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LARACHE, UNA CIUDAD QUE SIGUE ESPERANDO A GODOT, un artículo de MOUNIR KASMI

Me ha parecido interesante este artículo escrito por nuestro paisano y amigo Mounir Kasmi, y que refleja perfectamente lo que está ocurriendo en Larache, y en esta caso en concreto, con su hermosa playa de Ras R´mel. Un análisis certero y muy bien trazado que denuncia unos hechos que, año a año, se van repitiendo y que llevan a un desastre que él anuncia y denuncia. Creo que la mayoría de los larachenses secundamos sus palabras.

Seguramente, si no cambian las cosas, en el futuro  muchos se arrepientan de no haber hecho algo para impedir lo que Mounir viene advirtiendo…

Mounir Kasmi junto a Carlos Amselem en el Curso de Microempresas que se impartió en Larache organizado por Xenia y Larache en el Mundo

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REMEMORACION DE LARACHE – un artículo del profesor VICTOR MORALES LEZCANO

A la vista de la situación que atraviesa el Consulado de España en Larache, bajo amenza de ser cerrado con justificaciones lejanas a la realidad, me ha parecido interesante colgar del blog este estupendo artículo de mi amigo el profesor Víctor Morales Lezcano, profesor Emérito de la UNED, publicado en el diario «Las Provincias» de Las Palmas, en el que, en unas pinceladas, sitúa a Larache en el lugar que por Historia y por «derecho» le corresponde. Lo que explica y detalla debería ser leído con atención en el Ministerio correspondiente.

Tuve el privilegio de ser una de las personas que presentaran su extraordinario libro «Historia de Marruecos» en la Casa de la Cultura -antigua Comandancia- de Larache. Acto del que conservo un recuerdo entrañable, al igual que la pequeña excursión que, con los miembros del CMEH, hicimos a Mulley Buselham. De la misma manera que también lo fue el cariñoso Homenaje que le tributamos en el Centro Hispano Marroquí de Madrid.

Sergio Barce, septiembre 2012 

Sergio Barce, Mohamed Chouirdi, Victor Morales y Angeles Ramírez

REMEMORACIÓN DE LARACHE Y LA REGIÓN DE LUCUS

Por Víctor Morales Lezcano

(Artículo publicado en el  diario de Las Palmas, “La Provincia” – 30-08-2012)

 http://ocio.laprovincia.es/planes/noticias/nws-113342-un-viaje-costa-marroqui.html

 Fue Juan León El Africano, viajero musulmán, polifacético y políglota, consignó que “los antiguos africanos construyeron la ciudad de Larache sobre la mar océano, en la desembocadura del río Lucus, junto al que se levanta una parte de la ciudad, y sobre la mar la otra. Cuando Arcila y Tánger fueron de moros, Larache estuvo muy poblada, pero al pasar a manos cristianas aquellas dos plazas, fue abandonada durante unos veinte años…” (Descripción General del África y de las cosas peregrinas que allí hay. Lundberg eds., 1995).

Según algunos etimólogos, Larache es un topónimo derivado del árabe Al-Araish, o sea un jardín de flores. De ahí, probablemente, que más de un navegante de la antigüedad localizara allí Las Hespéridas (¿paraíso terrenal?); pero no tanto en la ciudad atlántica del norte de Marruecos, sino en las tierras fértiles que bañan las aguas del río Lucus al norte de la región y el río Sebú al sur de ésta. Imagen, pues, de una Arcadia deleitosa que ratificaba Juan León El Africano con esta apostilla: “rodean la ciudad numerosas lagunas y praderas, donde se cobijan muchas aves acuáticas y anguilas. En las riberas del río, frondosas y oscuras algabas cobijan leones y otras alimañas feroces. Sus habitantes mandan carbón por mar a Tánger y Arcila” (Descripción General, op. cit.).

Cierto fue que, durante los siglos XIV-XV, frecuentaron navíos de pabellón “cristiano” todo el litoral atlántico del reino de Marruecos (de ahí la conquista castellana de las Islas Canarias, ulterior camino para Las Indias). Ello explicaría que tanto en Tánger como en Ceuta ondearan banderas de Portugal, como ocurrió en Larache cuando esta ciudad estuvo en manos de la España de los Austrias menores (1610-1690).

Al evacuarse Larache en 1690 y Orán en 1708, circularon sonetos, quintillas y epigramas alusivos a la retirada española del norte de África que se habían iniciado en el tránsito de un siglo al otro. Uno de aquellos sonetos, anónimo, cuyo original se conserva en la sección de manuscritos de la Biblioteca Nacional de España (Madrid), decía:

“¿Qué importa, ni que daño ha

procedido/

por haber perdido LaMamora?;/

y que Alarache se ha perdido

ahora/

¿qué presagio fatal puede haber

sido?”.

