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Próximo sábado 11 de junio, Feria del Libro de MÁLAGA: Firma Sergio Barce su novela UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE

Este próximo sábado 11 de junio

firmaré ejemplares de mi última novela

en la caseta nº 26, Librería Lafer,

a partir de las 19.00 horas

MÁLAGA, FERIA DEL LIBRO, programa del próximo sábado 11 de junio de 2011

Hora

Evento e información

12:00 horas Presentación del libro «Una mujer, una historia»
Organiza: Ediciones Alfar
Intervienen: Sasi Alami, Manuel Alba e Isako (Presentadora y colaboradores de «La vida es bella». RTVM Marbella)
Edita: Ediciones Alfar
Autor: Ana Herrera Barba
Presenta: Aurora Gámez (Poeta, escritora, presidenta de ALAS)
Lugar: Salón de Actos del Rectorado (Avda. Cervantes nº 2)
13:00 horas Presentación del libro «Criaturas abisales»
Organiza: Centro Andaluz de las Letras
Edita: Los libros del lince
Autor: Marina Perezagua
Lugar: Salón de Actos del Rectorado (Avda. Cervantes nº 2)
18:00 horas Narración de cuentos y taller a cargo de El Mentidero «El sombrero es quien nos cuenta»
Público familiar
Organiza: Centro Andaluz de las Letras
Lugar: Salón de Actos del Rectorado (Avda. Cervantes nº 2)
19:00 horas Cuentacuentos basado en el libro «¿Qué me pasa, Ntumba?»
Organiza: Médicos Sin Fronteras
Edita: Icaria
Autor: Feli Ibánez
Lugar: Biblioteca Infantil
20:00 horas Presentación del libro «El bolígrafo de gel verde»
Organiza: Centro Andaluz de las Letras
Edita: Espasa Calpe
Autor: Eloy Moreno
Lugar: Salón de Actos del Rectorado (Avda. Cervantes nº 2)
12:00 horas FIRMA DANIEL MADUEÑO
Libro: Árbitro , cabrón
Edita: Avar Ediciones
Lugar: Casetas Librerías Proteo y Prometeo (Nº 34-35)
12:00 horas FIRMA JOSÉ JIMÉNEZ
Libro: La destrucción del patrimonio eclesiástico en la Guerra Civil. Málaga y su provincia / La quema de conventos en Málaga
Edita: Arguval
Lugar: Caseta Editorial Arguval (Nº 19)
12:00 horas FIRMA FELI IBÁÑEZ
Libro: ¿Qué me pasa Ntumba? Cuentos sobre enfermedades olvidadas
Edita: Icaria
Lugar: Casetas Librerías Proteo y Prometeo (Nº 34-35)
12:00 horas FIRMA JOSÉ ANTONIO RODRÍGUEZ MARTÍN
Libro: Los niños de Écija
Edita: Olabarrieta
Lugar: Casetas Librerías Rayuela (Nº 27-28)
12:30 horas FIRMA ANTONIO GÓMEZ YEBRA
Libro: El grillo
Edita: Algaida
Lugar: Caseta Casa del Libro (Nº 38)
19:00 horas FIRMA SERGIO BARCE
Libro: Una sirena se ahogó en Larache
Edita: Círculo Rojo
Lugar: Caseta Librería Lafer (Nº 26)
19:00 horas FIRMA MANUEL MOYA (XII Premio Unicaja de novela Fernando Quiñones)
Libro: Las cenizas de Abril
Edita: Alianza
Lugar: Caseta Casa del Libro (Nº 38)
19:00 horas FIRMA JOSÉ AGUILAR
Libro: Anécdotas de hoteles
Lugar: Caseta Librería Lorca (Nº 25)
19:00 horas FIRMA CARMEN GIL
Libro: ¡¡Que miedo¡¡
Edita: Aljive
Lugar: Caseta Libritos (Nº 17)
19:30 horas FIRMA ANTONIO SOLER
Libro: Málaga paraíso perdido
Edita: Fundación José Manuel Lara
Lugar: Casetas Librerías Proteo y Prometeo (Nº 34-35)
19:30 horas FIRMA MANUEL RUIZ MONTAÑEZ
Libro: El país de los espíritus
Edita: Martínez Roca Ediciones
Lugar: Casetas Librerías Proteo y Prometeo (Nº 34-35)
20:00 horas FIRMA ELENA COSANO
Libro: Cándida diplomática
Edita: Algaida
Lugar: Casetas Librerías Rayuela (Nº 27-28)
21:00 horas FIRMA ELOY MORENO
Libro: El bolígrafo de gel verde
Edita: Espasa Calpe
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Fotos e intervenciones en la presentación en MÁLAGA de mi novela UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE

Pablo Cantos, Sergio Barce & Pedro Delgado durante la presentación en Ambito Cultural

El pasado 1 de Junio, se presentó en Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Málaga mi última novela UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE (Edit. Círculo Rojo). Fue un acto simpático, en el que nos reunimos un buen grupo de amigos, conocidos y aficionados a la lectura. He de agradecer la ayuda de Isabel Ramírez, responsable de Ámbito en Málaga, por cederme una vez más la sala de conferencias para presentar mi novela. Y a José Luis Gutiérrez por las fotografías que me ha enviado ( de la misma manera que le agradezco la que me hizo para la solapa del libro), y especialmente a Pablo Cantos y a Pedro Delgado por sus estupendas y entrañables intervenciones, que reproduzco para vosotros. Y, por supuesto, a todos los que acudisteis para arroparme en esta ocasión.

Larachenses – Julio Zambrano, Sergio Barce & Jose Mari López Garry

Jose Luis Arrojo & Elisa, Sergio Barce, Leopoldp López-Herrero & Paloma

El acto lo abrió Pablo Cantos Ceballos, con palabras cálidas con las que daba la bienvenida a todos, y las que me dedicó rezumaban cariño y afecto, el mismo que yo le profeso a él.

