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«EL RETORNO» (Au pays) de TAHAR BEN JELLOUN

La primera vez que oyó la palabra moro fue en un vagón de tren donde el revisor insultaba a un viejo argelino que no encontraba su billete. Mohamed no sabía qué significaba, pero entendió que debía ser algo poco amable, un insulto. El argelino se puso de pie y empezó a desnudarse como si le hubieran ordenado que se dejase registrar. El revisor le dijo así como vale, vale, ya, estos moros nunca entienden nada.

Nueva novela de Tahar Ben Jelloun que me parece lejos de su briosa, emocionante y vibrante narrativa de, por ejemplo, SUFRÍAN POR LA LUZ. Ahora, EL RETORNO (Au pays), publicada en Francia en 2009, llega a España. Tanto la imagen de su portada, que nada tiene que ver con lo que se relata en el libro, como la contraportada, nos crea una expectativa diferente a lo que encontramos en sus páginas.

Lo termino, y mi impresión es la de haber leído una historia gélida, a veces confusa, y muy contradictoria precisamente con las contradicciones que plantea. Tengo la impresión de que Tahar Ben Jelloun tiene una intención cuando se enfrenta a esta historia, pero que, al final, acaba por no encontrar ni el tono ni el pulso. Hay momentos excelentes, pero la historia de Mohamed, este hombre a punto ya de jubilarse, con una fría y distante relación tanto con la  mayoría de sus hijos como con su mujer, que ha vivido como emigrante en Francia y que, al jubilarse, regresa a su pequeña aldea, no acaba de cuajar.

 …estoy triste desde que llegué a Francia, este país no es el culpable de mi tristeza, pero no me ha dado motivos para sonreír…

 No olvides nunca, hijo, de dónde vienes. Dime: ¿es cierto que te haces llamar Richard? ¡Richard Ben Abdalá! No pega nada, maquillas el nombre pero el apellido te delata, Ben Abdalá, ¡hijo del adorador de Alá! ¡No pega! ¿Cómo lo has conseguido? ¿Te has cambiado también el apellido? ¡Ah, has suprimido al adorador de Alá y has dejado Ben! Sí, así te confundirán con un judío, eso es, quieres borrar tus orígenes y hacerte un hueco, lograr un taburete entre los fransauis, y si son judíos, mejor. ¿Te ha funcionado el truco? ¿Encuentras trabajo con más facilidad? ¿Lo has hecho para que te dejen entrar en las discotecas? No me contestó, y se marchó corriendo… ¡Richard!

Tahar Ben Jelloun

Ben Jelloun se esfuerza por mostrarnos el choque cultural e identitario que se produce en un emigrante marroquí que, desde su llegada a Francia, trata de cumplir con su trabajo en el país que le acoge, y esas contradicciones las materializa en lo que este personaje piensa de la conducta de los franceses, de su concepto de la familia, de su ritmo de vida, y que no comprende, como tampoco entiende que sus hijos puedan sentirse más franceses que marroquíes; y, por otro lado, el mismo personaje ensalza los logros de esa sociedad que le ha acogido, la sanidad, por ejemplo, mientras echa de menos a su país pero curiosamente recordando su aldea como algo estéril, yermo, y sin futuro.

Había conservado de su llegada a Francia unas imágenes que aún hoy recordaba: unas paredes grises, casi negras, unos rostros cerrados, una muchedumbre densa caminando apresurada y silenciosa, un olor extraño a polvo y a perfume vulgar. Los barrenderos de las calles y del metro eran gente de color. Había ricos; otros, algo menos, pero todos circulaban en coches casi nuevos. Unos enormes carteles publicitarios exhibían a mujeres ligeras de ropa o a animales alabando la calidad de las máquinas de lavar. No entendía qué pintaban en esos anuncios los gatos y los perros. Tuvo que pisar una caca para darse cuenta de que éstos estaban por todas partes en este país. ¿Por qué eran tan numerosos? En su pueblo, un perro era obligatoriamente un intruso, un animal que había que alejar a pedradas. Si un perro o un gato pasaban delante de él mientras hacía el rezo, estaba obligado a anularlo y a empezar de nuevo. Los animales son portadores de gérmenes nefastos para el musulmán. Hay que evitarlos; por cierto, en el paraíso no habrá perros. ¡Eso era pues Lala Fransa! Una extraña promesa.

Sí hay que reconocer que Ben Jelloun es realista y crítico con el Marruecos de la época de Hassan II, y que describe con mucho acierto el país:

Dicen que los fransauis quieren a los marroquíes pero odian a los argelinos, los pobres argelinos  no han tenido suerte… (…) tienen petróleo y gas (…) y, sin embargo, los argelinos emigran, cada vez son más los que vienen a instalarse en Fransa, qué desgracia, un país tan rico y un pueblo tan pobre.

