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EID MUBARAK!

A todos mis amigos musulmanes, en especial a mis hermanos larachenses, os deseo que hayáis tenido un muy feliz mes de Ramadán que ya acaba… Desearía compartir con vosotros una suculenta bandeja de dulces, que sustituyo con un fuerte abrazo que os envío desde aquí.

También os deseo un feliz Eid al-Fitr!!

LARACHE

LARACHE

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UN FRAGMENTO DE MI NOVELA «EL LIBRO DE LAS PALABRAS ROBADAS»

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 -¿Cuál es el primer recuerdo que conservas de Dalila?

  Miré a Moses Shemtov, inseguro, pero no dudé al responder: la recuerdo junto a mi madre… Estábamos Silvia, Ágata, Dalila y yo sentados en una mesa, en la Pastelería La Española -Moses sonrió en cuanto nombré algo que le era tan entrañable-. Hacía mucho frío, y nos sirvieron unos vasos de chocolate humeantes con una bandeja de pasteles. Sólo logro evocar el sabor del chocolate líquido en mi boca, cómo quemaba. Sin embargo no sé por qué estábamos allí. Supongo que esperábamos a mi padre.

  -Volvamos a la escena de tu novela -sugirió entonces Moses-, ésa en la que los protagonistas se dicen adiós definitivamente en el aeropuerto; y haz un esfuerzo, piensa en el instante en el que tus padres se despedían en el muelle de Tánger. Tómate todo el tiempo que necesites, pero quiero creer que es algo importante para ti.

  Entorné los ojos, dando la última calada a mi pitillo antes de aplastarlo. El humo se elevó señorial, lento, igual que el que escapaba de las chimeneas del Ibn Battuta. Todo seguía ahí.

Ibn Batouta

  -El día anterior habíamos estado en la Plaza de Toros. Entramos después de que mi padre convenciera a un guarda que dormitaba bajo la sombra de una puerta entreabierta. Yo estaba junto a Dalila. Su mano se posaba en mi cuello y yo olía su perfume profundo y agradable. Mi padre nos miraba desde la puerta y nos sonrió, haciendo que nos acercásemos con un ademán. Dalila me cogió de la mano. Su vestido rojo rozaba mi brazo, sus tacones resonaban en el suelo y el portero la miró como si jamás hubiese visto una mujer igual. La penumbra del interior me hizo detenerme un instante, lo justo para que nos acostumbrásemos a la oscuridad, pero en seguida Damián nos guió hasta la puerta de cuadrillas. Entramos al ruedo por uno de los burladeros, eso me divirtió, y comencé a jugar por el callejón, entrando y saliendo por los otros burladeros, mientras Dalila y mi padre se dirigían al otro extremo. Damián hizo que ella se sentara en medio del tendido, yo los observaba desde la propia barrera, y notaba que algo especial había en sus miradas. Ella reía, y mi padre la fotografió varias veces.

  -Ya vale, cariño –dijo ella en algún instante.

  No me asombró en absoluto que llamara cariño a mi padre, imagino que a mi edad ciertas sutilezas pasaban por alto con facilidad.

  -Sólo una más –suplicó él, absorbido por su entusiasmo.

PLAZA TOROS TÁNGER

  Dalila me miró, y nos sonreímos de nuevo. Ella me gustaba. Tenía una manera dulce de posar sus ojos, su boca albergaba un algo que me perturbaba, era demasiado niño para darme cuenta entonces de que simplemente me atraían. Bajó al ruedo, y me abrazó. Yo me dejé hacer porque sentir sus turgentes pechos aplastándose contra mi cuerpo pasó a ser el acontecimiento más extraordinario de todos mis viajes. Me rendí a ella.

  Salimos de allí, Dalila asida del brazo de mi padre y yo a su mano, a la que me había entregado como un esclavo. Sólo deseaba que en cuanto estuviésemos en el hotel volviera a abrazarme de la misma manera. Sus pechos se habían convertido en el centro del mundo, e imaginarlos desnudos una profesión de fe.

