Archivo de la etiqueta: SERGIO BARCE

LARACHE – TRIATLÓN LARACHE 2015

Acaba de celebrarse el Triatlón Internacional de Larache 2015, en su 10ª edición ya. Un acontecimiento que supone un esfuerzo tremendo para todos los que intervienen en su organización. La verdad es que quienes lo ponen en pie, se merecen un homenaje.

Como veréis por las imágenes, el Triatlón ha sido todo un éxito. Las fotos, en su mayoría pertenecen a Omar Hatri, que ha tenido el detalle de permitirme el colgar sus buenísimas tomas en mi blog. Un detalle de gran generosidad que le agradezco, y que nos permite disfrutar con ellas. Otras fotos están tomadas de varias páginas de facebook de paisanos larachenses. El colorido es espectacular.

Lo cierto es que el Triatlón Internacional de Larache va creciendo año tras año y se está convirtiendo en cita obligada para los atletas de esta disciplina.

Sergio Barce, octubre 2015

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RESEÑA DE ANTONIO MORENO AYORA DE «LA EMPERATRIZ DE TÁNGER» EN LA REVISTA DE LITERATURA SUR

El escritor y profesor Antonio Moreno Ayora, ha publicado una extensa y detallada reseña sobre mi novela La emperatriz de Tánger en el número 6 de SUR. REVISTA DE LITERATURA.

SUR REVISTA DE LITERATURA

Su artículo lo ha titulado: La emperatriz de Tánger: Novela pasional e inquietante.

ANTONIO MORENO AYORA

ANTONIO MORENO AYORA

Su artículo comienza así:

«NOVELA PASIONAL E INQUIETANTE. Vibrante, íntima y desasosegante forma de comenzar una novela es esta que elige Sergio Barce al enmarcar la imparable pasión amorosa entre Augusto Cobos Koller -a la sazón marido adúltero de Carmen- y la tangerina Yamila. Aparte de esa admitida y secreta relación de encendido erotismo, poco más descubrimos en el primer capítulo de esta incipiente historia que, sin embargo, en estas seis  páginas iniciales ya dispara nuestra imaginación y deja en suspenso un conjunto de expectativas que esperamos ver satisfechas poco a poco para ir descubriendo el porqué, la finalidad y los vericuetos en que puede bifurcarse o esconderse tanto desenfreno sexual. Ya en el segundo capítulo (con nombre de mujer como ocurre en alguno más) descubrimos quién es Augusto Cobos: un escritor con deseos de llevar una vida de libertad y que por esta razón no se ata a ninguna mujer; por eso una de ellas le declaró un día que “siempre huyes”, afirmación que reencontramos cuando se nos dice que “siempre había estado huyendo de ese algo inextricable y ajeno” (p. 20). Tres nuevos datos empiezan ahora también a interesarnos; su otra relación con Esther, su amistad con Pablo Cantos y la precisa circunstancia de que está escribiendo una novela curiosamente titulada La emperatriz de Tánger…»

PARA SEGUIR LEYENDO LA RESEÑA, PODÉIS HACERLO ENTRANDO EN EL SIGUIENTE ENLACE, Y PINCHANDO EN :

http://www.sur-revista-de-literatura.com/resenas6.html

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PORTADA La emperatriz de Tánger

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«PASEANDO POR EL ZOCO CHICO. LARACHENSEMENTE» DE SERGIO BARCE

Dice el escritor José Garriga Vela de Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente:

