Archivo de la etiqueta: Editorial Círculo Rojo

Reseña de mi novela UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE por la poetisa PALOMA FERNÁNDEZ GOMÁ

Hoy, la poetisa Paloma Fernández Gomá, que obtuvo el <Premio La Barraca de las Letras y el Teatro>, de Cádiz, el de <Poesía Victoria Kent>, o el <Premio de Poesía María Luisa García Sierra>, entre otros galardones, ha publicado en la página web de la Asociación Colegial de Escritores de España (sección Andalucía) una bella reseña sobre mi novela <Una sirena se ahogó en Larache>, que transcribo más abajo.

Siento cierto pudor cuando otros autores comentan mis novelas o mis relatos, y si, además, su categoría literaria está más que reconocida, el pudor es aún mayor. Esto es lo que me ocurre con Paloma Fernández Gomá. Sin embargo, confieso que leer palabras tan alentadoras recarga mis baterías y es un acicate más para seguir relatando y escribiendo novelas.

Os recomiendo el blog de Paloma Fernández Gomá, especialmente a quienes gustan de la poesía. Su enlace es:   

http://palomafernandezgoma.blogspot.com.es/

Paloma Fernández Gomá

UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE

(Edit. Círculo Rojo – Sevilla, 2011)

Sergio Barce nació en Larache y en la actualidad reside en Torremolinos, donde ejerce su profesión de abogado, junto a la de escritor, pues la literatura va unida íntimamente a su quehacer diario.

Sergio Barce es un escritor fecundo que ha escrito varias novelas, entre ellas “Sombras en sepia” que fue galardonada con el Premio Tres Culturas de la Universidad de Murcia. El jurado estuvo formado por Luis Mateo Díez, Jon Juaristi, Pedro García Montalvo, Clara Janés y Manuel  Borrás.  Nuestro autor es presidente de la Asociación Larache en el Mundo, que mantiene una contacto muy activo entre Larache, España y cualquier lugar del mundo que haya tenido o tenga algún tipo de relación con la ciudad de Larache.  Sigue leyendo

Etiquetado , , , , ,

Hablando de mi novela UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE en el I.E.S. PABLO RUIZ PICASSO de MÁLAGA

El pasado 20 de abril fue otro de esos días que se convierten en un regalo. Me habían invitado al Instituto de Enseñanza Secundaria Pablo Ruiz Picasso de Málaga para compartir una charla con el novelista, y ya creo que sin duda amigo, José Francisco Martín Caparrós. Nos une la pasión por la narrativa y que hemos publicado nuestras últimas obras en la misma editorial, Círculo Rojo. Así que, con las buenas artes de Pablo Cantos y de Lola, que movieron los hilos, los alumnos del instituto hicieron el esfuerzo de leer la novela de Martín Caparrós “El cráneo de la araña” y la mía “Una sirena se ahogó en Larache”.

He de decir que me sorprendieron varias cosas: la primera fue la sensación de cercanía que sentí en todo momento con los profesores y alumnos, la segunda sin duda la sorpresa por lo entrañable que resultó la presentación de mi persona y de mi obra por los profesores Laura Núñez y José Manuel Mesa a los que no conocía (en el caso de José Manuel, me dejó impresionado el hecho de que, al hablar de “Una sirena se ahogó en Larache”, se emocionara tanto recordando las duras peripecias de Tami, el niño protagonista, el personaje que yo he creado, que incluso hubo de hacer un pequeño esfuerzo para seguir hablando, y nos contagió), y la tercera y última de las sorpresas fue el bombardeo de preguntas de los estudiantes que me demostraron que no sólo se habían leído la novela sino que les había fascinado y encantado. Es difícil transmitir la sensación que eso causa cuando escuchas hablar de tu obra y de tus personajes en boca de otros, ser consciente de que has llegado, de que has conseguido el objetivo que te proponías al comenzar a escribir.

En fin, fue algo estupendo estar allí. Y aunque he tardado un poco en contarlo –por culpa de tanto material como se me acumula para el blog- no es ni por dejadez ni por olvido, en absoluto, porque ese día se queda guardado en un pequeño rincón de mi memoria, gracias a Pablo y a Lola, a los que tanto debo, a José Francisco Martín, por su generosidad al compartir ese espacio conmigo, a José Manuel y Laura por su trato exquisito, y a los chicos del Instituto por haber dedicado unas horas de su vida en leerme.

