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RECORDATORIO: MÁLAGA – MAÑANA, 3 DE ABRIL – PRESENTACIÓN DEL LIBRO «TÁNGER, SEGUNDA PATRIA», DE ROCÍO ROJAS-MARCOS

Mañana, 3 de abril

en el

Centro Andaluz de las Letras

de Málaga, en calle Álamos, 24

a las 19:30 horas

Sergio Barce

presenta el libro

Tánger, segunda patria

de Rocío Rojas-Marcos

Tánger segunda patria 1

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MÁLAGA – 3 DE ABRIL – PRESENTACIÓN DE «TÁNGER, SEGUNDA PATRIA», UN LIBRO DE ROCÍO ROJAS-MARCOS

El próximo 3 de abril

en el

Centro Andaluz de las Letras

de Málaga, en calle Álamos, 24

a las 19:30 horas

Sergio Barce

presenta el libro

Tánger, segunda patria

de Rocío Rojas-Marcos

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Tánger segunda patria 1

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EL TÁNGER ACTUAL DE JAVIER VALENZUELA, EN EL COLOQUIO DEL PRÓXIMO DÍA 7 DE MARZO

Día 7 de marzo.

Tánger en nuestros libros.

Charla coloquio entre los escritores Javier Valenzuela, Rocío Rojas-Marcos y Sergio Barce.

encuentro_marzo (2)

Limones negros de Javier Valenzuela (Anantes, 2017). Tras su anterior libro, Tangerina, reaparece Sepúlveda, su protagonista, un profesor del Instituto Cervantes de Tánger que, por azares de la vida, se ve envuelto en una nueva y oscura historia que nos introduce en la otra cara de la ciudad, más desconocida y más terrible. Una novela negra perfectamente ensamblada, que nos lleva por las calles del Tánger actual y por las arterias más podridas de la sociedad de ambas orillas. Limones negros es, además de una excelente novela noir, un caleidoscopio de Tánger, donde aparecen personajes reales, fácilmente reconocibles, y en la que la ciudad se convierte en parte fundamental de la trama. El conocimiento profundo que posee Javier Valenzuela de sus rincones y de sus habitantes, añaden un plus a la obra.  

En el encuentro del día 7 de marzo en Málaga, se cruzarán los personajes reales y ficticios del Tánger internacional y del Tánger de nuestros días, y los lugares emblemáticos de entonces y de ahora.

Fragmento de Limones negros:

“…El cielo, poco cubierto cuando entré en la jefatura, se había convertido en una masa cenicienta de nubes, una opresiva panza de burro. Eso me deprimía: no vivía en el sur para padecer la grisaille de Bruselas o Estrasburgo, el mal tiempo me transmitía la sensación de haber sido estafado por algún tipo de vendedor de seguros. Además, la escasez de luz solar ponía de relieve la suciedad, la pobreza y el abandono. Si un cielo gris realzaba en Londres y París el granito lustroso, el acero pulido y la buena pizarra de los tejados, aquí tan solo añadía una capa de ceniza a la desdicha.

Subí hasta la avenida Mohamed V y desde allí seguí subiendo hacia el punto, donde se alzaba el Hotel Rembrandt, en que esta se convertía en el bulevar Pasteur. Sentí que mi ánimo iba mejorando y supe que se lo debía a la gente. Como había escrito Paul Bowles, los marroquíes eran unos consumados actores teatrales. Siempre estaban interpretando, y hasta sobreactuando, los papeles que su dios, el destino o quien fuera les había atribuido a cada cual.

Sorteé a un loco que conversaba animadamente consigo mismo. Esquivé a un forzudo que llevaba una bombona de butano sobre los hombros como se lleva un cordero pascual al sacrificio. Tropecé con un chico con una sudadera con el retrato del Che Guevara que llevaba del brazo a una chica enlutada desde la coronilla a la punta de los pies. Ninguneé a un hombrecillo que me ofreció: <¿Reloj?, amigo>. Cedí el paso a una viejecita muy linda que conducía con estilo un carrito de inválido motorizado y modernísimo. La viejita llevaba gafas de pasta negra en un rostro de pajarito y vestía una chilaba y un hiyab con alegres estampados florales.

Tánger

Las mezquitas se pusieron a emitir la llamada a la oración del mediodía justo cuando pasaba por delante de la Librairie des Colonnes. Me detuve y oteé el escaparate. Me alegró ver que exhibía las obras de Chukri traducidas al castellano por Rajae Boumediane para la editorial Cabaret Voltaire. A continuación, en la terraza del Claridge, rechacé los servicios de un limpiabotas señalándole mis zapatillas deportivas. Recordé que Jamid, el limpiabotas que me adoptó cuando llegué a la ciudad, ya había fallecido y eso me pareció en cierto modo compasivo. En un tiempo en que hasta yo mismo me había pasado a las deportivas, a este oficio se le iba empequeñeciendo el mercado. ¿Terminarían desapareciendo como el de los aguadores?

