Archivo de la etiqueta: SERGIO BARCE

MARIA SOLEDAD CAZORLA PRIETO, jurista larachense

Dª Mª Soledad Cazorla Prieto

De nuevo la familia Cazorla. Si Luis María Cazorla ha llenado ya varios de mis artículos (y habrá alguno más) dedicados a los creadores larachenses, y en su caso en la doble vertiente de jurista y de escritor, hoy he de hacerlo con su hermana, María Soledad Cazorla Prieto, a quien, desde hace tiempo, sigo y admiro en su difícil puesto de Fiscal de Sala del Tribunal Supremo de Violencia sobre la mujer.

También Mª Soledad Cazorla nació en Larache. En 1980 ingresó en la carrera Fiscal, siendo sus primeros destinos las Fiscalías de Gerona, Valladolid y Madrid. Pasó a la Fiscalía General del Estado en 1990, ocupando diferentes destinos en la Inspección Fiscal, Secretaria Técnica y diez años de Fiscal del Tribunal Supremo en la Sala de lo Penal.

En 2005 fue ascendida a la categoría de Fiscal de Sala dedicándose de forma  exclusiva a la Violencia sobre la Mujer; por Real Decreto 872/2005, de 15 de Julio, fue nombrada Fiscal de Sala Delegada de Violencia sobre la Mujer, siendo renovada en el cargo por Real Decreto 1369/2010 de 29 de octubre.

Ha recibido varios reconocimientos, entre otros, en Noviembre del año 2008 recibe un reconocimiento a su labor en la lucha contra la Violencia de Género otorgado por el Ministerio de Igualdad. Ha participado en numerosos encuentros internacionales (Francia, Reino Unido, Marruecos, República Dominicana, Bolivia, Ecuador, China o Níger) y nacionales de Juristas, colaborando  en publicaciones y artículos en torno a diferentes materias relacionadas con el Derecho Penal.

Recuerdo varias entrevistas realmente interesantes en las que Mª Soledad Cazorla ha expuesto con firmeza y claridad de ideas sus convicciones y sus principios, como una que le realizó Iñaki Gabilondo. El pasado domingo, 13 de marzo, el diario El País, publicó una nueva entrevista, y creo que en ella muestra su sencillez, su simpatía y tanto su profesionalidad como integridad intelectual, y supongo que transcribirlo más abajo es un buen colofón para este artículo dedicado a una larachense que merece la pena ser conocida y reconocida por todos, especialmente por sus paisanos de Larache.

Sergio Barce, marzo de 2011



Etiquetado , , , , ,

Otros libros, otros autores: JUEGO DE CARTAS de MAX AUB

En las pasadas Navidades, me regalaron la novela “Juego de cartas” de Max Aub. Es una obra que se publicó en México en 1964 y, desde entonces, no se había reeditado. Pero “Cuadernos del Vigía” lo hizo hace pocos meses, y desde que había leído un artículo en la revista de letras “Los papeles mojados” sobre este curioso libro, anhelaba adquirirlo, así que recibí el regalo con alegría.

El libro lo forman 108 naipes, es decir, es una baraja de cartas (en barajas española y francesa), y en el anverso de cada uno de los naipes hay un dibujo de Jusep Torres Campaláns, y en el reverso el texto escrito por Max Aub.

Hay dos grandes curiosidades en esta obra única y socarrona: la primera es que Campaláns, el pintor, jamás existió, era una invención del propio Max Aub (como se relata más abajo, lo que dio lugar a situaciones realmente cómicas) y la segunda son las instrucciones que se indican en la caja que contiene estos 108 naipes invitando a jugar y a leer, y que termina diciendo: “Es juego de entretenimiento, las apuestas no son de rigor. Permite, además, toda clase de solitarios. Gana el que adivine quién fue Máximo Ballesteros.”

Max Aub

Como digo, la curiosidad por este singular libro me la despertó un artículo escrito en “Los papeles mojados” así que le pedí a Manolo Yruela, que la dirige, que me remitiera, si eso era posible, el artículo del que es autor José Sánchez Pedrosa. No ha tardado en hacerlo, y creo que os va a resultar tan divertido y fascinante como me lo pareció a mí (aún me lo sigue pareciendo).

