Archivos Mensuales: abril 2011

CARTAS Y CORTOS de LEÓN COHEN MESONERO

León Cohen Mesonero

Cartas y Cortos

hEBRAICA EDICIONES

León Cohen, escritor larachense, publica en los próximos días su nuevo libro «Cartas y Cortos» (Hebraica ediciones, 2011). Parece que últimamente los autores larachenses nos prodigamos mucho más que antes, y siempre es una alegría para mí poder dar la noticia del trabajo de algún amigo. León Cohen lo hará en pocos días, razón suficiente para comunicarlo a todos vosotros.       Sergio Barce

Como aperitivo de su libro, reproduzco a continuación una pequeña parte de una de las cartas que León incluye en su libro,

así como el prólogo que le ha escrito la poetisa Paloma Ferández Gomá.

Carta a mis tías

(fragmento)

«Crecí  entre mujeres solitarias. Mi abuela Luna enviudó muy joven. Mi tía Raquel nunca tuvo marido, dedicó su vida a educar a su única hija. Mi tía Mery fue madre soltera y murió muy joven. Mi tía Simy, se separó a los seis meses de casada y no volvió a convivir con ningún hombre hasta su muerte con noventa años. Fue solidaria con su hermana Mery y adoptó al hijo de ésta como suyo. Sus primas hermanas Simy y Alló también vivieron la mayor parte de sus vidas solas. Lo sorprendente de todas estas mujeres, hermanas y primas de mi padre, es que nunca necesitaron a hombre alguno para recorrer sus caminos vitales. La ausencia del hombre era lo característico de la casa de mi abuela Luna. Esa capacidad de la mujer para prescindir del hombre como pareja o como sostén. La relación de estas mujeres con los hombres fue de protección, como madres o como hermanas. Esa convivencia con aquellas mujeres autónomas, me llevó al conocimiento temprano de la fortaleza y de la superioridad manifiesta de la mujer sobre el hombre en su enfrentamiento con la vida. Ese conocimiento me condujo a respetarlas y a admirarlas desde muy niño. Aquellas mujeres libres y valientes que se llamaron Simy, Raquel, Alló o Luna, de las que recibí mi educación sentimental,  sin ellas proponérselo.

 Escribir una carta transcurridos cincuenta años, teniendo además la certeza de que no os va a llegar, es un intento vano. Pero la carta puede llevar implícita una segunda intención y espero que me sirva al menos a mí como terapia y exculpación. Uno siempre mantiene con sus muertos un sentimiento ambiguo, a medio camino entre la culpa y la deuda. Como si les debiera una explicación, como si ellos preguntaran o quisieran saber por qué nunca más he  vuelto a hablar con ellos, como si tuviera una necesidad imperiosa de devolver parte del cariño recibido. Esta carta siempre ha estado persiguiéndome, siempre ha esperado a ser escrita. Esta es una carta debida, el pago por una deuda de amor, un homenaje póstumo, un tributo al cariño que nos profesamos, un retorno al pasado, a un universo repleto de momentos mágicos. Más tarde o más temprano, el tiempo nos devuelve al jardín de la infancia, al jardín de los recuerdos, que para mí siempre será el Jardín de las Hespérides…»

Jacob Cohen, padre de León


NOSTALGIA DE LA LUZ, prólogo a «Cartas y Cortos» de Paloma Fernández Gomá:

«León Cohen Mesonero, profesor de la Escuela Politécnica Superior de Algeciras (Universidad de Cádiz), es un escritor que cuenta con una obra amplia y sólida; su narrativa abre horizontes históricos recordando  un pasado que revive todos los instantes que existen en la memoria del autor y lector. Entre sus obras anteriores podemos citar: RELATOS ROBADOS AL TIEMPO, CABOS SUELTOS, LA MEMORIA BLANQUEADA, también colabora habitualmente en revistas culturales de difusión internacional y su obra ha sido recogida en diversas antologías de Literatura  Contemporánea Hispanomagrebí.

León Cohen

 Que sirvan estas palabras a modo de introducción para acercarnos a la última obra de León Cohen Mesonero: CARTAS Y CORTOS , haciendo así una breve semblanza de su fecunda y multicultural trayectoria literaria, siempre avalada por su exquisito discurso narrativo, que nos invita a adentrarnos en el disfrute de su magnífica prosa.