 

La sensibilidad popular, con frecuencia en boca de juglares y trovadores, lamentaba ya la retirada –incluso echando el fechillo– de aquellas ciudades, plazas y guarniciones en las que los reinos ibéricos habían ido amarrando sus naves y aposentando sus huestes militares. Larache, sin embargo, volvería a ser ocupada por tropas españolas en junio de 1911, en vísperas del  establecimiento del Protectorado hispano-francés en Marruecos (marzo-noviembre, 1912). Durante el intervalo colonial que de hecho, si no de iure, se prolongó hasta 1960 aproximadamente, no sólo Larache, sino su vecina y concurrente Alcazarquivir y la fronteriza Zoco del Aarba, experimentaron una considerable transformación urbana, un aumento de la riqueza. Recuérdese la legendaria Compañía Agrícola del Lucus (que he podido visitar en las postrimerías de su funcionamiento empresarial de la mano de la familia Gomendio), y la dinamización del sector pesquero larachense durante aquellos años coloniales.

Ocurrió, empero, que la marcha de Marruecos hacia la Independencia puso fin al Protectorado, al sur y al norte de la región del Garb y de la reputada villa de Fez; al este y al oeste de Marraques, la Ciudad imperial de piedra color rojizo. Fue a partir de entonces cuando Larache y su entorno empezaron a quedar desplazados de las nuevas demarcaciones territoriales y redes de comunicación marroquíes –como pasó con gran parte del norte del reino, desde 1960 hasta entrados los años 90 del siglo XX–. Sin embargo, la transformación lenta, aunque gradual, de Marruecos en el arranque del siglo XXI, bajo el monarca Mohamed VI en particular, salpicó la región del Lucus favoreciendo su recuperación más visible en Alcazarquivir, pero sin dejar de afectar al distrito viceconsular español con sede en Larache, sito en un esquinazo estratégico que mira hacia el balcón del Atlántico y al puerto pesquero de la ciudad algarbí.

A lo largo del decenio pasado, un concurso de circunstancias favorables me permitieron observar in situ los síntomas de la recuperación general de la villa de marras; aunque haya mucho pendiente de “regenerar”, Larache sigue siendo ciudad desde la que se contempla una mar océano espectacular.

La fundación de un Centro Marroquí de Estudios Hispánicos (CMEH) hizo augurar un panorama intelectualmente atractivo para Larache. Un grupo de buenos profesionales –probados amigos de España– quiso contar con la presencia del embajador Joaquín Ortega, del cónsul general de España enTetuán, del insigne erudito tetuaní Ibn Azzuz Hakim, y de mí mismo, en cuanto historiador de las relaciones hispano-marroquíes, para iniciar una ronda de homenajes académicos a ilustres figuras del diálogo entre vecinos. Por unanimidad, fue Don Alfonso de La Serna (+ 2006) el primero de los homenajeados. Esta iniciativa culminó en un coloquio celebrado en octubre de 2008, que lleva por título España, Marruecos y la Mar. Las Actas fueron prologadas por Mohamed Benaissa, antiguo ministro de Asuntos Exteriores del Reino y secretario general de la Fundación del Foro de Arcila, publicación que ha tenido eco favorable, que yo sepa, en círculos historiográficos, políticos y mediáticos de ambas orillas.

La Comandancia – Casa de la Cultura de Larache – foto de Aziz Bouhdoud

El CMEH y el ministerio de Cultura marroquí han querido contar con mi presencia en el salón de actos de “Comandancia” (un apelativo de inconfundible resonancia hispana), edificio situado  en la magnífica Plaza Dar el Makjzen de Larache, para la presentación de mi último libro. Entrañables entusiastas de la cooperación técnica, comercial, pesquera y cultural hispano-larachense como es el caso de la asociación Larache en el Mundo, o Xenia, me han puesto al día sobre el presente y futuro de sus nobles empeños. He podido comprobar cómo la Plaza de Larache ha sido, finalmente, adecentada, como estaba pidiendo a voces desde hacía años. Un nuevo hotel, la inveterada Casa de España, las mejoras introducidas en las márgenes del río y en su cauce mismo, el despegue de un par de urbanizaciones turísticas, fueron percepciones dispersas que pude captar durante mi estancia en la Ciudad del Lucus, como ha titulado Luis Cazorla su copiosa novela histórica.

La región del Lucus puede pasar desapercibida a turistas del montón, pero no, definitivamente, a los amantes de la naturaleza, de la arqueología, de los buenos frutos del mar, y de la ley de la hospitalidad que tanto se prodiga en un rincón territorial del norte de Marruecos al que España debe consagrar la atención que le reclaman pasado y presente. Toda la costa atlántica que se extiende entre la primorosa Arcila y Merj Zerga (acuífero lacustre de obligada visita) a lo largo del litoral larachense, es uno de mis rincones predilectos en el fabuloso ventanal atlántico de Marruecos. ¡Qué le vamos a hacer! En realidad, I can´t help it.

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Presentando MÚSICA ANDALUSÍ de JULIO RABADÁN

El pasado lunes, 16 de abril, en Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Málaga, junto al historiador Enrique Sánchez, presenté el libro de Julio Rabadán «Música andalusí» publicado por la Editorial Club Universitario (Alicante).

Sergio Barce, Julio Rabadán y Enrique Sánchez

Cada una de nuestras intervenciones, estuvieron acompañadas por las grabaciones de canciones y melodías que Julio ha obtenido en sus viajes al Magreb o a los Balcanes, entre otros lugares, con temas originales de la antigua música andalusí que han llegado después de los siglos a las nubas de Marruecos o han quedado como reliquias en canciones sefarditas conservadas de generación en generación. Eso creó en el acto un aroma singular. 

