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LARACHE – CARA Y CRUZ – AGOSTO 2013

Advertencia previa: en algunas de las imágenes que cuelgo a continuación, aparece  al pie de ellas una fecha, pero es errónea, estas imágenes las he tomado los días 17 y 19 de agosto de 2013.

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He pasado unos días en Assilah y Larache, para desintoxicarme del estrés que nos tiene a todos alterados, para olvidarme por unos días de los problemas que estos últimos meses se han apelotonado y que realmente me tenían agotado. En Assilah he gozado de su tranquilidad -pese a la masiva afluencia de turistas, pero la calma chicha sigue instalada allí- y en Larache, como siempre, hubo una de cal y otra de arena. Pero la verdad es que, pese a todo, al final, me hace sentir bien, y siempre aflora lo mejor de mi tierra.

Sergio Barce y Hachmi Yebari frente a Lalla Menana

Sergio Barce y Hachmi Yebari frente a Lalla Menana

Y es que Larache, aunque instalada en ese profundo abismo de olvido en el que las autoridades han decidido que siga por oscuras razones que nadie comprende, sigue ofreciendo algo que es difícil de explicar. Dicho esto, confieso que he rehecho este post varias veces, dudando de su debía ser objetivo, de si debía volver a llamar la atención sobre la dejadez que he visto en Larache, pero no estoy seguro de que esa deba ser ya una cuestión que me comprometa. Las cosas parece que han de ser como son. Así que me limitaré a compartir algunas fotografías hechas estos días, y que cada cuál saque sus conclusiones. Por supuesto, resaltaré lo más positivo de esta nueva visita.

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Avenida Hassan II, calle Chinguiti… 

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Por otra parte, te encuentras algunas zonas más cuidadas que otras. Y en realidad, pocas ciudades en el Norte de Marruecos son tan hermosas como Larache, pero para que las autoridades se den cuenta hay que abrirles los ojos.

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La librería Ahram de Rachid Serroukh. Por cierto, en ella se pueden encontrar todos mis libros, incluido el último.

LIBRERÍA AHRAM - avenida Hassan II - Rachid y Sergio

LIBRERÍA AHRAM – avenida Hassan II – Rachid y Sergio

El café La Palmera también es un buen rincón en la avenida Hassan II. 

Hachmi Yebari, Berry y Sergio Barce

Hachmi Yebari, Berry y Sergio Barce

…en el que con Hachmi Yebari degustamos un magnífico té con azahar.

La antigua calle Cervantes… Sigue leyendo

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UNA CARTA LLEGA DESDE LARACHE, SIN DIRECCIÓN NI FECHA DE RECOGIDA

Mi madre me entrega un sobre que le ha hecho llegar un amigo que acaba de regresar de Larache. El sobre está en blanco, sólo pone:

«don Sergio Barce

Larache-Málaga»

Me hace gracia lo de Larache-Málaga. Pero en realidad tiene sentido.

El sobre se lo entregó El Hachmi Yebari a este amigo que lo ha traído, y alguien a quien no conozco, a su vez, se lo dio en mano a Hachmi para que me lo hiciera llegar como pudiera.

Es una carta escrita a mano, fechada en diciembre de 2012, una carta de cinco páginas que, cuando acabo de leer, me deja aturdido.

No es la primera vez que algún lector de mis novelas o de mis cuentos me envía sus impresiones. Hay algunos ejemplos en los comentarios que me escriben en este mismo blog. Pero esta carta en concreto tiene algo de poesía y algo tan emocionante que, sin saber si la persona que la redactó y que la firma me permitiría colgarla aquí y exponerla en público, me concedo la libertad de hacerlo porque me parece que sería una lástima no compartirla.

Esta persona firma con su nombre completo, es una mujer, pero sólo voy a indicar al final del texto sus iniciales, por la misma razón que antes exponía.

La he disfrutado línea a línea, y al releerla me parece aún más emotiva.

Siempre estaré agradecido a los que me dedican su tiempo para transmitirme sus sensaciones al leerme, no hay mejor ni más hermosa recompensa.

Sergio Barce, agosto 2013

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Prefacio de una carta sin dirección ni fecha de recogida:

Querido Sergio: estoy segura de que un día nos conoceremos. Mientras tanto, dejémoslo en tablas, y permíteme que después de leerte y verte algo por dentro, te deje un pedacito de mí bajo la custodia de Yebari en su Bazar.