León Cohen divide su libro en dos capítulos o apartados: Cartas y Cortos.

En el primer apartado reúne un total de 14 cartas, que merecen ser leídas en rigor, pues reflejan un discurso literario bien conformado y elocuente que adentra al lector en el mundo que el autor quiere mostrar desde una perspectiva subjetiva, pero abierta a comentarios o cambios, ya que León Cohen nos abre las puertas de sus convicciones, vivencias y recuerdos desde un umbral expositivo que siempre enseña modos de vida entre el respeto y el conocimiento del “otro”. En definitiva el capítulo Cartas supone un dominio absoluto del género epistolar.

En la primera Carta titulada, Carta de un ciudadano corriente, León Cohen se presenta a sí mismo ante el lector. Y después escribe a una amiga americana, a Alejandro,  a su prima; todas estas misivas suponen una suma de contrastes entre la personalidad del autor, siempre bien definida y abierta al mundo de la tolerancia, lo cual  evidencian las demás cartas que suceden a las anteriormente mencionadas, y el mundo exterior donde acontecen las vivencias que se interconectan con una educación y un pensamiento, que será el que vaya descifrando en clave de “yo personal “ único e intransferible  todo aquello que el autor nos comenta o comunica en  Cartas y Cortos.

En Carta a un amigo virtual, León Cohen confiesa ser un misántropo irreconciliable y en otra misiva nos manifiesta su admiración por el actor José Luis López Vázquez. Las vivencias que tuvo en Larache durante su infancia, nos las deja plasmadas en la epístola dedicada a sus tías. A Jacabo Israel Garzón le recuerda que él es solidario con su pueblo y se reconoce heredero de la educación recibida junto a su abuela y toda la familia de su padre.

Nuestro autor no olvida la poesía  y escribe a Luis García Montero.

El apartado epistolar se cierra con tres cartas dedicadas al hijo de su profesor de inglés, a Agapito y a un joven.

Todas sus misivas son exponentes de una personalidad abierta y solidaria  de un hombre que reúne en sí el legado de tres culturas: árabe, judía y cristiana, que nació y vivió en Larache, en Tánger  y en Algeciras , donde vive en  la actualidad.

 León Cohen es un escritor de espíritu que mira al mundo, un creador innato, que con la fuerza de su palabra nos invita a convivir en una sociedad intercultural y de respeto mutuo.

El capítulo Cortos está configurado por artículos a modo de fotogramas rápidos escogidos de la experiencia , que descifran el pensamiento de nuestro autor  con respecto a diferentes temas. Empieza este  capítulo con un artículo fechado en 1976 donde el autor recorre los datos más significativos de todo lo vivido. Después va desglosando sus  impresiones en un poema titulado Luna: Tres años, dedicado a su hija y fechado en 1981, para pasar, ya plenamente a la narrativa con el artículo Rusia firmado en 1991.

Un total de veintisiete artículos  conforman esta apartado donde: El telediario de las tres, Adiós a Kubala, Los niños de Belfast. Grito de Paz. El guarda de la sinagoga. Hassan II el gran seductor. Sarajevo, Sarajevo. Marrakech. El espíritu de mi pueblo. A Ernest Lluch. Qué dirán de mí cuando haya muerto 1 y 2. Aquel 10 de Febrero 40 años después. Despedidas o Cabos por atar, con el cual  el autor pone punto final al libro y que nos deja  una serie de reflexiones esbozadas  sobre la existencia y la vida del hombre, razones para seguir viviendo o replanteamientos para dar una respuesta coherente a todo aquello que nos atañe o envuelve como personas.    

Los textos antes citados conforman, entre otros,  un amplio retrospectivo y sugerente caleidoscopio que nos permite asomarnos a la pletórica narrativa de León Cohen Mesonero, un escritor que es referencia para acercarse y conocer más y mejor las tres culturas del Mediterráneo.»

