Archivo de la categoría: LARACHE EN FOTOS

LARACHE – Fotos en blanco y negro 2

Dani Céspedes, Rafael Rodríguez, mi padre (Antonio Barce) & Luis Guardia

Sí, incluso la publicidad de TERRY llegaba hasta Larache. Me gustan estas fotografías de mi padre cuando era joven, con sus amigos. Tienen un viejo sabor moderno, un algo especial que las transforma en documentos muy vivos y atrayentes.

Café Central – Luis Guardia, mi padre (Antonio Barce), Fuentes & Galeote

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Hay espacios en Larache que son eternos. El Balcón del Atlántico, la Plaza de España, los leones del Jardín de las Hespérides, la terraza del Café Central… Es como si todos los larachenses de todas las épocas hubieran tenido que pasar por ellos e inmortalizarse, como testigos de algo mudo e indefinido. Igual que mi padre y sus amigos, con cierto aire «rebelde». 

También el Casino era otro de esos lugares obligados, sobre todo en los momentos de las celebraciones. En esta fotografía están Paco Jurado, Carlos González Navas, Moya y mi padre. Recuerdos de otra época, con ese blanco y negro que rezuma de colores jamás olvidados. Cuando los años pasan, se produce una extraña necesidad de escarbar en las imágenes del pasado, no del nuestro, sino del pasado de los nuestros. Eso me ocurre con mis padres. Trato de bucear en sus imágenes, tal vez para comprenderlos mejor, para compartir más con ellos, probablemente como una artimaña para que los años no vuelen con tanta rapidez y no sé si echar a veces el ancla en imágenes de entonces sirve para todo esto, pero hace que ellos compartan conmigo los momentos en los que me explican cada detalle de sus recuerdos…

Sergio Barce
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Este 15 de Septiembre, en Casablanca, inauguración de la exposición LARACHE/AL-ARAICH de la fotógrafa larachense GABRIELA GRECH

Después de mucho sufrimiento, de mucho esfuerzo, después de mucho desgaste, yo lo sé porque ella me ha ido contando las batallas libradas, Gabriela Grech ha ganado la guerra, ha derrotado las pequeñas miserias y las estratagemas inesperadas, y se ha encaramado a las murallas del Castillo de las Cigüeñas y se hecho con la bandera de Al-Alraich. Y, por fin, gracias a ese tesón inquebrantable, para compensarla justamente, llega la exposición de su trabajo fotográfico que Gabriela dedica a su pueblo, a Larache.

         Por eso, es algo difícil de transmitir la emoción que me produce dar la noticia de que este próximo 15 de Septiembre comienza en Casablanca (hasta el 12 de Octubre) esta maravillosa exposición itinerante, que luego recalará en otras ciudades marroquíes: Tetuán, del 19 de octubre al 9 noviembre 2011

Tánger, del 15 de noviembre al 8 diciembre 2011

Fez, del 15 de diciembre al 8 de enero 2012

Marrakech, del 12 de enero al 5 de febrero 2012

Y finalmente en Rabat, del 9 febrero al 5 de marzo de 2012.

    Del extraordinario catálogo de esta exposición, he escogido la conversación que Gabriela Grech mantiene con Francisco Carpio para reproducirla en este blog, porque es tan hermoso todo lo que ella dice, demuestra tanto amor por Larache, que merece la pena leerlo demorándose con cada frase, saboreándolas. Y es que nos unen tantos recuerdos de Larache que me identifico plenamente con ella. Dice en algún momento Gabriela en esa conversación que hay un velo de imágenes en su memoria que cubren sus ojos cuando contempla al Larache de hoy… ¿Hay mayor declaración de amor a una ciudad?

    La exposición se divide en varios apartados, y en el denominado «Paisaje Humano» los retratos de Gabriela son sobrios, elegantes, y en esa austeridad ha captado la esencia de larachenses que, para ella, son importantes por una u otra razón, y todos ellos reconocibles para los que somos de allí. Como los que os muestro a continuación:

Si tenéis oportunidad de acudir a verla, hacedlo. La calidad del trabajo de GABRIELA GRECH lo merece.