Sergio Barce pertenece a ese tipo de escritores capaces de encerrar un mundo en una frase, igual que encierra el mar en la jaula mágica de una caracola. Me he sentido un privilegiado al pasear con él por Larache, andar y desandar hasta encontrarnos con los recuerdos, la fantasía, los seres queridos presentes y los queridos ausentes; toda la fuerza del sedimento que van dejando los sueños. Sergio ha tocado mi fibra sensible: el pasado que vuelve. Los fantasmas que regresan para instalarse felices en el castillo imborrable de la memoria. La memoria, la única capaz de expulsar la muerte.
Hablo de la complicidad que me une a Sergio, detalles ínfimos que me estremece recordar, como el silbido de su padre al llegar por la tarde a casa que es el mismo silbido de mi padre al volver del trabajo por las tardes. Y los gusanos de seda que su madre le llevaba en una caja de cartón con hojas de morera son los mismos que traía mi madre. Recuerdos de seda que vencen el olvido. Sergio iba al cine Ideal de Larache y yo al cine Emporio de Barcelona. Larache, Barcelona, Málaga, qué más da, cuando se apaga la luz en la salas de cine los dos estamos en el mismo lugar de la película. Los lugares de la memoria y la fantasía que mencionaba antes. “¡Cuántas películas habrás visto!”, le preguntó alguien una vez al hombre del carrillo con chucherías y frutos secos que se instalaba todas las tardes delante del cine Ideal. Y el hombre del carrillo dice Sergio que se quedó pensando un buen rato, hasta que respondió en silencio: “El cine que conozco lo he visto a través de los ojos de los niños”. Quizá así contemplamos nosotros las películas del pasado, a través de los ojos del niño que fuimos y que nunca nos abandona.

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Y José Luís Ibáñez Salas, también escritor y editor, escribe:

‘Larachensemente’, hecho a la manera de Larache, llevado a cabo según la centenaria tradición de forja de conciencias que fue a lo largo de los siglos la atlántica y norteafricana ciudad de Larache. Eso quiere decir ‘larachensemente’. Y ese es el subtítulo de un libro de relatos verdaderamente único, conmovedor y cercano, demasiado cercano, tan cercano que parece imposible que uno no haya estado jamás en África, en el África más próxima, y sin embargo tenga la sensación al leer este conjunto de cuentos de Sergio Barce de que su vida estuvo allí, su pasado y buena parte de sus recuerdos, porque sólo los grandes escritores logran compartir verdaderamente su memoria con sus lectores a través del arte que destila ese oficio suyo de narradores.

Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente, acaba de ser reeditado por Ediciones del Genal. Con traducción al árabe y al francés del relato que cierra el libro Larache, sin Sibari. Una edición muy cuidada y llena de nostalgia.

Puedes conseguir tu ejemplar fácilmente a través de tu librería habitual. 

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«LA EMPERATRIZ DE TÁNGER», DE SERGIO BARCE

Continúa el periplo de mi novela La emperatriz de Tánger. Pronto, aún sin confirmar la fecha, que anunciaré con tiempo, la novelista Herminia Luque hablará de mi libro en un nuevo encuentro con los lectores, y se presentará en Tánger, Casablanca, Melilla y Barcelona. Shuia, shuia.

El escritor Garriga Vela, entre otras cosas, dijo de La emperatriz de Tánger, al presentarla en la Feria del Libro de Málaga:

«Sergio posee la facultad de abstraerme del presente y llevarme al mundo de la ficción. Desde el inicio del viaje confundí al protagonista con el autor de la novela. Augusto Cobos se convirtió en Sergio Barce. Yo era incapaz de distinguir quién de los dos suplantaba al otro. No acababa de creer que Sergio fuera el hombre solitario que vagaba por los bares y los cabarés de Tánger tratando de escapar de la realidad con alcohol, drogas y sexo. Las tardes en el Café de París. Las largas y frenéticas noches en el Kurssal, el Casino, La Mar Chica, el Lucifer. ¿Qué fue lo que me impulsó a relacionarlos hasta el extremo de confundirlos?, quizás que ambos se refugiaban en la misma novela para actuar impunemente. El personaje real suplantando al ficticio y viceversa. Desde el inicio del viaje, tuve la sensación de que Sergio me había invitado a protagonizar una película de cine negro: Casablanca en Tánger. Allí estaban Augusto Cobos, Yamila, el inspector Barrada que suplantaban a Rick Bogart, IIsa Bergman y al mismo capitán de policía Louis Renault, perdón, quiero decir Claude Rains…»  

PORTADA La emperatriz de Tánger

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LARACHE – ASI FUE EL ENCUENTRO INTERCULTURAL 2015

He acudido a la invitación que me hizo Abderrahman Lanjeri para participar en el Festival Intercultural 2015 en Larache, sin saber que, una vez más, la emoción se iba a adueñar de nosotros. Ha sido tan especial, tan entrañable, tan divertido. Participé en una mesa redonda con larachenses para hablar de Larache y de nuestra experiencia personal para mostrar a todos que la convivencia y el respeto es posible. El aire se llenó de magia.

