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Pequeño homenaje a mi padre – «ELLOS VUELVEN A LARACHE», RELATO DE SERGIO BARCE

Mi padre, ANTONIO BARCE, nacido en Larache

 

 Hace pocas semanas, dos de los hermanos de mi padre fallecieron con pocos días de diferencia. Se llamaban, se llaman Pepe y Carlos, pero desde Larache siempre se les ha conocido como Pepete y Charles. El primero murió después de una larga enfermedad, y por propia decisión; para él la vida ya no tenía sentido desde que dependía de una máquina de diálisis y dejó de acudir a sus sesiones, abandonándose a la suerte, que en estos casos es esquiva. El segundo, curiosamente, lo hizo por una enfermedad tan rápida como el fulgor de una estrella, presintió su partida, dijo que moriría en veinticuatro horas y cumplió su vaticinio un día después.

  Pepete vivía, vive, cerca de mi padre, en Málaga, y mi padre, Antonio Barce, ha visto desaparecer a su hermano día a día, igual que una fotografía que se difuminara con el tiempo. Charles vivía, también vive, lejos de mi padre, en Barcelona, y mi padre lo ha visto marcharse desde la distancia, como un pasajero que le saludara desde la cubierta de un barco, de regreso a Marruecos.

Album familiar – LARACHE Mi abuelo MANUEL BARCE en el patio de la casa de las Navas  – Mi padre en las gradas del Santa Bárbara – Mi padre y unos amigos en la Plaza de España

 

 Yo apenas conocía a Charles, le vi sólo una vez en Málaga hace más de treinta años cuando llegó con la caravana de la Vuelta Ciclista a España. Era un aventurero, y vivía a salto de mata. Le recuerdo con una melena larga, sonriente, delgado y fibroso, un manojo de nervios, de esa clase de persona que se come el mundo porque piensa que la vida es el presente. Estuvimos juntos todo ese día, y puedo rememorarlo nítidamente, casi minuto a minuto. A Pepete lo he visto envejecer, he jugado con él al dominó y al fútbol, hemos pasado días en la playa y en el campo, mis padres y mis tíos siempre pasaban juntos los fines de semana. Pepete solía hacer chuparquía, como un maestro repostero. Creo que era la mejor chuparquía que he comido nunca, ni siquiera en Marruecos la he tomado tan deliciosa.

   En el cementerio, acompañé a mi padre a tomar un café mientras se velaba el cuerpo de Pepete. Cuando volvíamos sobre nuestros pasos, comenzó a hablarme de él. Su rostro se fue contrayendo lentamente, como si el dolor le comprimiera el alma. Entre sollozos, me decía: “Parece mentira… Cómo se nos ha ido la vida… Parece que fuera ayer cuando mi hermano llegaba al Barrio de las Navas, elegantemente vestido con su traje de doble pecho y muy bien peinado… Las niñas se asomaban para verlo llegar, era el más atractivo del barrio. Y mi madre, mi madre lo veía desde la puerta de la casa, salía, y se ponía a bailar, y daba voces para que las vecinas se asomasen: ¡Ahí viene mi negro! ¡El más guapo! ¡Dios mío, qué guapo es mi negro! Y Pepete sonreía, le encantaba que su madre armara esa jarana cuando él regresaba a la casa… Aún lo veo, joven, comiéndose el mundo…”

   Pepete se parecía a Rossano Brazzi. Su piel era algo oscura, por eso mi abuela Salud le decía “mi negro”. Y es verdad que ella, con raíces gaditana, salerosa, graciosa, le bailaba para recibirlo, porque era su hijo favorito.

   Abracé a mi padre por encima del hombro, y continuamos andando, mientras él seguía hablando para sus adentros, preguntándose dónde estaba ese joven que se llevaba de calle a las niñas del Barrio de las Navas de Larache, preguntándose cómo se habían ido los años sin que nadie hubiera hecho nada para impedirlo.