(…) En Marruecos es distinto. Somos pobres, siempre lo hemos sido. La gente de la ciudad vive mejor que la del campo. Pero nosotros tenemos el majzén, o sea, al caíd, al bajá, al gobernador, a los representantes del poder central que mandan en nosotros. No se sabe cómo funciona, pero el majzén es la gendarmería, la policía y el ejército, y hacen lo que les da la gana. El que es pobre no tiene ningún derecho. Padece y calla. Al que protesta lo hacen desaparecer. Ése es el Marruecos que dejé en 1960 antes de tomar el tren y luego el barco y luego el tren para llegar a Lala Fransa.

La muerte y el tiempo obsesionan a Mohamed, el protagonista. Pero a mi entender, es el tiempo, el devenir y el cambio que supone el paso a la jubilación, lo que mejor funciona en el relato, mientras que la muerte se transforma en algo que ni conmueve ni lamentamos. Tal vez la escritura de Ben Jelloun sea demasiado fría y distante, el cambio de la tercera a la primera persona en el relato se hace de manera abrupta, en este caso perjudicando al propio texto. Sin embargo, como digo, hay buenos pasajes al tratar el paso del tiempo.

El tiempo. Le daba igual el tiempo, era su enemigo, el que iba a enfrentarlo por primera vez en su vida a sí mismo y a los demás. Lo comparaba con una cuerda larga que no siempre resiste.

(…) El tiempo tenía varias caras, era un traidor que poco a poco lo iría quebrando para acabar con él…

(…) Le gustaba el cansancio que sentía después del viaje, un bello y pesado cansancio, el del deber cumplido, el de la derrota del tiempo, pues, una vez en la aldea, ya no le hacía caso.

Dos elementos privan a la novela de ser un relato que nos conmueva: el primero, que no desarrolla en ningún momento la relación afectiva entre Mohamed y sus hijos, nos lo esboza, lo cuenta desapasionadamente y no se adentra en ello, por tanto, no nos hace cómplices del sufrimiento y la frustración del protagonista. Por ejemplo, la relación con su hija Yamila la despacha con unas pocas líneas:

Yamila, su hija mayor, sin tener en cuenta la oposición de sus padres, se había casado con un italiano. Mohamed ya no la veía. Fue doloroso que un no musulmán entrase en su familia. Para él, ella ya no era su hija. Al principio, intentó convencerla, pero Yamila estaba enamorada, se negaba a cualquier discusión, se enfadaba de un modo inhabitual en ella. Es mi vida, no la tuya, no me vas a impedir que viva porque seamos musulmanes. Y además, ¿qué religión es esa que permite a un hombre casarse con una cristiana o una judía y se lo prohíbe a las chicas? ¿Qué significa eso? ¿Crees que seré más feliz con un tipo de nuestra tierra, uno de esos miserables campesinos que me van a encerrar mientras él va a emborracharse con sus amigotes? No, gracias, papá, despierta de una vez, mi vida la decido yo, tú puedes darme tu bendición, si quieres, y, si no estás conforme, no podré hacer nada contra esa estupidez. Estás enfermo, necesitas ayuda. Él agachó la cabeza y se fue, con lágrimas en los ojos. Su mujer intentó calmarlo diciendo que ese matrimonio no funcionaría y que ella regresaría pronto a casa. Él contestó, algo aturdido: ¿qué significa eso de estar enamorada? ¿Qué es este lío que me cae encima como una casa en ruinas y me aplasta la espalda? ¿Acaso tú, yo, nosotros, estábamos enamorados? No sé qué significa eso.

El segundo, más evidente, es cómo se plantea la segunda parte de la historia. Cuando Mohamed ha de jubilarse, que para él es como morir, piensa en regresar a su aldea y construir allí su casa. Este hecho es un fenómeno habitual en Marruecos: los extrarradios de todas las ciudades han crecido vertiginosamente con las viviendas que han ido construyendo las familias que trabajan en el extranjero y que, con ello, muestran a sus conciudadanos cómo han logrado su éxito personal, cómo han prosperado hasta la posibilidad de poder construirse su propia casa en la que pasarán el resto de sus vidas cuando vuelvan.

 Repetía: quiero una casa grande, más grande que todas esas chabolas de la aldea, tan grande como mi corazón…

 Pero en el caso de esta novela, este hecho tan habitual, como digo, se convierte en el giro más extraño de “El retorno”. Cuando Mohamed llega a su aldea, que tanto echaba de menos, de pronto Ben Jelloun nos la muestra como un lugar fértil y verde. Y sin aparente razón, esta novela realista, casi un retrato documental de ese hombre, se transforma como por ensalmo en una novela entroncada directamente con el realismo mágico. Es aquí donde a mi entender la novela se rompe completamente y deja al lector en el aire. Pasa de un realismo amargo a la fantasía más absoluta, con la descripción de Mohamed sentado en ese sillón que instala a la puerta de su recién acabada casa, esperando inútilmente la llegada de sus hijos. Lo que podía haber sido un final emocionante, pasa a ser un extraño epílogo que nos deja absolutamente indiferentes. Si la novela es mágica, la magia se ha de intuir al menos desde las primeras páginas; si la novela es realista, amarga y descorazonadora, como lo es “El regreso”, las quince últimas páginas no pueden ser diferentes, a riesgo de cercenar el conjunto. Incluso el último párrafo es precipitado y en él se intuye la urgencia por acabar cuanto antes.