MAX AUB:   JUEGO DE CARTAS Por José Sánchez Pedrosa

“Que la literatura es algo serio es un convencimiento que va desapareciendo con la edad. En el caso de Max Aub, este aserto es comprobable simplemente echando un ojo a su bibliografía. El autor que mejor ha novelado la guerra civil, que teatralizó o relató el drama de los refugiados republicanos en los campos de concentración franceses, de los judíos, de la muerte del Che, de la dictadura de Franco y de treinta años de exilio, publicó en 1958, a los 55 años de edad, la ficticia biografía de <Jusep Torres Campaláns>. El propio Max Aub pintó los cuadros de este vanguardista amigo de Picasso, retirado del mundo después de haber contribuido a la invención del cubismo. Simultáneamente a  la presentación del libro, se expusieron los cuadros de Torres Campaláns en una exposición que tuvo una gran repercusión. ¡Cuánto tuvo que reírse Max Aub cuando algunos encumbrados críticos afirmaron haber conocido al pintor en París!

Divertido por el éxito de su patraña, y seguramente cansado ya de ser  notario literario de una de las épocas más convulsas de la historia del mundo, Max Aub inaugura con ésta una serie de obras que, humorísticas o serias, se pueden calificar de bromas literarias. Desde entonces, y hasta después de su muerte, va a publicar la <Antología traducida> (1963), <Juego de cartas> (1964), <Imposible Sinaí> (1982) y desde 1961 a 1968, <El Correo de Euclides. Periódico conservador>, la gaceta satírica que editaba todos los 31 de diciembre para felicitar el año a sus amigos. <La Antología> e <Imposible Sinaí> son dos brillantes ejemplos del gusto de Max Aub por los heterónimos y por los personajes ficticios que, por obra de la literatura, como Torres Campaláns, cobran vida independiente de su autor.

<Juego de cartas> es un paso más atrevido en la literatura lúdica de Max Aub. La publicó en Méjico, en 1964, Alejandro Finisterre, el editor gallego que, además de inventar el futbolín, dio a la imprenta buena parte de la producción literaria del exilio español en México. El libro tenía un formato sorprendente: un estuche de cartas, cuyo dibujo correspondía a Jusep Torres Campaláns y cuyo autor era Max Aub. Abriendo la caja y extrayendo la baraja, el sorprendido lector, que ni siquiera tendría claro si el tal Campaláns era, o no, una mixtificación, se encontraba con 108 cartas, 54 rojas y 54 negras, con las que no sabría bien qué hacer: si sentarse en el sillón a leer la novela que había comprado; o si llamar a sus vecinos para, alrededor de la mesa camilla, echar unas manos a la  canasta.

Y es que de ambas cosas participa el artefacto. La ambigüedad es el basamento sobre el que Max Aub construye la obra. La dilogía aparece ya en el título. <Juego de cartas> vale tanto como “juego de naipes” que como “conjunto de epístolas”. Lo novelesco pertenece a la segunda interpretación y lo lúdico a la primera. En su anverso, las cartas venían sobreimpresas con un texto; y el reverso, presentaban los curiosos dibujos de Torres Campaláns. Ninguna de ellas aparecía numerada, de modo que después de barajar por primera vez, la posibilidad de una lectura tradicional se esfumaba. De modo que había que jugar y para eso estaban las reglas del juego impresas en la parte de atrás del estuche: “Se baraja, corta, reparte una carta a cada persona que toma parte en el juego. La primera, a la derecha del que dio, lee su texto, luego, el siguiente, hasta el último. Después, el primero saca una carta del monte formado por las que quedaron, la lee, y así los demás sucesivamente hasta acabar con los naipes. Puede variarse el juego dando, desde el principio, dos o tres cartas, a gusto de los jugadores, con la seguridad de que el resultado será siempre diferente. Es juego de entretenimiento; las apuestas no son de rigor. Permite, además, toda clase de solitarios. Gana el que adivine quién fue Máximo Ballesteros”.

Todas las cartas se refieren a Máximo Ballesteros, el protagonista recién fallecido, y cada una de ellas va firmada por otro personaje. Max Aub, el autor, es aquí un mero compilador, que sólo se deja ver en un par de ocasiones en que la firma de la carta es “ilegible”. El resto son amigos, amantes, familiares, compañeros de trabajo, médicos, confesores de la mujer y la mujer misma, que se cruzan cartas entre sí a propósito de la muerte de Máximo Ballesteros. Casi todos ellos tienen una opinión sobre el difunto y el juego estriba en que ésta no coincide. Ignacio Soldevila Durante apunta la idea de que, a partir de las coincidencias fonéticas del  nombre, mucho del personaje coincida con su creador. Es muy posible y seguramente se trate de una ambigüedad deliberada. El juego es eterno, la posibilidad combinatoria de las cartas siempre dará perfiles nuevos a este Máximo Ballesteros, cuya personalidad se trata de descubrir.

