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LARACHE vista por… LEÓN COHEN MESONERO

León Cohen

León Cohen Mesonero me ha enviado un nuevo relato. Esto se está convirtiendo en una especie de buena costumbra entre ambos, o quizá sea una hermosa y fretarnal competencia por narrar todo lo que sentimos por Larache. Sea cual sea la razón, el hecho es que recibir los escritos de León son una buena razón para mirar Larache desde su prisma. Esta narración que hoy reproduzco es su particular visión, nostálgica y llena de cariño, a uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad: el Jardín de las Hespérides.

Ya que hoy termina el Rosh Hashaná al anochecer del día, qué mejor que pasear por el Jardín de las Hespérides aferrados a las palabras de León Cohen.

Sergio Barce, septiembre 2011

“…donde río, mar y tierra concertaron sus nupcias estivales mientras Hércules era amamantado justo arriba, en la colina,  junto al Jardín de las Hespérides”.

Camisas Mojadas (León Cohen)

Jardín de las Hespérides de Larache

 El Jardín de las Hespérides

Lo recuerdo circunscrito por sus alrededores: a la derecha, el cementerio de Lalla Mennana, a su izquierda, el edificio de Correos, enfrente, el colegio de la Alianza Israelita y una especie de “fondak”, y en su flanco trasero, las murallas del Castillo de la Cigüeña. En él desembocaba la “Calle Guerisa” o Calle Gris, callejón éste que yo solía recorrer a menudo, pues comunicaba  la Calle Italia con la Avenida de las Palmeras, en realidad era una suerte de “bypass” para unir la Medina con el pueblo nuevo.  El jardín era lo que ahora se conoce como parque, más bien de poca extensión y corto recorrido, con árboles muy altos y en el centro una pequeña jaula de “titís”. Recuerdo sobre todo el olor a mono, que siempre me ha repugnado. Los niños que éramos, atravesábamos el parque para salir a la conocida como Cuesta del Aguardiente. De esta cuesta, casi todos los niños larachenses de la época presumen de haberse tirado con el carrito de madera con ruedas de rodamientos. Para ser sincero, yo no tengo constancia en mi memoria de haberlo hecho nunca, aunque sí que recuerdo a algunos chiquillos que lo hacían con gran habilidad, pues había que ser muy diestro para controlar una bajada de pendiente bastante pronunciada.

¿Qué no sabrá ese jardín de amores prohibidos u ocultos, de encuentros secretos a la luz de la luna, de contrabandeo? Imagino a Zohra y a Rachid o a Rebeca y a Yusito o a Loli y Joaquín, paseando por la noche, en busca de las manzanas doradas de la inmortalidad (fruto del huerto que cuidaban las tres ninfas griegas, llamadas Hespérides) o en busca de rincones ocultos, donde dar rienda suelta a su amor hecho de efímera eternidad. Ignoro las razones por las que siempre situé en mi imaginación infantil, el encuentro de despedida del padre de mi prima Flora, ingeniero de caminos, canales y puertos venido de Bilbao y de mi tío Yudá (ambos republicanos) en algún lugar del jardín, días antes del Movimiento. Uno se fue a Venezuela y el otro sería una víctima más de la guerra fratricida. ¿Qué mejor lugar para un encuentro clandestino?

León del Jardín de las Hespérides – foto de Javi Lobo

Y los dos leones de mármol, esa pareja de custodios que sustituyeron a Ladón, el dragón de cien cabezas que dejó la diosa Hera en la mitología griega, para proteger su Jardín: ¿Qué o a quienes no habrán visto pasear por la Avenida de las Palmeras? ¿Recordarán aquel 18 de Julio, los disparos y el movimiento de camionetas cargadas de milicianos o de rebeldes, cuando estos últimos trataron de tomar el Edificio de Correos? ¿Y aquel día de 1956 cuando se armó la de Dios es Cristo contra el Raisuni? ¿Y los desfiles de la Victoria? Aquellos dos leones de mármol a la entrada del Jardín eran un símbolo y al mismo tiempo unas estupendas posaderas que todos los niños de Larache y los menos niños, montaron, agarrados a sus crines cual Samsones diminutos e imaginarios.

  ¡Ah mi jardín de la primera infancia, de mis primeros saberes y de mis descubrimientos!

¡Jardín de los mil secretos y de los mil encuentros!  

¡Jardín de los misterios!

¡Jardín de los frutos prohibidos!

¡Cuántas veces te recorrí y cuantas veces he vuelto a recuperarte en sueños!  