  Cuando llegamos al Continental ambos caminaban a una distancia prudente. Yo seguía atado a la mano de Dalila, a su perfume, al bamboleo de su falda roja que, de pronto, me insinuaba unas pantorrillas prohibidas. Había descubierto algo que hasta entonces jamás me había interesado: las mujeres. Pero en ese instante Dalila era la única mujer del universo que merecía mi atención. Trató de zafarse de mi mano, pero yo me resistía y, tras un suave tirón, desistió de intentarlo de nuevo. Subimos. Notaba que entre ellos había de pronto una distancia insalvable pese a que sólo estaban a unos centímetros uno del otro. Caminábamos por el corredor. La puerta de nuestra habitación se abrió, y Ágata apareció allí en medio, sin decir una palabra. Nos detuvimos, Dalila apretó mi mano y yo le correspondí haciendo lo mismo. Eso me hizo sentir especial, importante. Mi madre volvió a la habitación sin cerrar la puerta.

  -Te amo –susurró él con tan escasa energía que creí que había dicho otra cosa.

  -No vas a decirle nada…

  La voz de Dalila se quebró, y noté que su sangre se congelaba, que sus dedos se contraían, y un segundo después sus labios se posaron en mi cara y noté que humedecía mi piel, no con ellos, sino con las lágrimas que resbalaban por sus mejillas. El rimel se le había corrido, y su rostro parecía ahora demacrado y sucio. Me conmovió de tal modo que se libró de mi mano sin apenas esfuerzo, ni siquiera me había dado cuenta de que la soltaba, y entonces Damián me empujó hasta la habitación donde nos esperaba mi madre, callada como una tumba, perdida su miraba a través de la ventana. Yo me dirigí en seguida al dormitorio, sin detenerme a escuchar lo que comenzaban a decirse en voz baja, embrujado aún por aquella mujer fascinante. Sólo podía pensar en el contacto de sus senos, en su boca perfecta y en sus ojos, en la manera como miraba a la cámara de mi padre.

BOOKTRAILER DE

«EL LIBRO DE LAS PALABRAS ROBADAS»

AUDIOLIBRO DE LAS PRIMERAS PÁGINAS DE

«EL LIBRO DE LAS PALABRAS ROBADAS»

PUEDES ESCUCHARLO EN EL SIGUIENTE ENLACE

http://www.ivoox.com/libro-el-libro-palabras-robadas-editado-audios-mp3_rf_2239628_1.html

Sergio Barce

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DISCURSO DEL LARACHENSE MIGUEL SÁENZ AL ENTRAR EN LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

El 24 de Noviembre del pasado año, colgué un post en este mismo blog en el que hablaba de la trayectoria del larachense Miguel Sáenz, Premio Nacional de Traducción. Especialista en importantes autores en lengua inglesa y alemana como William Faulkner, Günter Grass o Thomas Bernhard, fue elegido ese mes de Noviembre académico de la Lengua, para cubrir la vacante de Eliseo Álvarez Arenas.

La candidatura de Sáenz, nacido en Larache en 1932, que fue traductor de las Naciones Unidas en sus sedes de Nueva York y Viena, había sido presentada por los académicos Luis Goytisolo, Pedro Álvarez de Miranda y Margarita Salas.

Hace unas semanas, Luis María Cazorla tuvo el detalle de enviarme un ejemplar editado por la Real Academia Española en el que se recoge el discurso dado por Miguel Sáenz el pasado 23 de Junio en el acto de recepción pública en el que tomaba posesión del sillón “b” minúscula de la Academia.

Portada discurso MIGUEL SAENZ

La prensa ha destacado de sus declaraciones algunas frases elocuentes: de la traducción se ha dicho que es, junto con la prostitución, «la profesión más antigua» del mundo, «aunque está peor pagada». Y ha reconocido que es difícil «decir nada nuevo» sobre la traducción y que ha habido quien ha afirmado que traducción y prostitución son «una misma cosa», porque consisten en definitiva «en hacer por dinero lo que se debiera hacer por amor».

Aquí tenéis el enlace en el que se puede ver y escuchar su discurso completo (advierto que dura una hora y veinticuatro minutos, pero a los larachenses les resultará emocionante y les hará sentirse orgullosos al escuchar de su propia voz lo que dice en el minuto 2:52).

 

Miguel Sáenz ha traducido la casi totalidad de la obra de Thomas Bernhard y el teatro íntegro de Bertolt Brecht. Especialista de la obra de autores de la talla de Goethe, Kafka, Alfred Döblin, Henry Roth, Christa Wolf, Joseph Roth, Salman Rushdie, W. G. Sebald, Michael Ende o Joseph Conrad.

