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«NUBES DE LARACHE», UN VIDEO DE AKRAM BOUHSINA

Akram Bouhsina ya ha fotografiado en muchas ocasiones rincones su pueblo: Larache, y ha filmado otros vídeos, y por eso lo considero un artista a tener en cuenta. Ahora nos ha sorprendido a todos con este montaje que ha titulado Nubes de Larache, que ha preparado para la asociación Xenia, que preside Ange Ramírez con motivo del pasado encuentro en Madrid.

Y digo que nos ha sorprendido porque es de los más bellos que he tenido ocasión de ver. Con la excusa de fotografiar las «nubes» sobre el cielo de Larache, las imágenes y la música que ha unido tan hábilmente transforman los paisajes que nos son tan conocidos en algo diferente y excepcional. Hay una patina de nostalgia y de melancolía en cada una de ellas, los tonos apagados y a veces tristes se combinan con un ambiente de ensueño, los colores se hacen armoniosos y uno se siente relajado, emocionado y agradecido. Y esas gaviotas volando por sorpresa…

Este es el enlace para poder verlo. Recomiendo hacerlo sin prisas, sentado confortablemente, y con la intención de dejarse llevar hasta este Larache mágico creado por Akram. Precioso.

Sergio Barce, abril 2014

https://www.facebook.com/photo.php?v=790472027632687&l=5683883108737866191

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AKRAM BOUHSINA

AKRAM BOUHSINA

 

 

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ASÍ FUE EL ENCUENTRO LARACHENSE EN MADRID, CONTADO POR ANGE RAMÍREZ

Encuentro de larachenses en Madrid
29 de marzo 2014

El sábado amaneció en Madrid con un cielo plomizo y gris y amenazaba lluvia, mucha lluvia y frío… El día había llegado al final, y parecía que quisiera paralizarnos los ánimos de todos para no poder encontrarnos.

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María Sibari había llegado a Madrid el viernes a las cinco de la tarde, el encuentro en Madrid con ella me retrotrajo a un mes del año pasado donde también fui a esperar a Mohamed Sibari, su padre, para algo distinto, pero su risa, su alegría al verla, no pude más que emocionarme ya que ella es y era su niña bonita, su hija preciada…
Como el encuentro era para algo tan bonito como aunar lazos entre larachenses, olvidarnos por unos momentos de todas las situaciones complicadas y fundirnos en esos abrazos que tanto el ser humano está deseando recibir y dar… nuestros corazones se juntaron y dijimos: “ya estamos aquí juntas para celebrar el día de la hermandad de los larachenses… es decir, Un día de Larache en Madrid”.

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El mismo viernes empezaron a sonar casi de continuo, pero con una melodía dulce, el timbre del móvil: Jebari El Hachmi, con su hija Zahara, desde Larache; Mercedes Muñoz, desde Canarias; Abdelkader y Fatima desde Bruselas; Diego desde Canarias; José Manuel de Zaragoza; Carmen Allué desde Valladolid; Pablo Morón de Úbeda (Jaén), y así, poco a poco, llegó la hora de encontrarnos con todos los de Madrid…
Llovía mucho, y por un instante pensé que no vendrían muchos de los que habían dicho que asistirían… Pero me equivoqué. Todos estaban, todos.

