Archivos Mensuales: marzo 2011

MARIA SOLEDAD CAZORLA PRIETO, jurista larachense

Dª Mª Soledad Cazorla Prieto

De nuevo la familia Cazorla. Si Luis María Cazorla ha llenado ya varios de mis artículos (y habrá alguno más) dedicados a los creadores larachenses, y en su caso en la doble vertiente de jurista y de escritor, hoy he de hacerlo con su hermana, María Soledad Cazorla Prieto, a quien, desde hace tiempo, sigo y admiro en su difícil puesto de Fiscal de Sala del Tribunal Supremo de Violencia sobre la mujer.

También Mª Soledad Cazorla nació en Larache. En 1980 ingresó en la carrera Fiscal, siendo sus primeros destinos las Fiscalías de Gerona, Valladolid y Madrid. Pasó a la Fiscalía General del Estado en 1990, ocupando diferentes destinos en la Inspección Fiscal, Secretaria Técnica y diez años de Fiscal del Tribunal Supremo en la Sala de lo Penal.

En 2005 fue ascendida a la categoría de Fiscal de Sala dedicándose de forma  exclusiva a la Violencia sobre la Mujer; por Real Decreto 872/2005, de 15 de Julio, fue nombrada Fiscal de Sala Delegada de Violencia sobre la Mujer, siendo renovada en el cargo por Real Decreto 1369/2010 de 29 de octubre.

Ha recibido varios reconocimientos, entre otros, en Noviembre del año 2008 recibe un reconocimiento a su labor en la lucha contra la Violencia de Género otorgado por el Ministerio de Igualdad. Ha participado en numerosos encuentros internacionales (Francia, Reino Unido, Marruecos, República Dominicana, Bolivia, Ecuador, China o Níger) y nacionales de Juristas, colaborando  en publicaciones y artículos en torno a diferentes materias relacionadas con el Derecho Penal.

Recuerdo varias entrevistas realmente interesantes en las que Mª Soledad Cazorla ha expuesto con firmeza y claridad de ideas sus convicciones y sus principios, como una que le realizó Iñaki Gabilondo. El pasado domingo, 13 de marzo, el diario El País, publicó una nueva entrevista, y creo que en ella muestra su sencillez, su simpatía y tanto su profesionalidad como integridad intelectual, y supongo que transcribirlo más abajo es un buen colofón para este artículo dedicado a una larachense que merece la pena ser conocida y reconocida por todos, especialmente por sus paisanos de Larache.

Sergio Barce, marzo de 2011



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MOHAMED CHUKRI y FERNANDO DE ÁGREDA

Fernando de Ágreda

Mi amigo Fernando de Ágreda tuvo la paciencia y el detalle de enviarme hace ya unas semanas la postal que Mohamed Chukri le envió en 1986 para felicitarle por el año nuevo. Es sencilla, pero entrañable, y con el permiso de Fernando la he escaneado para que podamos disfrutarla todos, y para ver la letra de Chukri, su caligrafía, como si fuesen las huellas de una leyenda que hubiesen quedado grabadas en la memoria de su amigo.

Junto a esta postal, y las palabras del escritor Mohamed Chukri, trascribo un fragmento de un escrito de Fernando de Ágreda en el que cuenta uno de sus encuentros con Chukri.

Poner estas palabras que se dedican ambos amigos, es emocionante y reconfortante. De alguna manera, compenso a Fernando por mi tardanza en hacerlo, no p’or desidia sino porque tengo tanto material que me van enviando los amigos que a veces temo no cumplir con todos y no sé a cuál darle prioridad. Seguro que me perdona por ello, porque cuando vuelva a ver esta postal y estas palabras seguramente volverá a invadirle la nostalgia por el amigo que ya no está.

Sergio Barce, marzo 2011

Mohamed Chukri

Fragmento de “MOHAMED CHUKRI en Lavapiés”, por Fernando de Ágreda

Entro en el Metro, en la estación de Moncloa y, en poco tiempo, alcanzo la de Lavapiés directamente. Salgo a la calle, en plena plaza, cerca del Centro de Teatro y enfilo la calle Argumosa. Voy caminando viendo con asombro cómo ha cambiado esta zona de Madrid; personas mayores, emigrantes que van a sus quehaceres, tiendas nuevas y antiguas, locutorios… Parece un escenario en el que se mueve y se mezcla lo antiguo con lo moderno sin un orden establecido.