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Habló Ange Ramírez, embargada por una emoción desbordante, abriendo el encuentro, y luego intervino el profesor Abdallah Benaissa-Bucarruman, desplazado ex-profeso desde Casablanca, que hizo una interesantísima exposición sobre la haketía.

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El cineasta larachense Abdeslam Kelay nos iba presentando a medida que interveníamos, y así nos vimos hablando de nuestra infancia y de nuestras experiencias Emilio Gallego, Ernesto Blanco y yo. Los recuerdos brotaban con facilidad y entrábamos y salíamos del Cine Ideal, del Cine Avenida, del Jardín de las Hespérides o del Zoco Chico, íbamos de caza a la Ghaba y a nadar a la playa peligrosa, y nos asomábamos al Balcón del Atlántico como si de pronto hubiésemos regresado a un pasado que no nos abandona. 

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Han sido días intensos, en los que la música ha sido protagonista principal, la música y los amigos. Hacía tiempo que no me reía tanto con tanta buena gente. Sara Sae nos deslumbró con su voz potente, cantando a capella en la Casa de la Cultura que nos hizo llorar, literalmente, y luego nos regaló otra canción también a capella en el Café Valencia, mientras desayunábamos el último día, y se nos hizo un nudo en la garganta. Cuando actuó en el albergue juvenil, acompañada de su grupo, su voz nos transportó con el sonido sefardita y con las leyendas de Granada….

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Actuaron grupos de Bulgaria, de Madrid, escuchamos temas de Bossa Nova con el dúo Nossa Bossa, el grupo de guitarra que venía con Ernesto Blanco del Conservatorio de Córdoba Músico Ziryab, impresionantes, la preciosas canciones del cantautor Ramón Tarrío, en cuyos temas había versos de El Fathi, Fernández Gomá o Chakor, el grupo Repiques, música Gnawa, saltimbanquis, el grupo Ma Samba, batucada, el dúo Colores que fusiona la guitarra flamenca y letras en inglés, precioso, el grupo larachense Lalla Mennana que nos dejó con ganas de más… En fin, estuvo fantástico. Y las actuaciones en lugares simbólicos: en las ruinas de Lixus, en la plaza de España (Liberación), en el Zoco Chico, en la capilla de la Cruz Roja, en la Iglesia del Pilar… Fusión real.

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Las risas y las bromas de Carmen, Rosa María, Mercedes, Fefi, Rafi, Ángela, María, Hanan, Joyce, Sara. Katya… La compañía de El Hachmi, Marcos, Emilio, Ernesto, Berry, Luisito, Ramón o Paloma… En fin, todo ha salido redondo. Y gracias a Abderrahman Lanjeri por su esfuerzo y a todos los que, junto a él y Ange, han hecho posible este encuentro.

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Para quienes tengan paciencia, reproduzco a continuación mi intervención en la mesa redonda.

Hoy quienes estamos aquí sentados en esta mesa redonda somos unos amigos. Y nos rodean más amigos. Y a todos nos une algo invisible y etéreo que es difícil de explicar. Nos une una ciudad, una ciudad muy especial.

Larache tiene embrujo, y aunque le hayan echado todos los males de ojo del mundo, ha conseguido sin embargo que todos nosotros no sólo seamos amigos sino que nos sintamos como una familia.

Yo no me acuerdo de Ernesto Blanco cuando era niño. Tampoco sé, si ya siendo niño tenía barba o no, y si ya entonces tocaba la guitarra. En todo caso, espero que no tuviera barba.

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Seguramente jugaríamos en alguna ocasión juntos, o quizá incluso nos tirásemos alguna piedra -a lo que éramos muy aficionados los del callejón de Uniban y los de la calle Daisuri-, pero desde que nos reencontramos casualmente hace unos años se ha tejido entre nosotros una amistad muy estrecha y especial. Yo sé que cuento con él para lo que necesite, y él sabe que cuenta conmigo para lo que le haga falta. Y esto no sucede con cualquiera. Sucede porque los dos somos de Larache, y Larache nos convierte en hermanos.

