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CONVERSACIONES CON WOODY ALLEN

Estoy leyendo Conversaciones con Woody Allen (Conversations with Woody Allen) de Eric Lax, publicado por Lumen y con traducción del inglés de Ángeles Leiva. Un libro muy bien editado, interesante y divertido. Y me encuentro con la siguiente anécdota que le relata el genial Woody Allen al entrevistador en abril de 2005 y que no me resisto a reproducir:

“…Eric Lax: ¿Sigue escribiendo a mano?

Woody Allen: Sigo escribiendo como siempre, a mano y luego con la máquina de escribir de toda la vida. Lo escribo a máquina porque nadie entiende mi letra. Luego lo repaso otra vez y como la mayoría de las veces lo destrozo tengo que volver a mecanografiarlo. Me quejo de tener que escribir a máquina, pero en el fondo no me importa tanto. Me pongo música y aprovecho para escuchar mis discos de Jelly Roll Morton.

A mis dos hijas les encanta jugar con la máquina de escribir. Siempre me preguntan: <¿Podemos escribir? ¿Podemos escribir?>. El otro día me estaba acordando de cuando la compré por cuarenta dólares; tenía dieciséis años y ahora tengo casi setenta, y ahí están mis hijas, enredando con la máquina de escribir; una Olympia manual portátil. No tiene ni un solo rasguño. Está reluciente como el primer día.

(Durante sus primeros años como escritor, Woody no sabía cambiar la cinta de la máquina de escribir, así que invitaba a cenar a alguien que sí sabía y durante la velada decía como quien no quiere la cosa: <Ah, por cierto, ¿podrías echarme una mano con esto?>.)” 

Conversaciones con Woody Allen

 

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Libros de cine: CLINT EASTWOOD. Biografía (Clint: The life and legend) (2009) de PATRICK McGILLIGAN

Biografía no autorizada por el protagonista, y que presentó demanda contra el escritor Patrick McGilligan, finalmente el libro vio la luz tras un acuerdo extrajudicial. No es una biografía complaciente, en absoluto, sino un intento de retratar a uno de los mayores iconos de la historia del cine.

Incluyendo el epílogo, son 698 páginas que desgranan toda una vida (cuando McGilligan termina el libro, Clint Eastwood acaba de cumplir los ochenta años). Y la sensación es que, finalmente, también el autor del libro, pese a la compleja personalidad del personaje, pese a sus claroscuros, pese a sus críticas y censuras a su manera de actuar en algunos asuntos, le admira.

Hay un concienzudo trabajo de investigación para explicarnos los orígenes de la familia Eastwood, a veces demasiado exhaustivo, pero loable sin duda, y que demuestra que han buceado en cientos de archivos y de registros, es increíble la cantidad de datos que aún se guardan de sus bisabuelos, abuelos y padres. Luego, por supuesto, toda la vida de Clint Eastwood paso a paso no sólo recorre sus años de actor de reparto, su falta de entusiasmo inicial (me sorprende haber descubierto que era un joven que desconocía por completo el cine de John Ford, por ejemplo, y que no era muy cinéfilo; incluso que no le ponía demasiada ilusión a sus primeros trabajos porque ni siquiera tenía claro que iba a dedicarse a esta profesión),

CLINT EASTWOOD en 1970

su posterior incursión en la televisión, especialmente en la serie Rawhide, cómo entra a formar parte del spaghetti-western y a convertirse, por un golpe de fortuna, en una estrella deslumbrante que comenzaba a arrasar en las taquillas. Y así hasta llegar al día de hoy, convertido en el hombre más rico de Hollywood, repasando una a una sus películas como actor y director.

Paralelamente, McGilligan nos va desnudando al hombre. Personalmente es la parte que menos me interesa del libro, aunque supongo que hay a mucha gente a la que le gustará saber que tiene un montón de hijos con diferentes mujeres, que ha sido un hombre constantemente infiel a sus parejas y que ha terminado por crear a muchos enemigos que no le perdonan ciertas cosas. En este último aspecto, sí me ha desvelado una parte de su personalidad que no imaginaba, y es la del actor y productor que cuando descubría un error o una falta, intencionada o no, en alguien de confianza o de su entorno lo hundía inmisericordemente. De hecho, en algún caso se encargó de que ya no volvieran a encontrar trabajo en la industria del cine. Algo que también sucedió con algún buen realizador con el que trabajó, como Philip Kaufman (director de films tan sugerentes como “La insoportable levedad del ser” (The unbearable lightness of being, 1988)  o “Henry & June”, 1990) que iba a dirigir a Eastwood en “El fuera de la ley” (The outlaw Josey Wales, 1976).

El incidente con Kaufman que le apartó de esta película y que terminaría dirigiendo el propio actor, se conoce como “El incidente de la lata de cerveza”:

Kaufman, Bruce Surtees y Fritz Manes habían ido a ver una dunas alcalinas para la escena en que Josey Wales –el personaje que interpretaba Clint- aparece cabalgando por la arena con una bandera blanca atada al rifle. Después de un día duro, pararon y, mientras se tomaban una cerveza, Kaufman miró alrededor y dijo que era el lugar perfecto para el tono evocador que estaba buscando. Se acabó la cerveza, hundido la lata en la arena y dijo: <Estoy marcando el lugar>. El momento del día, la hora mágica del anochecer, sería perfecto también. Sería entonces cuando captaría la magia que veía en su mente.

