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Cuadernos de Cine: LAS ACTRICES DE LOS 60 (Va por ti, Yanko)


Un amigo me ha escrito el siguiente sencillo mensaje que, más o menos, dice así:  “Mucho Larache, mucho Marruecos, mucho relato, mucha  novela… ¡A ver si hablas de mujeres!”

      Me siento obligado a complacerle, primero porque somos amigos desde la infancia, segundo porque no viene mal un paréntesis, y porque si, además, como dice él, se trata de mujeres, la cosa pinta aún mejor. Además, me apetece hacerlo.

      Me gusta el cine. Pertenezco a esa generación que ha crecido con James Bond, con Clint Eastwood y con ese cine maravilloso de los sesenta y setenta; pero también somos los que hemos pasado las tardes de los sábados viendo en la televisión viejas películas de aventuras (Tarzán, Errol Flynn, Sabú, John Wayne o Tyrone Power), los ciclos que ponían los martes por la noche (de Bogart, de John Ford, de Hitchcock), de los que nos asomábamos a “La Clave” para descubrir los mensajes que encerraban las películas clásicas, hemos sido los dueños de las sesiones dobles, de los spahetti-westerns, de los cines de verano (cómo olvidar el sonido de las películas en esas salas al aire libre), hemos imitado a Bruce Lee y nos impactó “El luchador manco”, nos inquietaba Drácula con el físico de Christopher Lee, o su Fu-Manchú, y la noche de Walpurgis con Paul Naschy, nos hemos escapado a los cine-clubs para ver los films de Bergman, Kurosawa, Fellini o Fassbinder (pero también, y sobre todo, a las primeras salas X, y nos tragamos “Cuerno de cabra” y admiramos a “Emmanuelle”); y luego llegaron en los setenta Coppola con su padrino, Spielberg con su tiburón y Lucas con sus galaxias, seguimos a Truffaut, a Visconti, a Godard, y mientras éramos testigos del envejecimiento de Henry Fonda, Burt Lancaster o Robert Mitchum, veíamos madurar a Paul Newman, Steve McQueen o Marlon Brando, y surgían Pacino, de Niro y Nicholson, y hemos seguido yendo al cine, y nos hemos convertido en la única generación a caballo entre el cine más clásico y el cine más moderno y actual, lo hemos visto todo…

      Desde pequeño me han llevado a ver películas. Mis padres lo hacían cuando aún estaba en el capacho, así que es como si lo hubiera mamado desde la cuna. Iba a hablar de mujeres, de mujeres de película, pero me he dado cuenta de que hay tantas que me han fascinado por alguna u otra razón que he decidido cortar por lo sano, y este primer capítulo sobre mis musas de celuloide se lo dedico a las que llenaban las pantallas de los años sesenta… Trataré de marcar a cada actriz con alguna de sus películas emblemáticas de ese decenio alocado.

SHIRLEY EATON en Goldfinger

     Ya he dicho que crecimos con James Bond. Y, junto a este personaje de Ian Fleming, están las “chicas Bond”. Entre todas ellas, hay una efímera (por el corto tiempo que está en pantalla, en concreto en “Goldfinger” (1964)), pero que a los cinéfilos nos marcó de alguna forma: Shirley Eaton.  Era preciosa. Aparece al comienzo del film “Goldfinger” pero, a las primeras de cambio, la asesinan de la forma más cruel pero también original –cinematográficamente hablando-: bañándola en oro…

URSULA ANDRESS en Dr. No

URSULA ANDRESS en Dr. No

Ese cuerpo desnudo cubierto de púrpura es una escena imborrable; como el bikini (eso es un eufemismo, en realidad el atuendo era lo de menos y lo importante era el “cuerpo”) de Ursula Andress al salir del mar en “James Bond contra el Dr. No” (Dr.No, 1962).

HONOR BLACKMAN en Goldfinger

HONOR BLACKMAN en Goldfinger

 Honor Blackman era otra chica Bond de “Goldfinger”, quizá la que más me impactó: atractiva, inteligente, resolutiva, aquellos ojos. Sean Connery disfrutó con todas ellas.

Pero como le ocurre al personaje de Tim Robbins en “Cadena perpetua” (The Shawshank redemption, 1994), me quedo con la rotunda Raquel Welch de “Hace un millón de años” (One Million years B.C., 1966), con aquella ropa prehistórica de diseño, que nos hacía soñar con esas mujeres primitivas que luego la productora Hammer exprimiría en pequeñas películas baratas.

