperando. Kaufman no aparecía. Clint preguntó: <¿Qué hora es?>. Después: <¡Mierda, el sol va a ponerse y no habremos rodado la puta escena!>. Saltó del vehículo y dijo a Bruce Surtees que sacara la puta cámara. Ordenó a Manes que fuera a buscar al puto caballo y tuviera el rifle preparado. Dijo a Surtees que iba a alejarse cabalgando y que después se acercaría por las dunas y que solo lo haría una vez, de modo que no tendría que borrar las huellas de los cascos para una segunda toma. <Grita cuando estés preparado y comprueba el encuadre>, ordenó Clint.

Surtees gritó, Clint salió al galope, dio la vuelta y regresó mientras la cámara rodaba. Clint exclamó: <¿Corten!>, tras lo cual lo cargaron todo en los vehículos. A continuación se volvió hacia Manes y le dijo: <Fritz, espera aquí a Kaufman>. Los demás se marcharon.

…Por fin… llegó Kaufman con aspecto desaliñado. Se había quitado el sombrero de vaquero y se rascaba la cabeza mientras caminaba pesadamente hacia ellos. Cuando se acercó a Manes, dijo: “Es muy raro. No encuentro la lata de cerveza>. <Ese es el menor de tus problemas>, le informó Manes. (…) Un par de días después, Kaufman fue despedido.

También es curioso saber que Clint Eastwood fue el primer productor en firmar acuerdos con marcas (por ejemplo, de vehículos) para que apareciesen en sus películas, o que fuera el primero en Hollywood en tener sitio web y dossier de prensa digital. Su sagacidad como productor tanto para elegir las fechas adecuadas de estreno como para recortar los costes y la duración de los rodajes de sus películas es legendaria.

Si bien la opinión de McGilligan sobre algunas de las películas de Clint Eastwood es bastante discutible, en general acierta en sus análisis, y lo que sí es evidente es que la progresión de Clint Eastwood como realizador es evidente, hasta convertirlo en el maestro que es hoy. Que un director de cine americano se atreva a rodar una película de la segunda guerra mundial vista desde el punto de vista del enemigo y hablada enteramente en japonés “Cartas desde Iwo Jima” (Letters from Iwo Jima, 2006), dice mucho de su arrojo y tenacidad.

La escena final de <Los puentes de Madison (The Bridges of Madison County, 1995)>, en la que Francesca (Meryl Streep) ve a Kincaid (Clint Eastwood) en la ciudad por última vez, era una pequeña pieza maestra de orfebrería. Se ve a Kincaid en mitad de la calle, a lo lejos, bajo la lluvia. Puede que Clint esté llorando, la posición de la cámara y la escenografía ya han transmitido esa impresión. Francesca y su marido suben al coche y avanzan entre el tráfico, hasta que un semáforo en rojo les obliga a parar detrás de la camioneta de Kincaid.

El semáforo tarda una eternidad en cambiar, mientras Francesca duda antes de tomar la decisión de quedarse y no decir nada. Largo primer plano de la parte posterior de la camioneta, con publicidad indirecta… Y cuando la camioneta de Kincaid tuerce hacia un lado y el marido de Francesca gira hacia el otro, el público también está empapado en lágrimas.

Desde que “Sin perdón” (Unforgiven, 1992) lo consagrara como director de cine, Clint Eastwood nos ha regalado varias joyas: “Los puentes de Madison (The Bridges of Madison County, 1995), “Mystic River” (2003), “Million dollar baby” (2004), “Gran Torino” (2008)… Y en este libro biográfico, entretenido y documentado, descubrimos muchas de las claves de por qué rodó todas estas películas.

Sergio Barce, marzo de 2011

 

 

 

 

CLINT EASTWOOD. Biografía (Clint: The life and legend) (2009) de Patrick McGilligan, ha sido editada por Lumen.

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LARACHE vista por… ANTONIO HERRÁIZ

ANTONIO HERRÁIZ

Hoy voy a mostraros Larache desde otro prisma, quizá candoroso, pero muy simpático.