Hay bares y terrazas, obras en la calle, como si quisieran transformarla, ensanchando la horma de las aceras y los edificios. A poco de iniciar el recorrido mis ojos se fijan en un rostro conocido, allí, sentado plácidamente en una terraza, ante un vaso de cerveza está Mohamed Chukri, con su inseparable cigarrillo mirando distraídamente a la gente.

Me acerco y surge el gesto de sorpresa: me extiende su mano y yo me inclino, como si quisiera abrazarle. Me viene a la memoria nuestro primer encuentro en el Café Raccasa, en pleno Zoco Chico tangerino, donde Chukri se instalaba y escribía, como si aquel escenario fuera tan acogedor como la propia casa. Entonces tenía otra dirección: el “Collage Ibn Batouta” B.P. 136, en la misma y única ciudad (“sólo como un preso en la gran celda que es Tánger, desde 1981”), en cuya biblioteca trabajaba o enseñaba.

La primera sensación me la ofrece su acento tan especial, su fácil expresión en la misma lengua en la que nos comunicamos. Se nota que aprecia esa forma de pronunciar las palabras y hablar con la gente, es un idioma que él ha querido incorporar a su vida y a su escritura. Parece que nos conociéramos desde hace mucho tiempo.

Me imagino que el mundo se ha detenido: todo se centra en nuestro encuentro. Somos dos seres entre los que se transmite una corriente de amistad que envuelve cada gesto, cada palabra, cada silencio. La presencia de Chukri en este barrio de Lavapiés no resulta extraño, quizá sólo para él, que sólo amó una misma ciudad: Tánger, donde vivió desde 1951, y más que eso: el teatro de la vida en esa ciudad que hizo suya para siempre.

Por eso quisiera imaginar la presencia de Chukri entre nosotros, esta misma tarde. No sería difícil que él pudiera amar esta ciudad: Madrid, y este barrio que hoy nos parece más próximo a esa cultura, a esas maneras que nos traen su recuerdo.

Siempre añoraré las breves visitas en las que nos reunimos. Sólo me queda la imagen quieta de un hombre admirable, digno, muy digno, un amigo irrepetible: “Yo estoy comprometido socialmente. Me inclino a defender a las clases marginadas, olvidadas y aplastadas. No soy Espartaco, pero creo que todas las personas tienen una dignidad que tiene que ser respetada. Aunque no hayan tenido oportunidades en la vida”, como reconoció el mismo Chukri en la entrevista que mantuvo con Javier Valenzuela, publicada en “Babelia”.

¡Leamos a Chukri! Algún día me gustaría publicar las cartas que me envió Chukri en su castizo español que dominaba con soltura. Será la imagen de un escritor que todavía no era “famoso” en el mundo literario.  Ahora, por ejemplo, encuentro su felicitación de Año Nuevo, en una bonita postal y dice:

Tánger, 16 de enero de 1986

Querido Fernando:   Feliz año nuevo, aunque es un poco tarde. He pasado una larga temporada en Casablanca para publicar, durante tres meses, tres libros: “Al-jayma”, colección de relatos, censurada, después de ser bien vendida, “Maynun al-ward”, relatos, segunda edición después de la primera edición libanesa, y “Al-suq al-dájili” en los próximos días, porque tengo que corregir algunas faltas. Te doy las buenas gracias por tu buena amistad y amabilidad y por el artículo sobre Jean Genet.

Hasta pronto. Tu amigo que siempre te aprecia,

Mohamed Chukri

Fernando de Ágreda, arabista, ha trabajado para la Dirección General de Relaciones Culturales y Científicas, de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), y se ocupó de la redacción de la Revista «Awraq«, de Estudios sobre el Mundo Árabe e Islámico contemporáneo. También ha sido profesor en la Facultad de Filología, departamento de estudios árabes, en la Universidad Complutense de Madrid y ha publicado varios artículos sobre la literatura marroquí contemporánea y sobre los hispanistas del mundo árabe en revistas dedicadas a estos temas.

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Otros libros, otros autores: JUEGO DE CARTAS de MAX AUB

En las pasadas Navidades, me regalaron la novela “Juego de cartas” de Max Aub. Es una obra que se publicó en México en 1964 y, desde entonces, no se había reeditado. Pero “Cuadernos del Vigía” lo hizo hace pocos meses, y desde que había leído un artículo en la revista de letras “Los papeles mojados” sobre este curioso libro, anhelaba adquirirlo, así que recibí el regalo con alegría.

