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EL COLOFÓN DE «LA EMPERATRIZ DE TÁNGER», NOVELA DE SERGIO BARCE

Ahora que se encuentra en proceso de maquetación mi novela El libro de las palabras robadas, en la que se ha embarcado Ediciones del Genal para una preciosa y cuidada reedición, me doy cuenta de lo importantes que son los pequeños detalles en un libro.

Y uno de esos pequeños detalles a los que me refiero es el colofón.

Revisando La emperatriz de Tánger, vuelvo a comprobar que, el que me escribiera en su momento Nuria Ogalla Camacho para esa novela, es realmente hermoso, e incluso diría que es un anzuelo irresistible para incitar a leerla.

El colofón de La emperatriz de Tánger dice así:

Este libro se terminó de imprimir en Málaga,

a los pies del mismo mar que besa las orillas de Tánger.

Publicado por Ediciones del Genal.

Al cuidado de esta edición Librerías Proteo y Prometeo

MMXV

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portada premio LA EMPERATRIZ DE TÁNGER

 

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LARACHE – RESTAURACIÓN DEL EDIFICIO DE LA IGLESIA DE SAN JOSÉ

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Angie Ramírez me hace llegar unas líneas para insertarlas en mi blog, una magnífica noticia que llega de Larache: se está restaurando la iglesia de San José.

Visto lo visto, como anda el mundo, es como escuchar una sinfonía en medio del desierto. Larache de nuevo es el ejemplo vivo de que las tres culturas pueden y deben seguir trabajando juntas. La Medina ha ganado, está ganando un espacio cultural para sus habitantes, y eso siempre es un milagro.

La Asociación Alkazabah (Alcazaba) merece todo el reconocimiento por su larga y dura batalla por levantar la Medina de Larache. 

Sergio Barce

(Las fotos están tomadas de Facebook, de la página de la Asociación Alkazabah, y demuestran que, en esta ocasión, el sueño se hace realidad)

Hace dos años que se inició el borrador de la restauración, de lo que hoy es ya un proyecto consolidado, de la Iglesia de San José, en Larache.

Recuerdo que asistí, como invitada, a una reunión en la Comandancia con algunas asociaciones locales y entre ellas la Asociación Alcazaba y la Asociación Larache en el Mundo y donde se iban primando los deseos de los habitantes de las zonas más “doloridas”, por su abandono, de nuestra Larache, y cómo hacer para devolver a los habitantes de la zona de la Medina su esplendor de antaño.

Como representantes también estaban personas de la Junta de Andalucía, arquitectos y personal de la Comunidad Europea, junto a representantes y asesores de la Baladiya.

Se presentaron cinco proyectos, y se tenía que elegir uno a subvencionar, entre los que se hallaban: el Castillo, el Zoco Chico, por supuesto la Iglesia de San José, y alguno más.

La iglesia tenía todas las de perder ya que ni el Consulado, ni el Arzobispado, ni la propia Baladiya, ni tan siquiera el Gobernador daban por ella ni un duro; es más, la consigna era derrumbar este edificio emblemático.

Pero aquí tengo que decir que nuestro querido El Hachmi Yebari prendió la primera llama al insistir en recuperar el edificio, y yo misma, en una intervención que tuve en aquellas reuniones preliminares, dije que el objetivo tenía que ser el recuperarlo para el barrio como centro cultural.

Al final, intervino la Asociación Alcazaba, y con su tesón y su fuerza para llevarlo a cabo, y con mucha documentación y mucho amor por conservar algo tan emblemático de nuestra Larache, el lugar donde desde hace más de un siglo se levantó la primera iglesia de Larache, en la que se bautizaron muchos de nuestros antepasados y se casaron otros, como mis bisabuelos o mis abuelos..

Esta Iglesia está enclavado en la Medina, e independientemente de la inseguridad que generaba su lamentable estado a los habitantes colindantes, fue centro de las tres culturas, y, como algo mágico, su recuperación formará parte de esta convivencia que siempre ha existido en nuestra Larache.

Todo nuestro agradecimiento a la insistencia y al amor por la historia que han demostrado personas como Chakor Filali Anjeri, presidente de la Asociación Alcazaba, junto a Amina el Horr y su esposo, Mohamed Mrabet, la propia Asociación Alcazaba, Larache en el Mundo y todos los que han apostado porque vuelva a resurgir este bellísimo edificio que tanto queremos. 

