Archivos Mensuales: diciembre 2010

FELIZ AÑO 2011

Al final de cada año, se suelen hacer balances sobre muchas de las cosas acaecidas. Uno de ellos consiste en comprobar qué personajes públicos o qué artistas nos han abandonado, razón por la que estas fechas, generalmente, se preñan de cierta nostalgia.

Y esta idea es la que me ha hecho felicitaros el nuevo año 2011, recordando la imagen de varios personajes que se han ido en 2010 pero que perdurarán en el recuerdo, especialmente porque son como parte de nuestras vidas, porque eran personas admirables por muchas razones. Esta elección es muy personal, pero creo que he elegido bien. Todos me han transmitido siempre una sensación de integridad, de bondad, de ternura y de independencia. Son un actor, un realizador de cine, un poeta cantautor y dos novelistas. Siendo quienes son, parece evidente que lo mejor se va inexorablemente.

MANUEL ALEXANDRE

«Lo que más me ha gustado a mí de siempre son las mujeres y los percebes» (Manuel Alexandre, actor)

MIGUEL DELIBES

«Para escribir un buen libro no considero imprescindible conocer París ni haber leído el Quijote. Cervantes cuando lo escribió, aún no lo había leído» (Miguel Delibes, escritor)

JOSE SARAMAGO

«El viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración… El objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje» (José Saramago, escritor)

JOSE ANTONIO LABORDETA

«…Nos veremos de nuevo
cuando la eternidad sea tan sólo
un paisaje cubierto de claveles
surgiendo de la tierra herida por la mano
suavísima de una adolescente»  (Jose Antonio Labordeta, poeta y cantautor)

«Uno escribe con lo que es, los libros que ha leído, la música que ha escuchado, los cuadros que ha disfrutado, las caricias que ha recibido» (Luis García Berlanga, director de cine)

LUIS GARCÍA BERLANGA

«El dolor me jode, pero morirme me jode más» (Luis Garcia Berlanga)

FELIZ AÑO 2011 A TODOS

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«RISA EN LA OSCURIDAD» (Kamera obskura) (1932) de VLADIMIR NABOKOV

Extraordinaria novela, de una crueldad extrema. El tratamiento de Nabokov a la infidelidad matrimonial llega  a ser terrorífica.

“…aunque basta el espacio de una lápida para contener, encuadernada en musgo, la versión abreviada de la vida de un hombre, los detalles siempre se agradecen.”

El personaje protagonista, Albinus, es el retrato de un hombre deslumbrado por la juventud de una chica Sigue leyendo

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Fragmento de novela inédita (en busca de editor)

Os adelanto un pequeñísimo fragmento de la novela que estoy terminando de escribir, y que aún no tiene título (ni editor, como señalo en el encabezamiento):

Firmando ejemplares de ULTIMAS NOTICIAS DE LARACHE

«También adquirí una edición muy deteriorada de La tregua de Benedetti, en este caso probablemente porque las heridas evidentes de su encuadernación y de sus hojas amarillentas movieron a mi compasión. Toqué muchos libros, y escudriñé las palabras escritas a mano en sus interiores, los nombres de gentes desconocidas que habían sido sus dueños o de quienes habían sido mencionados en las dedicatorias, que es probablemente uno de los encantos de comprar libros de segunda mano. Sigue leyendo

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Manuel Balaguer, pintor larachense

 

Collagraph, monoprint 1 – Manuel Balaguer

 

Manuel Balaguer nació en Larache en 1945, y fue allí donde comenzó a pintar. Lo hacía al aire libre con el también pintor Mohamed Yebary. Su primera exposición fue en la Casa de España de Larache, en el año 1964, y luego lo hizo en el Casino Municipal de Tánger. Estudió Arquitectura Técnica en Madrid, y tras la carrera se estableció en la Costa del Sol, donde conoció al pintor Pedro Escalona que sería quien le impulsaría a estudiar Bellas Artes. Abandonó su trabajo de arquitecto para ampliar sus estudios artísticos en Valencia, y obtiene el título de Bellas Artes en la Universidad valenciana de San Carlos, especialidad de Grabado y Estampación. Sigue leyendo

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«ÉRASE UNA VEZ EN AMÉRICA» (Once upon a time in America) de SERGIO LEONE


Once

Érase una vez en América (Once upon a time in America, 1984) de Sergio Leone es probablemente una de esas películas que, cuando la ves, sabes que nunca la olvidarás. Recuerdo que la vi en una de las salas del AMÉRICA MULTICINES de Málaga, y que, a medida que avanzaba la trama, sus imágenes me iban subyugando lenta pero irrenunciablemente. Luego, cuando la sala se iluminó (sólo se había estrenado la primera parte, pues, dado su metraje, se proyectó dividida en dos) todos los espectadores nos removimos intranquilos. ¿Cómo íbamos a esperar hasta que se estrenara la segunda parte de lo que era, sin ninguna duda, una obra maestra?