RAQUEL WELCH en Hace un millón de años

RAQUEL WELCH en Hace un millón de años

Y así, gracias a la estela de Raquel, llegaron Martine Beswick (chica Bond tanto en “Dr. No” como en “Desde Rusia con amor”, y que acompañaba a la Welch en sus aventuras entre dinosaurios) o Caroline Munro (vista en “Casino Royale” -1966- y que fue una de las habituales de los films de terror de esos años).

MARTINE BESWICK

MARTINE BESWICK

Como también la exótica actriz palestina Daliah Lavi (otras de las chicas de “Casino Royale”, e inolvidable en “Lord Jim”- 1964-).

DALIAH LAVI

DALIAH LAVI

Y, por supuesto, Linda Harrison… Charlton Heston encontró a Linda en un bosque mientras huía de los monos en “El planeta de los simios” (Planet of the apes, 1968), y se convirtió en otra imagen grabada en nuestro subconsciente –masculino-, con sus enormes ojos que miraban atónitos a ese hombre que pensaba y hablaba como si fuera otro simio…

LINDA HARRISON en El planeta de los simios

LINDA HARRISON en El planeta de los simios

Y nos inflamaban la imaginación las míticas B.B. y C.C.; así llamábamos a Brigitte Bardot y a Claudida Cardinale.

B.B.

B.B.

Inolvidables una en “La verdad” (La vérité, 1960), en “Los profesionales” (The profesionals, 1966) y, sobre todo, en esa obra maestra que es «Hasta que llegó su hora» (Once upon a time in the West, 1968) de Sergio Leone, donde la Cardinale es el centro del universo. Aunque hubo muchas más películas con ellas, por supuesto. Hasta que en el 71 rodaron en España un film juntas: “Las petroleras”.

C.C.

C.C.

Luego estaban las actrices francesas (o de otros países que los franceses adoptaban, inteligentemente, menudos truhanes son para apropiarse de lo que merece la pena), actrices que refulgían en films de la nouvelle vague, sofisticadas, bellas, frágiles, sensuales a un tiempo: mi amigo Jesús dice que la primera película que recuerda es “Un hombre y una mujer” (Un homme et une femme, 1966), y que no puede olvidar a su protagonista, la delicada Anouk Aimée; que antes fue la hermosa “Lola” (1961), pero, en realidad, nadie de los que la vimos la hemos olvidado.

ANOUK AIMÉE es Lola

ANOUK AIMÉE es Lola

Y por entonces triunfó la “Belle de jour” (1966), Catherine Deneuve, de la que se dice que tiene un pacto con el diablo (a mí siempre me pareció demasiado gélida, pero he de reconocer que es de una belleza evidente e imperecedera). Jeanne Moreau se convertía en musa de Truffaut en «Jules et Jim» (1962) y lo fue de Orson Welles.

CATHERINE DENEUVE

CATHERINE DENEUVE

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JEAN SEBERG

JEAN SEBERG

Jean Seberg. ¡Ah, Jean Seberg! Cuánto sufrió por amor. Clint Eastwood la utilizó durante el rodaje de “La leyenda de la ciudad sin nombre” (Paint your wagon, 1969) y luego la dejó sin más, y eso le provocó un trauma del que, se dice, jamás se recuperó. La Seberg venía de la irrepetible “Al final de la escapada” (A bout de souffle, 1959) y se convirtió en la perturbadora “Lilith” (1964).

ROMY SCHNEIDER

ROMY SCHNEIDER

Y qué decir de otras musas del cine de los sesenta: Delphine Seyrig, protagonista de “El año pasado en Marienbad” (L´année dernière à Mareinbad, 1961). Y cómo no enamorarse de aquella Romy Schneider (en cuanto dejó de ser la tontorrona de Sissi y se convirtió en una mujer de verdad me dejé embaucar por su mirada, por su pálida sonrisa, por ese aire melancólico de sus gestos), y quise ser Alain Delon en “A pleno sol” (Plein soleil, 1960) para nadar con ella.

