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MÁLAGA – 3 DE JULIO – PRESENTACIÓN DE LA COLECCIÓN “MANGUTA DE LIBROS”

Málaga, 3 de Julio

a las 19:00 h

en la Sala de ÁMBITO CULTURAL

Librería de El Corte Inglés (Avenida de Andalucía, 4 y 6 . Planta Baja)

Presentación de la colección de novelas cortas Manguta de Libros. Esta denominación hace referencia a la versión malacitana de la palabra “ladrón”, y es que este proyecto tiene como objetivo robar el tiempo de los lectores a través de las letras de un conjunto de autores consolidados y emergentes.

El acto será presentado por el Dr. Enrique Baena Peña, catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Málaga y director de la Cátedra.

Pedro, Sergio y Pablo

Pedro Pujante – Sergio Barce . Pablo Aranda

Intervienen: Pablo Aranda, escritor (autor de Borrasca en los Ozores); Sergio Barce,  escritor (autor de El laberinto de Max); Laura Cerezo, responsable de Mitad Doble Ediciones y directora de la colección; Beatriz Méndez Cobas, coordinadora editorial en Ediciones del Genal y Carmen Larios, diseñadora y maquetadora.

Los tres primeros títulos, presentados con éxito en la XLVIII Feria del Libro de Málaga son: Borrasca en los Ozores, de Pablo Aranda; Las regiones inferiores de la muerte, de Pedro Pujante; y El laberinto de Max, de Sergio Barce. Mientras que Aranda reflexiona, a través de su protagonista, sobre las actividades en las que empleamos nuestro tiempo y la posibilidad de llevar vidas paralelas, Pujante utiliza la figura de Vila-Matas y la existencia de un doble para estudiar la creación artística. Por último (de momento), Barce construye un laberinto donde nos perdemos con gusto entre vivencias personales y estanterías llenas de libros.

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LAS REGIONES INFERIORES DE LA MUERTE

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BORRASCA EN LOS OZORES

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Laberinto portada

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Presentando MÚSICA ANDALUSÍ de JULIO RABADÁN

El pasado lunes, 16 de abril, en Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Málaga, junto al historiador Enrique Sánchez, presenté el libro de Julio RabadánMúsica andalusí” publicado por la Editorial Club Universitario (Alicante).

Sergio Barce, Julio Rabadán y Enrique Sánchez

Cada una de nuestras intervenciones, estuvieron acompañadas por las grabaciones de canciones y melodías que Julio ha obtenido en sus viajes al Magreb o a los Balcanes, entre otros lugares, con temas originales de la antigua música andalusí que han llegado después de los siglos a las nubas de Marruecos o han quedado como reliquias en canciones sefarditas conservadas de generación en generación. Eso creó en el acto un aroma singular. 

Fui el primero en intervenir, y esto fue lo que dije sobre el libro de Julio Rabadán:

     Cuando un amigo te pide que estés a su lado en un acto como éste, respondes sin pensar. Así fue como sucedió. Julio me llamó y me dijo: me gustaría que presentaras mi libro. Y yo le repliqué: pero de qué voy a hablar si apenas sé de música. Algo escribirás, respondió.

   Comencé pues a leer el libro de Julio. Y mientras iba leyendo sus páginas, una serie de imágenes, como espectros, comenzaron a vagar a mi alrededor, y luego comencé también a escuchar sonidos difusos, extraños y enigmáticos, que poco a poco se transformaron en melodías armónicas que sonaban de fondo… De pronto, esos espectros se pusieron a danzar y la música se apoderó del espacio.

