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LARACHE VISTA POR… FRAY MARCOS DE GUADALAJARA (1610)

Castillo de las Cigüeñas

Castillo de las Cigüeñas

Fray Marcos de Guadalajara y Javier (1560-1631) fue cronista e historiador. Es autor de obras favorables a la vergonzosa y triste política de expulsión de la época, como Memorable expulsión i iustissimo destierro de los moriscos de España, Prodición y destierro de los moriscos de Castilla hasta el valle de Ricote o Quinta parte de la Historia Pontifical y Católica.

Quinta parte de la Historia Pontifical y Católica

Marcos de Guadalajara describe la toma de Larache en 1610, con una detallada descripción de sus fortalezas y guarniciones. Tiene el interés de conocer de primera mano cómo se defendía la ciudad de posibles ataques, y también son muy curiosas sus pequeñas pinceladas de cómo era Larache entonces, tanto en la zona de la alcazaba, como del puerto y del actual balcón del Atlántico.

Pero en definitiva es una crónica militar e histórica, y de ahí su valor netamente testimonial.

Sergio Barce, abril 2014 

Embarcado el Marqués como queda dicho, salió al anochecer del puerto de Cádiz, y navegó toda la noche, y al sol salido llegó a Alarache. Habiendo dado fondo a las galeras, ordenó la gente que había de saltar en tierra: la cual puesta en sus barcones, todo se ejecutó luego. Desembarcó el Sargento Mayor Hernando Mexia de Gómez, con la gente señalada para entregarse del Castillo de arriba, y luego el Sargento Mayor Mateo Bartox de Solchaga Aragonés, para que con el mismo orden entrase en el Castillo de abajo, y para acudir a lo que se ofreciese el Marqués, con un escuadrón, a cargo de los Capitanes Pedro Cano y Francisco Ramírez Biceño.
Llegaron Mexia y Bartox, a los dos castillos, a donde fueron recibidos de los Alcaldes Ahmed Garni y Almanzor Ben Yahya, que para este efecto se apoderaron de los Castillos, y se los entregó con toda paz y sosiego, siendo lengua en esta ocasión el intérprete Diego de Urrea, que para ello vino con los Alcaldes al Marqués, de que los nuestros estaban dentro, fue en persona bien acompañado, y hecha la ceremonia de entrega, tomó posesión en nombre del amado Filipo.

Mapa de Larache del siglo XVII - tomado de la página www.tercios.org

Mapa de Larache del siglo XVII – tomado de la página http://www.tercios.org

Se admiró el Marqués con aquellos Caballeros de ver una fuerza tan grandiosa, en la cual se hallaron sesenta piezas de bronce y hierro colado. Es tanto lo que encarece la pólvora, balas y municiones que hallaron, y el inventario que se tomó tan desarropado, que me parece quitar de cuatro partes las tres, y esto con licencia de los provisores y así digo que tendrían pólvora casi para hacer una salva con tantas piezas.
Pusiéronle por nombre al Castillo mayor Santa María, por haberse tomado la posesión víspera de su presentación, más con la fuerza de su soberano nombre que con las nuestras, ni otra industria humana.
En el mismo día y hora se dio orden como vimos para entrar en el Castillo de la marina, donde hallaron treinta piezas de bronce, con muy poca munición, al cual pusieron por nombre San Antonio.

