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FRAGMENTO DE «LA EMPERATRIZ DE TÁNGER», DE SERGIO BARCE

LA EMPERATRIZ DE TÁNGER en la Librairie des Colonnes - foto de Enrique Miguel Parrilla

LA EMPERATRIZ DE TÁNGER en la Librairie des Colonnes – foto de Enrique Miguel Parrilla

Dentro de unos días, el 17 de septiembre, presentaré en Ceuta, junto al escritor Mohamed Lahchiri, mi novela La emperatriz de Tánger.

Como aperitivo, este fragmento de las primeras páginas del libro…

«Cuando llegó al barrio de Hafa tuvo la sensación de que todos los ojos se posaban en él y de que incluso sabían qué era lo que le traía hasta ese lugar. Pese a esa certeza, Augusto Cobos Koller, tras abotonarse la chaqueta de lino blanca y ajustarse el nudo de la corbata, encaminó sus pasos hacia la casa de Yamila con la excitación que experimentaba cada vez que iba a su encuentro, una excitación que alimentaba su orgullo masculino y su vanidad, habitualmente resentida y hambrienta.

Bajó la cuesta aprisa, con la brisa húmeda acariciando su sudorosa frente. Veía, por entre las casas, el mar asomando en calma, como una inmensa alfombra que se extendiese hasta el límite mismo del horizonte. Se iba cruzando con los niños que llenaban las calles del barrio, a los que evitaba por un innato rechazo a los pequeños, y siguió bajando, empujado por su propia urgencia. Las pisadas dirigiéndolo como si no pudiera evitarlo. Llevaba varios días sin verla y un ardor lo corroía por dentro, igual que si le estrangulasen las entrañas. Sabía muy bien qué iba a hacer en cuanto la viese. Era un hecho cíclico e inevitable.

Dobló la esquina y entró en un callejón estrecho y sombrío, escoltado por ventanas herméticamente cerradas. El suelo del callejón estaba salteado de charcos embarrados, en los que flotaban diminutos envoltorios de papel arrugados y colillas y cerillas quemadas. Se escuchaba el zumbido agitado de las moscas. Las paredes cuarteadas se proyectaban en la pesarosa superficie de los charcos, como un espejo roto en el suelo.

Miró por encima del hombro. Estaba solo. Se detuvo entonces ante una puerta verde, de madera astillada y goznes moribundos. Había una aldaba adherida de una forma imposible a la madera, como si jamás hubiese sido utilizada. Volvió a comprobar que nadie lo vigilaba, aunque siempre tenía la vaga sospecha de que, desde alguno de los ventanucos de los otros edificios, le observaban. Miró al cielo, nuboso, coactivo. Golpeó con los nudillos. Por un segundo pensó en el padre de Yamila, que Hamid pudiera estar en la casa. No habría sido la primera vez que ese viejo le fastidiase la fiesta. Pero Yamila le había comentado que esa tarde estaría sola, y ahora volvió a golpear la puerta con más contundencia, algo más desesperado.

Se miró el anillo de plata que llevaba en el dedo anular de la mano derecha en el que tenía grabado un áspid desafiante. Se lo había regalado Carmen al poco de conocerse, y verlo le hizo sentir cierta ansiedad. Con la otra mano comenzó a hacerlo girar sin sacárselo del dedo mientras aguardaba a que ella acudiera a su llamada. Comenzaba a chispear. Se desesperaba cuando Yamila tardaba en abrir e, impaciente, se puso a dar pequeños taconazos contra el suelo. Era tal su excitación que creía no poder contenerse más y, en voz baja, suplicaba que apareciese de una vez por todas.

Al fin la hoja se abrió muy despacio, y entró sin contemplaciones. Yamila se apartó, pegándose a la pared del pasillo. Augusto empujó la puerta de un manotazo y se cerró ruidosamente. Al entrar fue como si la noche hubiese echado sus candados pero, a pesar de la penumbra, sus pupilas se encontraron con una intensidad crispada, llenas de abismos. En las de Yamila habitaba un cierto aroma a desaliento. Las de él, por el contrario, sin un escorzo de sentimiento, centelleaban de manera primitiva. Sus alientos se medían, tanteándose en un pulso de atracción.

-¿Está tu padre? –de pronto, dudando, se había quedado quieto, tenso y conteniendo la respiración.

La –respondió confusa Yamila-. Ya sabes que no…

Augusto Cobos se agachó, metió las manos por debajo del lívido caftán, y las dejó libres para que treparan por las piernas, yendo por delante de lo que su cerebro le transmitía; aún no era capaz de sentir el tacto de la piel, sólo avanzaba y buscaba, no había más. La atrajo hacia sí, pero eran sus manos las que seguían actuando a su antojo, mientras él era sólo un invitado. Su boca atrapó los labios ateridos de Yamila que había cerrado los ojos. Fue entonces cuando su consciencia alcanzó a su deseo fundiéndose con ella en un movimiento brusco de las extremidades.