13/12/2012 – Assilah

Extraño y bonito momento, el que acabo de vivir en Assilah, pueblo de costa que parece dormido. Así lo atestiguan los chiringuitos cerrados, en su amplio paseo de baldosas blancas con pequeñas palmeras.

Su playa vacía, de arena mojada, brillante y compacta, sólo ocupada por gaviotas y restos de cosas que van trayendo las olas. Y también el parking de arena, junto a la Medina, donde solo hay cuatro o cinco autocaravanas. Todo deja en el aire un susurro de ausencia.

Estamos aparcados delante de la estación de tren. Fouad está en camino, en el tren.

Hamid pone música que me parece africana. Es bonita y relajante. Él se recuesta un poco en el asiento. Mientras, yo leo el último cuento de Sergio Barce: <Últimas noticias de Larache>.

Este hombre, Sergio, ha sido mi guía.

A través de sus cuentos he visto más allá de los ladrillos y paredes de las calles, de los carros de los mercados, de la tez de los larachenses… He sentido Larache.

portada ULTIMAS NOTICIAS DE LARACHE -

Con Hamid descubrimos juntos “En el corazón del océano”, mientras él, echado en el sofá listo para dormir, en Fez, me escuchaba leerlo para los dos.

Ese cuento es sin duda el que más me gusta, junto con el de “Mimo”.

Supongo que es así porque son un lienzo lleno de sensaciones. Cada pincelada es un olor, un color, un recuerdo revivido intensamente, como cuando respiro de nuevo, después de haber marchado, el profundo aliento del mar. Esté donde esté, siempre me devuelve a casa.

Su libro rezuma sal. Y especias y bondad. La pureza de los lugares que conservamos en el corazón, porque tuvimos que dejarlos demasiado pronto. Como yo Agullana.

Su forma de ser, sentir, degustar y compartir el mundo, me despierta las ganas de conocerle. De conversar con él un buen “chei” de hierbabuena cargado de azúcar, acompañado de un vaso de agua, como es costumbre aquí.

Al pensar en Larache se me aparecen las calles de blanco y azul. Azul de puertas, ventanas y el bajo de las paredes. Capas y capas de azul se superponen sin intentar callar ni ocultar la anterior. Y eso le confiere un aspecto especial.

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Al pensar en Larache se me aparece también esa bruma matinal que se asienta y envuelve el lugar como un velo protector demasiado denso. Escondiéndola de quien no debe conocerla.

Entre tanta niebla venida del mar, a veces, Larache me parece perdida, como un navío fantasma entre olas poderosas de espuma blanca que rompen ese azul difuminado por la inmensidad de la lejanía.

A pesar de ello, el libro de Sergio, donde retrata a Larache desde el corazón, se me aparece de color ámbar dorado. Como un rayo de sol tostado, suave y sostenido. Se me aparece del color de la piel, llena de historias y aromas de sus gentes y personajes.

Travel. Editorial image. Fishing boats at sunset in Larache Harbour Marocco.

Hamid ya lo había leído. Pero fue fabuloso presenciar cómo, a través de mi voz, las palabras de Sergio golpeaban sus propios recuerdos e imágenes de Larache a cada renglón de “En el corazón del océano”.

Oír como eco de mis palabras a Hamid exhalando una sonrisa o un suspiro profundo… ¡Cuánta magia y dulzura!

¡Quiero cruzar el Lükus en barca!

Leer “Últimas noticias de Larache” ha sido triste. Me ha hecho llorar.

Sergio se despedía una vez más de Larache. Y yo, me despedía de él. Y por ello, inevitablemente, de Larache, aunque aún me aguardaban cuatro o cinco días más en la ciudad.

Hamid sigue suavemente semidormido en el asiento del conductor, concediéndole a su propio cuerpo una pausa deseada y no planeada. Qué plácida imagen verlo así.

Y yo, en el asiento de al lado, con el libro cerrado entre mis manos, asiéndolo suavemente, como un delicado tesoro, como un momento vivido que queremos retener, deseando que no se acabe. Sobre mis piernas, como un niño. Frente a mi vientre, como un fruto.