El libro lo forman 108 naipes, es decir, es una baraja de cartas (en barajas española y francesa), y en el anverso de cada uno de los naipes hay un dibujo de Jusep Torres Campaláns, y en el reverso el texto escrito por Max Aub.

Hay dos grandes curiosidades en esta obra única y socarrona: la primera es que Campaláns, el pintor, jamás existió, era una invención del propio Max Aub (como se relata más abajo, lo que dio lugar a situaciones realmente cómicas) y la segunda son las instrucciones que se indican en la caja que contiene estos 108 naipes invitando a jugar y a leer, y que termina diciendo: “Es juego de entretenimiento, las apuestas no son de rigor. Permite, además, toda clase de solitarios. Gana el que adivine quién fue Máximo Ballesteros.

Max Aub

Como digo, la curiosidad por este singular libro me la despertó un artículo escrito en “Los papeles mojados” así que le pedí a Manolo Yruela, que la dirige, que me remitiera, si eso era posible, el artículo del que es autor José Sánchez Pedrosa. No ha tardado en hacerlo, y creo que os va a resultar tan divertido y fascinante como me lo pareció a mí (aún me lo sigue pareciendo).

MAX AUB:   JUEGO DE CARTAS Por José Sánchez Pedrosa

Que la literatura es algo serio es un convencimiento que va desapareciendo con la edad. En el caso de Max Aub, este aserto es comprobable simplemente echando un ojo a su bibliografía. El autor que mejor ha novelado la guerra civil, que teatralizó o relató el drama de los refugiados republicanos en los campos de concentración franceses, de los judíos, de la muerte del Che, de la dictadura de Franco y de treinta años de exilio, publicó en 1958, a los 55 años de edad, la ficticia biografía de <Jusep Torres Campaláns>. El propio Max Aub pintó los cuadros de este vanguardista amigo de Picasso, retirado del mundo después de haber contribuido a la invención del cubismo. Simultáneamente a  la presentación del libro, se expusieron los cuadros de Torres Campaláns en una exposición que tuvo una gran repercusión. ¡Cuánto tuvo que reírse Max Aub cuando algunos encumbrados críticos afirmaron haber conocido al pintor en París!

Divertido por el éxito de su patraña, y seguramente cansado ya de ser  notario literario de una de las épocas más convulsas de la historia del mundo, Max Aub inaugura con ésta una serie de obras que, humorísticas o serias, se pueden calificar de bromas literarias. Desde entonces, y hasta después de su muerte, va a publicar la <Antología traducida> (1963), <Juego de cartas> (1964), <Imposible Sinaí> (1982) y desde 1961 a 1968, <El Correo de Euclides. Periódico conservador>, la gaceta satírica que editaba todos los 31 de diciembre para felicitar el año a sus amigos. <La Antología> e <Imposible Sinaí> son dos brillantes ejemplos del gusto de Max Aub por los heterónimos y por los personajes ficticios que, por obra de la literatura, como Torres Campaláns, cobran vida independiente de su autor.

<Juego de cartas> es un paso más atrevido en la literatura lúdica de Max Aub. La publicó en Méjico, en 1964, Alejandro Finisterre, el editor gallego que, además de inventar el futbolín, dio a la imprenta buena parte de la producción literaria del exilio español en México. El libro tenía un formato sorprendente: un estuche de cartas, cuyo dibujo correspondía a Jusep Torres Campaláns y cuyo autor era Max Aub. Abriendo la caja y extrayendo la baraja, el sorprendido lector, que ni siquiera tendría claro si el tal Campaláns era, o no, una mixtificación, se encontraba con 108 cartas, 54 rojas y 54 negras, con las que no sabría bien qué hacer: si sentarse en el sillón a leer la novela que había comprado; o si llamar a sus vecinos para, alrededor de la mesa camilla, echar unas manos a la  canasta.