   De esta manera, mientras seguía leyendo, imaginé a Julio entre documentos, apuntes, notas y archivos, buscando toda esa información que le ha servido para armar un extraordinario mosaico de historia, leyenda, aventura y erudición con el que, además, deja constancia de la rica  variedad e influencia de la música andalusí en la cultura tanto española como magrebí. Le veía absorbido por toda esa basta documentación que se apoderaba de su estudio y que le abstraía de la realidad, y era capaz incluso de imaginar a Julio recibiendo a las esclavas cantoras (qaynat) que ayudaron a que se implantara en Córdoba la escuela de Medina, las tres esclavas llamadas Alam, Fadl y Qalam (que era vasca pero educada en Medina). Sin embargo, el pudor me impide describir cómo se produjo tal encuentro entre Julio y las tres esclavas, sólo es preciso recordar que estamos hablando de una época llena de sensualidad y de misterio, con lo que poco hay que añadir a esa escena…

   Sumergido en la trama histórica que relata Julio en su libro, seguí imaginándolo en su estudio, con las esclavas danzando cerca de su escritorio y con las moaxajas tomando forma en las melodías poético-musicales que las acompañaban en tales bailes. Ciertamente, trabajar de esta manera debe ser un lujo envidiable. Pero así seguía imaginándomelo. Poco a poco, gracias a su narrativa sencilla y eficaz, que facilita tanto la lectura de cuanto nos cuenta de la evolución histórica como también el acceso a su  temática aunque el lector sea un profano en la materia, poco a poco, como digo, nos encontramos en su libro en medio del mítico Al-Andalus. Y las tres esclavas de Julio ahí moviéndose para mi deleite, y además cantándome a la vez una nuba dedicada al amor.

   Mientras tanto, loa avatares políticos y sucesorios, la llegada de los almorávides primero y de los almohades después, teñían de temor a las palabras que iba escribiendo, como un presagio de oscurantismo, y por eso imaginé entonces que Julio invitaba al gran músico persa Ziryab para que tocara el laúd y ejecutara una de sus creaciones. Julio se abandonó en ese instante a un nuevo placer, el de la música más elitista de Al-Andalus, y embriagado por ella osó ordenarle al maestro que ejecutara algunas nubas sólo para sus oídos, como si fuera el nuevo sultán. Llegaron a tal grado de sintonía que ambos mantuvieron una larga discusión acerca de las diferencias que, con el tiempo, habían ido surgiendo en las formas musicales en Marruecos, en Túnez o en Oriente Próximo… En este punto, hube de dejarlos a solas, porque Julio trataba de absorber las enseñanzas del maestro y mi presencia le distraía.

   Qalam, que de las tres esclavas es la de más carácter, se llevó a Fadl y a Alam a pasear por los jardines de Medina Azahara. También ellas saben cuándo estorban. Julio, hasta entonces entusiasmado por ellas, ni siquiera notó su ausencia, concentrado como estaba en tañer un nuevo laúd al que Ziryab había añadido una cuerda más. Estaba como un niño con un juguete nuevo. Yo también abandoné el estudio mientras él acariciaba el laúd, con la esperanza de encontrarme a solas con las tres esclavas, pero para mi desconsuelo ya se habían alejado camino del palacio.

   Sin embargo, imagino que por deferencia hacia mí, Julio había dispuesto que una orquesta, que no se sabe bien de dónde había salido, me endulzara la espera interpretando una nuba de Marruecos, así que me senté decidido a escucharles en cuanto atacaron la obertura de la pieza, que se llama Mchliah.

   Pasaron las horas, Julio y Ziryab continuaban debatiendo, discutiendo y estudiando los ritmos que Abu Yusuf Al Kindi detallara en un manuscrito allá en el siglo IX, y también los modos o Maqamat arábigo-andaluces: el rast, el maqam nawa atar, el maqam nahawand o el ramel al maya, y finalmente, los dos músicos, separados por siglos de distancia, tañeron sus instrumentos e improvisaron melodías andalusíes.