Siguen deslizándose suavemente por mis mejillas unas silenciosas lágrimas con sabor a despedida y agradecimiento por todo lo compartido. Por la dicha del encuentro en aquella estantería de la habitación de Zohra, tras una larga jornada en Rabat donde marchamos para manifestarnos en contra de la violencia hacia la mujer.

Un sentimiento triste pero cálido me embarga. Dejo que mi cuerpo y mi alma se hundan en él, como en una bañera llena de leche tibia.

De repente, siento el deseo de recoger esta sensación antes de que acabe de escurrirse y escaparse de mí, como las lágrimas de mis ojos.

Me giro. Y silenciosamente, con movimientos estudiados y lentos, tomo la mochila del asiento de atrás.

Llega un tren.

-Ha llegado Fouad –dice Hamid abriendo los ojos.

-¿Has visto qué curioso? –le digo con entusiasmo a Hamid al ver dos rayitas negras, paralelas, en un extremo de la media caña que usé como lomo de la libreta de viaje que yo misma construí.

-Lo he hecho yo –me contesta cuando mi razón intentaba escoger una explicación correcta de entre las insensatas que me venían a la mente: ¿Qué y cómo alguno de los objetos que compartían espacio con la libreta –pasta de dientes y cepillo, pilas recargables, set de cubiertos unidos a modo de navaja suiza- había podido casualmente trazar dos bonitas líneas negras paralelas?

Mi respuesta fue una espontánea y escandalosa risa. ¡A veces me sorprendo a mí misma de cuan ingenua puedo ser! De esta mente que imagina mundos fantásticos y que me ayuda a descubrir y vivir desde la novedad continua, la sorpresa y la belleza de tantas cosas… Río, río, río… Y le doy las gracias.

Él se ríe también.

C.O.E.

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LOS JUDÍOS DE LARACHE – LES JUIFS DE LARACHE, UN VIDEO DE FRANCISCO JAVIER GARCÍA

En su blog, Francisco Javier García se declara un apasionado de su ciudad, Ceuta; le encanta investigar sobre aspectos e historias poco conocidas para transformarlas en vídeo y darlas a conocer.


Comerciante, practica la radioafición y el coleccionismo de billetes de banco, y es un viajero contumaz. Otra de sus pasiones es estudiar el judaísmo, sus costumbres y sus gentes.

Le he pedido que me permitiera colgar en mi blog algunos de sus vídeos, y amablemente ha accedido. Comienzo por el titulado: “Los judíos de Larache – Les juifs de Larache”. Se trata de un corto interesantísimo (con una intervención estrella de mi querido El Hachmi Yebari), un video muy cuidado y muy emocionante, sobre todo al llevarnos a pasear por la calle Real y, especialmente para  mis paisanos hebreos, con la visita a los cementerios judíos larachenses, el nuevo y el viejo de la Torre, que tan abandonados se encuentran…

Más información sobre el autor del vídeo, Francisco Javier García, en su blog:

http://ceutadesconocida.wordpress.com/autor/

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LA VIDA ES AGRIDULCE

La vida es agridulce, está salpicada de risas y de lágrimas, y quizá lo que voy a contar lo ejemplifica de alguna manera, mejor que cualquier otra historia que pudiera inventarme. Son estas pequeñas anécdotas, que luego recordamos con una sonrisa, las que en definitiva endulzan  la cruda realidad.

Hace unos años, quizá unos diez años ya, recibí en mi despacho de Torremolinos una carta con matasellos de Málaga capital. No tenía remitente, pero mis datos aparecían tecleados con una máquina de escribir. Abrí la carta y me encontré un anónimo. Alguien había tenido la santa paciencia de recortar, de revistas y periódicos, varias letras para luego pegarlas en un folio en blanco, formando una frase enigmática y casi amenazadora: SÉ QUE ERES TÚ.

Debajo de esta frase, había igualmente pegado un reclamo que el autor del anónimo había recortado de los anuncios por palabras de  la sección de “Relax” del diario Sur de Málaga (este detalle lo sabría más tarde, claro). El anuncio decía:

<Sergio. Bombero. Apago tu fuego con mi manguera. Llámame. Teléfono: 111… > (En el original que me enviaban había un número de teléfono real que, por supuesto, y lo dejo ya bien claro, no era mío).