Según Soldevila Durante, el libro se convierte en una obra que pone en cuestión el concepto de autoría, dado que es el receptor quien construye el personaje y no el novelista. Según él, el hecho obedece a que “el principio de autoría se ve replanteado en un mundo cada vez más socializado, en el que los valores individuales, por la fuerza de las cosas, van perdiendo puestos en la escala estimativa, a favor de los valores colectivos”.

Max Aub era socialista, pero uno cree que su socialismo no llegaba a tanto. Más bien, lo que se pone en juego (perdón por lo oportuno de la expresión) es un problema más caro a la posmodernidad: no se trata de una socialización de la autoría, sino una elucubración sobre la identidad. Como en las cartas que cada uno va cogiendo del montón, la identidad personal es fragmentaria, proteica, variable y, a fin de cuentas, inexistente. Lo que desaparece no es el autor, que firma esta vez con todas sus letras, sino el personaje, el individuo. <Juego de cartas> es, en este sentido, un experimento que da al libro un alcance filosófico que va bastante más allá del mero juego vanguardista.

Decíamos antes que la ambigüedad era el principio constructor del libro. Sólo hay que darle la vuelta a las cartas: todas ellas tienen un valor doble. La jota, por ejemplo, lo es de oros-rombos; y el seis, de picas-oros. Dicho de manera menos metafórica: no hay valores seguros. Porque ¿quién es Máximo Ballesteros? Sólo hay coincidencia en que era un funcionario conservador y mujeriego, casado con una mujer tradicional con la que no se lleva. El ser funcionario y de derechas es algo comprobable, objetivo. Lo de ser mujeriego, lo certifica el jugador-lector contando las amantes que firman cartas (a uno, sin querer perder demasiado el tiempo contándolas, le han salido más de 25). Podemos, entonces, asegurar que Máximo era, como dice un personaje, “un hombre abierto en busca de todas las aberturas”.

Max Aub

El resto de sus cualidades, sin embargo, dependen de las cartas que le toquen a uno. Máximo Ballesteros puede ser un cobarde, un egoísta, un vitalista, educado, inaguantable, valiente, honrado, reconcentrado, inseguro, desgraciado, hijo de la tal por cual, soberbio, taciturno y encantador, exquisito, correcto con los subordinados, etc, etc. Y todos tienen razón. La identidad se construye con el reflejo que de nosotros proporciona el espejo de los que nos rodean. Ese parece ser el verdadero objetivo del juego: tomar conciencia de quienes somos; o, mejor dicho, de quiénes no somos. No hay un yo, nos viene a decir Max Aub; sino una multiplicidad de yoes. Y esto no es un juego. Hay ocho cartas que se ocupan de recordárnoslo. Generalmente las cartas son descriptivas o declarativas o narrativas, pero hay ocho que ni describen a Máximo, ni retratan al remitente ni narran ninguna anécdota. Max Aub dispuso cartas suficientes para que, por combinatoria, saliesen prácticamente en todas las partidas. Son cartas que inciden en la imposibilidad de describir a nadie. “Los hombres son un puzzle”, dice una. “¿Un cadáver es un algo tangible, que existe, pero un vivo qué es?”, se pregunta otra. “Imposible saber” y, más claro imposible: “eres lo que se figuren que eres, con mayor o menor conocimiento de causa”.