Castillo de San Antonio

Castillo de San Antonio

Los dos fuertes de Alarache están en terreno eminente, sobre su río y puerto. El mayor es el de la punta de la barra, haciendo una cortina del frente a la mar, la vuelta del norte, y otra al río, la vuelta de Levante. Es de figura cuadrada, de tierra y cal, teniendo de grosor la muralla doce palmos de ancho, y veinte y ocho de alto, y unas almenas a lo antiguo, con sus saeteras. Los cuchillos de los baluartes de piedra, sin agua el foso que sólo le hay a la parte de tierra, angosto el fondo, yéndose ensanchando hasta el cordón de forma que viene ser encampanado. Y no tiene entrada encubierta. El puente fijo de madera, de cuarenta y dos palmos de largo, y catorce de ancho. Tiene una cisterna de agua. Hay en el caballero que mira la tierra diez y ocho alojamientos de soldados, que pueden caber a dieciséis hombres en cada uno dentro, arrimados a la muralla.
Hay en los cuatro caballeros veinticuatro piezas de hierro, de a nueve palmos. Las trece están hechas pedazos, y dos de ellas en las casas matas, que hacen través a la cortina, que mira al otro fuerte y Mediodía. En la misma cortina que mira al fuerte de la tierra a dentro, tiene dos piezas de hierro de a trece palmos, de poco provecho. En la cortina que mira a la campaña y al Poniente, hay dos piezas de hierro, de a quince palmos. En la que mira al río y al Levante, hay dos de bronce, de a quince palmos, que fueron de Muley Meluc. En la cortina que mira a la mar, hay tres de bronce, de las que perdió el Rey don Sebastián en la batalla de Alcázar, y las dos de la parte del río, son dos medio cañones, y la de la mano izquierda una Culebrina. Toda la artillería está encabalgada, en maderamen fijo, sin ruedas, que no se puede mudar de los puestos que tienen, ni servir en otra parte, y las gruesas en las cajas sin ruedas.

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En los dos caballeros que miran al río, habrá doscientas y cincuenta balas de piedra y hierro no uniendo casi una con otra. En el caballero que mira al mar hay dos casillas para pólvora, arrimados a los orejones de ellos, de la vuelta de Mediodía. La casa del castellano está en la plaza de Armas del fuerte.
Las dos cortinas que miran al río y al mar están hendidas, y puestas en ruina, y siempre que se dispara la artillería en el fuerte, tiembla el lienzo. La puerta que está en la cortina, que mira al fuerte de la tierra a dentro, es de madero, de dos piezas; cerrase con una tranca, o madero corto, de manera que los dos extremos no alcanzan a las dos murallas. Subiese desde ella, hasta la plaza de Armas, por una poca de eminencia, hechos unos hoyos como escalones, para no resbalar.
El otro fuerte de la tierra a dentro, está del de la barra distancia de cuatrocientos y cincuenta pasos en eminencia mayor, porque desde el de la barra, y de la mitad de la campaña, que es del Poniente, a la mar, se va subiendo a él; y el sitio que tiene hacia el río, y Levante, también es eminente, y a la vuelta del Mediodía y Alcázar está campaña igual.
Es la figura de este fuerte triangulado, y el caballero que mira hacia el río redondo: los dos, que uno mira al fuerte y el otro a la campaña y al Poniente en punta, los cuchillos de piedra, y la demás fábrica de terrapleno argamasado, y el de la muralla es de catorce palmos de ancho, y veinte y ocho de alto. De la unta del caballero que mira al Norte, y al otro fuerte, hasta el del río, hay un foso de catorce palmos de ancho, de piedra viva, sin agua, y a la parte del Poniente, en el mismo foso, hay una fuentecilla de poco agua.
Desde el caballero que mira al río, y al Levante, a donde se acaba el foso, hasta el que hace al Poniente, y al otro fuerte, están cosa de veinte casas de piedra y tierra y una Mezquita, con un pozo de agua muy abundante, ceñidas con una muralla de tierra y piedra muy flaca, de doce palmos de alto y seis de ancho, con unas almenas, entrase por un postigo sin puerta y tiene algunos portillos por la parte del río, que viene a ser el lugar, y el fuerte, como ciudadela, y desde las casas al fuerte y puerta que están en la Cortina que mira al río hay una placetilla de veinte pasos, en frente de la misma puerta, y las demás casas se arriman a la muralla, no habiendo de por medio por aquella parte foso alguno. La puerta como una cancel, con un arco con bóveda, que va por línea torcida, sin tronera ninguna, hasta dar a una puertecilla pequeña de madera, la cual se cierra como la otra, y el arco no tiene puerta, de forma que no hay más que una.