Ha sido galardonado con la Medalla Goethe, la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania y el Premio Nacional de Traducción de Austria. Pero, además, fue teniente auditor jurídico del Cuerpo Jurídico del Ejército del Aire y general auditor del Cuerpo Jurídico de la Defensa. Tras una trayectoria en el ámbito jurídico entró en el cuerpo de traductores de la ONU.

Sergio Barce, agosto 2013

MIGUEL SAENZ

MIGUEL SAENZ

 

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EL ARQUITECTO HERMENEGILDO BRACONS Y EL CINE AVENIDA DE LARACHE, POR ANTONIO BRAVO

Cuando el 1º de abril pasado colgué un post dedicado a los arquitectos Juan de Zavala y Hermenegildo Bracons en Larache, me amparé en el extraordinario libro escrito por Antonio Bravo <Arquitectura y Urbanismo Español en el Norte de Marruecos> (Consejería de Obras Públicas y Transportes de la Junta de Andalucía, 2000). Cuando lo hice, no podía imaginar que al final terminásemos en contacto y que, después de intercambiar algunos correos, hace unos días Antonio Bravo me enviara un artículo escrito ex profeso para este blog, que le había pedido pensando que probablemente sus ocupaciones y quehaceres se lo impedirían. Pero me ha sorprendido su actitud desprendida, su generosidad, y sobre todo que lo haya hecho pensando que lo que podía interesarme sería algo relativo a Larache. Tal vez sea el resultado de una incipiente amistad que espero que crezca con el tiempo. 

Así que os ofrezco un verdadero lujo, para mí y para todos los larachenses, un articulo de Antonio Bravo dedicado a uno de los asuntos que más ha estudiado: el trabajo del arquitecto Hermenegildo Bracons en Larache, en especial la construcción del Cine Avenida que, estos últimos días, ha servido de escenario incomparable para el Festival Lixa de Teatro. Un artículo que nos hace ver la grandeza de un edificio emblemático de Larache que es  necesario preservar.

Sergio Barce, agosto 2013

EL ARQUITECTO HERMENEGILDO BRACONS

Y EL CINE AVENIDA DE LARACHE

Hermenegildo Bracons Huguet nació en Barcelona el 21 de mayo de 1923 y obtuvo su título en la Escuela Superior de esta capital el 30 septiembre de 1950. Uno de sus primeros trabajos le lleva a tierras marroquíes, concretamente a Tánger, ciudad donde colaboró con los arquitectos Sierra Ochoa y Viladevall Marfá. Sin embargo, su primer destino oficial en 1951 lo desempeña como arquitecto municipal ayudante de Ceuta, interviniendo en la construcción de las torres de la fachada de su catedral.

Ese mismo año de 1951 obtuvo por concurso la plaza de arquitecto municipal de Larache, permaneciendo en la capital del Lucus hasta el 19 de septiembre de 1957, momento en el que ya se había producido la independencia de Marruecos. Al mismo tiempo desempeñó las plazas de arquitecto de la Junta de Servicios Municipales de Alcazarquivir  y Arcila, y arquitecto de las Juntas de Servicios Locales y de las correspondientes Juntas Rurales del Territorio del Lucus.

La obra de Bracons en Larache se enmarca en un momento en el que la arquitectura española salía de su aislamiento y comenzaba a evolucionar hacia planteamientos más vinculados con las tendencias internacionales. Por ello Bracons supera los elementos historicistas y neoherrerianos que caracterizan a la arquitectura de la inmediata postguerra española.

El Cine Avenida

En el ámbito privado una de las obras más significativas de Hermenegildo Bracons es el edificio que realiza en la calle Cervantes, entre 1956 y 1957, para Luis Llodra Isaco, donde integraba en el mismo solar las funciones de viviendas y un cine, el llamado Cine Avenida.

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Sobre un solar trapezoidal, entre medianeras, integra dos tipologías edificatorias diferentes: a fachada un bloque de viviendas y en la parte trasera del solar un cine. Las casas resultantes son de una cierta comodidad, cuatro habitaciones por planta, y adaptan su estructura y distribución a los parámetros de comodidad e higiene característicos de este momento arquitectónico.