                                                           León Cohen, 2011

León Cohen sobre uno de los leones del Jardín, 1982

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TRES ORILLAS, un relato del escritor larachense LEÓN COHEN MESONERO

León Cohen Mesonero

Le he pedido a mi amigo y pasiano León Cohen que me enviara algún relato, y ha tenido la amabilidad de hacerme llegar el que reproduzco más abajo, en el que relata, de manera brillante, con ráfagas de emoción imposibles de disimular, los orígenes de su familia, curiosa y plural, y lo hace demostrando que las dos orillas, las tres que menciona, están tan estrechamente vinculadas, que es imposible comprender nuestro pasdado sin conocer y amar nuestras raíces. Y uno de los aspectos más importantes de su relato es el hecho de mostrarno la riqueza cultural de Marruecos, la que vivimos en Larache, ésa que hacía que fuera cual fuese el origen, la creencia o la fe de la gente, todos convivimos con respeto, enriqueciéndonos como personas.

sergio barce, agosto 2011

TRES ORILLAS

 La Otra Orilla (0)

Este relato nace de los flujos y reflujos migratorios entre las dos orillas que unen y separan a dos pueblos cuya historia se confunde en determinadas épocas y se aleja en otras. Este relato transcurre en cada una de las dos orillas, y sus protagonistas, como no podía ser menos, acaban unidos por el destino. Las dos orillas del Estrecho se convierten entonces en una sola, diluyéndose en un mismo mar. Pero existe, o eso dicen, una  tercera orilla, la orilla imaginaria, la orilla alternativa, la orilla utópica, la orilla invisible, donde confluyen las otras dos, la orilla a la que aspiramos, una orilla de encuentro, de armonía, una orilla simbólica que acerca caminos, que une voluntades, que hermana a los pueblos. La tercera orilla, aquella donde el oleaje no impide el desembarco. Una orilla donde la palabra nunca pierde su naturaleza como vehículo de comunicación y de entendimiento. La orilla donde uno adopta la manera de ser y el idioma del otro.

Larache, Medina

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No era la primera vez que le sucedía, de pronto el relato se detenía y no había manera de echarlo a andar. Como si se estancara la inspiración y no quedara más nada que decir o que contar. Como si el relato o el cuento decidieran que el camino que había tomado el autor no era el adecuado, que no se gustaban, vamos. Su reacción era siempre la misma: dejarlo donde estaba y darle vueltas a la cabeza, una especie de “brain storming” (tormenta de ideas), para ver si pasaba algo. Empezaba entonces a unir ideas sueltas de aquí y de allá, sin aparente conexión, y se ponía a escribir todo lo que se le ocurría, sin ton ni son. Recientemente había asistido como invitado a unas jornadas en Sevilla sobre los judíos hispano-marroquíes. Alguna de las teorías expuestas le había sugerido alguna reflexión, había calado en él. Pero como en otras ocasiones en eventos de esta índole, sobre todo se había dedicado a observar a los asistentes, tanto durante las conferencias como en los  actos más lúdicos.

Ninguno de los asistentes podía ni siquiera imaginar o intuir  que aquel comensal los estaba radiografiando uno a uno. Siempre había sido un observador muy lúcido,  casi un coleccionista del detalle. Se fijaba en todo: en la mirada, en el gesto de la boca, en la risa, en el tono de la voz, en las manos, en los ademanes, todo lo captaba y lo grababa como haría el mejor de los fotógrafos, sin parar de tomar instantáneas, en una sucesión de flashes. Con todos esos detalles compondría el retrato personal de cada uno de los asistentes observados. Porque eso sí, era muy selectivo y elegía a los sujetos de su observación según criterios intuitivos que no sabría explicar. Luego, esas observaciones y las sensaciones experimentadas producirían sus frutos, frutos estos que se manifestarían bajo formas diversas, como  el análisis reflexivo para rebatir o ahondar en alguna de las opiniones allí vertidas, o como el relato e incluso el cuento. Todo era posible. Por ejemplo, esta experiencia sevillana había reavivado en él determinados sentimientos, que le habían conducido a recuperar un relato inacabado e iniciado años antes, evidentemente relacionado con el tema de las jornadas. De algún modo este encuentro había actuado como catalizador.  