Alcancé la Terraza de los Perezosos y allí, a la altura de la perfumería Madini, compré un cucurucho de maní y lo comí mientras contemplaba el grupito de manifestantes que hacía ondear banderas palestinas y gritaba consignas en árabe a favor de sus desdichados parientes de Tierra Santa.

Acordé conmigo mismo que, en vez de por la empinada Rue de Belgique, alcanzaría el Cervantes por la calle de México, aquella donde Messi tenía su negocio. Esperaba encontrarme su habitual animación comercial, pero me topé con medio centenar de hombres que comenzaban allí mismo sus plegarias, muchos con chilabas blancas. Se habían descalzado y colocado toallas o alfombrillas en la acera, y se postraban en dirección al levante, buscando el lejanísimo faro de La Meca. Coreaban alabanzas al Dios único de Abraham, Jesús y Mahoma.

Cambié de acera y fui siguiendo las subidas y bajadas de la calle de México hasta que, al fondo, cerrándola como una especie de puerta, vi desplegado el gran cartel del Instituto Cervantes, con su logo basado en la letra Ñ destacando en blanco sobre un fondo rojo. A la derecha, sobre los edificios, se colaba en la panorámica el alminar de la mezquita que llevaba el nombre de Mohamed V y había sido alzada tras la independencia de Marruecos con dinero de los jeques kuwaitíes.

Aceleré el paso y estuve a punto de caerme al suelo al calcular mal el movimiento de descenso en uno de los altísimos bordillos de las aceras de la ciudad.

Entré en el despacho de Paquita Torres, la secretaria del Cervantes, para preguntarle…”

Javier Valenzuela. Periodista y escritor, ha publicado once libros, los últimos las novelas Limones negros y Tangerina, ambas ambientadas en Tánger y de temática noir. Nacido en Granada en 1954, trabajó durante 30 años en El País, donde fue director adjunto y corresponsal en Beirut, Rabat, París y Washington. Entre 2004 y 2006 fue director general de Comunicación Internacional en La Moncloa. En 2013 fundó la revista tintaLibre. Vive a caballo entre Madrid, Tánger y la Alpujarra, y trabaja en una nueva novela negra que transcurre en el Madrid de la Guerra Civil.

Javier Valenzuela

Javier Valenzuela

 

 

 

 

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MÁLAGA – 7 DE MARZO – «TÁNGER EN NUESTROS LIBROS»

Primer aviso…
MÁLAGA

Día 7 de marzo

A las 19.30
En Ámbito Cultural de El Corte Inglés.

Tertulia que mantendremos Rocío Rojas-Marcos, Javier Valenzuela y yo para hablar de
TÁNGER EN NUESTROS LIBROS

Para anotad ya en vuestras agendas.

7 de marzo 1

Hablaremos de nuestros libros ambientados en esta fascinante ciudad…

tangerina-de-j-valenzuela-portada

Tangerina y Limones negros, novelas de Javier Valenzuela

PORTADA_LIMONES_SOMBRA

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Tánger, la ciudad internacional, libro de Rocío Rojas-Marcos

portadatanger-grande

La emperatriz de Tánger y El libro de las palabras robadas, novelas de Sergio Barce

cubierta definitiva La emperatriz de Tánger

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El libro de las palabras robadas -

Y aprovecharemos para presentar el nuevo libro de Rocío:

Tánger, segunda patria

Tánger segunda patria

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«UN LARGO SUEÑO EN TÁNGER», UNA NOVELA DE ANTONIO LOZANO

Pocos libros me han emocionado hasta el extremo de no poder contenerme y acabar derramando alguna lágrima. Un largo sueño en Tánger de Antonio Lozano, lo ha hecho. Presumo que le ocurrirá lo mismo a quienes lo lean, pero especialmente a quienes, como yo, son de Marruecos o han vivido allí. Hay muchas cosas que me han tocado, y hay muchos temas que, tanto en el libro de Antonio Lozano como en algunos de los míos, se rozan, se mezclan y se confunden. Tenemos vivencias parecidas, y guardamos experiencias similares. Nos reconocemos.

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Antonio Lozano es de Tánger y yo de Larache, y, aunque al leer su novela he apreciado algunas diferencias sutiles en la manera de vivir en una y otra ciudad (la manera de vivir de los enseranis o de los nazarenos, se entiende, y su relación con los marroquíes), sin embargo, hay mucho más que nos identifica: una manera de ver aquellos años.

