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«JOSEPHINE», UNA NOVELA DE LUIS SALVAGO

«…Tal y como imaginaba, la ducha le había despejado la mente. Todas sus preocupaciones parecían haberse hecho pequeñas, casi inexistentes. Miró los números luminosos en un reloj de pared, sin saetas, sin esfera, sin tictac. Le desagradaba esa modernidad que prescindía de lo esencial. Para Josephine era como si el tiempo hubiera perdido su sonido.»

Estas intensas y hermosas líneas pertenecen a la novela Josephine, de Luis Salvago, que ha obtenido el XXVI Premio Tiflos de Novela, y que ha sido editada por Galaxia Gutenberg. Las destaco, porque en ellas se encierra mucho de lo que se cuenta en esta obra: la inexistencia del tiempo o, al menos, la percepción de que no hay tiempo real, la consciencia de que el presente quizá no sea el ahora, de que el pasado haya desaparecido y por ello los relojes no pueden marcar las horas…

«…La Legación Americana en Tánger no era más que un edificio fantasma, como lo eran las Galerías Lafayette, como lo era el taller del modisto Apolinar. Ella misma podía ser un fantasma. Un fantasma incapaz de tener recuerdos que no fueran esbozos, trazos, sutilezas…»

Y Tánger de por medio. Tánger como un murmullo constante en los oídos de la protagonista, como un asidero a la realidad que, sin embargo, se difumina y se evapora ante sus ojos. Tánger como la ciudad que respira tras los personajes, que los envuelve y que los emborracha.

Luis Salvago es uno de mis escritores españoles favoritos. Desde que leí sus anteriores novelas En el nombre de Padre y Los lugares verdes, de las que escribí también alguna reseña, me fascinó su dominio de la narrativa. Ahora, con Josephine creo que da un paso más, y más arriesgado, porque lo que hace Luis Salvago es plantarse en medio de Tánger, coger La vida perra de Juanita Narboni y hacer malabarismo de ensoñaciones.

Juanita Narboni perdía la cabeza mientras Tánger se apagaba. Josephine cree perder la cordura mientras Tánger la engulle. Juanita Narboni monologaba refugiada en sus recuerdos tangerinos, enfrentándose a la decadencia propia y a la de su ciudad, confundiéndose una con la otra. Mientras que Josephine elucubra sobre sus recuerdos perdidos, arrostrando lo desconocido, buscando una salida a su pérdida de memoria o a su incipiente locura en las calles de un Tánger que ya no reconoce. Es como si Josephine fuese una trasunta de Juanita Narboni pero construída desde el otro lado del espejo.

Tánger, las pinturas de Hopper, Juanita Narboni, la locura, la desmemoria, los falsos recuerdos, una madre dominante y obsesionada con la mala suerte, un padre con un lado oscuro o misterioso, una pareja que está presente y ausente o que quizá no existe y un deseo llamado Mohamed. El deseo como motor de nuestros actos, los recuerdos como tormento. Todos estos elementos los utiliza Luis Salvago para crear un entorno onírico, casi surrealista, ingrávido.

«…Si vivía en Tánger era por esa razón, vivir con la sensación de latir al unísono con una ciudad. Ningún otro lugar del mundo, que ella supiera, podía ofrecer algo igual: el discreto vivir de sus habitantes, serenos y orgullosos, tejedores de una historia pequeña, hecha de cabos sueltos, de hilos, de retales arrancados de todos los pasados del mundo.

Para Josephine, Tánger era esa querida que rechazaban los amantes sólo para no perder el placer del deseo. El deseo existe para no colmarlo, para dejarlo pendiente, para tocarlo con los dedos sin alcanzarlo…»

Maravillosos estos dos párrafos: el deseo existe para no colmarlo. Luis tiene la capacidad de construir frases sentenciosas, fulgurantes, inapelables. Y en Josephine hilvana extractos de una belleza envidiable.

No busquéis aquí un Tánger real, porque, salvo pinceladas de calles y lugares muy reconocibles, lo que váis a encontrar es una ciudad que sólo existe ya en los recuerdos irreales de Josephine/Narboni. Lo que váis a hallar en estas páginas es una historia vista a través de un cristal translúcido que deforma las figuras, que oculta defectos y deslices, que difumina los sentimientos… Y en algún viejo cabaret de Tánger oiréis mientras tanto la voz de Josephine Baker.

