Hoy no puede comenzar peor el día. José Manuel Caballero Bonald ha muerto. Otro de los buenos, en el amplio sentido de la palabra, como si el mundo se despoblara inexorablemente de quienes merecen la pena compartir nuestra existencia. No hay más que decir, solo leer sus bellos poemas.
Sergio Barce, mayo 2021
Espera
Y tú me dices que tienes los pechos vencidos de esperarme, que te duelen los ojos de tenerlos vacíos de mi cuerpo, que has perdido hasta el tacto de tus manos de palpar esta ausencia por el aire, que olvidas el tamaño caliente de mi boca.
Y tú me lo dices que sabes que me hice sangre en las palabras de repetir tu nombre, de golpear mis labios con la sed de tenerte, de darle a mi memoria, registrándola a ciegas, una nueva manera de rescatarte en besos desde la ausencia en la que tú me gritas que me estás esperando.
Y tú me lo dices que estás tan hecha a este deshabitado ocio de mi carne que apenas sí tu sombra se delata, que apenas sí eres cierta en esta oscuridad que la distancia pone entre tu cuerpo y el mío.
La poeta Trina Mercader pasó sus mejores años en Larache, donde, entre otras cosas, dirigió la mítica revista Al-Motamid, revista literaria bilingüe que se publicó entre 1947 y 1956, y que también fue un lugar emblemático de libertad creativa y de pensamiento. Trina Mercader que, al comienzo, firmaba con el seudónimo de <Tímida>, escribió distintas composiciones dedicadas a la ciudad de Larache, como la titulada Balcón del Atlántico, que el profesor Mohamed Laabi recogió en su libro Voces de Larache.
Sergio Barce, abril 2021
Foto: 1952 – DORA BACAICOA, VICENTE ALEXANDRE Y TRINA MERCADER
BALCÓN DEL ATLÁNTICO
Por Tímida (Trina Mercader)
Hoy el paisaje ha cambiado. Me inclino sobre la balaustrada del gran balcón de piedra para contemplar mejor este conjunto de azules tan distintos y tan iguales. El mar es una inmensa llanura azul-verde.
Mira: hay trozos de un azul más intenso que contrasta en la línea del horizonte con este azul diáfano del cielo, la espuma en la orilla, junto a las rocas rugosas y negras, es un encaje maravilloso que continuamente se desgarra dejando jirones blancos en las secas aristas de la costa.
Lejos del horizonte, ya por encima de mi cabeza, pasan las nubes tan blancas, tan altas, divididas en pequeños trozos, que avanzan lentamente al compás de este aire juguetón, tan ingenuo como un niño.
Y luego esta luz en el aire, en las nubes, sobre el mar, en las rocas, en mi pelo, en mis brazos…
El día embriaga hasta el éxtasis. Se siente dentro, muy dentro, una inquietud pequeña que, a la vista del paisaje, aumenta en intensidad y se desborda. Diría que llena los ojos y los labios.
Parece que nos hinchamos de optimismo, de vida. Pero vida de ensueño, de esta misma vida que nos ofrece el paisaje tan generoso y tan dulcemente que dan ganas de llorar.
¡Vivir! Sí, pero con una vida magnífica, plena de armonías insospechadas, de sublimidades sin límites, muy lejos de la tierra, con alas sencillas e inquietas en un vuelo raudo de golondrina viajera. Y pasar sobre los mares y las cumbres…
En 2006 se publicó el libro Voces del Sur: Poesía marroquí contemporánea, en edición bilingüe árabe-español de Antonio Reyes para Ediciones Alfar. Entre los poetas que se incluyen en la selección de este libro, está mi amigo Abderrahman El Fathi y su siguiente poema, que reproduzco para deleite de todos.
ASCENDÍA EN NOCHES CERRADAS
Ascendía en noches cerradas
Ajena a sus mermadas mañanas.
El almuecín clamaba en sus sueños de ámbar
De tácito acuerdo arropaba su madrugada una esperanza oscura
Manuel Gahete, al que admiro y respeto, entre otras razones porque es un hombre generoso, educado y cercano, y porque, en varias ocasiones, al presentar mis novelas, con su sola intervención las hizo mucho mejores. Manuel Gahete, además, posee algo que envidio: un timbre de voz que ya hubiese querido para mí, con el que, estoy seguro, habría logrado encandilar y hechizar a alguna bella dama. Pero no, la voz es suya y la frustración mía.
Manuel Gahete también es un gran escritor, un extraordinario poeta. Y esta es la excusa para traerlo aquí y leer en alto (aunque no sea con el timbre de su voz) dos de sus poemas, que forman parte de su libro El fuego en la ceniza, con el que obtuvo el I Premio de Poesía Fernando de Herrera, libro en el que me escribió una bellísima dedicatoria: “Para Sergio Barce, siempre incendiado por la emoción poética. Con mi cariño y admiración”. Lo mismo digo, Manuel: releeré estos poemas con mucho cariño y rendida admiración. Agradecido de tu amistad.
Sergio Barce, febrero 2021
Códex
Cuando me haya de morir
pon en mi cuerpo de tierra
un beso de cera gris
y préndelo con tu fuego
para que quede de mí
la ceniza de tu aliento
cuando me haya de morir.
***
La llamada
Fulge tu amor aún como una espada,
sílex de soledad, rayo de hierro,
última estrella tú en el desierto,
cítara de piedad alquitarada.
Fulge un amor aún. A tu llamada
vibra mi corazón desde su encierro,
lábil como el papel a ti me aferro,
ángel de lluvia vuelto de la nada.
Fulge tu amor aún: en el asombro,
en el fatal fragor de mi destino,
templas el tenso pulso de mi brazo.
Fulge tu amor aún cuando te nombro.
cuando mis pasos buscan tu camino,
siempre estás tú llamándome al abrazo.
Manuel Gahete
MANUEL GAHETE, SERGIO BARCE Y ANTONIO MORENO AYORA