He conocido a Antonio Lozano hace apenas unos días, cuando han salido a la venta, casi en las mismas fechas, nuestras novelas ambientadas en Tánger. Nos hemos estado escribiendo mientras Antonio leía mi novela La emperatriz de Tánger (esto es un paréntesis de publicidad -…de la que dijo en Facebook: Se dejarán atrapar desde las primeras líneas y al llegar al final se quedarán con ganas de más…) y yo leía la suya. Y he descubierto a una persona excepcional y a un escritor sutil.

Como tanyaui, vierte en su libro vivencias personales o familiares, eso creo que es casi evidente y casi inevitable. Pero la novela surge de una historia que le contaron, de un hecho que le sucedió a un médico de Tánger, y realmente es una anécdota que te hace pensar.

La trama es aparentemente simple: tras un accidente de coche, una tanyaui española, Isabel, una mujer ya madura, es internada en el hospital italiano de Tánger en estado de coma. Mientras está postrada en cama, Isabel escuchará todas las conversaciones de las personas que entran en la habitación: su marido, sus hijos, las enfermeras, sus amigos, Amina… Y escuchar esas conversaciones le hará descubrir la realidad que la ha rodeado durante todos los años de su vida.

Hábilmente, Antonio Lozano emplea dos niveles de narración: en primera persona, con Isabel pensando y reflexionando sobre cuanto oye, nos hace partícipes de sus dudas, de sus sorpresas, de sus tristezas, de los desengaños que va sufriendo, del descubrimiento de todo lo que ignoraba tanto de su propia vida como de las de su familia y de sus amigos; y en tercera persona, cuando es Amina la que se mueve por la habitación y le habla a Isabel. Amina es la única persona que cree que, aunque esté en coma, ella puede estar oyéndolos y le habla sin parar.

Amina. Amina es un personaje trascendental en la novela. Amina es la criada marroquí que ha trabajado durante años en la casa de Isabel. Amina es la mujer que ha estado a su lado años y años y a la que, sin embargo, Isabel no ha conocido. Y es precisamente Amina la que le abrirá los ojos a muchas mezquindades.

(Gracias a todo esto, también he descubierto que en Larache no existía esa diferencia de trato entre los españoles y los marroquíes, que las relaciones eran más estrechas, y eso me alivia de alguna manera).

Los monólogos interiores de Isabel nos remiten inevitablemente a La vida perra de Juanita Narboni. Pero aquí las confesiones de Isabel no son el caos, como el creado por Ángel Vázquez, no es el monólogo de alguien que está perdiendo la razón, sino que Antonio Lozano usa la misma arma para desnudarnos por completo a su personaje principal y mostrarnos al delicado ser humano que habita ese cuerpo postrado en una cama de hospital. Isabel, que nos narra todas sus miserias pero también todos sus sueños. Y conoceremos así a Isabel hasta el extremo de acabar queriéndola.

Su hija Cristina es, por el contrario, la voz de la razón, de la lógica. Es consciente de la falsa felicidad en la que han estado instalados, y de esa existencia construida sobre castillos en el aire que era la vida de los europeos en Tánger. Ella y su hermano Albertito hablan ahora sin tapujos del miedo que sienten por su padre… e Isabel oyéndolo todo, sin poder replicar, sin poder discutir, sin poder agradecerles que le muestren la verdad.

Tánger 1

Todos han vivido aterrados por un marido y un padre inmisericorde. Alberto es el caballero español que todos hemos conocido o con el que nos hemos topado en alguna ocasión: machista, canalla, dictador, mujeriego, homófobo, fascista. El retrato creado por Antonio Lozano, convierte a Alberto en un personaje realmente despreciable, como debió ser el hombre en el que se inspira.

“…Yo no le podía explicar dónde había nacido la enfermedad de su padre, porque la sola idea de que Alberto se enterara me daba pánico. Tal fue el ahínco, la determinación con que ocultó a todos su verdadera vida y se inventó una nueva en la ciudad en que había venido a enterrar su antigua identidad. Eso fue Tánger para tantos europeos: un cementerio de vidas desertadas, de identidades denostadas. Un refugio para quienes tenían algo que ocultar, un pasado ominoso, un dolor por desterrar.”

Las páginas van pasando y vamos descubriendo que Isabel es una mujer destruida y anulada. El hombre con el que se casa enamorada, se convierte en su pesadilla, y los años le van demostrando que vive con alguien que no conoce. La pesadilla la engulle, y termina por rendirse, por entregar sus mejores años a quien la desprecia, la humilla, la golpea y la insulta. Este otro retrato es tan real como aterrador. En la página 80 hay una descripción triste, dura y desoladora que resume perfectamente cómo era esa relación.

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