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Así que después de encontrarnos en la hora, puntual, nos recibió Carmen, responsable del Dpto. Descubre el Islam, del Centro Cultural Islámico para guiarnos por todo el Centro y darnos las mejores explicaciones de los por qués y sobre las verdades científicas mencionadas en el Santo Corán, lo que el Islam dice sobre la mujer, cuáles son los pilares del Islam…
Pasamos por las distintas traducciones del sagrado Corán que estaban en expositores, y llegamos a la gran sala de Oración con la impresión de que entrábamos en una gran mezquita llena de tradición y oración.
Pasamos después a una sala donde íbamos a poder ver al final un pequeño video sobre Larache realizado por nuestro colaborador en Larache Akram Boushina, hijo del poeta Mustafá Boushina, que lo tituló NUBES DE LARACHE; y con la emoción contenida sobre lo que ello suponía, nos sentamos alrededor de un gran salón marroquí y allí, mientras preparaban su exposición, nos fuimos presentando uno a uno, de los que estábamos allí, siendo Diego, de Canarias, el dinamizador del grupo, que con una energía indescriptible nos fue preguntando de qué familia éramos y de dónde veníamos… Y así, de esta manera tan entrañable, nos fuimos enterando de nosotros, dónde vivíamos en Larache y qué y quiénes eran nuestros padres y dónde trabajaban… Los recuerdos se amontonaban tan a borbotones que a más de uno se le hizo un nudo en la garganta… Así fuimos desgranado todos los recuerdos de nuestro Larache, las 60 personas que estábamos reunidos.
Ya en el comedor del restaurante, por cierto con un cuidadoso esmero todo preparado al detalle, nos fuimos sentando en grupos y así podríamos tener la posibilidad de seguir hablando y recordando a cuantos ya no estaban con nosotros, pero que al estar nosotros allí, ellos eran los protagonistas más significativos.
De los que tuvimos el honor que vinieran a nuestro encuentro destacamos:
Mohamed Chakor y Amparo su señora, crítico, escritor y poeta en lengua española, periodista de la Radio Televisión Marroquí durante largo tiempo y de La 2 de TVE, ex jefe de la Oficina de la MAP (Agencia Maghreb Árabe) en Madrid, asiduo colaborador en diversos medios de comunicación del mundo árabe y occidental.
Mohamed Dahiri, doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Sevilla y Licenciado en Ciencias Humanas y Sociales por la Universidad de Marrakech y en Estudios Orientales por la Universidad de Granada. Tiene varios máster en resolución de conflictos, Diplomacia Civil y Derechos Humanos. Investigador y con muchas publicaciones en su haber.
Mohamed Chouirdi, colaborador de la Universidad de la UNED y traductor Licenciado en Filología Hispánica.
Rajae Laazouzi El Alami, de la Embajada del Reino de Marruecos.
Y ello junto a los larachenses afincados en Madrid, para no dejarme a ninguno sin nombrar, todos sabemos quiénes estábamos…
La comida espléndida, un bufet libre con ensaladas de todo tipo de nuestra tierra. Unos segundos platos a elegir entre cuscús, pastela, musaka, tajine de carne con ciruelas, dulces y té.
Quise hacer un mimo a todos y encargué unas tartas caseras hechas por una extraordinaria persona, Maite, con un detalle apenas insignificante pero muy detallista, y que con perspicacia Rajae, de la Embajada de Marruecos, se dio cuenta: los colores de la bandera marroquí. Así que, entre fresas, fresones y su exquisito sabor, nos fuimos tomando estos dulces y unos trocitos de la tarta…
Más tarde, como algo de recuerdo y siempre como un mimo especial para cada una de las damas, dimos una flor en forma de molinillo que simbolizaría el aire positivo de lo que reinaba en el salón y entre todos, y para que cada vez que se soplara o el aire los hiciera mover que se llevara las nostalgias y las malas vibraciones que hubieran…
Un día de Larache en Madrid… nada más.
Con el ánimo de que no quedara así este encuentro, nos comprometimos a hacer el siguiente en principios de otoño, y esta vez Paco Muñoz como fundador de estos encuentros sería el guía y motor para ponerlo en marcha, siempre con la ayuda de todos, pero así tendríamos continuación en seguir encontrándonos.
Gracias a Mohamed Kharchich, responsable de asuntos Islámicos, por habernos dado la oportunidad de poder conocer algo más la cultura y tradiciones que hemos vivido durante muchos años allá en nuestra tierra.
A Carmen Ortega por habernos hecho tan ameno este recorrido por este sitio tan emblemático y culto.
Y a todos vosotros por venir desde algunos rincones con los inconvenientes que cualquier traslado supone y a todos, todos los que NO vinieron y los que desde lejos estuvieron con nosotros, mi más grato agradecimiento porque nos hicimos felices mutuamente con recordar nuestros orígenes… LARACHE
Ange Ramírez
30.03.2014

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CASI UN AÑO SIN PABLO CANTOS

Pronto hará un año que mi amigo Pablo Cantos se marchara y nos dejara desnudos en medio de esta estepa en la que nos ha tocado vivir.