Escena del atraco en

Escena del atraco en

Yo crecí con el cine de Sergio Leone. En los cines de Larache, lo descubrí convirtiendo a Clint Eastwood en el Hombre Sin Nombre, ese personaje enigmático y silencioso que deambuló por su trilogía inimitable: “Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari, 1964)”, “La muerte tenía un precio (Per qualche dollaro in più, 1965)” y “El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo, 1966)”. De una tacada, tres hallazgos: Leone, Eastwood y Ennio Morricone, autor de las bandas sonoras más imitadas y repetidas de la historia del cine.

Luego, Leone rodaría otra obra maestra: “Hasta que llegó su hora (Once upon a time in the West, 1968)”, con el mejor Henry Fonda y la más sensual Claudia Cardinale. Pero de esta cinta, hablaré más adelante.

Tras el paréntesis de “Agáchate, maldito (Giú la testa, 1971)”, Sergio Leone se embarcó en un proyecto que le llevó muchos años poner en pie, pero que mereció la pena. “Érase una vez en América (Once upon a time in America, 1984)”, otra vez con una de las más espléndidas bandas sonoras de Morricone, se convirtió en un hito, en un icono del cine de gángster, pero, por supuesto, era algo más.

Robert de Niro (Noodles) crea un personaje contradictorio y, por ello, fascinante, que nos atrae y nos repulsa. Era tal el perfeccionismo a la hora de elaborar su papel, que durante la escena que se desarrolla en el fumadero de opio y en la que De Niro ha de despertar de golpe, éste deseaba que se utilizaran sonidos inusuales para reaccionar de una manera creíble; el actor hizo que se repitiera tantas veces la toma para lograr el efecto que deseaba que, desesperado, un utillero preguntó: “¿Hay alguna escena en este film donde él tenga que gritar? Si la hay, me presento voluntario para ser el que le patee las pelotas”. Pese a la anécdota, hay que reconocer que su interpretación es genial. James Woods (Max), por su parte, crea otro tipo de gángster más directo, pero irónicamente retorcido e implacable, al que nada detiene.

James Woods es Max

Leone dibuja la América de sus sueños, la que conocía a través de las viejas películas de Bogart, Cagney y Muni, y en vez de utilizar a los emigrantes italianos, se decantó por los gángster judíos, menos conocidos, pero tan crueles y violentos como los de su país de origen. Reconstruyó calles de la época, hasta el más mínimo detalle, desde los adoquines hasta los carteles que anuncian las tiendas, todo para envolver al espectador, porque Leone era un perfeccionista que, incluso, buscaba las armas originales de aquellos años, la ropa, los zapatos, la prensa…

La primera parte, con los personajes aún de niños, nos regala escenas inolvidables (que en parte pertenecían a la infancia del propio Leone en el Trastevere, en Roma) como la del personaje de Patsy, que se come ansiosamente un pastel, una carlota rusa, tras sopesar que eso es mucho mejor que utilizarla como moneda de pago para tener una relación sexual con Peggy, una escena enternecedora y maravillosa.

Deborah (Jennifer Connely) bailando en el almacén, espiada por el joven Noodles

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Jennifer Connelly es Deborah niña

Luego, cómo el personaje de Noodles adolescente espía a Deborah por un agujero abierto en el cuarto de baño del café para verla bailar en el almacén al compás de “Amapola”. La propia muerte de Patsy, acribillado a balazos cuando sólo es aún un crío…

Robert de Niro a punto de abandonar la estación de tren…

El fumadero de opio, un decorado que se graba en la retina del espectador, en el que se refugia Noodles (De Niro) para olvidar y evadirse de su propia vida, fue construido en los estudios Cinecittá, en Roma, y las sombras chinescas que se proyectan en su interior fueron manejados por marionetistas indonesios y holandeses, mientras que el público que asiste a la representación está formado por chinos que residían en Roma. Es ahí donde se halla uno de los motores de la narración de la película, donde el personaje de Robert de Niro recuerda lo sucedido… La película se preña de una nostalgia que lo convierte en un film de gángster diferente. Cuando Noodles (De Niro) se marcha, cruzando la puerta de la estación del tren, y unos segundos más tarde regresa por la misma puerta ya envejecido con las notas de “Yesterday” de los Beatles es un ejemplo de ese aire melancólico y fatalista.

Noodles (De Niro), ya mayor y cansado, regresa…

Noodles necesita, además, ineludiblemente saldar viejas deudas, porque su vida acabó no sólo cuando es traicionado por Max sino también, y sobre todo, cuando, sobrepasado por la frustración que le causa el rechazo de la mujer que ha amado toda su vida (Deborah, ya interpretada por Elizabeth McGovern), reacciona violándola, en una escena igualmente imborrable y terriblemente sórdida, que no es sino la expresión más triste y descorazonadora de un hombre abatido y desesperado.

Elizabeth McGovern, como Deborah

Elizabeth McGovern, como Deborah

Pocas películas dejan en la memoria tantas escenas, pocas películas rozan la perfección, y “Érase una vez en América” lo hace.

Sergio Barce, diciembre 2010

SERGIO LEONE dirigiendo una escena de Érase una vez en América

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ERASE UNA VEZ EN AMERICA (Once upon a time in America)


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