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Al llegar a Casas Bermejas viniendo de Cádiz, uno se encuentra con una curva pronunciada que le saca de la autovía y le dirige por una carretera secundaria hacia Colmenar, un pueblecito de la Axarquía. Peroantes, mucho antes, a la izquierda, sobre la ladera de una pequeña colina, se halla el cementerio judío de Málaga. En una de sus lápidas descansan los restos de  Jacob Cohén Levy (Larache 1917 – Algeciras 1997), larachense eterno donde los haya, que nació y vivió en Larache desde su nacimiento hasta 1975, y sobre cuyos apellidos descansa todo el peso de la historia y la tradición judías. 

DEBDOU

Su padre, Salomón Cohén Benhamou (Debdou 1870?-Larache 1941), nació en Debdou pueblecito judeo-bereber, conocido como la ciudad de los Cohanim (1), situado a unos 150 kms de Oujda, en su extremidad suroeste, cerca de Tahourirt. Cuando uno se adentra en la historiografía de este pueblo de la zona oriental o noreste de Marruecos, no puede menos que sorprenderse por sus peculiaridades, como las disputas tribales y el odio entre los clanes  familiares, como los Cohén-Scali y los Marciano (o Murciano) (2), que se mantuvo durante  siglos o la existencia de más de quince sinagogas, donde casi tocaban a una por “oulad” o clan familiar. Extraña también, que la población judía superara en número a la musulmana y sobre todo, que tantos judíos españoles se refugiaran en un pueblo tan mal comunicado y de tan difícil acceso. Salomón, como indican sus apellidos, perteneció a dos de los «oulads”  más renombrados de Debdou: los Kouhana (Cohanim) y los Ben Hammou. Los Ben Hammou eran habitantes autóctonos de Marruecos y por lo tanto anteriores a la inmigración sefardita. También podría ocurrir que Salomón fuera descendiente por línea paterna, de los judíos sevillanos que huyeron de Sevilla  en 1391 (3), lo que le convertiría en medio sefardita.

 

JACOB COHEN, padre de León, recogiendo el trofeo como ganador de tiro al plato en Larache

Su madre, Luna Levy Bohbot (Larache 1893- Dimona 1965), era una de los más de 2500 judíos sefarditas de una población total cercana a los 5000 habitantes que poblaban Larache en 1903 (4) y donde por lo tanto los sefardíes, como en Debdou, eran mayoría. Hija de David Levy y de Simy Bohbot, nieta de sefarditas larachenses y biznieta y mucho más, hasta donde se remonta la memoria dela Inquisición, cinco siglos antes.

Como representante genuino de las dos orillas del Estrecho de Gibraltar, por historia familiar y personal, y como crisol de culturas: la sefardí, la española, la marroquí y la francesa, el autor de este relato, andaluz convicto y convencido, se atreve a reivindicar su linaje bereber, marroquí y larachense, como también su condición de español por ambas ramas, la paterna y la materna, la sefardita, la de los Cohen-Levy y la castellana vieja, la de los Mesonero segovianos.

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 Aquel nueve de febrero de 1968 su padre volvió antes de tiempo del trabajo y le contó una historia que hoy, pasados cuarenta años, no sabría si catalogar como verdadera o falsa. El caso es que a la tarde del día siguiente tenía (imperativo categórico) que abandonar Tánger rumbo a Algeciras. La sorpresa lo dejó descolocado: pero cómo, se preguntó, si él nunca había vivido en España, es más, la última vez que la visitó fue en el año 58, aquel verano que pasaron en el pueblo de su madre. Un pueblecito castellano, situado a medio camino entre Segovia y Villacastín. Todavía no sabía por qué pasaron  aquellos dos meses de verano en un lugar tan caluroso. El trayecto a Algeciras era un paseo en barco de apenas quince kilómetros, pero para él en esa circunstancia, iba a ser mucho más, intuía que iba a emprender un viaje de ida sin vuelta. Realmente se disponía a emigrar a otro país del que sólo conocía el idioma, bueno el idioma y algo más, puesto que el Marruecos que él conoció era un apéndice de España y además él era español.