Ahí van las tuyas, Jesús, esas otras tres más que tanto te apasionan:

ANNA KARINA

ANNA KARINA

Anna Karina, tan francesa ella quizá porque era danesa, en “Una mujer es una mujer” (Une femme est une femme, 1961), y “Vivir su vida” (Vivre sa vie, 1962), musa de Godard, claro; y Corinne Marchand, la de “Cleo de 5 a 7” (1962). Te dejo para el final a Marina Vlady, no sé si es muy representativa pero cito “Los siete pecados capitales” (Les sept péchés capitaux, 1962), por razones obvias. Bueno, va, y tu adorada Ingrid Thulin, belleza nórdica que deslumbró en “La caída de los dioses” (La caduta degli dei, 1969), pero que ya tenia su largo bagaje con Bergman, como en “El silencio” (Tystnaden, 1963).

INGRID THULIN

INGRID THULIN

¿Sigo? Mamma mía! ¡La Loren! Ya sé que ella es de los cincuenta, y de los sesenta, y de los setenta y ochenta, y ahí sigue, incombustible, preciosa, eterna… Sofía Loren. Ya sé, hoy sólo los años sesenta… Me impresionó la Loren en su desgarrador papel de “Dos mujeres” (La ciociara, 1960), estuvo más guapa que nunca en “El Cid” (1961) y tierna, hermosa y dolorosa, como sólo ella sabe serlo, en “Los girasoles” (I girasoli, 1969).

SOFIA LOREN

SOFIA LOREN

De una fuente, en el año 59, surgió otra diosa para los sesenta, otra diosa más carnal, más pecaminosa, más abrumadora, un icono: Anita Ekberg, que sigue ahí en la Fontana di Trevi de “La dolce vita” (1959). En 1962 fue la tentación del doctor Antonio en el episodio que protagonizó en “Boccaccio 70”, y paseó su escultural cuerpo por diversos peplums que hacían las delicias en las sesiones dobles.

ANITA EKBERG

Aparte, en otro lugar: Audrey Hepburn. También venía de los cincuenta. Irreemplazable, única, irrepetible, en esos años estuvo tierna, frágilmente abrumadora en “Desayuno en Tiffany´s” (Breakfast at Tiffany´s, 1961). Es otro icono, diferente, sutil y cercano, de cine.

AUIDREY HEPBURN

Y no me olvido de Lea Massari y de Monica Vitti, que trabajaron juntas en “La aventura” (L´avventura, 1960). La Vitti fue musa de Antonioni, pero se convirtió en referente pop y sex-symbol gracias a “Modesty Blaise, superagente femenino” (Modesty Blaise, 1966).

MONICA VITTI

MONICA VITTI

Luego, estaban las actrices que triunfaban no por sus cualidades dramáticas, sino por sus encantos físicos.  Luciana Paluzzi, Elke Sommer, Florinda Bolkan…

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KATHERINE ROSS

KATHERINE ROSS

También nos atrapó Katherine Ross que logró enamorar a  Paul Newman y a Robert Redford en “Dos hombres y un destino” (Butch Cassidy & the Sundance Kid, 1969) después de hacerlo con Dustin Hoffman en “El graduado” (The graduate, 1967).

ANGIE DICKINSON

ANGIE DICKINSON

Y las había, como muchas de las que he mencionado más arriba, que eran atractivas, sensuales y buenas actrices. Americanas, como Angie Dickinson. Siempre me pareció tentadora (igual que a tío Junior en “Los Soprano”, obsesionado con acostarse con ella), que estuvo preciosa y perfecta en “Código del hampa” (The killers, 1964), en “La jauría humana” (The chase, 1965) y, especialmente, en  “A quemarropa” (Point Blank, 1967). Al igual que Lee Remick en “Río salvaje” (Wild river, 1960) y “Días de vino y rosas” (Days of wine and roses, 1962).

LEE REMICK

LEE REMICK

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FAYE DUNAWAY

Y la siempre insinuante Faye Dunaway, excelente actriz, que supo dotar a sus personajes de una mezcla de tortura interna y procacidad sexual, quizá una de las mejores intérpretes de ese decenio, y que inmortalizó a Bonnie Parker en “Bonnie & Clyde” (1967), uno de los films emblemáticos de los sesenta. Sin olvidar sus papeles en “El caso Thomas Crown” (The Thomas Crown affair, 1968), “Amantes” (Amanti, 1968) y “El compromiso” (The arrangement, 1969).

JANE FONDA es Barbarella

JANE FONDA es Barbarella

Hay más: Jane Fonda, pura vitalidad, capaz de atreverse con cualquier papel, por eso ella fue “Barbarella” (1967) y bailó hasta la extenuación en “Danzad, danzad, malditos” (They shoot horses, don´t they?, 1969).