En Diciembre de 2004, Antonio Herráiz editó un librito curioso y lleno de candor: RAS R´MEL. Cuando me lo dio en su presentación, la verdad es que todos lo curioseábamos con una sonrisa en los labios, especialmente los que hemos vivido en Larache. En él contenía imágenes, sólo imágenes, pero son de las que te traen viejos recuerdos, en concreto, de la playa de Ras R´mel. Esas imágenes siempre habían estado ahí, y quizá porque no nos dedicamos al diseño como Antonio no nos fijábamos demasiado en ellas. Sin embargo, al verlas de nuevo en su libro, se convirtieron en algo especial. Luego, las máquinas han derribado muchos de los chiringuitos y establecimientos en los que se exponían estas imágenes inocentes y a veces toscas, y probablemente eso las ha convertido también en parte de nuestra memoria más entrañable. Antonio Herráiz, es larachense de adopción desde que se casó con Julia, y su educación, su saber estar y  su cariño por Larache y las cosas sencillas del lugar, como estos rótulos, le presentan como el hombre amable y tranquilo que es.

Le agradezco mucho que me haya permitido colgar en este blog las imágenes que tuvo la paciencia de agrupar y editar, y que él sabe que tanto me gustan.

Sergio Barce, marzo de 2011

RAS R´MEL de Antonio Herráiz

(Os recuerdo que hay un enlace en este blog a la página de “Antonio Herráiz Publicidad y Diseño, S.L.)

Ras R´mel es el nombre de la playa de Larache en la que paso mis vacaciones de verano hace ya bastantes años. Siempre me llamaron la atención los rótulos de los cafés y chiringuitos que, sin ningún método ni objetivo concreto, he ido fotografiando.

 

Ahora se me ha ocurrido reunir aquí algunos de ellos. Son unos trabajos gráficos que, con los recursos más elementales, nos cuentan todo lo que necesitamos saber de estos establecimientos: sus productos, sus servicios, su manera de atender al cliente. Me gustan especialmente la simplicidad de las imágenes y su tratamiento en dos dimensiones, la forma alegre y colorista de jugar con la tipografía árabe, la ingenuidad al rotular los caracteres latinos, la claridad de los signos y los símbolos. En definitiva, la forma de comunicar, tan directa, a un público de lo más variado, variopinto y heterogéneo.

Valga este pequeño libro como homenaje al artista o los artistas anónimos que han realizado estos rótulos y dibujos que, en estos tiempos que corren, me gustaría que se viesen como un ejemplo de que la convivencia de dos culturas diferentes es perfectamente posible.

ANTONIO HERRÁIZ

Currículum de Antonio Herráiz:

Diseñador gráfico. Nació en Málaga en 1953. Comienzos como pintor, autodidacta. Examen de ingreso en Bellas Artes, Sevilla, en 1976. Becadel Ministerio de Cultura en 1980. Exposición en la Sala de Exposiciones de Diputación, Málaga, 1982. Profesional del diseño gráfico y la publicidad desde 1982. Miembro de la Asociación Andaluza de Diseñadores.

Principales agencias en las que ha trabajado: Ene Cuatro (Málaga), 1986-87 / Contrapunto (Madrid), 1987-89 / J. Walter Thompson (Madrid). 1989-90 / En 1994 funda su propio estudio (Antonio Herráiz Publicidad y Diseño SL), actualmente formado por seis personas.

Principales trabajos/clientes de diseño gráfico:

– Revista Puertaoscura (Diputación de Málaga), 1985-87.

– Teatro Cervantes, Málaga, desde 1995 a 2005.

– Hojiblanca, 1996-2000.

– Actividades del Área de Cultura del Ayuntamiento de Málaga, desde 1997.

– Exposiciones Palacio Episcopal de Málaga (Junta de Andalucía), 1997 a 2007.

– Festival de Cine Español de Málaga. 2001 a 2005.

– Museo Picasso Málaga. Desde 2004.

– Museo del Patrimonio Municipal. Málaga. Desde 2007.

– Unicaja Obra Social. Desde 2008.

– Museo Revello de Toro. Málaga. Desde 2010

Bibliografía:

– «Arte de diario: diseñadores andaluces». Catálogo de exposición. Junta de Andalucía, Consejería de Cultura. Sevilla, 1989.

– «La pintura de vanguardia en Málaga durante la segunda mitad del siglo XX». Enrique Castaños Alés. Fundación Picasso, Ayuntamiento de Málaga, 1997.