Las respiraciones se hicieron torpes, era el único sonido en la casa, vacía y somnolienta. De pronto, ella sintió cómo el sexo febril de Augusto la penetraba con el violento apetito de las anteriores ocasiones, con la misma desesperación. Era como si un brazo tanteara por su interior registrándolo todo. Abrió las piernas cuanto pudo para que llegara más adentro. Las embestidas eran apremiantes, pero no quería que ahora se detuviese, sabía que era el único instante en el que pasaba a ser suyo por completo. Él resollando con ansiedad sobre su cuello, alejado de cualquier nexo con el mundo exterior, y ella notando el ardor de la respiración con la certeza de que entonces Augusto no esperaba más que su entrega incondicional.

No se habían movido del pasillo, petrificados aún por el instante, atados a sus alientos, agitados. Les llegaba como un eco el tamborileo de una fina lluvia. El borde de una manta de cordero colgaba de la terraza y, a causa del aire, golpeaba con suavidad contra una de las ventanas. Era un sonido sordo y repetitivo, un sonido que empezaba a sacar de quicio a Augusto. Le habría dado un manotazo a esa manta y la habría arrojado al patio, sin dudarlo. Pero sabía que, pese a todo, aquella no era su casa.

Yamila aún temblaba, apoyada la espalda contra la pared. Aturdida… (…)»

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UNOS MINUTOS DE PUBLICIDAD…

Os anuncio que, dada la buena acogida de mi libro de relatos Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente, editado el pasado año en Valencia, por Jam Ediciones / Generación BiblioCefé, bajo la coordinación de Mauro Guillén y portada de Gabriela Grech, este año, a finales de septiembre o principios de octubre, Ediciones del Genal, de Málaga, va a reeditarlo, añadiendo las traducciones al francés y al árabe, del relato titulado Larache, sin Sibari, que es el que cierra el libro. Creo que eso lo hará más atractivo a muchos lectores. Cuando se acerque la fecha de su publicación, daré más información.

PASEANDO POR EL ZOCO CHICO - cubierta

Y, por otro lado, aprovechando estos minutos de publicidad… os detallo los puntos de venta de mi última novela La emperatriz de Tánger.

ESTAS SON ALGUNA DE LAS LIBRERÍAS EN LAS QUE SÉ QUE YA SE HAN VEDIDO Y SE VENDEN EJEMPLARES DE MI NUEVA NOVELA “LA EMPERATRIZ DE TÁNGER”. Y SI NO LES QUEDAN EJEMPLARES, SEGURAMENTE OS LO CONSEGUIRÁN SIN PROBLEMA.

MIS PERSONAJES SE MUEVEN EN SUS ESTANTERÍAS PARA LLAMAR LA ATENCIÓN Y SER LLEVADOS A LAS BIBLIOTECAS DE MIS LECTORES. ESO ME RESULTA SUGERENTE Y ATRACTIVO. ASÍ QUE ESPERO QUE EL LISTADO SIGA CRECIENDO, COMO HASTA AHORA.

PORTADA La emperatriz de Tánger

LA EMPERATRIZ DE TÁNGER

de Sergio Barce

en

AGAPEA

CASA DEL LIBRO 

UNILIBER

Y en:

Albacete:

Librería HERSO

Librería POPULAR

Alicante:

Librería CILSA

Almería:

Librería LUAL PICASSO

Librería PICASSO ESTACIÓN   

Barcelona:

Librería LA CENTRAL

Cádiz:

Librería QUORUM

Castellón de la Plana:

Llibreria BABEL

Córdoba:

Librería LUQUE L

Denia:

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Elche:

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Fuengirola:

Librería TESEO

Gandía:

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Granada:

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Jerez de la Frontera:

Librería LUNA NUEVA

Madrid:  

Librería DIWAN

Librería BALQÍS CASA ÁRABE

Librería MÉNDEZ

Librería KALAMO MUNDO ÁRABE

Librería LA CENTRAL

Málaga:

Librería PROTEO

Librería RAYUELA

Librería LUCES

Librería MAPAS & C0.