Mientras el ferry se alejaba y le alejaba para siempre de la que hasta aquel día y desde siempre había sido su tierra, sí su tierra, la que albergaba todas las referencias y referentes de su corta vida, recordó su pasado y a sus antepasados. Por línea paterna, su abuela provenía de aquellos judíos que los católicos expulsaron de Sefarad, pero es probable, que aquellos mismos judíos acompañaran a los árabes cuando invadieron la península que todavía no era España, siete siglos antes. El determinismo histórico en forma de invasión primero y posteriormente en forma de reconquista, obligaba de nuevo a judíos y árabes a cambiar de orilla. La independencia de Marruecos, quinientos años más tarde, produciría un fenómeno semejante en sentido contrario. En cuanto a su  abuelo paterno, se trataba de un poblador aún más antiguo de lo que hoy conocemos como Marruecos. Cuentan que era un cohanim, fiel cumplidor de los preceptos de la Torá, de esos únicos, a los que les está permitido en la sinagoga, subir al estrado y sacar el Sefer (los Rollos de la Ley) sin cubrirse, mientras el resto de los asistentes se han de tapar con el Talet (manto sagrado). Como la mayoría de los judíos de Debdou cabe imaginar que se dedicaba al comercio, transportando mercancías o productos agrarios de un lugar a otro. Había contraído matrimonio con una judía de su pueblo con la que tuvo cinco o seis hijos, y a la que abandonó, cuando decidió emigrar a Larache.  No conocemos las causas de ese abandono o divorcio familiar, como  también ignoramos cómo llegó aquel judío bereber de Debdou a Larache, si más de mil kilómetros separan ambas ciudades. Fue muy a principios del siglo pasado (1903?), cuando una buena mañana de invierno, Salomón Cohen Benhamou,  emprendió viaje junto a su hermano menor y otros compatriotas. Cuando Salomón decidió iniciar su exilio (a falta de datos, hay que imaginar que por razones personales o relacionado con las persecuciones de judíos por el Rogui o el Pretendiente, también conocido como Bou Hamara (5)), estaba sin saberlo escribiendo el destino de sus descendientes. Le imagino cargando los fardos que contenían todas sus pertenencias sobre su burro, como si cargara el peso de todala Historia de la Diáspora  sobre el animal.

Aquella diáspora que como se sabe, se inició cuando la segunda destrucción del Templo por Tito, y los judíos tuvieron que abandonar Palestina  y se dispersaron por el mundo. Un mundo que los acogió según las épocas y los lugares, con hostilidad o con hospitalidad, que los protegió y que los expulsó, que los amó y los odió. En Sefarad se instalaron antes y después de la invasión árabe y se convirtieron en sefardíes. Se impregnaron de, e impregnaron a, la cultura de sus huéspedes. Nadie puede ser ajeno a su entorno y por lo tanto a la cultura que lo rodea. Ante los argumentos obtusos, de algunos que se han instalado hoy día, en la diferencia y en el nacionalismo más exacerbado, nosotros los sefarditas, debemos levantar la bandera de nuestra riqueza cultural y de nuestro cosmopolitismo, de nuestra alma abierta a horizontes multiculturales, que permitió que la historia de tantos países esté regada de nuestra innegable influencia y que todos recuerden con nostalgia nuestro paso. Así en Toledo como en Granada, Córdoba o Estambul o  Salónica o enla Alfamade Lisboa o en Larache o en Tetuán, nadie puede olvidar que allí vivieron, tuvieron hijos y murieron unos hombres y mujeres que dejaron su huella indeleble a través de su arquitectura, sus costumbres culinarias, su pacifismo y su amor por el estudio y la convivencia. Eran judíos venidos de muy lejos a los que más tarde la historia convirtió en los expatriados más añorados y a los que llamaron sefarditas.

En esa misma fecha, Victoriano Mesonero tenía dieciséis años y ya era novio de Isidora Bermejo, ambos naturales de Zarzuela del Monte, más que pueblo, una aldea perdida en la estepa segoviana. Debdou, Zarzuela, tan lejos, tan cerca, de nuevo las dos orillas. Victoriano, más conocido como el Tío Fraile, era zapatero y barbero, en él se unían dos profesiones tan útiles como necesarias. Además era un experto cazador de los páramos castellanos, cazador de perdices y de conejos.

Marruecos, país de leyenda y de leyendas, era para él un lugar tan alejado en la distancia como en la cultura. Victoriano y Salomón nunca llegarían a saber el uno del otro, a pesar de que ambos contribuirían inconscientemente a la unión de sus descendientes desde las dos orillas del Estrecho. Una vez más, a través de ellos la historia se repetía, y las dos orillas volverían a encontrarse en un destino común, que el autor de este relato ha dado en denominarla Tercera Orilla. 