– «Diseño gráfico en Andalucía». Catálogo de exposición. Junta de Andalucía, Consejería de Obras Públicas y Transporte. Sevilla, 2000.

– «Guía de la comunicación visual en Andalucía». Instituto de Fomento de Andalucía. Sevilla, 2001.

– «Diseñadores para un libro. Homenaje al Quijote». Catálogo de exposición. Consejería de Economía y Hacienda de Castilla—La Mancha. Toledo, 2005.

– «Listos para leer. Diseño de libros en España». Catálogo de exposición. Sociedad Estatal para el Desarrollo del Diseño y la Innovación. Nueva York, 2005.

– «Diseño contra contaminación visual». Catálogo de exposición. Asociación Andaluza de Diseñadores. Sevilla, 2007.

sitio web: http://www.antonioherraiz.com

blog: usatusojos.tumblr.com

MÁLAGA, 4 DE FEBRERO DE 2011

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Con WOODY ALLEN & GROUCHO MARX, de nuevo

 

«Te voy a contar una historia tremenda acerca de la anticoncepción oral: le dije a esa chica si quería hacer el amor conmigo y me dijo que no»
(
Woody Allen)

Hermanos Marx


 

» Groucho: ¿Qué quiere?
Enfermera: Tenemos que ver si tiene temperatura.
Groucho: No sea tonta. Todo el mundo tiene temperatura
(Última broma de Groucho en su lecho de muerte – 1977)


 

 

 

 

 

«Prefiero que me incineren a que me sepulten, y ambas cosas a un fin de semana con mi mujer».
(
Woody Allen)

 

 

 

 

 

Agente: Oiga, esta foto de su pasaporte no se le parece.
Groucho: Bueno, tampoco se parece a usted.

 

 

Groucho

Chico, Groucho & Harpo Marx

«El dinero es mejor que la pobreza, aunque sólo sea por razones económicas».
(
Woody Allen)


 

«Groucho (Maestro): ¡A ver, usted! -señalando al alumno Harpo- ¿Qué forma tiene el mundo?
Harpo: No sé.
G: Bueno. ¿Qué forma tienen mis gemelos?
H: Cuadrada.
G: No mis gemelos de diario; los que llevo los domingos.
H: Oh. Redonda.

HARPO & GROUCHO

G: Muy bien, entonces ¿qué forma tiene el mundo?
H: Cuadrada los días de diario y redonda los domingos

W.A.

 

 

 

 

«De dónde venimos?, ¿a dónde vamos?, ¿hay posibilidad de tarifa de grupo?».
(
Woody Allen)

 

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22 de marzo: Presentación de LA CIUDAD DEL LUCUS de LUIS MARIA CAZORLA

LUIS MARÍA CAZORLA

El próximo día 22 de marzo, a las 19:30, en la Sociedad General de Autores y Editores, en Madrid, la editorial ALMUZARA organiza la presentación de la novela “La ciudad del Lucus” del escritor larachense Luis María Cazorla Prieto.

Aun cuando ya he hablado de él en varias ocasiones y también he tenido la oportunidad de contar semanas atrás mis impresiones sobre esta obra tan ligada a Larache, no me resisto a poner esta nota en mi blog para quienes sienten el mismo afecto que yo hacia Luis Cazorla y para los que tengan la curiosidad de leer su novela. La presentación que anuncio es una oportunidad para disfrutar de su compañía y pasar un buen rato hablando de su libro, de sus personajes y de su ciudad natal.

Por otro lado, además del propio Luis María Cazorla, “La ciudad del Lucus” va a ser presentada por cuatro destacadas figuras: Andrés Amorós, Luis Alberto de Cuenca, Julia Navarro y Manuel Pimentel, con unas trayectorias profesionales y creativas que merecen ser destacadas.

 

Andrés Amorós es ensayista, crítico literario e historiador de la literatura español. Doctor en Filología Románica, Catedrático de Literatura Española en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid, fue el creador de la Biblioteca del Teatro Español del s.XX cuando ocupó el cargo de director cultural de la Fundación Juan March. Desde el año 1999 dirige la Compañía Nacional de Teatro Clásico y es director del Instituto de Artes Escénicas y de la Música. Ha sido galardonado con el Premio Nacional de Ensayo, el de la Crítica Literaria o el Premio José María de Cossío.