Pablo Cantos durante su intervención

Siempre le he admirado, y me ha transmitido en estos años la constancia, el tesón, el seguir adelante con la escritura porque, como me repite, sólo la perseverancia da sus frutos. Luego, leyó un texto precioso sobre mi novela y que tituló «La rebeldía de los soñadores»:

No conozco Larache. ¿Has estado por allí?, me preguntó Sergio Barce hace casi diez años. He estado varias veces, sobre todo en el Norte pero una vez llegué hasta Ouarzazate, le contesté. Tienes que venir conmigo, en cuanto haya ocasión. Pero la ocasión tarda, a su pesar y al mío. Entretanto, Sergio me va regalando fragmentos de su ciudad. Nombres, rostros, edificios antiguos, recuerdos tomados de un botín inagotable que trajo consigo y que siempre lo acompaña. Sergio vive aquí, en Málaga pero, para soñar, se traslada hasta su ciudad de siempre. Cuando la realidad lo enreda, Sergio mira hacia arriba y, sin esfuerzo, se eleva hasta el laberinto de su infancia. El laberinto está pintado de cal y azulina, y tiene vistas al Balcón del Atlántico. Por eso huele a mar y a sardinas, o a aceitunas, jengibre y pimentón. Ahí es donde vive Tami. El niño encimado por la maldad ajena, y redimido por los relatos de su abuelo y los brazos de su madre. El niño frágil que, incomprensiblemente, resiste. No le es fácil. Hace falta creer mucho, sortear mentiras y amenazas para convertir un cigarrón verde en aguerrido combatiente, para servir al gran Saladino y para cortejar princesas tan altivas como Aixa. Pero la realidad, aunque retrocede, no se rinde; la realidad es un padre impío, un hermano mayor, un abuelo viudo, y un cuartucho con jergón en el que dormir la fiebre. La realidad tiene los brazos fuertes, y Tami los bronquios cargados y un propósito hecho ilusión de belleza. Así, entregado y decidido, llega hasta la Playa Peligrosa. Ya no valen medias tintas: la fantasía que lo ha protegido, lo desafía. Una sirena. Es una sirena varada quien lo mira, lo seduce y lo reta para que compruebe si los sueños tienen la verdad necesaria para seguir viviendo. <<¿Y tú me crees?- su pregunta brota de la garganta con un temor de descalabro. Su madre parpadea un par de veces esbozando una sonrisa de conmiseración, tal vez sopesando la respuesta adecuada. Asiente con la seguridad que le da el no poder defraudarlo. Lo arropa de nuevo y lo besa en la frente, barruntándose que probablemente tendrá que llevarlo al médico.

-Claro que te creo. Siempre- toma aire antes de preguntarle- Tami, ¿me regalarás algún día una de tus estrellas?>>

No es verdad. En el mundo no hay sirenas, y Rachida lo sabe. Pero la ilusión de Tami es tan vigorosa que algunos, sin creerla, ansían compartirla. Luego están los otros, los miserables, los sometidos, los ventajistas borrachos de mundo y de realidad. Pero nada de esto es para ellos. Ellos se conformarán con sus abusos, su violencia y sus engaños de filibustero, porque sospechan que las sirenas nunca los mirarán con sus ojos transparentes. Las sirenas son solo para los rebeldes que sueñan.”  (Pablo Cantos Ceballos, realizador y guionista de cine)

Sergio Jr., Berry, Sergio Barce, Remedios, Antonio Berrocal

Más larachenses – las hermanas Salgado, Sergio Barce y Marina López Matres

Además de los amigos de la infancia en Larache, acudieron los amigos que compartieron mis primeros años en Málaga, los años de juventud, los años de Universidad, los amigos y compañeros de hoy, quienes hacen mi vida. Pepe Sierras, Oscar Campoy y María José, Pepe Guti, Leopoldo López-Herrero y Paloma Naranjo, José Luis Arrojo y Elisa, Julio Zambrano, Marina López, Jose Mari López Garry, Lucy, Lola…

Pedro Delgado Fernández durante su exposición

Luego tomó la palabra Pedro Delgado Fernández que también me apoya en esta lucha por continuar intentándolo, igual que yo le animo a hacerlo, pese a las dificultades que se nos presentan. Me fascina su pundonor, su pulso por sacar adelante sus libros, igual que un corredor de fondo. Con su texto, complementó perfectamente las palabras previas de Pablo, porque las suyas eran ahora como mirar mi novela, es decir, Larache, desde una terraza, éste podría haber sido el título que precedieran a sus palabras:

Hay escritores para los que no tiene importancia el lugar en el que se desarrollan sus novelas. Lo mismo podrían tener como escenario Madrid que Barcelona, Lisboa que Faro, Nantes que París…, pero Sergio es de esos otros autores para los que ese hecho sí es importante, para los que el paisaje es un personaje más, como lo es el Monument Valley para John Ford en sus películas del Oeste, haciendo de paso referencia a esa afición compartida por el western. La ciudad es un personaje más con sus luces y sus sombras que hace que, los que seguimos su trayectoria y hemos leído sus novelas anteriores, conozcamos, hayamos estado o no allí, la villa de Larache.

   Es por eso que reconocemos esos lugares comunes: El embarcadero y la desembocadura del Lükus;  el Mercado Central; el castillo de las Cigüeñas, en cuyas ruinas se esconden los amigos de Tami para fumar o cruzar sus espadas de madera, y donde se celebraba el festival de guitarra y música; la cuesta del Hammam; el cementerio cristiano sobre el acantilado, por el que corre Tami con Bennani, y en donde estuve con Sergio visitando la humilde tumba de Jean Genet; la explanada del Majzén; el Luís Vives, adonde me llevó Sergio para presentar <Al sur del Sahara>, mi primer libro de viajes; el bazar Comandancia de Ragala, lugar de encuentro de artistas donde lo de menos es vender instrumentos musicales; la Medina, laberíntica y mágica como todas; la calle Real, donde Tami se encuentra con Hassan, que debió de ser alguien muy parecido al <Lengua> de Málaga; el Zoco Chico, con su piso empedrado sobre el que algunos, como el padre de Tami, extienden sus mercancías de segunda mano haciéndole la competencia a los vendedores de los bazares que se cobijan bajo los arcos de los soportales; la plaza de España o de la Liberación, con los arriates que la rodean; el balcón. ¿Cuántas veces no se habrá sentado Sergio con sus amigos sobre la balaustrada, con los pies colgando hacia fuera, cara al océano? ¿Cuántos barcos pesqueros, de paso lento y pesaroso, no habrá visto atravesar la barra de la desembocadura?

   Uno adivina esas pinceladas autobiográficas en algunos apuntes, e imagina a Sergio creyéndose el mismísimo Barbarroja al cruzar el Lükus o jugando al fútbol con sus amigos, aunque sus nombres no sean exactamente Lotfi, Mustapha, Miguelito, Samir o Bennani.