   Mi tío Pepete y mi tía Maruja se conocieron en La Bandera Española, la tienda de confecciones que estaba donde hoy se ubica el Bazar de Yebari. En La Bandera Española trabajaba mi abuelo paterno, Manuel Barce, y Pepete era uno de los empleados que atendían tras su largo mostrador. Mi tía no imaginó que cuando entró a trabajar allí conocería al que sería su hombre. Desde entonces, hasta hace apenas unas semanas, siempre han estado juntos. También a ella todo le parece un sueño envenenado, como si hubiesen transcurrido apenas unos pocos años desde que le viera por primera vez.

   Precisamente hace un par de años que El Hachmi Yebari reformó su Bazar. Iba a pintar la fachada. Al raspar los pintores la pared del frontal, fue apareciendo, poco a poco, el fantasma de La Bandera Española. Estaba ahí debajo, como aguardando al día en el que poder volver a asomarse a la Avenida Mohamed V. Era una imagen inquietante, pero a la vez emocionante. Todos los recuerdos de mi familia paterna parecían escapar de la fachada de ese edificio… Mis tíos, Pepete y Maruja, sellaron su amor bajo ese nombre, bajo el techo de esa tienda, hace muchos años, hace apenas unos días en realidad.

     

Me pregunto qué cruzará por la cabeza de mi padre. Eran seis hermanos, y ya quedan tres. También Carmela partió a ese extraño viaje hace ya unos años. Debe ser confuso ver morir a tus hermanos. Es como si la vida comenzara a parpadear a tu alrededor. Hay dos nuevas arrugas en el rostro de mi padre, y dos nuevas muescas en su corazón. Aunque aturdido, ahí sigue, bregando a la cabeza de la familia, como el buen timonel que ha sido, que es, que seguirá siendo para mí y mis cuatro hermanas. Nuestra referencia. Nuestro ejemplo. Él y mi madre, que continúan declarándose su amor día a día, como si aún fueran a escaparse al Cine Ideal para poder darse un beso en la oscuridad de la sala, como cuando hace unos días eran novios y Sibari les hacía de carabina…

Mis padres ANTONIO BARCE & MARÍA GALLARDO

 

Eso me pregunto, qué cruzará por la cabeza de mi padre. Pocos días después de que Pepete se marchara, le siguió Charles. Tal vez piense que su otro hermano no quería que hiciera solo ese largo viaje de regreso a la ciudad en la que nacieron. Mi abuela Salud está enterrada en el cementerio de Larache, y seguramente los habrá esperado a la puerta del recinto, y al ver a Pepete se habrá puesto a bailar, y a cantar, y a gritarle a los fantasmas del ayer “ahí vienen: Pepete, el más guapo, ¡mi negro!, ¡Dios mío, qué guapo es mi negro!, y viene con lo que más quiero, mi Carlitos… ¡esos son dos de mis niños! ¡Miradlos!”

 Sergio Barce, julio 2011

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Mi novela UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE en Radio Nacional RTVE

PODÉIS VER LA ENTREVISTA QUE EL ESCRITOR MOHAMED CHAKOR ME HA REALIZADO 

VÍA INTERNET EN LA PÁGINA

 www.rtve.es

pulsando –   A la carta,  Segunda Cadena,  programa «Islam, diálogo y convivencia»

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ESTE DOMINGO –  31 DE JULIO

en Radio Nacional, RADIO UNO,

a partir de las 5:40 horas de la mañana (hora española, menuda hora, lo sé)

se emite un programa en el que hablaré sobre mi última novela

Sin embargo, podréis escucharlo también, a partir de su emisión, accediendo por internet a la página

 www.rtve.es

en Radio a la Carta – Radio Uno (RNE) – programa <Fe y convivencia>  «Islam, diálogo y convivencia»

Y EL DÍA 28 DE AGOSTO,

EN TELEVISIÓN ESPAÑOLA,

A LAS 8:20 DE LA MAÑANA, EN TVE 2,

 

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RAMADAN MUBARAK!