Inmediatamente pensé que era cosa de algún amigo, y llamé a los que creía capaces de gastarme una broma de este tipo. Pero ninguno de ellos, después de reírse un rato a mi costa, era el autor de tan chocante mensaje.

Pasaron los días. Casi había olvidado el incidente cuando, semanas después, recibí una segunda carta: matasellos de Málaga capital, destinatario –yo- escrito a máquina, sin remitente. Y, de nuevo, su autor le había dedicaba bastante tiempo a recortar palabras de revistas y periódicos para escribirme en esta ocasión otro mensaje lapidario: Y SÉ DÓNDE VIVES.

Caí entonces en la cuenta de que podía ser otro de mis amigos. Sí, esta vez iba a acertar. Pero, una vez más, erré. Fuera quien fuese, sin duda se trataba o bien de un cachondo mental que me llamaría en un par de días para descubrirse o bien se trataba de alguien que me confundía con ese bombero capaz de apagar cualquier tipo de fuego pasional. Pese a mis presunciones, los días pasaron sin noticias de ningún tipo.

Dicen que a la tercera va la vencida y, sí, llegó la tercera carta. Habían vuelto a pegar en la nueva hoja anónima el anuncio de contacto:  <Sergio. Bombero. Apago tu fuego con mi manguera. Llámame. Teléfono: 111… >. Pero su amenaza, en esta ocasión, en caracteres más grandes, recortada cada letra de los anuncios de cabecera de los periódicos, ya no podía ser más elocuente e inquietante: PRONTO TODOS SABRÁN QUE ERES TÚ.

Ya no me hizo tanta gracia la broma, y comenzaba incluso a molestarme… Miré entonces el sobre, que repetía las mismas pautas anteriores: los caracteres taquigrafiados, el matasellos… y, de pronto, me di cuenta de que, en esta ocasión, el remitente fantasma había cometido un pequeño pero trascendental error: al escribir a máquina mi nombre y la dirección de mi despacho, se había equivocado al teclear el código postal, y aunque se había percatado de ello, quizá sin darle más importancia, con un bolígrafo azul, había tachado el número incorrecto para escribir al lado el código postal de mi dirección de Torremolinos: 29620.

Me quedé unos segundos mirando esos números, inclinados levemente a la derecha, como si fuesen árboles mecidos por el viento. El  nueve era peculiar, y el dos también. Me resultaban números de alguna manera conocidos, como si ya los hubiese visto antes. A medida que los estudiaba, más convencido estaba de que conocía a la persona que los había escrito… Los miré durante mucho tiempo, casi extasiado, buscando en mi memoria dónde guardaba la copia de esos números. Y, al fin, el fogonazo, como cuando uno lleva un buen rato tratando de recordar el nombre de alguien que acabamos de ver y no nos acordamos de cómo se llama: ahí estaba. Por fin sabía de quién era esa manera de escribir inclinando los números a la derecha…

Pero no podía creerlo, era imposible. Sin embargo, cuanto más lo analizaba, más convencido estaba de que acababa de desenmascarar al autor de las cartas, de que no me equivocaba de su identidad por muy descabellado que me pareciera… De manera que, decidido a terminar con esta historia, descolgué el teléfono y marqué un número. Cuando escuché la voz que contestaba a mi llamada, disparé a bocajarro:

-Sólo os llamo para que me digáis si sabéis algo de esto… ¿Me habéis estado enviando unos anónimos?

Mi madre rompió a reír a carcajadas. Y yo, lacónico, aún sorprendido, pero ya medio riéndome, añadí:

-¿Papá me ha escrito estas cartas?

Las mentes más retorcidas que se habían dedicado a construir con paciencia unos anónimos aparentemente tan enigmáticos (y tan cinematográficos), eran ni más ni menos que mis padres.

Cuando les expliqué cómo los había descubierto, mi madre, entre risas, le reprochó a mi padre que hubiera cometido tamaño fallo de principiante… ¡De principiante! Y noté que se sentían frustrados porque, para mi sorpresa, ya tenían preparado el cuarto anónimo dirigido a mi despacho…

Así son mis padres, aparentemente personas serias y prudentes, pero en la intimidad se muestran tal y como son, sorprendentes y divertidos.