Y en este enseñar deleitando que nos propone Max Aub, la dimensión filosófica se da al lado de la novelesca. Si novela, como decía Cela, es todo escrito que lleve la palabra novela debajo, <Juego de cartas> también podría serlo. Y de las realistas. Describiendo a Máximo Ballesteros, los remitentes descubren sus vidas, sus caracteres, las relaciones que mantienen entre ellos, creando una sociedad tan compleja, mentirosa, hipócrita y apasionante como las de <La Calle de Valverde> o <Las buenas intenciones>. Al intercambiarse cartas, los personajes dialogan, se mienten, se descubren cosas de su pasado y el lector-jugador, con ellos. El estilo de Max Aub es acendrado, compacto, eficacísimo para crear esa malla que se va tejiendo conforme avanzan las partidas. El entretenimiento está asegurado porque, además, hay también intriga, como en las novelas tradicionales. Según la carta que destapemos, la trama va a tener un giro inesperado. Máximo, según algunos, se ha suicidado. Según otros, lo mató su mujer. ¿Mujeriego? ¿Pero no era homosexual de jovencito? Si te toca el 2 de espadas-tréboles rojo, descubres que tuvo una hija subnormal producto de uno de sus adulterios. También puede ser un delator. Una vida entera da para mucho. Por otra parte, a veces, los momentos de humor negro recuerdan a los mejores de <Crímenes ejemplares>. ¿Qué más quieren que les diga?  Abandonen la literatura. Pierdan el tiempo. Jueguen a las cartas.”

En cuanto a la revista de letras “Los papeles mojados” me permito reproducir más abajo lo que Manolo Yruela me ha enviado para que sea presentada a quienes no la conozcan (y que os recomiendo).

Sergio Barce, marzo de 2011

 

POINT DE LUNETTES – c/ Correduría 27, accesorio – 41002 SEVILLA

Tfno: 954903832 / 620405110 / 660769998

e-mail: info@pointdelunettes.com / web: www.pointdelunettes.com

Proyecto de edición de la revista de letras Los papeles mojados de Rioseco

CONTENIDO Y OBJETIVOS

Los papeles mojados de Ríoseco es un proyecto cultural que tiene el formato de revista impresa y que ya tuvo una primera etapa en la que se editaron siete números (el primero en 1999, el último en 2005). Ahora se trata de refundar el proyecto para iniciar una segunda etapa.

Se trata de una revista de literatura vinculada a la editorial Point de Lunettes. Su ISSN es 1576-4230

La Editorial Point de Lunettes nació en 2002 y lleva publicados hasta el momento 24 libros.

Publica libros de literatura y pensamiento (con incursiones en el libro de arte) y su ámbito de distribución es Nacional (España) e internacional (Hispanoamérica). La editorial nació en las provincias de Sevilla y Huelva, que es donde se ubican sus componentes.

En cuanto al contenido, la revista Los papeles mojados de Ríoseco tendrá las siguientes secciones: Sigue leyendo →

Etiquetado , , , , , , , , ,

áL. El dialecto árabe de LARACHE

Sigo pensando que la ciudad que me vio crecer es única y especial. Tan excepcional que incluso allí se habla un dialecto árabe propio (sin mencionar el haketía que utilizaban en su momento los hebreos que vivían tanto en Larache como en Tánger, o de los giros lingüísticos que se utilizaban por los españoles y que tomaban prestadas palabras tanto hebreas como árabes), todo ello fruto de la mixtura, de la convivencia, de la estrecha relación que se estableció entre todos.

Respecto al dialecto árabe de Larache, denominado dialecto áL. éste ha dado lugar a varios estudios lingüísticos, entre los que se encuentra el libro de Francisco Moscoso García, titulado “Estudio Lingüístico del Dialecto Árabe de Larache (Marruecos)” (Universidad de Cádiz, 2003).

Aunque es un libro destinado a quienes atraen este tipo de materia, no deja de ser curioso y fascinante comprobar el interés que este dialecto ha ido despertando a lo largo de los años.

En la introducción al libro, dice Francisco Moscoso:

“Jean Cantineau decía en 1955 que hasta el momento se habían publicado muchos textos en dialecto y pocos estudios gramaticales y glosarios. Es el caso del libro publicado en 1913 por Maximiliano Alarcón y Santón <Textos árabes en dialecto vulgar de Larache>. Estos textos fueron recogidos por el autor en Larache, entre el 27 de julio y el 13 de octubre de 1910…