                                  León Cohen,   Noviembre 2010

 Notas:

(0): Tres Orillas es el nombre de una revista literaria que se publica anualmente en Algeciras,  con la pretensión de ser vehículo de transmisión de cultura  a ambos lados del Estrecho. Su directora y alma de la revista es la gran escritora Paloma Fernández Gomá. La elección del título de este relato es un homenaje a su persona. 
(1): Eliyahou Marciano: Debdou H’ir hacohanim  ( Debdou, la ciudad de los Cohén)
(2): Eliyahou Marciano: Une nouvelle Seville en Afrique du Nord: Histoire et généalogie des  juifs de Debdou. Editions Élysée. (2007). ISBN: 088545099X.
(3): ibid : L’Expulsion d’Espagne de 1391
(4): Según el  relato de un viajero francés.
(5): … Bou Hamara, quien, usurpando la personalidad del hermano mayor del sultán Abdelaziz y con la promesa de expulsar a los extranjeros consiguió el respaldo de algunas cabilas del Rif. Durante siete años, de 1902 a 1909, Bou Hamara, el Rogui como también se le conocía, estableció de facto un reino independiente en el nordeste marroquí, rechazando a los ejércitos del sultán, y manteniendo una relación amistosa con franceses y españoles. El verano de 1907 otorgó la concesión de explotación de las minas de hierro del Monte Uixan a la companía española de Minas del Rif a la que también dio permiso para construir un ferrocarril que las enlazara con Melilla, y las minas de plomo del Monte Afra a la Compañía francoespañola del Norte de Africa. Estas cesiones fueron percibidas por los rifeños como una traición , y no tardaron en rebelarse contra el falso Rogui poniendo así punto final a sus ambiciones.

León Cohen, junto a Laabi, durante la cena de las Jornadas Culturales de Diciembre 2004, que «Larache en el Mundo » organizamos en nuestra ciudad

León Cohen Mesonero, nació en Larache, y en 1968 se trasladó a España. Es Doctor en Ciencias Químicas y catedrático de Ingeniería Química de la Universidad de Cádiz. Además de artículos científicos, haber escrito varios libros de textos técnicos y artículos de opinión en el diario “Europa Sur”, León Cohen, en su calidad de narrador, ha publicado relatos en diversas antología como  Caminos para la Paz (C. Ricci, I.López Calvo, 2007), Viajes a Larache (M. Laabi 2007), Calle del Agua (Manuel Gahete y otros 2008), en revistas como “Tres Orillas” y “Entreríos” es autor de los siguientes títulos:  “Relatos robados al tiempo” Año 2003. Editorial: www.librosenred.com,  “Cabos Sueltos” Año 2004. Editorial: www.librosenred.com  y edición en papel del autor en 2004.  “La Memoria Blanqueada”. Año 2006. Editorial: Hebraica de Ediciones Madrid. www.libreriahebraica.com, y es coautor de “Ufrán Año 2010. Hebraica de Ediciones  Madrid. Y «Cartas y Cortos » (2011), del que hice un extenso comentario al ser publicado en este blog.

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En Algeciras, este jueves, 7 de julio, presentación de «Cartas y cortos» del escritor larachense LEÓN COHEN

Este Jueves, 7 de Julio, a las 20.30 horas

en la Fundación Municipal de Cultura José Luis Cano, de Algeciras

Presentación del libro


La presentación correrá a cargo de Paloma Fernández Gomá y Francisco Trujillo Espinosa 

Podéis encontrar más información sobre «Cartas y cortos» en este mismo blog.

Contacto con León Cohen:  leon.cohen@uca.es

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Sale CARTAS Y CORTOS del escritor larachense LEON COHEN MESONERO

<Te escribo desde la distancia y desde el tiempo. Hay un tiempo para el silencio, un tiempo para el amor, un tiempo para el recuerdo, un tiempo para contar las verdades y otro para ajustar las cuentas pendientes>

(Extracto de <Carta a mi prima>)

El pasado 23 de abril, os anunciaba que estaba a punto de salir el nuevo libro del escritor larachense León Cohen MesoneroCartas y cortos” (Hebraica ediciones, 2011).

Pues bien, ya tenemos el libro en la calle hace unos días. Se trata de una colección de pequeños textos, como ya anuncia el propio título cartas y otros escritos, que repasan, de manera directa unas veces e indirecta otras, la vida y el pensamiento de su autor. En el anuncio que hacía en su momento sobre este libro, reproduje una de las cartas, “Carta a mis tías”, llena de nostalgia y de cariño hacia sus familiares. En el libro encontramos misivas muy personales, como la mencionada, la dirigida a su prima (devastadora y triste), a su nieto Alejandro (preciosa), las que escribe a varios de sus amigos, y también otras a personajes como el actor José Luis López Vázquez e incluso a algún desconocido. A veces, incluso, León Cohen se “disfraza” para escribir en nombre de otros, como en “Carta a una amiga americana” en la que es Lafifa Guernati quien escribe para describir la vida de una mujer musulmana.