Y es que de ambas cosas participa el artefacto. La ambigüedad es el basamento sobre el que Max Aub construye la obra. La dilogía aparece ya en el título. <Juego de cartas> vale tanto como “juego de naipes” que como “conjunto de epístolas”. Lo novelesco pertenece a la segunda interpretación y lo lúdico a la primera. En su anverso, las cartas venían sobreimpresas con un texto; y el reverso, presentaban los curiosos dibujos de Torres Campaláns. Ninguna de ellas aparecía numerada, de modo que después de barajar por primera vez, la posibilidad de una lectura tradicional se esfumaba. De modo que había que jugar y para eso estaban las reglas del juego impresas en la parte de atrás del estuche: “Se baraja, corta, reparte una carta a cada persona que toma parte en el juego. La primera, a la derecha del que dio, lee su texto, luego, el siguiente, hasta el último. Después, el primero saca una carta del monte formado por las que quedaron, la lee, y así los demás sucesivamente hasta acabar con los naipes. Puede variarse el juego dando, desde el principio, dos o tres cartas, a gusto de los jugadores, con la seguridad de que el resultado será siempre diferente. Es juego de entretenimiento; las apuestas no son de rigor. Permite, además, toda clase de solitarios. Gana el que adivine quién fue Máximo Ballesteros”.

Todas las cartas se refieren a Máximo Ballesteros, el protagonista recién fallecido, y cada una de ellas va firmada por otro personaje. Max Aub, el autor, es aquí un mero compilador, que sólo se deja ver en un par de ocasiones en que la firma de la carta es “ilegible”. El resto son amigos, amantes, familiares, compañeros de trabajo, médicos, confesores de la mujer y la mujer misma, que se cruzan cartas entre sí a propósito de la muerte de Máximo Ballesteros. Casi todos ellos tienen una opinión sobre el difunto y el juego estriba en que ésta no coincide. Ignacio Soldevila Durante apunta la idea de que, a partir de las coincidencias fonéticas del  nombre, mucho del personaje coincida con su creador. Es muy posible y seguramente se trate de una ambigüedad deliberada. El juego es eterno, la posibilidad combinatoria de las cartas siempre dará perfiles nuevos a este Máximo Ballesteros, cuya personalidad se trata de descubrir.

Según Soldevila Durante, el libro se convierte en una obra que pone en cuestión el concepto de autoría, dado que es el receptor quien construye el personaje y no el novelista. Según él, el hecho obedece a que “el principio de autoría se ve replanteado en un mundo cada vez más socializado, en el que los valores individuales, por la fuerza de las cosas, van perdiendo puestos en la escala estimativa, a favor de los valores colectivos”.

Max Aub era socialista, pero uno cree que su socialismo no llegaba a tanto. Más bien, lo que se pone en juego (perdón por lo oportuno de la expresión) es un problema más caro a la posmodernidad: no se trata de una socialización de la autoría, sino una elucubración sobre la identidad. Como en las cartas que cada uno va cogiendo del montón, la identidad personal es fragmentaria, proteica, variable y, a fin de cuentas, inexistente. Lo que desaparece no es el autor, que firma esta vez con todas sus letras, sino el personaje, el individuo. <Juego de cartas> es, en este sentido, un experimento que da al libro un alcance filosófico que va bastante más allá del mero juego vanguardista.

Decíamos antes que la ambigüedad era el principio constructor del libro. Sólo hay que darle la vuelta a las cartas: todas ellas tienen un valor doble. La jota, por ejemplo, lo es de oros-rombos; y el seis, de picas-oros. Dicho de manera menos metafórica: no hay valores seguros. Porque ¿quién es Máximo Ballesteros? Sólo hay coincidencia en que era un funcionario conservador y mujeriego, casado con una mujer tradicional con la que no se lleva. El ser funcionario y de derechas es algo comprobable, objetivo. Lo de ser mujeriego, lo certifica el jugador-lector contando las amantes que firman cartas (a uno, sin querer perder demasiado el tiempo contándolas, le han salido más de 25). Podemos, entonces, asegurar que Máximo era, como dice un personaje, “un hombre abierto en busca de todas las aberturas”.

Max Aub

El resto de sus cualidades, sin embargo, dependen de las cartas que le toquen a uno. Máximo Ballesteros puede ser un cobarde, un egoísta, un vitalista, educado, inaguantable, valiente, honrado, reconcentrado, inseguro, desgraciado, hijo de la tal por cual, soberbio, taciturno y encantador, exquisito, correcto con los subordinados, etc, etc. Y todos tienen razón. La identidad se construye con el reflejo que de nosotros proporciona el espejo de los que nos rodean. Ese parece ser el verdadero objetivo del juego: tomar conciencia de quienes somos; o, mejor dicho, de quiénes no somos. No hay un yo, nos viene a decir Max Aub; sino una multiplicidad de yoes. Y esto no es un juego. Hay ocho cartas que se ocupan de recordárnoslo. Generalmente las cartas son descriptivas o declarativas o narrativas, pero hay ocho que ni describen a Máximo, ni retratan al remitente ni narran ninguna anécdota. Max Aub dispuso cartas suficientes para que, por combinatoria, saliesen prácticamente en todas las partidas. Son cartas que inciden en la imposibilidad de describir a nadie. “Los hombres son un puzzle”, dice una. “¿Un cadáver es un algo tangible, que existe, pero un vivo qué es?”, se pregunta otra. “Imposible saber” y, más claro imposible: “eres lo que se figuren que eres, con mayor o menor conocimiento de causa”.