Pero confieso que tengo dos debilidades más: una es Julie Christie.

JULIE CHRISTIE

JULIE CHRISTIE

Lo sé: sus ojos, su aparente fragilidad, pero también su carácter. Hay algo en ella imperecedero. En “Dr.Zhivago” (1965) borda su papel, en “Fahrenheit 451” (1966) eleva de categoría su trabajo y en “Lejos del mundanal ruido” (Far for the Madding Croad, 1967) simplemente roba el corazón. La otra debilidad es Jacqueline Bisset. También son sus ojos, qué demonios, pero qué decir de su boca o de sus pómulos… La descubrí, creo, en “Bullit” (1968) y desde entonces me visita a hurtadillas.

JACQUELINE BISSET

JACQUELINE BISSET

Las estrellas más rutilantes de los cincuenta, protagonizaron algunos de sus papeles más inolvidables en los sesenta: Elizabeth Taylor fue «Cleopatra» (1963) e hizo uno de sus dramas más impactantes en «¿Quién teme a Virginia Woolf?» (Who´s afraid of Virginia Woolf?, 1967).

ELIZABETH TAYLOR es Cleopatra

ELIZABETH TAYLOR es Cleopatra

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KIM NOVAK

Mientras, Kim Novak desquiciaba a Kirk Douglas en “Un extraño en mi vida” (Strangers when we meet, 1960) y fue “La misteriosa dama de negro” (The Notorious Landlady, 1962). Jean Simmons protagonizó por su parte “Espartaco” (Spartacus, 1960) y “El fuego y la palabra” (Elmer Gantry, 1960), entre otras.

JEAN SIMMONS

JEAN SIMMONS

Y poco antes de perder la vida, incluso Marilyn Monroe demostró que podía ser una excelente actriz dramática en «Vidas rebeldes» (The misfits, 1961). Un papel inolvidable.

MARILYN MONROE

Querido Juan Yankovich: Espero haberte compensado en parte. Aquí tienes la primera entrega de nuestras mujeres. Volveré a escribirte desde los setenta. Un abrazo, jay.

Sergio Barce, junio 2011

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Diálogos de películas 6

“Annie Hall” (1977) de Woody Allen

 …y recordé aquel viejo chiste. Aquel del tipo que va al psiquiatra y le dice: doctor, mi hermano está loco; cree que es una gallina. Y el doctor responde: ¿pues por qué no lo mete en un manicomio? Y el tipo le dice: lo haría, pero necesito los huevos. Pues eso es más o menos lo que pienso sobre las relaciones humanas, ¿sabe? Son totalmente irracionales, y locas, y absurdas; pero supongo que continuamos manteniéndolas porque la mayoría necesitamos los huevos…

«Laura» (1944), dirigida por Otto Preminger:

Vincent Price:   ¡Waldo, no vuelvas a insinuar que tengo algo que ver con el asesinato de Laura.
Clifton Webb:   De acuerdo, Shelby, no volveré a insinuarlo: tú has asesinado a Laura.

ALFIE es Michael Caine

ALFIE es Michael Caine

“Alfie”  (1966) de Lewis Gilbert  

  “Alfie” (2004) de Charles Shyer

Yo me adhiero a la filosofia europea de la vida: mis prioridades son el vino, las mujeres y… bueno, eso es todo: vino y mujeres.

ALFIE es Jude Law

ALFIE es Jude Law

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 “Big Fish”  (2003) de Tim Burton

 Para tu padre había dos mujeres en el mundo. Una de ellas era tu madre. La otra eran el resto.

“Los puentes de Madison” (The Bridges of Madison County, 1995) de Clint Eastwood

 Clint Eastwood:    No quiero necesitarte.
Meryl Streep:    ¿Por qué?
Clint Eastwood:    ¿Por qué? Porque no puedo tenerte.

CLINT EASTWOOD &  MERYL STREEP en Los puentes de Madison

CLINT EASTWOOD & MERYL STREEP en Los puentes de Madison



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Volvamos a ellos, a GROUCHO y a ALLEN

Hannah y sus hermanas (Hannah and Her Sisters, 1986) de Woody Allen

Woody Allen:  

Mi tío Phil cayó muerto de repente jugando al squash… El médico se lo había recomendado para la salud.

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 Copacabana (1947), de Alfred E. Green

Groucho Marx:   

¿Le gustaría ver su nombre en un letrero luminoso?