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Este fuerte tenía buena artillería, sacola Muley Xeque por las guerras que ha tenido con Muley Zidan su hermano, y puso en su lugar unas pecezuelas, pequeñas naranjas, que habían estado mucho tiempo enterradas y de esta perdidas, y algunos esmeriles, de que no hay que hacer caso. En el caballero que mira al otro fuerte, hay cuatro piezas de las del Rey don Sebastián, de bronce, y en aquel caballero doscientas balas de piedra y para las demás pecezuelas ciento y cincuenta balas, sin ser las más de ellas de servicio. Toda esta artillería está encabalgada, como la pasada sin rueda alguna. Hay dos Cisternas en el fuerte, sin agua y por limpiar.
Entre fuerte y fuerte, hacia la parte del río, sobre las mismas peñas hay hasta cincuenta chozas de caña, y por la ribera adelante hacia Alcázar otras tantas, y diez chozas de gente miserable, y desde la mitad del camino hasta el fuerte de la marina uno como cementerio para entierro de los moros. Y a la vuelta del río, al mismo paraje una Mezquita pequeña. A las dos partes del río, y de la mar, junto a los dos fuertes, por la parte de fuera de ellos, hay fuentes muy abundantes, sin que arcabucería ni artillería pueda estorbar el uso de ellas a los sitiadores.
Alrededor del fuerte de la tierra adentro, y a la vuelta del Poniente hay algunas chozas de caña, pocas. Poco más de una milla del fuerte, de la punta de la barra, hay un edificio desmantelado con una torrecilla y unas tapias caídas que llaman la Torre de Genoveses.
El terreno es raso yéndose subiendo, como se ha dicho, hacia el fuerte triangulado, en la forma referida, de arena, con algunos palmares, pocos y muy bajos, haciendo la arena unas quebradas y hondas, como dunas de Flandes, y por esta causa, en toda aquella parte del desembarcadero, y Castillo de Genoveses, a la vuelta de Alcázar, no solo la artillería de los fuertes no haría daño a cualquiera gente.
A media legua de los fuertes, la vuelta de Alcázar y Mediodía, hay un bosque de encinas y perales bravos. Desde el desembarcadero hasta más allá del fuerte triangulado, donde se puede cortar y no puede hacer daño con su artillería, habrá dos millas de espacio.
Hay en el agua tres fragatas de catorce bancos. Están dos barquillos, en que pasa la gente que viene la vuelta de Tánger y de Arzila los jueves al mercado, y en todo el río no hay otra embarcación de los moros.
La entrada del puerto tiene doscientos y cincuenta pasos fondables para navíos de trescientas toneladas, y el terreno limpio para dar fondo. La gente que solía haber de guarnición ordinaria, sino es que hubiese algún accidente, era de sesenta hombres. Y en el fuerte de la marina dormían siete moriscos de Granada, de los viejos, con sus mujeres e hijos. Y en el de la tierra a dentro seis. Y el Alcaide en una de las casas de fuera, arrimada al fuerte. Había en todo hasta doscientos hombres y caballo ninguno, sino que le tuviera el Alcaide. Nunca tenían bastimentos, ni abundancia de pólvora y pertrechos de guerra ninguna.

Fray Marcos de Guadalajara

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«NUBES DE LARACHE», UN VIDEO DE AKRAM BOUHSINA

Akram Bouhsina ya ha fotografiado en muchas ocasiones rincones su pueblo: Larache, y ha filmado otros vídeos, y por eso lo considero un artista a tener en cuenta. Ahora nos ha sorprendido a todos con este montaje que ha titulado Nubes de Larache, que ha preparado para la asociación Xenia, que preside Ange Ramírez con motivo del pasado encuentro en Madrid.

Y digo que nos ha sorprendido porque es de los más bellos que he tenido ocasión de ver. Con la excusa de fotografiar las «nubes» sobre el cielo de Larache, las imágenes y la música que ha unido tan hábilmente transforman los paisajes que nos son tan conocidos en algo diferente y excepcional. Hay una patina de nostalgia y de melancolía en cada una de ellas, los tonos apagados y a veces tristes se combinan con un ambiente de ensueño, los colores se hacen armoniosos y uno se siente relajado, emocionado y agradecido. Y esas gaviotas volando por sorpresa…

Este es el enlace para poder verlo. Recomiendo hacerlo sin prisas, sentado confortablemente, y con la intención de dejarse llevar hasta este Larache mágico creado por Akram. Precioso.