Pablo Cantos, junto al actor Mario Zorrilla, delante del cartel de su película

Pablo Cantos, junto al actor Mario Zorrilla, delante del cartel de su película

El pasado martes, en el Festival de Cine de Málaga, su casa natural, se le dedicó un merecido homenaje proyectando una vez más su cortometraje Gato por Goya (2009) y el largometraje Imaginario (2008) que, como los buenos vinos, gana con el tiempo. No sé si me fijé más ese día en los detalles de esta película, pero el caso es que me fascinó aún más que la primera vez que la vi en su estreno. Los diálogos, escritos también por Pablo, no solo me parecieron ahora buenos, sino magníficos, con frases que pocos escritores son capaces de hilvanar, y su forma de filmar y estructurar la película, inteligente y deslumbrante.
Estaba ahora buceando por internet, buscando la sombra de Pablo Cantos, y me he encontrado una breve entrevista que le filmaron en SurTV cuando presentaba el documental, maravilloso y original, Objeto encontrado (2012), dedicado a Antonio Pérez, que Pablo escribió y que su gran amigo César Martínez dirigió. Y cuando Pablo ha aparecido en la pantalla de mi ordenador, y se ha movido, y ha hablado, y yo lo he escuchado de nuevo, he tenido el breve y absurdo impulso de abrazarlo. Pero eso es algo que ya no puedo hacer.
Hay en la filmación un primerísimo plano de su mirada, dura apenas un segundo, pero ese pequeño instante me ha anudado el estómago. Parecía que lo tenía aquí al lado, y que iba a pasarme un brazo por encima del hombro para hacerme una de sus confidencias.

Este es el enlace para ver la entrevista:

http://www.diariosur.es/videos/malaga/actualidad/1386546910001-cineasta-guionista-pablo-cantos-habla-sobre-documental-objeto-encontrado-reivindica-figura-intelectual-antonio-perez.html

Solo han sido cuatro minutos de entrevista, pero aunque solo haya sido a través de la pantalla, Pablo estaba otra vez aquí. Y al mirar ahora por la ventana de la habitación en la que escribo, me he dado cuenta de que no llueve como ayer, de que brilla un sol espléndido, de que es un día alegre y vivo, y quizá sea porque Pablo ha vuelto para hacerme esta visita.

Sergio Barce, marzo 2014

 

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FOTO-POÉTICA: LA REHABILITACIÓN DEL BARRIO LARACHENSE DE JNANE AZTOUT

Merece la pena que visitéis el siguiente blog, donde se puede ver con tranquilidad el trabajo de rehabilitación del barrio larachense de Jnane Aztout.

http://parlachis.wordpress.com/

Precioso y aleccionador. Un soplo de aire fresco.

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ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN EN CÓRDOBA DE «EL LIBRO DE LAS PALABRAS ROBADAS» DE SERGIO BARCE

El pasado viernes se presentaba mi última novela El libro de las palabras robadas en Córdoba, en el Conservatorio Profesional Músico Ziryab.

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Su director, Ernesto Blanco, y su equipo habían preparado todo con tanto esmero que me sentí inmediatamente arropado. En la sala donde iba a tener lugar el acto, el Aula de Coro, habían colgado, en cuadros perfectamente montados, todas las portadas de mis libros, y, además, las de las publicaciones en las que he participado con relatos o colaboraciones de algún tipo. Además de eso, Ernesto se había cuidado muy mucho de poner unas pinceladas de color a nuestro alrededor, decorando el entorno con motivos marroquíes. E incluso nos sirvió té verde con yerbabuena con la típica tetera plateada en los tradicionales vasos.
El acto arrancó con la actuación musical de las cantantes Lourdes Torrenteras y Esperanza Delgado, acompañadas de Jaime Bedmar al piano, y el primer tema que sonó en la sala fue Somewhere over the rainbow.