Sergio Barce, 10 de septiembre de 2024 

       

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LUIS SALVAGO, FARID OTHMAN, PABO BARCE Y SERGIO BARCE Feria del Libro de Madrid

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MADRID – 17 DE SEPTIEMBRE – PROYECCIÓN DE «MORO», DE PABLO BARCE

El cortometraje «Moro», de Pablo Barce, en la Sección Oficial del Festival Cine de Madrid PNR.

«Moro» se proyectará en la sala Berlanga, este próximo martes, 17 de septiembre, a partir de las 21.00 horas.

Más información en el siguiente enlace:

    https://festivalcinemadrid.es/seccion-oficial-cortometraje-33-fcm-pnr/

 

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«MORO», DE PABLO BARCE, PREMIADO EN EL 13º RIURAU FILM FESTIVAL

Premio al Mejor Guion, en el 13º Riurau Film Festival, para Pablo y Sergio Barce por el cortometraje Moro, dirigido por Pablo Barce.

 

   

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«KIF Y ORIENTALISMO: EL CANNABIS Y LOS VIAJEROS Y ARTISTAS ESPAÑOLES EN MARRUECOS – 1813-1912», UN LIBRO DE ALBERT ARNAVAT

Recibo por fin el esperado libro escrito por el profesor titular de la Universidad Técnica del Norte, Ibarra (Ecuador), Albert Arnavat, titulado Kif y orientalismo: el cannabis y los viajeros y artistas españoles en Marruecos – 1813-1912, que, por el momento, sólo se ha editado en formato digital. Digo esperado y ansiado, porque tuve la fortuna de leer el borrador que me hizo llegar el profesor Arnavat antes de su publicación, algo que me enorgullece.

Os adelanto que es un libro preciosista y precioso. De una alta calidad, tanto por el trabajo de investigación llevado a cabo por Albert Arnavat como por la profusión de imágenes de obras orientalistas, todas ellas maravillosas, que acompañan al texto. 

El libro muestra una visión del consumo y la cultura del cannabis en Marruecos entre los años 1803 y 1912 a partir de testimonios de viajeros -aventureros, espías, militares, políticos, diplomáticos, religiosos, historiadores, naturalistas, profesores, abogados, comerciantes, geógrafos, agentes coloniales, médicos, periodistas, escritores, etc. – y artistas españoles – pintores, dibujantes, grabadores y fotógrafos- que reflejan la arraigada tradición multisecular de su uso en la sociedad magrebí. Fueron testigos y describieron su consumo, y algunos incluso declararon conocimientos de primera mano sobre la sustancia. A partir del vaciado de publicaciones coetáneas y bibliografía especializada junto con los fondos de las pinacotecas de los principales museos y colecciones privadas, se muestran sus testimonios que participaran de una manera decisiva en la conformación de la imagen de lo magrebí en España y del consumo de cáñamo como un componente de esa cultura.

Reproduzco a continuación unos fragmentos de las conclusiones recogidas en la propia obra:

«Este libro explora la representación del consumo de cannabis en Marruecos a través de la mirada de viajeros y artistas españoles en el siglo XIX y la primera década del XX, entre 1803 y 1912, en una combinación de fuentes textuales y visuales. Se observa un fuerte sesgo orientalista, donde la cultura magrebí es vista con una mezcla de fascinación y miedo, reflejando los prejuicios y estereotipos de la época. Los textos analizados revelan una visión etnocéntrica, donde el consumo de kif es interpretado en algunos textos como un signo de atraso y barbarie, contrastado con la supuesta superioridad de la civilización europea. Se destaca la influencia de la desinformación y la exageración en la construcción de una imagen distorsionada del consumo de cannabis en Marruecos, que centraban gran parte del imaginario orientalista destinado a construir una imagen del musulmán como colectivo irracional.

También se analiza la presencia del consumo de kif –y en menor medida de opio– en la pintura orientalista española, donde se utiliza como un elemento exótico y atractivo para el público europeo. Se destaca la importancia de contextualizar estas representaciones dentro del marco del colonialismo y la búsqueda de lo exótico en el arte del siglo XIX. El libro ofrece, en definitiva, una crítica al orientalismo en la representación del consumo de cannabis en Marruecos, mostrando cómo los prejuicios culturales y la desinformación influyen en la construcción de una imagen sesgada de otras culturas. 