 <Carta a Alejandro:

Querido Alejandro: Esta mañana cuando te he llevado al cole, me he emocionado como aquel primer día en que mi abuela Luna me llevó a la escuela francesa de Larache, hace ahora cincuenta años. Verte a ti y a tus compañeros tan diminutos, tan indefensos e inocentes, tan dispuestos, tan obedientes y risueños, quizás nerviosos, ¿qué o en qué pensarían y cuál sería su estado anímico? Mi querido nieto, han pasado tantos años desde que a mí me sucediera otro tanto en un mundo en blanco y negro, no estoy seguro sabes, pero en aquella época los primeros días de colegio eran más grises y tristes que hoy día. ¿Sería que el tiempo se acompasaba con la oscura cotidianeidad? Mlle. Beniluz, la maestra y el pequeño Mustafa mi primer amigo en el cole y también años después, han vuelto de nuevo desde un rincón profundo de mi memoria. Cuánto tiempo, no sé si pensar que siento nostalgia, creo que no, pero no he podido evitar sentir el mismo nudo en el corazón y las lágrimas como entonces han brotado, aunque de forma diferente por supuesto, quizás pensando desde el otro extremo, desde el mío de abuelo, en tu desamparo frente a lo extraño. Antaño me sentí abandonado y solo ante el peligro por vez primera. Quizás también recordando a mi abuela, recreando aquel día tan importante para mí, tan importante para ti hoy, he podido sentir todo tu cariño cuando me has apretado con tu manita, cuando me has mirado, me has transmitido tu ternura, he podido sentir incluso la impotencia de no poder comunicarme contigo para que me contaras tus emociones y sentimientos. Ha sido en fin, una mañana especialmente emotiva para un abuelo como yo, contemplando a su nieto como ese pequeño ser indefenso y tierno que era esta mañana. Un abuelo y un nieto difícilmente llegan a acercarse generacionalmente por la insalvable distancia que los separa. Tú siempre serás un niño para mí, lo mismo que yo un viejo para ti. Mañana te escribiré una carta contándote cosas que leerás cuando seas mayor o cuando yo ya no esté para mirarte desde la ternura que me inspiras.>

Luego, en los “cortos” la multiplicidad de los temas abordados son variados, desde la visión desilusionada por Tánger hasta reflexiones sobre qué quedará cuando el propio autor ya no exista; y sus homenajes a Ernest Lluch, a Alberti, pero también a Marrakech y a su pueblo: Larache, especialmente a Larache…

Bar Selva

<(…) El espíritu de mi pueblo son sus bares: El Central, el Selva, el Cocodrilo, el Mauri, el Cuatro Caminos, el Marquesina…

El espíritu de mi pueblo son sus topónimos: el Hotel España, La Zamorana, Claudio Berjón, Panadería Alarios, Garaje Mártinez, Garaje Recober, Librería Damián, las tiendas de Ultramarinos de Antonio Español y de Carmelo Rosendo, Almacenes Pulido, Farmacia Amselem, Zapatería Bata, Imprenta Cremades, Ferretería el Yunque, Pastelería Ayuso, Mi Sastre, La Bandera Española, Casa Martínez, Farmacia Albarracin, Cine Ideal, Cine Coliseo, Cine Avenida, Casa Ros, el glorioso Chabab (Facundo, Buchaib, Said, Riahi, Montero, Emilín), Zapatería Companys, El Chivato, Emquíes, Kassem. La Compañía Lukus, la Fábrica de Harina, Las Navas, Cuatro Caminos, La Cuesta del Aguardiente, La Escañuela, La Guagua…

El espíritu de aquel pueblo es mucho más, es aquello que nos habita y nos acompaña a todos los que un día fuimos parte de él. Es aquello que una mañana al despertar o una tarde cualquiera al doblar una esquina, resurge y renace en todos y cada uno de los que al abandonarlo, nos llevamos un trozo pequeño del alma de aquel pueblo.>      

(Extracto de <El espíritu de mi pueblo>)

Bar La Marquesina

En fin, un libro entretenido, fácil de leer, con múltiples aspectos y variedad de temas que León Cohen aborda con serenidad, con un estilo conciso y bien armado para lo que pretende, y si se quiere ir leyendo poco a poco, a sorbos, es un libro ideal para ello.