Pero le reconozco a Tahar Ben Jelloun, como siempre, la solidez de su escritura y su valentía al plantear ciertas cuestiones que afectan a la cultura marroquí y a la religión que, otros autores, ni se atreven a plantear.

 Sergio Barce, octubre 2011

 Los fragmentos que reproduzco de la novela, están tomados de la primera edición de “El retorno” publicada por Alianza Literaria, con traducción del francés de Malika Embarek López.

TAHAR BEN JELLOUN fue Premio Goncourt de Novela en 1987 por «La noche sagrada».

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Sobre la portada de mi novela UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE

Carmen Mateo en la calle de mi portada

Tras la publicación de mi última novela, he recibido comentarios y mensajes alentadores que han hecho que me  sienta orgulloso de ella. Carmen Mateo, que se sumerge a menudo por las callejuelas de la Medina de Larache, me ha hecho uno de los mejores regalos: una fotografía justamente en la misma calle que sirve de portada al libro, esa imagen que había captado tan hermosamente Itziar Gorostiaga, y que Carmen ha hecho ahora como un pequeño tributo a la vieja ciudad y, sobre todo, como ella me dice, al niño protagonista de mi historia: Tami. Porque también Carmen ha conocido a su pequeño Tami.

 Me parece encantadora verla en medio de esa bajada con mi libro entre sus manos, en una yuxtaposición de imágenes curiosa y original.

Y, además, Carmen Mateo me envía dos fotografias del interior de la Biblioteca Municipal, y me dice que, al ver ese solitario vaso de plástico en la mesa de la modesta biblioteca, ha imaginado que era un vaso olvidado por Tami. No sé, pero es como si, gracias a su imaginación, mi personaje cobrara vida, que pasara de ser un fantasma entre palabras a un ser de carne y hueso que realmente poblara las calles de la Medina de Larache, como si eso supusiera que la fantasía, como en mi historia, suplantara la cruda realidad. Algo mágico, algo emocionante. Gracias, Carmen.

Sergio Barce, septiembre 2011

No me resisto a publicar lo que me han comentado algunos amigos y que parece bastante obvio. Acaba de publicarse la nueva novela de Tahar Ben Jelloun, al que admiro desde hace tiempo, pero en la edición de esta última novela suya «El retorno«, Alianza Editorial, que la ha publicado en España, utiliza una portada que, sin ninguna duda, parece calcada a la mía. No me refiero a la fotografía de la portada, pues hay miles de callejuelas en un sinfín de medinas de Marruecos muy similiares, no, no es sólo eso, es también la propia composición de la maquetación en sí: dónde se ubica el nombre del autor y del título, dónde el de la editora, cómo se une el fondo blanco superior con la imagen en un encuentro difunimado y progresivo… Poca imaginación le han puesto en Alianza, la verdad, y eso quiere decir que la maquetación que ha efectuado Luis Muñoz para mi novela a partir de la fotografía de Itziar es muy, muy buena; tan buena que ha alimentado el deseo de «fusilarla». A veces, una editorial menor parece ganar la batalla a una «major», aunque sólo sea en estos pequeños grandes detalles.

Cambiando de tema, yo también me montaba en los leones que flanqueaban la entrada al Jardín de las Hespérides, aquí tenéis la prueba: junto a Amado, yo soy el de la pajarita…

Sergio Barce y Amado sobre uno de los leones del Jardín de las Hespérides

  

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Otros libros, otros autores: HONRARÁS A TU PADRE (Honor thy father, 1971) de GAY TALESE

Escrito en 1971, esta crónica novelada de la familia Bonanno, supuso un punto de inflexión en las historias escritas acerca de la Mafia italoamericana. Después de este libro, llegaría “El padrino” (The Godfather, 1972), y, aunque inspirado en el libro de Puzo, algunas de las escenas que se describen no pueden impedir que pensemos en la película de Coppola. Se dice, incluso, que es el libro que ha inspirado a la mejor serie de televisión de la historia: “Los Soprano” (The Sopranos, 1999-2007). En cualquier caso, estamos ante un texto extraordinariamente documentado sobre la vida de esta familia vinculada a la Mafia, donde se nos describe de manera pormenorizada todas las actividades tanto de Joseph “Joe Bananas” Bonanno como de su hijo, y heredero, Salvatore “Bill” Bonanno.

