Archivo de la categoría: CINE

Volvamos a ellos, a GROUCHO y a ALLEN

Hannah y sus hermanas (Hannah and Her Sisters, 1986) de Woody Allen

Woody Allen:  

Mi tío Phil cayó muerto de repente jugando al squash… El médico se lo había recomendado para la salud.

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 Copacabana (1947), de Alfred E. Green

Groucho Marx:   

¿Le gustaría ver su nombre en un letrero luminoso?

Carmen Miranda:   

¿Por qué? ¿Es usted electricista?

Groucho Marx:   

No, pero tengo buenas conexiones (alzamiento de cejas de Groucho) 

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SUEÑOS DE SEDUCTOR

Sueños de seductor (Play it again, Sam, 1972) de Herbert Ross

¿Por qué tiene que preocuparme tanto el divorcio? ¡Qué demonios! ¡Hasta puede que esté mejor sin ella! ¿Por qué no? Soy joven, tengo buena salud, un buen trabajo. Quizá sea ésta la oportunidad de que me divierta un poco. ¡Ja! Si ella quiere divertirse, yo también. ¡Hum! Convertiré esto en un night club. ¡Ya verán las chicas que traeré aquí, ya verán! Bailarinas, trapecistas, ninfómanas, protésicas dentales…


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Una noche en Casablanca (A night in Casablanca, 1946), de Archie Mayo

Tenemos que prosperar: si un cliente pide un huevo a los tres minutos, se lo daremos en dos; si lo pide en dos, se lo daremos en uno; y si lo pide en uno, le daremos una gallina y que se arregle como pueda.

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Scoop (2006) de Woody Allen

-Bueno, verás, tú eres la hija que nunca tuve
-¡Oh! qué tierno…
-No, era broma, porque yo nunca quise tener hijos, no, no quise, porque tener hijos… ¿qué es eso? Mira, eres bueno con ellos, los crías, sufres, cuidas de ellos y luego crecen y te acusan de tener Alzheimer…

scoop

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Cuaderno de cine: MIDNIGHT IN PARIS de WOODY ALLEN

MIGNIGHT IN PARIS  (2011) no es una obra maestra, de hecho Allen hace ya tiempo que no hace otra, pero es un film de Woody Allen, el del año 2011, y eso en sí ya es un acontecimiento para quienes somos sus fieles seguidores. Es nuestra cita anual con él.

Además de no ser una obra maestra, es otra de sus películas en las que no interpreta ningún papel, y eso también se echa de menos, uno desea verlo una vez más con sus gafas de pasta negra asomando por la pantalla grande para hablarnos de alguna dolencia, demostrando que es un hipocondríaco, o bien soltando uno de sus ingeniosos diálogos.

Woody Allen con Owen Wilson y Rachel McAdams

    Pero dejando a un lado estos dos detalles, MIDNIGHT IN PARIS es una delicia. No se puede desvelar su trama, porque el encanto de esta película es entrar en la sala y pensar que vamos a asistir a una comedia romántica desarrollada en París, y hasta ahí es cierto, pero esa pequeña comedia romántica se mueve dentro del romanticismo más candoroso y cinematográfico que pudiéramos imaginar, y por eso no es decente destapar su argumento, si lo que se quiere es dejarse sorprender.

MIDNIGHT IN PARIS Owen Wilson & Rachel McAdams

    Gil, el personaje que interpreta Owen Wilson, es otro trasunto de Woody Allen, más joven, más ingenuo, casi un inocente en materia de amor que, súbitamente, descubre en París su verdadera pasión por la literatura y cuáles son sus sentimientos reales hacia su futura esposa (Rachel McAdams). Cuando Gil habla, en nuestro subconsciente, escuchamos la voz de Allen, es él, en estado puro. Luego, aparece Adriana (Marion Cotillard) y su estado, ya de por sí alterado por lo que le está aconteciendo en las noches de París, se ve definitivamente desbordado. Y, deliciosa y sutilmente, se va deslizando también la presencia de Gabrielle (Léa Seydoux)… (Allen siempre ha sido un genio, entre otras cosas, con la elección de sus actrices, desde Diane Keaton a Mia Farrow, pasando por Meryl Streep, Charlotte Rampling o Charlize Theron).