A todos mis amigos musulmanes, a punto de comenzar el sagrado mes del Ramadán, os deseo RAMADAN MUBARAK

Sergio Barce

Como curiosidad, os adjunto el comentario que hacía el periódico LARACHE en julio de 1979 sobre la fiesta del Ramadán de aquel año:

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El CINE IDEAL de LARACHE ya sólo existe en nuestro recuerdo

Hace unos días, Fátima el Bouhtoury me pidió que le enviara alguna información sobre quiénes construyeron la Plaza de España, aquélla que todos tenemos en mente, aquélla belleza de mosaicos con grabados de El Quijote, aquélla rodeada de palmeras, aquélla que atraía a los niños, que nos atraía a los niños, porque allí podíamos ver peces de colores…

Tres larachenses muy cercanos a mí: Ange Ramírez, Fátima el Bouhtoury & Mohamed Sibari

Se me ocurrió bucear en el magnífico libro “Larache. Evolución urbana”, editada en 2001 por la Consejería de Obras Públicas y Transportes y la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, dirigida por Pedro Campos Jara y Guillermo Duclos Bautista. Y entre su rica información, le facilité los siguientes datos:

“…se construye en 1917 el edificio modernista del Matadero, y ya en 1914 se habían iniciado las gestiones para construir el Hospital Civil. De este último edificio se realizaron varios proyectos sobre diferentes localizaciones, comenzando en 1914 el ingeniero Antonio Álvarez y Redondo por un lado, y el arquitecto Carlos Ovilo por otro, proyectando este último el mismo edificio tanto para Larache como par Tetuán. Finalmente, no se llevó a cabo ninguno por una u otra razón hasta que en la década posterior se redactara el definitivo por parte de José de Larrucea sobre el Castillo de San Antonio, hoy conocido como Castillo Lakbibat. En 1920 estaba en obras el grupo escolar España, actual colegio Imam Malek, primer centro escolar de Larache.

(…) A comienzos de la década de 1920, (…) es la época de construcción, como hemos dicho, de la Plaza de España, derribándose para ello parte de las murallas y el antiguo revellín del siglo XVII que defendía la puerta del Campo…

plaza de españa – foto de Ricardo Barceló

(…) En el año 1926, se reactivaron las obras de pavimentación de la plaza de España, comenzadas años antes bajo la dirección del ingeniero municipal Urzáiz, alrededor de la cuál se situaban los recientemente construidos edificios de viviendas que la circundaban, característicos por su arquitectura tradicional incorporadota de varios estilos que van a aunar en muchos casos la tradición hispanoárabe… (…) Es el periodo de ejecución de las infraestructuras urbanas, recogidas por el ingeniero Montalbán en su plano de Larache de 1927.

…El ingeniero Pascual Aragonés proyecta el puente sobre el Lukus en 1925 y las mejoras del puerto en 1927.

José de Larrucea proyecta el edificio de Obras Públicas y Construcciones, hoy Baladiya, de 1928; y también proyectó el edificio para Colonización y Turismo y el de Correos y Telégrafos, también en 1928.

En 1929-30, Larrucea proyectó la escuela Hispano-Israelita, sobre un fondac cercano al puerto, la actual escuela Ibn Hazm.

Urzáiz hace el proyecto para poner en funcionamiento el Mercado de Abastos, y lo ejecuta Blas Bustamante.

La Iglesia del Pilar, iniciada en 1927 y terminada en 1931, fue proyectada por los arquitectos Bergamín y Blanco, Larrucea fue el director de las obras.

Muchos de estos edificios fueron levantados por construcciones Rossel, que en aquella época era la principal empresa constructora que actuaba en Larache.

Cine Ideal

A partir de los años 30, es significativo en Larache la construcción de edificios en los que se advierte la incorporación de conceptos y estilos arquitectónicos reveladores de las vanguardias europeas del momento. Entre ellos, podemos destacar el racionalismo del Cine Ideal, los tintes expresionistas del actual Consulado de España, viviendas particulares, individuales o agrupadas en conjuntos, que recogen temas compositivos tradicionales sobre esquemas racionalistas ágiles y sencillos, todo ello dando origen a un patrimonio edificado de gran homogeneidad. Igualmente, ocasionado por el notable aumento de la población, se llevaron a cabo construcciones de viviendas sociales, casas baratas, destinadas a musulmanes, a españoles o mixtas, destacando las situadas a ambos lados de la carretera a Alcazarquivir. Es también época de obras de ampliación del puerto, llevadas a cabo por Gil Delgado en 1934…

Plaza de España

(…) y se dice de la Plaza de la Liberación: “Construida en el Primer período 1922-1927. Espacio urbano de especial relevancia en la ciudad, quizá el de mejor factura en todo el protectorado español. Se trata de espacio elíptico, elemento de conexión con la ciudad antigua, y desde el cual partirán de forma radial las vías urbanas que formalizarán la ciudad del siglo XX. Trabajaron en las obras los ingenieros municipales José Gutiérrez y León Urzáiz.”