 Una mañana de diciembre, mientras gateaba por el comedor, el hijo de dos años de Bill Bonanno, Joseph, metió la mano en el espacio que había entre el mueble donde se guardaba la vajilla y la pared y apretó el gatillo de un rifle que habían dejado apoyado allí. El disparo del rifle abrió un hueco en el techo y penetró en el piso superior, no lejos de donde estaba dormido Magliocco. El gordo saltó enseguida de la cama, gritando, y Rosalie, que estaba dándole de comer a su recién nacido en otra parte de la casa, comenzó a dar alaridos. De repente toda la casa comenzó a vibrar con el ajetreo de cuerpos humanos que corrían en pánico, buscando y gritando, hasta que descubrieron al niño abajo, entado en la alfombra con su pijama rojo, aturdido pero a salvo, con un rifle humeante a los pies. Dos semanas después, Joe Magliocco murió de un ataque cardíaco.”

 

El autor, Gay Talese, uno de los inspiradores del Nuevo Periodismo americano, cuenta en el Epílogo el origen de este libro:

 Este libro surgió del bochorno que sentía mi padre (nacido en Italia) ante el hecho de que los gánsteres con apellido italiano dominaran invariablemente los titulares y la mayor parte de los programas de televisión que trataban sobre el crimen organizado. Mi padre, un altivo y consumado sastre que emigró de Italia en 1920 y se instaló y prosperó en la isla turística de Ocean City, Nueva Jersey –donde nací yo, durante el invierno de 1932-, siempre me animó a sentirme orgulloso de mi herencia étnica, una herencia que él identificaba con nombres como Miguel Ángel y Dante, Medici y Galileo, Verdi y Caruso. Pero, mientras yo crecía en la década de 1940, los nombres italianos que veía con más frecuencia en las primeras páginas de los diarios eran los de conocidos líderes de la Mafia: Charles <Lucky> Luciano y Al Capone; Vito Genovese, Carlo Gambino, Frank Costello, Thomas <Tres Dedos Brown> Lucchese y Joseph <Joe Bananas> Bonanno

 

BILL BONANNO

El libro está muy bien escrito, es narrativa periodística, pero también narrativa novelada, y algo de narrativa cinematográfica. Mantiene el interés en todo momento, y, aunque se hace algo tedioso en la transcripción exacta de todos los interrogatorios efectuados en el juicio, se trata de una obra curiosa, una visión de la mafia desde dentro que, además, nos descubre aspectos desconocidos de ese mundo. Lo que más me ha impactado es, quizá, que esta gente carecía de vida, en el sentido de que, la mayor parte del tiempo, por una u otra razón, tenían que desparecer durante largas temporadas, lejos de los suyos, para evitar ser eliminados o para eludir a la justicia. Y realmente no sé si, al final, ese sacrificio les compensaba.

 Así que comenzó a caminar tranquilamente desde su habitación en la parte posterior del inmenso motel hasta el frente del lugar y se detuvo cerca de la recepción del motel sobre la calle. Su amigo lo acompañaba y los dos conversaron durante unos minutos bajo el sol. Luego, Bill vio una barbería cerca y decidió que no le vendría mal un pequeño corte, de manera que entró, seguido de su amigo. En la barbería había tres sillas y, como no estaba llena, un barbero de pelo blanco le sonrió y dijo:

-Usted es el siguiente.

Bill no reconoció a nadie en el local. Tomó una revista y se sentó en la silla. Su amigo se sentó cerca de la puerta.

-¿Está de visita? –preguntó el barbero con tono alegre, mientras le ponía una sábana sobre los hombros.

Bill asintió con la cabeza.

-¿Y planea quedarse mucho tiempo?

-Sí. Si me gusta el lugar, me gustaría quedarme –dijo Bill.

Una manicurista se le acercó, pero Bill negó con la cabeza y siguió hojeando la revista, al tiempo que levantaba cada tanto los ojos para mirar el inmenso espejo que reflejaba la calle. Bill vio llegar un auto, luego otro y luego una patrulla de policía. Después llegaron otros dos coches de policía y también vehículos de la prensa con fotógrafos.

-Miren, ¿qué es toda esa conmoción allá afuera? –preguntó uno de los barberos.

El barbero que atendía a Bill se volteó hacia la ventana y silbó bajito, mientras continuaba moviendo las tijeras sobre la cabeza de Bill. Bonanno no dijo nada. Luego vio a un agente local del FBI que conocía de antes, Kermit Johnson, dirigiéndose hacia la barbería, seguido de otros hombres. Bill se obligó a sonreír y saludó desde lejos:

-Hola, Kermit.

Kermit Johnson pareció incomodarse un poco con la muestra de familiaridad, pero luego se relajó y contestó:

-Hola, Bill, ¿cómo estás?

Johnson se puso torpemente de pie frente a la silla y el barbero, al verlo, le dijo:

-No me demoro, señor. Usted es el siguiente.