Angie Ramírez

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Chakib Flilah Anjrie y Mohamed Mrabet de la Asociación Alcazaba de Larache

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RICHARD FORD, ESCRITOR

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Mi admirado Richard Ford ha obtenido el Premio Princesa de Asturias de las Letras de este año. Aquí reproduzco su discurso íntegro al recibir el galardón.Un discurso sobre la tarea poética del escritor.

Majestades, queridos premiados, señoras y señores:

Pueden imaginarse ustedes el gran revuelo que nos causó a Kristina y a mí cuando una mañana del verano pasado recibimos un e-mail de Su Majestad, en el que se me informaba que, inexplicablemente, se me había concedido y se me iba a entregar hoy este premio magnífico. Siendo como soy norteamericano, digamos que tengo un contacto nada frecuente con… en fin, con monarca alguno. Y mucho menos con un rey y una reina de tan alta realeza como sus majestades. Pero estoy seguro de que podré acostumbrarme: soy escritor. Y no estoy tan ocupado. Tengo tiempo para estas cosas. Confío en que su majestad, el rey Felipe, y yo podamos seguir en contacto. Creo que el hecho de escribir a un rey, y de que ese rey escriba a un novelista (aun sin mediar este premio) seguramente sacará a la luz lo mejor de cada uno. Y no es que lo mejor de Su Majestad no se manifieste en todo momento.

Supongo que el hecho de estar aquí hoy, en este gran salón, en compañía de tantos notables, y de Sus Majestades, debería quizá infundirme un sentimiento de humildad. Pero se me hace difícil sentirme humilde en este estrado donde un día estuvo Woody Allen. Siento más bien un regocijo gozoso ante la maravilla de la vida, ante lo que nos puede acontecer en ella. Estoy seguro de que todos los que estamos hoy aquí sentimos lo mismo. Sin embargo, quienes somos escritores, percibimos siempre lo extraordinario que pueda haber en ese acontecer. Lo sabemos, pues lo encaramos cada día en cada página. Ortega y Gasset escribió, y para muchos de los presentes esto supondrá una observación icónica, que «la vida se nos da vacía». Para expresarlo con sencillez, existir se convierte en una tarea poética. Recibir la vida «vacía» no es sino otra forma de decir que todo puede suceder. Y la tarea poética del escritor consiste en hacer que, con la ayuda de la imaginación, sucedan más cosas, a fin de acrecentar el número de las que pueden concebirse, y, al hacerlo, realzar la riqueza y la densidad de las posibilidades humanas.

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Para mí, esa tarea «poética» convierte el oficio de escritor en una vocación gozosa, y optimista: los días como hoy (si es que alguna vez pudiera darse otro día como el de hoy) encarnan casi a la perfección ese carácter gozoso y optimista.

Los escritores son optimistas natos, si no siempre gozosos natos. A fin de cuentas, no competimos entre nosotros, o no deberíamos hacerlo. Cuando a alguno le sucede algo bueno, todos nos beneficiamos, pues vemos refrendada nuestra creencia de que pueden suceder cosas buenas. Un escritor de vocación da por supuesto asimismo un futuro en el que habrá lectores a los que les serán provechosos nuestros libros. También es privilegio de nuestra vocación crear para los demás algo bueno que antes no existía. Mi fallo como escritor, un fallo contra el que he luchado toda mi vida (tal vez a ustedes les pase lo mismo) está en que, aun siendo optimista, a veces, pierdo mi don para lo gozoso. Los asuntos graves me vuelven demasiado grave; en el mundo actual, el mundo que vemos a nuestro alrededor, hay excesiva gravedad, y ello no predispone demasiado a la alegría. Los norteamericanos lo vivimos cuando vemos que Donad Trump puede llegar a ser nuestro próximo presidente. Y les pasa lo mismo a los ciudadanos españoles cuando ven las desigualdades de renta y el abatimiento económico. Y les pasa también a los franceses, y a los griegos, y a los eritreos que huyen de África. Al parecer, la alegría mengua velozmente en el mundo, por lo que supongo que se hacen aún más necesarios los actos de la imaginación encaminados a inventarla.