   Y me gusta que existan personajes reales entre los “extras” de la novela: Filali el del banco; Pilar Triviño y su hermano Toni, el que trabaja en el consulado de España; la doctora Ouazari y el doctor Ali Marzouki; Mayid Yebari, hermano de El Hach Yebari, el del bazar de la avenida Mohamed V, que a veces le da cinco dirhams a Tami para que se compre garrapiñadas. Yo he estado con Sergio en el bazar del Sr. Yebari; los directores de cine Abdeslam Kelai y Cherif Tribak, sentados en el café Lixus; el guitarrista Ahmed el Guennouni;  Luisito Velasco; los poetas Mohamed Abid y Al Bakri; Sibari, el más popular de los escritores marroquíes que escriben en castellano. Una persona entrañable con la que compartí unas horas en la Casa de España de Larache; Mohamed Mrabet, que no es el escritor que encumbró mi admirado Paul Bowles al transcribir su Amor por un puñado de pelos, sino ese señor con mayúsculas que vive en la Medina y que tiene una pequeña asociación llamada Al Kasaba, y que es de los pocos que cuidan la zona; Rachid Serrouk, el de la librería Al Ahram, donde también estuve, la persona que le regala a Tami ese cuaderno de dibujos que todos los niños quieren tener; Manuel Gallardo, el abuelo materno de Sergio, que es el policía que abrió camino con la sirena de su motocicleta al abuelo de Tami y a Casitas, el jugador del Larache, para que llegase a tiempo al partido que le ganaron al Martos. El otro día miré por curiosidad en qué división juegan actualmente cada uno de los equipos. El Martos Club de Fútbol milita en la tercera división (grupo IX), pero el Larache Club de Fútbol desapareció con la independencia de Marruecos en 1956. Jugaba en el estadio de Santa Bárbara, con capacidad para 4.900 personas, y la camiseta de su equipación era como la del Málaga. El equipo se fundó en 1940 con el nombre de Patronato Deportivo Larache, y en 1947 cambió de nombre por Larache C.F. Alcanzó la tercera división española, donde militó 8 temporadas hasta su desaparición. La sede social del club se encontraba en el Bar Selva, en la plaza de España.

   Hablando de fútbol, me gusta pensar que Tami, de existir, estaría contento por la victoria del Barça el pasado sábado, y que se habría paseado con su camiseta blaugrana con el nombre de Xavi en la espalda, por las plazas y las calles de la ciudad.

   Todos sabemos, como el tio de Miguelito que era marinero, que las sirenas desaparecieron hace siglos, pero después de leer esta novela uno no podrá dejar de otear la playa cuando visite Larache, con la esperanza de que aquella sirena todavía no se haya ahogado.”          (Pedro Delgado Fernández, escritor)

Con mis padres y mi hijo Sergio

Jose Luis Gutiérrez en primer término, el paparazzi cazado

Creo que vi a Montecatine pero no me dio tiempo a saludarlo al finalizar la presentación; Manolo Franquelo y prometida llegaron a última hora apurados por la preparación de su boda al día siguiente (un detalle precioso el intentar llegar a tiempo, eso ya merece de por sí un tributo), Amelia Arán y Ángel Bayo,  también Jofran Martín Caparrós, que acaba de sacar su nueva novela «El cráneo de la araña»; Ricardo Fernández y Dolores Campos, que nunca me fallan, Jose Luis Gutiérrez, cámara en ristre, mis padres, más nerviosos que nosotros, Vanesa y Francisco Vertedor (buen golpe el suyo al preguntarme en el coloquio final «¿para cuándo una novela sobre Larache?»), Lolín, Mavi, Pilar Rodríguez y Mari Carmen Costa, que presagiaron este momento, Uco y Pilar, mi sufrida secretaria Palmira y su marido Antonio García, estaba también José Luis Gómez, que siempre nos hace recordar a su padre don Aurelio, Loli Salgado y su hermana, Jesús Ortega y José María Solís, que trataban de hacerme una pregunta en italiano y correr la voz de que el Club del Gourmet del Corte Inglés iba a ofrecer una degustación gratis (menos mal que nadie se enteró de sus pretensiones, porque hubiésemos causado un caos absoluto).

Pedro con sus padres y Lucy

Paco Vertedor, o Francesco Vertedore, como a él le gusta llamarse en Florencia

Pablo Cantos invitó a unos alumnos suyos, dos chicos, ella nacida en Nador, así que creo que disfrutó especialmente de cuanto se dijo. Mi compañero Francisco Jurado y Dorita (ella amenaza con hacerme una crítica exhaustiva de la novela que ya espero con ansiedad), Julio Rabadán, que puso la «nota» musical, los padres de Pedro Delgado, Carlos Jiménez, que no se prodiga demasiado y eso sube el caché de su presencia, Berry y Antonio Berrocal y Remedios, que, según mi padre, iba a romper la cámara de fotos por ser tan bonita, Paquita, y mi hijo Sergio (Pablo estaba en Madrid, donde estudia). Por supuesto había mucha más gente, algunos no los conozco personalmente, y a otros los recordaré sin duda en alguna ráfaga de lucidez que me traiga sus imágenes. A quienes no he nombrado, les pido disculpas por mi despiste, mi mala memoria, o simplemente porque, quizá, no nos dio tiempo a saludarnos y ni siquiera sepa que estuvieron allí.

Al final leí algunos párrafos de UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE, y firmé varios ejemplares. Fue una jornada perfecta, rodeado de la gente que aprecio y que quiero. Mi hijo Sergio se rio mucho, y eso fue lo importante.

Carlos Jiménez junto a mi madre

Paquita, una fan desatada

Después de esta presentación, vino la de Madrid que, si el tiempo y la autoridad no lo impide, será el siguiente capítulo…

Sergio Barce

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«UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE» de Sergio Barce, según el profesor ABDELLATIF LIMAMI

La presentación de mi novela

UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE

el pasado 14 de mayo en el Colegio Luis Vives de Larache

corrió a cargo de mi entrañable amigo el profesor Abdellatif Limami, que ha tenido la deferencia de enviarme el texto completo de su intervención, y que reproduzco a continuación:

Abdellatif Limami

Crónica de voces apagadas en

Una sirena se ahogó en Larache

 de Sergio Barce [1]

 por

Abdellatif LIMAMI

Universidad de Rabat – Marruecos 

 “…Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como perlas de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… /…/ Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… “         Pablo Neruda – Confieso que he vivido 

Todos en nuestra vida llegamos a un momento en el que nos vemos obligados a marcar un antes y un después. Y felices son aquellos que lo pueden hacer utilizando las palabras como  razón existencial o como oxígeno que da vida espiritual. Pero escribir  es a la vez aprender a morir y volver a nacer, sobre todo cuando a través de este  acto, se rescatan gratos recuerdos o se exorciza una amarga realidad que yace en las entrañas de uno, con sus alegrías y satisfacciones, pero también con sus espinas y su dolor.