Sergio Barce

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LARACHE, ENTRE EL OLVIDO Y LA DIGNIDAD

 PLAZA DE ESPAÑA – HOY DE LA LIBERACIÓN – ANTES

PLAZA DE ESPAÑA – HOY DE LA LIBERACIÓN – AÑO 2010

Hace dos días, recibí un correo electrónico de alguien a quien no conocía, de manera que lo abrí con todas las prevenciones temiendo que se tratara de uno de esos mensajes que envían con algún virus. No era así. Resultó ser una carta de una señora alemana, y me hablaba de Larache. Y su lectura me causó una profunda desazón. Le contesté para rogarle que me permitiera publicarla en mi blog, y la Sra. Reuter ha accedido. Creo que cualquier larachense, después de leerla, se sentirá tan apesadumbrado como me sentí yo. Su carta dice así:

Estimado Sr. Barce Gallardo, este año en enero hice por primera vez un viaje en Maruecos y también visité Larache. Visité Larache porque quería cooperar en un proyecto humanitario. Ya había visto Essaouira, Agadir, Marrakesh, Taroudant. Algunos sitios me recordaban mucho el espíritu de la España que había conocido de joven mujer.

 Tenia «rendez-vous» en el «Balcón Atlántico» con una persona. Tenía una hora para esperar esta persona. En esta hora he visto mucha miseria humana, como en ninguna otra ciudad de Maruecos que había visto antes.

Vi cómo una belleza de ciudad, una ciudad que había tenido – por lo visto – una gran historia, está cayendo (falling) en pedazos, cómo está perdiendo su dignidad. Tenía ganas de llorar, como cuando pienso en mi vieja ciudad destruida por la guerra, Colonia, en Alemania. O las ciudades en el este de Europa.

 Pregunté a los ciudadanos qué está pasando aquí. Muchos no se daban cuenta, otros decían: es la administración de la ciudad.

 Entonces he leído su libro «Ultimas noticias de Larache», tan humano y sincero.

 Entonces he escrito y le quiero mandar esto.

 Puede Ud. mandarme su dirección para mandar mi carta?  Hay que hacer algo para la ciudad y su gente.

 Con saludos de Bonn, Alemania

Gerda Maria Reuter

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 AVENIDA HASSAN II (antes calle Chinguiti) – CON EL CINE IDEAL

AVENIDA HASSAN II (antes calle Chinguiti) – SIN EL CINE IDEAL

He escrito muchas veces que la dejadez de las autoridades, en todos los ámbitos, con relación a Larache es escandalosa. Leyendo la carta de Gerda Maria Reuter uno se pregunta si queda aún algo de la dignidad de la que ella menciona. Me temo que no, que Larache ha perdido su orgullo. Jamás entenderé que una ciudad como Larache, tan bella, tan hermosa, con el potencial que tiene, con ese rico patrimonio que aún conserva, pese a todo, puede estar cayendo en este pozo que no parece tener fondo. Cuando me marché de Larache en 1973 seguía siendo una preciosa ciudad, cuidada, con innumerables jardines. Hoy apenas subsisten algunos de ellos. Hay una pátina de desidia en todo y en todos. Me cuesta creer que los jóvenes larachenses no sean capaces de cambiar esta situación.

PLAZA DE LA LIBERACIÓN (antes Plaza de España) – CON EL CASINO 

 PLAZA DE LA LIBERACIÓN (antes Plaza de España) – SIN EL CASINO 

foto de Said Hawat

 Me llama la atención un pequeño detalle en la carta de Gerda Maria Reuter: «Pregunté a los ciudadanos qué está pasando aquí. Muchos no se daban cuenta, otros decían: es la administración de la ciudad«. Esa es la verdad. Quienes residen en Larache se limitan a encogerse de hombros, te dicen cuánto echan de menos el Larache de hace unos años, lo bonita y limpia que era la ciudad. Sí, se lamentan, pero nadie mueve un dedo. De las autoridades responsables de este estado, lo único que se puede decir es que han sido como un cáncer para Larache. Han dejado que se consuma, y todos sabemos que muchos se han lucrado especulando y tratando que los edificios más hermosos se pudran con el tiempo para luego poder derribarlos y en su lugar construir penosos edificios antiestéticos. La primera derrota de la ciudad fue el Teatro España, un patrimonio de la ciudad que ahora podría servir de escenario para las actuaciones en la ciudad, para las representaciones de los escolares, para los festivales de música… 