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En la entreplanta del edificio de viviendas, se sitúan los servicios de entrada al cine, así como otras necesidades de éste, como oficinas, camerinos, etc. Por su parte la planta del cine se adapta a Sigue leyendo

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LIBROS PARA LEER ESTE VERANO

Con el verano llegan esos maravillosos instantes en los que los turistas, disfrutando de nuestro sol, se quedan dormidos en las hamacas de la playa y, cuando despiertan, han de acudir al primer puesto de socorro para tratar de aliviar la insolación y, sobre todo, las quemaduras de segundo grado que acaban de declararse en sus espaldas…

Hay otra manera de quemarse sin darte cuenta: estar sentado a la orilla del mar (o en la hamaca que ha dejado libre el turista calcinado) con un buen libro entre las manos, un libro que te hace olvidar dónde estás…

Recomiendo algunos títulos, que son los últimos que me han gustado o que me han enganchado de alguna manera, por si os sirviera de orientación.

Crímenes de Ferdinand Von Schirach

Una pequeña joya: “Crímenes” (Verbrechen) de Ferdinand Von Schirach (Salamandra, 2013). Von Schirach es un prestigioso abogado penalista alemán que, partiendo de algunos de los asuntos que ha defendido, nos ofrece once pequeños relatos, muy bien escritos, embaucadores y fascinantes. Hay historias terribles y otras increíbles, alguna extraordinariamente emocionantes. Los titulados “Fähner”, “Suerte” o “El etíope” resultan conmovedores. “Fáhner”, por ejemplo, es la historia de un médico apreciado por todos en la ciudad en la que vive, pero está casado con una mujer que, desde el primer momento, lo humilla permanentemente; sin embargo, él le había jurado que siempre la protegería y la querría, y cumple su juramento a pies juntillas hasta que casi cincuenta años después, un día, la mata a hachazos… Ir descubriendo poco a poco los motivos que le llevan a cometer este acto de salvajismo es un ejercicio interesante, incluso sorpresivo, porque te sorprendes de que no haya ocurrido antes…

EL ADVERSARIO de carrère

Hay un autor que me tiene realmente atrapado. Cuando mi amigo Jesús me habló de él, confieso que no sabía nada de Emmanuel Carrère, pero leí primero “El adversario” (L´adversaire) publicado por Anagrama (como el resto de los libros que citaré de este mismo escritor), y me atrapó. Esa historia terrible pero casi imposible, por inimaginable, es la vida de Jean-Claude Romand quien, en 1993, asesinó a su familia –su esposa, sus hijos, sus padres-. Un hecho que impactó en Francia y que Carrére, muy en la línea del Truman Capote de <A sangre fría> reconstruye entre el periodístico y la investigación, entre la novela de terror y el docudrama, pero con su narrativa diáfana y bien estructurada transforma en una novela fascinante lo que en principio solo iba a ser el retrato de un asesino. El efecto en el lector, al menos en mí, es inquietante.

De vidas ajenas de Carrére

Luego leí la que, quizá, sea una de las mejores novelas que han caído en mis manos en los últimos años: “De vidas ajenas” (D´autres vies que la mienne). Aquí, Emmanuel  Carrère demuestra que es un novelista poderoso, inteligente, audaz y muy humano.

He llorado con este libro. No me importa confesarlo. Arranca con el famoso tsunami del que tanto hemos oído y visto, un acontecimiento que el autor vivió en primera persona, y cuando crees que el libro va de eso, de los efectos secundarios causados por ese impactante accidente natural, el libro da una primera vuelta y luego otra, y nos encontramos enganchados a esa pareja de jueces que trabajaron codo con codo en un tribunal francés, dos jueces que sufrieron cáncer, dos jueces cojos. Y sus historias son tan conmovedoras como valientes, tan profundamente vividas como admirables. Carrère, además, tiene la virtud de que novela vidas reales, aquí esas vidas ajenas que nos dan cien lecciones de cómo afrontar los reveses de la vida.

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La siguiente en caer de Carrère ha sido la majestuosa, fascinante y genial “Limónov”. Otra maravilla de la narrativa. Como en “El adversario”, nos relata la vida y obra de Eduard Limónov, actualmente personaje opositor al presidente Putin, pero que comenzó siendo un niño perdido en una población perdida de la Rusia más perdida… Nacido en plena segunda guerra mundial, Limónov pasa a ser un delincuente juvenil con ansias de poeta, y llega a ser poeta, para luego, desde esa vida sin futuro, desde la Rusia comunista más paupérrima y desastrosa huir al deslumbrante Nueva York, y allí su vida da otro giro inesperado, convirtiéndose primero en un sin techo y luego en el mayordomo perfecto de un multimillonario (Limónov es un camaleón alucinante), y por fin recala en París, convertido en un artista maldito y admirado en los ambientes más underground… Para terminar de nuevo en su amada Rusia, pero pasando por la guerra de los Balcanes donde sorprenderá a todos luchando al lado de los serbios…

Las relaciones que mantiene con las mujeres que marcan su vida son tan salvajes como impactantes.