Sergio Barce, junio 2012

Mi novela UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE comienza así…

    Tami es un niño de cuerpo frágil pero despabilado, de ojos hambrientos, que padece una enfermedad que le perfora los bronquios y los pulmones. La humedad de la Medinano le sienta demasiado bien, pero él es feliz en sus callejones. Le gusta jugar al fútbol en la playa y corretear por las callejuelas del barrio de la Alcazaba y bajar corriendo con sus amigos por la calle Real hasta el puerto; y le embrujan los cuentos de su abuelo. Son suficientes razones para que no pueda imaginar la vida en otro lugar.

   Ya es de noche. Se ha tumbado en su jubón, en el cuarto que comparte con su hermano mayor Ahmed, que duerme en la otra estera de esparto. Hace calor. La calima es densa esa noche de agosto. Se escucha música en toda la ciudad y algarabía por las calles, pese a que son más de las tres de la mañana. Es raro que Ahmed no ande por ahí, tras alguna de esas chicas que han regresado a Larache desde Holanda o España de vacaciones.

   El cuarto está en el tercer piso de la casa, junto a la habitación del abuelo. En la planta baja, una pequeña cocina y el salón, en el que sobrevive el viejo televisor Telefunken. Un pequeño habitáculo, que sirve de almacén, un retrete con una ducha y el dormitorio de sus padres se reparten la segunda planta. En la azotea, hay un cajón de madera que atesora algunas herramientas del abuelo de cuando ejercía de mecánico en el Taller de Barrajón, y también la mesa pequeña en la que ahora trabaja. A sus pies amontona piezas desechadas de aparatos electrodomésticos, fusibles, cables, una batería. Es ahí arriba donde el viejo se pasa las horas muertas durante el verano.

   Toda la casa de la familia de Tami, no obstante, no sobrepasa en total los cincuenta metros cuadrados. Cada una de las habitaciones es angosta y, salvo su cuarto y el de sus padres, las demás carecen de ventana alguna. La mejor de las dos que hay, sin duda, es la suya, situada en lo más alto de la casa, justo encima de donde él duerme; una idea de su madre que siempre ha pensado que sería lo más beneficioso para el niño. Desde su atalaya particular, Tami puede ver algunas otras terrazas, un trozo imperfecto de la desembocadura del Lükus, el espigón, el minarete de la mezquita desde la que le llega la voz del almuédano, y la inmensidad del cielo, en el que descubre cada noche una nueva estrella. Le ha puesto nombre a alguna. La que más brilla es Nur-al-Din, la más lejana Ibn Battuta.

   Tami no quiere dormirse. Vigila a Ahmed, que respira plácidamente mientras sueña. Sabe que tiene un plan con sus amigos Jamal y Taha, que los tres quieren salir volando, escapar. Los escuchó hablar en el espigón, apasionados, mientras fumaban sentados en las rocas.

   -En cuanto el jefe nos avise, bajamos al acantilado. Nos esperarán sobre las cuatro. Dice que iremos con otros chicos de Ksar-el-Kebir y unos senegaleses que se han escondido en la Medina. Ya veremos…

   -Incha Al´láh.

   Tami se abalanzó sobre Ahmed, trabándose de su cuello. Lo hizo sin pensarlo, igual que si se hubiera recolgado de su madre, aunque sabe que su hermano detesta que se le acerque siquiera y menos si están los amigos delante. No es extraño, pues, que lo tirara al suelo, zancadilleándole, alentado por Jamal que fue quien realmente se había dado cuenta de que Tami había oído algo de sus planes futuros.

   -¿Me llevaréis con vosotros, Ahmed?

   -¿Cuántas veces te he dicho que no nos espíes?

   El niño se levantó, pero Ahmed dio un paso empujándolo y Tami reculó, dando traspiés, aunque consiguió mantenerse erguido. Hubo un instante de pausa, en el que se estudiaron de manera harto diferente: Tami, deseoso de que su hermano le contara sus planes; Ahmed, por el contrario, no se reprimió a la hora de mostrarle su abierto rechazo, como si fuera un intruso que estorbara, y trató de golpearlo en el rostro con la mano abierta. El niño fue ágil y echó el cuerpo atrás evitando el guantazo. Se quedó un segundo con el corazón encogido, pero enseguida se removió, separándose de su hermano igual que si una víbora fuese a atacarle.

   -¡Se lo diré a padre!

   Ahmed, más enfurecido, se descalzó una de las sandalias y comenzó a perseguirlo por el espigón. El grito le había salido del alma.

   Tami sorteaba a los bañistas que caminaban en ambas direcciones, y su hermano mayor trataba de darle alcance con la sandalia derecha en la mano. Aunque Ahmed usaba todas sus energías, la agilidad de Tami le hacía parecer más rápido, era como una gacela que, por instinto, saltara por encima de todos los obstáculos.