Luis Alberto de Cuenca, poeta y ensayista, es Doctor en Filología clásica. Ocupó el cargo de director del Instituto de Filología del CSIC y de la Biblioteca Nacional. Además de su obra poética con títulos como “La vida en llamas” (2006), premio Ciudad de Melilla, “Poesía 1979-1996” (2006), Edición de Juan José Lanz, “Jardín de la memoria” (2007), Universidad de las Américas, Puebla, México, antología personal o  “La mujer y el vampiro” (2010), con ilustraciones de Manuel Alcorlo, Breviarios de Rey Lear, Luis Alberto de Cuenca ha traducido a Homero, Eurípides y Gérard de Nerval, entre otros autores, siendo galardonado con el Premio Nacional de Traducción por su versión del Cantar de Valtario. Es miembro de la Real Academia de la Historia.

 

 

Julia Navarro, periodista y novelista, trabajó para la Agencia OTR/Europa Press. Como escritora ha publicado diversas obras periodísticas e históricas como “Nosotros, la transición” o “La izquierda que viene”. Como novelista ha cosechado varios éxitos de ventas con “La hermandad de la sábana blanca”, “La Biblia de barro”, “La sangre de los inocentes” o “Dime quién soy”.

Manuel Pimentel, escritor y ex político, es ingeniero agrónomo, licenciado en Derecho y diplomado en Alta Dirección de Empresas. Fue, entre otros cargos en su  carrera política, Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, cargo que abandonó por su oposición a la guerra de Irak. Creó posteriormente las editoriales Almuzara y Berenice. Como escritor, Manuel Pimentel ha publicado ensayos, relatos y novelas, y entre estas últimas destacan “Peña Laja” (Barcelona, Planeta, 2000) “Monteluz” (Barcelona, Planeta, 2001), “Puerta de Indias” (Barcelona, Planeta, 2003), “La ruta de las caravanas” (Barcelona, Planeta, 2005) y “El librero de la Atlántida” (Córdoba, Almuzara, 2006).

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Otros libros, otros autores: CERVEZA CALIENTE (Memoria vaga de un verano perezoso) de JUAN PABLO CAJA

Hace unos días Juan Pablo Caja me envió un ejemplar de su novela “Cerveza caliente (Memoria vaga de un verano perezoso)” (bcn press – Barcelona, 2011), con un curioso diseño de portada de Roger Cano que me pareció lo suficientemente sugerente como para imaginar que su interior iba a ser igualmente interesante. Y así ha sido. La verdad es que me lo he pasado francamente bien con su lectura.

“¿Qué título le pongo a estas notas dispersas, a estos recuerdos, si algún día los convierto en un libro?”

Es lo que dice el autor en algún momento del relato; tras leerlo hay que responderle que ha acertado con el título. Y siendo sincero, creo que es el tipo de libro que a uno le gustaría escribir si pretendiera hablar de sus amigos, si quisiera contar algo de alguno de ellos en particular. En el caso concreto de “Cerveza caliente”, con la excusa de narrar la experiencia que supuso trabar amistad con un exiliado húngaro llamado Lajos en los años ochenta, Juan Pablo Caja teje un curioso retrato tanto de la ciudad de Palma donde se desarrolla la historia como de este hombre que subsistía haciendo caricaturas a los turistas, pero también lo es de los otros amigos-personajes que se fueron interrelacionando tanto con Lajos como con Juan Pablo (no sé si he dicho que es un relato autobiográfico, o una ficción biográfica como dice su contraportada, o quizá sean las notas dispersas que antes indicaba él mismo): Sebastián “el freelancer”, Pep, “Huan”, María o Lucía, que es como una sombra que planea constantemente sobre el narrador.