Fui el primero en intervenir, y esto fue lo que dije sobre el libro de Julio Rabadán:

     Cuando un amigo te pide que estés a su lado en un acto como éste, respondes sin pensar. Así fue como sucedió. Julio me llamó y me dijo: me gustaría que presentaras mi libro. Y yo le repliqué: pero de qué voy a hablar si apenas sé de música. Algo escribirás, respondió.

   Comencé pues a leer el libro de Julio. Y mientras iba leyendo sus páginas, una serie de imágenes, como espectros, comenzaron a vagar a mi alrededor, y luego comencé también a escuchar sonidos difusos, extraños y enigmáticos, que poco a poco se transformaron en melodías armónicas que sonaban de fondo… De pronto, esos espectros se pusieron a danzar y la música se apoderó del espacio.

   De esta manera, mientras seguía leyendo, imaginé a Julio entre documentos, apuntes, notas y archivos, buscando toda esa información que le ha servido para armar un extraordinario mosaico de historia, leyenda, aventura y erudición con el que, además, deja constancia de la rica  variedad e influencia de la música andalusí en la cultura tanto española como magrebí. Le veía absorbido por toda esa basta documentación que se apoderaba de su estudio y que le abstraía de la realidad, y era capaz incluso de imaginar a Julio recibiendo a las esclavas cantoras (qaynat) que ayudaron a que se implantara en Córdoba la escuela de Medina, las tres esclavas llamadas Alam, Fadl y Qalam (que era vasca pero educada en Medina). Sin embargo, el pudor me impide describir cómo se produjo tal encuentro entre Julio y las tres esclavas, sólo es preciso recordar que estamos hablando de una época llena de sensualidad y de misterio, con lo que poco hay que añadir a esa escena…

   Sumergido en la trama histórica que relata Julio en su libro, seguí imaginándolo en su estudio, con las esclavas danzando cerca de su escritorio y con las moaxajas tomando forma en las melodías poético-musicales que las acompañaban en tales bailes. Ciertamente, trabajar de esta manera debe ser un lujo envidiable. Pero así seguía imaginándomelo. Poco a poco, gracias a su narrativa sencilla y eficaz, que facilita tanto la lectura de cuanto nos cuenta de la evolución histórica como también el acceso a su  temática aunque el lector sea un profano en la materia, poco a poco, como digo, nos encontramos en su libro en medio del mítico Al-Andalus. Y las tres esclavas de Julio ahí moviéndose para mi deleite, y además cantándome a la vez una nuba dedicada al amor.

   Mientras tanto, loa avatares políticos y sucesorios, la llegada de los almorávides primero y de los almohades después, teñían de temor a las palabras que iba escribiendo, como un presagio de oscurantismo, y por eso imaginé entonces que Julio invitaba al gran músico persa Ziryab para que tocara el laúd y ejecutara una de sus creaciones. Julio se abandonó en ese instante a un nuevo placer, el de la música más elitista de Al-Andalus, y embriagado por ella osó ordenarle al maestro que ejecutara algunas nubas sólo para sus oídos, como si fuera el nuevo sultán. Llegaron a tal grado de sintonía que ambos mantuvieron una larga discusión acerca de las diferencias que, con el tiempo, habían ido surgiendo en las formas musicales en Marruecos, en Túnez o en Oriente Próximo… En este punto, hube de dejarlos a solas, porque Julio trataba de absorber las enseñanzas del maestro y mi presencia le distraía.

   Qalam, que de las tres esclavas es la de más carácter, se llevó a Fadl y a Alam a pasear por los jardines de Medina Azahara. También ellas saben cuándo estorban. Julio, hasta entonces entusiasmado por ellas, ni siquiera notó su ausencia, concentrado como estaba en tañer un nuevo laúd al que Ziryab había añadido una cuerda más. Estaba como un niño con un juguete nuevo. Yo también abandoné el estudio mientras él acariciaba el laúd, con la esperanza de encontrarme a solas con las tres esclavas, pero para mi desconsuelo ya se habían alejado camino del palacio.

   Sin embargo, imagino que por deferencia hacia mí, Julio había dispuesto que una orquesta, que no se sabe bien de dónde había salido, me endulzara la espera interpretando una nuba de Marruecos, así que me senté decidido a escucharles en cuanto atacaron la obertura de la pieza, que se llama Mchliah.

   Pasaron las horas, Julio y Ziryab continuaban debatiendo, discutiendo y estudiando los ritmos que Abu Yusuf Al Kindi detallara en un manuscrito allá en el siglo IX, y también los modos o Maqamat arábigo-andaluces: el rast, el maqam nawa atar, el maqam nahawand o el ramel al maya, y finalmente, los dos músicos, separados por siglos de distancia, tañeron sus instrumentos e improvisaron melodías andalusíes.