En Lixus - Ramón Tarrío, Emilio Gallego, Sergio Barce y Berry, sentada.

En Lixus – Ramón Tarrío, Emilio Gallego, Sergio Barce y Berry, sentada.

Con Abdeslam Kelai ocurre otro tanto. No lo recuerdo de mi infancia, ni él me recuerda a mí, pero seguro que nos cruzamos en más de una ocasión y hasta es posible que hablásemos o jugásemos. Quién lo sabe. Pero cuando nos vemos, es como si nos conociésemos de siempre. Yo lo admiro por su trabajo como cineasta, y lo sigo con cierta ansiedad cuando nos anuncia que acude a un festival a competir con alguna de sus películas, porque estoy deseando que mi hermano (él me llama así, y yo le dijo jay) que Abdeslam gane el primer premio. Un premio de lo que sea. Da igual, pero que lo gane. Y también nos sentimos hermanos.

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Pero con Emilio Gallego me ocurre algo distinto. Nosotros sí habíamos jugado de pequeños por las calles de Larache, y yo había entrado en el cine de su padre, en el mágico Cine Ideal, gracias a que nos colaba gratis para ver películas. Luego, nos olvidamos el uno del otro. Pasaron los años. Y cuando nos reencontramos, en este caso, todo fluyó de manera natural. Todo se fue recomponiendo volviendo a su sitio, y el pasado incluso parecía cercano. Nos sentimos muy unidos. Y también somos como hermanos.

Con Ange Ramírez, la cosa tiene sus matices. Ella es, sencillamente, familia, alguien que va muy unida a mi madre, con quien en los últimos años compartió momentos muy entrañables. Es muy especial.

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¿Por qué os cuento esto? Porque creo que esto demuestra que el vínculo entre los larachenses es muy difícil de comprender para alguien que no es de aquí. Yo creo que nos miran mal. Como si estuviésemos locos.

Pon a dos larachenses en medio de un desierto, y se pondrán a hadrear sin parar de Larache. Y si los pones en una plaza redonda, como la plaza de España, se pondrán a rallar la plaza –como decimos aquí- dando vueltas como si fuera un disco mientras hablan y hablan larachensemente.

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En general, a los que tenemos cierta edad y a nuestros mayores, nos invade una especie de nostalgia por el Larache que conocimos una vez. Ese Larache que se esconde tras los horribles bloques de pisos que han sustituido a esas preciosas casas y edificios que conocíamos. La razón es que en aquel Larache (para los mayores, el que formaba parte del protectorado; pero para nosotros, los más jóvenes, nacidos ya en el Marruecos independiente, es el Larache que conocimos ya bajo Hassan II), en ese Larache, digo, aprendimos una asignatura que es difícil de estudiar en ninguna universidad del mundo. Aprendimos lo que es respetar al diferente.

No aprendimos a tolerar, porque nadie estaba por encima de otro, sino a convivir y respetar a nuestros vecinos, a entender que las ideas, creencias y costumbres son diversas y diferentes pero tan respetables y dignas de admiración como puedan serlo las propias.

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Hace unos días, colgaba en mi blog un listado de teléfonos de Larache del año 1956. Busqué lógicamente el teléfono de mi abuelo Manuel Barce: era el número 2207.

Me llamó la atención una cosa de ese listín: la mezcla de los apellidos.

Iba leyendo con el dedo bajando ese listín y me encontraba con un montón de Bares… Bar Coliseo, Bar La Marquesina, Bar Royal, Bar Selva… y luego con los apellidos: Barce, Barcelona, Barrabah, Barrada, Barranco, Bekuri, Belity, Belkassem, Bemergui, Ben Abdellah, Ben Abdeslam, Ben Ahmed, Ben Hach, Ben Musa, Benaisa, Benarroch, Benasuly, Benchimol, Bendayan, Bengoa, Beniflah, Bensabat, Bensimón, Berenguer, Bueno, Busfeha, Butler, Buzaglo… Apellidos musulmanes, cristianos y hebreos.