 Y es el caso de Sergio Barce que sigue gozando del no ser huérfano por conservar sus dos mundos predilectos: el Larache de su infancia y el Málaga de su edad adulta. Y resulta que la infancia es recinto de la memoria para tratar de apaciguar la nostalgia; lo que explica el predominio pero también la evolución de este mundo en su universo narrativo: En el Jardín de las Hespérides en 2000, un relato lleno de recuerdos y cuyo personaje central “estaba construido por trozos de mis recuerdos (mi infancia)” afirma Sergio antes de añadir que “este relato parte  de la historia de mi abuelo y la juventud de mi padre” con mucha nostalgia e idealización. Viene luego Últimas noches en Larache en 2004  y en el que se mantiene esta nostalgia pero que empieza a dejar ya el paso a una radiografía del Larache de 2004, en que el autor aparece como testigo impotente frente a un deterioro de la ciudad que califica como  “un desengaño”. En fin, Sombras en sepia en 2006, donde “hay una cierta mezcla entre el pasado nostálgico pero en el que ya irrumpe la realidad del deterioro, de la decadencia de la ciudad, y ahí lo denuncio y lo describo en toda su crudeza” subraya el autor.

Con Una sirena se ahogó en Larache (2011), se consigue finalmente el reto tan deseado: “escribir del Larache de hoy pero desde dentro de una familia marroquí muy humilde, con muchos problemas de cara al futuro de sus hijos” y plasmar al mismo tiempo la desilusión que supone la desaparición paulatina de “la memoria y la historia de un pueblo”  a favor de una mera política del lucro o tal vez de la ignorancia.

El título del relato, con su connotación mitológica que huele a mar, es muy sugerente. Según el propio autor, corresponde al despertar sexual del niño, a su desbordante imaginación que lo protege contra la violencia circundante, pero también a las almas  (como la de Ahmed, su hermano mayor) que, en su intento de buscar el paraíso perdido, terminan como esposos legítimos de las profundidades del mar, y cuyos cuerpos se arrojan luego a las orillas:

“Es la imaginación del niño /…/ el inicio a su despertar a la sexualidad, que termina por concretarse en la chica, pero también es otra forma de escapar de Tami de la cruda realidad de cada día. Ahmed busca su salida en la patera, y Tami en sus sueños, que, con la fiebre que suele padecer, construye en su imaginación todo tipo de historias, de aventuras, de monstruos malos y buenos… Una sirena se ahogó en Larache, lo puse pensando en Ahmed, pero también en todos los sueños que se han ido ahogando en Larache, los del pasado, los del presente y, para algunos, los del futuro que no tendrán jamás.” 

Abdellatif Limami, junto a Sergio Barce, durante su disertación

En otro plano, y tal como aparece en la novela, la sirena queda asimilada a una mujer que varía de la visión materna al despertar sexual: “Tiene el cabello largo y oscuro,  aceitoso, y el rostro muy pálido, en exceso, casi un cadáver /…/ Las pestañas parecen de sal /…/ La mujer despide un penetrante olor a pescado, como los atunes que la almadraba desemboca en el marsa /…/ verla atenúa el efecto de una manera curiosa, como si, desde la sonrisa que no esboza, se expandiera un perfume inocuo /…/ Tami descubre también sus pechos rotundos, erguidos, que imagina llenos de leche”  (PP. 49-50/50)

A nivel espacial, tanto los micro como los macro espacios que integran este relato no salen del perímetro urbano de la ciudad de Larache. De la casa familiar al embarcadero, al mercado central, al Jardín de las Hespérides, al Balcón…, todo está enmarcado en este espacio predilecto de Sergio Barce.

La casa familiar de Tami está a imagen de estas casas de las familias humildes de esta ciudad. El hogar “no sobrepasa los cincuenta metros cuadrados” y cada una de las habitaciones “es angosta”. Las escaleras son “estrechas, empinadas, con la barandilla de hierro oxidada que aún se sujeta milagrosamente” (pp. 27-28). Salvo el cuarto de Tami y el de sus padres, “las demás carecen de ventana alguna” (p.8).  En ella “sobrevive un viejo televisor Telefunken”  (p.7), “un pequeño habitáculo, que sirve de almacén”, “un retrete con una ducha”. En la azotea, hay un cajón de madera que atesora “algunas herramientas del abuelo de cuando ejercía de mecánico en el Taller de Barrajón” (pp. 7-8).

Fuera, lucen los espacios predilectos de la infancia de Sergio Barce: el Balcón del Atlántico,  la playa peligrosa y el Castillo de las Cigüeñas, la Calle Real, el  Zoco Chico, la plaza de la Liberación (la Plaza de España), la Torre del Judío, la puerta de la Medina, el café Lixus, el Santuario Lalla Menana, el Jardín de las Hespérides, la Explanada del Majzén, Punta Negra, el Cine Ideal…todos recuerdos repujados cariñosamente y para siempre en la memoria del adulto Sergio Barce, pero también espacios que remiten a  distintas épocas históricas de Marruecos.

Así es el embarcadero con el habitual ajetreo del verano  y un sol que se refleja en “las crestas cristalinas del agua esmeralda” (p.15):  “Las barcas chocando unas contra las otras al pie de las escalerillas, mecidas por el movimiento de los remeros que invitaban en pie a usar sus pateras, y de los viajeros, disputándose el saltar los primeros a las más cercanas” (p.14 )

Y así es también el Mercado Central, “con sus tejados verdes, sus paredes blanqueadas, con ese aire de sueño nazarí” (p. 40) y los puestecillos de las mujeres con “verduras, requesón, fruta, gallinas vivas atadas por las patas con cuerdas de esparto, huevos, palmitos, brevas y uvas, algo de especias y melones de Tlata de Reixana” (p.38)

Pero el Larache del macro espacial es también un espectáculo de desolación con sus “ruinas decrépitas” (p. 93), sus “murallas pálidas y cansadas” (p.94), sus “callejuelas asimétricas” y “escaleras destrozadas” (p.109). La Iglesia de San José con su fachada espectral que “se inclina con precipitación hacia un futuro del olvido” (p. 151). Lo todo, presentado a veces con el vaivén de la gente como una “armonía caótica” (p. 99) y otras veces como “un insólito páramo de ausencias” (p.152). Anima este espectáculo esperpéntico la música de las bodas, una especie de “Babel musical” (p. 111) o de “resaca de la música” (p.  93).