El orientalismo cultural español centró la atención en el sur geográfico, en el Magreb. En el territorio del vecino meridional y en su sociedad se ha proyectado el imaginario multiforme y exótico del sueño romántico del Oriente. Este se desarrolló, en palabras de Edward Said, «impregnado de luminosidad, fantasía, suntuosidad, indolencia, sensualidad, crueldad y despotismo», a lo que podríamos añadir el consumo ancestral de sustancias narcóticas».

Englobados en la divulgación científica y geográfica, dentro del proceso colonial europeo en torno al reparto del continente africano, los viajeros y artistas peninsulares se embarcaron en busca de nuevos motivos y experiencias en el Magreb motivados por una auténtica fascinación y por la gran demanda de lo exótico en el mercado cultural y artístico europeo, ofreciendo una perspectiva de la vida cotidiana y el consumo de cáñamo en el norte de África a través de ojos hispanos. Casi siempre les une un espíritu aventurero, cierto atrevimiento y valentía, necesarios para adentrarse en el Marruecos de la época y su obras contribuyeron a mejorar el poco conocimiento que se tenía de este pais. Y a la mayoría de ellos, les impresionó el consumo generalizado de cannabis, denominado kif en este país. Los testimonios inequívocos de los textos y las imágenes analizadas reflejan la extensión e importancia de su consumo visionario y su arraigada tradición multisecular. Los viajeros –aventureros, espías, militares, políticos, diplomáticos, religiosos, historiadores, naturalistas, profesores, abogados, comerciantes, geógrafos, agentes coloniales, médicos, periodistas, escritores, pintores, fotógrafos, etc.– fueron testigos y describieron su consumo, y algunos de ellos declararon conocimientos de primera mano sobre la sustancia ya que reconocen explícita o implícitamente su consumo, ya que de otro modo no se explican algunas de sus reflexiones, fantasías y experiencias.

De sus observaciones podemos destacar que el kif era extensamente consumido de diversas formas, fumado en pipas, principalmente sebsis, e ingerido bien en una preparación hecha con manteca, bien en una de las diferentes compotas conocidas como majún. También el uso del hachís, ingerido o fumado en pipa, es explicado por diversos viajeros. A pesar que en esos años no se ha podido documentar específicamente su elaboración a partir de las plantas de cannabis marroquí, probablemente también era elaborado en el país, a la vez que importado de Túnez y Egipto, de la misma manera que se importaba el opio. Sea como sea, en la década de 1860 era un hecho que el término hachís, escrito comúnmente «haschisch», había sido integrado definitivamente al imaginario colectivo peninsular y al de los otros países europeos, y se consideraba que era usado por millones de personas en todo el planeta, continuando en la actualidad como la droga ilegal más consumida en el mundo.

Es importante destacar que mientras que los testimonios de viajeros anteriores a 1860 no contienen ninguna valoración negativa del consumo de kif –sino todo lo contrario, es una «adorable hierba», hace «desvariar la imaginación con ideas agradables», produce los «sueños más agradables», un «inexplicable bien estar» «excita fuertemente la pasión erótica»–, a partir de la traumática experiencia de la Guerra de España contra Marruecos de 1859–1860, las visiones negativas y peyorativas aparecen en las crónica de los viajeros, de todas las ideologías. Se inician y repiten las informaciones falsas, llegando a afirmar que su abuso llega a producir la imbecilidad, la locura y hasta la muerte. En cambio, cabe destacar que en los testimonios pictóricos de su consumo, que aparecen precisamente a partir de esas fechas, no se aprecia ninguna percepción negativa. Al contrario, a diferencia de esos textos, las imágenes pictóricas están dominadas por la neutralidad, exentas de crítica alguna, y en muchos casos por el ambiente plácido, agradable y somnoliento del kaif y la sensualidad de las odaliscas en un Oriente humeante.

La descalificación por incomprensión de otras culturas ha sido uno de los pretextos más utilizados históricamente para ignorar y aplastar los derechos ajenos. Todo viajero puede albergar contradicciones de juicio y sentimiento, y en general, los viajeros del norte al sur, han subestimado las personas, sus instituciones, creencias, usos y costumbres. Han aplicado su patrón cultural basándose en el hecho, para ellos indiscutible, de su propia superioridad. Y el cannabis no fue una excepción. 

Y es que, como escribió el filósofo Ernst Bloch (1885–1977), «Algo, desde luego, es cierto: nada en tierras extrañas es exótico, sino el extranjero mismo».

Personalmente, creo que el Instituto Cervantes en Marruecos ya está tardando en invitar al profesor Albert Arnavat a presentar esta obra en algunos de sus centros.