“…el Mini blanco en el que íbamos Lucía y yo se detuvo finalmente frente al semáforo rojo, en las Avenidas, a la altura del Ramón Llull, más exactamente en la esquina del bar El Cañizo (“El Coñazo”, rebautizado popularmente). El motor del coche zumbaba como solamente lo hacían los minis, con aquel ronroneo característico, un poco pasado de decibelios, que subía de vueltas, y volumen, al más mínimo toque de pedal. Creo recordar que estábamos en silencio. Ella y yo. Alguna discusión. O simplemente el silencio que oprime: el que aparece cuando nada de lo que se puede decir sirve; el que, de romperse, solamente conseguiría hacer daño. Más daño…”

grupo Galactus, del que forma parte Juan Pablo Caja (segundo por la izquierda)

Pero es el personaje de Lajos el que centra la mayor parte de la historia, como si fuera el centro de atracción del resto de las historias. Juan Pablo Caja narra con socarronería, desde la distancia de los años, y eso le permite observarlo todo con ese afecto que sólo se le tiene a los amigos que fueron (quizá alguno lo sea aún). La novela, sus notas dispersas, están muy bien escritas porque sabe narrar y crear atmósfera, construir personajes y definir situaciones. Sus descripciones de las calles y de los locales de Palma, en los que introduce pequeñas dosis de humor, me parecen extraordinarias. Como lo son los pequeños detalles que introduce a modo de “salpicaduras”, escenas aisladas, fogonazos de aquellos días. Hay una en particular entre el narrador y Lajos que me parece magistral:

“-Tengo otro sueño que contarte, Lajos. Esta noche. Raro de cojones, y al final tenía que ver contigo.

Trago de cerveza.

-No sé a santo de qué, quizá por las fiestas patronales del lugar, una familia de campesinos aparece en una plaza empedrada de pueblo. Son siete, ocho, quizá diez personas, todos agrupados alrededor del que debe de ser el abuelo, inválido, en una silla de ruedas chirriante y destartalada. El viejo tiene aspecto de enfermo, pálido, y una cara de momia, piel apergaminada, adherida directamente a los huesos, cuatro mechones de cabellos sin vida, mal repartido por una calva de piel mate, con extrañas protuberancias, granos añejos, una verruga. La familia está reunida, apiñada, en el centro de la plaza. Son seis o quizá ocho personas. El abuelo, los padres, los hijos. A la abuela no la recuerdo, no debía formar parte del sueño. A medida que el tiempo pasa y la fiesta avanza, al abuelo le va afectando la bebida. Le van ofreciendo copas de aguardiente y él pasa de la inactividad total, pasivo y enfermo en la silla de ruedas, a una creciente excitación. Se va poniendo cada vez más rojo, más nervioso. Finalmente arranca a cantar. En el sueño ya no veo más que su cara enrojecida, en primerísimo plano, la piel estropeada, las encías desdentadas, el cabello sin vida. Y los ojos brillantes: el abuelo está cantando ya, a voz en cuello, con todas sus fuerzas. Canta, grita, canta, grita. Casi parece que intenta caminar, bailar, pero sigue en la silla de ruedas, erguido, lanzado hacia adelante, chillando.

-¿Y cuándo aparezco yo?, ¿qué tiene que ver conmigo?

-Pues… ahora no consigo recordarlo. Y cuando me desperté lo sabía. No sé, no me acuerdo de nada, pero tengo la sensación de que estabas allí, en el sueño, de que formabas parte de él, y parte importante. Sí importante. Estoy seguro. Pero. No sé cómo. Sí.”

Juan Pablo Caja

No sé si es cierto o no que con esos amigos tratara de publicar las obras del húngaro Karinthy, tal y como lo cuenta en la novela, pero aquellas noches de tertulia bebiendo vino barato o cerveza me traen recuerdos que todos hemos compartido por esa época. Sea como fuere, Juan Pablo Caja trata a todos los personajes con una ternura que parece inevitable, y aunque también es el relato del naufragio de la vida entre Lajos y Margit, su mujer, un paralelismo sabiamente jugado con el del narrador y Lucía, pese a estas derrotas, como digo, al acabar de leer la novela lo haces con una suave sonrisa dibujada en los labios. Un placer.