Hablando de esta destrucción masiva y desoladora de la ciudad, Sergio Barce, dolido e impotente afirma: “La destrucción patrimonial de Larache es tan sistemática que va a desaparecer inevitablemente, y quizá ya ni siquiera me detengo a denunciarlo porque es un esfuerzo que está resultando inútil. Contemplo cada vez que vuelvo una herida nueva en la ciudad, un edificio valioso por su arquitectura o su historia que o ha caído o está a punto de hacerlo”.

La historia del niño se construye en torno a una serie de personajes principales  entre los cuales la familia ocupa un lugar privilegiado, pero también en torno a personajes periféricos que forman la red de amigos, vecinos o conocidos de Tami o familia. En este abanico red de personajes, sobresale la figura de Mohammed, el padre del niño, con su áspero y riguroso tacto, su mente vacía, que parece estar en “un pozo acuoso  de mares y remolinos” (p. 125). Lo caracteriza su violencia e indiferencia frente a Tami y frente a todos, hasta tal punto que su mujer le llega a insultar tan sólo  “con el vacío hiriente de su mirada” (p. 115). Luego está Ahmed, su hermano mayor, un caso perdido, sobre todo en los estudios (véase pp. 25-26), y sobre todo Salwa, musa del despertar sexual del niño (véase p. 67).

Con su rostro pecoso y unas pelusas rubias sobre el labio superior (véase p. 74), Miguelito, un niño español amigo de Tami, constituye, por lo menos para un lector que no vive en Larache de hoy,  una curiosa presencia en el relato de Sergio del 2011; una manera, afirma el autor, de abolir las barreras de la raza, la nacionalidad o de la confesión, que no existen en el mundo de los niños, tales como los ha vivido el niño Sergio:   “es un personaje que he introducido porque aún hay españoles o nezeranis en Larache, pocos, pero los hay, y una manera de demostrar que cuando eres niño no distingues si tu amigo es de un origen o de otro, sólo es un compañero. No existen esas diferencias, y así es como ocurría en mi niñez, porque la inconsciencia de la niñez es un diamante en bruto que otros adulteran”

Esto trae también a la mente el tema de la convivencia de todas las comunidades larachenses, sobre todo a nivel confesional, constante en la obra de Sergio Barce. Al entrar a Jerusalem, Salah al-Din, siguiendo las enseñanzas del profeta, “ordenó a sus hombres que no habría saqueos ni se mataría a ningún enemigo, a ningún infiel” (p. 24) y prohibió la destrucción de la Iglesia del Santo Sepulcro. Se trata aquí de uno de las constantes temáticas en la obra de Barce, y que se puede considerar como una  preciosa reminiscencia y herencia de su infancia:    “vivimos en propia carne un ejemplo que no se sustenta en una entelequia sino en una realidad /…/ las fiestas las compartíamos, nos invitábamos (nuestras familias) los unos a los otros a celebrar los Reyes Magos o el Mulud o el Purim, es una experiencia inolvidable que te abre los ojos. Algo de añoranza hay, pero sobre todo testimonio para las nuevas  generaciones que, cuando se lo cuentas, te miran como si fueras un extraterrestre”

Sin lugar a dudas, la construcción positiva de este abanico de personajes se reduce a la figura de El Hach, el abuelo materno de Tami, y con el cual el niño tiene todas las complicidades y cariño del mundo. Luce, al igual que su nieto con sus “ojos azules y mayores” (p. 19) y vive retraído, en paz en su terraza junto a un pequeño aparato de radio que sintoniza a una emisora de Tánger o Radio Nacional de España, “una radio maltrecha y arañada con más años que Matusalén”  (p. 22). Es tan retraído que  “cuando se mete a fondo en la tarea se olvida de que el mundo sigue girando más abajo” (p. 19). Parece ser un ciclo acabado, cuya memoria se ha detenido en Scheherezade, y en  los viajes de Simbad y de Ulises  (Véase p.57). Se entretiene “rompiendo nueces con sus enormes manos encallecidas” (p. 1) y secando un ojo que le lagrimea con un “pañuelo arrugado, siempre con el mismo gesto repetido” (p. 11). El personaje recibe una pensión exigua que sirve para ayudar a su yerno y pagar el colegio de su nieto  que ha matriculado en el colegio español Luis Vives de Larache (véase p. 25 y 28), siendo el idioma castellano una de sus obsesiones. Su cariño por el crío se transforma en sufrimiento ya que cada vez que lo mira y lo ve alejarse por las callejuelas de la ciudad, “se golpea las sienes con los puños y enmudece en cuanto se da cuenta de que no hay faroles que iluminen los pasos de su nieto y de que, en la oscuridad, el niño tendrá miedo y no sabrá cómo regresar” (p. 16 )

Como cualquier ciclo acabado, el personaje tiene una memoria deficiente que sólo retiene trozos inconexos, o relatos que se van enriqueciendo con el tiempo, añadiendo algún que otro detalle a esos relatos. Nostálgico de su pasado, descubre a Jazmín (su mujer), no sin dificultad, detrás de unos cristales de la casa; una imagen surgida del pasado que “ve caminar por la Hípica, orgullosa, con su cuerpo elegante y esbelto, los ojos enmarcados con el negro perfil del khol” (p. 19). Pero “hace ya más de año y medio que es incapaz de recordar los detalles exactos de su mujer, como si Yazmín hubiese de desaparecer también de su memoria” (p. 20).

Tami percibe a su abuelo como “un sabio que no desea ser descubierto y que vive ahí, impostado bajo la apariencia de un modesto mecánico jubilado” (p. 23) y cree que “la memoria del abuelo, al igual que va perdiendo el perfil grabado de su mujer, también ha borrado las aventuras de piratas y de princesas, como si Ulises hubiera llegado ya  a Ítaca y diera el libro por acabado” (p. 116).

En cuanto a Mohamed, su yerno, lo percibe al final de la novela como un ser “rodeado de piezas, casi un espejismo, una especie de escena irreal de un taller en el que se reparasen las almas oxidadas”.

El relato gira entonces en torno a una niñez castrada que sólo salva la desbordante imaginación. De una familia muy humilde, Tami, un niño de casi diez años, a imagen del niño yuntero, crece como una herramienta, a los golpes destinado. Los relatos que su imaginación teje constituirán la única válvula de escape que le permite resistir y erguirse. Desde el principio, luce con su «cuerpo frágil», sus «ojos hambrientos» (p.7) y cansados “que siente como arenosos” (p.11); pero también «despabilado» (p.7) e inteligente, cuyos enormes ojos azules constituyen su mejor herencia familiar ya que los tiene de su abuelo, El Hach. El abuelo atisbará en él “una inteligencia innata superior a la de otros chicos de su edad” y “una memoria precisa que le permite recordar todos los relatos y cuentos que él le deposita generosamente” (p. 27).