Sergio Barce, junio 2011


León Cohen Mesonero

 PARA RECIBIR MÁS INFORMACIÓN:

Prof. Dr. León Cohen Mesonero
Catedrático de Universidad – Dpto Ingeniería Química y Tecnologías de Alimentos
Universidad de Cádiz
Avda Ramón Puyol s/n
11202 Algeciras
e-mail : leon.cohen@uca.es

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CARTAS Y CORTOS de LEÓN COHEN MESONERO

León Cohen Mesonero

Cartas y Cortos

hEBRAICA EDICIONES

León Cohen, escritor larachense, publica en los próximos días su nuevo libro «Cartas y Cortos» (Hebraica ediciones, 2011). Parece que últimamente los autores larachenses nos prodigamos mucho más que antes, y siempre es una alegría para mí poder dar la noticia del trabajo de algún amigo. León Cohen lo hará en pocos días, razón suficiente para comunicarlo a todos vosotros.       Sergio Barce

Como aperitivo de su libro, reproduzco a continuación una pequeña parte de una de las cartas que León incluye en su libro,

así como el prólogo que le ha escrito la poetisa Paloma Ferández Gomá.

Carta a mis tías

(fragmento)

«Crecí  entre mujeres solitarias. Mi abuela Luna enviudó muy joven. Mi tía Raquel nunca tuvo marido, dedicó su vida a educar a su única hija. Mi tía Mery fue madre soltera y murió muy joven. Mi tía Simy, se separó a los seis meses de casada y no volvió a convivir con ningún hombre hasta su muerte con noventa años. Fue solidaria con su hermana Mery y adoptó al hijo de ésta como suyo. Sus primas hermanas Simy y Alló también vivieron la mayor parte de sus vidas solas. Lo sorprendente de todas estas mujeres, hermanas y primas de mi padre, es que nunca necesitaron a hombre alguno para recorrer sus caminos vitales. La ausencia del hombre era lo característico de la casa de mi abuela Luna. Esa capacidad de la mujer para prescindir del hombre como pareja o como sostén. La relación de estas mujeres con los hombres fue de protección, como madres o como hermanas. Esa convivencia con aquellas mujeres autónomas, me llevó al conocimiento temprano de la fortaleza y de la superioridad manifiesta de la mujer sobre el hombre en su enfrentamiento con la vida. Ese conocimiento me condujo a respetarlas y a admirarlas desde muy niño. Aquellas mujeres libres y valientes que se llamaron Simy, Raquel, Alló o Luna, de las que recibí mi educación sentimental,  sin ellas proponérselo.

 Escribir una carta transcurridos cincuenta años, teniendo además la certeza de que no os va a llegar, es un intento vano. Pero la carta puede llevar implícita una segunda intención y espero que me sirva al menos a mí como terapia y exculpación. Uno siempre mantiene con sus muertos un sentimiento ambiguo, a medio camino entre la culpa y la deuda. Como si les debiera una explicación, como si ellos preguntaran o quisieran saber por qué nunca más he  vuelto a hablar con ellos, como si tuviera una necesidad imperiosa de devolver parte del cariño recibido. Esta carta siempre ha estado persiguiéndome, siempre ha esperado a ser escrita. Esta es una carta debida, el pago por una deuda de amor, un homenaje póstumo, un tributo al cariño que nos profesamos, un retorno al pasado, a un universo repleto de momentos mágicos. Más tarde o más temprano, el tiempo nos devuelve al jardín de la infancia, al jardín de los recuerdos, que para mí siempre será el Jardín de las Hespérides…»

Jacob Cohen, padre de León


NOSTALGIA DE LA LUZ, prólogo a «Cartas y Cortos» de Paloma Fernández Gomá:

«León Cohen Mesonero, profesor de la Escuela Politécnica Superior de Algeciras (Universidad de Cádiz), es un escritor que cuenta con una obra amplia y sólida; su narrativa abre horizontes históricos recordando  un pasado que revive todos los instantes que existen en la memoria del autor y lector. Entre sus obras anteriores podemos citar: RELATOS ROBADOS AL TIEMPO, CABOS SUELTOS, LA MEMORIA BLANQUEADA, también colabora habitualmente en revistas culturales de difusión internacional y su obra ha sido recogida en diversas antologías de Literatura  Contemporánea Hispanomagrebí.