Johnson miró directamente a Bill y le preguntó:

-¿Sabes por qué estoy aquí?

-Sí, lo sé –dijo Bill-. ¿Puedo terminar de cortarme el pelo? ¿O vas a armar un alboroto?

-No, no voy a armar un alboroto –dijo Johnson-. ¿Estás armado?

Bill contestó con un tono de inocencia fingida:

-Kermit, no seas tonto.

El barbero empezaba a ponerse nervioso.

-Discúlpeme –interrumpió finalmente el barbero, al tiempo que señalaba el corrillo de policías y fotógrafos que esperaban en la acera-, ¿qué están haciendo todos esos caballeros ahí afuera?

-Esos <caballeros> -dijo Bill- me están esperando a mí.

El barbero no dijo nada por un momento, mientras asimilaba lo que acababa de oír; luego le comenzaron a temblar las manos y apenas podía sostener las tijeras.”

JOSEPH "JOE BANANAS" BONANNO

 Como también es curioso que la realidad de sus vidas, nada tuviera que ver con la creada por la imaginería popular.

 Cuando el ciudadano norteamericano común pensaba en la Mafia, por lo general se imaginaba escenas llenas de acción y violencia, de dramáticas intrigas y confabulaciones que valían millones de dólares…

(…) ..el típico mafioso tendía a volverse egocéntrico y obsesivo, a vivir pendiente de minucias que magnificaba, a reaccionar de manera desproporcionada ante cualquier ruido, dándole demasiadas vueltas a todo lo que se decía y hacía a su alrededor, perdiendo la perspectiva del mundo…

(…) Y el mafioso típico respondía a esa imagen, se la creía, prefería creérsela porque ella lo hacía ver más grande de lo que era en realidad, más poderoso, más romántico, más respetado y más temido.

(…) …y los productores de cine cada vez que podían venderles ese mito a un público que invariablemente quería que sus personajes fueran más imponentes que en la vida real: pequeños Césares que hablaban duro y gastaban mucho.

LUCKY LUCIANO

Bill Bonanno se sentía tan influenciado por ese mito como cualquier otro y con frecuencia decidía vivir esa mentira.

(…) Así, no era difícil entender por qué Frank Costello mantuvo relaciones con los líderes de Wall Street y poderosos comerciantes, con quienes tomaba diariamente su sauna en el Biltmore, o por qué Lucky Luciano había sido un respetado residente del Waldorf, o por qué un enemigo tan encarnizado de la Mafia como Benito Mussolini había otorgado el título de <commendatore> a un fugitivo de los Estados Unidos, Vito Genovese, después de que éste hiciera generosas contribuciones a proyectos de construcción municipales cerca de Nápoles.

Sin embargo, había sin duda otro veteranos de la Mafia que habían sido presentados en la prensa como millonarios pero que eran relativamente pobres

GAY TALESE

Gay Talese, trabajando como periodista, siguió el proceso judicial que se seguía contra Bill Bonanno, y se lanzó a pedirle una entrevista. Gracias a su insistencia, poco a poco, se ganó la confianza de este jefe mafioso y le convenció para escribir un libro que contara su vida y la de su padre, que aún vivía. De ahí nacería una estrecha relación que continuaría durante años, y que cimentó la amistad entre el escritor y el personaje, hasta tal punto que, tras convertirse el libro en un best-seller en 1971, Gay Talese, en agradecimiento por la confianza depositada en él, ante la critica situación en la que había quedado la familia Bonanno tras el juicio y consciente del éxito económico del libro, en justa correspondencia, destinó una parte de sus ganancias a crear un fondo que cubriría los estudios universitarios de los hijos de Bill Bonanno, con la esperanza, como así fue, de que éstos recibieran una educación que los sacara del mundo en el que siempre se habían movido los Bonanno.

Lo que sí resulta curioso es que a Bill Bonanno, finalmente, le cazaran las autoridades por un asunto de uso ilegal de tarjetas de crédito, y que nunca demostraran nada sobre sus actividades reales en el crimen organizado, como su padre. Algo casi calcado a lo sucedido a Al Capone, años antes, al que sólo se le pudo detener por evasión de impuestos.

Libro, pues, entretenido, que bucea en el pasado de la familia Bonanno, desde los años en Castellammare del Golfo, en Sicilia, hasta su ocaso en la cúspide del crimen organizado, la vida familiar, la vida criminal, todo enlazado de una manera elegante y amena.

En la contraportada del libro se dice que “esta obra monumental… inspiraría Los Soprano”. Sin embargo, en su interior, el propio Gay Talese aclara que, “…llevó a Salvatore a contarme lo furioso que se había puesto el año anterior cuando <The Arizona Republic> publicó un artículo en el cual comparaban al personaje principal de la serie, Tony Soprano, con su difunto abuelo Joseph Bonanno. Tony Soprano aparece caracterizado en la serie como un matón vulgar, insistía Salvatore, que carecía por completo de la elegante sagacidad y la actitud digna de su abuelo…”. Y creo que es cierto. Quienes lean este libro y hayan visto la serie, se habrán dado cuenta de que, la distancia entre el elegante Joseph <Joe Bananas> Bonanno y el hosco y visceral Tony Soprano es abismal. Pero leer este libro y ver la serie son dos placeres incuestionables.