EL CORTE INGLÉS  

Librería Q PRO QUO

San Pedro de Alcántara:

Librería DELTA

Sevilla:

Librería PANELLA

Librería CÉFIRO

Librería EL GUSANITO LECTOR

Torremolinos:

Librería BOOKMARKET 

Torrevieja:

Librería SANTOS OCHOA

Valencia:

Librería GAIA

Valverde del Camino:

Librería ANABEL 

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En

MARRUECOS

Librería AL AHRAM

de Larache

Librairie DES COLONNES

de Tánger

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CEUTA – 17 DE SEPTIEMBRE – PRESENTACIÓN DE «LA EMPERATRIZ DE TÁNGER» DE SERGIO BARCE

17 DE SEPTIEMBRE

a las 20.00 horas

en la SALA DE USOS MÚLTIPLES

de la BIBLIOTECA DE CEUTA

el escritor

MOHAMED LAHCHIRI

presentará la novela

LA EMPERATRIZ DE TÁNGER

de Sergio Barce

cubierta definitiva La emperatriz de Tánger

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NOVELA NEGRA Y «LA EMPERATRIZ DE TÁNGER», ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN EN ALGECIRAS

 Solapas definitivas La emperatriz de TángerLa periodista y escritora Nurya Ruiz me invitó a presentar mi novela La emperatriz de Tánger en el Centro Documental José Luis Cano de Algeciras, un edificio magnífico. Me explicó que primero habría una charla sobre novela negra y luego abordaríamos mi libro. Al aceptar el reto, pensé cómo enfocar el primer tema sin ser aburrido y, sobre todo, cómo salvar el escollo sabiendo como sé que, como lector, no soy un fanático del género. Le pregunté un par de días antes a Nurya si sólo intervendría yo en ese asunto, y al confirmarme mi sospecha preparé sobre la marcha un texto que, por lo que me dijeron, gustó mucho. Lo reproduzco más abajo. No es nada pretencioso, sino más bien  un brindis por algunos libros que me han gustado.

Nuria, junto a Carmen Sánchez, de la revista Hércules, hicieron la introducción y hablaron de mis libros, con mucho cariño, hay que decirlo, y luego Carmen leyó un párrafo, de los más sensuales de la novela. Como broche, antes de que se abriera un pequeño debate sobre La emperatriz de Tánger, Juana Mª Moreno, actriz de doblaje y de teatro radiado (en su larga carrera está por ejemplo su trabajo en la radionovela Lucecita), con una dicción perfecta, leyó también otro fragmento de la novela que nos dejó a todos sorprendidos porque no sólo leía el texto sino que, en los diálogos, interpretó a Esther Lipman y a Augusto Cobos… No pudo ser más visual, y original.

Como asistían varios escritores, las intervenciones finales en el coloquio fueron muy interesantes y enriquecedoras. Nos lo pasamos muy bien. En resumen, la presentación en Algeciras fue de lujo. Por supuesto, no falló mi amigo y paisano larachense Eduardo Espinosa.

Sergio Barce, julio 2015 

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   Llevo en la comisaría de Algeciras desde las tres de la tarde, y la conferencia comienza a las siete. Aún no sé exactamente el motivo por el que me han parado cerca de la desviación al puerto y por qué me han detenido. Pero aquí estoy, declarando en medio de mi desconcierto, preocupado porque quizá no llegue a tiempo a la charla.

   -Querría aclararles que no soy ningún especialista en novela negra, ni siquiera soy un lector voraz de novelas negras. Pero, como todo escritor y como todo lector, obviamente tengo mis títulos favoritos dentro del género negro o noir.

   Me quedo callado. Los ojos del comisario Pérez me taladran con un desprecio inesperado.

   -¿Quiere hacerme creer que no sabe nada de literatura negra? –el inspector Martínez le pasa una carpeta, y sé en ese instante que saben más de mí de lo que imaginaba. Pérez abre el expediente, lee algo y me mira por encima de la montura de sus gafas-. ¿Qué sabe de Poe? Porque habrá leído a Edgar Allan Poe…

-Claro que he leído a Poe –confieso-. Sé que Los crímenes de la calle Morgue se considera el arranque de lo que hoy conocemos como novela negra o policíaca, con un detective de protagonista. Creo que hablamos del detective Dupin.

-Continúe –me ordena el comisario asintiendo con la cabeza.

   -Bueno, en realidad era un cuento más que una novela –añado, sin saber a dónde me lleva este interrogatorio sobre literatura y que bien podían hacerme más tarde tras la conferencia, incluso en la misma conferencia. El caso es que he de seguir hablando si quiero salir de aquí-. El detective se llamaba August Dupin, y fue el modelo empleado por Conan Doyle para su inefable Sherlock Holmes. Pero hay una diferencia sustancial entre ellos… Dupin no ha tenido mucha suerte en el cine, mientras que Sherlock Holmes ha sido encarnado por actores inmensos y se han filmado muy buenas películas y series con el doctor Watson a su lado…

   Siento cómo inesperadamente el inspector Martínez da una zancada, sorprendiendo incluso al comisario, que se le queda mirando con cierta estupefacción cuando lo ve ya encarado a mí. Lo tengo a menos de un centímetro de mi cara, y, al increparme, su mal aliento me abofetea con violencia.

   -¡Estamos hablando de literatura! ¡No de cine! –me espeta arrastrando sus palabras hediondas.

   No sé cómo puedo mantener el tipo, pero no me amilano y continúo largando.

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