(…) El autor antes citado dice que los dialectos beduinos en Marruecos, además de otras zonas, se extienden a lo largo de la llanura atlántica, desde Arcila hasta Mogador. Así pues, el árabe de Larache, ciudad costera situada a unos treinta kilómetros al sur de Arcila, pasaría a formar parte de este grupo. Sin embargo, esta información no es totalmente exacta, Simón Lévy ha puesto de manifiesto que la división de los dialectos magrebíes antes descrita es más <génétique que chronologique> ya que los dialectos <prehilalíes> han continuado extendiéndose incluso después de los siglos XI y XII, especialmente en el Norte de Marruecos. (…) Los españoles ocuparon Larache entre 1610 y 1689. Después de este período, esta ciudad fue repoblada por gentes venidas del Rif y de la región de Yebala, igual que ocurrió con Tánger y Arcila. Además hay que tener en cuenta la influencia que ejerció el dialecto árabe de Fez (musulmán y judío) ya que Larache era un puerto comercial muy importante, y muchos comerciantes de aquella ciudad tenían intereses en ella. El análisis de los textos en áL. nos confirma este dato ya que el dialecto al que pertenecen es de tipo <prehilali> con influencia de los de montaña (Yebala) y con algunos rasgos que pertenecen a los dialectos beduinos.

Volviendo al libro de Alarcón, los textos que aparecen en la obra, un total de once, se refieren a costumbres y a cuentos populares de Larache. Los once relatos se encuentran escritos en grafía árabe y en transcripción. Al final del libro se recoge la traducción de éstos y un pequeño vocabulario bastante escueto…”

El libro de Francisco Moscoso parte pues de este libro de Alarcón para hacer un detallado estudio del dialecto árabe de Larache, el  áL., tanto de los aspectos fonéticos y fonológicos, como de su morfología verbal, nominal, sintaxis y vocabulario, añadiendo notas y conclusiones de su estudio.

Ya digo que es un libro para estudiosos de la lingüística y de los dialectos árabes de Marruecos, aunque despierta la curiosidad por descubrir algo propio y original, algo de la idiosincrasia larachense.

Sergio Barce, marzo 2011

Francisco Moscoso es doctor en Filología árabe por la Universidad de Cádiz. Actualmente es profesor titular en el departamento de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid.

Algunos de sus libros son “El dialecto árabe de Chapen. Estudio lingüístico y textos” (2004), “Curso de árabe marroquí” (2006) o “Cuentos en dialecto árabe del Norte de Marruecos” (2007), entre otros.

Etiquetado , , , , , , ,

Diálogos de películas 2

«Fuego en el cuerpo» (Body Heat, 1981) dirigida por Lawrence Kasdan.

William Hurt:   No deberías llevar esa ropa.
Kathleen Turner:  ¿Por qué? Solo es una blusa y una falda.
William Hurt:  Entonces no deberías llevar ese cuerpo.

fuego-en-el-cuerpo

* * *

“El padrino III” (The Godfather III, 1990) de Francis Ford Coppola

Al Pacino: ¿De qué sirve confesarme, si no me arrepiento?

* * *


«American Beauty» (American Beauty, 1999). Dirigida por Sam Mendes.

Kevin Spacey:   Aquí me tienen. Cascándomela en la ducha. Para mí el mejor momento del día. A partir de aquí, todo va a peor.

AMERICAN BEAUTY

* * *

«El profesor chiflado» (The Nutty Proffesor, 1963), dirigida por Jerry Lewis.

Jerry Lewis:   Cuando uno es genial y lo sabe, como es mi caso, no hay que andarse con rodeos, nena. ¿A que estás loca por mí?
Stella Stevens:  Siempre he dicho que amarse a sí mismo es el comienzo de un amor que dura toda la vida. Estoy segura de que serás muy feliz contigo mismo.

* * *

 

 

Etiquetado , , , , , , , , , , ,

LARACHE vista por… ALI BEY (Domingo Badía)

Domingo Badía, disfrazado de Ali Bey

En 1805 llega a Larache el aventurero Domingo Badía, disfrazado de musulmán con el nombre de Ali Bey. Personaje muy curioso, con una vida aventurera y trepidante, fue espía de Godoy, y por esa razón fue finalmente expulsado de Marruecos a través del puerto de Larache. He tomado su “Viajes por Marruecos” en la edición de Salvador Barberá Fraguas, Punto de Lectura, Ediciones B, julio de 2000. Lectura que recomiendo por su curiosidad, y por los detalles de ese viaje y las notas aclaratorias del mismo, y que, creo, utilizaré en algún otro artículo próximamente.

En su mencionado libro “Viajes por Marruecos”, Domingo Badía, o Ali Bey, escribió:

“…después de atravesar un riachuelo, entramos en Larache a la una de la tarde.