Sergio Barce, abril 2014

https://www.facebook.com/photo.php?v=790472027632687&l=5683883108737866191

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AKRAM BOUHSINA

AKRAM BOUHSINA

 

 

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ASÍ FUE EL ENCUENTRO LARACHENSE EN MADRID, CONTADO POR ANGE RAMÍREZ

Encuentro de larachenses en Madrid
29 de marzo 2014

El sábado amaneció en Madrid con un cielo plomizo y gris y amenazaba lluvia, mucha lluvia y frío… El día había llegado al final, y parecía que quisiera paralizarnos los ánimos de todos para no poder encontrarnos.

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María Sibari había llegado a Madrid el viernes a las cinco de la tarde, el encuentro en Madrid con ella me retrotrajo a un mes del año pasado donde también fui a esperar a Mohamed Sibari, su padre, para algo distinto, pero su risa, su alegría al verla, no pude más que emocionarme ya que ella es y era su niña bonita, su hija preciada…
Como el encuentro era para algo tan bonito como aunar lazos entre larachenses, olvidarnos por unos momentos de todas las situaciones complicadas y fundirnos en esos abrazos que tanto el ser humano está deseando recibir y dar… nuestros corazones se juntaron y dijimos: “ya estamos aquí juntas para celebrar el día de la hermandad de los larachenses… es decir, Un día de Larache en Madrid”.

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El mismo viernes empezaron a sonar casi de continuo, pero con una melodía dulce, el timbre del móvil: Jebari El Hachmi, con su hija Zahara, desde Larache; Mercedes Muñoz, desde Canarias; Abdelkader y Fatima desde Bruselas; Diego desde Canarias; José Manuel de Zaragoza; Carmen Allué desde Valladolid; Pablo Morón de Úbeda (Jaén), y así, poco a poco, llegó la hora de encontrarnos con todos los de Madrid…
Llovía mucho, y por un instante pensé que no vendrían muchos de los que habían dicho que asistirían… Pero me equivoqué. Todos estaban, todos.