Carmen Miranda:   

¿Por qué? ¿Es usted electricista?

Groucho Marx:   

No, pero tengo buenas conexiones (alzamiento de cejas de Groucho) 

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SUEÑOS DE SEDUCTOR

Sueños de seductor (Play it again, Sam, 1972) de Herbert Ross

¿Por qué tiene que preocuparme tanto el divorcio? ¡Qué demonios! ¡Hasta puede que esté mejor sin ella! ¿Por qué no? Soy joven, tengo buena salud, un buen trabajo. Quizá sea ésta la oportunidad de que me divierta un poco. ¡Ja! Si ella quiere divertirse, yo también. ¡Hum! Convertiré esto en un night club. ¡Ya verán las chicas que traeré aquí, ya verán! Bailarinas, trapecistas, ninfómanas, protésicas dentales…


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Una noche en Casablanca (A night in Casablanca, 1946), de Archie Mayo

Tenemos que prosperar: si un cliente pide un huevo a los tres minutos, se lo daremos en dos; si lo pide en dos, se lo daremos en uno; y si lo pide en uno, le daremos una gallina y que se arregle como pueda.

***

***

Scoop (2006) de Woody Allen

-Bueno, verás, tú eres la hija que nunca tuve
-¡Oh! qué tierno…
-No, era broma, porque yo nunca quise tener hijos, no, no quise, porque tener hijos… ¿qué es eso? Mira, eres bueno con ellos, los crías, sufres, cuidas de ellos y luego crecen y te acusan de tener Alzheimer…

—

scoop

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Cuaderno de cine: MIDNIGHT IN PARIS de WOODY ALLEN

MIGNIGHT IN PARIS  (2011) no es una obra maestra, de hecho Allen hace ya tiempo que no hace otra, pero es un film de Woody Allen, el del año 2011, y eso en sí ya es un acontecimiento para quienes somos sus fieles seguidores. Es nuestra cita anual con él.

Además de no ser una obra maestra, es otra de sus películas en las que no interpreta ningún papel, y eso también se echa de menos, uno desea verlo una vez más con sus gafas de pasta negra asomando por la pantalla grande para hablarnos de alguna dolencia, demostrando que es un hipocondríaco, o bien soltando uno de sus ingeniosos diálogos.

Woody Allen con Owen Wilson y Rachel McAdams

    Pero dejando a un lado estos dos detalles, MIDNIGHT IN PARIS es una delicia. No se puede desvelar su trama, porque el encanto de esta película es entrar en la sala y pensar que vamos a asistir a una comedia romántica desarrollada en París, y hasta ahí es cierto, pero esa pequeña comedia romántica se mueve dentro del romanticismo más candoroso y cinematográfico que pudiéramos imaginar, y por eso no es decente destapar su argumento, si lo que se quiere es dejarse sorprender.

MIDNIGHT IN PARIS Owen Wilson & Rachel McAdams

    Gil, el personaje que interpreta Owen Wilson, es otro trasunto de Woody Allen, más joven, más ingenuo, casi un inocente en materia de amor que, súbitamente, descubre en París su verdadera pasión por la literatura y cuáles son sus sentimientos reales hacia su futura esposa (Rachel McAdams). Cuando Gil habla, en nuestro subconsciente, escuchamos la voz de Allen, es él, en estado puro. Luego, aparece Adriana (Marion Cotillard) y su estado, ya de por sí alterado por lo que le está aconteciendo en las noches de París, se ve definitivamente desbordado. Y, deliciosa y sutilmente, se va deslizando también la presencia de Gabrielle (Léa Seydoux)… (Allen siempre ha sido un genio, entre otras cosas, con la elección de sus actrices, desde Diane Keaton a Mia Farrow, pasando por Meryl Streep, Charlotte Rampling o Charlize Theron).

Marion Cotillard con Owen Wilson en MIDNIGHT IN PARIS

     Y como en todos los films de Woody Allen, los personajes secundarios son esenciales: el insoportable Paul (Michael Sheen), por supuesto, con sus lapidarias lecciones sobre cualquier tema y que acaban convirtiéndose en realmente divertidas por su propia pedantería; los padres de la novia –con sus frases cortas, casi entre murmullos, cargadas de irónicas cargas de profundidad-; los escritores, los pintores o los cineastas que van desfilando (no puedo decir muchos más) durante las alocadas noches de Gil… Aunque me voy a permitir sólo comentar que estéis atentos al diálogo que protagoniza Adrian Brody, de lo mejor del film.