Laraisch, que los cristianos llaman Larache, es una ciudad pequeña, que tendrá unas cuatrocientas casas, situada en la cuesta septentrional de una colina escarpada, desde donde se extienden las casas hasta la orilla del río, cuya embocadura es un abra para los buques grandes. Los bastimentos que no pasan de doscientas toneladas pueden entrar en el río, pero tienen que descargar para pasar la barra.

Hay en Larache varias mezquitas; la principal es de buena arquitectura. Vese también un espacioso mercado rodeado de arcos, sostenidos por columnitas de piedra (La alcaicería). Es el más hermoso que he visto en el país. Fue construido por los cristianos, al igual que las principales fortificaciones. Después de haber poseído esta ciudad los españoles, fue reconquistada por Muley Ismail. (Nota: Larache fue cedida por el sultán sa´di Muhammad aî-`Sayj y ocupada por el Marqués de San Germán el 20 de Noviembre de 1610. Muley Ismail la reconquistó en Noviembre de 1689 tras un asedio que duró dos meses. La aventura quedó saldada por parte española sólo lustros después cuando se obtuvo por fin la liberación de los últimos cautivos).

Por el lado de tierra protege la ciudad una buena muralla con su foso, y la puerta y el puente están defendidos por dos medio bastiones. La alcazaba o castillo, que está por parte de tierra al sur de la ciudad, es un pequeño cuadrado de bastiones con orejones, rodeado de fosos, todo bien bastante conservado, a excepción de parapeto, que se haya ya muy deteriorado. Por desgracia, la ciudad carece de agua; la que beben viene de un manantial situado a la orilla del mar, a ciento ochenta toesas de la muralla, en un sitio a cubierto de los fuegos de la plaza (Nota: se trata de la fuente de Sidi Álláh Ibn Ahmad en la vertiente exterior de la barranca rocosa). Se saca también de otro manantial que dista una legua. A un extremo de la ciudad, en la embocadura del río, hay un castillo que me dijeron fue construido por Muley Yezid (Nota: Se trata de una edificación más antigua que el reinado de Muley Yezid /1790-1792/. Este sultán visitó cuatro veces Larache durante su reinado, según relata ad-Du´ayyif, pero que no señala que se dedicara en esas breves etapas de visita a la construcción o reparación de las fortalezas. Este castillo, llamado de San Antonio por los españoles, es más antiguo que el de la parte de tierra o de las Cigüeñas). La fortaleza cuadrada está guarnecida por varias pequeñas culebrinas. Defienden la embocadura del puerto dos baterías colocadas al sur y otra batería o castillo por el mismo lado con cañones y mortero, situada a trescientos cincuenta toesas de distancia (Nota: se trata del Castillo de Nador, llamado de los Genoveses en el siglo XVII). Al norte del río o del puerto no hay especie alguna de fortificación.

A trescientas toesas al sur de la última batería de cañones y morteros, hay sobre la lengua del agua algunas obras, que vistas desde el mar tienen apariencia de  una fortaleza pero que no son sino ruinas de una casa y de un molino de viento.

A sesenta toeses al ESE del Castillo cuadrado, está la capilla o santuario de una santa mujer, patrona de la ciudad, llamada Léla Menána. Allí se venera su sepulcro .(Nota: Lälla Mennana Mishähiyya, la patrona de Larache, protectora de los viajeros, cuyo mausoleo en medio de los jardines se encuentra fuera de las murallas del antiguo Larache ) Jamás he podido desembrollar la complicación de ideas que ha suscitado en mi espíritu la existencia de la canonización de una mujer, con la exclusión del paraíso anunciada tácitamente por la ley a su sexo. Pero Dios sabe más que los hombres.

La costa del sur la forma una roca bastante elevada y la del norte una pequeña franja de arena.

De orden del sultán Sidi Mohamed Salami, que era bajá de la ciudad, se destinó para alojamiento la mejor casa, situada sobre el gran mercado, al lado de la mezquita principal.

A pesar de estas ventajas, no pudiendo subir al terrado para ver el cielo enteramente descubierto, me fue imposible tomar distancias lunares, pero mi longitud quedó bien establecida por los eclipses de los satélites… La temperatura es muy suave e igual a la de Andalucía.