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Así que después de encontrarnos en la hora, puntual, nos recibió Carmen, responsable del Dpto. Descubre el Islam, del Centro Cultural Islámico para guiarnos por todo el Centro y darnos las mejores explicaciones de los por qués y sobre las verdades científicas mencionadas en el Santo Corán, lo que el Islam dice sobre la mujer, cuáles son los pilares del Islam…
Pasamos por las distintas traducciones del sagrado Corán que estaban en expositores, y llegamos a la gran sala de Oración con la impresión de que entrábamos en una gran mezquita llena de tradición y oración.
Pasamos después a una sala donde íbamos a poder ver al final un pequeño video sobre Larache realizado por nuestro colaborador en Larache Akram Boushina, hijo del poeta Mustafá Boushina, que lo tituló NUBES DE LARACHE; y con la emoción contenida sobre lo que ello suponía, nos sentamos alrededor de un gran salón marroquí y allí, mientras preparaban su exposición, nos fuimos presentando uno a uno, de los que estábamos allí, siendo Diego, de Canarias, el dinamizador del grupo, que con una energía indescriptible nos fue preguntando de qué familia éramos y de dónde veníamos… Y así, de esta manera tan entrañable, nos fuimos enterando de nosotros, dónde vivíamos en Larache y qué y quiénes eran nuestros padres y dónde trabajaban… Los recuerdos se amontonaban tan a borbotones que a más de uno se le hizo un nudo en la garganta… Así fuimos desgranado todos los recuerdos de nuestro Larache, las 60 personas que estábamos reunidos.
Ya en el comedor del restaurante, por cierto con un cuidadoso esmero todo preparado al detalle, nos fuimos sentando en grupos y así podríamos tener la posibilidad de seguir hablando y recordando a cuantos ya no estaban con nosotros, pero que al estar nosotros allí, ellos eran los protagonistas más significativos.
De los que tuvimos el honor que vinieran a nuestro encuentro destacamos:
Mohamed Chakor y Amparo su señora, crítico, escritor y poeta en lengua española, periodista de la Radio Televisión Marroquí durante largo tiempo y de La 2 de TVE, ex jefe de la Oficina de la MAP (Agencia Maghreb Árabe) en Madrid, asiduo colaborador en diversos medios de comunicación del mundo árabe y occidental.
Mohamed Dahiri, doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Sevilla y Licenciado en Ciencias Humanas y Sociales por la Universidad de Marrakech y en Estudios Orientales por la Universidad de Granada. Tiene varios máster en resolución de conflictos, Diplomacia Civil y Derechos Humanos. Investigador y con muchas publicaciones en su haber.
Mohamed Chouirdi, colaborador de la Universidad de la UNED y traductor Licenciado en Filología Hispánica.
Rajae Laazouzi El Alami, de la Embajada del Reino de Marruecos.
Y ello junto a los larachenses afincados en Madrid, para no dejarme a ninguno sin nombrar, todos sabemos quiénes estábamos…
La comida espléndida, un bufet libre con ensaladas de todo tipo de nuestra tierra. Unos segundos platos a elegir entre cuscús, pastela, musaka, tajine de carne con ciruelas, dulces y té.
Quise hacer un mimo a todos y encargué unas tartas caseras hechas por una extraordinaria persona, Maite, con un detalle apenas insignificante pero muy detallista, y que con perspicacia Rajae, de la Embajada de Marruecos, se dio cuenta: los colores de la bandera marroquí. Así que, entre fresas, fresones y su exquisito sabor, nos fuimos tomando estos dulces y unos trocitos de la tarta…
Más tarde, como algo de recuerdo y siempre como un mimo especial para cada una de las damas, dimos una flor en forma de molinillo que simbolizaría el aire positivo de lo que reinaba en el salón y entre todos, y para que cada vez que se soplara o el aire los hiciera mover que se llevara las nostalgias y las malas vibraciones que hubieran…
Un día de Larache en Madrid… nada más.
Con el ánimo de que no quedara así este encuentro, nos comprometimos a hacer el siguiente en principios de otoño, y esta vez Paco Muñoz como fundador de estos encuentros sería el guía y motor para ponerlo en marcha, siempre con la ayuda de todos, pero así tendríamos continuación en seguir encontrándonos.
Gracias a Mohamed Kharchich, responsable de asuntos Islámicos, por habernos dado la oportunidad de poder conocer algo más la cultura y tradiciones que hemos vivido durante muchos años allá en nuestra tierra.
A Carmen Ortega por habernos hecho tan ameno este recorrido por este sitio tan emblemático y culto.
Y a todos vosotros por venir desde algunos rincones con los inconvenientes que cualquier traslado supone y a todos, todos los que NO vinieron y los que desde lejos estuvieron con nosotros, mi más grato agradecimiento porque nos hicimos felices mutuamente con recordar nuestros orígenes… LARACHE
Ange Ramírez
30.03.2014

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FOTO-POÉTICA: LA REHABILITACIÓN DEL BARRIO LARACHENSE DE JNANE AZTOUT

Merece la pena que visitéis el siguiente blog, donde se puede ver con tranquilidad el trabajo de rehabilitación del barrio larachense de Jnane Aztout.

http://parlachis.wordpress.com/

Precioso y aleccionador. Un soplo de aire fresco.

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ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN EN CÓRDOBA DE «EL LIBRO DE LAS PALABRAS ROBADAS» DE SERGIO BARCE

El pasado viernes se presentaba mi última novela El libro de las palabras robadas en Córdoba, en el Conservatorio Profesional Músico Ziryab.