Avancemos unas semanas, hasta un día en que el rodaje terminó pronto y Clint ya estaba nervioso. Kaufman se acercó a él, retorciéndose las manos, para preguntarle si podían rodar la escena en que Josey cabalga entre las dunas de arena. <¿Quieres rodar esa mierda? –preguntó Clint-. Vamos>. Kaufman reunió dos camionetas, un camión con cámaras y un remolque para los caballos…

Recorrieron kilómetros y kilómetros, y más kilómetros. Clint no paraba de mascullar: <¿Adónde coño vamos?>. Kaufman, cada vez más desanimado, no lo sabía. Por fin anunció que sabía exactamente dónde estaban gracias a una montaña que se veía a lo lejos. <¡Esperad aquí!¡Vuelvo en seguida!¡Estoy seguro de que es ahí!>. El director saltó del vehículo y echó a andar por las dunas en busca de la escurridiza lata de cerveza.

Esperaron y esperaron, y siguieron esperando. Kaufman no aparecía. Clint preguntó: <¿Qué hora es?>. Después: <¡Mierda, el sol va a ponerse y no habremos rodado la puta escena!>. Saltó del vehículo y dijo a Bruce Surtees que sacara la puta cámara. Ordenó a Manes que fuera a buscar al puto caballo y tuviera el rifle preparado. Dijo a Surtees que iba a alejarse cabalgando y que después se acercaría por las dunas y que solo lo haría una vez, de modo que no tendría que borrar las huellas de los cascos para una segunda toma. <Grita cuando estés preparado y comprueba el encuadre>, ordenó Clint.

Surtees gritó, Clint salió al galope, dio la vuelta y regresó mientras la cámara rodaba. Clint exclamó: <¿Corten!>, tras lo cual lo cargaron todo en los vehículos. A continuación se volvió hacia Manes y le dijo: <Fritz, espera aquí a Kaufman>. Los demás se marcharon.

…Por fin… llegó Kaufman con aspecto desaliñado. Se había quitado el sombrero de vaquero y se rascaba la cabeza mientras caminaba pesadamente hacia ellos. Cuando se acercó a Manes, dijo: “Es muy raro. No encuentro la lata de cerveza>. <Ese es el menor de tus problemas>, le informó Manes. (…) Un par de días después, Kaufman fue despedido.

También es curioso saber que Clint Eastwood fue el primer productor en firmar acuerdos con marcas (por ejemplo, de vehículos) para que apareciesen en sus películas, o que fuera el primero en Hollywood en tener sitio web y dossier de prensa digital. Su sagacidad como productor tanto para elegir las fechas adecuadas de estreno como para recortar los costes y la duración de los rodajes de sus películas es legendaria.

Si bien la opinión de McGilligan sobre algunas de las películas de Clint Eastwood es bastante discutible, en general acierta en sus análisis, y lo que sí es evidente es que la progresión de Clint Eastwood como realizador es evidente, hasta convertirlo en el maestro que es hoy. Que un director de cine americano se atreva a rodar una película de la segunda guerra mundial vista desde el punto de vista del enemigo y hablada enteramente en japonés “Cartas desde Iwo Jima” (Letters from Iwo Jima, 2006), dice mucho de su arrojo y tenacidad.

La escena final de <Los puentes de Madison (The Bridges of Madison County, 1995)>, en la que Francesca (Meryl Streep) ve a Kincaid (Clint Eastwood) en la ciudad por última vez, era una pequeña pieza maestra de orfebrería. Se ve a Kincaid en mitad de la calle, a lo lejos, bajo la lluvia. Puede que Clint esté llorando, la posición de la cámara y la escenografía ya han transmitido esa impresión. Francesca y su marido suben al coche y avanzan entre el tráfico, hasta que un semáforo en rojo les obliga a parar detrás de la camioneta de Kincaid.

El semáforo tarda una eternidad en cambiar, mientras Francesca duda antes de tomar la decisión de quedarse y no decir nada. Largo primer plano de la parte posterior de la camioneta, con publicidad indirecta… Y cuando la camioneta de Kincaid tuerce hacia un lado y el marido de Francesca gira hacia el otro, el público también está empapado en lágrimas.

Desde que “Sin perdón” (Unforgiven, 1992) lo consagrara como director de cine, Clint Eastwood nos ha regalado varias joyas: “Los puentes de Madison (The Bridges of Madison County, 1995), “Mystic River” (2003), “Million dollar baby” (2004), “Gran Torino” (2008)… Y en este libro biográfico, entretenido y documentado, descubrimos muchas de las claves de por qué rodó todas estas películas.

Sergio Barce, marzo de 2011

 

 

 

 

CLINT EASTWOOD. Biografía (Clint: The life and legend) (2009) de Patrick McGilligan, ha sido editada por Lumen.

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