   En algún instante, invitaron a pasar al estudio a varios de los músicos de la orquesta y me cerraron la puerta en las narices, por hereje, por hereje musical me dijeron a modo de aclaración. Aturdido, oí entonces sonar una kueitra, poco después era un kanún el que destacaba, pero otro de los músicos se atrevió audazmente a acompañarlos con su nay. Cuando escuché el sonido del tar deduje que el director de la orquesta se había sumado también a ellos como un músico más, y después sonaron una zorna, un mezoued y una derbouka… También oí el ritmo febril de unas castañuelas, y entonces ya no pude reprimirme, me levanté de donde aguardaba sentado estoicamente y entreabrí la puerta del estudio: allí estaba Julio en medio de esa Babel musical… en absoluto éxtasis. Y pensé, mientras volvía a cerrar la puerta con sigilo, que esos músicos estaban absolutamente locos.

  

Medina Azahara

Justo en ese momento, me llegó el sonido de un rabab, que es el instrumento propio para declarar sentimientos amorosos, y, como por ensalmo, las tres esclavas reaparecieron tras su largo paseo. Insinuantes, me miraron con oscuras intenciones. Por primera vez en mi vida la oscuridad me pareció deslumbrante. Pero ese sueño no me pertenecía y pasaron por mi lado como si yo no existiera para ellas, y se fueron al encuentro del afortunado Julio. Será porque es músico, me dije para consolarme.

   Seguí pacientemente esperando, leyendo este libro que él escribía ahí adentro. Y así llegué al capítulo de las formas literarias, inevitable si se habla de música andalusí porque la poesía era, y sigue siendo, fundamental para los andaluces: la moaxaja, el zéjel, la jarcha…

   En ese punto, la música cesó de sonar en el interior de la habitación. Una de las esclavas se asomó al vano de la puerta y me hizo claros gestos con la mano para que entrara. Julio estaba ahí escribiendo sin parar. Ni rastro de los músicos. Pero Alam, Qalam y Fadl retomaron sus bailes en una danza insinuante al compás de una melodía que provenía de la nada, quizá de la fantasía del propio Julio que, ante la imposibilidad de rescatar ciertas formas y ritmos, trataba de imaginarlas.

  Algo me impulsó a mirar por encima de su hombro. Se explayaba en esa página sobre la gran carga erótica de muchos de los poemas, de las jarchas, resaltando que la mujer andalusí se expresaba por medio de la lengua romance con una total libertad sexual que puede sorprender al lector actual… Y transcribió entonces uno de esos poemas, y yo lo fui leyendo en voz alta a medida que él lo escribía:

Amiguito, decídete,

Ven a tomarme,

Bésame la boca,

Apriétame los pechos;

Junta ajorca y arracada.

Mi marido está ocupado.

 Vaya con la mujer andalusí… exclamé, y las tres esclavas se rieron de mí. Julio estaba ya acabando de escribir las últimas páginas de este libro tan especial por su originalidad, y le vi titular otro capítulo: “danzas y bailes”. Y añadir cuán famosas fueron las bailarinas gaditanas.

Odalisca, pintura de Frederick Mulhaupt

   Entre bailarinas gaditanas y esclavas cantoras, me dije, voy a terminar por aprender música…. Sin embargo, eso provocó la ira de las tres esclavas, que se sintieron molestas o quizá menospreciadas al verse comparadas con esas bailarinas de la antigua Gades, y Alam, Qalam y Fadl, para mi desconsuelo, dejaron de bailar, recogieron sus ropas y se marcharon.

   Julio seguía tan ensimismado en su libro que no reparó en mi desdicha. Y no obstante, seguí leyendo por encima de su hombro, y reconozco que me volví a enganchar a su lectura, a la música que sonaba en Al Andalus, a la danza de otras esclavas, a las melodías, a las jarchas, a las moaxajas y a las nubas…

Y por un segundo, escuché, en lo que yo imaginaba, la música que Julio soñaba.