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Su director, Ernesto Blanco, y su equipo habían preparado todo con tanto esmero que me sentí inmediatamente arropado. En la sala donde iba a tener lugar el acto, el Aula de Coro, habían colgado, en cuadros perfectamente montados, todas las portadas de mis libros, y, además, las de las publicaciones en las que he participado con relatos o colaboraciones de algún tipo. Además de eso, Ernesto se había cuidado muy mucho de poner unas pinceladas de color a nuestro alrededor, decorando el entorno con motivos marroquíes. E incluso nos sirvió té verde con yerbabuena con la típica tetera plateada en los tradicionales vasos.
El acto arrancó con la actuación musical de las cantantes Lourdes Torrenteras y Esperanza Delgado, acompañadas de Jaime Bedmar al piano, y el primer tema que sonó en la sala fue Somewhere over the rainbow.

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Confieso que se me hizo un nudo en la garganta. Los otros temas musicales fueron igualmente emocionantes, y eso creó ya un ambiente diferente y único.
Ernesto Blanco explicó que mi libro abría una nueva experiencia en el conservatorio que han titulado Letras a contratempo, en la que pretenden aunar música y literatura. El arranque del acto no pudo ser mejor, y adelanto que el resto de la velada fue igualmente intenso.

Sergio Barce y Antonio Varo

Sergio Barce y Antonio Varo

Ernesto cedió la palabra a Antonio Varo, Presidente del Ateneo de Córdoba, que nos habló sobre la “inutilidad” de la cultura y cómo en tiempos de crisis es cuando la cultura se hace más imprescindible que nunca. Como responsable del Ateneo cordobés, su presencia tenía una razón poderosa, y era la de apadrinar de alguna manera el proyecto Letras a contratempo ofreciendo su colaboración al conservatorio. Tuvo sin embargo la gentileza y el detalle hacia mi persona de haber leído mi novela en los días anteriores, y confesó a los asistentes lo mucho que le había gustado mi libro. Me pareció alguien muy humano y cercano.

Interviene Manuel Gahete

Interviene Manuel Gahete

A continuación, Manuel Gahete, catedrático de lengua y literatura, actual Presidente de la Asociación Colegial de Escritores de Andalucía, fue quien desgranó y descuartizó mi novela. He de decir que sus palabras me dejaron realmente impresionado, tanto por su calidad intelectual como humana. Demostró conocer mi obra en profundidad, y me regaló auténticos gestos de amistad que me he llevado conmigo. Sus últimas palabras fueron especialmente significativas para mí. Y como creo que merece la pena para quienes no pudieron estar allí leer lo que expuso, le he pedido a Manuel Gahete que me envíe su intervención, y generosamente me la ha hecho llegar esta tarde.
Estas fueron sus palabras.