Y en este enseñar deleitando que nos propone Max Aub, la dimensión filosófica se da al lado de la novelesca. Si novela, como decía Cela, es todo escrito que lleve la palabra novela debajo, <Juego de cartas> también podría serlo. Y de las realistas. Describiendo a Máximo Ballesteros, los remitentes descubren sus vidas, sus caracteres, las relaciones que mantienen entre ellos, creando una sociedad tan compleja, mentirosa, hipócrita y apasionante como las de <La Calle de Valverde> o <Las buenas intenciones>. Al intercambiarse cartas, los personajes dialogan, se mienten, se descubren cosas de su pasado y el lector-jugador, con ellos. El estilo de Max Aub es acendrado, compacto, eficacísimo para crear esa malla que se va tejiendo conforme avanzan las partidas. El entretenimiento está asegurado porque, además, hay también intriga, como en las novelas tradicionales. Según la carta que destapemos, la trama va a tener un giro inesperado. Máximo, según algunos, se ha suicidado. Según otros, lo mató su mujer. ¿Mujeriego? ¿Pero no era homosexual de jovencito? Si te toca el 2 de espadas-tréboles rojo, descubres que tuvo una hija subnormal producto de uno de sus adulterios. También puede ser un delator. Una vida entera da para mucho. Por otra parte, a veces, los momentos de humor negro recuerdan a los mejores de <Crímenes ejemplares>. ¿Qué más quieren que les diga?  Abandonen la literatura. Pierdan el tiempo. Jueguen a las cartas.”

En cuanto a la revista de letras “Los papeles mojados” me permito reproducir más abajo lo que Manolo Yruela me ha enviado para que sea presentada a quienes no la conozcan (y que os recomiendo).

Sergio Barce, marzo de 2011

 

POINT DE LUNETTES – c/ Correduría 27, accesorio – 41002 SEVILLA

Tfno: 954903832 / 620405110 / 660769998

e-mail: info@pointdelunettes.com / web: www.pointdelunettes.com

Proyecto de edición de la revista de letras Los papeles mojados de Rioseco

CONTENIDO Y OBJETIVOS

Los papeles mojados de Ríoseco es un proyecto cultural que tiene el formato de revista impresa y que ya tuvo una primera etapa en la que se editaron siete números (el primero en 1999, el último en 2005). Ahora se trata de refundar el proyecto para iniciar una segunda etapa.

Se trata de una revista de literatura vinculada a la editorial Point de Lunettes. Su ISSN es 1576-4230

La Editorial Point de Lunettes nació en 2002 y lleva publicados hasta el momento 24 libros.

Publica libros de literatura y pensamiento (con incursiones en el libro de arte) y su ámbito de distribución es Nacional (España) e internacional (Hispanoamérica). La editorial nació en las provincias de Sevilla y Huelva, que es donde se ubican sus componentes.

En cuanto al contenido, la revista Los papeles mojados de Ríoseco tendrá las siguientes secciones: Sigue leyendo

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áL. El dialecto árabe de LARACHE

Sigo pensando que la ciudad que me vio crecer es única y especial. Tan excepcional que incluso allí se habla un dialecto árabe propio (sin mencionar el haketía que utilizaban en su momento los hebreos que vivían tanto en Larache como en Tánger, o de los giros lingüísticos que se utilizaban por los españoles y que tomaban prestadas palabras tanto hebreas como árabes), todo ello fruto de la mixtura, de la convivencia, de la estrecha relación que se estableció entre todos.

Respecto al dialecto árabe de Larache, denominado dialecto áL. éste ha dado lugar a varios estudios lingüísticos, entre los que se encuentra el libro de Francisco Moscoso García, titulado “Estudio Lingüístico del Dialecto Árabe de Larache (Marruecos)” (Universidad de Cádiz, 2003).