Sergio Barce, 7 de septiembre de 2024

 

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LA VOZ DEL TALIBÁN

Última noticia de Afganistán: los talibanes prohiben el sonido de la voz de las mujeres en los espacios públicos. Es decir, no se las volverá a oír en la calle, en la plaza del pueblo, en el mercado, tampoco en el zoco, ni en el mercadillo o en el puesto de dulces, tampoco en la acera, ni siquiera en la acera de enfrente, no pueden emitir sonido alguno en la farmacia, ni junto a la fuente cuando llenen el cántaro hombro con hombro con alguna amiga con la que coincidan, ni siquiera podrán quejarse en el hospital mientras muere su padre o su hijo…

En 2021 las abandonamos a su suerte.  

Bajo el burka, ahora también el silencio de ultratumba. Como si las afganas fuesen fantasmas que vagasen sin destino. No tienen derecho a estudiar, no pueden tocar música, ni oírla. No pueden mirar a otro hombre, ni siquiera desde el anonimato del burka que las cubre. No pueden fantasear.

Imagino a una de esas mujeres deseando que le corten la lengua. ¿Para qué la va a necesitar? ¿Sólo para quejarse de los golpes que su marido le dará en el interior del hogar por haber osado estornudar? Porque al estornudar, frente al puesto de verduras, todos han escuchado con nitidez el sonido que ha emitido. Alguien le ha increpado a su marido que tenga más cuidado con esa hereje. Él la ha mirado con rencor (aunque nadie más puede saber cómo es ella bajo el burka) y ha pensado que esa puta lo ha avergonzado. Por eso ahora la castiga con varios latigazos. La última vez que te atreves a emitir un sonido delante de la gente, le grita al oído. No rechista. Se traga las lágrimas. ¿Por qué he nacido mujer?, se pregunta con amargura. Y el terror la paraliza. Por un segundo, cree que sus pensamientos se han podido oír. Que su marido ha escuchado su lamento. En seguida, se da cuenta de que enloquece.

No se oirán las voces de las mujeres en las calles de Afganistán. El mercado será sólo un lugar para hombres. Ellas los acompañarán para cargar con las talegas llenas de patatas, huevos y tortas de pan. Nada más que para eso. Si no parieran, serían prescindibles.

En 2021 las traicionamos.

Ningún niño volverá a escuchar a su madre en público. El aire se viciará con el eco de los sonidos graves y autoritarios de esos hombres fanatizados, a los que acompañarán los disparos al aire de sus Kalashnikov. Es lo único que saben hacer. Disparar y violar, y luego rezar. Muy hombres, muy machotes, muy piadosos y religiosos ellos. Fieras que desconocen la palabra piedad, que nunca han sabido qué es amar a una mujer. Animales salvajes disfrazados de profetas baratos.

¿Cómo será vivir bajo un burka en permanente silencio? No recibir un rayo de sol en la piel, no sentir la caricia de quien te ama (si es que existe), no notar la brisa de la tarde, no mojarse con las gotas de lluvia, no poder pronuciar el propio nombre, no tener derecho a pedir un vaso de agua cuando tenga sed, ni siquiera a levantarse el burka para mojar sus labios de un surtidor… No, mejor no mostrar los labios, más pecaminosos aún que su cabello o que sus ojos o que su nariz o que sus pómulos o que su voz…

¡Me llamo Ghazal!, se oye gritar a una joven en una callejuela de Mazar-i-Sharif desafiando la prohibición. ¡Me llamo Ghazal! Los guardianes de la moral corren por el barrio en busca de esa voz que se oye en eco. Pero nadie sabe de dónde surge. Y los guardianes, enloquecidos, van de un lado a otro seguros de que esa voz armoniosa y cantarina puede envenenar a la población. Hay que dar con Ghazal y darle un escarmiento. Matarla incluso por su rebeldía. Esa perra que se atreve a hacerse oír en público…

En 2021 sabíamos lo que les aguardaba a todas ellas. Pero las arrojamos a los chacales.

Afganistán acaba de prohibir que las mujeres puedan emitir sonido alguno en público. Queda erradicado por ley escuchar de nuevo sus risas, sus anhelos, sus deseos, sus alegrías y sus penas, sus recuerdos y sus sueños. Sólo quedará el recuerdo de sus voces bajo este manto putrefacto que cubre al país. Ahora lo que cuenta es la voz del talibán. La voz del odio. Pobre Ghazal.

Sergio Barce, 24 de agosto de 2024

 

       

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