El novelista norteamericano Henry James escribió una vez que no hay temas más humanos que los que reflejan, en la confusión vital, la relación entre la dicha y la carga, la relación entre las cosas que ayudan y las cosas que causan sufrimiento. Lo que James quería decir era que la vida está llena de infortunios, como la Biblia nos dice; pero que es posible aunar la desdicha con la felicidad e, incluso, con lo gozoso, mediante actos de imaginación. Como las dos caras de la máscara del teatro. No puedo generalizar y decirles a ustedes que la gran literatura sigue siempre una sola dirección, en un sentido o en otro. Pero sí puedo decir que, si estuviera en mi mano, querría ser un gran escritor; y que mi estrategia para lograrlo es siempre, si está a mi alcance, escribir historias que aúnen lo desdichado con lo jubiloso, y que, al hacerlo, se expanda nuestra conciencia de las posibilidades humanas, nuestra conciencia de que cualquier cosa es posible. Sería otra manera de entender a Ortega y su poética de la existencia. En suma: la literatura es libre, ¿no?

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En una sociedad libre como la mía y la de ustedes, nadie nos dice lo que debemos escribir. Nada depende del resultado de lo que escribimos salvo si lo que escribimos consigue éxito y es grande. ¿Por qué no tratamos, como hizo Cervantes, de imaginar más, por mucho que las fuerzas reduccionistas de la convención social nos digan que imaginemos menos?

Cuando veo la televisión y leo los periódicos en mi casa, en mi país, veo, por todas partes, que los intolerantes del mundo se afanan por dividir violentamente a los seres humanos. Para nosotros los escritores, sin embargo, la primera fuente de consuelo, la encarnación de nuestro optimismo está en «el otro», en lo mutuo. Lo único que me infunde esperanza es que, a veces, lo único que puede hacerlo son los actos cuyo objetivo es expandir la tolerancia, la aceptación del otro y la empatía, más allá de lo convencional, de lo meramente práctico y de lo mezquino. Los actos «poéticos» que, bien podría decir Ortega, son a un tiempo actos políticos.

Me considero un novelista político. Y no porque escriba acerca de políticos, de elecciones y de asuntos del gobierno y sus consecuencias (cosa que ya hago), sino porque, en mayor medida, todo lo que acabo de decir «es» la política. La política determina el destino de la humanidad al acrecentar nuestra capacidad de aceptar al prójimo, y de encontrar la empatía mutua y una causa común para todos. Si pudiera, rescataría lo que entendemos por política y restauraría el valor de esta palabra; me cercioraría de que evocara la necesidad de una respuesta imaginativa que nos hiciera recuperar la capacidad de vivir juntos, tal y como puede suceder en la literatura, y de que la política no acabara siendo, como en Estados Unidos, sinónimo de egoísmo y cinismo y engaño y despropósito. Sinónimo de infortunio.

Hoy es un día de esperanza. Sé que al recibir este valioso premio puede parecer que pienso que hoy todo tiene mejor aspecto en todas partes, y que poseo un don especial para la verdad. No es así. Hoy soy afortunado, eso es todo. Llegado el día, otro escritor estará donde yo estoy ahora. Y creo que esto es esperanzador. Pero es una verdad evidente para todos que el día de hoy constituye una breve, alentadora y hasta jubilosa unión, una pequeña y exquisita muestra de la clase de unión que el mundo literalmente se muere por lograr. Algo está sucediendo hoy aquí. Se ha traducido con talento la literatura de una lengua «extranjera», una lengua de una cultura distinta. Un editor valiente e idealista ha asumido el gran riesgo de apadrinar esta escritura, y se empeña en encontrar los lectores a quienes va dirigida. Bibliotecarios y libreros se han unido; la televisión difunde este acontecimiento en todo el planeta; sus majestades han dado su imprimátur; todo ello atestigua que hoy no solo asistimos a un acto literario sino también a un acto político, ambos en el sentido más básico y democrático del término «política», allí donde florece la expresión libre, y asimismo en su sentido más emblemático e histórico.