Una curiosidad: Bill Bonanno acabó como asesor en Hollywood en películas sobre la Mafia.

 Sergio Barce, septiembre 2011

 Los fragmentos del libro están tomados de la edición publicada por Alfaguara, 3ª edición, julio 2011, con traducción del inglés de Patricia Torres Londoño.

  Gay Talese, periodista y escritor, nació en Ocean City, New Jersey, 1932. Considerado el pionero del Nuevo Periodismo, es autor de obras como “El reino y el poder” (The Kingdom and the power, 1969), “La mujer de tu prójimo” (Thy neighbor´s wife, 1981) o “The silent season of a hero”(2010).

 

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Otros libros, otros autores: LITERATURA PERIFÉRICA EN CASTELLANO Y CATALÁN: EL CASO MARROQUÍ de CRISTIÁN H. RICCI

En Octubre de 2010, el profesor Cristián H. Ricci, de la Universidad de California, publicó “Literatura periférica en castellano y catalán: El caso marroquí” (Ediciones del Orto [Biblioteca Crítica de las Literaturas Luso-Hispánicas, nº 34 – Madrid, 2010)]. ISBN 84-7923-439-3

Se trata de un estudio preliminar, especialmente filológico, de un libro más extenso que saldrá en el primer semestre del próximo año 2012 bajo el título «Hay moros en la costa. Literatura marroquí fronteriza en castellano y catalán«, y que publicará Purdue University Press. En él, hay un aparato teórico extenso y un pormenorizado análisis de la obra de casi cuarenta autores marroquíes que se expresan en las lenguas más habladas de la Península. Sin duda, un trabajo de enorme interés para conocer la obra de estos autores marroquíes.

Tengo la suerte de contar con la amistad de Cristián Ricci. A veces, le envío mis novelas para que las lea antes de enviarlas a editoriales o a concursos. Sé que le gustó mucho “Sombras en sepia” (Pre-Textos – Valencia, 2006), porque me envió un extenso comentario, aleccionador y entusiasta, y que también le atrapó “Tánger, la perra”, que sigue dando tumbos por ahí sin que ninguna editorial se decida a sacarla. Siempre le estoy agradecido. Espero seguir alimentando nuestra amistad.

Sergio Barce, septiembre 2011

 Sobre este estudio preliminar, “Literatura periférica en castellano y catalán: El caso marroquí” dice el propio Cristián H. Ricci:

En mi opinión los motivos que nos llevan a estudiar a la literatura marroquí tanto en castellano como en catalán no se deben limitar a recoger una muestra de literatura anecdótica, folclórica o voluntarista, una rara muestra de literatura residual o marginal. Al contrario, se trata de un serio corpus, de una producción comprometida, exigente, rigurosa, una literatura que puede hablarle de tú a tú a la producción Peninsular, una literatura que tiene mucho que decir y que lo hace de manera honesta y hasta a veces brillante.

CRISTIÁN H. RICCI

Mientras las costumbres occidentales son rechazadas por un gran número de intelectuales y escritores marroquíes, hay otro grupo de escritores que se debate entre el afianzamiento de los valores tradicionales y la apertura o exilio hacia Occidente. Se rescatan de estas aseveraciones una amalgama de textos que conjugan perfectamente con el deseo vinculante (puente Norte-Sur, igualdad genérica y racial) en la escritura testimonial: exilio, deseo de justicia, fraternidad y esperanza. Se trata, en definitiva, de entablar un diálogo intercultural e intertextual con el público lector español e hispanoamericano. En tanto y en cuanto la literatura marroquí en las dos lenguas más utilizadas de la Península gane expresividad y profundidad en sus aportaciones será hora que la crítica española y latinoamericana descubra, en un lugar bastante insospechado, un nuevo yacimiento de creatividad. Por ende, se espera que esta literatura (y los estudios que devengan, como es el caso de este libro) descubra un nuevo filón a explotar, unas nuevas Minas del Rif, pero en esta ocasión no en manos de Romanones, sino como patrimonio de todos los que compartimos las lenguas castellana y catalana.”

Cristián H. Ricci es un experto en la literatura hispana, en particular la literatura española del siglo XX. Natural de Argentina, Ricci es también un experto sobre la literatura de su país de origen. Actualmente, sus trabajos de investigación se han centrado en la literatura norteafricana escrita tanto en árabe como en francés y español; y dentro de este espectro, su trabajo analiza a los escritores judíos y árabes de expresión española, así como la literatura escrita durante las migraciones norteafricanas a España y a Francia, Países Bajos y Alemania.

