VIII EQUINOCCIO DE CREACIÓN
ENCUENTRO MULTICULTURAL DE ARTISTAS
21 Y 22 DE SEPTIEMBRE
M’ZORA
LARACHE, MARRUECOS
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“…Al cabo de unos días, el sultán de Marruecos envió dos emisarios a Argel, donde Patton había instalado su cuartel general, con un mensaje que decía: <Ruego a Alá que le bendiga en las próximas batallas>…”
“…El obispo Olmedo interrogaba a Martín sobre la norteamericana. Se interesaba por la periodista, tratando de encontrar el origen de esa curiosidad tan extraordinaria. También para él, las mujeres de esa clase representaban un misterio, le sorprendía, desde luego, la actitud de una mujer católica y joven que no parecía pensar en el matrimonio y en los hijos.
En general, no tenía una opinión muy formada sobre las mujeres. De la reciente guerra española le habían llegado noticias de mujeres que habían ocupado responsabilidades importantes en el Gobierno republicano. También de mujeres periodistas que informaban desde primera línea del frente y de otras que destacaban por la organización de la sociedad civil en ciudades como Barcelona o Madrid.
De ellas hablaban mal sus colegas que pasaban por Tánger. Algo diabólico había en esa actitud, le decían, algo que siempre acababa en la vulneración del sexto mandamiento. Todas aquellas mujeres estaban en el bando de la República. Pero él no era un obispo franquista, como muchos de sus compañeros de igual rango. Llevaba casi cuarenta años en el sacerdocio y una voz interior le sugería desconfiar de los vencedores, por mucho que hablasen de Dios y de la Iglesia.
Olmedo, pese a que trataba de eludirlo, no podía evitar cierto rechazo hacia el cónsul español, el coronel Ramírez de Arellano. No le gustaban sus ademanes hoscos y autoritarios. En las arengas ante la comunidad de españoles, en las que su presencia era obligada por su condición de obispo, hasta los más torpes podían entender dos mensajes opuestos. Mientras el cónsul hablaba de venganza, de ajustar cuentas con los derrotados, él respondía con palabras de perdón y reconciliación. Ramírez de Arellano proponía sin tapujos la delación de los contrarios al régimen del Generalísimo Franco y él, por el contrario, resaltaba que unos y otros eran hijos de Dios…”
“…Él quería ejercer de buen anfitrión. Descendieron hacia el Zoco Chico hasta darse de frente con la sinagoga y la calle de los joyeros, para después entrar en la zona de los hamman. Stanley se confesó adicto a los baños, que visitaba una vez a la semana.
Muchas de las callejuelas que encontraban a su paso supuraban humedad y serpenteaban como un mapa imposible. Quería mostrar a su invitada los burdeles más bajos de Tánger.
-Estamos en Ben Ider. Aquí los prostíbulos no son como Chez Madeleine, con alfombras iraníes y pasamanos recién abrillantados.
Algunas mujeres de edad madura se adivinaban a través de los ventanucos. Murmuraban y se quejaban de la pareja de paseantes curiosos.
-¿Ha estado dentro alguna vez? -preguntó ella.
-Eso es preguntar sin disimulo -repuso él, sorprendido.
-Así es.
-He estado dos veces, y solo por curiosidad, para conocer los burdeles pobres de Tánger. Se lo aseguro, son horribles. Las habitaciones son diminutas, poco más que una cama, sin ventilación, y desprenden un hedor insoportable. Las mujeres que trabajan aquí lo hacen por unas pocas pesetas y los clientes son los hombres humildes de la ciudad; campesinos, borrachos, gente que sale de la cárcel.
Stanley evitó explicarle que sus necesidades sexuales, siempre esporádicas, pues era un hombre austero hasta en sus deseos, las cubría en casa de Savelio…”