Un hombre contradictorio al que es casi imposible calificar, entre fascista y comunista, entre nacionalista y transgresor, un tipo con ansias de grandeza que, cuando termina el libro, es todo menos ese glorioso héroe que ha tratado de ser durante toda su vida…

Merece la pena solo por saborear la calidad de la escritura de Carrère pero también por descubrir la vida de Limónov, tan radical y tan apasionada como frustrante y miserable, una vida vivida a bocados.

Una novela rusa de Carrère

Ahora ando con “Una novela rusa” (Un roman russe), otro fantástico libro de Carrère (ya digo que estoy atrapado por este autor). Otra muy buena novela, pero que me ha subyugado al descubrir la sinceridad tan desnuda y descarnada con la que este escritor es capaz de mostrar aspectos de su vida privada y de su forma de pensar o sentir. Es otro retrato real de otra víctima de nuestra época, el último recluso húngaro de la Segunda Guerra Mundial encontrado en un psiquiátrico ruso, que no es más que la excusa de Carrère para hablar de sí mismo y de ese país del que proviene su familia: Rusia. (Una curiosidad: algunas de sus sensaciones respecto al país de su niñez son tan parecidas a las sensaciones que yo experimento cuando pienso en Marruecos que incluso me identifico íntima y sinceramente con él, pero sólo en esto).

No sé quién eres de Miguel Torres

Junto a estos libros, algo absolutamente diferente: “No sé quién eres” de Miguel Torres López de Uralde (Ediciones Menoscuarto). Me  ha encantado esta novela de Miguel Torres, en especial la trama que desarrolla en esa selva amazónica tan sugerente y atractiva. Miguel tiene una escritura diáfana, sin artificios, y junto a ese ambiente casi fantasmagórico que crea alrededor del cementerio malagueño de San Miguel y la figura enigmática de Zoe, el contrapunto de esa tribu que se ha sacado de su chistera, la de los miotas, y con ellos se inventa algo tan original como atractivo: que cuando en una pareja, en un matrimonio miota, uno de los dos fallece, el chamán de la tribu aplica una pasta al rostro del muerto y fabrica una máscara que el cónyuge sobreviviente ha de llevar puesta el resto de su vida… esto dota a la historia de otra dimensión. Luego está el personaje de Somoza, y los avatares del protagonista narrador que nos lleva desde la selva a ese rincón del cementerio malagueño en una suerte de hechizo. Preciosa novela.

El cránero de la araña de Jofran Martín

Por último, “El cráneo de la araña” de Jofran Martín Caparrós. Publicada en 2011 por Círculo Rojo, traigo esta novela a esta pequeña selección que propongo porque puede ser el contrapunto ideal. Se trata de una historia encantadora, que se desarrolla en Málaga, durante la Primera República, y no sé bien por qué, mientras la leía en su momento me recordaba las obras de Julio Verne, y hasta me imaginaba los escenarios de Georges Méliés. Parece escrita en aquella época, quizá la ambientación histórica sea una de las razones, tal vez la escritura parsimoniosa que no estática de Jofran Martín sea la razón.

Con Darwin por entre sus páginas, encuentras hechos reales tan sugerentes como esa anécdota que relata de los viajes que entonces se organizaban para turistas extranjeros que deseaban ser atracados por los bandoleros que continuaban por la sierra andaluza… Pero  no es eso lo que Jofran trata de contarnos con su novela, es algo más humano y más cercano: cómo los sueños van resquebrajándose ante la tozuda realidad.

Los soldados de Pablo Aranda

E insisto en que «Los soldados» de Pablo Aranda, del que ya hablé en otro artículo, es para lectores insaciables deseosos de que un libro los enganche. Magnífico.

Por supuesto ( y me permito esta licencia), os invito a leer mi nueva novela recién publicada: “El libro de las palabras robadas”, o cualquiera de mis anteriores libros. Pero esa es ya una elección que no depende de mí.

Sergio Barce, julio 2013

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