Sergio Barce: El libro de las palabras robadas

Aunque el tema de El libro de las palabras robadas de nuestro invitado y amigo Sergio Barce parte de un argumento conocido, como es el plagio o la sospecha de plagio entre escritores, ofrece –frente a lo escrito y visto en las pantallas– nuevas y múltiples posibilidades. Se me viene a la cabeza, por su cercanía temporal, año 2012, la historia de Rory Jansen, El ladrón de palabras, donde se trata la historia de un escritor fracasado, bendecido por la fortuna de encontrar un manuscrito que no duda en publicar como suyo, obteniendo así un éxito espectacular que lo convierte en uno de los grandes escritores de su tiempo; y, más alejado, el filme del año 1999, titulado Nido de cuervos, donde Cuba Gooding Jr. interpreta al abogado Lawson Russell quien publica con su nombre una novela de misterio que, en realidad, ha sido escrita por un hombre que él creía ya muerto. Similitudes evidentes que demuestran la evidencia que todos conocemos: la historia se repite. No hay más que recordar al viejo Sócrates lamentándose: “Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros”. Y algo así ocurre en la literatura, por mera continuidad y hasta por inexcusable necesidad. A todos los hombres nos cubre la misma piel y nos nutre la misma sangre, aunque hayamos nacido bajo disímiles circunstancias. Siempre he pensado que la muerte –igualadora la nombran algunos de los más relevantes textos de la literatura medieval- no es tan injusta, aunque esto tampoco la libera de su condición malhadada –como afirmaba nuestro augusto antepasado Juan Ruiz, Arcipreste de Hita–; lo que es ciertamente injusto es el nacimiento que predispone a un determinado modo de existir o soportar la vida.
Esfuerzo de todos los creadores en todas las generaciones ha sido ver cumplido el ambicioso tópico de mostrar cosas nunca vistas, decir cosas nunca dichas u ofrecer cosas nunca escuchadas. Ya desde Horacio (Carmina nunquam audita), el escritor pretende generar expectativas sobre lo que desea exponer. Pero como proclamaba Goethe: “La originalidad no consiste en decir cosas nuevas, sino en decirlas como si nunca hubiesen sido dichas por otro”. Lo que debe cambiar es el modo de transmitir, ese difícil logro de la originalidad en la que se han empeñado tantos y tantos antes de nosotros. El estilo es el hombre, señalaba Boileau, y Arthur Adamov puntualizaba: “El problema, para un escritor, es no parecerse a ninguno de otros buenos escritores de su época o de la inmediata anterior”. Y finalmente Chateaubriand pone la guinda con su habitual ironía retórica: “El escritor original no es el que no imita a nadie; sino aquel a quien nadie puede imitar”. No es cuestión de insistir más en esta cuestión tan debatida que finalmente nos remite a la triste sentencia de Jung cuando afirmaba que “Todos nacemos originales y morimos copias de alguien o de algo”. Ciertamente les aseguro que leyendo a Sergio Barce solo reconozco a Sergio Barce con toda la riqueza cultural, expresiva y emocional que esto conlleva.
A pesar de que me aburre bastante la relación curricular de los méritos –que, por cierto, pueden encontrar profusamente en los link de internet–, no puedo dejar de decirles que este escritor español, afincado en Málaga, nació en Larache, ciudad con la que guarda una relación estrecha de complicidad y afectos. Abogado de profesión –la literatura no da para vivir, si acaso cuesta– ha escrito el libro de relatos Últimas noticias de Larache (2004) y tres novelas precedentes a la que presentamos: En el jardín de las Hésperides (2000), Sombras en sepia (2006: Premio de Novela Tres Culturas de Murcia) y Una sirena se ahogó en Larache (2011: Finalista del XVIII Premio de la Crítica de Andalucía). En todo lo escrito, Barce ha mantenido siempre un exacto equilibrio entre la materia y la forma de lo narrado, siendo uno de los pocos autores actuales que puedo leer con fruición desde principio al fin, cuando en la mayoría no llego a traspasar el límite medio de la virtud.

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En la novela de Sergio Barce se combinan muchos elementos, lo que me permite comentarles –como señalaba anteriormente– la fecunda capacidad de posibilidades que pueden extraerse de su lectura. La novela de misterio queda trenzada y sublimada por la tensión expresiva de la novela psicológica que se interna en el ánimo del protagonista –un escritor golpeado por la realidad y la fantasía en un conflicto de planos que se superponen–, permitiendo el encaje emocional que, de modo omnisciente, acuerda todos los vértices emocionales en un proceso de cosmovisión narrativa que trasciende el mero esclarecimiento de individuo para mostrarnos la tragedia de la condición humana: el hombre en su inmediatez y en su aislamiento.
El escritor/narrador, Elio Vázquez (¿Sergio Barce?) o Elicito Urrea Vázquez, fumador empedernido, nos muestra muchas de las claves de la novela valiéndose, como guía, de un curioso personaje, el viejo siquiatra Moses Shemtov, que nos lleva a vislumbrar, a modo de metaliteratura, de confesional trasunto, los diferentes vectores de la acción narrativa y sus confluencias:

Al principio de la novela llegué a pensar que era una más de esas tramas con el Santo Grial de por medio (…) Pero me equivocaba con tu libro. Utiliza los elementos típicos del best-seller para darle la vuelta, y eso me atrapó por su novedad (…) viene bien, ese toque ético, lo hace más humano y más digno (…) Y, por supuesto (…), me parece emocionante el hecho de que, al abrir el códice, a ellos, que son especialistas en poesía árabe, se les otorgue el privilegio de descubrir esos versos que desaparecieron en tiempos de Al Andalus, como una revelación divina
(..)