   En algún instante, invitaron a pasar al estudio a varios de los músicos de la orquesta y me cerraron la puerta en las narices, por hereje, por hereje musical me dijeron a modo de aclaración. Aturdido, oí entonces sonar una kueitra, poco después era un kanún el que destacaba, pero otro de los músicos se atrevió audazmente a acompañarlos con su nay. Cuando escuché el sonido del tar deduje que el director de la orquesta se había sumado también a ellos como un músico más, y después sonaron una zorna, un mezoued y una derbouka… También oí el ritmo febril de unas castañuelas, y entonces ya no pude reprimirme, me levanté de donde aguardaba sentado estoicamente y entreabrí la puerta del estudio: allí estaba Julio en medio de esa Babel musical… en absoluto éxtasis. Y pensé, mientras volvía a cerrar la puerta con sigilo, que esos músicos estaban absolutamente locos.

  

Medina Azahara

Justo en ese momento, me llegó el sonido de un rabab, que es el instrumento propio para declarar sentimientos amorosos, y, como por ensalmo, las tres esclavas reaparecieron tras su largo paseo. Insinuantes, me miraron con oscuras intenciones. Por primera vez en mi vida la oscuridad me pareció deslumbrante. Pero ese sueño no me pertenecía y pasaron por mi lado como si yo no existiera para ellas, y se fueron al encuentro del afortunado Julio. Será porque es músico, me dije para consolarme.

   Seguí pacientemente esperando, leyendo este libro que él escribía ahí adentro. Y así llegué al capítulo de las formas literarias, inevitable si se habla de música andalusí porque la poesía era, y sigue siendo, fundamental para los andaluces: la moaxaja, el zéjel, la jarcha…

   En ese punto, la música cesó de sonar en el interior de la habitación. Una de las esclavas se asomó al vano de la puerta y me hizo claros gestos con la mano para que entrara. Julio estaba ahí escribiendo sin parar. Ni rastro de los músicos. Pero Alam, Qalam y Fadl retomaron sus bailes en una danza insinuante al compás de una melodía que provenía de la nada, quizá de la fantasía del propio Julio que, ante la imposibilidad de rescatar ciertas formas y ritmos, trataba de imaginarlas.

  Algo me impulsó a mirar por encima de su hombro. Se explayaba en esa página sobre la gran carga erótica de muchos de los poemas, de las jarchas, resaltando que la mujer andalusí se expresaba por medio de la lengua romance con una total libertad sexual que puede sorprender al lector actual… Y transcribió entonces uno de esos poemas, y yo lo fui leyendo en voz alta a medida que él lo escribía:

Amiguito, decídete,

Ven a tomarme,

Bésame la boca,

Apriétame los pechos;

Junta ajorca y arracada.

Mi marido está ocupado.

 Vaya con la mujer andalusí… exclamé, y las tres esclavas se rieron de mí. Julio estaba ya acabando de escribir las últimas páginas de este libro tan especial por su originalidad, y le vi titular otro capítulo: “danzas y bailes”. Y añadir cuán famosas fueron las bailarinas gaditanas.

Odalisca, pintura de Frederick Mulhaupt

   Entre bailarinas gaditanas y esclavas cantoras, me dije, voy a terminar por aprender música…. Sin embargo, eso provocó la ira de las tres esclavas, que se sintieron molestas o quizá menospreciadas al verse comparadas con esas bailarinas de la antigua Gades, y Alam, Qalam y Fadl, para mi desconsuelo, dejaron de bailar, recogieron sus ropas y se marcharon.

   Julio seguía tan ensimismado en su libro que no reparó en mi desdicha. Y no obstante, seguí leyendo por encima de su hombro, y reconozco que me volví a enganchar a su lectura, a la música que sonaba en Al Andalus, a la danza de otras esclavas, a las melodías, a las jarchas, a las moaxajas y a las nubas…

Y por un segundo, escuché, en lo que yo imaginaba, la música que Julio soñaba.

Y entonces me dijo: me gustaría que presentaras mi libro. Y yo le repliqué: pero de qué voy a hablar si apenas sé de música. Algo escribirás, respondió. Y comencé a imaginarme a Julio en su estudio, con las tres esclavas danzando y cantando, mientras él escribía entusiasmado este libro lleno de sensualidad, de magia y de ritmo, un libro que suena a Música Andalusí.

Sergio Barce, abril 2012

Sergio Barce, Julio Rabadán y Enrique Sánchez

 

 

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EL TRAJE DE BERBERISCA, un artículo de CARLOS AMSELEM

Hablando por teléfono con Carlos Amselem, que últimamente pasa más tiempo en Larache que en París, donde reside, me contaba anécdotas y curiosidades sobre el traje de Berberisca. Me habló de la señora Sonia Cohen, que colecciona estos antiguos trajes, y me pareció que era un buen tema para un artículo, así que, como me gusta que los amigos participen activamente en el blog, le dije que lo escribiera y me lo enviara.

Carlos Amselem y Sergio Barce a la puerta del Hotel España de Larache

Pensé que era un tema curioso para quienes son de Larache y de las otras ciudades de Marruecos en las que, entre los hebreos, mantenían esta costumbre. Siempre he defendido que nuestra riqueza personal y nuestra vision del mundo, la hemos heredado de nuestra manera de vivir en estas ciudades, especialmente en Larache, claro, y que nos brindó la oportunidad casi única de poder convivir con las tres religiones en nuestra vida diaria. Conocernos es respetarnos. Recuperar la memoria común es enriquecernos un poco más.