Ricci es graduado en Los Angeles CSU y obtuvo el doctorado en Santa Barbara UC. Es profesor asociado en la Hispanic Literatures and Faculty Chair School of Social Sciences, Humanities and Arts University of California (USA). Es autor de numerosos artículos y análisis literarios, así como de una colección de ensayos junto a Gustavo Geirola titulado “¡Dale que va!¡Dale nomás! Ensayos testimoniales para la Argentina del siglo XXI” (Nueva Generación – Buenos Aires, 2006) y junto a Ignacio López-Calvo la antología sobre escritores árabes e israelíes contemporáneos en “Caminos para la paz. Literatura israelí y árabe en castellano” (Edit. Corregidor – Buenos Aires, 2008).

 Para contactar con el profesor Cristián Ricci:

Emil:   cricci@ucmerced.edu

CHRISTIAN H. RICCI

Cristián H. Ricci, PhD
Associate Professor of Hispanic Literatures and Faculty Chair
School of Social Sciences, Humanities and Arts
University of California, Merced
5200 North Lake Road
Merced, CA. 95343
Office: (209) 228 2946
Fax: (209) 228 4007

 

 

 

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CARLOS GALEA, escritor larachense

CARLOS GALEA

De Carlos Galea reproduje en este blog hace unos días un poema dedicado a Larache, y hablé de sus inquietudes literarias. Ahora hablo de su otra faceta, la de narrador. Y es que Carlos es autor de «La casta militar africanista, 1936«, libro de un gran valor, valiente y emocionante,  para conocer una etapa de la historia de Larache.

Según explica Carlos Galea en el prólogo, en él transcribe literalmente el relato que en los años setenta le llegó por azares de la vida, y cuyo autor es un capitán de Ingenieros. El texto, según este oficial, recoge los acontecimientos ocurridos en Larache, en el verano de 1936, durante el alzamiento militar…

Carlos va comentando cada capítulo de ese diario y va desgranando la catadura moral de los militares que se levantaron en Larache contra la República, la falta de valor o la cobardía de los mandos y la actuación de otros personajes. Y también la de quienes trataron de defender a la República y murieron en el intento, como el padre de Carlos, el Brigada Galea.

Siendo, como es, una crónica contada en primera persona por uno de los protagonistas de esos hechos, la réplica de Carlos convierte el libro en algo mucho más interesante, y lo cubre de humanidad y sentimiento. Los nombres son reconocibles, los hechos relatados también. Una historia que no deja indiferente, y que toca las fibras más sensibles.

Hay capítulos muy emocionantes, pero el titulado EL CUARTEL DE LA MEHAZNÍA es revelador de lo realmente ocurrido en Larache en aquellos días. El comentario que Carlos realiza al final de este episodio, es tan impresionante (y así lo vivimos cuando lo relató en Málaga al presentar su libro) que no me resisto a reproducir sus propias impresiones. Dice Carlos:

 Otra prueba de que la rebelión no triunfó en Larache por las heroicidades de los valientes, sino por la cobardía, por la pasividad de los Oficiales con mando.

Según se relata en este capítulo, el cuartel de las Mejaznías lo ocuparon sin pegar un tiro. El Jefe de la unidad, Capitán Galán, dispone sus fuerzas en disposición de combate, y desaparece, dejando a sus soldados al mando de un Sargento. Cabe la pregunta: ¿Y los demás Oficiales y Suboficiales?

Entre los <elementos peligrosos> detenidos se citan a:

-El sastre Jiménez: Masón. Me contó un aprendiz que tenía en aquellos tiempos que era tan buena persona que la gente abusaba de él. Hacía los trajes fiados a los obreros, y por una causa u otra muchos no cumplían. Cuando se juntaban demasiados impagos, cogía la libreta y se iba a buscar a los morosos. Al volver, no sólo no había cobrado nada, regresaba con menos dinero del que tenía cuando salió de la sastrería. Era muy sensible a las miserias que le contaban sus deudores. Lo fusilaron, sin juicio. Me contó el mismo aprendiz, al que también detuvieron a pesar de su corta edad, que lo sacaron de la trinchera donde estaba cavando con él y otros presos, y lo pasaron por las armas delante de ellos. Un elemento peligroso, sin duda.

-Matamala: Director del Grupo Escolar <Yudah Levy>, donde cursaban estudios los niños judíos sefarditas. Masón. Me contó su hijo Mauricio, que su padre era un hombre muy generoso, un filántropo. Tenía discusiones con su esposa porque a veces regresaba de la calle sin la chaqueta, se la había dado a un indigente. Dejó un recuerdo imborrable en la comunidad judía por su extraordinaria labor educativa. Mi abuela Dolores me contó que ella lo vio cuando lo sacaron del Hospital, donde se encontraba enfermo, y lo conducían en un coche al lugar donde fue fusilado, iba en pijama. Otro elemento peligroso.