El niño arrastra una enfermedad crónica e irreversible que le perfora los bronquios “frágiles como papel de fumar” y los pulmones que “carecen de defensa” (véase pp. 7 y 114) y sufre los malos tratos de un hermano mayor que lo martiriza con su continua violencia. Al ensuciar Tami sus nuevas zapatillas, “Ahmed se había quitado una sandalia incorporándose con rapidez y cogiéndole del cuello con la mano libre /…/ Le hincaba los dedos en el cuello de una manera certera, impidiéndole refugiarse en la casa” y “le zurraba en el trasero con tanta fuerza que el dolor cercenó cualquier grito”  (p.18). A esta violencia se añade la de un padre (Mohammed), “indiferente frente a la enfermedad de su hijo” (p.34), que le inflige “golpes incomprensibles” (p.25) y lanza guantazos que le dejan “marcado los dedos en la mejilla” (p.83). El niño termina sintiéndose “como un mueble viejo al que han arrinconado en una habitación” (p. 116), “ensimismado” y “ajeno al reflujo de la vida cotidiana de su familia” (p.146) y huye a la calle donde se enfrenta con otras violencias: la de Amin, el hijo del carnicero que procura robarle su camiseta del Barça con el nombre de Xavi (P.13); la del mejazni Larbi, denominado el James Bond (véase pp. 42 y 44).

 

En fin, y sobre todo la del francés Pierre (…)  “Los brazos de Pierre se hacen férreos, igual que lianas que lo amarraran contra sus piernas” y sus manos “se agigantan y lo zarandean como un muñeco, hasta tirarlo al suelo” (p.157). Pierre termina dándole una bofetada “tan seca que Tami se queda paralizado y es incapaz de articular palabra” (p.159). Aterrorizado y abatido, el niño se rinde, se deja llevar y procura encontrar cobijo en su imaginación:

“Entonces el niño da un grito, agita la cabeza de un lado a otro y empieza a dar patadas al aire y puñetazos con sus pequeñas manos cerradas, sin abrir los ojos. Blande su espada de acero de Damasco y la hiende en el corazón de Pierre, en medio de una cruenta batalla al asalto de la fortaleza de Kerak. El conde francés, capitán de los cruzados, yace a sus pies, agonizante” (p. 159)

Frente a todas las vicisitudes de la vida larachense, Tami explota entonces su fantasía “como un espacio alentador, aunque sólo provisional” (p. 34) que le permite tanto escapar a las paredes del hogar que lo encarcelan como a la jungla que ofrece el mundo exterior. Lo todo es marcharse a Tierra Santa a luchar en las cruzadas o quedarse en el puerto de Larache “cuando aún no es más que un refugio para los piratas que atacan las naves del Papa y de la Corona de España…” (p. 34). Tami vive estos sueños como si los hubiera vivido realmente, pero otras veces parece apenas recuperar algún fragmento inconexo que nada le dice. “Suele comenzar sus aventuras  – afirma el narrador- cerrando los ojos y viajando por los cielos hasta otro tiempo, hasta otro país, y se desliza en una historia que ya conoce o que su abuelo se ha encargado de recuperar de su repertorio inagotable” (p. 36). Así, “A medida que su propia fantasía se encarga de adornar aún más los hechos, convirtiéndose a sí mismo en protagonista, las imágenes se van haciendo más y más desconcertantes” (p. 36).

Frente al acto violento de Amin, que le quiere robar su camiseta del Barça, Tami se imagina saliendo del “centro del campo, bajo los focos del Camp Nou, y que el estadio corea su nombre” (p. 13). Y en otras circunstancias, pensará que el halcón, Horr (…..) fue quien “lo protegió cuando Amin quiso robarle su camiseta del barça” (p. 82).  En el embarcadero de la ciudad, “se imaginaba en realidad en una galera o en uno de los bajeles de Barbarroja, con una gumía al cinto y el brazo tatuado, subido a popa, contra el viento” (p. 15)

Atento a los cuentos de su abuelo, Tami, como uno de los lugartenientes de Saladino: “alza los brazos, grita/…/ salta, finge portar un sable que esgrime contra los enemigos invisibles que lo rodean, avanza y, con la mano, sin darse cuenta, golpea fortuitamente las otras lámparas que El Hach había dejado en la esquina de la mesa” (pp24-25).  Liberando a un cigarrón: “No duda un instante en pensar que esos soldados alados han venido hasta la casa con intención de rescatar a su rey…” (p. 30)

Con las continuas crisis que sufre, se siente ahogado hasta casi perder el sentido. De ahí el delirio suyo que nace del sufrimiento y del cual le salva la presencia de Aladino: “Pero, de pronto, baja la colina hasta detenerse justo a la puerta de la Iglesia /…/ se gira, bajo su armadura negra con ribetes de plata, y sus dos acompañantes lo imitan. Clava los pies en la tierra y, muy lentamente, mientras un grupo de soldados con aspecto fiero se acercan a su posición dispuestos a pasar por encima de ellos tres, desenvaina su sable y lo levanta, la punta desafiando a ese escuadrón descontrolado” (pp. 30-31).

   En su delirio y fiebre, se pasa horas asomado a la ventana, viendo  “una caravana de camellos silueteada sobre las dunas, camino de Tombuctú, con cientos de libros que hablan del Profeta y que van a ser entregados a los famosos escribas de la ciudad sagrada”  (p. 33).   En el Mercado Central de Larache, será poseído por un sueño nazarí y entreverá el mercado como “un pedazo perdido de los antiguos palacios omeyas” (p. 40).

 

Frente a la violencia del padre que asimila al mítico Polifemo, “Tami sólo ve, delante de sí, la expresión enfebrecida de su padre, con su cuerpo deforme y gigantesco buscándolo con saña por las galerías angostas de la caverna mientras grita su nombre: ¡Ulises! ¡Ulises!” (p. 48). El paso por el Castillo al-Nasr: lo lleva a referirse a Moulay al Mansour  Addahbi. Entonces “Levanta su sable y dedica la victoria al sultán M¨láy al-Mansur al-Dahabi, que levantó esa fortaleza, el Castillo al-Nasr” (p. 95). 