Léa Seydoux

En fin, MIDNIGHT IN PARIS para pasar un rato agradable, sin pretensiones, de esas películas de las que sales con una sonrisa en los labios, y eso, a estas alturas, es mucho.

Sergio Barce, mayo 201

Escena de Midnight in Paris

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Cuaderno de cine: CRASH de PAUL HAGGIS

CRASH (2004). Otra de esas películas que uno ve más de una vez. Su director es Paul Haggis, al que admiro por sus magníficos guiones (“Million dollar baby”, “Cartas desde Iwo Jima” –ambas dirigidas por Clint Eastwood– y “En el valle de Elah” son extraordinarios). Con CRASH construyó una película admirable, tanto como guionista como realizador.

Un automóvil ardiendo, caen los primeros copos de nieve, y, mientras suena una suave canción, los personajes van pasando ante nosotros para cerrar el círculo que se abre cuando se produce un primer accidente de coches.

Varias vidas, aparentemente sin conexión, lenta pero inexorablemente se van cruzando en este retrato de la sociedad americana, con alguna pequeña concesión, en la que impera ante todo la diversidad cultural, la soledad, la falta de comunicación y el desasosiego de una convivencia que se va descomponiendo en mil fragmentos.

Thandie Newton & Matt Dillon en CRASH

Hay escenas sublimes: el disparo del desesperado comerciante persa contra quien cree que es el causante de su desdicha justo cuando se interpone entre ambos la hija pequeña con un resultado desgarradoramente inesperado, o el amargo e hiriente reproche de la madre a su hijo detective de policía (estupendo el papel de Don Cheadle) por la muerte de su hermano pequeño, o, por supuesto, la escena en la que el agente John Ryan, que interpreta Matt Dillon, rescata de una muerte segura a la mujer que días antes había humillado innecesariamente.

La película, de un ritmo sosegado pero con el engranaje de un reloj, avanza retratando a cada uno de sus múltiples personajes, y todos ellos, incluso los que apenas tienen una línea de diálogo, están tan perfectamente definidos que al poco les conocemos y compartimos sus frustraciones y sus miserias. El oficial Ryan vive amargado por la situación desesperada de su padre que padece unos dolores insoportables por una enfermedad sin remedio, y esta amargura la vuelca contra los demás (la pareja que sorprende divirtiéndose y a la que veja, la empleada del seguro médico que ha de soportar sus insultos racistas), y Matt Dillon, sin embargo, hace que su personaje, antipático y repulsivo, nos conmueva. El detective Waters (Cheadle) lucha por ganarse a una madre que sólo sabe reprocharle cada cosa que hace, y sus esfuerzos por recuperar su afecto fracasan tan estrepitosa como injustamente. Cuando, hundido por la pena, deja a su madre en el tanatorio y avanza por el corredor, su rostro desencajado lo expresa todo. Dos actuaciones admirables.

Y las otras historias, que, como digo, se van engarzando unas a otras, son de una precisión milimétrica: la familia persa y la historia del revólver, el cerrajero hispano cuyo aspecto despierta los recelos más irracionales y que resulta ser uno de los personajes más entrañables con el relato de la capa invisible que regala a su hija, y que tan importante será en el desarrollo de la historia, el fiscal al que han robado su vehículo y la soledad tan inmensa en la que vive su mujer (Sandra Bullock, en el único papel en el que me ha parecido que actúa de verdad), la criada de ésta, la ayudante del fiscal –casi no habla durante la película, pero su presencia siempre nos sugiere una historia que no se nos cuenta pero que adivinamos-, el director de televisión, humillado por todos y que ha sido capaz de vender su dignidad con tal de formar parte del mundo al que ahora pertenece, por supuesto los dos chicos negros que roban el vehículo del fiscal y que posteriormente atropellarán a un chino…

Paul Haggis

Muchos personajes, sí, pero ninguno sobra, porque todos van confluyendo en un epílogo algo esperanzador, tal vez incluso condescendiente, pero ha habido antes tanto desgarro, tanta tristeza y tanta desolación en todas esas vidas, que se agradece ese final en el que Paul Haggis, finalmente, intenta salvar a sus personajes de esa jungla en la que permanentemente hay colisiones (crash) culturales, físicas, sentimentales y morales.

Crash es, además de buen cine, buena literatura, un magnífico relato.

Sergio Barce, mayo de 2011

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