Marion Cotillard con Owen Wilson en MIDNIGHT IN PARIS

     Y como en todos los films de Woody Allen, los personajes secundarios son esenciales: el insoportable Paul (Michael Sheen), por supuesto, con sus lapidarias lecciones sobre cualquier tema y que acaban convirtiéndose en realmente divertidas por su propia pedantería; los padres de la novia –con sus frases cortas, casi entre murmullos, cargadas de irónicas cargas de profundidad-; los escritores, los pintores o los cineastas que van desfilando (no puedo decir muchos más) durante las alocadas noches de Gil… Aunque me voy a permitir sólo comentar que estéis atentos al diálogo que protagoniza Adrian Brody, de lo mejor del film.

Léa Seydoux

En fin, MIDNIGHT IN PARIS para pasar un rato agradable, sin pretensiones, de esas películas de las que sales con una sonrisa en los labios, y eso, a estas alturas, es mucho.

Sergio Barce, mayo 201

Escena de Midnight in Paris

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Cuaderno de cine: CRASH de PAUL HAGGIS

CRASH (2004). Otra de esas películas que uno ve más de una vez. Su director es Paul Haggis, al que admiro por sus magníficos guiones (“Million dollar baby”, “Cartas desde Iwo Jima” –ambas dirigidas por Clint Eastwood– y “En el valle de Elah” son extraordinarios). Con CRASH construyó una película admirable, tanto como guionista como realizador.

Un automóvil ardiendo, caen los primeros copos de nieve, y, mientras suena una suave canción, los personajes van pasando ante nosotros para cerrar el círculo que se abre cuando se produce un primer accidente de coches.

Varias vidas, aparentemente sin conexión, lenta pero inexorablemente se van cruzando en este retrato de la sociedad americana, con alguna pequeña concesión, en la que impera ante todo la diversidad cultural, la soledad, la falta de comunicación y el desasosiego de una convivencia que se va descomponiendo en mil fragmentos.

Thandie Newton & Matt Dillon en CRASH

Hay escenas sublimes: el disparo del desesperado comerciante persa contra quien cree que es el causante de su desdicha justo cuando se interpone entre ambos la hija pequeña con un resultado desgarradoramente inesperado, o el amargo e hiriente reproche de la madre a su hijo detective de policía (estupendo el papel de Don Cheadle) por la muerte de su hermano pequeño, o, por supuesto, la escena en la que el agente John Ryan, que interpreta Matt Dillon, rescata de una muerte segura a la mujer que días antes había humillado innecesariamente.

La película, de un ritmo sosegado pero con el engranaje de un reloj, avanza retratando a cada uno de sus múltiples personajes, y todos ellos, incluso los que apenas tienen una línea de diálogo, están tan perfectamente definidos que al poco les conocemos y compartimos sus frustraciones y sus miserias. El oficial Ryan vive amargado por la situación desesperada de su padre que padece unos dolores insoportables por una enfermedad sin remedio, y esta amargura la vuelca contra los demás (la pareja que sorprende divirtiéndose y a la que veja, la empleada del seguro médico que ha de soportar sus insultos racistas), y Matt Dillon, sin embargo, hace que su personaje, antipático y repulsivo, nos conmueva. El detective Waters (Cheadle) lucha por ganarse a una madre que sólo sabe reprocharle cada cosa que hace, y sus esfuerzos por recuperar su afecto fracasan tan estrepitosa como injustamente. Cuando, hundido por la pena, deja a su madre en el tanatorio y avanza por el corredor, su rostro desencajado lo expresa todo. Dos actuaciones admirables.