En compañía del halcón al Horr, como arma contra la barbarie humana: “Tami había pergeñado la imagen de su halcón como la de un animal excepcional, inmunizado contra la barbarie, un ser inteligente y decente /…/ seguía siendo para él un símbolo de pureza, la perfección suprema”  (p. 147).

Pero sin lugar a dudas, el encuentro con el francés constituye la experiencia más traumática que sólo la inocente imaginación del niño logra subsanar. Bajo este infame personaje, el niño cierra los ojos para ir a un viaje sin retorno: “lo esencial de la travesía es no regresar” (p. 160).

“Tami, ausente ya a cuanto le rodea, ni siquiera escucha la tormenta desatada fuera, sólo nota la sensación incontrolable de que se marea, de que le falta oxígeno, y de pronto otea tras las colinas a las tropas de Ricardo Corazón de León que se ha posicionado frente a las murallas de la ciudad. Junto a los otros soldados, dispuestos a defender Acre con sus vidas, Tami aguarda las últimas órdenes de Salah-al-Din” (p. 160)

 Salwa, sin embargo, que constituye su experiencia iniciática, tiene otra connotación y le invita a dejar suelta a su imaginación. Oír su nombre “le ha hecho recordar su desembarco con Barbarroja, su rescate de la Princesa de Argel” (p. 66), y al verla desnuda “se le cruza la idea de que todo es un sueño y de que, de un momento a otro, va a despertar en la isla, junto a los otros piratas, escoltando a la Princesa hasta su bajel para llevarla de regreso a Argel, donde ella se reencontrará con su familia” (p. 69). Se refiere aquí a “la princesa que él ha rescatado de las garras del Gobernador portugués” (p. 73).

A modo de conclusión, terminamos con estas palabras de Sergio Barce que hacen del recuerdo algo inmaterial y eterno. Gracias a él, se pueden construir puentes, exorcizar realidades, poetizar mundos, rescatar vivencias: “Los recuerdos, claro. Es lo único inmaterial. Hay tantos recuerdos que es imposible condensarlos: desde Mina, la mujer que cocinaba en casa y me llevaba al zoco con ella, a la que he dedicado varios relatos, hasta los amigos de la infancia que he ido rescatando con los años (Luis, Lotfi, Jose Maria, Gabriela, Emilio, Abderrahman, Fátima, Amina, Marina…) eso es un tesoro, los recuerdos de la playa, de mis correrías por la Medina, del Casino, del Balcón del Atlántico a donde nos íbamos cada atardecer, los partidos de fútbol en la playa cuando bajaba la marea, aquella mujer a la que le vi los pechos -los primeros que veía en mi vida, que se han quedado grabados en mi memoria-, cruzar el río en barca, los cines, allí aprendí a amar el cine, inflarnos de comer churros en la plaza de España, mis días de monaguillo en la Iglesia (éramos muy traviesos y hacíamos muchas diabluras), ya ves, en un momento han comenzado a regresar un montón de recuerdos.”

Como dijo el poeta: “Podrá no haber poetas; pero siempre / Habrá poesía”

Abdellatif Limami


[1]  Sergio Barce ; Una sirena se ahogó en Larache; Editorial Círculo Rojo – colección Novela; 1ª ed. abril de 2011; Sevilla; España. Subrayamos también que los testimonios de Sergio Barce que figuran en este trabajo corresponden a respuestas suyas a preguntas que le hemos formulado por internet (mayo de 2011)

           

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Todos los libros, a modo de resumen

A veces, comentarios de libros, reseñas o extractos de ellos, pueden pasar desapercibidos para quienes entráis en este blog. A modo de resumen, os facilito los títulos de los libros a los que se les ha dedicado algún artículo hasta hoy, a modo de pequeña guía, referencia o recordatorio. Ya sólo es cuestión de buscarlos a través de la correspondiente categoría.

Sergio Barce

Aixa, el cielo de Pandora de Mohamed Bouissef Rekab

áL. El dialecto árabe de Larache de Francisco Moscoso García

Al Sur del Sahara de Pedro Delgado

Allende los mares de José Boada

A merced de la tempestad (Tempest-tost) de Robertson Davies

Ángeles del desierto de Paloma Fernández Gomá

Biografía. Clint Eastwood de Patrick McGilligan

Cabezas verdes, manos azules (Their heads are green and their hands are blue) de Paul Bowles

Calle del agua. Antología contemporánea de Literatura Hispanomagrebí de José Sarria & Manuel Gahete & Abdellatif Limami & Ahmed Mgara & Aziz Tazi

Cartas y cortos de León Cohen Mesonero

El cementerio de Praga (Il cimitero di Praga) de Umberto Eco

Cerveza caliente de Juan Pablo Caja

Ciudad de cristal (City of glass) de Paul Auster

La ciudad del Lucus de Luis Mª Cazorla

Cuentos reunidos de Paul Bowles

Del Rif Al Yebala de Lorenzo Silva

Descripción de África de León el Africano

Desgracia (Disgrace) de J.M.Coetzee

Diccionario del diablo (The devil´s dictionary) de Ambrose Bierce

En el jardín de las Hespérides de Sergio Barce

Entre dos mundos de Mohamed Akalay

Entre Tánger y Larache de Mohamed Akalay

Expedición a la región de la Yebala y al bajo Lucus de Bernaldo de Quirós

El extranjero (L´etranger) de Albert Camus

Historia de Marruecos de Victor Morales Lezcano

Historia Natural de Plinio el Viejo

Historias de cronopios y de famas de Julio Cortázar

Infancia (Boyhood. Scenes from provincial life I) de J.M. Coetzee

Juego de cartas de Max Aub

Larache, crónica nostálgica de Sara Fereres de Moryoussef

Larache, poemas de Mohamed Al Baki

León el Africano de Amin Maalouf

Leviatán (Leviathan) de Paul Auster

El maestro de Go (Meijin) de Yasunari Kawabata

La memoria blanqueada de León Cohen Mesonero

Mis premios (Meine preise) de Thomas Bernhard

El niño criminal (L´enfant criminal) de Jean Genet

Una noche en Mozambique (Dans la nuit Mozambique) de Laurent Gaudé

Oda a la toma de Larache de Luís de Góngora

Los ojos del cordero de Pedro Delgado

El pan desnudo (Al hobs al hafi) de Mohamed Chukri

Un paseo por el Zoco Chico de Larache   de Mohamed Laabi

Poemas del Lukus de Mohamed Sibari

Puntos en el tiempo (Points in time) de Paul Bowles

Ras R´mel de Antonio Herráiz

Risa en la oscuridad (Kamera obskura) de Vladmir Nabokov

Una sirena se ahogó en Larache de Sergio Barce

Soldados de Salamina de Javier Cercas

Sombras en sepia de Sergio Barce

Sueños en el umbral (Dreams of trepass. Tales of a harem girlbood) de Fatema Mernissi