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Confieso que se me hizo un nudo en la garganta. Los otros temas musicales fueron igualmente emocionantes, y eso creó ya un ambiente diferente y único.
Ernesto Blanco explicó que mi libro abría una nueva experiencia en el conservatorio que han titulado Letras a contratempo, en la que pretenden aunar música y literatura. El arranque del acto no pudo ser mejor, y adelanto que el resto de la velada fue igualmente intenso.

Sergio Barce y Antonio Varo

Sergio Barce y Antonio Varo

Ernesto cedió la palabra a Antonio Varo, Presidente del Ateneo de Córdoba, que nos habló sobre la “inutilidad” de la cultura y cómo en tiempos de crisis es cuando la cultura se hace más imprescindible que nunca. Como responsable del Ateneo cordobés, su presencia tenía una razón poderosa, y era la de apadrinar de alguna manera el proyecto Letras a contratempo ofreciendo su colaboración al conservatorio. Tuvo sin embargo la gentileza y el detalle hacia mi persona de haber leído mi novela en los días anteriores, y confesó a los asistentes lo mucho que le había gustado mi libro. Me pareció alguien muy humano y cercano.

Interviene Manuel Gahete

Interviene Manuel Gahete

A continuación, Manuel Gahete, catedrático de lengua y literatura, actual Presidente de la Asociación Colegial de Escritores de Andalucía, fue quien desgranó y descuartizó mi novela. He de decir que sus palabras me dejaron realmente impresionado, tanto por su calidad intelectual como humana. Demostró conocer mi obra en profundidad, y me regaló auténticos gestos de amistad que me he llevado conmigo. Sus últimas palabras fueron especialmente significativas para mí. Y como creo que merece la pena para quienes no pudieron estar allí leer lo que expuso, le he pedido a Manuel Gahete que me envíe su intervención, y generosamente me la ha hecho llegar esta tarde.
Estas fueron sus palabras.