   -¡Verás como te coja! –Gritó Ahmed cuando ya se dio cuenta de la inutilidad del esfuerzo.

   Y en ese instante, Razine Larbi se interpuso en su camino y él se quedó parado, con la sandalia en alto, con la respiración entrecortada. Sidi Razine Larbi lo miraba con paciencia, con cierta indulgencia en el porte, pero con la severidad necesaria como para que Ahmed comprendiera que continuar con su persecución sólo le traería problemas. Bajó entonces el brazo, dejando caer la sandalia, que se calzó con disimulo.

   -¿Qué haces, Ahmed? ¿Vas a pegar a tu hermano pequeño? –Razine frunció el cejo. Sus ojos pequeños lo miraban con una intensidad escrutadora-. ¿No aprendiste nada de lo que te enseñé en el orfanato o es que quieres volver allí?

   -Lo siento, sidi.

   -Más te vale.

   Razine Larbi, vestido con una candora celeste, le dio la espalda y entró en su casa de la playa, pensativo, mientras se acariciaba la barba. Confuso, Ahmed miró a la multitud que se movía por el espigón y por la orilla de la otra banda, pero ya no había rastro de su hermano que habría subido en alguna barca para cruzar el río.

   Regresó sobre sus pasos y vislumbró a Sidi Razine tras una ventana. Mohammed, su padre, lo había internado en el Orfanato Musulmán de Larache para que, al menos, estudiara algo. Muchas familias sin recursos lo hacían. Ahmed, sin embargo, no aprovechó más que lo justo para salir cuanto antes del centro. El único buen recuerdo que conservaba de aquel lugar era ese hombre, al que siempre respetó, y al que ahora veía moverse dentro de su casa.

 

Etiquetado , , , , , ,

«DUKALI», un relato de SERGIO BARCE

Me escribía hace unos días mi amigo Jesús Ortega diciéndome que acababa de terminar de leer mi segundo libro, «Ultimas noticias de Larache» (Aljaima – Málaga, 2004), y que de los relatos que lo conforman le habían gustado especialmente «El primer regreso«, «Moro«, «Dukali» y el que da título al libro. Y me escribía entre paréntesis acerca del cuento «Dukali»: es como la sirena antes de ahogarse.

Me llamó la atención su acotación, y al volver a leer este relato me he dado cuenta de que Jesús tiene razón, de que ya en 2001 (año en el que escribí ese cuento) en mi cabeza se estaba fraguando la historia que se convertiría en mi última novela publicada: «Una sirena se ahogó en Larache«. 

Y aunque estoy preparando una reedición de esos cuentos, con otros nuevos, parece una ocasión propicia -cualquier excusa es buena- para colgar el cuento «Dukali» en este blog.

Sergio Barce, abril 2012

DUKALI

Dukali estaba sentado en el techo del castillo de San Antonio, el antiguo Hospital Civil, esa especie de proa que asoma al acantilado medio en ruinas, sobreviviendo a duras penas al inexorable paso del tiempo que va erosionando el pasado de Larache. Allí arriba, Sigue leyendo

Etiquetado , , , , , , , , ,

Mi novela UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE, Finalista del Premio Andalucía de la Crítica 2012

Os comunico que, para mi sorpresa, y también satisfacción, que deseo compartir con vosotros, mi última novela UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE ha resultado Finalista del XVIII PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA 2012.

Os reproduzco el comunicado publicado por la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios:

5 de febrero de 2012.- Tras la votación llevada a cabo por más de un centenar de miembros de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios durante el mes de enero han sido elegidos como finalistas los escritores y escritoras relacionados.