Y entonces me dijo: me gustaría que presentaras mi libro. Y yo le repliqué: pero de qué voy a hablar si apenas sé de música. Algo escribirás, respondió. Y comencé a imaginarme a Julio en su estudio, con las tres esclavas danzando y cantando, mientras él escribía entusiasmado este libro lleno de sensualidad, de magia y de ritmo, un libro que suena a Música Andalusí.

Sergio Barce, abril 2012

Sergio Barce, Julio Rabadán y Enrique Sánchez

 

 

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MALAGA – Este lunes, 16 de Abril, presentación del libro MÚSICA ANDALUSÍ de JULIO RABADÁN

El próximo día 16 de Abril, a las 19:30 horas,

en la Sala de Ámbito Cultural de El Corte Inglés Málaga

presentación de la monografía ‘Música Andalusí

de JULIO RABADÁN BUJALANCE

por el escritor SERGIO BARCE

y el historiador ENRIQUE SÁNCHEZ MARTÍNEZ.

Monografía exhaustiva sobre la música del periodo Andalusí, tanto desde la vertiente sociohistórica, orígenes y desarrollo, como desde sus aspectos técnicos: ritmos, melodía, armonía, formas musicales, literarias y elementos estéticos, sin olvidar el baile y las diferentes escuelas. Abarcando un periodo aproximado desde los siglos previos a la invasión africana del siglo VII hasta el siglo XVII.

En esta obra se ha tratado de cubrir un vacío, tanto editorial como de investigación, ya que son escasos los estudios sobre esta música donde se abarquen todos sus aspectos de forma unitaria. Actualizando todas las hipótesis, buscando profundizar en su estudio desde los diferentes aspectos o niveles: técnicos y teóricos. Intentando desentrañar todas las imbricaciones, conexiones e influencias, mutuas o no, dentro del contexto de la España medieval y de la cultura islámica de su tiempo.

La obra realiza un recorrido del pensamiento estético, relacionándose con elementos más o menos extramusicales a través de todas las manifestaciones musicales que se produjeron en la España andalusí; moriscas, sefardíes y mozárabes. Obra de interés tanto para historiadores, musicólogos y músicos en general que quieran conocer o ahondar en este aspecto del arte de la España Medieval.

En el libro, Julio Rabadán, en el capítulo sobre las “Formas musicales”, habla de la nuba en Marruecos (Al´Ala) de la siguiente manera:

En Marruecos en general la nuba se compone de un preludio u obertura instrumental de tipo improvisatorio, cuya misión es fijar el modo. Esta es ejecutada al unísono por la orquesta, pero en ritmo libre. A esta obertura se le conoce con el nombre de Mchliah. De seguido, otra pieza instrumental, pero esta vez compuesta sobre un ritmo de carácter binario, llamada Tuchia, que da paso a la primera sam´a (canción), en forma de moaxaja o zéjel, sobre el mizam (ritmo) Basit. Después del ritmo Qaym was nuf, de nuevo vuelta del Btayhim, seguido del Quddam, y finalmente el Daraj. Todos ellos con sus aceleraciones en los puentes conocidos con el nombre de Mussarraf.

Nos han llegado, a través de Al Ha´ik, once de las nubas, de las cuales solo cuatro siguen la regla de unidad de modo. Estas son: nuba Al-Mayah, nuba Rasd-dhil, nuba Irak-ajam y la nuba Hijaz oriental, mientras que las siete restantes no son puras y son: nuba Ramel Al Mayah, que reúne tres modos, el Hassim, el Hamdan y el Inqileb Erramel; la nuba Gran Hijaz que aúna dos modos: el Charki menor y el Mujabneh edil; la nuba Ouchak (la de los amantes), que agrupa a dos modos, el Edhil y el Raml edil; la nuba Rasd, que reúne los modos Zaidan y el Mezmun; la nuba Istihlal, que consta de los modos Irak-arab, la nuba Gharibel al Hassine, con los modos Al garibahalmuharrarah, el modo Sica y, por último, la nuba Ispahán, con el modo Zaward Kamal.

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