Sergio Barce: El libro de las palabras robadas

Aunque el tema de El libro de las palabras robadas de nuestro invitado y amigo Sergio Barce parte de un argumento conocido, como es el plagio o la sospecha de plagio entre escritores, ofrece –frente a lo escrito y visto en las pantallas– nuevas y múltiples posibilidades. Se me viene a la cabeza, por su cercanía temporal, año 2012, la historia de Rory Jansen, El ladrón de palabras, donde se trata la historia de un escritor fracasado, bendecido por la fortuna de encontrar un manuscrito que no duda en publicar como suyo, obteniendo así un éxito espectacular que lo convierte en uno de los grandes escritores de su tiempo; y, más alejado, el filme del año 1999, titulado Nido de cuervos, donde Cuba Gooding Jr. interpreta al abogado Lawson Russell quien publica con su nombre una novela de misterio que, en realidad, ha sido escrita por un hombre que él creía ya muerto. Similitudes evidentes que demuestran la evidencia que todos conocemos: la historia se repite. No hay más que recordar al viejo Sócrates lamentándose: “Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros”. Y algo así ocurre en la literatura, por mera continuidad y hasta por inexcusable necesidad. A todos los hombres nos cubre la misma piel y nos nutre la misma sangre, aunque hayamos nacido bajo disímiles circunstancias. Siempre he pensado que la muerte –igualadora la nombran algunos de los más relevantes textos de la literatura medieval- no es tan injusta, aunque esto tampoco la libera de su condición malhadada –como afirmaba nuestro augusto antepasado Juan Ruiz, Arcipreste de Hita–; lo que es ciertamente injusto es el nacimiento que predispone a un determinado modo de existir o soportar la vida.
Esfuerzo de todos los creadores en todas las generaciones ha sido ver cumplido el ambicioso tópico de mostrar cosas nunca vistas, decir cosas nunca dichas u ofrecer cosas nunca escuchadas. Ya desde Horacio (Carmina nunquam audita), el escritor pretende generar expectativas sobre lo que desea exponer. Pero como proclamaba Goethe: “La originalidad no consiste en decir cosas nuevas, sino en decirlas como si nunca hubiesen sido dichas por otro”. Lo que debe cambiar es el modo de transmitir, ese difícil logro de la originalidad en la que se han empeñado tantos y tantos antes de nosotros. El estilo es el hombre, señalaba Boileau, y Arthur Adamov puntualizaba: “El problema, para un escritor, es no parecerse a ninguno de otros buenos escritores de su época o de la inmediata anterior”. Y finalmente Chateaubriand pone la guinda con su habitual ironía retórica: “El escritor original no es el que no imita a nadie; sino aquel a quien nadie puede imitar”. No es cuestión de insistir más en esta cuestión tan debatida que finalmente nos remite a la triste sentencia de Jung cuando afirmaba que “Todos nacemos originales y morimos copias de alguien o de algo”. Ciertamente les aseguro que leyendo a Sergio Barce solo reconozco a Sergio Barce con toda la riqueza cultural, expresiva y emocional que esto conlleva.
A pesar de que me aburre bastante la relación curricular de los méritos –que, por cierto, pueden encontrar profusamente en los link de internet–, no puedo dejar de decirles que este escritor español, afincado en Málaga, nació en Larache, ciudad con la que guarda una relación estrecha de complicidad y afectos. Abogado de profesión –la literatura no da para vivir, si acaso cuesta– ha escrito el libro de relatos Últimas noticias de Larache (2004) y tres novelas precedentes a la que presentamos: En el jardín de las Hésperides (2000), Sombras en sepia (2006: Premio de Novela Tres Culturas de Murcia) y Una sirena se ahogó en Larache (2011: Finalista del XVIII Premio de la Crítica de Andalucía). En todo lo escrito, Barce ha mantenido siempre un exacto equilibrio entre la materia y la forma de lo narrado, siendo uno de los pocos autores actuales que puedo leer con fruición desde principio al fin, cuando en la mayoría no llego a traspasar el límite medio de la virtud.

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En la novela de Sergio Barce se combinan muchos elementos, lo que me permite comentarles –como señalaba anteriormente– la fecunda capacidad de posibilidades que pueden extraerse de su lectura. La novela de misterio queda trenzada y sublimada por la tensión expresiva de la novela psicológica que se interna en el ánimo del protagonista –un escritor golpeado por la realidad y la fantasía en un conflicto de planos que se superponen–, permitiendo el encaje emocional que, de modo omnisciente, acuerda todos los vértices emocionales en un proceso de cosmovisión narrativa que trasciende el mero esclarecimiento de individuo para mostrarnos la tragedia de la condición humana: el hombre en su inmediatez y en su aislamiento.
El escritor/narrador, Elio Vázquez (¿Sergio Barce?) o Elicito Urrea Vázquez, fumador empedernido, nos muestra muchas de las claves de la novela valiéndose, como guía, de un curioso personaje, el viejo siquiatra Moses Shemtov, que nos lleva a vislumbrar, a modo de metaliteratura, de confesional trasunto, los diferentes vectores de la acción narrativa y sus confluencias:

Al principio de la novela llegué a pensar que era una más de esas tramas con el Santo Grial de por medio (…) Pero me equivocaba con tu libro. Utiliza los elementos típicos del best-seller para darle la vuelta, y eso me atrapó por su novedad (…) viene bien, ese toque ético, lo hace más humano y más digno (…) Y, por supuesto (…), me parece emocionante el hecho de que, al abrir el códice, a ellos, que son especialistas en poesía árabe, se les otorgue el privilegio de descubrir esos versos que desaparecieron en tiempos de Al Andalus, como una revelación divina
(..)