Ayer lunes, mi madre se sometió a otra nueva sesión de quimioterapia, y lo pasó realmente mal. Lleva días pasándolo muy mal. El pasado domingo celebramos su 75 cumpleaños, y nos hemos conjurado para que siga adelante y venza a este enemigo silencioso e invisible. La noto cansada, pero es el calor que nos tiene a todos abotargados, que se une a esas sesiones maratonianas de cada lunes que la dejan extenuada. En cuanto pase este mes de agosto, remontará vuelo…

Mercedes, mi madre, Ange y Maribel

En Larache, de izquierda a derecha: Mercedes, mi madre, Ange y Maribel

El domingo se emocionó mucho con varias llamadas, pero especialmente con la de Ange y sus nietos, que le cantaron el feliz cumpleaños por teléfono, y con la de Mercedes, que, desde Canarias, le dijo que no volvería a Larache hasta que ella pueda viajar, porque sólo volverá si van juntas… Luego mi madre nos dijo que es verdad, que se muere de ganas de regresar con sus amigas a su pueblo. Larache le da la vida. Y tiene la maleta preparada desde hace varias semanas.

Sergio Barce, agosto 2013

JARDINES DEL BALCON

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UN JERARCA NAZI EN LARACHE

El pasado 26 de Julio, se publicaba en El País, un interesante artículo de Joaquín Gil y José María Irujo, titulado EL SOCIALISTA QUE ABRAZÓ AL NAZI AMABLE, donde se nos relata la experiencia de Diego Álvarez, un viejo militante del PSOE exiliado en Argentina, que trabó amistad con Bernhardt, general de las SS y hombre de Goering en España, que aparece en novelas conocidas por todos. Y este general vivió en Larache.

BERNHARDT CON SOMBRERO Y DIEGO ALVAREZ, DE BLANCO, EN LA BODA DE ELEUTERIO CONTRÍ HIJO Y SU MUJER LISSA, DE NEGRO. ATRÁS, EL MERCEDES DEL ALEMÁN

BERNHARDT CON SOMBRERO Y DIEGO ALVAREZ, DE BLANCO, EN LA BODA DE ELEUTERIO CONTRÍ HIJO Y SU MUJER LISSA, DE NEGRO. ATRÁS, EL MERCEDES DEL ALEMÁN

Johannes Bernhardt fue un jerarca nazi. Un militar que alcanzó el grado de general honorario de las SS, un uniforme que solo vestía en ocasiones especiales. Un astuto comerciante que erigió en silencio en Madrid un imperio económico alemán al calor de la complicidad que Franco dispensó a Hitler. Un personaje poco conocido, pero clave en el golpe de Estado contra la República y en la victoria franquista. Johannes Bernhardt fue también un empresario afable, desprendido y bromista. Un hombre llano al que durante la etapa más tranquila de su agitada vida le gustaba comer paella con sus trabajadores, escuchar sus inquietudes y debatir de política. Disfrutaba en su papel de discutidor, ejercer la esgrima intelectual de situarse en el bando opuesto de su adversario de tertulia. Bernhardt fue las dos cosas y otras más inquietantes y oscuras, en el terreno económico y político, que se llevó a la tumba. Diego Álvarez, entonces un joven militante socialista, conoció la segunda vertiente del personaje. Su cara amable. Fue en 1957 en Argentina, donde se exilió desde Alicante para huir de la miseria.

El destierro fue su vía de escape. Álvarez arrastraba el estigma de rojo entre sus vecinos de la apacible partida de La Xara en Dénia (Alicante). Su padre fue alcalde de esta ciudad por el PSOE durante el ocaso de la Guerra Civil. Él se afilió en 1936 a las Juventudes Socialistas y asistió como voluntario a contener la ofensiva del bando rebelde por Castellón, en 1939. Cuatro meses después cayó Valencia, uno de los últimos reductos republicanos. El joven socialista se sentía humillado. Su padre, condenado a tres años de prisión tras la contienda. Él debía cuidar de su madre y su hermana menor. También, olvidarse de un empleo estable en el cuerpo de Correos y Telégrafos por el que aspiraba antes de la batalla. “La guerra frustró mis planes”, lamentaba Álvarez, de 92 años, cuya voz decae por la enfermedad terminal que acabó con su vida el pasado mes de junio.

Dénia se había convertido en una ratonera para el inquieto socialista que devoraba periódicos desde los ocho años. La primera posguerra desató la represión. Sigue leyendo

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