León Cohen

 Que sirvan estas palabras a modo de introducción para acercarnos a la última obra de León Cohen Mesonero: CARTAS Y CORTOS , haciendo así una breve semblanza de su fecunda y multicultural trayectoria literaria, siempre avalada por su exquisito discurso narrativo, que nos invita a adentrarnos en el disfrute de su magnífica prosa.

León Cohen divide su libro en dos capítulos o apartados: Cartas y Cortos.

En el primer apartado reúne un total de 14 cartas, que merecen ser leídas en rigor, pues reflejan un discurso literario bien conformado y elocuente que adentra al lector en el mundo que el autor quiere mostrar desde una perspectiva subjetiva, pero abierta a comentarios o cambios, ya que León Cohen nos abre las puertas de sus convicciones, vivencias y recuerdos desde un umbral expositivo que siempre enseña modos de vida entre el respeto y el conocimiento del “otro”. En definitiva el capítulo Cartas supone un dominio absoluto del género epistolar.

En la primera Carta titulada, Carta de un ciudadano corriente, León Cohen se presenta a sí mismo ante el lector. Y después escribe a una amiga americana, a Alejandro,  a su prima; todas estas misivas suponen una suma de contrastes entre la personalidad del autor, siempre bien definida y abierta al mundo de la tolerancia, lo cual  evidencian las demás cartas que suceden a las anteriormente mencionadas, y el mundo exterior donde acontecen las vivencias que se interconectan con una educación y un pensamiento, que será el que vaya descifrando en clave de “yo personal “ único e intransferible  todo aquello que el autor nos comenta o comunica en  Cartas y Cortos.

En Carta a un amigo virtual, León Cohen confiesa ser un misántropo irreconciliable y en otra misiva nos manifiesta su admiración por el actor José Luis López Vázquez. Las vivencias que tuvo en Larache durante su infancia, nos las deja plasmadas en la epístola dedicada a sus tías. A Jacabo Israel Garzón le recuerda que él es solidario con su pueblo y se reconoce heredero de la educación recibida junto a su abuela y toda la familia de su padre.

Nuestro autor no olvida la poesía  y escribe a Luis García Montero.

El apartado epistolar se cierra con tres cartas dedicadas al hijo de su profesor de inglés, a Agapito y a un joven.

Todas sus misivas son exponentes de una personalidad abierta y solidaria  de un hombre que reúne en sí el legado de tres culturas: árabe, judía y cristiana, que nació y vivió en Larache, en Tánger  y en Algeciras , donde vive en  la actualidad.

 León Cohen es un escritor de espíritu que mira al mundo, un creador innato, que con la fuerza de su palabra nos invita a convivir en una sociedad intercultural y de respeto mutuo.

El capítulo Cortos está configurado por artículos a modo de fotogramas rápidos escogidos de la experiencia , que descifran el pensamiento de nuestro autor  con respecto a diferentes temas. Empieza este  capítulo con un artículo fechado en 1976 donde el autor recorre los datos más significativos de todo lo vivido. Después va desglosando sus  impresiones en un poema titulado Luna: Tres años, dedicado a su hija y fechado en 1981, para pasar, ya plenamente a la narrativa con el artículo Rusia firmado en 1991.

Un total de veintisiete artículos  conforman esta apartado donde: El telediario de las tres, Adiós a Kubala, Los niños de Belfast. Grito de Paz. El guarda de la sinagoga. Hassan II el gran seductor. Sarajevo, Sarajevo. Marrakech. El espíritu de mi pueblo. A Ernest Lluch. Qué dirán de mí cuando haya muerto 1 y 2. Aquel 10 de Febrero 40 años después. Despedidas o Cabos por atar, con el cual  el autor pone punto final al libro y que nos deja  una serie de reflexiones esbozadas  sobre la existencia y la vida del hombre, razones para seguir viviendo o replanteamientos para dar una respuesta coherente a todo aquello que nos atañe o envuelve como personas.    

Los textos antes citados conforman, entre otros,  un amplio retrospectivo y sugerente caleidoscopio que nos permite asomarnos a la pletórica narrativa de León Cohen Mesonero, un escritor que es referencia para acercarse y conocer más y mejor las tres culturas del Mediterráneo.»

PARA RECIBIR MÁS INFORMACIÓN:

Prof. Dr. León Cohen Mesonero
Catedrático de Universidad – Dpto Ingeniería Química y Tecnologías de Alimentos
Universidad de Cádiz
Avda Ramón Puyol s/n
11202 Algeciras
e-mail : leon.cohen@uca.es

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