… versos que van surgiendo lentamente en sus páginas vacías, igual que la sangre cuando traspasa una gasa (p. 79).

Un abigarrado conjunto de personajes articula esta intrincada aventura salpimentada de acotaciones literarias (Borges, Cortázar) y cotidianas vivencias, el afilado estilo de la ética conjugándose con el ardor de la estética: Elio, Damián, Ágata, Moses, Kozer, Dalila, el Rubio, Francesca, Gilabert, Quintá, O’Neal, Vilches, Silvia, Sara, Marcos, el hijo redivivo sin vida en el maremágnum de los recuerdos: tan existentes o fantasmales como el propio Saverio Gris, agonista metaliterario: vértices de una novela que aspira alcanzar el interés del gran público, el ánimo de los más comprometidos y la voluntad de los más exigentes con el arte de la palabra.
Como nuestro autor hablará probablemente del argumento de su libro, no voy a destriparles su contenido y mucho menos su desenlace; pero sí advertirles de lo que pueden encontrar. Ya sea como leitmotiv o Macguffin –término acuñado por Alfred Hitchcock cuando se refiere al gozne que articula el suspense y obliga a los personajes a avanzar en la trama, aunque no tenga en ella mayor relevancia–, El libro de las palabras robadas entronca las líneas concurrentes de un argumento que resulta denso, complejo y hasta enigmático; revelándonos la existencia de un misterioso “códice en el que se pueden leer todos los poemas que desaparecieron por orden del sultán Abdelmumen pero quien tiene acceso a él no puede revelar el texto leído” (p. 194); avivando los más bajos instintos, los más oscuros temores; tendiendo puentes al realismo fantástico, plasmado en la perturbadora alucinación de Ágata, madre del protagonista, cada vez más palpable; y mostrándonos la fragilidad de esa adelgazada línea roja donde se confunden los sueños con los quebradizos vínculos que afectan a las relaciones humanas, pero insuflado siempre por ese toque poético que un buen lector aprecia en la tensión de toda obra literaria.
Tampoco voy a hablarles de esa relación vital y mental que existe entre España y Marruecos, singularmente Larache, en la obra y vida de Sergio Barce y la intensa acción que nuestro autor ejerce para que se reconozca el creciente valor de la literatura marroquí escrita en lengua española, pungente en los ámbitos más poderosos de transmisión de cultura; universidades y periódicos. Es tal afinidad que me une a todos estos hombres y mujeres que podría perder la brújula de lo que me corresponde, esta noche, trasladarles. Y porque lo bueno –y no afirmo que mi presentación lo sea– por breve será dos veces bueno, los dejo ahora con Sergio Barce, un autor que se supera cada día, cumpliendo así el triple deber o destino del buen escritor: tener algo más que ingenio –siguiendo al sarcástico Jean de la Bruyère–, ser ameno –según advertía el olvidado intelectual del XIX José Castro y Serrano– y dar testimonio del tiempo que le ha tocado vivir –como dejó escrito Camilo José Cela. Todo esto y más se verifica en quien hoy nos honra con su amistad y su presencia.
Ralph Waldo Emerson señalaba: “El talento solo no basta para hacer un escritor. Detrás del libro, debe haber un hombre”; juicio afín al pensamiento de Aristóteles que nos revelaba con su probada sabiduría: “Educar la mente sin educar el corazón no es educar en absoluto”. Esta es la tercera novela que leo de Sergio Barce y, engolfado en toda su ciencia literaria, proveedora de materia y espíritu, de símbolos y signos, de solaz y conocimiento, se halla siempre un hombre que nos conmueve y nos seduce, que nos provoca ese leve gesto de rebeldía frente a lo inhumano y no nos libra de una lágrima inflamada cayendo lentamente sobre las sombras del corazón.

Manuel Gahete
Córdoba, 21 de marzo de 2014

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