Hoy tengo aquí un cometido de representación, de subrogación de mis colegas del mundo, que valerosamente están haciendo grandes cosas en pro de la tolerancia y la empatía y el destino de todos, a menudo en circunstancias mucho más difíciles de las que yo haya tenido que afrontar nunca. Yo no vuelvo a casa en Siria. No vuelvo a casa en Birmania, o en Sudán del Sur, donde la tarea de la literatura, hacer que algo suceda, hacer que una vida vacía se convierta en poética para bien de todos, es prácticamente imposible. Y, sin embargo, la cumplen. Cabe la posibilidad de que alguno de ellos esté aquí el año que viene.

Mi compromiso, inspirado por este premio, es fácil. Consiste sencillamente en procurar no pensar que este maravilloso obsequio es un galardón que se me otorga al final de mi andadura, no pensar que soy demasiado viejo, que estoy en el ocaso de mi vida, sino más bien considerarlo un estímulo, un afianzamiento de mi determinación de crear algo provechoso para el mundo. Tal vez aportar alegría. Para lograrlo, para esta tarea, les prometo que voy a poner lo mejor de mí mismo.

Richard Ford

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RICHARD FORD

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SE PUBLICA EL LIBRO «MOHAMED CHAKOR: UN ESCRITOR QUE VIVE EN OCCIDENTE CON EL ALMA SUMERGIDA EN ORIENTE»

Mohamed Chakor: un escritor que vive en Occidente con el alma sumergida en Oriente, acaba de ser publicado por Diwan Mayrit. Este libro es el número 1 de la Colección <Literatura marroquí de expresión española>, y está dirigido y coordinado por Mohammed Dahiri. Junto a cuentos, relatos, poemas y escritos varios de Mohamed Chakor, se reúnen nueve artículos escritos por nueve autores en homenaje a esta figura de la literatura marroquí en lengua española. Entre esos artículos, se incluye mi texto Mohamed Chakor: el poeta comprometido.

978849458440

Los otros autores que participan en este homenaje son: Leonor García Merino, Paloma Fernández Gomá, Sergio Macías, Lola Baños, Fernando de Ágreda, Mohammed Dahiri, Víctor Morales Lezcano y María Amparo Vico Camacho.

Para comprar el libro, puedes hacerlo a través del siguiente enlace de la Librería Diwan:

MOHAMED CHAKOR UN ESCRITOR QUE VIVE EN OCIIDENTE

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MOHAMED CHAKOR en el centro, flanqueado por Mohamed Laabi, Mohamed Lahchiri, Bouissef Rekab, Mohamed Sibari, Sergio Barce y Mohamed Akalay

 

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«TAL VEZ DAKAR», UNA NOVELA DE PABLO MARTÍN CARBAJAL

   El próximo día 24 de Noviembre, presentaré en Málaga el libro de Pablo Martín Carbajal Tal vez Dakar (M.A.R. Editor, 2016). Es una novela de intriga, pero hay un ensayo en sus páginas y también un libro de viajes, y a la vez es un relato de aventuras. Es un viaje a Dakar, al África negra, y es un viaje al París de primeros del siglo pasado. Es una aventura en medio de un país lleno de misterio, y es una aventura entre poetas y artistas del surrealismo.

   ¿Es posible verse envuelto en un viaje a Senegal que termina en Abiyán, en un viaje hecho en nuestros días pero en el que aparecen Aimé Césaire y Leopold Sedar Senghor, Jean-Paul Sartre y Pablo Picasso, en un viaje en el que hay una máscara misteriosa, en un viaje en el que descubres una mujer soñada, es posible que ese viaje nos hipnotice, nos descubra lo que significa la Negritud y, a la vez, nos sumerja en una intriga llena de magia?

   Pablo Martín Carbajal hace todo eso en Tal vez Dakar.