Interior del Teatro España de Larache

Luego le tocó el turno a la Plaza de España, pero ya era la Plaza de la Liberación, y uno de los responsables locales decidíó que no se podía mantener una plaza que era un trozo de la Plaza de España de Sevilla, un regalo de Exposición Universal que se había celebrado allí, ni se podía mantener unos azulejos que reproducían una obra cumbre de la literatura universal, El Quijote, ni tampoco era aceptable tener unos jardines tan hermosos ni unos arriates en los que las familias pudieran pasar los atardecederes, y todo eso lo transformó en una especie de plaza inhumana, sin plantas, sin fuente, sin vida, y cercenó la alegría de la más bella plaza del Norte de Marruecos, y luego otro presidente del consejo municipal decidió que el Cne Ideal, una joya de la arquitectura de principios del siglo XX, no merecía la pena que se mantuviera en pie, porque lo mejor era, para sus intereses, derribarlo y levantar un edificio de tantas plantas que ahora ya no llega ni un mísero rayo de luz a la calle, y, ya que este edificio también se perdía como futuro centro cultural para todos los ciudadanos, decidieron que lo mismo se debería de hacer con el Cine Coliseo , antiguo Teatro María Cristina, y lo derrumbaron; y el hermoso Casino, construido con la altura oportuna para permitir que los viajeros que llegaban a Larache pudieran ver el mar al final de la avenida Mohamed V, se trocó por otro inmundo inmueble que, además de tapiar el bello paisaje del Atlántico a los recién llegados, está tan mal ejecutado que en apenas unos años ya está más deteriorado y oxidado que los que fueron construidos hace cien años…

LA FUENTE DE LA PLAZA DE ESPAÑA (hoy de la Liberación) – ANTES

 PLAZA DE ESPAÑA (de la Liberación) – FOTO TOMADA EN 2010

No sé si se nota que la carta de Gerda Maria Reuter ha removido mis entrañas, pero lo ha hecho, y de qué manera. Qué vergüenza (shuma!) que alguien que pisa Larache por primera vez llore al ver su estado, con más sentimientos que los que dirigen su destino, qué vergüenza constatar una vez más que la sentencia que ha condenado a Larache al ostracismo y al abandono parezca no poder ser revocada. Sólo con que esta sencilla pero hermosa carta que he recibido removiera una sola conciencia en Larache, con que esta humilde carta hiciera cubrirse de vergüenza a quienes dirigen los asuntos de Larache habría cnseguido una pequeña victoria. Ahora sólo queda que los jóvenes, los mejor preparados, los que comprenden que el futuro de un pueblo se asienta en su historia y en su patrimonio, digan basta y pongan freno definitivamente a este calamidad. Lo sé porque leo en Facebook sus comentarios, sus críticas, los videos que cuelgan en Youtube denunciando muchos de estos desastres… Las páginas de SOS LIXUS, POUR L´AMOUR DE LARACHE, LARACHE EN EL MUNDO, XENIA, LARACHE FORUM, AL ANDALUS LARACHE, CULTURE DE LARACHE, ATT LARACHE, ANTICORRUPCIÓN, etc etc… Todo depende de ellos. de todos. Ojalá no sea demasiado tarde. Incha Al´láh.

Sergio Barce, agosto 2011

 EL BALCÓN DEL ATLÁNTICO – antes

 

 EL BALCÓN DEL ATLÁNTICO – siglo XXI

PERO, PESE A TODO, QUIÉN PUEDE DEJAR DE QUERER A ESTA TIERRA QUE NOS HA HECHO TAN FELICES…

AMAR NUESTRA TIERRA NO QUIERE DECIR QUE CERREMOS LOS OJOS A LA REALIDAD 

PROYECTOS COMO LA RESTAURACIÓN DE EDIFICIOS EMBLEMÁTICOS, COMO EL DEL CAFÉ CENTRAL, QUE HACE UNOS MESES CELEBRAMOS, ARROJAN UNA LEVE ESPERANZA

Actos celebrando la restauración del edificio del Café Central – foto de Outman Akjeje

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LARACHE vista por… ITZIAR GOROSTIAGA – fotografías 5

    Algunas imágenes de Itziar Gorostiaga no necesitan comentarios. Están ahí atrapando el instante de los larachenses en sus quehaceres, como Rachid, en su pequeña tienda de la Medina, junto a la Maison Haute, o los panaderos de la ciudad vieja que nos atraen con sus tortas de pan recién hechas, expuestas en sus mostradores de madera, el atrayente olor del pan recién hecho que no es más que un juego de magia.

Hay colores y olores en Larache, sus colores y sus olores. El olor de sus calles, que supuran a pescado y a salitre en el embarcadero, y en la Lonja, y a la entrada del puerto.

Huele a sardinas asadas cuando bajas la cuesta que te lleva al marsa, el lugar en el que los marineros se reúnen al mediodía para contarse sus cuitas, sus frustraciones, sus luchas con la mar. Hay atunes abiertos en canal, aguja palá… Los chiquillos corretean alrededor, pensando ya en marcharse a coger una barca que les lleve a la playa.