Sergio Barce

EL TRAJE DE BERBERISCA

Las fotos que aparecen de Teresa, mujer de Carlos Amselem, se hicieron usando los trajes que le cedió para la ocasión la señora Sonia Cohen, de Tánger, que como hemos indicado posee una bellísima colección de trajes de Berberisca.

Entre las ceremonias tradicionales más originales, pintorescas y antiguas de los judíos de Marruecos se encuentra, sin duda, la «noche de Berberisca» o «noche de paños», como también se la conoce. Ceremonia que precede en unos días a la boda, y en la cual la futura novia se viste con el hermoso «traje de Berberisca«.

El traje de paños de la berberisca no está relacionado con la ceremonia nupcial en sí,sino con una ceremonia previa, particular de los judíos del norte de Marruecos (Tánger, Larache, Alcazarquivir, Tetuán), en la que la familia del novio y de la novia, acompañados de sus familiares y amigos, se reúnen para cantar y ensalzar a la novia.

Es una ceremonia que se festeja unos días antes de la boda en un ambiente lleno de emoción y alegría, con <yuyus>, trajes tradicionales, música con antiguas canciones sefardíes y ricos manjares.

No se puede determinar con certeza el origen exacto de esta ceremonia y hay diferentes teorías, aunque la más plausible es la que considera que su  origen estuvo en y que fueron los judíos sefarditas quienes la llevaron consigo al ser expulsados en 1492.

La presencia de trajes de ceremonia relativamente similares en algunos de los países en los que se establecieron los judíos expulsados en el siglo XV es una coincidencia que inevitablemente conduce a España. De las referencias de autores que se han detenido en las comparaciones («es semejante al de la mujer salmantina»; su falda recuerda «al mantelo de nuestras provincias del noroeste»; el vestido evoca «la pompa de la España opulenta del Renacimiento») se podría «deducir provisionalmente que el vestido de terciopelo y oro debe mucho a algunas de las provincias españolas de las que procedemos», sugiere Sarah Leibovici en su trabajo Nuestras bodas sefarditas. 

El momento más esperado de esta ceremonia es cuando la novia hace su entrada, vestida con hermosos atavíos y joyas, esmeradamente maquillada, con los ojos realzados por el khol, las mejillas arreboladas de carmín, luciendo el rico traje de Berberisca de terciopelo rojo, verde o purpúreo oscuro, bordado de oro, adornado con perlas y piedras brillantes. 

Confeccionado en terciopelo y lujosamente ornamentado con bordados en hilo de oro, recibe en Marruecos el nombre de keswa el k-bira (traje grande).

Con equivalentes similares en las comunidades judías de Turquía, Grecia, Argelia y Bulgaria -así los sugieren textos y testimonios- este traje de ceremonia tenía un uso que se extendía mucho más allá de la estrictamente nupcial.

La novia recibía el vestido como regalo de su padre y, antiguamente, ya casada, lo seguía luciendo en las apariciones públicas de importancia. Este traje, de un gran valor pecuniario, se ha transmitido de madre a la hija mayor a lo largo de cientos de años. Hay crónicas que atestiguan su uso el sábado de saftarray, el día del baño ritual (establecido en un precepto religioso), la noche de berberisca y el día de la ceremonia religiosa que, según la ley judía, debía celebrarse el miércoles («una virgen se casa el cuarto día; una viuda, el quinto«).

También hay constancia de mujeres vestidas de Berberisca el día de la circuncisión y en las principales festividades del calendario judío.

El traje, como ya se ha descrito, se confeccionaba y se confecciona en terciopelo, lujosamente ornamentado con bordados en hilo de oro, y se compone de una serie de piezas que imprimen al conjunto una riqueza visual incomparable: por un lado, la Punta o peto, Kasó o chaqueta, generalmente confeccionado en terciopelo y profusamente bordado con hilo de oro. Por lo general tiene mangas muy cortas para que la novia pueda lucir sobre los brazos gasa fina con hilillos de oro. A continuación, la Chialdeta, zeltita o faldeta, una falda muy amplia, abierta por completo, adornada en la parte inferior con ricos galones de oro, generalmente en forma de franjas circulares, que se repliega de derecha a izquierda.

Anita Benarroch de Ayach y Molly Benarroch de Benhayon con Juanita

El largo de la base puede alcanzar los tres metros. Entre los complementos están las mangas, Kmam, de encaje o seda, puestas debajo de las mangas de la chaquetilla. El cinturón, hzam, que es una lujosa faja de terciopelo y seda, bordada de oro. Y el pañuelo, a veces llamado fechtul, de seda con flequillos. Se anuda a la altura de la nuca y se deja caer libremente, en ocasiones, hasta el suelo.

Corona el conjunto una corona o gemar, una diadema cuajada en perlas antiguas y piedras preciosas. Según la señora Ana Bensadon, que ha vestido de berberisca a varias generaciones de novias en España, el número de perlas del Gemar es de 613, como mizvots –deberes rituales– que hay que cumplir. 