Creo que el valor moral de estas dos víctimas de la barbarie desatada, demuestra a qué grado de sinrazón llevaron a España los militares sublevados.”

COMANDANCIA GENERAL DE LARACHE

Leyendo este fragmento del libro de Carlos, que vivió en el mismo Barrio de Las Navas que mi familia y que fue compañero de trabajo de mi padre, y ambos de Mauricio Matamala (al que recuerdo con mucho cariño; aún hoy sigo en contacto con sus hijas), me emociono. Y yo no conocí obviamente esa época. Pero mis padres también sufrieron en nuestra familia esa misma sinrazón, y esa historia se está convirtiendo en parte de mi nuevo libro. Uno de los tíos de mi padre, soldado entonces en Larache, logró huir antes de ser ejecutado por sus ideas y escapó a la zona francesa. Luego, consiguió pasar a la península, pero hubo de seguir huyendo hasta que su pista se perdió en un campo de exterminio nazi, donde mi familia está convencida de que murió. Una historia paralela a la del propio Carlos y su familia.

Es vibrante por lo que Carlos Galea apunta al final de cada capítulo de ese relato escrito por un capitán con ínfulas de héroe. Un triste episodio, pero un documento imprescindible para conocer la historia de Larache en los días de la rebelión que cambió la Historia de España para siempre.      

Sergio Barce, septiembre 2011.

Mohamed Sibari, Mohamed Akalay, Sergio Barce & Carlos Galea en Ambito Cultural de Málaga, en las jornadas LARACHE EN MALAGA organizadas por LARACHE EN EL MUNDO

También los avatares de la vida de Carlos, que él mismo me cuenta en una carta, merece ser reproducida:

 Carlos Galea Díaz. Nacido en Larache, en 1935. Pierde a su padre, el Brigada Juan Galea Borrero, en Septiembre de 1936. Ese mismo año, Carlos, con su madre, Concepción Díaz García, viuda a los 30 años, y su único hermano, Manolo, se trasladan a Cataluña, zona republicana. Viven en Ripoll, hasta 1938 en que se marchan a Barcelona, en espera de su evacuación a Francia, ante el avance del Ejército de los Nacionales. En el barrio de la Barceloneta sufren los bombardeos de los aviones Nacionales y alemanes.

En 1939 pasan la frontera de Francia, y son conducidos a un campo de refugiados reservado a niños con sus madres, cerca de Epernay, región de la Champagne. En 1940, ante la invasión de Francia por el Ejército alemán, vuelven a Larache, donde son acogidos por la abuela ,“Mamá Dolores”, que vive en una casa de planta baja en el sector del Barrio de Las Navas, llamado de la “Fuente”, por haber en ella una fuente pública que abastece a todas las viviendas cercanas. Desde 1940 a 1949 estudia en la Escuela Francesa de Larache. En 1950 se emplea en la Sucursal del Banco Central, en Larache. En 1957/58 cumple su servicio militar en el Grupo de Regulares Indígenas de Larache nº 4, luego nº 3 de Ceuta, en Alcazarquivir. En 1958 es destinado a la Sucursal de UNIBAN (Banco creado por la fusión de las oficinas en Marruecos de todos los Bancos españoles) en Alcazarquivir, donde es nombrado Interventor-Cajero. En 1968 es destinado a Rabat, con el cargo de Subdirector. Durante su permanencia en esta capital de Marruecos, la Embajada de España lo nombra Secretario General de la Beneficencia EspañolaEn 1975 es destinado a Casablanca, como Interventor General. Accede a estos importantes puestos en el UNIBAN por su dominio de la lengua francesa. Es elegido Presidente de la Sección en Casablanca de ADERMA (Asociación de Residentes Españoles en Marruecos). Permanece en esta ciudad hasta 1981, en que, obligado por los estudios de su hija mayor, se reincorpora a su Banco de origen, el Central, como Director de una Sucursal en Alicante.

Tras la prejubilación en 1992, comienza entonces su vida literaria.

En 2003 el Instituto Alicantino de Cultura Gil Albert, dependiente de la Diputación Provincial de Alicante, le publica LA CASTA MILITAR AFRICANISTA, 1936. En 2010 el mismo Instituto le publica el libro RECETAS DE LA COCINA NORTEAFRICANA. Además ha escrito el libro autobiográfico RELATO DE UN NIÑO DE LA GUERRA, en trámite de edición por el Servicio Editorial de la Librería Códex, de Orihuela; la novela EL CADETE, el libro histórico LA ODISEA DE JUAN RAMÍREZ, SOLDADO REPUBLICANO,  y el libro RECETAS DE LA COCINA SEFARDITA, todos ellos sin editar. Ha sido finalista en varios concursos de poesía, su afición preferida, y es autor de un POEMARIO.

ACCESO A RINCÓN GALEA:    https://sites.google.com/site/rincongalea/

 

 

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