Narrativa

 1. El espía de Justo Navarro, Editorial Anagrama.

2. Nada del otro mundo de Antonio Muñoz Molina, Ed. Seix Barral.

3. Una sirena se ahogó en Larache de Sergio Barce, Ed. Círculo Rojo.

4. Los que miran el frío de Francisco Onieva, Ed. Renacimiento.

5. El gnomón y el péndulo José Ruiz Mata, Ed. Alhulia.

6. Vidas prometidas de Guillermo Busutil, Tropo Editores.

7. La soledad del azar de Juan Cobos Wilkins, Ed. Almuzara.

Poesía

 1. Un girasol flotante de Antonio Carvajal, KRK Ediciones.

2. En el corazón del signo de Francisco Basallote, EH Editores.

3. El intérprete infiel de Manuel Jurado  López, Ed. Ánfora Nova.

4. Al pie de la letra de Víctor Jiménez, Ed. La Isla de Siltolá.

5. Retablo de cenizas de María Sanz, Ayuntamiento de Alcalá de Henares.

6. Cibernáculo de María del Valle Rubio, Ediciones Vitruvio.

7. Romances del crepúsculo de Enrique Morón, Ed. Port Royal.

8. Sobre la oscuridad de Dolors Alberola, Ed. Rumorvisual.

9. Donde la hoguera de Inmaculada Moreno, Ed. Hiperión.

 El Jurado del Premio Andalucía de la Crítica formado por veinte miembros entre profesores de Universidad, escritoras y escritores, críticos literarios y periodistas se reunirá los próximos días 13 y 14 de abril en la ciudad de Málaga para proceder a elegir entre estos finalistas a los ganadores o ganadoras de los premios de narrativa y poesía de este año.

Los premios cuentan con el patrocinio y la colaboración del Instituto Andaluz de las Artes y las Letras (Consejería de Cultura-Junta de Andalucía), la Fundación Unicaja y el Ayuntamiento de Córdoba.

A los ganadores/as se les entregarán sendas estatuillas creadas por el escultor de fama internacional Andrés Alcántara (http://www.andresalcantara.com) y reproducidas por la Escuela del Mármol de Andalucía. Los premios se entregarán en Córdoba con motivo de COSMOPOÉTICA. Al mismo tiempo se llevará a cabo un homenaje al escritor cordobés José de Miguel.

 http://www.noticiascadadia.com/noticia/31442-una-sirena-se-ahogo-en-larache-de-sergio-barce-finalista-del-andalucia-de-la-critica-de-no/

Etiquetado , , , ,

Mis cuentos en el Instituto Miguel Servet de Sevilla

El viernes pasado, tuve la oportunidad de intervenir en la Semana de Animación a la Lectura en el Instituto Miguel Servet, de Sevilla. Invitación que agradezco profundamente, porque fue una grata experiencia.

Sergio Barce y Rosario Chaparro, en un momento de la charla

La presentación corrió a cargo de Rosario Chaparro, jefa del Departamento de Lengua, que fue muy generosa en sus elogios, y enormemente amable conmigo. La idea era que, hablando de mis libros, y especialmente de mis relatos cortos, tratara de abrir en los estudiantes el interés o, al menos, las ganas por acercarse a mis historias. Una excusa para invitarles a ver los libros como algo atractivo.

Había pensado, en principio, leer alguno de las historias de Ultimas noticias de Larache y otros cuentos (Editorial Aljaima, Málaga – 2004), pero luego, a medida que les iba relatando mi experiencia en Larache, las anécdotas y los motivos por los que escribo ambientando estas historias en mi pueblo, deseché la lectura y pasé a la narración oral.

Rodeado por los profesores Vanessa, Consuelo, Rosario y Luis

En algún instante, les expliqué que, en realidad, esa es la manera de narrar habitual en Marruecos, que la transmisión oral de los cuentos populares nunca ha necesitado de la escritura, y que, lo que estaban oyendo, era la forma más natural y primitiva de relatar.

Los alumnos asistentes

También les hablé de mis novelas: En el jardín de las Hespérides <Ajaima, Málaga – 2000>, Sombras en sepia <Pre Textos, Valencia, 2006> y Una sirena se ahogó en Larache <Círculo Rojo, Almería . 2011). Creo que les fascinó la historia de Mina, la negra, y también mi cuento Moro, que les conté como una experiencia real de lo que significa la xenofobia; supongo que eso les acercó más a este problema.

Luego, cuando hube acabado, los alumnos de segundo que llenaban la biblioteca del centro, preparada para la ocasión, y que habían seguido mi charla narrativa en silencio, lo que me sorprendió, lo confieso, comenzaron a bombardearme con preguntas. Esa, y no otra, fue la prueba de que habían escuchado con atención mi relato oral. Unos me preguntaban sobre mi vida en Marruecos, sobre mi infancia en Larache, otros sobre la técnica narrativa, cómo me enfrentaba a mis historias para poder trasladarlas a un relato o a una novela, qué era lo que me movía a escribir, si cuando comenzaba una novela ya sabía el final de antemano… Sorprendentemente, Rosario Chaparro tuvo que interrumpir las preguntas porque nos habíamos pasado de tiempo. La verdad, a mí se me hizo corto. Ojalá que a ellos también. Me gustó la experiencia, y me divertí descorriendo la cortina tras las que guardo mis historias. Gracias a los miembros del Centro Miguel Servet, así como a sus alumnos, por su acogida y por el trato recibido.

Sergio Barce, noviembre 2011

Francesco Vertedor y Sergio Barce, al final del acto

Etiquetado , , , , , , , , , , ,