¿Cuál es la conclusión inicial de estos comentarios de los arquitectos que escribieron este libro? Es evidente: la riqueza arquitectónica de Larache. Y este libro, además, detalla exhaustivamente todos los inmuebles que deben ser protegidos como patrimonio de la ciudad.

Pero lo que más llama la atención de este libro, sin duda una pieza fundamental para conocer la idiosincrasia de Larache, es que en el mismo se hace constar la colaboración del Consejo Municipal de Larache, y en el propio prólogo, el Alcalde Presidente de ese momento, Sr.Hssissen escribió:

“…La realización del trabajo que ahora se publica se considera un documento de gran importancia que expresa una voluntad real de devolver a las Medinas antiguas el valor que merecen y contribuye a recuperar el valor de los monumentos hispano-moriscos que tanto abundan en la ciudad de Larache.”

Digo que este comentario llama la atención porque, un par de años después de publicarse este libro, y de que se recoja en él, entre otros muchos, a los edificios del Cine Ideal y del Coliseo María Cristina como ejemplos de inmuebles excepcionales, catalogados como patrimonio histórico de la ciudad, el Consejo Municipal aprobó el derribo de ambos para ser sustituidos por verdaderas barbaridades arquitectónicas. Y como estos dos bellos edificios hurtados a la población larachense, han continuado su mismo destino otros muchos más, menoscabando así el legado cultural de las nuevas generaciones.

En el último cuento de mi libro “Última noticias de Larache” (Aljaima, 2004), que llevaba precisamente el título del libro y, entre paréntesis, “Por última vez, el Ideal”, relataba cómo viví el momento en el que el Cine Ideal comenzó a ser derribado. El fragmento del cuento dice así:

 “A principios de marzo de 2003, llego a Larache para dejar material escolar en el Centro Alcántara, una ONG cultural instalada en las brumas de la antigua Jukureka, y me encuentro con un sucio grupo de albañiles que golpea despiadadamente los muros del Cine Ideal. Los hacen con martillazos lacerantes e imperdonables, aunque lo peor de la escena es su desgana, la desidia con la que ejecutan su trabajo esos verdugos mercenarios.

En mi anterior viaje, el edificio del Cine Ideal se mantenía a flote como un viejo mercante embarrancado que agonizara abandonado por su tripulación. Ahora, se había dado orden de hundirlo definitivamente.

Contemplo la escena desde la puerta del patio de la iglesia del Pilar, con un amargo sabor a desaliento en la boca y una triste desazón asomando a los ojos. Me trago las lágrimas de tantos recuerdos y me limito a escuchar cada uno de los golpes, secos, ásperos, como si fuesen disparos al aire. Me conmueve la tristeza de sus ventanas de ojo de buey, la terca resistencia de sus paredes que se enfrentan con brío a los miserables martillazos. Pero es un esfuerzo baldío, inútil y derrotado.

La gente que camina por la Avenida Hassan II apenas se molesta en echarle un vistazo, como si no significara nada para ellos. Probablemente es así. Pocos de esos transeúntes saben que esa calle se llamó en un tiempo Chinguiti y que, a lo largo de ella, las parejas de novios paseaban los domingos arriba y abajo hasta que tenían la oportunidad de meterse en la sala oscura de ese cine. Desgraciadamente, como también ocurre en Tetuán y en Tánger, la mayor parte de la población actual de Larache es foránea y apenas sabe nada de su pequeña historia.

(…)  Vuelvo a pensar en la agonía del Cine Ideal, en que ya no existirá más que en nuestra memoria, en que algo de nuestras vidas morirá con su desaparición…”

 Sergio Barce

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