En el traje de berberisca se encuentran lo general y lo particular. Lo general en forma de símbolos –número de piedras del gemar, de adornos circulares de la falda– que son comunes en todo el mundo sefardí. Y al mismo tiempo, las particularidades de lo marroquí se manifiestan en los colores.

Teresa, la bella esposa de Carlos Amselem, ha sido la mejor modelo para mostrarnos estos preciosos trajes de berberisca

En efecto, el verde y el azul indican las ciudades del interior; el rojo y el granate, las ciudades de la costa y el sur; y el morado y negro son particulares de la ciudad de Tetuán.

Actualmente algunos trajes de Berberisca se encuentran en diferentes museos del mundo, en Toledo se pueden ver dos.

Carlos Amselem, abril 2012


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DANZADELAIRE del poeta tetuaní ABDERRAHMAN EL FATHI visto por el profesor ABDELLATIF LIMAMI

Estoy de enhorabuena, mis amigos parecen prodigarse últimamente con sus últimos trabajos. Jose Sarria me ha enviado este artículo de mi entrañable amigo el profesor Abdellatif Limami sobre la última obra de mi también amigo y admirado poeta Abderrahman el Fathi. Y nada mejor que poder ofrceros a vosotros la oportunidad de comocer este libro y este artículo.

Sergio Barce, enero 2012

 DANZADELAIRE  del poeta tetuaní Abderrahman El Fathi o la vuelta a los orígenes

Por Abdellatif LIMAMI
Universidad de Rabat / Marruecos     

 “Soy hijo del Al-Andalus, esclavo de tus suspiros,
 Inmortal para tus deseos y guardián de tus latidos”
                                           (DANZADELAIRE /  Abderrahman El Fathi)

“Vientos del pueblo me llevan,
 Vientos del pueblo me arrastran,
Me esparcen el corazón
Y me aventan la garganta”
(VIENTOS DEL PUEBLO / Miguel Hernández)

       Al igual que los títulos, los epígrafes  cobran una gran importancia a la hora de analizar o emitir un juicio crítico sobre una obra. Se pueden considerar incluso como las llaves que abren toda “morada literaria”.

Abderrahman el Fathi

        Y es el caso de esta última obra del poeta tetuaní Abderrahman El Fathi  (DANZADELAIRE) cuyo  título y cuyo epígrafe imponen de entrada los siguientes  comentarios: primero un título totalmente en mayúsculas y sin respeto de los espacios que se imponen a nivel ortográfico entre  las palabras (DANZADELAIRE). Sugiere, además de contener la palabra aire, el viento, que estructura gran parte del discurso poético del poeta, y no en su forma apática, sino en pleno movimiento (danza). Es como si el poeta tetuaní, con el riesgo de ser arrastrado por este aire-viento en trance, se escondiera bajo sus mayúsculas apretadas que le pudieran servir de cobijo. No hay que olvidar aquí que las dos ciudades marroquíes donde vivió y sigue viviendo el poeta (Tetuán y Tánger) son muy conocidas por su viento, sobre todo otoñal o hibernal (CHARKI).  

       En un segundo lugar, nos referimos a un epígrafe de los más sugerentes, sacado de Ibn Said al-Magribí y que implica esta vez la fuerza de este viento que lo vence todo, a pesar de los pesares .  

 “Al viento que vence
 la resistencia de los árboles
  haciendo que sus ramas se inclinen
 y besen los estanques” (p.7)  

       La portada de la antología queda  además marcada un cielo nublado; especie de foto aérea que sugiere el idílico Estrecho de Abderrahman El Fathi, tan añorado, tan vivido y tan recreado en su obra.

       Como este viento furioso, el poeta tetuaní irá de una “morada” a otra (de Tánger a Tetuán) para vencer espacios y tiempos, estando al borde del precipicio. No cabe duda aquí que el poeta se presenta como una herramienta roída, que sólo salva la palabra poética: una palabra inconclusa, sin rima ni ritmo, pero que le evita ser un ciclo acabado:

 “Soy feliz aquí
 en estos versos inconclusos,
al borde del precipicio
 de una palabra
 sin rima ni ritmo, solo la salva el momento,
el lugar vacío
que ocupa” (p.17)

Abderrahman el Fathi

       Entre miradas impotentes o ausentes y un furioso viento, se hablará finalmente de “…vientos verdes / que arrancan belleza al aire” (p.46), y que dibujan con sus ráfagas  “húmedas nubes / próximas a mis ventanas” ya que las que se fueron –dirá el poeta no sin un tono nostálgico-  “llevaban perfumes y amores lejanos” (p. 71); vientos concebidos al fin y al cabo  “…como puñales / en esta primavera /…” (p.101).

       Impotentes, los ojos no pueden más que contemplar estos vientos de promesas perdidas  “que se debaten despreocupadas / en cada espejismo adolescente / asombradas por ese cuerpo / con ojos amarinados y miradas ausentes.” (p.45);  vientos  en los cuales el poeta sin embargo  ansia  “elevar a deseos”  y caminar en tus miradas” (p.72).