Y las otras historias, que, como digo, se van engarzando unas a otras, son de una precisión milimétrica: la familia persa y la historia del revólver, el cerrajero hispano cuyo aspecto despierta los recelos más irracionales y que resulta ser uno de los personajes más entrañables con el relato de la capa invisible que regala a su hija, y que tan importante será en el desarrollo de la historia, el fiscal al que han robado su vehículo y la soledad tan inmensa en la que vive su mujer (Sandra Bullock, en el único papel en el que me ha parecido que actúa de verdad), la criada de ésta, la ayudante del fiscal –casi no habla durante la película, pero su presencia siempre nos sugiere una historia que no se nos cuenta pero que adivinamos-, el director de televisión, humillado por todos y que ha sido capaz de vender su dignidad con tal de formar parte del mundo al que ahora pertenece, por supuesto los dos chicos negros que roban el vehículo del fiscal y que posteriormente atropellarán a un chino…

Paul Haggis

Muchos personajes, sí, pero ninguno sobra, porque todos van confluyendo en un epílogo algo esperanzador, tal vez incluso condescendiente, pero ha habido antes tanto desgarro, tanta tristeza y tanta desolación en todas esas vidas, que se agradece ese final en el que Paul Haggis, finalmente, intenta salvar a sus personajes de esa jungla en la que permanentemente hay colisiones (crash) culturales, físicas, sentimentales y morales.

Crash es, además de buen cine, buena literatura, un magnífico relato.

Sergio Barce, mayo de 2011

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Diálogos de películas 5

Desmontando a Harry (Deconstructing Harry, 1997) de Woody Allen

-Voy a que me vea un médico, tengo fuertes dolores de pecho
-Eso no es nada; es indigestión, o vesícula, o úlcera, o reflujo de acidez…
-Tengo antecedentes familiares. Mi padre murió joven de un ataque cardíaco, mi madre murió fulminada por una trombosis y mis dos hermanos murieron antes de los cincuenta de insuficiencia cardiaca
-Pues no pierdas el tiempo hablando conmigo, ve a buscar una ambulancia…

 Casablanca (1942) de Michael Curtiz

Claude Rains:   ¿Por qué demonios vino a Casablanca?
Humphrey Bogart:   Mi salud. Vine a tomar las aguas.
Claude Rains:    ¿Qué aguas, las del desierto?
Humphrey Bogart:    Al parecer me informaron mal.

Arsénico por compasión (Arsenic and old lacy, 1944) de Frank Capra

—Pero Mortimer, tienes que quererme también por mi mente.
—Querida, cada cosa a su tiempo.

El apartamento (The apartment, 1960) de Billy Wilder

—El espejo… se ha roto.
—Ya lo sé, me gusta así. Así me veo tal y como me siento.

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Diálogos de películas 4

Un hombre soltero (A Single Man, 2009) de Tom Ford

Colin Firth:   Si vais a tener un mundo sin tiempo para los sentimientos, no creo que yo quiera vivir en él.

 

 Alguien voló sobre el nido del cuco (One flew over the Cuckoo´s nest, 1975) de Milos Forman:

 Jack Nicholson: Me han dado una descarga de 10.000 voltios y ahora me encuentro… lleno de energía. La próxima mujer con la que me acueste se iluminará como una máquina tragaperras y empezará a soltar dólares.

Cielo amarillo (Yellow sky, 1949) de William A. Wellman:

— ¿Queréis decirme qué hacemos cruzando un desierto que ni una serpiente se atrevería a cruzar?
— Un desierto es un espacio y un espacio se cruza.

Cyrano de Bergerac (1990) de Jean-Paul Rappeneau:

Gérard Depardieu:  Un beso es un acento invisible en la palabra amor.

Amanece, que no es poco (1989) de José Luis Cuerda:

¡Alcalde, queremos que la chavala sea comunal!



El forastero (The Westerner, 1940) de William Wyler

Walter Brennan:    ¿De dónde viene, forastero?
Gary Cooper:    De ningún sitio en particular.
-W.B.:    ¿Y a dónde se dirige?
G.C.:    A ningún sitio en particular. Todos los sitios son buenos para pasar de largo.


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