PARA RECIBIR MÁS INFORMACIÓN:

Prof. Dr. León Cohen Mesonero
Catedrático de Universidad – Dpto Ingeniería Química y Tecnologías de Alimentos
Universidad de Cádiz
Avda Ramón Puyol s/n
11202 Algeciras
e-mail : leon.cohen@uca.es

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Vista aérea de LARACHE

     Incluso desde el cielo, la desembocadura del río Lukus, el océano estrellándose contra el acantilado del Balcón, la playa peligrosa, el espigón adentrándose desafiante en el mar, las callejuelas, la plaza de España (de la Liberación), todo, en fin, palpita, igual que un enorme corazón… La ciudad aparece iluminada, viva, mientras el Atlántico se oscurece a medida que se aleja de la costa, como si la luz se proyectara desde Larache y lo desconocido se precipitara en el abismo…

 Sergio Barce, abril 2011

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«INFANCIA» (Boyhood. Scenes from provincial life I, 1997) de J.M.COETZEE

     Sencilla, esta novela de J.M.Coetzee es un relato sosegado de su propia niñez, aunque, como en todas sus obras, cruza un aire triste, apesadumbrado y decepcionante de Sudáfrica, su país. Los afrikaners como una suerte de permanente amenaza, los nativos como seres fantasmales y desconocidos, la furiosa, callada y dura rivalidad entre católicos y protestantes. Lo más interesante, quizá, de esta novela, que juega a ser también algo de memorias de la infancia, sea la actitud que demuestra en todo momento el protagonista, impostando su catolicidad, impostando su forma de enfrentarse a la vida, siempre al límite de la mentira y del engaño, buscando seguramente la armadura de una personalidad que no es la suya y que le sirva para defenderse de la realidad, que no le gusta. Se siente diferente, pero anhela la normalidad; sin embargo, intuyo que Coetzee, el  niño que fue y que protagoniza el relato, no deseaba ser tan normal y, de alguna manera, construir ese mundo en el que se aislaba le resultaba fascinante.

    “El mayor secreto de su vida en el colegio, el secreto que no le cuenta a nadie en casa, es que se ha convertido al catolicismo, que a efectos prácticos <es> católico.

Le es difícil plantear el tema en casa porque su familia <no es> nada. Naturalmente son sudafricanos, pero incluso ser sudafricano es un poco vergonzoso y por tanto no se habla de ello, puesto que no todo el que vive en Sudáfrica es sudafricano, o al menos no un sudafricano decente.”

    Es así, se avergüenza de su condición, por eso su impostura permanente, y se avergüenza se sus progenitores, en especial de su padre, al que odia y desprecia de una manera permanente y tozuda.

 “A su padre le gusta el Partido Unido, a su padre le gusta el críquet y el rugby, y aun así, a él no le gusta su padre. No entiende esta contradicción, pero tampoco tiene interés en comprenderla. Incluso antes de conocer a su padre, es decir, antes de que su padre volviera de la guerra, había decidido que no iba a gustarle. En cierto sentido, por tanto, se trata de una aversión abstracta: no quiere tener padre, o a menos no quiere un padre que viva en la misma casa que él.

Lo que más odia de su padre son sus hábitos personales. Los odia tanto que el mero hecho de pensar en ellos le hace estremecerse de asco: lo fuerte que se suena la nariz en el baño por las mañanas, el olor acre a jabón de afeitar que deja en el lavabo, junto con un cerco de espuma y pelos. Sobre todo odia cómo huele su padre…”

J.M. COETZEE

El único personaje que realmente fascina al niño es Agnes. Ahí sí se abren sus expectativas, algunos sueños. Se nota una especial querencia, un algo de atracción que, sin embargo, se resiste a aceptar.

     “Estar con ella es distinto a estar con los amigos del colegio. Tiene algo que ver son su dulzura, con su disposición para escuchar, pero también con sus delgadas piernas bronceadas, sus pies desnudos, su manera de saltar de piedra en piedra. Él es muy listo, el primero de su clase; ella también tiene fama de lista; vagan por los alrededores hablando de cosas por las que los mayores menearían la cabeza…

(…) ¿Por qué le es tan fácil hablar con Agnes? ¿Porque es una chica? A cualquier cosa que venga de él, ella parece responder sin reservas, con dulzura y presteza. Ella es prima hermana suya, por lo tanto no pueden enamorarse ni casarse. De alguna forma, eso es un alivio: es libre de ser amigo de ella, de abrirle el corazón. Pero, ¿y si a pesar de todo está enamorado de ella? ¿Es esto el amor, esta generosidad natural, este sentimiento de ser comprendido por fin, de no tener que fingir?”