       Abandonado, una tarde de verano,  “…como las sandalias viejas” (p.97), el poeta emprende su caminata hacia  los vericuetos y tinieblas posibles, en busca de una memoria que hay que rescatar: “Mis dudas  -dice casi susurrando su amargura – siguen surcando tinieblas, / en todas las estaciones, para rememorar / el fuego de todos los hombres” (p.57); frenética carrera que lo conduce finalmente a cubrir todas las estaciones para perseguir o atrapar un otoño, acurrucarse en un invierno y asaltar u ocultar una primavera:

“Atrapé tu otoño una noche de
verano
 acurrucado en tu
 invierno
 después de asaltar tu / primavera…” (p.99)

“Perseguí tu otoño en una esquina
 de octubre
 para ocultar, cierta primavera
 un invierno cualquiera” (p.100)

Abdellatif Limami

       Y ¿quién se esconde detrás del tú aquí? ¿La amada, añorada, encontrada, perdida y recreada en el verso; o simplemente la paloma blanca, el Tetuán de la infancia y de la memoria que el poeta procura rescatar en “su particular vuelo” (p. 19), tras momentos de ausencia? Las dos entidades en realidad se confunden para formar una sola, en que Tetuán es la amada y la amada es Tetuán:

“Hoy necesito saciarme a sorbos de tu mar
penetrar y brindarte mis aguas
 elevar tus olas y refugiarme
en el rugido de tu silencio
alzar tu proa en mis labios
brindar mi muerte en tus ojos
 y caer rendido
frente a tus azuladas brisas.” (p.25)

       Pero a veces, la referencia a esta ciudad de “vientos alocados” (p.33),  en que el “tiempo no transcurre”, sino que “envejece”, y en que los recuerdos ni siquiera “pertenecen al pasado”, manteniéndose “…impasibles, irreconciliados / ante el transcurrir parsimonioso / del devenir implacable” (p.32), la referencia es pues explícita, con sabor a memoria, a pasado erguido y firme para siempre:

“mis días son recreaciones de lugares
que siempre fueron y no
cesaron en su presencia
esas casas siempre viejas
y renovadas por el devenir del tiempo.
Así son los caminos del pasado
siempre en Tetuán” (p.31)

Sergio Barce, Akalay, ABDELLATIF LIMAMI, Jedidi, Sibari y ABDERRAHMEN EL FATHI

       Más explícitos son los siguientes versos que, aunque el nombre de la ciudad no se menciona directamente , su presencia como espacio y como amor idílico es más que  evidente. En ellos, el poeta busca refugio, respuesta a sus lamentos, consuelo a sus sufrimientos o, simplemente, una morada donde rendir el alma.

       En una perfecta simbiosis, será a la vez él, la amada añorada y el espacio predilecto de la memoria:

“Hoy necesito saciarme a sorbos de tu mar
 penetrar y brindarte mis aguas
elevar tus olas y refugiarme
en el rugido de tu silencio
 alzar tu proa en mis labios
 brindar mi muerte a tus ojos
y caer rendido
 frente a tus azuladas brisas” (p.25)

“Qué esconden tus vientos
 qué lamentos denuncian
 cuántos secretos ocultan
 dímelo a los ojos
 ya que los míos
 se confunden en tu mirada” (p.40)

       Rendido, no resignado,  el poeta alza un grito y eleva su voz hacia Dios como para pedir ayuda y salvación frente a lo efímero y transitorio. Pero, no sin cierta fuerza y firmeza en la existencia de SU Estrecho, que constituye la suma de su memoria:

“¡Ya Ilahi!
 Todo es transitorio.
 Hasta mis versos te añoran,
 se lamentan de tu ausencia
silenciada en mis sueños,
 en cada rincón oculto de las olas,
 en las aguas profundas
 de mi Estrecho,
en la mirada tenaz
 de mi firme convicción de tu existencia.
 ¡Ya Ilahi!” (p.58)

       Esta firmeza recobrada la debe el poeta aquí al verso, concebido como una espada que abre nuevos horizontes. Así, del verso que le “arrebató el cielo”, el poeta pasa al verso que le riega “de sus aguas.” (p.81) en una mera operación de rescate; rescatar para no enfrentar una travesía en solitario, para no ir desnudo como los hijos de la mar (como dijo A. Machado) y para poder construir con las enanas palabras un gigantesco corazón en donde podría refugiar su alma dolorida y poder renacer:

“He vuelto a por mis versos  
 ahí estaban
en esa mesa, ese té con hierbabuena
 los rescaté, desde entonces viven conmigo,
 para siempre
 me acompañan en mis travesías,
 en mis noches de soledad.
 me arropan esos versos
 me recuerdan cuánto te amé” (p.74)

“Y ahora deseo rescatar todos los versos que compuse
para ti
abandonados en los cafés, parques, bibliotecas, papeleras
y esquinas y bares.
Quiero construir con ellos un corazón tan grande y
refugiarme para siempre” (p.77)

       Ya los primeros versos que abren esta antología hacen hincapié sobre esta felicidad recobrada gracias al verso. Y poco importa si son versos inconclusos, o una suma de palabras sin ritmo ni rima y que lo sitúan incluso al borde del precipicio. Más importante es su existencia que inspira felicidad y más importante aún son estos versos salvadores:

“Soy feliz aquí
en estos versos inconclusos,
al borde del precipicio
de una palabra
sin rima ni ritmo, sólo la salva el momento,
el lugar vacío
 que ocupa” (p.17)

        La felicidad aquí está en la toma de conciencia del poeta de no poder vivir ya sin ELLA como  creó en sus años de loca juventud. La vida le ha ensenado que nunca se deshace uno de lo que es y que constituye su seña de identidad. Incluso con  la distancia, esa musa no  dejó nunca de reclamarle su presencia y apaciguar sus males y miedos de la infancia; la vuelta a los orígenes se hace entonces más eminente:

“Creí vivir sin ELLA,
y ahora que su distancia me reclama,
mi retorno se acerca en estos versos.
A cada palabra le exijo más fuerza
para huir
de mis miedos de infancia.
ELLA va enmascarando esos pasajes
que antaño fueron
lejanas voces, suspendidas
en antenas de azoteas,
en cualquier medina,
empeñadas siempre
en captar imágenes de la otra España” (p.17)

       Al término de esta reflexión,  se impone la misma interrogante que condujo nuestros pasos al principio: ¿Quién es “ELLA”, que se yergue con las mayúsculas que el poeta le obsequia?:

–     ¿Tetuán, la linda ciudad de la infancia y juventud del poeta? Hemos visto como todas las referencias del poeta “huelen” a mar, lo que nos ha permitido hacer de la ciudad de Tetuán la musa por excelencia.
–    ¿Un grato recuerdo de amor o un amor sepultado y que el poeta escarba hoy con sus dientes? Amar es de todos, y aún más para sensibles poetas como es el caso de Abderrahman El Fathi. Más que nadie, él sabe que no es tarea fácil: “Si amar fuera tan fácil. / -dirá el poeta-  Te amaría a verso suelto / a cadencias azuladas / y latidos ocultos” (p.91)
–      ¿El ansia de volver y fijarse en el espacio predilecto dela infancia? La madurez impone la vuelta a las raíces para que uno siga creciendo y envejezca acaso cerca de las “viejas moradas” a las cuales se acostumbró la mirada y a las cuales también alude el poeta.

       Pero, poco importa la respuesta si todas estas hipótesis se funden en una: un retorno a los orígenes en un acto de plena devoción, concretizado en el ápice poético. Es también un acto de amor con tintes de tristeza y melancolía  dirigido tanto al espacio de predilección como a la otra hipotética musa.

       Terminamos con estos versos sintéticos en que la simbiosis, o por lo menos la fusión, entre el poeta y ELLA son totales. Y que cada uno escarbe con sus dientes estos versos para saber quién es esta legitima esposa/musa del poeta:

“Tu soledad me reclama
se asoma fugitiva
con su habitual sombra de colores
 hasta confundirse y penetrar en la mía
entregada al pestañar
 del día en la noche, sigilosamente
hasta acabar absorbiendo
 esa luz que rompe
desde su desnudo ombligo  de arena.(p.23)

____________________________

  Abderrahman El Fathi; DANZADELAIRE; Patio de Monipodio; 1ª edición; 2011; Cádiz;  España. (Las referencias entre paréntesis corresponden a esta misma edición).

  El viento aquí  como símbolo de una amenaza, caos, inestabilidad y destrucción pero que los versos del poeta cambian en  una suave y cálida brisa que un implica un cambio  progresivo y positivo.

   ABU AL HASAN ALI IBN MUSA IBN MUHAMMAD IBN ABD AL MALIK IBN SAID AL MAGRIBI, nacido en Alcalá la Real, provincia de Jaén en 1214. Poeta, gramático, historiador y geógrafo. Por consejo de su padre, se traslada muy joven a Sevilla para dedicarse allí con preferencia al estudio del lenguaje, al cultivo de la poesía y al estudio histórico.  La nostalgia de su patria andaluza, durante su estancia en Egipto, le inspiró una de sus poesías más interesantes (sentimiento nostálgico que nos acerca al experimentado por el poeta tetuaní Abderrahman El Fathi).  En el año 1286 habiendo realizado su peregrinación oficial a La Meca, murió en Damasco, cuando se disponía a regresar a Occidente.

  Es de notar que en toda la obra, sólo una vez se menciona el nombre de la ciudad.

  He aquí algunas de las expresiones que recrean este estado de ánimo:  “precipicio” (p.7);  “derrota en los pies” (p.22);  “muerte” (p.25);  “quimera ardiente” (p.29); “ inmensa soledad” (p.38);  “espejismo adolescente” y “miradas ausentes”  (p.45) “blanca pesadilla” (p.50);  “alma de ojos tristes” (p.54);  “lágrimas desnudas”, “sombras ajenas” y “memoria  descifrada y fragmentada” (p. 56);  “tinieblas” y  “penas” (p. 57);  “amores lejanos” (p.71);  “penas amarradas por el tiempo” (p.73);  “frente arrugada” (p.73); “noches de soledad” (p.74); “amores lejanos” , “copas olvidadas” y  “corazón ondulado” ‘(p. 75);  “ profundos lamentos” (p. 84);  “confusión” (pp.85/86);  “agonía” (p. 93); “ fracasos” (p. 89).

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