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“…Salí desnudo del baño, me miré al espejo, comprobé los efectos del gimnasio que empezaban a notarse en mi cuerpo un poco más moldeado, y me senté sobre la cama cogiendo las hojas dobladas que Musa me había pedido que no leyera hasta la noche. Las fui abriendo poco a poco, un pliegue, dos pliegues, leí en la primera hoja la frase que había escrito yo, <estoy por primera vez en Dakar> -y al igual que pensé en el momento de escribirla no me pareció nada original-, saqué de detrás la hoja de Musa y la leí también: <buscando un arma milagrosa>. Cogí las dos hojas y las puse sobre el escritorio, la una junto a la otra, ese cadáver exquisito al que jugaban los surrealistas, <estoy por primera vez en Dakar, buscando un arma milagrosa>. La leí en voz baja, intentando encontrar algún significado a esa frase perfectamente coherente, como si la hubiese escrito una misma persona y no dos. Me interrumpieron de mi ensimismamiento dos golpes que sonaron en la puerta de la habitación, me puse unos vaqueros sin calzoncillos, una camiseta que me quedaba un poco ajustada, y caminé descalzo sobre la moqueta gris oscuro. Cuando abrí la puerta me encontré de frente con aquella mujer: los ojos almendrados, las pupilas negras, los rasgos rasgados casi asiáticos, las largas pestañas; abrí la puerta de la habitación y me encontré con aquella  mujer intensa y exótica, distinta y atrayente; abrí la puerta de la habitación y allí estaba aquella mujer frente a mí, como si fuese la conclusión o una pieza más del puzzle de esa jornada extraña y surrealista, la última sorpresa del día cuando pensé que ya éstas habían acabado…”

   Saul Bass usó una espiral para crear los títulos de la película Vértigo de Hitchcock, Pablo Martín Carbajal usa una espiral para narrar. Es una sensación de hipnotismo, igual que la que produce esa espiral que comienza a girar y no dejamos de observar hasta caer en trance; pero aquí son las palabras, las frases, las que giran una y otra vez, concéntricas, hechizantes, devolviéndonos al punto de inicio para volver a avanzar, atrapándonos en un mundo lleno de secretos, rodeándonos de sospechas y de espíritus, de los djinn.

“…el marabout se quedó callado, no me opbservaba, sino que miraba hacia el suelo, como si estuviese meditando. Me fijé en su rostro bajo el gorro rojo que se le adaptaba en círculo perfectamente a la forma de la cabeza, debía superar los sesenta años, su expresión era serena, profunda pero serena, tras unos segundos que me parecieron eternos rompió el silencio.

-Los djinn están por todas partes -me dijo sin mirarme a los ojos, mirando hacia un lado, su voz era suave y pacífica-, son una creación de Dios, el Corán dice: Dios creó al hombre del barro de la tierra, a los ángeles de la luz celestial, y a los djinn del fuego sin humo. La sura 72 está dedicada a los djinn.

-¿Entonces usted también cree que se me ha aparecido un djinn?

-Por lo que me cuenta, es muy probable…”

Todo parece aún por hacer. Pablo Martín Carbajal nos desvela un mundo distinto, el de un África sumida aún en el desconcierto, con las rémoras de la colonización y de la descolonización a sus espaldas, y el espectro de lo que se vino en llamar la Negritud deambulando por las calles de un Dakar que también se nos muestra desde diferentes prismas, desde la visión de un blanco que llega por primera vez y desde la visión de un senegalés que ama profundamente sus raíces. En este decorado, construye varias tramas, varias historias, varios estratos que se superponen y luego se entrelazan y más tarde se deshacen, y es el misterio y el miedo a lo diferente lo que hace girar esa espiral de sus frases para dejarnos enganchados página a página, sumidos en la curiosidad por ir conociendo la Negritud a través de los poetas Césiare y Senghor, por ir fascinándonos con el arte africano y el surrealismo, por ir descubriendo si Musa traicionará al protagonista, Álvaro Camino, por ir persiguiendo una máscara enigmática, por ir desnudando los secretos más íntimos de Mariama… Hipnotizados, arrastrados por las frases circulares, sacudidos por la realidad impregnada de magia que nos conduce a la excitación de lo desconocido… Un viaje fascinante. Magia negra en un escritor blanco.

Sergio Barce, octubre 2016

Pablo Martín Carbajal nació en Tenerife en 1969. Economista, desde 2007 ocupa la dirección general de relaciones con África en el Gobierno de Canarias. Además de Tal vez Dakar, ha publicado otras tres novelas: Tú eres azul cobalto (2006), La ciudad de las miradas (2010) y La felicidad amarga (2013).

PABLO MARTÍN CARVAJAL

PABLO MARTÍN CARbAJAL

 

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