Olvidaba decir dos cosas. La primera es que Juan Pablo añadió en el interior de su novela la dedicatoria más original que me han hecho: ¡Esta “cerveza” es para Sergio!. La segunda es contar cómo conocí a Juan Pablo. Fue en el Gobierno Militar de Palma de Mallorca. Creo que en el año 86. Él era funcionario civil, yo soldado de reemplazo cuando aún existía la mili. Me destinaron los meses de servicio al departamento de “Hojas”, donde en una oficina diminuta, compartíamos las horas muertas y el oxígeno tres soldados, un teniente y un comandante, además del civil Juan Pablo, que, siento decirlo, creo que nos observaba con curiosidad, tal vez pergeñando algún relato que, quizá, tenga escondido en un cajón. El comandante se apellidaba Moll, y esperaba a que el reloj marcara las diez de la mañana para abandonar la oficina e ir a “conferenciar” con el general en su despacho. El resto de oficiales del Gobierno Militar hacía lo mismo. Lo que allí dentro hacían era jugar a las cartas y despacharse unos buenos lingotazos de ginebra, ron o whisky. Recuerdo que Juan Pablo me sacó alguna vez del encierro y de llevar puesto el uniforme, y que me dejó pasar alguna noche en su casa. También recuerdo que visitamos algún bar del casco antiguo, y que me hizo sentir por unas horas una persona normal. Luego, cuando me licencié, me marché y nunca más supe de él.

Pero llegó internet, google, y el resto de la parafernalia cibernética, y un día Juan Pablo me envió un correo preguntándome con cautela si yo era el Sergio Barce que él había conocido en aquella oficina esquelética del Gobierno Militar de Palma. Y sí, lo era. Y desde ese instante nos hemos escrito periódicamente y hemos ido posponiendo nuestro reencuentro en persona que ahora, con una cerveza de por medio, se hace ya ineludible.

(No quiero dejar pasar esta oportunidad, para recordar el otro delicioso librito que me envió Juan Pablo Caja titulado “Intermedio” (Calima Ediciones – Palma de Mallorca, 2003). En él, con su humor tan característico, reproduce varios textos de campañas publicitarias –Juan Pablo se dedica al mundo de la publicidad, y en este blog tenéis el enlace a su página web- que, según advierte, “encontró” en el cajón de uno de los empleados de la empresa “McCormack & McCormack” que acababa de cerrar sus oficinas en Barcelona. Uno de esos textos es el siguiente:

“La luz de la mañana, nítida, fresca, ilumina el cuarto de baño. Es una estancia corriente, con las paredes embaldosadas de color claro. Todo es claro, luminoso. Solamente un estante junto al lavabo contrasta gracias a los colores, más acentuados, de un par de cepillos de dientes, un tubo de dentífrico, y diferentes frascos de colonias, botes de cremas, y otros pequeños objetos de baño difíciles de identificar así, a simple vista, desde donde estamos viéndolo.

En uno de los rincones del baño hay una pequeña báscula de pie.

Se abre la puerta, y entra una mujer joven. Sobre una camiseta talla XXL y unos pantalones anchos de pijama, lleva una bata ligera.

Entra en el baño, repito, y, de inmediato, estornuda sonoramente. Coge un pañuelo de tisú de una caja que hay junto al lavabo y se lo lleva a la nariz. Sus ojos están llorosos, ligeramente enrojecidos, su nariz congestionada. Vuelve a estornudar. Esta mujer, joven bella, está muy resfriada.

Se mira al espejo. Se da media vuelta y observa su cuerpo reflejado. Sacando los pies de las zapatillas, se sube a la báscula. Observa su peso y deja escapar un lamento amargo. Decepción: ha vuelto a ganar peso. La expresión de su cara es clara.

Baja de la báscula. Coge otro pañuelo y se oye, fuera del campo de visión, cómo se suena. Un sonido elefantino que es inmediatamente seguido por el ruido que hace el pañuelo, cargado de mucosidad, al caer en el fondo de la papelera: como si acabase de lanzar una bolsa de basura al fondo del contenedor.

Vuelve a entrar en el campo de visión. Como si tuviera que asegurarse de que es cierto lo que ha visto antes, la cifra inesperada en la báscula, vuelve a subirse a la misma.

Mira el resultado, los kilos, y ahora la expresión es de alivio: ha recuperado su peso normal.

Se oye una voz en off: ¿Problemas de congestión nasal?

La imagen del baño es sustituida bruscamente por un pequeño frasco de cristal de color azul: el envase de Respirol.

Sigue la voz: Prueba Respirol.”)

Pero ya digo, junto a una buena jarra, para pasar un buen rato con los amigos: “Cerveza caliente”.

Sergio Barce, febrero 2011

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