Aunque es un libro destinado a quienes atraen este tipo de materia, no deja de ser curioso y fascinante comprobar el interés que este dialecto ha ido despertando a lo largo de los años.

En la introducción al libro, dice Francisco Moscoso:

Jean Cantineau decía en 1955 que hasta el momento se habían publicado muchos textos en dialecto y pocos estudios gramaticales y glosarios. Es el caso del libro publicado en 1913 por Maximiliano Alarcón y Santón <Textos árabes en dialecto vulgar de Larache>. Estos textos fueron recogidos por el autor en Larache, entre el 27 de julio y el 13 de octubre de 1910…

(…) El autor antes citado dice que los dialectos beduinos en Marruecos, además de otras zonas, se extienden a lo largo de la llanura atlántica, desde Arcila hasta Mogador. Así pues, el árabe de Larache, ciudad costera situada a unos treinta kilómetros al sur de Arcila, pasaría a formar parte de este grupo. Sin embargo, esta información no es totalmente exacta, Simón Lévy ha puesto de manifiesto que la división de los dialectos magrebíes antes descrita es más <génétique que chronologique> ya que los dialectos <prehilalíes> han continuado extendiéndose incluso después de los siglos XI y XII, especialmente en el Norte de Marruecos. (…) Los españoles ocuparon Larache entre 1610 y 1689. Después de este período, esta ciudad fue repoblada por gentes venidas del Rif y de la región de Yebala, igual que ocurrió con Tánger y Arcila. Además hay que tener en cuenta la influencia que ejerció el dialecto árabe de Fez (musulmán y judío) ya que Larache era un puerto comercial muy importante, y muchos comerciantes de aquella ciudad tenían intereses en ella. El análisis de los textos en áL. nos confirma este dato ya que el dialecto al que pertenecen es de tipo <prehilali> con influencia de los de montaña (Yebala) y con algunos rasgos que pertenecen a los dialectos beduinos.

Volviendo al libro de Alarcón, los textos que aparecen en la obra, un total de once, se refieren a costumbres y a cuentos populares de Larache. Los once relatos se encuentran escritos en grafía árabe y en transcripción. Al final del libro se recoge la traducción de éstos y un pequeño vocabulario bastante escueto…”

El libro de Francisco Moscoso parte pues de este libro de Alarcón para hacer un detallado estudio del dialecto árabe de Larache, el  áL., tanto de los aspectos fonéticos y fonológicos, como de su morfología verbal, nominal, sintaxis y vocabulario, añadiendo notas y conclusiones de su estudio.

Ya digo que es un libro para estudiosos de la lingüística y de los dialectos árabes de Marruecos, aunque despierta la curiosidad por descubrir algo propio y original, algo de la idiosincrasia larachense.

Sergio Barce, marzo 2011

Francisco Moscoso es doctor en Filología árabe por la Universidad de Cádiz. Actualmente es profesor titular en el departamento de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid.

Algunos de sus libros son “El dialecto árabe de Chapen. Estudio lingüístico y textos” (2004), “Curso de árabe marroquí” (2006) o “Cuentos en dialecto árabe del Norte de Marruecos” (2007), entre otros.

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Diálogos de películas 2

«Fuego en el cuerpo» (Body Heat, 1981) dirigida por Lawrence Kasdan.

William Hurt:   No deberías llevar esa ropa.
Kathleen Turner:  ¿Por qué? Solo es una blusa y una falda.
William Hurt:  Entonces no deberías llevar ese cuerpo.

fuego-en-el-cuerpo

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El padrino III” (The Godfather III, 1990) de Francis Ford Coppola

Al Pacino: ¿De qué sirve confesarme, si no me arrepiento?

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«American Beauty» (American Beauty, 1999). Dirigida por Sam Mendes.

Kevin Spacey:   Aquí me tienen. Cascándomela en la ducha. Para mí el mejor momento del día. A partir de aquí, todo va a peor.

AMERICAN BEAUTY

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«El profesor chiflado» (The Nutty Proffesor, 1963), dirigida por Jerry Lewis.

Jerry Lewis:   Cuando uno es genial y lo sabe, como es mi caso, no hay que andarse con rodeos, nena. ¿A que estás loca por mí?
Stella Stevens:  Siempre he dicho que amarse a sí mismo es el comienzo de un amor que dura toda la vida. Estoy segura de que serás muy feliz contigo mismo.

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