El olor del Mercado Central. Las especias hacen que tu nariz sienta un leve picor, suave, es el culantro, el pimentón, el azafrán, y las naranjas, y las sandías y los melones cortados por la mitad, huele al pescado que se exhibe en los mostradores de mármol, y huele a aceitunas aliñadas, a mandarinas, a higos y a uvas. No me resisto a coger una breva, y al morderla noto un cosquilleo en la boca. Los tomates estallan en rojo. Luego, llega el olor más seco de las carnes, carne de cordero, alguna cabeza cuelga de los ganchos de los tenderetes, igual que las chuletas de ternera, y las gallinas y los pollos desplumados y sin cabeza. Olores que acuden vertiginosos a recibirnos, a acompañarnos mientras cruzamos el edificio neonazarí del hermoso Mercado, la Plaza. Hay otros mercados en Larache, esos que abren por la noche y nos brindan un espectáculo alucinante de colores chillones y dramáticos.

Y están los colores. Esos que salen de una paleta milagrosa que se encarga de impresionar a los que se asoman al Balcón del Atlántico. Todos los tonos de azul y celeste, el añil, y el crepúsculo enrojecido, un infierno que no es infernal sino esplendoroso. Se confunden entre el alminar de la mezquita y el cementerio cristiano los blancos y azules, los padrenuestros y las aleyas, una confusión de voces con diferentes colores, nada ajenos, nada enfrentados, al contrario, allí siguen conviviendo, en el sordo eco del recuerdo de quienes yacen bajo la tierra, en el murmullo reiterativo de quienes rezan tras esas paredes cubiertas por un techo verde siempre de esperanza.

Y está el olor y los colores grises de la barra, cuando el mar se encrespa, y los pesqueros se atreven a cruzarla, y el espigón, y las olas rompiendo en el estruendo de su lucha inútil y eterna. Olores y colores de Larache, mil gamas, mil sensaciones, mil recuerdos impregnados en nuestra piel…

Sergio Barce, junio 2011

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«MEDINA DE LARACHE», UN RELATO DE SERGIO BARCE

  

Medina de Larache.

Bajas las calles empinadas, zigzagueantes, con el sol cayendo oblícuo. Notas la brisa esquivando los edificios, correteando igual que los niños que se esconden por los vericuetos de su memoria. Huele a salitre, notas la humedad enquistada en las paredes desconchadas, los pies avanzan llevándote hacia el puerto sin una razón determinada, simplemente bajar, traspasar el maremágnum de viejas construcciones marchitas. Se oyen las voces de esos chiquillos que, minutos antes, se escondían de ti, riendo, tratando de que les siguiera su juego. ¡Hola! ¡Hola! Saludan a gritos, antes de volver a salir disparados como si les avergonzara dar la bienvenida. El aroma del té con yerbabuena se escapa por las ventanas, igual que las palabras de una mujer que habla con su hija en una azotea. Un par de rostros te miran con curiosidad desde una ventana enrejada.

Hay estrías abiertas en cada pared, igual que arrugas en la piel de un anciano; pero igual que éste, la Medina de Larache ha ido acumulando decenios de experiencias, rellenando el baúl de sus recuerdos, y cuando llegas a la altura de su corazón te lo abre y te lo muestra, al desnudo. Hay mucho dolor, pero también hay mucha alegría, la de tantas vidas como almas que dejaron algo de ellas, de los suyos. Tantos apellidos muertos, que partieron sin dejar más que el efímero olor de sus voces, un eco que sólo se escucha si se vaga por sus callejones en silencio. A veces, incluso, te encuentras de frente con tu infancia, con la juventud de tus padres, con la madurez de tus abuelos, y les sigues unos segundos hasta que se desvanecen por la calle Real…

Para cuando llegas a la entrada del puerto, rodeado de atunes abiertos en canal, de cubos llenos de jureles y de sardinas, de pescadores sedientos ansiosos por regresar a sus casas, entonces te giras y miras de nuevo la Medina, el portento de su arquitectura frágil y desolada, y sientes el impulso de regresar. Subes de nuevo, dejando atrás el jolgorio de los vendedores, y te sumerges una vez más en el sueño de sus estrechas arterias. Es como si dieras un salto de años, y que hubieras regresado a otra época, a otro mundo. Un rabino parece rezar en la sinagoga, los franciscanos salen descalzos de la iglesia de San José, el almuecín llama a la oración desde la mezquita. Se oye al viento bambolear unas sábanas,  los golpes de una anciana tratando de limpiar una alfombra, tus pisadas buscando tus propias huellas. Esta tarde sólo hay tiempo para caminar, sólo hay tiempo para dejarse llevar, no hay destino, no hay prisas; la Medina de Larache te arropa, tranquila, amablemente, y vuelves a ver otro espectro que te saluda con la mano y te sonríe, igual que hacía tu abuelo cuando te esperaba en la calle Real, otra vez en la calle Real, con todos ellos…

Sergio Barce, junio 2011

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