 Como toda la obra de Coetzee, esta novela destila tristeza, desengaño, pesadumbre, pero tiene una calidad abrumadora. Leer “Infancia” es transitar por una niñez extraña, lejana, llena de contradicciones y de sinsabores, es descubrir la vida de un niño que sólo sabía transformarse para eludir su mundo y evitar los problemas. Su madre es casi una presencia permanente, a la que en el fondo desdeña, y su padre, por el contrario, es el personaje que centra su ira, su desprecio y su angustia existencial. Nada tan desolador como el siguiente párrafo para resumir los sentimientos del protagonista:

 “Una mañana hay un silencio extraño. Su madre está fuera, pero algo en el aire, un olor, un ambiente, una pesadez, le dice que <ese hombre> está todavía aquí. Seguramente ya está despierto. ¿Será posible que, maravillas de las maravillas, se haya suicidado?”

 Sergio Barce, abril 2011

 Los párrafos transcritos pertenecen a la edición de la novela publicada por Mondadori en 2010, primera edición, con traducción de Juan Bonilla.

 John Maxwell Coetzee, escritor sudafricano (pero nacionalizado australiano), en sus novelas retrata a su país de origen sin sentimentalismo alguno, y ello le sirve para denunciar el appartheid y el racismo y sus nefastas consecuencias. Otras novelas suyas son Tierras de poniente (Dusklands) 1974, Vida y época de Michael K (The life and times of Michael K) 1983, La edad de hierro (Age of iron) 1990 y Elizabeth Costello, 2003. J.M.Coetzee es Premio Nobel de Literatura 2003.

 

 

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LARACHE, 17 de abril de 2011 – Fotos de OUTMAN ATJEJE

Outman Akjeje me ha enviado unas cuantas fotografías de la iluminación nocturna que preparamos para el edificio del Café Central del pasado domingo en Larache (y alguna otra que me hizo con mi hijo Sergio, y que le agradezco por lo inesperadas). Así queda algo más completa la información sobre las actividades del pasado fin de semana organizadas por «Larache en el mundo«.

En las pantallas que se instalaron junto al edificio del Central, se proyectaron los cortometrajes «Mawall» y «Balcón Atlántico» del realizador larachense Mohamed Chrif Tribak, un documental sobre el recientemente fallecido vigilante de las ruinas del Lixus, a quien se le tributó un homenaje con la presencia de su familia, y se proyectaron los montajes de fotos antiguas de Larache que preparó Houssam Kelai.

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LARACHE, 17 de abril de 2011 – Niños pintando e iluminación nocturna del edificio del CAFÉ CENTRAL

La jornada se cerró con un emocionante acto: estando ya a punto de terminar los trabajos de rehabilitación del edificio del Café Central, gracias a la colaboración de la Junta de Andalucía, a las gestiones iniciales de nuestra asociación «Larache en el mundo» y del apoyo de los propietarios actuales del inmueble, la familia Yakoubi, en especial de Hanan Yakoubi que, desde el inicio, estuvo entusiasmada con la idea de rehabilitar el edificio, Aberrahman Lanjri propuso que durante el día Internacional de los Monumentos y Sitios Históricos iluminásemos el inmueble por la noche para que los larachenses se dieran cuenta de la belleza que encierran los edificios de la antigua plaza de España, hoy Plaza de la Liberación. Varios niños leyeron poemas dedicados al viejo inmueble y a la plaza, y se proyectaron varios videos con imágenes de los edificios de Larache, especialmente fotos antiguas que ha montado Houssam Kelai. Mucha gente se emocionó viendo esas imágenes, y hubo más de una lágrima.

Poco a poco, los trabajos de rehabilitación están dando sus primeros frutos visibles


los videos de Houssam Kelai llenaron la noche de nostalgia


La iluminación nocturna fue tan llamativa que el edificio del Central parecía sacado de un sueño.

Durante el mediodía, tras el paseo por la Medina, se realizó otra actividad con los niños, consistente en que realizaran dibujos al aire libre, frente al Hotel Cervantes, con el Balcón del Atlántico a un lado y la Plaza al otro…

Abdeslam Serrojk & Chrif Tribak

Sergio Barce & Waly

Ha sido un éxito de participación. El hecho de que los niños sean los protagonistas, atrajo a sus padres y familiares, y el ambiente fue festivo y divertido.

Abderrahman no paró de dar instrucciones con acierto

entrega de premios

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