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No sé si os habéis dado cuenta pero nos miran raros cuando contamos que, en nuestra infancia, y en los años anteriores, los de nuestros padres, convivíamos todos juntos y que nunca había nada que nos hiciera pensar mal unos de otros.

Celebrábamos juntos el Mulud y el Aid el Kebir, el Passad y las Navidades, y si veíamos un cortejo fúnebre que se dirigía a toda prisa al cementerio musulmán, nos quedábamos quietos en silencio en las aceras hasta que pasaba el cortejo y sólo entonces seguíamos jugando.

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Cuando escribía los cuentos que forman parte de mi libro Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente, me daba cuenta de la riqueza que poseemos. Hemos sido muy ricos.

Y somos unos privilegiados.

Aprendimos a respetarnos sin que nadie nos obligara a ello. Surgió de una manera espontánea y natural. ¿Cómo iba a ser diferente si vivíamos en la calle, jugando de la mañana a la noche unos con otros, sin que supiésemos que podían existir diferencias entre nosotros? Ni las veíamos.

Si el padre de mi amigo Lotfi iba a la mezquita, si el padre de mi amigo Mesod iba a la sinagoga o si mi padre iba a la iglesia, no nos suponía nada especial. Era lo cotidiano.

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¿Qué niño cristiano no estaba deseando que se cocinara harira en Ramadán? Nos moríamos porque nos invitaran a tomar una taza de harira. Y si no nos invitaban, nuestras madres, las preparaban en nuestras casas. Qué harira hacía mi madre. Siento decirlo, pero era la mejor harira del mundo.

¿No era eso una especie de pequeño y humilde homenaje de respeto a la comunidad musulmana?

Y cuando Yebari montaba el pequeño estrado en su bazar para que los tres reyes magos pudiesen recibir a los niños cristianos para que les entregaran sus cartas pidiendo sus juguetes (yo entre ellos), ¿no era eso también una especie de pequeño y humilde homenaje de respeto a la comunidad cristiana?

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Y cuando nuestras familias acudían a la casa de unos amigos hebreos para felicitarlos por el Rosh Hashaná y nos daban manzanas mojadas en miel, ¿no era eso de la misma forma una especie de pequeño y humilde homenaje de respeto a la comunidad hebrea?

Y por eso, escribiendo esos cuentos de Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente, no sólo me di cuenta de todo esto, sino de que sigo atado de por vida a mis amigos, que forman parte de mi familia.

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Y decidí que debía rescatar ese espíritu y plasmarlo en un libro, y, gracias a eso, recuperar a los amigos y a los familiares para que nunca se pierdan en las páginas del olvido.

En cada cuento del libro, trato de que deambule cualquiera de mis amigos de aquí, y los homenajeo de esa forma; y lo mismo hice en mi novela Una sirena se ahogó en Larache. El 90% de los personajes son reales. Sois vosotros. Somos nosotros.

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Leer estos dos libros significa reencontraros a vosotros y a los que desgraciadamente ya no están. Porque yo quería que viviésemos para siempre. Convertirnos en inmortales. Que mi Larache no se olvide, que no la borren de la memoria.

Sé que ya no existen ni mis abuelos, ni Mina, ni Brital, ni el señor Gallego, ni don Aurelio, ni el mayor de los hermanos Yebari, ni tampoco Dukali, ni Juanito Vargas, ni Manolo Alvarez, ni Fadela Tadlaoui, ni estarán con nosotros María (la madre de Ange), ni nos cruzaremos con Mohamed Sibari, ni veremos llegar de nuevo a mi madre. Pero todos siguen vivos en mis libros.

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Y aunque estamos aquí, es fácil hallaros en mis cuentos, porque sois mis amigos, mis compañeros, mis paisanos, mis hermanos…

Sin ninguna duda, un día, también nosotros desapareceremos. Pero nuestros hijos abrirán estos libros y creo que habré conseguido que ellos descubran quiénes fuimos, y también sé, sin ninguna duda, de que se darán cuenta de que hemos sido los más ricos del mundo.

Sergio Barce, Larache, 10 de octubre de 2015

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