Tiempo de errores (Zaman Al Akhtaa) de Mohamed Chukri

El tiempo de la amistad (The colected stories of Paul Bowles II) de Paul Bowles

Tiempo de silencio de Luis Martín Santos

La última oportunidad (The ultimate good luck) de Richard Ford

Últimas noticias de Larache de Sergio Barce

Viaje al Marruecos español de Paul de Laget

Viajes por Marruecos de Ali Bey (Domingo Badía)

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Presentación en LARACHE de mi novela UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE

        Este pasado sábado 14 de mayo, ha sido un día especial. Al entusiasmo por presentar mi nueva  novela “Una sirena se ahogó en Larache” se unía el hecho de hacerlo en la ciudad de mi infancia y en la ciudad en la que se desarrolla la historia de mi libro. Y, además, acudía un buen puñado de amigos. Entre estos estaba Abdellatif Limami, profesor de la Universidad de Rabat, que se encargaba de la presentación del libro.

Su exposición fue detallada, minuciosa, muy bien estructurada, y me sorprendió que de mi modesta historia Limami pudiera sacar tanto jugo, que extrajera tanto de la historia de Tami, el niño de la Medina que protagoniza el relato. Supongo que esto le sucederá a la mayor parte de los autores, porque uno relata una historia y, a veces, inconscientemente, cuenta más de lo que cree que ha contado. Pero, como digo, Limami la diseccionó hasta exponerla en carne viva a los asistentes. Y yo le estoy sumamente agradecido por ello.

Había algo curioso en esta presentación, y era el hecho de que, entre el público, se encontraban varios de los personajes que pueblan mi novela: Pilar Triviño, Mayid Yebari, Ahmed Ragala, Abderrahman el Anjeri, Rachid Serrohk, Sibari, El Hachmi… Cuando lo mencioné, les vi removerse en sus asientos, quizá preguntándose qué hacían enclaustrados en unas páginas encuadernadas vaya usted a saber por quién. Pero luego creo que se relajaron porque intuían que les habría tratado con afecto.

También fue inesperada la presencia de Joana Márquez. Sólo nos conocíamos a través de mi blog. Su familia es de Larache, y ella va descubriendo ese mundo a través de lo que ellos le cuentan y de lo que va leyendo. Ya me ha dicho que mis libros le gustan, pero nunca imaginé que  mi nueva novela, como ella me confesó en el patio del colegio Luis Vives, la empujara a coger un avión desde Barcelona para estar presente en este acto. Aún no doy crédito a tal acto de arrojo y de consideración hacia mi modesta obra y hacia mi persona, pero es así. Al día siguiente regresaría haciendo una escala en Madrid de cinco horas. No sé cómo compensarla por este gesto, que me abruma (y que, a la vez, me hace sentir tan pletórico).

    El caso de Mohamed Lahchiri es distinto, pero no menos alentador. Su relato “El examen” ha encantado a algunos de los lectores de mi blog, y tras comentarle que presentaba la novela en Larache me dijo que probablemente iría desde Casablanca para estar presente. Y cumplió su palabra. Otro largo viaje para acompañarme, esta vez en tren (cosa que no le pesa en absoluto, porque le encanta viajar en tren precisamente). Pero además, Lahchiri, el mismo sábado, se marchó al puerto (al marsa) de Larache, compró pescado fresco y, tras encargar que lo prepararan en uno de los pequeños restaurantes de pescadores, nos invitó a almorzar. Fue un momento lleno de entusiasmo, literatura, risas y muchas bromas. Un preludio perfecto antes de prepararnos para dirigirnos al Colegio. Al día siguiente, como Joana hacia Barcelona, Lahchiri hizo el viaje de regreso a Casablanca.

        Carlos Amselem y su mujer Tere habían venido de París. A Carlos le basta cualquier excusa para regresar a su pueblo, así que la presentación de mi novela le vino como anillo al dedo. Solemos escribirnos para tratar de coincidir en Larache, y esta vez era un momento perfecto. Así que también vinieron; aunque como Carlos y Tere disfrutan tanto paseando y tomando té en las terrazas de los cafetines, decidieron quedarse aún otra semana más. Ha sido un placer volver a estar con ellos.

         En el salón de actos había mucha gente conocida: Ahmed Argal, Mourad, Hanna Nejjar, Mohamed Abid, Hicham, Aziz, Mustapha Bouhsina, Alberto, Najia, Abdelkader Sbiti, “Fantomas”, Rachid, Sabah, Aixa, Zoubier, Hassan, Simo… y muchos más, seguramente luego me acordaré de otros nombres.

Días antes de la presentación, tanto Angeles Ramírez como Abderrahman el Anjeri, con el apoyo de Rosa Alises, la directora del centro, prepararon las invitaciones, el programa (diseñado por Ackram) y la actuación de Jamal Iwardiyyi, otro amigo que compone y canta temas verdaderamente cálidos. También Mounir Kasmi y su mujer estuvieron al pie del cañón, atentos a todos y en todo momento, y Rachid Serrohk montó un buen expositor con mis libros, que le agradezco.

   Ya digo que Ángeles y Abderrahman se encargaron de todo, pero no me habían comentado nada del emocionante cierre de acto que me tenían preparado. Tras acabar Jamal su actuación musical, aparecieron los niños de Khalid Belaziz, que dirige la asociación Chrif Idrisi. Resultó mágico.

En mi novela, Tami sueña con tocar un laúd. Como él, estos niños, de familias muy modestas, también han soñado con tocar algún instrumento. Al principio, sólo tenían un violín, que compartían entre ellos. Poco a poco, se les ha ido consiguiendo más instrumentos (nuestra asociación “Larache en el mundo” ha sido una de las que les ha aportado en estos años anteriores parte del material)  y ahora actúan en teatros y festivales. “Larache en el mundo” los incluyó en el festival estival de Larache y también en una actividad que organizamos en Sevilla (ahora, nos gustaría poder llevarlos a Córdoba). En fin, el hecho es que aparecieron en el salón de actos del Luis Vives tocando sus instrumentos, y llenaron el espacio de alegría y de emoción, y hubo entre el público quien no pudo reprimir incluso las lágrimas.

Ahora que releo esta pequeña crónica, no sé si he contando la presentación de mi novela o una noche mágica en Larache. Quizá sea esto último.

Sergio Barce, mayo 2011

 

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