La ciudad está rodeada de arena roja, que considero como un detrito de feldespato, con grandísima disposición a aglutinarse. La roca elevada del mediodía la forman capas perfectamente horizontales, muy delgadas y próximas unas a otras, lo cual forma un tejido apizarrado, cortado perpendicularmente a la orilla del mar. Dichas capas de roca son formadas únicamente por la arena roja ya aglutinada en el delgado tejido apizarrado.

Hay algunos huertos en Larache. Los víveres son buenos y el agua, aunque fuerte, no es malsana.

Consecuencia del viaje de Uschda fue la enfermedad que me aquejó por diez días… Tomé los baños del mar y aproveché la ocasión para enriquecer mis colecciones de productos marítimos.

 Hallábase a la sazón en Larache una corbeta de Trípoli; después de haber pasado muchos meses en el río, dio orden el sultán de fletarla a su costa, destinando la cámara de popa para mi travesía a Levante… El domingo 13 de Octubre de 1805, día de mi partida, fui por la mañana a despedirme del bajá, quien me hizo las mayores demostraciones de aprecio y consideración, añadiendo que si quería embarcarme a las tres de la tarde, asistiría a mi partida. Lisonjeóme demasiado tal propuesta para no consentir en ella. Embalados mis equipajes y cargados a bordo, acudí al puerto a la hora convenida para embarcarme con todas mis gentes. Pregunté por el bajá y me respondieron que iba a llegar. Mientras venía la chalupa, aguardé algunos instantes en la orilla del mar, en un sitio donde la muralla forma un ángulo entrante, y donde se halla un callejón que sale del ángulo. Llegada la chalupa y no apareciendo el bajá, me disponía ir a bordo, cuando por un lado y otro se presentaron dos destacamentos de soldados y otro tercero desembocó por el callejón. Los dos primeros se apoderan de todas mis gentes, el otro me rodea y me ordena embarcarme solo y partir al instante. Pregunto la causa de tan extraño proceder y me responden: Es orden del sultán. Pregunto por el bajá y me dicen imperiosamente: Embarcaos. Entonces vi claramente la mala fe del sultán y del bajá, quienes hasta el último instante habían ordenado se me hiciesen los mayores honores por las tropas y pueblo, mientras meditaban el golpe que debía herirme profundamente, pues miraba yo con tanto interés la suerte de las personas que me eran afectas, como la mía propia.

Embárqueme en la chalupa, despedazado el corazón por los gritos de algunas personas de mi comitiva, desoladas por esta separación. Bajé el río, devorado por la rabia y la desesperación, hasta llegar al paso de la barra, donde los fuertes golpes de las olas me excitaron el mareo, lo cual fue beneficio para mi salud, pues el vómito desembarazó mi cuerpo de una enorme cantidad de bilis, pero extenuado por tan violentas sacudidas morales y físicas, llegué casi sin sentido a la corbeta que estaba anclada a poca distancia fuera de la barra. Habiendo subido a ella, me condujeron a la cámara y me metieron en la cama. De este modo salí del Imperio de Marruecos…”

Domingo Francisco Jordi Badía y Leblich nació en Barcelona en 1767 y murió en Damasco en 1818. Fue militar, espía, arabista y aventurero, conocido también como Alí Bey el-Abbassi. Estudió árabe en Córdoba y estudió la aerostación. Ya en Madrid, el ministro Godoy le envió a varios países musulmanes bajo el disfraz de Ali Beu el-Abbassi, recorriendo Argelia, Libia, Turquía, Grecia, Siria, Egipto, Arabia, y, como queda dicho, Marruecos. El rey José I, hermano de Napoleón, le nombró alcalde de Córdoba (pues se había ofrecido a trabajar para la corte francesa que había invadido España). Su vida azarosa y aventurera tuvo un final digno de ella: cambió su nombre por el de Ĥãŷŷ ‘Ali Abu ‘Uțmãn (Ali Othman) y se marchó a Damasco, donde fue desenmascarado por los servicios secretos británicos que lo envenenaron en la capital siria.

Describió en sus libros sus viajes por Marruecos, Trípoli, Chipre, Arabia, Siria y Turquía, y dejó también descritas sus observaciones sobre Geografía, Botánica, Zoología, Entomología, Geología y Meteorología. Fue el primer español no musulmán en pisar La Meca y en entrar en el santuario de La Kaaba. Su famoso libro “Viajes por Marruecos” fue editado en su momento en varios países europeos.

Sergio Barce, marzo 2011

Etiquetado , , , , , , ,