… versos que van surgiendo lentamente en sus páginas vacías, igual que la sangre cuando traspasa una gasa (p. 79).

Un abigarrado conjunto de personajes articula esta intrincada aventura salpimentada de acotaciones literarias (Borges, Cortázar) y cotidianas vivencias, el afilado estilo de la ética conjugándose con el ardor de la estética: Elio, Damián, Ágata, Moses, Kozer, Dalila, el Rubio, Francesca, Gilabert, Quintá, O’Neal, Vilches, Silvia, Sara, Marcos, el hijo redivivo sin vida en el maremágnum de los recuerdos: tan existentes o fantasmales como el propio Saverio Gris, agonista metaliterario: vértices de una novela que aspira alcanzar el interés del gran público, el ánimo de los más comprometidos y la voluntad de los más exigentes con el arte de la palabra.
Como nuestro autor hablará probablemente del argumento de su libro, no voy a destriparles su contenido y mucho menos su desenlace; pero sí advertirles de lo que pueden encontrar. Ya sea como leitmotiv o Macguffin –término acuñado por Alfred Hitchcock cuando se refiere al gozne que articula el suspense y obliga a los personajes a avanzar en la trama, aunque no tenga en ella mayor relevancia–, El libro de las palabras robadas entronca las líneas concurrentes de un argumento que resulta denso, complejo y hasta enigmático; revelándonos la existencia de un misterioso “códice en el que se pueden leer todos los poemas que desaparecieron por orden del sultán Abdelmumen pero quien tiene acceso a él no puede revelar el texto leído” (p. 194); avivando los más bajos instintos, los más oscuros temores; tendiendo puentes al realismo fantástico, plasmado en la perturbadora alucinación de Ágata, madre del protagonista, cada vez más palpable; y mostrándonos la fragilidad de esa adelgazada línea roja donde se confunden los sueños con los quebradizos vínculos que afectan a las relaciones humanas, pero insuflado siempre por ese toque poético que un buen lector aprecia en la tensión de toda obra literaria.
Tampoco voy a hablarles de esa relación vital y mental que existe entre España y Marruecos, singularmente Larache, en la obra y vida de Sergio Barce y la intensa acción que nuestro autor ejerce para que se reconozca el creciente valor de la literatura marroquí escrita en lengua española, pungente en los ámbitos más poderosos de transmisión de cultura; universidades y periódicos. Es tal afinidad que me une a todos estos hombres y mujeres que podría perder la brújula de lo que me corresponde, esta noche, trasladarles. Y porque lo bueno –y no afirmo que mi presentación lo sea– por breve será dos veces bueno, los dejo ahora con Sergio Barce, un autor que se supera cada día, cumpliendo así el triple deber o destino del buen escritor: tener algo más que ingenio –siguiendo al sarcástico Jean de la Bruyère–, ser ameno –según advertía el olvidado intelectual del XIX José Castro y Serrano– y dar testimonio del tiempo que le ha tocado vivir –como dejó escrito Camilo José Cela. Todo esto y más se verifica en quien hoy nos honra con su amistad y su presencia.
Ralph Waldo Emerson señalaba: “El talento solo no basta para hacer un escritor. Detrás del libro, debe haber un hombre”; juicio afín al pensamiento de Aristóteles que nos revelaba con su probada sabiduría: “Educar la mente sin educar el corazón no es educar en absoluto”. Esta es la tercera novela que leo de Sergio Barce y, engolfado en toda su ciencia literaria, proveedora de materia y espíritu, de símbolos y signos, de solaz y conocimiento, se halla siempre un hombre que nos conmueve y nos seduce, que nos provoca ese leve gesto de rebeldía frente a lo inhumano y no nos libra de una lágrima inflamada cayendo lentamente sobre las sombras del corazón.

Manuel Gahete
Córdoba, 21 de marzo de 2014

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